Boletín Salesiano. Octubre 1887
8 AÑO II. -N. 10. Sale una vez al mes. OCTUBRE 1887 I IN SALESIANO & Instruyó al pueblo y divulgó todo lo que había hecho. Buscó las doctrinas útiles y escribió documentos rectísimos y llenos de verdad. Las palabras de los sabios son cómo punzas ó clavos. que penetran profundamente, y nos fueron dadas mediante maestros por el línico pastor. (Eclesiastés XII, 9, nuestros 10 Y 11) No se engañaría mucho quien intentase de atribuir principalmente á la prensa malvada, todos los males y la deplorable condición de las cosas, á la cual hemos llegado actualmente…, los escritores católicos deben con todas sus fuerzas volverla en bien de la sociedad. . (Leon XIII) ’i continua ■ – i ■■ o •—— .El peligro, Sto. Padre, está todo en la . . difusión de los libros infames; y para poner un dique á este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fundación de una imprenta Católica, puesta bajo el patrocinio de la Santa Sede. De esta manera, no haciéndose esperar nuestras respuestas, podrémos con mayor ventaja descender al campo de la lid y responder con feliz éxito á las provocaciones de los apóstoles del error. (Sales) La prensa periódica sometida á la autoridad jerárquica, revestida del espíritu de Jesucristo, viene á ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad, hace desaparecer el error, salva y civiliza; es cási una forma de apostolado sublime. (Alimonda) 0’ ROMA SAOIÁ (Barcelona) – SUMOS ABES – «IMl» – MCTHBOY – UTKBA (Sevilla) A NUESTROS CAROS COOPERADORES Y COOPERADORAS En el número de Setiembre liemos anunciado que la pia Sociedad de S. Francisco de Sales, fundada y dirigida por el Pbro. D. Juan Bosco, tiene abierto en la ciudad de Utrera un Colegio de Ia y 2a enseñanza, para proporcionar á la juventud una sólida instrucción y educación religiosa y científica. Hoy tenemos el gusto de anunciar que dicha pia Sociedad ha abierto también recientemente en los « Talleres Salesianos » do Sarriá. (Barcelona), y en el referido Colegio de Utrera, dos pequeñas librerías, con el único fin de proporcionar á la juventud una sólida instrucción y educación religiosa y científica, mediante la difusión de los buenos libros. . ‘ Cuál sea el espíritu que regulará á estas dos humildes librerías, dícenlo muy bien los anuncios que en este número publicamos, los cuales, no solamente revelan el fin general [de la [difusión de los buenos libros, sino también el particular que en todas sus obras se propone la Sociedad Salesiana, á saber, proporcionar áfla juventud y al pueblo cristiano una solidísima instrucción y educación religiosa, que casi puede compendiarse en el conocimiento y amor al Sagrado Corazón de Jesús, puesto que, Feducado el corazón de la juventud y del pueblo según el modelo eterno y perfectísimo de este Divino Corazón, fácil es llenar por completo el fin que debe tener todo libro bueno. Animo, pues, oh beneméritos Cooperadores y Cooperadoras, ayudadnos, sí, á realizar la preciosa idea de nuestro Patrono S. Francisco de Sales, esto es, aponer un diqzce [al maljinmenso dejla continua difusión deflos litros infames, idea de los hombres más grandes de nuestros dias, y [entre ellos, del sapientísimo Leon XIII, etcuaí llegó á’ decir fi^No se engañaría mucho quien intentase de atribuir principalmente á la prensa malvada, todos los males y la deplorable condición de las cosas, & la cual hemos llegado’’actualmente ». j …. El producto de dichos libros se destina á beneficio de la Obra Salesiana?. Los pedidos podrán hacerse al Sr.jD. Juan Branda, Director de los « Talleros Salesianosñle Sarriá (Barcelona), ó al Sr. D. Ernesto Oberti, Director del Colegio de Ntra. Sra. del Cármen en Utrera (Sevilla) ». te’ Sarria (Barcelona) – LIBRERIA SALESIANA, TURIN – Utrera (Sevilla) EL CATOLICO EN EL SIGLO COIfVERSACIOlíES FAMILIARES DE UN PADRE CON SUS HIJOS, REFERENTES Á LA RELIGION por el Sacerdote D. JUAN BOSCO TRADUCIDO DEL ITALIANO AL CASTELLANO por el JDxu K G-iL Primera Parte Un tomito en-32. — 2 pesetas el ejemplar. Nos es sumamente grato el anunciar este librito desde el principio de la apertura de nuestras Librerías, pues fue’ también uno de los primeros que anunció la que tenemos en Turin. Es un libro de oro, sumamente adaptado á los tiempos presentes en que á cada paso tropezamos con personas ignorantes, sumergidas en el error y negando por consi- guiente todas las verdades de nuestra santa Religión Católica; por cuya razón no podemos menos que recomendarlo vivamente á nuestros Cooperadores, esperando nos ayudarán á divulgarlo, acogiéndolo con verdadero y singular entusiasmo. HISTORIA ECLESIÁSTICA páfá lá Juventud Y ÚTIL Á TODA CLASE DE PERSONAS por D. JUAN BOSCO FUNDADOR DE LA CONGREGACION DE S. FRANCISCO DE SALES Cuatro opúsculos en=32°, -4 Pesetas AÑO II.-N. 10. Sale una vez al mes. OCTUBRE 1887. irim SALESIANO Debemos ayudar á nuestros herma nos á fin de cooperar á la difusión de la verdad. (III. S. Juan, 8) Atiende á la buena lectura, á la exhortación y á la enseñanza. > (I. Tin. iv. 13) / Entre las cosas divinas la más di-! vina es la de cooperar con Dios! á la salvación de las almas, 1 (S. Dionisio) \ Un amor tierno hacia el prójimo es uno de los más grandes y excelentes dones , que la divina bondad puede hacer á los hombres. (El Doct. S. Franc. de Sales) Cualquiera que reciba á un niño en mi nombre, recibe á mí mismo. (Mat. xviii) Os recomiendo la niñez y la juventud ¡ cultivad con grande empeño la educación cristiana; proporcionadles libros que enseñen á huir el vicio y á practicar la virtud. (Pío IX) Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer á la niñez y juventud de las insidias de la corrupción y de la inoredulidacl y preparar de esta manera una nueva generación. (Leon XIII) DIRECCION en el Oratorio Salesiano. — Calle Cottolengo N° 32, Turín (Italia) Sumario. — D. Bosco y las Misiones Salesianas. — Carta del Carmen de Patagones. — Pensamientos del Papa Leon XIII sobre al Catecismo para la buena educación de los niños. — Exploración de la Tierra del fuego y D. José Fagnano. — Gracia de María Auxiliadora. — Una Madre y un hijo que ruegan por elPapa. — Historia del Oratorio de S. Francisco de Sales. — Valentín ó la Vocación contrariada. DON BOSCO y las Misiones Salesianas. Es carácter propio de toda obra católica la propensiori á extenderse cada vez más por todo el universo y á consagrar en la conquista de las almas y en la propagación de la verdad aquel afan y ardor que los mundanos emplean en adquirir riquezas y aumentar sus dominios. Por esto vemos á casi todas las Congregaciones religiosas, tanto de hombres como de mujeres, mandar á sus apóstoles á lejanos parajes, yendo desde el polo ártico al antártico con el único y exclusivo fin de enseñar á conocer y amar al Dios verdadero, Creador del cielo y de la tierra. Entre otras muchas,. vemos por ejemplo á los Jesuítas unidos con los Lazaristas, evangelizando las regiones de las Indias y de la China; á los Capuchinos y Dominicos, la Mesopotamia y las Antillas; á los Benedictinos la Oceanía, y en fin, á muchas otras que, impelidas por el espíritu de caridad, propio de nuestra santa religión católica, mandan generosamente por todo el mundo á sus hijos, los cuales, despues de hacer enormes sacrificios, exponen gustosísimos sus vidas, con tal de extender más y más el santo reino de Jesucristo. Don Bosco, pues, quiso también que su institución, si bien nacida en Italia y compuesta principalmente de hijos de aquella hermosa tierra, fuese sin embargo católica. Su celo, encontrándose como estrechado y oprimido dentro de los límites de un solo pueblo, ha atravesado los mares, ha llegado á los postreros confines del globo y hoy cuenta en la América del Sur más de cuarenta establecimientos. A alguno le parecerá esto mucho, y sin embargo no deja de ser muy poco, si se considera la grande necesidad de sacerdotes que hay en aquellas regiones. Nadie ignora el número de católicos Europeos que emigran todos los años, obligados por muchas v diversas causas, á la América del Sur. De estos, la mayor parte, hállanse por aquellas regiones faltos de instrucción religiosa y moral, y si con dificultad consiguen poderse ganar un pedazo de pan. — 118 — concluyen, despues de algún tiempo, porperder todo principio de moralidad y religión. Muchísimos, aislados en medio de interminables llanuras y esparcidos por desiertas montañas, lejos de las residencias de los sacerdotes, viven y mueren sin ningún auxilio religioso y sin pensar en la eternidad. Otros se establecen en los centros poblados, pero los ministros del error buscan todos los medios de robarles el único tesoro que se llevaron consigo de Europa: la Fe. Hasta en la Tierra del Fuego han colocado ya los ministros protestantes sus demoras, para esperar allí á las gentes emigradas y tentar de robarlas á nuestra santa Religión. Los Obispos americanos, llenos de dolor á la vista de tan triste y deplorable espectáculo y sabedores de ser deudores, como decía S. Pablo, sapientibus et insipientibus, es decir, obligados á procurar la salvación eterna de todos, se esfuerzan, sí, en tener-sacerdotes europeos que conozcan el idioma de dichos emigrados, que vivan entre ellos, los visiten con frecuencia para instruirlos y proveer, siquiera en parte, á sus necesidades religiosas y morales; pero por mucho que hagan, es sin embargo imposible atender á todo, proveer á la educación de los niños y adultos, porque tanto unos como otros son miles y miles, y los sacerdotes son en cambio poquísimos. Hacen llorar las cartas que á cada momento recibe D. Rosco de los más eximios Prelados de todas las partes de la América del Sur y del Norte, con las cuales describiendo especialmente las necesidades, miserias y peligros repiten con frecuencia: — Venid, venid, aunque no sea más que para salvar á vuestros compatriotas. D. Rosco escuchó estas voces y empezó á socorrerles mandando no pocos de sus hijos en varias de aquellas inmensas provincias; los mandó no como uno que tan solo cree de cumplir una obra buena, de ejercitar un acto de caridad dictado por el corazón, sino como uno que está persuadido ser ésta una grande obligación, ser ésta la misión que le confió el Supremo Pastor de la Iglesia, misión que debe cumplir irremisiblemente y de la cual el Señor le pedirá cuenta: ser ésta su vocación, ésta la voluntad de Dios. Pero esto no es más que el principio de una empresa que a. nosotros los Europeos nos debe ser muy grata. Son hermanos nuestros los que vemos todos ios dias irse á aquellas tierras lejanas, víctimas la mayor parte de los indignos especuladores, abandonados muchas veces en pueblos á los cuales ni siquiera pensaban llegar y donde nada encuentran de lo que les parecía llegarían á tener, guiados solamente por su fantasía y lisonjera esperanza. No hay fuerza humana que sea capaz á detener á esas turbas de gente que, guiadas por la ilusión ó por la necesidad aspiran á una nueva patria. Por consiguiente el Misionero debe ir delante para esperarlos donde no están todavía y acudir adonde se encuentran ó han comenzado ya á regar con el sudor y las lágrimas una tierra que les hace desear la patria abandonada. Por esto y por otras muchas razones,. D. Rosco no desistirá de extender sus Misiones hasta donde podrá con los auxilios de sus generosos Cooperadores. Enormes son los gastos, los sacrificios y las deudas. ¿Quién puede calcular cuánto cuesta albergar, mantener y educar por varios años á centenares de jóvenes apóstoles? ¿Cuánto los larguísimos viajes y las muchísimas provisiones? ¿Cuánto el levantar Hospicios y acoger en ellos centenares y millares de niños en aquellas lejanas ciudades, confiando tan solo en la caridad cristiana, que provea diariamente el pan á los que la Divina Providencia nos confia? ¿Cuánto el establecer casas en medio de los desiertos, donde falta todo, iglesia, materiales y comida? Dios solo conoce las ansiedades, preocupaciones y estrecheces continuas de los Misioneros y de quien los ha mandado. Ypor esto ¿debemos acaso desanimarnos? No se diga que desconfiamos de la Divina Providencia. ¿Nos volveremos atras? De ninguna manera, porque el camino está ya trazado. ¿Pararnos, aunque no sea más que por breves instantes? Pero y ¿cómo hacer semejante cosa si en los últimos confines, tocados por nuestros Misioneros, aparecen continuamente nuevas tribus salvajes, infinidad de Europeos y especialmente de niños abandonados que invocan nuestro socorro? Sí, avivemos nuestra fe á pesar de los grandes peligros y dificultades que se nos presentan. El avenir pertenece á la Iglesia y la gloria es toda para Dios Ntro. Señor. La impiedad que redobla sus esfuerzos para robar á las almas aquella fe que sola puede fortalecerles, es una prueba de nueva vida, como lo es el maravilloso renacimiento de la religión, del cual somos testimonios. No hay-nada en la historia y en el mundo que ■— 119 — sobrepase en pureza y gloria á este nuevo arrojo de la caridad cristiana. Don Bosco dice: — Los Cooperadores Salesianos correspondieron siempre con una generosidad sin igual á mi llamamiento, y estoy cierto que su auxilio no me faltará nunca. Su número es grandísimo, y por poco que haga cada uno de ellos en favor de las Misiones, se tendrá un resultado suficiente para llevar á cabo las empresas más grandes á gloria de Dios, á salvación de las almas y á glorificación eterna en el cielo. CARTA DEL CARMEN DE PATAGONES. Nuestro buen Director y Vicario general de Mons. Cagliero , D. Riccardi , me encarga dé á V. R. una noticia que por estos parajes es no poco importante. Dicha noticia consiste en que despues de un año de trabajos púdose el 25 de Mayo p. pdo. inaugurar el nuevo faro del Rio Negro , colocado en su embocadura. Fue elegido dicho dia porque era el de la fiesta de la independencia Argentina, y las Autoridades con laudable pensamiento nos suplicaron fuésemos á bendecir el nuevo edificio juntamente con el faro que lo corona. Don Riccardi, por hallarse muy ocupado, no pudo intervenir y me mandó á mí para que lo representase en dicho acto y cumpliese el sagrado rito. A las 7 1{2 de la mañana del 25 de Mayo, con un tiempo hermosísimo, á pesar de estar en otoño , entraban á bordo del vaporcito Limay, de la Escuadra del Rio Negro, el Excmo. Señor Gobernador del territorio del Rio Negro , general Winter, las autoridades civiles y militares de Patagones y Viedma, más de cien convidados, entre propietarios , comerciantes , empleados de aquellos alrededores y el infrascrito con los acólitos Aceto y De Stefenelli. Despues de dos horas y media de placidísima navegación, reinando á bordo la. más completa alegría, llegamos al referido sitio. Hallábanse allí otros vapores bonitamente engalanados esperando al Limay con sus pasageros , y á la orilla derecha del rio un buen número de caballos y coches estaban preparados para llevarlos hasta el faro, distante unas dos leguas. El Gobernador me hizo sentar á su derecha en el bote que nos llevó á tierra y en el coche, mostrándose siempre cortesísimo con todos nosotros. A las once se llegó al faro, lindísima torre de unos nueve metros de elevación, sobre un grande octágono de cuatro metros de altura. De ahí á un poco nos pusimos á comer, despues de lo cual, el Comandante de. la Escuadra, Sr. Rivadavia, nos manifestó podia procederse inmediatamente á la bendición. Me puse , pues, el roquete y la estola y, juntamente con los referidos acólitos, me coloqué delante de la puerta principal del faro. A mi alrededor se hallaban las Autoridades y circunstantes, todos los cuales se quitaron el sombrero respetuosamente. Entonces, en medio de un religioso y sepulcral silencio, sintiendo el misterioso ruido que el fuerte oleaje del Océano Atlántico hacía,contemplando el inmenso desierto que nos rodeaba y la singular atención de los Indios prisioneros, cuyos robustos brazos habían levantado aquella torre, y viendo la artillería á muy poca distancia que se preparaba para saludar con sus cañones la dedicación al Altísimo de aquel benéfico edificio, no pude menos de conmoverme y pronunciar algunas férvidas palabras que pueden reducirse á estas: Sursum corda! Gratias agamus Domino Deo nostro, y luego di la bendición, loci domus novae, novi ignis, no hallando en el Ritual una particular para el faro. Despues el Sr. Comandante de la Escuadra con un breve pero elocuente discurso consignó el faro al Excmo. Sr. Gobernador*, el cual respondió con felicitaciones y manifestando sus deseos acerca de la prosperidad de la República. Al pronunciar las siguientes palabras: « Ahora dejémoslo en manos de la Divina Providencia » se sintió una fuerte descarga de aplausos, brilló por primera vez la luz del faro al 42° paralelo austral y los cañones, con una salva de 21 golpes, saludaron la solemne inauguración. La comitiva emprendió enseguida la vuelta para llegar á tiempo á la inauguración de la Biblioteca pública de Viedma, ceremonia fijada para las 4 1{2 de la tarde del mismo dia. ¿Una Biblioteca pública en Patagonia? Quizá se preguntará V. con no poca maravilla. Pues yo le responderé que la maravilla fué general cuando se tuvo noticia de este pensamiento del Gobernador. Pero cosa fatta capo ha , que en castellano diriase á lo hecho pecho. Cierto, esta Biblioteca tendrá pocos lectores. Sin embargo la intención es buena. La ceremonia fué, poco más ó menos, como la del faro, exceptuando la Bendición y el discurso. Firmamos todos los circunstantes el testimonio verbal de inauguración y luego nos despedimos de todos, habiendo prometido al Sr. Gobernador la colección de nuestra Biblioteca de la Juventud Italiana, para nuestros compatriotas que están aquí. Ahora espero en la bondad y mediación de V. no me hará faltar á la palabra. Salúdole con particular afecto, me encomiendo en sus oraciones , suplicóle se digne hacer presentes nuestros más gratos recuerdos al carísimo Sr. D. Bosco y demás superiores, y concluyo en este hermoso mes de Junio con un: ¡ Viva el Sagrado Corazón de Jesús.’ ¡Viva S. Juan! ¡Viva D. Bosco! Suyo afmo. hermano, Angel G. Piggono, Pbro. Carmen de Patagones, 14 de Junio de 1887. — 120 — PENSAMIENTOS DEL PAPA LEON XIII SOBRE EL CATECISMO para la buena educación de los niños. Hace ya algún tiempo, y hoy más que nunca, viene tratándose calurosamente de una cuestión vital para la Iglesia y para la sociedad, es decir, de la enseñanza religiosa en la educación de la niñez y juventud. Estando , pues , para abrirse las escuelas, nosotros querríamos que todos nuestros Cooperadores y Cooperadoras se persuadiesen bien de la necesidad de la instrucción religiosa, á fin de obtener una buena educación, y que por consiguiente, no se descuidasen en darla ó hacerla dar á sus hijos mientras están todavía en tiempo. A este fin juzgamos oportuno ponerles á la vista una parte de la sapientísima carta que nuestro Santísimo Padre Leon XIII, con fecha del 28 de Junio de 1878, escribid al Em™. Sr. Cardenal Vicario á propósito de la enseñanza del Catecismo ; y les suplicamos encarecidamente se dignen aprovecharse convenciéndose de las razones y poniendo en práctica los consejos del Supremo Gerarca de la Iglesia, para bien de la Religión, de la familia y del mismo civil consorcio. El Catecismo católico hizo siempre mucho bien en el mundo, « Ciertamente no podría uno imaginarse (así dice el Maestro de todos los Cristianos) qué pretexto haya podido aconsejar semejante medida de suprimir el Catecismo en las escuelas, si no existiese aquella irracional y perniciosa indiferencia para todo lo que es religión, y que pordesgracia hoy va invadiendo pueblos enteros. Hasta ahora la razón y el mismo sentido común enseñó á los hombres á echar á un lado, como fuera de uso, todo lo que en práctica no habría de ofrecer utilidad alguna. Pero ¿quién podrá afirmar que la enseñanza del Catecismo no ha proporcionado siempre á todos grandísimos é innumerables bienes? ¿Acaso no fué la enseñanza religiosa que renovó el mundo, que santificó y hermoseó las mútuas relaciones -entre los hombres, que hizo más suave el sentido moral y educó aquella conciencia cristiana que reprime moralmente los excesos, reprueba las injusticias y eleva álos pueblos fieles sobre todos los demás? ¿Se dirá quizá que las condiciones sociales de los tiempos actuales lo han hecho volver inútil y nocivo? Pero el bienestar y prosperidad de los pueblos no tienen segura tutela fuera de la verdad y de la justicia, de las cuales la presente sociedad siente una grande necesidad y á las cuales el Catecismo católico conserva plenamente intactos sus sagrados derechos. Por amor, pues, de los preciosos frutos que ya se recogieron y justamente se esperan de dicha enseñanza, lejos de desterrarla de las escuelas públicas se debería promover y aumentar con mayor ahinco y devoción. » En el Catecismo católico se halla el modo más perfecto de una sana educación. « La enseñanza del Catecismo, prosigue Su Santidad, ennoblece y eleva al hombre en su propio concepto, conduciéndolo á respetar en todo tiempo á sí mismo y á los demás. Es tristísimo el considerar que los que desean desaparezca el Catecismo de las escuelas se hayan olvidado tan fácilmente de lo que en él aprendieron en sus primeros años. Pues de lo contrario no dejaría de serles sumamente fácil el comprender cómo enseñando al niño que Dios Ntro. Señor fué quien le dió el ser por su infinita bondad é inmenso amor •, que todo cuanto ve fué hecho para él,, como rey y señor de lo creado; que el hombre es tan grande y vale tanto que el Hijo Eterno de Dios no tuvo á menos el tomar su carne para rescatarlo ; que su frente fué rociada con la Sangre del Hombre-Dios en el santo bautismo ; que su vida espiritual se alimenta de las carnes del Cordero divino; que el Espíritu Santo, demorando en él como en su templo vivo, le infunde vida y virtud enteramente divina, así como le da impulsos eficacísimos para custodiar la cualidad gloriosa de hijo de Dios y para honrarla con una virtuosa conducta. También comprenderían que pueden esperarse muchas y grandes cosas de unB niño, el cual en la escuela del Catecismo aprende que fué criado para un fin altísimo en la visión y en el amor de Dios , que vela continuamente sobre sí mismo y confortado con toda clase de auxilios lucha y sostiene la guerra que le hacen sus implacables enemigos , que comienza desde pequeñito á ser dócil y humilde aprendiendo á venerar en sus padres las imágenes del Padre que está en los Cielos, y en el Príncipe la autoridad que viene de Dios y de Dios toma la razón de ser y la majestad; que respeta en sus hermanos la semejanza que brilla sobre su misma frente y conoce bajo las míseras apariencias del pobre, al mismo Redentor que es salvado á tiempo de las dudas é incertidumbres por beneficio del Magisterio católico, que lleva impresos en su origen los títulos de su infalibilidad y autenticidad, en el prodigioso hecho de su establecimiento sobre la tierra y en la abundancia de los frutos dulcísimos y saludables que acarrea. Finalmente entenderían que la moral católica juntamente con el temor del castigo y la esperanza cierta de altísimos premios , no corre la suerte de aquella ética civil que se querría sustituir á la religiosa; ni habrían tomado j amás la triste y funesta resolución de privar á la presente generación de tantas y tan preciosas ventajas, suprimiendo en las escuelas la enseñanza del Catecismo. » El dejar esta enseñanza libre no es suficiente. « La determinación, continúa Su Santidad, que se tomó de dar instrucción religiosa tan solo á aquellos niños cuyos padres la pidieren expresamente, es enteramente inútil é ilusoria. En efecto; no se puede comprender cómo los autores — 121 — de la triste y desgraciada determinación no se hayan hecho de cargo de la mala impresión que debe hacer en el ánimo del niño el ver puesta la enseñanza religiosa en condiciones tan diversas de las demás. El niño que, para ser estimulado á un estudio diligente, tiene necesidad de conocer la importancia y utilidad de lo que le viene enseñado, ¿ cuál será el empeño que podrá tener por una enseñanza, hácia la cual la autoridad escolástica se muestra fria ú hostil, tolerándola contra toda su voluntad ? Y además, si hubiesen (como no es difícil hallarlos) padres, que, ó por maldad de ánimo, ó mucho más, por ignorancia y negligencia, no pensasen en pedir para sus hijos el beneficio de la instrucción religiosa, quedaría una gran parte de la juventud privada de los documentos más saludables, con gravísimo daño no tan solo de aquellas almas inocentes sí que de la misma sociedad civil. » El privar á la juventud de la enseñanza religiosa es una cosa cruel y perniciosa, Esperando ventajas, observa el Supremo Pastor, esperando ventajas, sin duda alguna ménos importantes, se pensó, no hace mucho, de hacer obligatoria por la ley la instrucción elemental, obligando hasta con multas á los padres á enviar á sus hijos á la escuela; y ahora ¿cómo podría tenerse corazón para privar á los niños católicos de la instrucción religiosa, que indudablemente es la más segura garantía del sabio y virtuoso rumbo dado á la vida ? ¿ No es una crueldad pretender que esos niños crezcan sin ideas y sentimientos de religión, hasta que, llegada la ardiente adolescencia, se hallen delante de lisonjeras y violentas pasiones, desarmados, desproveídos de todo freno , con la certeza de encaminarse por los lúbricos senderos del delito ? Es una pena para Nuestro corazón paterno el ver las tristes consecuencias de tan inconsiderada é inicua deliberación , y nuestra pena se hace todavía mayor considerando que hoy son más que nunca fuertes y numerosos los atractivos al vicio. Vd. señor Cardenal, que , por su alto oficio de Nuestro Vicario, ve desde muy cerca el desarrollo de la guerra que se hace á Dios y á la Iglesia, bien sabe, sin que Nosotros nos entretengamos á hablarle más por extenso , cuáles y cuántos sean los peligros de perversión á que se halla expuesta la juventud; doctrinas perniciosas y enteramente erróneas , audaces y violentas resoluciones en daño y descrédito de toda autoridad legítima, y en fin la inmoralidad que sin freno procede abiertamente en mil y mil maneras contaminando los ojos y corrompiendo los corazones. Cuando estos y semejantes asaltos se dan á la fe y á las costumbres, cada cual puede hacerse de cargo de cuán poco oportunamente se haya elegido el momento para suprimir en las escuelas públicas la educación religiosa. » Debemos animarnos á redoblar nuestro celo en la enseñanza del Catecismo. « Pero mientras que, concluye nuestro Santísimo Padre, la Divina Providencia permite, por sus adorables juicios, que dure esta prueba, si no está en Nuestro poder el mudar la condición de las cosas, es sin embargo deber Nuestro hacer todo lo posible para mitigarla, á fin de que los daños se hagan menos sensibles. Por consiguiente es preciso que los párrocos redoblen su diligencia y celo en la enseñanza del Catecismo por todas partes con nuevos eficaces medios. Y Vd., Señor Cardenal, con la experiencia y firmeza que le adornan, procure que aumenten los oratorios y las escuelas, donde puedan recogerse los niños para ser instruidos en las verdades de nuestra santísima Religión católica , en la cual por insigne gracia del cielo hemos nacido. Procure además , según se hace ya con mucho fruto en algunas iglesias, que virtuosos y caritativos seglares, bajo la vigilancia de uno ó más sacerdotes, se ofrezcan á enseñar el Catecismo á los niños. Cuide también de que los padres sean exhortados por sus respectivos párrocos á fin de que envíen á sus hijos á oir dichas pláticas, y que se les recuerde al propio tiempo el deber que tienen de exigir en las escuelas la instrucción religiosa para sus propios hijos. Serán muy convenientes las explicaciones del Catecismo á los adultos, á fin de mantener siempre vivas en sus ánimos las saludables enseñanzas que aprendieron cuando eran aún niños. No deje nunca de aumentar más y más el espíritu de piedad, y avivar siempre el empeño de los sacerdotes y seglares , haciéndoles ver la importancia de la obra, y los méritos que ganan ante Dios, ante Nosotros y ante la entera sociedad. » EXPLORACION DE LA TIERRA DEL FUEGO y D. José Pagnano. Buenos Aires, 3 de Marzo de 1887. M. Rdo. Sr. Director Empiezo hoy á enviarle las primeras noticias concernientes á la expedición que se hizo á la Tierra del Fuego. Vd. sabrá disimular las incorrecciones de estilo con que van escritas, pues no ignora las mil dificultades que se hallan para hacerlo en los viajes y especialmente en un viaje como el nuestro. Trataré sin embargo de ser lo más exacto posible en lo que guarda relación con las indicaciones geográficas, con los números y con las fechas. Io Preparativos para la salida. – Patagones, Sta. Cruz, Golfo Nuevo. – Llegada á la Tierra del Fuego. Gomo V. sabe ya, el dia 31 de Octubre nos embarcamos á bordo del vapor Villarino que debía zarpar el mismo dia para Patagones, á fin de embarcar allí las ovejas vivas, el charque, las mulas para el trasporte y los 25 hombres que debían escoltar la expedición al mando del Capitán Sr. D. José Marzano. El dia 3 llegamos á Patagones donde tuvimos que detenernos ocho dias esperando á la referida escolta y haciendo los últimos preparativos. Componían la expedición el Sr. Lista, Oficial Mayor del Ministerio de la Guerra; el Dr. D. Polidoro Segers, cirujano de la armada nacional; 25 militares y el que estas líneas escribe. Los recursos con que contábamos eran de cuarenta mulas para el trasporte de las personas y carga, cincuenta ovejas y víveres secos , suficientes para seis meses. Salimos de Patagones el dia 12 de Noviembre. Tocamos por la noche en el puerto de Golfo Nuevo , de donde sale el ferro-carril que va al Ghubut; en el de Santa Cruz, donde pude visitar á nuestros hermanos D. Angel Savio y Don José M. Beauvoir; y por último en el de Gallegos, notable por su marea que sube hasta de 48 pies en su pleamar. Llegamos por fin felizmente el 21 á la Bahía de S. Sebastian, situada al Este de la Tierra del Fuego. Llevóse á cabo el desembarco , siguiendo las indicaciones del mapa hidrográfico de Fitzoroy, por la parte sudoeste de la bahía, donde se divisaba un chorro de agua que caia de la barranca, el cual parecía invitarnos é echar pie á tierra. 2.° Dificultades del desembarco. – Fuga y recuperación de las mulas. – Ansiedades. – Aparición de un Europeo. Fué el primero en bajar á tierra el Sr. Don José Marzano con 12 soldados y seis mulas. Todos los pasajeros miraban con curiosidad, mezclada con cierta inquietud , el desembarco de a-quellos hombres , en medio del mar agitado de la bahía. Forma el fondo de ésta un gran desplayado, de suerte que durante la marea alta (de 18 á 21 pies), cuando puede el buque acercarse más á la costa , queda á una distancia de tres millas, y las pequeñas embarcaciones “pueden a-proximarse en dicho tiempo á unos 120 metros de distancia. La marea baja con mucha rapidez, causando un ruido espantoso. Por este motivo los que bajaron á tierra con los animales, tuvieron que echarse al agua á una milla , poco más ó menos, de la Barranca. Esto dió lugar á un gracioso percance. Al echarse al agua las mulas, habíanse soltado de los cabestros y como hacia nueve dias que estaban embarcadas y dos que no tomaban agua, muertas de hambre y de sed, en lugai’ de dirigirse á la barranca se pusieron á correr á todo escape hácia el Oeste, buscando el campo llano. ¡Imagínese V. que sobresalto sería el del Jefe de la expedición al ver desde el buque desaparecer las primeras mulas, y al pensar que caerían en manos de los indios y que le faltarían los medios de trasportación. — Por suerte una de las mulas quedó bien sujeta al bote; al llegar á tierra la ensillaron y un soldado- emprendió la persecución de las otras. Nosotros mirábamos desde á bordo, con no poca ansiedad , el triste suceso : quien opinaba que se perderían las mulas y quien censuraba que un soldado solo hubiese ido en su busca, contándolo ya como presa de los indios. Estando en esto, llegó la lancha á vapor remolcando el bote , y los que quedaban á bordo se dispusieron á saltar en tierra con el Jefe para tratar de recuperar los animales y defenderse contra los ataques de los indios si se atrevían á acercarse. Pero al llegar á la orilla vimos , con sorpresa, al soldado Manuel Arce que volvía con las mulas perdidas, las cuales, siguiendo la costa, se habían alejado más de tres millas de la última barranca al sud-oeste de la bahía. El soldado refirió que había encontrado un hombre á caballo que iba en dirección al norte y que no tenia trazas de ser indio sino cristiano. Supúsose más tarde que éste sería uno de los que componían la expedición Poper. Esperábase poder desembarcar al dia siguiente, pero no se pudo por la marejada que reinaba en la bahía. 3.° Trasporte á tierra de las municiones y víveres. – Un golpe de pistola y el temor de los indios. El comandante Sr. Spaur, temiendo que faltasen víveres en tierra, les mandó dos sacos de galletas y otros dos de chasque, y si bien fueron llevados por 6 robustos marineros, sin embargo con dificultad pudieron llegar á la orilla. Cuando volvieron, el capitán D. José Marzano mandado en comisión, entregó al Sr. Comandante un billete del Sr. Lista que decía: estoy rodeado de indios por todas partes, mándeme víveres. Al dia siguiente, 23 de Noviembre, pudiéronse desembarcar las ovejas, las otras mulas y la carga; bajamos también á tierra el Sr. D. Po-lidoro Segers y yo, habiendo tenido que echarnos al agua para conseguirlo. El trabajo más grande que nos esperaba era el trasporte de la carga á la orilla del mar , y de allí al lugar del campamento. Todos los soldados , descalzos y en camisa, acercábanse al bote para recibir cada uno su carga mientras la marea bajaba con gran fuerza, por lo cual se veian los marineros obligados á empujarlo para que no se quedara abarrancado. Lo primero que se hizo despues de bajar las ovejas , fué subirlas á un sitio donde babia pasto y buena agua, así como las mulas para que no se alejaran del lugar y dejaran libres á los hombres para el trasporte de la carga. No es fácil imaginar el trabajo y la paciencia que se requería para llevar en hombros durante una milla tan crecido número de bultos y en tan pocas horas , pues de no hacerlo así nos exponíamos á que la marea nos los llevase ó los inutilizase, como sucedió con algunos. Al anochecer dejóse oir un tiro de pistola a-compañado de una voz que me llamaba por el nombre. Acudí á ver lo que era y me encontré con el Jefe de la expedición que decía haber visto indios que se acercaban al campamento. Viendo, pues, la necesidad de atender inmediatamente al trasporte, en lugar seco, de los víveres que habían descargado en la plaza las lanchas del Villarino, me ofrecí al Sr. Lista para ha — 123 — cerme cargo de la guardia, asegurándole que yo vigilaría el campamento. ¡ Qué movimiento vióse en todas partes en aquel momento! Unos corrían trasportando bultos, otros los arrastraban, aquellos abrían los cajones reduciéndolos á menor peso, estos estaban en la orilla recibiéndolos y disponiéndolos. El Sr. Lista lo dirigía todo y el capitán Marzano con su energia y actividad animaba á los soldados. De cuando en cuando estos se acercaban al fogón para calentarse y tomar alguna cosa. En fin, aquella noche fué un fini-mundo, y á eso de las tres de la mañana se concluyeron los trabajos. Los soldados, rendidos de cansancio, echáronse á dormir sobre los arneses. 4. ° El acampamento. – ‘Un hermoso valle. – El misionero prepara el altar para celebrar la primera misa en la Tierra del Fuego. Los indios no aparecieron, dejándonos en paz toda la noche. Tocóse la diana á las 10 de la mañana; entonces se animó el campamento, levantáronse las tiendas, encendiéronse los fogones, tendióse al sol la ropa mojada, aprestáronse las monturas y se preparó la comida. El campamento se colocó al sud-oeste de la bahia de 5. Sebastian, y al pie de una altura. Un hermoso arroyuelo, que nace á unos cien metros de allí, corre por el medio, y, despues de bañar el pequeño valle , cubierto de exuberante vejetacion, vase á perder en el Océano. Es muy á propósito este lugar para estar al abrigo de los vientos , para pastar á los animales, y también punto estratégico en caso de ser atacados por los indios. El Jefe dió orden que se distribuyeran una manta , un poncho y un pantalón á cada soldado para abrigarse contra la inclemencia del tiempo, y que se- construyera un corral para encerrar las ovejas. Este se construyó con un arbusto llamado mata-negra , que es el único que existe desde la Bahia de San Sebastian hasta el norte del Cabo Peñas, y del cual nos servíamos también muy ventajosamente para hacer el fuego. Mientras los soldados hacían estos preparativos, yo trataba de arreglar mi tienda para celebrar la santa Misa y atraer con ella la bendición del Cielo sobre la Misión. (So continuará) Orada de María Sua. Auxiliadora. Las Piedras, 26 de. Mayo de 1887. Amadísimo y Rdo. Padre : Impelido por un dulce y fuerte deber voy á darle noticia de una gracia que María Sma. se dignó concedernos, á fin de que, teniendo V. ocasión, la haga conocer también en esa, y por consiguiente se reconozca cada vez más la grande eficacia de las medallas de María Auxiliadora y cómo debemos hacer uso de ellas con gran confianza. El dia 22 de Mayo vinieron á esta parroquia, muy temprano, dos hombres con el fin de llamar á un sacerdote para que fuese á visitar á una enferma. Hallándose el Párroco ausente y el Director un poco indispuesto, no habiendo en casa otro que pudiese cabalgar , me mandaron á mí. Cantada la misa parroquial, que terminó á las 11 1]2, di- gracias brevemente y en seguida me puse en camino. Hize 10 kilómetros de galope y finalmente llegué al rancho. Por el camino me avisaron que la referida enferma, despues de haber pasado bien sus primeros años, se había dado más tarde á una vida bastante libre, y que me habían llamado sin que ella lo supiese , pues no quería ni siquiera confesarse á pesar de hallarse en peligro de muerte Lo mismo me dijo la mujer que la cuidaba, y yo hube de convencerme bien pronto de que, por desgracia, era verdad lo que se me decía, pues apé-nas me vió entrar comenzó á gritar: No quiero al Padre, no quiero verlo, no quiero confesarme, y se volvió de la otra parte cubriéndose la cara con la sábana. De nada servían nuestras palabras , todos nuestros esfuerzos eran vanos y ya casi me hallaba dispuesto á irme no poco afligido. No quería ni siquiera oirme, y daba vueltas de una parte á otra mordiendo con rabia las sábanas. ¿ Qué hacer entonces ? La enfermedad era demasiado peligrosa. Púseme á encomendarla con todo mi corazón á la Sma. Virgen , y sin que ella se hiciese de cargo, me aproximé con la intención de colgarle al cuello una^jnedalla de María Auxiliadora. ¿Lo creería V., amadísimo Don Bosco? no se la había puesto aún cuando la enferma muévese fuertemente y vuélvese hácia mí. Entonces yo, teniendo la medalla en la mano le dije « bese, al menos, la medalla de la Virgen. » La besó, y de allí á un poco me dice : « ¿ Padre, si me confieso, el Señor me perdonará todavía mis graves pecados? » Puede V. imaginarse como me quedaría yo al oir aquellas inesperadas palabras, tan enteramente opuestas á las que había dicho un poco antes, y sino la animaría á confiar en la infinita misericordia de Dios. « Pues bien, dijo , quiero confesarme; me ayude V., Padre, hace muchos años que no me confieso! » Salidas las personas del cuarto , la preparé y se confesó. Jamás oí decir el acto de contrición con tanto dolor; besaba una y otra vez la medalla, que tenia siempre en la mano. Guando le hube puesto un Crucifijo delante, exclamó: — « ¡ Cuán bueno es el Señor! y lloraba á lágrima viva pidiéndole perdón. Le administré despues la Extrema Unción con grande regocijo suyo y luego con voz alta me dijo : « ¿Padre, el Señor querrá hacerme todavía la gracia de venirme á visitar por medio del S. Viático ? Le aseguré que le concedería también aquella gracia y que yo mismo se lo traería al dia siguiente, no pu-diendo en aquel momento por ser ya demasiado tarde y estar muy lejos de la parroquia. Por la mañana, pues, del siguiente dia vinieron 9 hombres montados á caballo para acompañar al santo — 124 — Viático y llevar todo lo necesario. Despues de dos horas de camino llegamos al cuarto de la enferma. Díjele algunas palabras para prepararla y despues me suplicó encargase á todos los circunstantes que rogasen por ella. Recibió con extraordinaria devoción al Señor, repitiendo con frecuencia alguna jaculatoria. Los que la cuidaron aquella noche me dijeron que habia hablado siempre de su vivo deseo de recibir á Jesús sacramentado, que esperaba con ansia el dia y que hasta durante el sueño hablaba con el Señor. Díle también la bendición papal y le puse en las manos un crucifijo, el cual, queriéndolo’ retirar despues, me dijo: « Padre, no me lo quite, dejémelo para que pueda meditar y rogar un poco á quien tanto me amó y yo ofendí. » Tuve que dejárselo. Los circunstantes no sabían explicar este cambiamento tan repentino y llorando decían : ¡ que gracia le hizo el Señor y la Sma. Virgen! Murió el dia siguiente, fiesta de María Sma. Auxiliadora, y yo estoy seguro que María , la cual le habia hecho la gracia grande de la conversión, la habrá también llevado consigo para celebrar su fiesta en el cielo como prueba de lo muy poderoso que es su Auxilio para con los que á ella se encomiendan. ¡ Oh si el mundo conociese el amor de María para con nosotros y correspondiese siempre á su amor! Ruegue , amadísimo Padre, á fin de que aumente cada vez más en mí el amor y confianza en nuestra celeste Patrona, la haga amar y de este modo pueda hacer más fructuoso mi ministerio. . % Mons. Gagliero, que actualmente se halla con nosotros, habiéndose enterado de esta gracia, me recomendó de hacer la presente relación. Me bendiga y me crea siempre suyo, Afmo. hijo en J. C., Sebastian Gastaldi, Pbro. UNA MADRE Y UN HIJO que ruegan por el Papa. Corrían los últimos dias del año 1799, y el joven Mastai-Ferretti, que fué despues Pio IX, se hallaba en el octavo año de su edad. La condesa Mastai-Ferretti, que, como madre cristiana procuraba con todo su empeño infundir poco á poco en el corazón de su tierno hijo una verdadera y sólida piedad, no dejaba de hacerle rezar consigo las oraciones todos los dias por la noche y por la mañana. Gomo hija obediente á la Iglesia Romana, habíale enseñado desde sus primeros años con el nombre de su padre y con los de Jesús y María, también el nombre del Soberano Pontífice, que poseía entonces la gloriosa herencia del apóstol Pedro. Pio VI, de gloriosa memoria, ocupaba la Sede pontifical, y debido á la inconcusa firmeza que demostró en defender los privilegios de su trono y la libertad de la Iglesia, se vió rodeado de las más amargas vejaciones por parte de los hombres impios, que en aquellos dias tenían en Francia el supremo poder. Llena de un profundísimo dolor al contemplar al Padre común de los fieles en una situación tan triste y dolorosa, y comprendiendo además la necesidad grande de que todos los católicos orasen incesantemente, la condesa Ferretti quiso añadir á las oraciones que rezaba con su niño por la mañana y por la tarde un Pater y Ave. « Querido hijo, le dijo la primera vez que le invitó á hacer esta buena obra, grandes desgracias amenazan á nuestro soberano Pontífice Pio VI; El se halla sumergido en un mar de tribulaciones. Tu rogarás á Dios conmigo á fin de que se digne mitigar las penas y dolores á nuestro santo Padre y lo libre de todo peligro. » ¡ Oh, sí! respondió el niño , yo rogaré con V. por el Santo Padre, y le prometo que rezaré con mucha devoción y con todo mi corazón. » Hecha, pues, esta promesa, el niño Mastai recordaba todos los dias por la mañana y por la noche á su buena madre el Pater y Ave que debían rezar juntos por el Santo Padre. Una noche, mientras rezaban las oraciones, la condesa llorando á lágrima viva abrazó fuertemente á su querido hijo y le dijo: « Niño mió, i cuánta necesidad tenemos de rogar con fervor esta noche por el Santo Padre! Las desdichas que se temía le vendrían encima han llegado ya. Soldados armados se apoderaron de Pio VI; ahora lo tienen prisionero y quieren llevarlo muy lejos de Roma. » A estas palabras, el niño, que hasta entonces habia escuchado con ternura á su madre, se echó á llorar juntamente con ella, y cruzando sus manitas oró con el fervor de un ángel. De allí á un poco se levantó, y con los ojos llenos de lágrimas se acercó á su mamá y con acento triste y dudoso la preguntó: ¿ cómo es posible que nuestro buen Dios pueda permitir que el Papa, el cual es el representante de Jesucristo, su Hijo, sea tan desgraciado , y lo hagan prisionero como si fuese un malhechor? — Hijo mío, respondió la madre, precisamente porque el Papa es el Vicario de Jesucristo, Dios permite que sea tan maltratado. ¿No recuerdas la historia de Jesús que te referí? El divino Salvador era la misma bondad y sin embargo ¿ cuántos enemigos no tuvo? Un dia lo azotaron, otro lo abofetearon y en fin despues de haberle hecho sufrir los tormentos más atroces le dieron inicuamente la muerte. Pues bien, hijo mió; Dios Ntro. Señor, bueno y justo como es, permitió muchas veces que los Papas, á ejemplo de su divino Hijo Jesús, tuviesen que padecer lo mismo por la injusticia de los hombres, y esto es lo que le sucede al Santo Pontífice Pio VI. — Pero, querida mamá, añadió Juan María, esos que maltratan tan bárbaramente al Papa deben ser una gente perversa ¿no es verdad ? Pues entonces no merece ni siquiera la pena de pedir á Dios por ellos, antes bien deberíamos rogar para que él los castigase. — No, hijo mió, contestó la madre, no debemos pedir á Dios que castigue á nuestros prójimos. ¿No te acuerdas de lo que hacia Jesucristo cuando estaba clavado en — 125 la Cruz? Rogaba por sus enemigos y pedia á Dios se compadeciese de ellos y moviese sus corazones. Esto mismo, estoy segura, es lo que hace actualmente Pio VI; es, pues , preciso nos unamos á él y pidamos al misericordioso Señor se digne convertir á todos esos insensatos, que han puesto sus manos inicuas sobre el Santo Pontífice. » A esta dulce invitación de su madre, el niño Mastai se puso otra vez de rodillas , y repitió con voz angelical el Pater y Ave por los enemigos de Pio VI. Hé aquí, oh amados Cooperadores y Cooperadoras un hermosísimo ejemplo que debemos imitar en nuestras familias. Sí, hagamos lo mismo con nuestros hijos por el angustiado Pontífice Leon XIII, hasta el dia que pueda entonar el himno de la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Religión. Acoged, pues , benignamente esta propuesta, aconsejad á hacer lo mismo á vuestros amigos y conocidos. Sea ésta, entre otras, una de las flores del ramillete de afecto y devoción que presentaremos al S. P. Leon XIII en el grande y fausto dia de sus Bodas de Oro, pues no hay duda que le será de sumo consuelo y á nosotros nos proporcionará también celestes y copiosas bendiciones. HISTORIA DEL ORATORIO DE S. FRANCISCO DE SALES. CAPITULO VII. El Oratorio en un prado – Un niño hambriento – Un paseo á Superga • El Marqués Cavour y sus amenazas. Algunos desearán conocer el método que seguimos para reunir la materia que forma esta historia, y vamos á satisfacerlos. Uno de los primeros alumnos del Oratorio escribe lo que sabe y lo que recuerda; en seguida pasa su escrito á otro, y este á otro, y lo que, á juicio de todos, falta, se añade. En caso de duda se recurre á algunos de los sacerdotes que en los primeros años enseñaban y asistían frecuentemente al Oratorio ; en último caso acudimos al mismo Don Rosco, sobre todo para conseguir algunos documentos y nombres que no recordamos. Con tal método creemos poder dar á nuestra relación el más alto grado de verdad que se pueda desear. Bien es cierto por razones poderosas, ya indicadas en otra parte, tenemos que pasar por alto muchos casos, pero nos consuela el pensamiento que no damos á luz hechos inexactos ó exagerados. Dada, pues, esta explicación, prosigamos nuestra narración. No se desanimó Don Bosco al verse despedido de la casa del Si-. Moretta. Arrendó para el Oratorio un prado en Valdocco, en cuyo sitio hay actualmente una fundición. En este prado cerrado con un cerco, que permitia libre entrada •hasta á los perros, que no raras veces venían á juntar sus ladridos con nuestros gritos, trasportamos el Oratorio el año 1846. El vasto firmamento que nos servia de bóveda, las rústicas paredes que nos rodeaban, la alegría, las diversiones y nuestros cantos atrajeron muy pronto la atención del público , y el número de niños llegó á 400. Sucedía, pues, que á medida que los hombres obligaban á Don Bosco á peregrinar de un lugar á otro , Dios aumentaba su familia y le proporcionaba el medio de sacar mayores frutos. Nos preguntará alguno: ¿cómo podían practicarse en un prado los actos de piedad ? Los practicábamos de un modo romántico, ó mejor dicho, como los practicaban muchas veces los Apóstoles y los primeros Cristianos. Para las confesiones observaba Don Bosco el método siguiente : Los dias festivos, por la mañana tem-‘ prano, se dirigía al prado de sus fatigas, en donde poco á poco se reunían también los niños. Allí, sentado sobre un ribazo, oía las confesiones de los que habían venido con tal objeto, y al mismo tiempo otros arrodillados junto áél, se preparaban ó daban gracias. Mientras esto sucedía en una parte, en otra los que ya habían concluido estaban ó entonando cánticos, ú oyendo leer ó referir algún ej emplo edificante; otros finalmente se divertían ó jugando á la pelota, á las bochas, á los tejos, ó caminando con los zancos. Al concluir Don Bosco, uno de nosotros, por falta de campanas , con un tambor que parecía de la época antidiluviana, reunía á todos en el medio del prado; otro soplando una ronca corneta imponía silencio ; y Don Bosco nos indicaba la iglesia adonde debíamos ir á oir Misa y comulgar. Despues de esto, todos nos poníamos en camino, y, observando un devoto recogimiento , oíamos la Misa ; después cada uno se dirigía á su casa para el almuerzo y comida. Despues del medio dia, lo mas pronto que nos era posible volvíamos á reunirnos en el famoso prado , y empezábamos nuestras recreaciones siempre asistidos por nuestros ángeles visibles. Llegada la hora, Don Bosco hacia dar la conocida señal con el tambor, nos dividia en diferentes grupos según la edad é instrucción de cada uno, y sentados en el verde tapete del prado, recibíamos media hora de lección de catecismo. Despues de cantados algunos salmos de las Vísperas, el mismo Don Bosco, ó el teólogo Borelli subía sobre una silla ó un banco y nos dirigía un breve sermoncito, con el cual nos instruía y al mismo tiempo nos divertia, y por eso lo escuchábamos con grande atención. No pudiendo dar la Bendición con el Santísimo, concluíamos nuestra función con cánticos á la Virgen, implorando juntamente con la suya la bendición de su divino Hijo. En seguida volvíamos á nuestras diversiones que duraban hasta el anochecer. Guando todos habíamos abandonado el prado, Don Bosco se retiraba á su domicilio en el Refugio. A veces se hallaba tan rendido de cansancio que apénas podia tenerse en pié, llegando hasta ser necesario sostenerlo entre dos y llevarlo en brazos. Ahora bien ¿ no tenia algo de singular este espectáculo? ¿No os parece muy semejante al que daban las piadosas turbas instruidas y bendecidas por el divino Salvador en 126 — las orillas de los ríos, ó en las faldas de las montañas, ó en las riberas del mar ? Mientras nuestro Oratorio tuvo sus reuniones en el prado, sucedió un episodio que juzgamos no deber pasar en silencio. Una tarde, mientras nos divertíamos en el prado corriendo y jugando, se aproximó al cerco un jovencito de unos 15 años. Parecía que quería vencer el débil obstáculo que nos separaba, pero no atreviéndose á hacerlo, nos observaba con un aire triste y melancólico. No tardó en verlo Don Bosco y acercándose á él, le dirigió varias preguntas: ¿Cómo te llamas? ¿de dónde vienes? ¿qué oficio tienes? Pero el pobre-cito no contestaba nada. Don Bosco sospechó que fuese mudo y estaba por hablarle con señas convencionales, pero quiso antes hacer una nueva tentativa y poniéndole la mano en la cabeza le preguntó: ¿Qué tienes, hijito ? ¿Estás enfermo? Animado el niño con estas demostraciones de amor, con una voz que parecía salir de una caverna, dijo: tengo hambre. Esta palabra conmovió á todos é inmediatamente se trajo un poco de pan, y se le dió el alimento necesario. Despues de esto, Don Bosco estableció con él el siguiente diálogo: ¿Tienes todavía padres? — Tengo, pero están lejos. — ¿En que oficio te ocupas? — Soy sillero, pero por falta de habilidad, me han despedido. — ¿No has buscado colocación en otra parte? — He buscado ayer todo el dia, pero no he encontrado ninguna, porque no tengo conocidos en esta ciudad. — ¿En dónde has dormido esta noche ? — En la gradería de la iglesia de San Juan. — ¿Has oido la Misa esta mañana? — Sí, pero la he oido mal porque tenia hambre. — ¿A dónde ibas cuando te has acercado aquí? — Tenia intención de cometer un robo. — ¿No has pedido alguna limosna? — Sí, pero viéndome sano y joven, todos me respondían diciendo: anda á trabajar, haragan, y no me daban nada. — Si hubieses cometido un robo, te habrían llevado preso. — Ese temor es precisamente lo que me ha contenido ; pero Dios ha tenido compasión de mí , y en vez de permitir que tomase el camino del deshonor, me ha conducido hasta Vd. — ¿Qué pensamientos te ocupaban , cuando observabas á estos jóvenes? — Me decía á mí mismo: ¡cuán dichosos son estos niños! Contentos y alegres saltan, corren, cantan; tenia envidia: habría deseado juntarme con ellos, pero no me atrevía. — En adelante ¿vendrás á este prado los días de fiesta? — Si Vd. me lo permite, vendré muy gustoso. — Ven, pues, cuando quieras, y siempre serás bien recibido. Entretanto yo cuidaré de proporcionarte la cena y la cama para esta noche, mañana te presentaré á un buen patrón, y tendrás casa, comida y trabajo. Inútil es añadir que este joven fué siempre puntual en concurrir al Oratorio hasta el año 1852, época en que fué llamado al servicio de las armas, y se conservó agradecido, al que con su afabilidad y paternal solicitud lo había alejado del sendero de la perdición. Un domingo de aquel mismo verano , nuestro Director nos proporcionó un paseo á la célebre basílica de Superga. Creemos que nuestros lectores leerán con gusto una breve descripción de dicho paseo. Reunidos en el prado, despues de haber asistido al santo sacrificio de la Misa, á las 9 de la mañana nos formamos de dos, en dos y así emprendimos nuestro viaje en dirección á Superga, Llevábamos nuestra banda de música compuesta de un viejo tambor, una corneta, un violin y una guitarra desafinada: banda bien insignificante por cierto, pero suficiente para nosotros, pudiendo con ella meter ruido. Llevábamos también todos nuestra abundante provisión; quien llevaba canastas de pan , quien el queso , quien el salchichón y frutas, quien los útiles necesarios para la merienda. Miéntras estuvimos en la ciudad, observamos un moderado silencio, pero apenas llegamos al Po, empezamos una algazara, capaz de hacer creer que íbamos á tomar de asalto la colina. Desde muy temprano había ido delante de nosotros el teólogo Borelli con el fin de dar allí las órdenes oportunas, y hacer los preparativos convenientes para nuestro batallón que, como era fácil suponer , llegó muy dispuesto á devorar lo que hubiese. Al llegar á las faldas de la colina, nos esperaba un pacífico corcel todo enjaezado puesto á disposición de Don Bosco por el buen sacerdote Sr. Guglielmetti, párroco de Superga. Al mismo tiempo recibía Don Bosco una cartita del teólogo Borelli, en que le decía: « Venga con toda tranquilidad con sus queridos jóvenes : la sopa, el guiso, el vino, están ya preparados. » Don Bosco montó á caballo y nos leyó estas líneas que fueron acogidas con tantos aplausos y gritería qué asustaron no solo al caballero sino también al caballo. Despues de esto, nos pusimos en marcha hácia la cima de la colina. En este trayecto, el pobre animal fué el objeto de nuestras diversiones; unos le tomaban las riendas , otros le tiraban las orejas y la cola; unos le acariciaban, otros le daban empellones , y el manso cuadrúpedo todo lo soportaba tan pacientemente que más bien parecía un asno que un caballo. Entre tanto en medio de alegría, de cantos y risas, llegamos á la cima de la empinada colina y al Santuario. Despues de una breve parada, nos acercamos á la mesa. El teólogo Santiago Audisio, entonces Presidente de la Academia Eclesiástica, nos obsequió con una excelente sopa y guiso, y el Párroco con la fruta y el vino , demostrando así cuanto apreciaban á Don Bosco y á su obra. Agradecimos á estos nuestros bienhechores y en medio de vivas al Presidente y al Párroco, nuestros músicos tañeron sus desafinados instrumentos que causaron no poca hilaridad. A cierta hora Don Bosco nos refirió el origen de la Basílica dedicada á la Augusta Madre de Dios; nos habló del panteón real y de la Academia allí fundada por Garlos Alberto, enseñándonos así algunos hermosos trozos de historia patria. Visitamos en seguida la iglesia, el panteón de nuestros monarcas, la sala de los retratos de los Papas, subimos á la cúpula de donde se divisa una parte considerable del Piamonte , y se contempla con admiración la majestuosa corona de __ £27 __ los Alpes, que con sus nevadas puntas parecen tocar el cíelo. Hácia las tres de la tarde nos reunimos en el templo á donde al oir los repiques de las campanas había acudido un crecido número de personas. Cantadas las vísperas, Don Sosco subió al púlpito para dirigirnos pocas palabras. Nos parece recordar que habló de la poderosa intercesión de María ante su divino Hijo Jesús y del modo de orar para ser escuchado por María. « Si os es posible, nos dijo, haced primeramente una visita al SS. Sacramento; implorad despues la protección de la Virgen, pidiéndole la gracia que deseáis, y estad seguro que esa poderosa y benigna Madre os conseguirá esa misma gracia, ú otra equivalente que os convendrá aún más. » Despues del sermón, algunos subimos al coro y acompañados en el órgano por Don Bosco entonamos el Tantum ergo. No se acostumbraba entonces hacer cantar á los niños en la iglesia; fue, pues, un motivo de admiración y de ternura para los miembros de la Academia y para el pueblo el oir aquellas voces claras y sonoras de niños, que parecían un coro de ángeles alabando á Dios. Concluidas las funciones de Iglesia , largamos algunos globos que en su rápida ascensión parecía invitar á los espectadores á elevar sus pensamientos y afectos al Señor. Hacia las siete el sonido del tambor y de la corneta nos reunió en un momento , y despues de haber renovado nuestros agradecimientos á los que nos habían acogido tan amorosamente , regresamos á la ciudad ora cantando, ora rezando el Rosario y las oraciones de la noche. Al llegar á Turin empezó el desbando separándose cada uno á medida que se aproximaba á su respectivo domicilio. Este paseo fue como el principio de una larga serie de muchos otros semejantes que Don Bosco nos proporcionó tanto en aquel año, como en los sucesivos. Generalmente los anunciaba con alguna anticipación y los proponía como un premio, exigiéndonos puntualidad al Oratorio, diligencia en aprender el Catecismo, y frecuencia de los Santos Sacramentos. Así este buen Padre todo lo utilizaba para atraernos al bien , empeñándose en hacernos conocer por experiencia que pueden unirse perfectamente al servicio de Dios y las honestas recreaciones, habiendo dicho el real Profeta : Servite Domino in laetitia. Es indescribible el entusiasmo que producían en nosotros aquellos paseos y diversiones. Convencidos además íntimamente del sincero amor que nos profesaba Don Bosco al ver la tierna solicitud y vivo interés que se tomaba por nuestro bien, nos empeñábamos en corresponderle del mejor modo posible, y sobre todo le obedecíamos con una prontitud admirable. Bastaba una sola palabra, una seña, y á veces una mirada para poner término á un litigio, impedir un desorden é imponer silencio á más de cuatrocientos muchachos. Entre otras muchas veces, sucedió un dia que estábamos en plena algazara corriendo , saltando’ y gritando, cuando Don Bosco tuvo ne cesidad de hablarnos : una simple señal hizo cesar al instante todo divertimiento reuniéndonos alrededor de si. Al ver esto un celador que hacia rato nos estaba observando, no pudo menos que exclamar : « Si este sacerdote fuese un general de ejército, podría combatir con el más formidable enemigo con la seguridad de la victoria. » En aquellos dias se empezaba á hablar1 de motines y revueltas populares en algunas partes de Italia; de aquí nació que nuestra afición y obediencia dió origen á las ridiculas voces que Don Bosco podia ser un hombre peligroso , y de un momento á otro podría promover un desorden en la ciudad. Estas voces merecieron crédito ante las autoridades civiles , sobre todo ante el jefe de policía el Marques Gavour, padre de los célebres Camilo y Gustavo. Dió, pues, orden á Don Bosco de presentarse en su palacio, y despues de una larga conversación sobre los rumores que corrían respecto al Oratorio y su director, concluyó diciendo : Me aseguran que las reuniones de sus jóvenes son peligrosas, y por lo tanto no puedo tolerarlas. Siga, pues, apreciable Don Bosco, mi consejo, abandone esos pillos que no harán más que causar disgustos á Vd. y trabajos á las autoridades. Don Bosco le contestó : Yo, señor Marqués, no tengo más intenciones que mejorar la suerte de esos pobres hijos del pueblo. No pido dinero; pido solamente permiso para reunirlos en un paraje donde puedan divertirse honestamente, á fin de impedir que sean unos vagos, y al mismo tiempo instruirlos en la Religión y en las buenas costumbres. Con este medio espero poder disminuir el número de los díscolos y los habitantes de las cárceles. — Vd. se equivoca , replicó el Marqués , y trabajará inútilmente. Y además ¿ en dónde encontrará recursos para pagar los alquileres y atender á los gastos que le producen esos vagos? Le repito, pues, que no puedo permitirle esas reuniones. — Los resultados conseguidos hasta ahora demuestran que no trabajo en vano. Muchos jóvenes completamente abandonados han sido recogidos, alejados de evidentes peligros de irreligión é inmoralidad y puestos en camino de aprender algún oficio con provecho propio, de sus familias y de la sociedad. Recursos materiales no me han faltado hasta ahora: están ellos en las manos de Dios que suele hacer grandes cosas con pocos recursos, y también sacar el todo de la nada. — Tenga paciencia, señor Don Bosco, obedézcame y prométame disolver sus reuniones. — Concédame este favor, señor Marqués, no por mí, sino por tantos jóvenes que tal vez sin el Oratorio tendrán un fin desgraciado. Esta noble resistencia de Don Bosco desagradó al Marqués, y algo disgustado añadió : Cállese, no estoy aquí para discutir con Vd. Su Oratorio es un desorden, que quiero y debo impedir. ¿Ignora Vd., por ventura, que toda reunión es prohibida á no ser que esté legítimamente autorizada? — Mis reuniones, contestó Don Bosco sin intimidarse, no tienen fines políticos , sino religiosos. Yo no hago más que enseñar el Catecismo á infelices muchachos, y esto con la au- toridad y aprobación del Arzobispo. — ¿Está el Arzobispo informado de eso ? — Está plenamente informado, pues hasta ahora no he dado un paso sin su consentimiento. Si el Arzobispo le aconsejase, á desistir de esa ridicula empresa ¿opondría Vd. alguna dificultad? — Ninguna: he empezado esta obra , y la he continuado hasta el presente con la aprobación de mi Superior eclesiástico , y á una simple indicación de él, la abandonaría inmediatamente. — Pues bien, siga Vd. por ahora; yo hablaré al Arzobispo. Espero que Vd. no se opondrá á sus órdenes; en caso contrario me veré obligado á tomar medidas severas. . Así terminó esta conversación,pero no terminaron con esto los incidentes desagradables, como veremos más tarde. (Continuará) VALENTIN Ó LA VOCACION CONTRARIADA (Continuación). Capítulo II. Primer año de Colegio. Hosnero sintió también mucho la muerte de su mujer, especialmente por la educación de su hijo, de la que no podia ocuparse mucho, porque la administración de sus negocios, mercados, ferias y hasta sus ratos de café y de casino, le robaban el tiempo que á ella debería haber dedicado. Valentín había concluido ya los estudios elementales ; y no habiendo en su pueblo clases preparatorias y superiores , se hacia necesario mandarlo á un colegio donde pudiera continuar sus estudios. Fué elegido para esto uno muy renombrado, porque era fama que en él la ciencia y la urbanidad, no menos que la moralidad, lograban grandes progresos en sus alumnos; y por otro lado , la elegancia del uniforme tenia cierto atractivo para aquellos y para sus parientes. Valentín aceptó gustoso y fué allá á emprender su nuevo género de vida; al principio tropezó con alguna dificultad para acostumbrarse; porque en vez de la dulce voz de su tierna madre, tenia la de un director, afable sí, pero resuelto en el mandar, severo en el pretender y riguroso en todo lo referente á la disciplina. Esto no obstante, Valentín supo ganarse el afecto de sus nuevos superiores, y se aplicó de buena voluntad al cumplimiento de sus deberes. Pronto á cumplir los mandatos de sus maestros , puntual en las horas de clase y de estudio, no perdia un instante de tiempo. Mas en cuanto á las prácticas de piedad, encontró un gran vacio; antes, según se ha dicho, acostumbraba todos los dias oir la santa Misa; todas las tardes leía con su madre un poquito en algún libro espiritual; se confesaba ordinariamente cada quince dias , y comulgaba las veces que el confesor se lo permitía. En el colegio la cosa cambió notablemente: allí no se hacia meditación ni lectura espiritual, las ora ciones se rezaban en común y no más que una sola vez al dia, de pié y como á la carrera. Los alumnos no asistían al santo sacrificio de la Misa más que los dias festivos y las confesiones eran una sola vez al año en la Pascua de Resurrección. Todo -esto ocasionaba grande disgusto en el corazón de Valentín; además sus oídos no acostumbrados á oír malas palabras, tenían grande mortificación con aquella libertad de hablar de sus nuevos compañeros , entre quienes toda palabra era permitida y todo chiste picante era tolerado, y áun lo que es más, corrían libremente de mano en mano toda clase de libros y papeles obscenos. Espantado ante aquellos peligros, Valentín escribió á su padre una carta en que le referia detalladamente aquellas cosas que en tanto peligro ponían su alma , y haciéndole notar que la vida de aquel Colegio le era completamente funesta. Pero como en aquella carta se censuraban necesariamente la disciplina y el régimen del establecimiento, el director por cuyas manos tuvo que pasar, la retuvo y no la envió á su destino. Algún tiempo después Hosnero hizo una visita á su hijo, y en ésta pudo ya el joven exponer libremente sus sentimientos y deseos ; pero el padre, echando poca cuenta en ello, dijo á su hijo que convenía no entregarse tanto á los escrúpulos y vivir un poco más despreocupado. « Si no puedes rezar, confesarte y asistir todos los dias á la santa Misa, podrás, le decía luego, desquitarte de estas faltas en el tiempo de las vacaciones. Ahora procura hacer lo que hacen tus compañeros más alegres, y haz por imitarlos en su vida feliz. » Valentín tenia un carácter dulce, y era de índole muy impresionable , por lo que, las palabras del padre fácilmente le tranquilizaron, y sin echar ya cuenta de lo que sería de él en el porvenir, se entregó á la lectura de libros y papeles de todo género. Formó amistad con toda clase de compañeros indistintamente, alternando en todas sus conversaciones, y si algunas veces eran indiferentes y rara vez buenas, de ordinario y casi siempre perversas. Pocas semanas habían trascurrido desde este cambio, y no sólo no sentía ya el joven repugnancia alguna de aquel desordenado tenor de vida, sino que cada vez ansiaba más un nuevo motivo de disipación. Es excusado decir que en aquel desorden de vida quedaron completamente olvidadas sus antiguas confesiones y comuniones; no así los avisos de su madre, cuyo recuerdo le producía grandes remordimientos porque no los practicaba. Una tarde fué tal la lucha empeñada en su corazón entre el mal que hacía y el bien que dejaba de practicar, que no pudiendo contenerse más, prorumpió en un amargo llanto. Sin embargo, el desarreglo de su vida continuaba; y lo único bueno que no dejó de hacer nunca fué una oración por el alma de su madre , que todas las noches rezaba antes de acostarse. (Se continuará) Con aprobación de la Aut. Eclesiástica – Serente HATEO GÍIIGLIOIE Tarín, 1887 — Tipógrafo Salesiana. Sarria (Barcelona) – LIBRERIA SALESIANA, TURIN – Utrera (Sevilla) VIDA DE S. FRANCISCO DE SALES OBISPO Y DOCTOR DE LA S, M. IGLESIA por el P. ItIVADENEIRA Un opúsculo en-33° — Peset. O,, SO La vida del Santo Precursor y Apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, escrita por el ilustre jesuíta español Pedro de Rivadeneira, es ciertamente el libro que una Librería Salesiana Española debe presentar por primero, y debe ser también el que los Cooperadores todos procurarán difundir lo más que les sea possible. EL CORAZON DE JESÚS AL ALCANCE DE LOS NIÑOS CUADRO EDIFICANTE por JEK SPlbirou SEGUIDO DE LA AURORA DE LA DEVOCION AL CORAZON DE JESÚS Por el P. LUIS COLOMA, S. E. Un opúsculo cii-ísü6 — Peset. O, 80 JEs esta la entrega 36 de nuestras Lecturas Católicas de Buenos Aires publicada en el ■mes de Junio del corriente año. De su oportunidad y objeto óigase lo que dice el P. Coloma. « Las magnificencias y hermosuras de este mundo vienen generalmente como el sol, precedidas de una aurora que las anuncia y que llama y atrae hácia sí todos los corazones y todas las miradas. ¿ Quién pudo imaginar jamás, exclama un escritor, que la Iglesia dejára trascurrir diez y siete siglos sin pensar en el Corazón adorable de su divino Esposo ? ¿ que tantas vírgenes abrasadas de su amor no hubiesen nunca envidiado la dicha de San Juan, dormido en el pecho de su divino Maestro ? ¿ que tantos doctores no se hubiesen extasiado ante el costado abierto de Cristo ? Y pues es verdad que aquel Corazón pasó siempre en la antigüedad como en nuestros dias por la sede del amor, y que todos los pueblos guardaron con respeto y glorificaron los corazones de sus héroes fallecidos, ¿ cómo explicar que tantos siglos cristianos, que respiraban entusiasmo por la persona del Salvador, no consagráran ni una mirada, ni un afecto, ni un acto de adoración al Corazón más hermoso, más noble, mas amante y más grande de todos los corazones ? ¿ Había olvidado la Iglesia, dice otro ‘autor inglés, al Corazón de su Señor, cuando dejó trascurrir mil y seiscientos años hasta el dia en que se acordó y le rindió el homenaje tardío de instituir misa y oficio para glorificarle ? No tal: no lo había dado al olvido, pero el momento favorable no había llegado. La Iglesia guardaba el secreto y aguardaba la sazón, y es cosa maravillosa ver á los santos más grandes y que más influyeron en su época, presagiar esta devoción y ocuparse en ella siglos antes que fijára la atención de los .demás cristianos. » Pero por fin el tiempo llegó, y desde S. Francisco de Sales, como aurora que anunció esta devoción, hasta nosotros, en que el amor de las almas hácia tan Divino Corazón se aviva y enciende continuamente, brilla y resplandece cada vez más por todo el universo. A aumentar, pues, este amor en los tiernos corazones de los niños, prendas predilectas del humilde y adorable Corazón de Jesús, está llamado el presente librito que recomendamos vivamente á todos nuestros Cooperadores y Cooperadoras. Sarria (Barcelona) – LIBRERIA SATZESIAIOl, TURIN – Utrera (Sevilla) 0. BOSCO Y SU OBRA • por eí OBISPO DE MILO CON EL RETRATO DEL INSIGNE FUNDADOR Un tomo ea W°9 4 reales en rtstica, y ® en pasta JOVEN INSTRUIDO EN LA PRACTICA DE SUS DEBERES Y EN LOS EJERCICIOS DE LA PIEDAD CRISTIANA SEGUIDO del Oficio de la SSa Virgen, del Oficio de Difuntos . Y DE LAS VISPERAS DE TODO EL AÑO por el Sacerdote JWS.JÍ Un tomito en-32. El ejemplar: 1 Peseta. « Esta obrita está dividida en tres partes. En la primera encontraréis tocio lo que debéis practicar y lo que debéis huir para vivir cristianamente. En la segunda se encuentran reunidas las principales oraciones, que están en uso en las parroquias y en las casas de educación. La tercera, en fin, contiene el Oficio de la Santísima Virgen, las Vísperas ele todo el año y el Oficio de Difuntos. Encontraréis además un pequeño diálogo sobre los fundamentos de nuestra santa religión católica, adaptado al tiempo en que vivimos. Añadimos al fin una corta colección de canciones espirituales.