Boletín Salesiano. Agosto 1887
Sale una vez al mes AGOSTO 18871 ANO II. -N. 8, i BOLETIN SALESiANO Instruy√≥ al pueblo y divulg√≥ todo lo que hab√≠a hecho. Busc√≥ las doctrinas √∫tiles y escribi√≥ documentos rect√≠simos y llenos de verdad. Las palabras de los sabios son c√≥mo punzas √≥ clavos, que penetran profundamente, y nos fueron dadas mediante nuestros maestros por el √∫nico pastor. (Eclesiast√©s XII, 9, 10 y 11) No se enga√±ar√≠a mucho quien intentase de atribuir principalmente √° la prensa malvada, todos los males y la deplorable condici√≥n de las cosas, √° la cual hemos llegado actualmente…, los escritores cat√≥licos deben con todas sus fuerzas volverla en bien de la sociedad. (Leon XIII) W ‚Äî. 9…. BEl peligro, Sto. Padre, est√° todo en la continua difusi√≥n de los libros infames; y para poner un dique √° este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fundaci√≥n de una imprenta Cat√≥lica, puesta bajo el patro-|S ci√±i√≥ de la Santa Sede. De esta manera, no haci√©n-Rjn dose esperar nuestras respuestas, podr√©mos con mayor [S¬°] ventaja descender al campo de la lid y responder con .√≠l√≠1 feliz √©xito √° las provocaciones de los ap√≥stoles del M error. (Sales) La prensa peri√≥dica sometida √° la autoridad jer√°rquica, revestida del esp√≠ritu de Jesucristo, viene √° ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad, hace desaparecer el error, salva y civiliza; es casi una forma de apostolado sublime. (Alimonda) ROMA – LIBRERIA SALESIANA ‚Äú TURIN. Cat√°logo de las oloras, op√∫sculos y dem√°s publicaciones de fondo y surtido DE S. FRANCISCO DE SALES OBISPO Y DOCTOR DE LA S. M. IGLESIA POR EL P. EIVADENEIEA Un op√∫sculo en-32¬∞ Peset. 0, 80 ESCENAS MORALES BE FAMILIA HISTORIA AMA Y EDIFICANTE DE LA VIDA DE MARGARITA ROSCO por el . Sr. JD- ¬ør. B LBMO’V-JSTB Pbro. de ia C. de S. Francisco de Sales . Traducida del Italiano E3U Gk. . da la misma Congregaci√≥n Dos entregas en 32.¬∞ de 226 p√°g. Peset. 1 60. ¬ø Qui√©n es el que hoy ignora la actividad verdaderamente extraordinaria y la √±nmensa caridad de aquel hombre apost√≥lico, de aquel var√≥n de Dios, cual es el Presb√≠tero D. Juan Bosco ? Bastar√≠a citar solamente el grandioso Establecimiento de Turin, conocido bajo el nombre de Oratorio de S. Francisco de Sales, y despues las much√≠simas casas que fund√≥ en Italia, Espa√±a, Francia, y Am√©rica para formarse una idea de lo que puede hacer un humilde sacerdote, animado √∫nicamente por el esp√≠ritu de Jesucristo. C√≥mo y en d√≥nde haya tomado fuerzas el infatigable D. Bosco lo conocen ya todos, pero poqu√≠simos saben qu√© celante cooperadora hubiese hallado para su caritativa empresa, en su √≥ptima y querida madre. A llenar, pues, este vac√≠o est√° destinado el presente libro del Pbro. Dr. Sr. D. Lemoyne, en el cual de una manera sencilla y amena pinta con vivos colores √° la piadosa madre y √° su bueno y querido hijo D. Bosco. Las madres de familia podr√°n ciertamente aprender mucho con esta lectura, para educar bien √° sus hijos y para sostener con valor cristiano ciertas desgracias de familia. ¬´ No rica, dice el Autor, pero con un coraz√≥n de oro ; no instruida en las ciencias profanas ; pero educada en el Santo temor de Dios ; privada bien pronto del que deb√≠a ser su sost√©n, pero segura con la energia de su voluntad apoyada en el auxilio celeste, supo llevar √° cabo felizmente la misi√≥n que Dios Ntro. Se√±or le hab√≠a confiado. Es, pues, un libro hecho, no para quien se complace en las aventuras m√°s √≥ menos escandalosas de la mujer mundana, sino para cualquiera que anhela saber en qu√© manera pueden hacerse gratos √° Dios y √∫tiles √° la sociedad. ¬° Oh si todas las madres pudiesen hacer √° ejemplo de Margarita,- de sus propios hijos otros tantos D. Bosco, podr√≠an ciertamente considerarse afortunadas y dichosas l A√ëO II. -N. 8. Sale una vez al mes. AGOSTO 1887. SALIiSIDO .Debemos ayudar √° nuestros hermanos √° fin de cooperar √° la difusi√≥n de la verdad. (III. S. Juan, 8) Atiende √° la buena lectura, √° la exhortaci√≥n y √° la ense√±anza. (I. Tim. iv. 13) Entre las cosas divinas la m√°s di vina es la de cooperar con Dios √° la salvaci√≥n de las almas. (S. Dionisio) Un amor tierno hacia el pr√≥jimo es uno de los m√°s grandes y excelentes dones, que la divina bondad puede hacer √° los hombres. (El Doct. S. Franc. de Sales) Cualquiera que reciba √° un ni√±o en mi nombre, recibe √° m√≠ mismo. (Hat. xviii) Os recomiendo la ni√±ez y la juventud; cultivad con grande empe√±o la educaci√≥n cristiana; proporcionadles libros que ense√±en √° huir el vicio y √° practicar la virtud. (Pio IX) Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer √° la ni√±ez y juventud de las insidias de la corrupci√≥n y de la incredulidad y preparar de esta manera una nueva generaci√≥n. (Leon XIII) DniECCPjX en el Oratorio Salesiano. ‚Äî Calle Cottolengo Ftf¬∞ 33, Tar√≠n (Italia) Sumario ‚Äî Devoci√≥n y gratitud‚Äî D. Bosco festejado el dia de su Santo ‚Äî Viaje de los Misioneros Salesianos √° Chile‚Äî Carta III: Peligrosa ca√≠da de Mons. Cagliero ‚Äî Carta IV: Viaje de Mons. Cagliero por las Cordilleras y su llegada √° Concepci√≥n ‚Äî Gracias de Mar√≠a Auxiliadora’‚Äî Historia del Oratorio de S. Francisco de Sales. DEVOCION Y GRATITUD. Recordamos √° nuestros Cooperadores y Cooperadoras que el dia 21 del corriente mes es el santo y cumplea√±os de S. S. Leon XIII. Es, pues, la fiesta de familia de nuestro Sant√≠simo Padre, que tantos y tan grandes beneficios ha hecho √° la Pia Sociedad Salesiana y √° sus Cooperadores. En dicho dia debemos por consiguiente dar una prueba de nuestro afecto, acerc√°ndonos √° la Sagrada Mesa y rezando un Pater, Ave y Gloria, seg√∫n la intenci√≥n del Vicario de Jesucristo. No nos olvidemos de que la oraci√≥n es la llave de oro, que abre las puertas de todos los tesoros celestiales. D. BOSCO FESTEJADO EL DIA DE SU SANTO en el Oratorio de 8. Francisco de Sales. En los d√≠as 23 y 24 del mes de Junio tuvieron lugar en el Oratorio Salesiano de Turin, dos fiestas en sumo grado conmovedoras. Trat√°base de felicitar su dia al amad√≠simo Padre D. Bosco, y por lo tanto esta manifestaci√≥n de afecto exig√≠a se hiciese con todo el coraz√≥n y de la manera m√°s tierna y hermosa. En efecto ; no eran tan solo los hijos de Don Bosco quienes en dichos dos dias se reun√≠an √° ]a sombra de la c√∫pula de Mar√≠a Auxiliadora para festejar el santo de su venerando Padre, s√≠ que un gran n√∫mero de se√±ores y se√±oras , de ni√±os externos, de sacerdotes de Turin y de o-tros muchos ilustres personajes, entremezcl√°ndose con los alumnos del Oratorio , daban √° a-quella preciosa fiesta un car√°cter solemne y universal. La academia comenz√≥ un poco antes de las 8. Intervino D. Bosco apoy√°ndose al brazo de Monse√±or Leto, obispo de Samaria, del Rdo. Sr. Don R√∫a y rodeado de varios disc√≠pulos suyos. Repetidos aplausos saludaron la llegada del venerando Fundador, el cual sent√≠ase visiblemente conmovido. ¬øY qui√©n no se conmover√≠a? Bastaba echar una mirada √° aquel gent√≠o inmenso , bastaba oir las primeras notas del himno, puesto en m√∫sica por el M. Dogliani. El amor √° D. Bosco inspir√≥ ciertamente pensamientos y motivos tan pat√©ticos y solemnes. ‚Äî 90 -=‚ñ† Andiamo, compagm, D, Bosco ci aspetta ‚Äî La gioia perpetia Si desii nel cuor ; as√≠ cantaban los ni√±os del Oratorio el a√±o 1846; pero en el presente estas mismas estrofas ¬° cu√°n elocuentes y armoniosas parecieron ! Era una m√∫sica que llegaba al coraz√≥n. ¬° Y qu√© bien ejecutada ! Al concierto del Oratorio, compuesto de muchos instrumentos, hacia admirable eco la banda del Colegio salesiano de .San Benigno Canavese, desde un palco que se hallaba colocado en uno de los patios m√°s inmediatos al en que se celebraba tan preciosa fiesta. En la academia se habl√≥ en latin , castellano, franc√©s, griego, alem√°n y pie-mont√©s. Se hicieron generosas ofrendas en dinero y en objetos √° D. Bosco. Los ni√±os del Colegio de Utrera mand√°ronle una preciosa poes√≠a, que fu√© le√≠da el primer dia por un sacerdote recien venido de all√°. Tambi√©n los ni√±os de los Talleres Sale-sianos de Sarria, felicit√°ronle muy cordidlm^te tan precioso dia por medio de una prosa que se ley√≥ el segundo dia. Tanto en poes√≠a como en prosa, los hijos espa√±oles de D. Bosco supieron dar una excelente y evidente prueba del grande amor que le profesan y de su mucho agradecimiento h√°cia los inmensos favores que de √©l continuamente reciben. Sus antiguos disc√≠pulos le regalaron seis magn√≠ficos candelabros. Las Hijas de Mar√≠a Auxiliadora expusieron precios√≠simos bordados y encajes y otros objetos de culto. Los ni√±os artesanos ofreci√©ronle tambi√©n su dono particular, seg√∫n el arte y oficio que ejercitaban, hecho por ellos mismos. Los tip√≥grafos se lucieron con los preciosos y delicados ador-nos que pusieron al himno. El bueno y fervoroso obrero Sr. Gastini , siempre jocoso y afeccionado √° D. Bosco, mostr√≥ evidentemente el santo y cada vez m√°s floreciente progreso de las obras salesianas. La academia termin√≥ √° las 10. VIAJE A CHILE BE LOS MISIONEROS SALESIANOS Y DE MONS. CAGLIERO. Carta III. Peligrosa ca√≠da de leus. Cagliero. ( Continuaci√≥n). 5o. Primeras curas. – Consulta. – Deliberaci√≥n. ‚Äî Eran ya las ocho de la ma√±ana; el sol comenzaba √° elevarse y por consiguiente el calor aumentaba cada vez m√°s; no hab√≠a ni altos c√©spedes ni tampoco fuentes para poder refrigerar el ardor que en todo nuestro cuerpo sent√≠amos. Tuvimos que ir √° buscar agua √° la distancia de dos millas. Por lo que toca √° la sombra, no teniendo otra, nos vimos obligados √° servirnos de la de una roca. All√° colocamos √° Monse√±or con el auxilio de cuatro hombres, pues √©l no pod√≠a ni siquiera dar un paso, por los- √ç√≠ grandes dolores que en todo el cuerpo sent√≠a., j Mientras pens√°bamos en el modo de calmar sus √≠ sufrimientos, no teniendo remedio alguno de far- j macia, nos vino √° la mente aquel de que habla t el Evangelio y que us√≥ el piadoso Samaritano. ‚ñ†. No teniendo aceite , hicimos uso del solo vino,. ¬° esto es , del vino que llev√°bamos para celebrar ! la santa Misa. Eran dos las heridas que tenia; i dos costillas en el lado izquierdo que se hab√≠an . : dislocado , rompiendo la carne y magullando un. \ poco el pulm√≥n : todo el f√©mur izquierdo hasta la rodilla recibi√≥ solamente una ligera contusi√≥n, j Yo mismo, derram√© el vino sobre las heridas,, i hice algunas, frotaciones y luego las vend√© coir ; algunos pa√±uelos. Despues de haber hecho varias ‚ñ† veces esta operaci√≥n, di √° Monse√±or algunas cu- ‚ñ† charadas de vino. Esta curas , aunque sencillas,, le sirvieron de alg√∫n alivio. De all√≠ √° un poco nos consultamos sobre lo que tenia que hacerse. Carec√≠amos de alimentos. : Los rayos del sol eran tan ardientes que nos hac√≠an temer mayores males , tan Lo al enfermo como √° todos nosotros. Dos eran los pareceres : √≥ hacer con arbustos una caba√±a en aquel mismo ‚ñ† lugar., √≥ trasportar √° Monse√±or √° las orillas del ; Neuquen. Pero tropez√°bamos con varias dificul- 1 tades para poner por obra tanto uno como lo otro. Me fui, pues , inmediatamente con dos de aquellos hombres, armados con un gran cuchillo para cortar ramas de arbustos √© improvisar la referida caba√±a; mas no nos fu√© posible llevarlo-√° cabo. Buscamos otro lugar m√°s sombroso y no encontramos m√°s que el profundo √°lveo de un torrente todo seco , cuyas altas riberas pod√≠an, ; sino del todo, al menos en parte, defender √° i Monse√±or de los rayos del sol. Ten√≠amos, pues, √≠ que trasportarlo hasta abajo en caso que no pu- ! di√©semos llegar √° las orillas del Neuquen. M√≠en-tras yo iba y venia afanado en estas diligencias, ; no s√© si por debilidad √≥ m√°s bien por lo muy afligido que estaba , no pude contenerme y me ‚ñ† ech√© √° llorar como un ni√±o √° l√°grima viva. i Q¬∞. Se vuelve √° Malbarco. – Viaje penoso. ‚Äî Cuando hube llegado adonde estaba Monse√±or rodeado de todos los dem√°s , prop√°sele lo que pasaba, y no viendo remedio mejor para proteger al enfermo que el aceicaraos un poco m√°s al Neuquen , √°unque se presentase el caso de no poder llegar √° sus orillas, le aconsejamos que se-armase de paciencia y se determinase √° sufrir los movimientos del caballo durante la distancia, de una legua. ‚Äî Haced todo lo que os parezca,, respondi√≥. Si bien encontrase mucha dificultad para levantarse, sin embargo quiso, lleno de valor, hacer la prueba. Cuatro hombres lo colocaron sobre un caballo de un buen andar, perteneciente √° un viejo septuagenario, llamado D. Piloteo Sanmart√≠n. Este se√±or hab√≠a convenido de poner todos los caballos que tenia, √° la disposici√≥n de Monse√±or durante todo el viaje hasta Chile. Uno de aquellos buenos se√±ores mont√≥ en la anca √° fin de sostener √° Monse√±or, mientras otros ‚Äî 91 ‚Äî dos iban √° los lados para cogerlo en. caso que se desmayase. Yo , confiando el cuidado de mi caballo √° Zanchetta, caminaba √° pi√© , agarrando las bridas del caballo que Monse√±or montaba, √° fin de hacerlo pasar por los sitios donde hubiese menos piedras. Est√°bamos ya √° la midad de la. altura. Caminamos cerca de dos horas por la cumbre de aquel monte todo lleno de abrojos y malezas, no sin mucha dificultad y grandes dolores por parte de nuestro enfermo, dolores que √©l mitigaba invocando los sagrados nombres de Jes√∫s y de Mar√≠a. Despues de haber recorrido cerca de tres millas, llegamos √° la orilla del Neuquen. Monse√±or hall√°base muy cansado y sufr√≠a inmensamente. Lo bajamos del caballo y lo pusimos sobre una cama que hab√≠amos hecho con juncos, √° la sombra de una peque√±a caba√±a deshabitada. Aqu√≠ renovamos las operaciones acostumbradas , vertiendo vino sobre las heridas y partes doloridas y haciendo frotaciones por algunos minutos. Monse√±or no pudiendo respirar por los agudos dolores que sent√≠a en el pulm√≥n izquierdo, dijo sonri√©ndose un poco: ‚Äî Todo va bien, pero los fuelles no soplan. Mas aunque parec√≠a se habla aliviado un poco, sin embarco el mal tomaba nuevas fuerzas, y esto hac√≠ale temer, que por aquel dia no habr√≠amos podido ponernos en camino. Pasadas las horas del calor m√°s intenso , tratamos sobre la salida. Monse√±or hizo un esfuerzo , se levant√≥ pero no pudo tenerse en pie. Entonces lo sostuvimos , y apoy√≥ la cabeza y el cuerpo sobre uno de nosotros , hasta que volviendo en si ‚Äî ¬°Vamos ¬° dijo en voz baja, √° lo cual respondimos ‚Äî ¬° Vamos! Lo colocamos sobre el caballo, y tomando cada cual su respectivo puesto como antes, salimos. Yo iba √° pie tirando por el caballo, y solamente mont√© en el mi√≥ cuando tuvimos que pasar los r√≠os Neuquen y Nehueve. Pasado el primero, proseguimos la marcha por un peque√±o sendero que, serpeando por espacio de dos leguas, nos hizo subir √° un alt√≠simo pe√±asco y despues descender en un profundo barranco , pasando por una grande cantera, desde donde ve√≠amos el fondo de un terrible y profundo abismo.. . Ya era noche, pero el cielo nos favorec√≠a con la d√©bil luz de la luna. Guando llegamos √° las orillas del rio Nehueve , tem√≠amos por las dificultades que presenta su √°lveo , por ser muy ancho y lleno de piedras grand√≠simas. En efecto; el pasarlo nos di√≥ mucho que hacer , y Monse√±or sufri√≥ much√≠simo por los saltos que el caballo daba cuando pon√≠a los pies sobre alguna de aquellas piedras. Habr√≠a podido resbalar con suma facilidad , tanto m√°s que llevaba sobre s√≠ √° dos hombres no poco pesantes. Fu√©, pues, Mar√≠a Sant√≠sima Auxiliadora quien nos protegi√≥ continuamente, pudiendo salir del sitio sin deplorar desgracia alguna. Subimos despues otra monta√±a y, hecho un kil√≥metro de camino, llegamos finalmente √° la suspirada casa del Sr. D. Lucas Becerra, √° las dos de la noche. 7o. El m√©dico de Monse√±om – Una carta √° Chillan y caridad de los Frailes Franciscanos. – Afecto de los Indios hacia Monse√±or. ‚Äî Monse√±or hall√°base sin fuerzas, de suerte que fu√© una gracia especial del Se√±or que hubiese podido resistir hasta aqu√≠. La se√±ora de D. Lucas, avisada ya de todo lo acaecido, hab√≠a preparado una blanda cama y alguna otra co-silla para restaurar las fuerzas de Monse√±or. Lo metimos dentro de casa, dando gracias √° Dios y √° Mar√≠a Sant√≠sima Auxiliadora, por habernos favorecido tanto. Desde esta noche en adelante nuestro principal cuidado era el asistir continuamente √° Monse√±or en su grave enfermedad. D. Panaro y yo por el dia, y Zanchetta por la noche. En cuanto √° los remedios, como no ten√≠amos farmacia, el Sr. Don Lucas , que por grande ventura es hombre inteligente et habet gratiam curationum, lo asisti√≥ con suma diligencia y le suministr√≥ remedios silvestres preparados con algunas yerbas, ra√≠ces y cortezas de √°rboles. Esto lo hizo con tan buen √©xito que nuestro enfermo mejoraba sensiblemente de dia en dia. ¬°Este hombre es verdaderamente admirable ! Ap√©nas Monse√±or le manifestaba un dolor, √©l aplic√°bale enseguida un remedio que lo hacia cesar inmediatamente. Si era la fiebre le daba una bebida que la hacia desa-paracer ; si la respiraci√≥n le oprim√≠a, le daba otra que despu√©s de pocos minutos se la facilitaba. Una noche Zanchetta nos despierta √° toda prisa anunci√°ndonos que Monse√±or no puede respirar, porque le dolia mucho el pulm√≥n. El Sr. Don Lucas prepara el momento otra bebida , la cual le concilia el sue√±o, le hace desaparecer el dolor, y duerme tranquilo durante toda la noche. A pesar de todo no creimos prudente olvidarnos de los remedios que la ciencia nos proporciona. Por consiguiente el dia despu√©s de Ia dolorosa ca√≠da, mand√© expresamente √° un hombre √° Chile con una carta, dirigida al Padre Guardian de los Franciscanos de Chillan , en la cual le expon√≠a nuestra desgracia y le pedia los remedios que, seg√∫n el juicio del Sr. D. Lucas , eran m√°s √° prop√≥sito para nuestro enfermo. Dicho hombre atraves√≥ las cordilleras y volvi√≥ despu√©s de diez dias con los remedios pedidos y adem√°s con una peque√±a provisi√≥n de vino generoso y v√≠veres, que los buenos Padres Franciscanos tuvieron la caridad de enviarnos desde Chillan. El Padre Buenaventura Gacitua, Guardian de aquel convento , nos escribi√≥ una carta , en la Cual nos manifestaba su grande sentimiento, juntamente con el de toda la Comunidad, por la desgracia de Monse√±or. Interin, yo hab√≠a expedido otras dos cartas , una √° Buenos Aires y otra √° Patagones, informando √° nuestros hermanos de todo lo acaecido. Monse√±or, si bien muy despacio, mejoraba de dia en dia. Los primeros dias de su enfermedad los pas√≥ oon una fiebre bastante fuerte, acompa√±ada con dolores agud√≠simos en los pulmones y respirando con much√≠simo trabajo. Nos consolaba mucho el ver √° aquellos buenos cristianos de Malbarco que ven√≠an en grupos de cuando en ‚Äî 92 ‚Äî cuando, √° pedir noticias del estado de Monse√±or, tray√©ndole al propio tiempo algunos regalos de huevos, gallinas, fruta, verdura, etc., y todo con una cordialidad conmovedora. 8¬∞. Convalecencia. – Llegada de D. Raba-gliati. – Establ√©cese el d√≠a de la salida. – La primera misa despu√©s de la ca√≠da. ‚Äî Finalmente el dia 12 de Marzo Monse√±or se levant√≥ de cama por primera vez √© hizo algunos pasos por el cuarto. El 13, domingo, haciendo un esfuerzo, entr√≥ en la capilla y administr√≥ la Confirmaci√≥n √° veinte personas. Despu√©s quiso hablar, pero no pudo decir m√°s sino manifestar c√≥mo su caida del caballo habia sido mortal, y que por una gracia especial de Mar√≠a Auxiliadora , √° la cual se habia encomendado momentos antes, fu√© librado de la muerte. Invitaba por consiguiente √° todos √° que se uniesen √° √©l, para dar gracias √° Dios y √° Mar√≠a Sant√≠sima por haberle conservado tan milagrosamente la vida. Mientras dec√≠a esto , la emoci√≥n lo sorprendi√≥ de tal manera que, sinti√©ndose falto de fuerzas, debi√≥ suspender su pl√°tica y retirarse al momento. Se acost√≥ enseguida y no pudo levantarse sino despu√©s de siete dias, que comenz√≥ √° comer con nosotros y √° pasear algunas horas al dia. Est√°bamos ya √° 24 de Marzo, cuando nos lleg√≥ una sorprendente y grata noticia. Nos dijeron que √° poca distancia hab√≠an visto venir √° un sacerdote en direcci√≥n √° nuestra casa. Inmediatamente comenzamos √° hacer varias suposiciones para adivinar qui√©n ser√≠a. Al principio pensamos que fuese D. Scavini, pero por las se√±ales que nos daba quien lo habia visto de cerca, nos persuadimos que era D. Rabagliati. En efecto ‚Ä¢, de all√≠ √° poco m√°s de una hora, aparece por la caba√±a , cubierto con un poncho √° manera de un gaucho del campo. ¬° Qu√© sorpresa para Monse√±or ! El no pensar√≠a nunca en recibir la visita de uno de sus hijos de Chile, tanto m√°s que ni siquiera habia tenido noticia de la llegada de los Salesianos √° Concepci√≥n. Cre√≠a que el c√≥lera, hubiese impedido √≥ al menos retardado su salida de Buenos Aires. Ninguno puede expresar la satisfacci√≥n que todos probamos al ver √° un hermano nuestro, que supon√≠amos estaba tan lejos y que nos parec√≠a como venido del cielo. D, R.abagliati se qued√≥ sin apenas poder pronunciar palabra cuando vi√≥ √° Monse√±or, porque, √° pesar de las noticias que hab√≠an tenido, no pensaba sin embargo hallarlo tan abatido y en un estado tan deplorable. Pero se tranquiliz√≥ y di√≥ gracias √° Dios y √° Mar√≠a Auxiliadora, cuando nosotros le aseguramos que estaba fuera de peligro y ya en convalecencia. Mons. Cagliero estaba impaciente por proseguir cuanto antes el viaje, pero el dia de la salida habia sido fijado por el Sr. D. Lucas Becerra, su m√©dico y curandero : ‚Äî Hasta el 28 de Marzo no ser√° posible salir, dec√≠a dicho se√±or √° nuestro enfermo. S. S. lima, est√° a√∫n demasiado d√©bil… el camino es muy dif√≠cil y largo… no hay ranchos donde poder alojarse… por todas partes se encuentran incomodidades y peligros; se ver√° obligado √° comer mal y dormir peor… El m√°s peque√±o inconveniente podr√≠a ser causa de un mal mayor. Tenga paciencia , Monse√±or, nada perdemos prorogando algunos dias nuestra salida, antes bien ganamos mucho. ‚Äî Y puso el coraz√≥n de todos en paz, esperando que llegase el dia 28. El 25, fiesta de la Anunciaci√≥n de Mar√≠a Sma., Monse√±or celebr√≥ por primera vez, despu√©s de su caida, la santa Misa; distribuy√≥ la sagrada Comuni√≥n √° diez y ocho personas, administr√≥ el Sacramento de la Confirmaci√≥n y despu√©s hizo un sermoncito √° los nuevos soldados de Jesucristo.. Domingo Milanesio, Pbro. Carta IV. Viaje de Mons. Cagliero sobre las cordilleras y llegada √° Concepci√≥n. Concepci√≥n de Chile, 11 de Abril de 188.7. Muy Rdo. y caro Padre D. Bosco : Voy √° darle algunas noticias de Monse√±or Cagliero, noticias copiosas y todas muy hermosas. ¬øNo es verdad que le proporciono un ratito de regocijo y satisfacci√≥n? Quise hacerlo ya el dia que llegamos √° esta, pero nos hall√°bamos en la semana santa y bien sabe V. R. cu√°nto trabajo tienen los sacerdotes en dichos dias y particularmente aqu√≠ en Am√©rica. Pero ahora que puedo disponer de un poco de tiempo , voy √° cumplir la promesa que le hize de enviarle una detallada relaci√≥n del viaje de Mons. Cagliero, empezando desde la casa-caba√±a, situada en una de las partes m√°s altas de las cordilleras , y que fu√© su hospital durante 25 dias, hasta su llegada √° Concepci√≥n. Desde luego le dir√© que dicho viaje, el cual dur√≥ diez dias, fu√© un continuo triunfo para el noble convaleciente; y bien se convencer√° de ello al leer los hechos que paso √° narrarle. Io. Ultima funci√≥n religiosa en Malbarco y serm√≥n de Monse√±or. ‚Äî La v√≠spera de la salida era Domingo , y la concurrencia √° la misi√≥n fu√© mucho m√°s grande que los dem√°s dias. El motivo principal de esta afluencia de personas, no fu√© tanto el santificar la fiesta, oyendo la santa Misa, de la cual los dispensaba la grande distancia √° que se hallaban , como el deseo de poder ver a√∫n una vez m√°s √° Monse√±or, recibir de sus manos el Pan eucar√≠stico y su √∫ltima bendici√≥n. Hubo aquel d√≠a 35 comuniones y algunas confirmaciones ; n√∫mero grande si se considera que la misi√≥n ya llevaba unos dos meses en a-quellos parajes. Monse√±or celebr√≥ la santa Misa, distribuy√≥ la comuni√≥n , administr√≥ la confirmaci√≥n, y despu√©s, √°unque muy cansado, no se content√≥ con dar √° aquella buena gente su √∫ltima bendici√≥n ; parec√≠ale poco para pagar el sacrificio que hab√≠an hecho andando tantas leguas para llegar hasta all√≠. Concluida, pues, la funci√≥n, dirigi√≥ la palabra √° aquel peque√±o pueblo, en pri ‚Äî 93 ‚Äî mer lugar, para darle las gracias por todas las pruebas de cari√±o que le hab√≠a manifestado durante todo el tiempo de la misi√≥n, y adem√°s para dejarle algunos recuerdos, con el objeto de conservar y aumentar el fruto que hab√≠a sacado. Entre otras cosas recuerdo un hermoso pensamiento, que sali√≥ espont√°neamente de sus labios, y que sin duda alguna permanecer√° impreso para siempre en la mente y en el coraz√≥n de aquellas buenas personas. ¬´ Cuidaos de las ca√≠das, dijo Monse√±or, y tomad toda clase de precauciones para evitarlas. No es de las ca√≠das de √° caballo que entiendo yo hablaros, sino de las ca√≠das en el pecado, y especialmente en el pecado mortal. ¬° Ah! ¬° qu√© horrible precipicio es el pecado mortal ! ¬° qu√© espantosas consecuencias no trae consigo √° veces una sola de esas ca√≠das ! Una ca√≠da de √° caballo por m√°s que sea grave, no es siempre fatal; algunos dias de cama y unos pocos remedios, bastan casi siempre para remediarlo todo. A m√≠ me bastaron 25 dias para entrar en convalecencia y tener la esperanza de una pronta y completa mejor√≠a, y eso que la ca√≠da era evidentemente mortal. Pero ¬øqu√© esperanza le queda al que cae en el pecado mortal, principalmente si la ca√≠da se repite? El’Sr. D. Lucas, √° pesar de todos sus cuidados, de todos sus remedios y de toda su capacidad y buena voluntad , jam√°s podr√≠a curaros como me ha curado √° mi ; necesitar√≠ais al sacerdote, pero √©ste desgraciadamente no lo teneis aqu√≠, √≥ si lo teneis es muy raras veces. Por esto es que una de estas ca√≠das mortales, puede ser para vosotros causa nada menos que de eterna condenaci√≥n , de sufrir un fuego eterno. ¬°Ah! ¬°qu√© desgracia! Huid, huid con todas vuestras fuerzas de semejantes ca√≠das. C√°ese con facilidad, pero es muy dif√≠cil levantarse. ¬ª Magn√≠fico pensamiento, que expresado por Monse√±or con brio, √°unque con bastante trabajo, vali√≥ todo un serm√≥n y puso t√©rmino √° aquella edificante misi√≥n. Lo dem√°s del dia se pas√≥ en hacer los preparativos del viaje. Para atravesar las Cordilleras se necesitan caballos especiales. Los de los Misioneros, acostumbrados √° pisar las arenas del desierto , eran poco menos que in√∫tiles ; ¬ø qu√© hacer, pues? Un apreciable se√±or llamado Don Piloteo Sanmart√≠n, nos ofreci√≥ generosamente los suyos para la expedici√≥n ; di√≥nos tambi√©n algunas provisiones para comer, y lo que es m√°s, se ofreci√≥ √©l mismo √° acompa√±ar √° Monse√±or. Es un buen viejo de unos 70 a√±os de edad ; tiene familia, negocios √© intereses importantes en aquellas monta√±as ; sin embargo se ofreci√≥ muy gustoso √° hacer un viaje tan penoso , √° fin de dar un prueba m√°s √° Monse√±or de lo muy agradecido que le estaba. El Se√±or le recompense su tanta bondad y generosidad. % 2o. El adios √° Malbarco. – Escena conmovedora. ‚Äî Al despuntar la aurora del dia 28, ya nos hall√°bamos en pi√© para ofrecer el santo sacrificio y hacer los √∫ltimos preparativos. Llegada la hora de la salida, todos vimos con grande sorpresa nuestra , que aquellos buenos chilenos que hab√≠an acudido la v√≠spera √° la misi√≥n, se hallaban todav√≠a all√≠. Y ¬øsabe V. R. para qu√©? Pues para dar el √∫ltimo adios √° Monse√±or y √° los Misioneros y recibir su √∫ltima bendici√≥n. En efecto, cuando vieron que Monse√±or se dispon√≠a √° montar √° caballo , todos , hombres , mujeres, viejos y ni√±os rodearon √° Monse√±or, y de rodillas besaron su anillo y le pidieron la bendici√≥n ¬øMe creer√° V. R., amad√≠simo Don Bosco, si le digo que casi todos lloraban? Pues as√≠ fu√©. Pero ¬ø qu√© objeto ten√≠an aquellas l√°grimas ? Creo no equivocarme si afirmo que eran l√°grimas de alegr√≠a y de dolor. De dolor, pensando que Monse√±or estaba ya para dejarlos y quien sabe si lo volver√≠an √° ver… pues √° duras penas podia tenerse en pie y sin embargo iba √° emprender un viaje tan largo y peligroso. Y, √° la verdad, era cosa que arrancaba las l√°grimas ver los grandes esfuerzos que tuvo que hacer para poderse acomodar en la silla. Fu√© necesario que cuatro hombres robustos lo levant√°ran en peso, y muy despacio lo colocasen sobre el caballo. Nadie se atrev√≠a √° hablar; pero en aquel instante un horroroso pensamiento paso por la mente √° todos : ¬øY si aconteciera otra desgracia? ¬ø Y si no pudiera llegar al t√©rmino de su viaje ?… Pero he dicho que tambi√©n lloraban de alegr√≠a ; s√≠, estoy casi cierto de ello, porque no pod√≠an menos de alegrarse al ver que Monse√±or, √°unque d√©bil a√∫n, tenia sin . embargo fuerzas suficientes para poder seguir el viaje. Ellos que lo amaban tanto, que hab√≠an tenido tanto miedo de perderlo y que hab√≠an pedido tanto en sus oraciones al Se√±or, ¬øc√≥mo no deb√≠an gozar al verlo no solo fuera de peligro, s√≠ que en v√≠speras de una completa mejor√≠a ? 3o. La salida ; el primer dia de viaje. -Vota-Mallin. ‚Äî Nuestra peque√±a caravana di√≥ el √∫ltimo adios √° toda aquella buena gente y se puso en marcha √° eso de las 8 de la ma√±ana. Monse√±or, D. Milanesio, D. Panaro, el precitado m√©dico de Monse√±or , Sr. D. Lucas Becerra , el buen anciano de quien he hablado ya, Zanchetta y el infrascrito , compon√≠an la comitiva. Ven√≠an tambi√©n con nosotros tres j√≥venes listos y robustos , los cuales se hab√≠an puesto √° nuestra disposici√≥n, para todo lo que fuese necesario. Camin√°bamos con bastante lentitud. Era la primera vez que Monse√±or montaba √° caballo despu√©s de su ca√≠da, y el estado en que se hallaba era preciso evitar todo movimiento que fuese brusco; de esta suerte se andaba despacio, es verdad, pero bien √≥ menos mal. El primer dia naso sin inconveniente alguno. Yo temblaba viendo al pobre Monse√±or mal acomodado en su caballo, y que sufr√≠a no pudiendo apoyar la espalda √° ninguna parte. Bajamos, pues, √° un valle por donde corre el rio Lileo, y comenzamos √° andar de una parte √° otra, siguiendo las mil caprichosas curvas, hasta llegar al anochecer √° un rinc√≥n formado por el encuentro de dos valles , al cual danle el nombre de Vota-Mallin. Monse√±or estaba muy cansado, y no podia ‚Äî 94 ‚Äî menos de ser as√≠, si se considera que hasta aquel dia no habia podido pasar sino algunas horas fuera de la cama, y estas con no poca fatiga. Se le prepar√≥ primero una taza de caldo y despu√©s una tienda con su cama, compuesta de algunas pieles, colocadas sobre un monton de yerbas y hojas, que recogimos por aquellos alrededores. Dicha cama era demasiado dura para nuestro enfermo, pero no habia m√°s remedio que tener paciencia, pues no permiti√©ndolo el sitio y falt√°ndonos todo lo necesario, tuvimos que hacer de necesidad virtud y contentarnos con lo poco que pod√≠amos tener. Los dem√°s nos echamos √° dormir en el suelo , alrededor de la tienda de Monse√±or, y descansamos como se suele descansar generalmente despues de haber pasado todo el dia montado √° caballo; esto es, √° las mil maravillas. 4o. El segundo dia de viaje. – Peque√±as aventuras. – Un lago. ‚Äî AL otro dia por la ma√±ana nos hicimos de cargo que ten√≠amos una colcha de m√°s; durante la noche, el cielo, vi√©ndonos tan mal abrigados, se compadeci√≥ de nosotros, y nos regal√≥ una hermosa colcha blanca, algo delgada, es verdad, pero de un efecto muy bonito. No era nieve, pero si algo que se le parec√≠a mucho. Los ind√≠genos la llaman escarcha, y nosotros en italiano brina. Despu√©s de haberla sacudido, y calentado el est√≥mago con un poco de caf√©, sin p√©rdida de tiempo proseguimos nuestro viaje. Sin embargo, antes de salir se discuti√≥ un poco. Trat√°base de atravesar la monta√±a, detr√°s de la cual comenzaba ya el territorio chileno. Para llegar all√° hay dos caminos ; uno bastante corto, pero de dificil√≠sima subida ; otro menos dif√≠cil, pero mucho m√°s largo. Yo conoc√≠a el primero, por haberlo pasado cuando fui √° Malbarco y me acuerdo que fu√© un milagro si llegu√© vivo , pues est√° lleno de grand√≠simos peligros, y es necesario bajarse del caballo much√≠simas veces. Por cuyo motivo yo era de parecer que se tomase el otro m√°s largo , pues me parec√≠a adem√°s poco prudente conducir √° Monse√±or por aquel camino y exponernos todos √° tantos peligros; mejor es llegar tarde y bien, que no pronto y mal. Los otros tres compa√±eros que conoc√≠an las dificultades de aquel paso, eran del mismo parecer, de suerte que nos resolvimos √° ir por la parte izquierda, buscando el sendero que deb√≠a conducirnos al valle por donde corren las primeras aguas chilenas. En este sitio perdi√≥ Monse√±or sus zapatos , pues √° la mu√≠a que llevaba su ropa le di√≥ por brincar y correr, hasta que por fin concluy√≥, con tirar por tierra toda la carga. Los que la recogieron dejaron olvidados los referidos zapatos. Nos hicimos de cargo por la noche pero ya no tenia remedio, por la mucha distancia √° que nos hall√°bamos ; de suerte que Monse√±or se vi√≥ obligado √° entrar en Chile con las chinelas. La primera cosa que alegr√≥ nuestra vista al poner los pies en el territorio chileno, fu√© una hermos√≠sima laguna, llamada Treyle, de 400 metros de largueza por 150 de anchura. Al lado b√∫llanse todav√≠a las caba√±as , ya casi todas arruinadas , ocupadas por las guardias chilenas en los meses que la Rep√∫blica Argentina estaba infestada por el c√≥lera. Pero este hu√©sped no necesita permiso alguno para entrar donde quiere , puesto que en poco tiempo tambi√©n los departamentos del norte de Chile, y m√°s que todos, la capital de la Rep√∫blica, Santiago, estaban infestadas. No hay precauci√≥n suficiente para detener la mano de Dios, cuando √©ste se propone castigar √° una naci√≥n. 5o. Horrible sendero en la Gran Vega. -Acampamento en las orillas del rio. ‚Äî Despu√©s de haber recorrido la cima de una monta√±a muy alta, bajamos √° una interminable 11a-mura, llamada la Gran Vega. El √∫nico inconveniente que encontramos aqu√≠, fu√© el camino , el cual era tan malo, que no nos fue posible seguir la marcha √° caballo. Era una enorme cantera colocada √° los lados de la monta√±a , por la cual era necesario trepar para pasar al lado opuesto. No es poco el valor que se necesita en estos trances para permanecer montado sobre un caballo, que, si por desgracia pone un pi√© en falso, cae rodando juntamente con el caballero y va √° dar √° las profundidades de un abismo terrible. Nosotros, que en cuanto √° valor no ten√≠amos de sobra, especialmente despu√©s de la cat√°strofe acaecida √° Monse√±or, creimos prudente bajarnos del caballo llev√°ndolo por la brida, hasta salir , del mejor modo que pudi√©semos , de aquel grav√≠simo peligro. Es tan dif√≠cil y enredoso aquel paso que hasta los mismos caballos no quisieron pasarlo. Llegados all√°, se volvieron atr√°s, y despu√©s comenzaron √° subir por la monta√±a, hasta que llegaron √° un punto donde no podia ir quien los guiaba, y all√° se quedaron toda la noche. Sin tener alas no era posible llegar hasta aquel sitio. Al dia siguiente por la ma√±ana, dos de nuestros j√≥venes se volvieron atr√°s para buscarlos, y tuvieron tanta suerte que los encontraron. Sin embargo nuestros c√°lculos de llegar hasta un sitio llamado Porcura y all√° pasar la segunda noche, no se pudieron realizar. Nos cogi√≥ la noche, en un lugar bastante peligroso, y juzgamos prudente el pararnos all√≠. √° fin de evitar alguna desgracia. Colocamos, pues, las tiendas √° la orilla de un rio, y pasamos la noche del mismo modo que la anterior. Sin embargo, nuestro Monse√±or se hallaba m√°s cansado que el dia precedente, y confes√≥ que no podr√≠a descansar sino se le preparaba una cama mucho m√°s blanda. Entonces nos recordamos que una de las mulas venia cargada de lana, perteneciente √° uno de los j√≥venes que nos acompa√±aban. Con ella pudimos prepararle una cama mucho m√°s blanda que la primera. En esta noche no tuvimos el regalo del cielo , esto es , no cay√≥ la escarcha, y √° las 5 , deseosos de ganar tiempo, est√°bamos ya en pi√©, dispuestos √° continuar nuestro interrumpido viaje. – 95 ‚Äî 6o. Tercer dia de viaje. – Una mu√≠a al fondo de un precipicio. – Contrariedades. ‚Äî En este tercer d√≠a, 30 de Marzo, tuvieron lugar varios incidentes desagradables. Fue el primero que no pudimos salir √° las 5 , como hab√≠amos pensado el dia anterior . sino √° las 8 ; causa de este retardo fueron los caballos que hab√≠an huido en busca de alimento ; tres horas se necesitaron para hallarlos, reuhirlos y ensillarlos. Este primer incidente desconcert√≥ todos nuestros planes, y vino luego el segundo que los destruy√≥ completamente. Vadeado el rio Porcura, trat√°base de subir una cuesta muy empinada, llamada, sino me equivoco, Huemul, √≥ sea, monta√±a de los ciervos. Ya hacia m√°s da media hora que con gritos y .golpes anim√°bamos √° nuestros caballos; algunos de ellos , muy cansados, no pod√≠an obedecer, y era preciso dejarlos descansar con frecuencia para que tomasen aliento. Por este motivo no √≠bamos ya todos juntos. Los caballos mejores y que lie‚Äî vahan menos peso iban delante, los m√°s cansados y cargados se quedaron atr√°s. Yo me qued√© al lado de Monse√±or. En esto, oigo de repente un gran ruido como el de una grande piedra que se desprende y rueda, por la monta√±a. Un sudor fri√≥ se apoder√≥ de m√≠. ¬øSe habr√° ca√≠do alguno? me pregunt√©. No puede ser, porque en tal caso se habr√≠a dejado oir al menos un grito. A fin de ‚ñ†tranquilizarme dije para m√≠: Ser√° alguna piedra ‚Ä¢que movida por alguno de los animales, rod√≥ por ‚ñ†la pendiente y caus√≥ este ruido. Con semejante raciocinio se apacigu√≥ tambi√©n Monse√±or, quien se hallaba ya inquieto, temiendo que hubiese sucedido alguna nueva desgracia. Pasaron algunos minutos , cuando uno de los guias, despu√©s de haber contado las bestias : ‚Äî Me falta una mu√≠a, exclam√≥. ‚Äî B√∫scase por todas partes , pero en vano. Sin embargo era necesario hallarla, pues era la que llevaba todo el equipaje de Monse√±or. Por fin se encontr√≥, ¬ø y sabe V. R. d√≥nde ? All√° abajo, al pie de la monta√±a , magullada y muerta. Otra desgracia fu√© unida √° esta, esto es, ja de haberse roto la olla donde calent√°bamos el caldo para Monse√±or, del cual tuvo necesidad no .pocas veces. Sin embargo, Dios Ntro. Se√±or que hab√≠a permitido dicha desgracia, di√≥le suficientes fuerzas para resistir y seguir cabalgando sin novedad. Este incidente nos hizo perder bastante tiempo, pues fu√© necesario buscar otra mu√≠a y cargarla bien, antes de emprender nuevamente el viaje. Nuestro c√°lculo era de llegar hasta la primera casa chilena, donde nos esperaban con vehemente deseo, para pasar all√≠ la noche. Pero dichas contrariedades no nos permitieron llevarlo √° cabo y ya nos hab√≠amos resignado √° pasar otra noche √° la claridad de la luna. En aquel dia no descansamos nada, solamente tomamos √° prisa alguna cosa y luego continuamos el viaje, √° fin de probar si era posible ganar el tiempo que hab√≠amos perdido. 7o. Bajada peligrosa. – Irresoluci√≥n en proseguir el viaje por la noche. – Un mensajero persuade √° Monse√±or que contin√∫e la marcha. ‚Äî A las 3 de de la tarde est√°bamos ya sobre la cima de la monta√±a m√°s alta; la bajada era horrible; yo lo sabia porque la hab√≠a pasado pocos d√≠as antes, pero al contrario, esto es, subi√©ndola; lo sab√≠an tambi√©n Don Lucas y D. Piloteo, y viendo √° Monse√±or muy cansado nos pusimos de acuerdo en pararnos y pasar all√≠ la noche. Monse√±or, pensando en el ‘bien de todos, si bien ten√≠a gran necesidad de descanso, se decidi√≥ √° continuar la marcha para aprovechar aquellas horas de sol que nos quedaban. Dormiremos en el valle, dijo , pues al menos ma√±ana por la ma√±ana podremos arreglarlo todo y llegar √° buena hora √° casa del Sr. D. Joaqu√≠n Lantagno, que nos espera. ‚Äî De all√≠ √° un poco nos paramos por algunos minutos , y luego comenzamos √° bajar, divididos en dos escuadras. Monse√±or, D. Milanesio, D. Filoteo y yo, form√°bamos la vanguardia; D. Panaro , D. Lucas y los tres j√≥venes con todos los animales de carga formaban la retaguardia. Hiz√≠monos todos √°ntes la se√±al de la cruz , invocamos mentalmente √° Mar√≠a Auxiliadora y al Angel Custodio y en seguida dimos principio √° la bajada. Era la √∫ltima pero la m√°s larga y peligrosa. En cuanto √° m√≠, lo digo francamente, no tuve bastante valor para pasar por aquellos precipios √° caballo. No, dec√≠a, no quiero exponerme al peligro pudiendo evitarlo; mis.dos piernas son m√°s seguras que las patas del caballo ; si caigo no me har√© tanto da√±o. Adem√°s el caballo tiene cuatro patas, y es suficiente que le resbale una para que pierda el equilibrio y me arroje qui√©n sabe en donde. Me baj√©, pues, del caballo y cogiendo las riendas me resign√© √° andar √° pie todo aquel horrible trecho, √° trueque de llegar al fondo sin zapatos. Monse√±or hubiera deseado hacer lo mismo , pero no tenia suficientes fuerzas para estar en pie ; confiaba adem√°s en su caballo que, despu√©s de tres dias de prueba, tenia por excelente, y lo era en verdad. As√≠ caminamos durante dos horas y media sin interrupci√≥n hasta llegar al fondo. En un punto tuvimos que descender todos del caballo. Se trataba de pasar por medio de una piedra cortada perpendicularmente, por m√°s de un metro de altura. Me recuerdo que la primera vez que me toc√≥ pasar por aquel sitio, los guias que me acompa√±aban y yo, tuvimos que atar una cuerda al cuello del caballo, y tirando por ella ayudarlo √° subir aquella altura , bajo la cual se veia un abismo terrible. En aquel sitio quer√≠amos colocar nuestras tiendas y prepararnos para pasar la noche. La retaguardia no hab√≠a llegado a√∫n y qui√©n sabe cu√°nto tardar√≠a. El sol nos mandaba sus √∫ltimos rayos, y querer proseguir el camino √° aquella hora hubiera sido una grande imprudencia; por cuyo motivo consider√°bamos una necesidad el pararnos. En este √≠nterin nos vino al encuentro un joven, que hab√≠a hecho de guia √° Monse√±or y √° los misioneros en la traves√≠a del desierto de ‚Äî 96 ‚Äî la Patagonia, y nos anim√≥ √° que prosigui√©semos el viaje y terminarlo aquella misma tarde, di-ci√©ndonos tantas cosas… que la familia Lantagno nos esperaba… que un Padre Franciscano habia llegado pocas horas antes de Chillan (nada menos que 20 leguas debi√≥ caminar), con una berlina para esperarnos y conducirnos al convento de Chillan… que √©l conoc√≠a muy bien los senderos… que no habia peligro alguno, y en fin tantas otras cosas, que nosotros nos resolvimos √° continuar el viaje. ‚Äî Vamos, dec√≠a Monse√±or, tres leguas poco m√°s √≥ menos , es nada. Estamos ya muy cansados, pero no importa ; hagamos un esfuerzo y despu√©s nos hallaremos al fin de este camino horrible. As√≠ podremos descansar en una buena cama, restaurar un poco nuestras fuerzas y ma√±ana continuaremos el viaje en coche. ‚Äî Pues adelante. Y sin ni siquiera bajar del caballo por un momento, seguimos. 8o. De noche en una floresta. – Temor del le√≥n. – A la orilla del rio. – Un fuego lejano. ‚Äî Casa-hospital. ‚Äî‚ñ† El mayor peligro por entonces, lo constitu√≠a la noche que se acercaba, pues los senderos eran lo m√°s espantoso que se puede imaginar. Est√°bamos en un valle, es cierto, y en un valle llamado hermoso, pero nada tenia de ello, si se except√∫an algunos √°rboles muy espesos y gigantescos y las cristalinas aguas del rio que pasa por all√≠; pero lo que es el camino no tiene nada de bonito y s√≠ mucho de feo. ‚Äî ¬° Qu√© iron√≠a ! dec√≠a Monse√±or, llaman hermoso √° un valle tan horroroso y que bien hubiera podido servir de modelo √° nuestro Dante para pintar el m√°s espantoso de sus antros infernales. En este sitio dejamos sueltos los caballos para que pudiesen pasar m√°s f√°cilmente. ‚Äî Ahora solo faltar√≠a que viniese alg√∫n le√≥n √° hacernos una visita, dec√≠amos nosotros; ‚Äî y no era tan dif√≠cil habi√©ndosenos dicho que el le√≥n llamado Puma anda por aquellas partes durante la noche en busca do comida. Si tiene mucha hambre asalta tambi√©n al hombre, si √©ste no se esconde √≥ defiende. Pero ¬ø no ser√≠a ya una grande desgracia para nosotros,, si se nos hubiesen perdido los caballos por aquellos sitios tan peligrosos ? ¬ø C√≥mo har√≠amos entonces para seguir adelante ? Pero el le√≥n no vino; los caballos y las mu√≠as tienen los huesos duros y √©l quiere carnes tiernas. Cuando salimos de aquel sitio nos encontramos √° la orilla del rio. El peligro era a√∫n m√°s grande, la oscuridad, completa; ¬° ay de aquel que se hubiese ca√≠do entonces! Despues entramos de nuevo en una selva, m√°s tarde fuimos √° dar otra vez al rio, y siempre caminando por senderos llenos de troncos de √°rboles viejos. Los caballos andaban lentamente, pues tambi√©n ellos veian el peligro por donde pasaban. Nosotros √≠bamos en silencio. Es una gran verdad que el miedo quita hasta el uso de la palabra, y nosotros en aquellos momentos ten√≠amos verdaderamente miedo; rog√°bamos m√°s con el coraz√≥n que con la boca, y ped√≠amos √° nuestro Angel Custodio que, hall√°n donos nosotros sin guia, se dignase guiarnos √©l.. Tambi√©n el joven que nos acompa√±aba se habia quedado mudo. ‚Äî Amigo, le preguntamos una vez; ¬ø est√° todav√≠a muy lejos la casa del Sr. Lantagno ? ‚Äî Est√° all√°, √° la otra parte del rio, de aqu√≠ √° una media hora llegaremos. Fijando despu√©s la vista h√°cia la orilla de enfrente vimos √° lo lejos una luz, que parec√≠a la hab√≠an puesto _ expresamente para indicarnos el camino que deb√≠amos seguir. Era una grande hoguera, encendida por una familia en un patio, con el fin de calentarse. En fin, como √° Dios plugo, despues de dos horas pasadas en una completa oscuridad, en continuo peligro de dar con las narices, en alg√∫n √°rbol, √≥ lo que es peor, ir √° parar en alg√∫n hoyo, llegamos √° las 8 de la noche √° casa de D. Joaqu√≠n Lantagno, sin haber tomado casi un solo momento de descanso desde las 8 de la ma√±ana. Nadie nos esperaba ya √° aquella hora y les parec√≠a imposible que extrangeros, que no conoc√≠an aquellos parajes, principalmente con un obispo enfermo, se atreviesen √° caminar con. tanta oscuridad, entre aquellos peligros y √° aquellas horas. As√≠ nos lo dijeron despu√©s. ! Qu√© sorpresa tan grande para toda aquella familia ! ¬° Cu√°n cordi√°lmente recibieron √° Monse√±or ! Se habl√≥ un poco ; se cen√≥ √° prisa, y en seguida nos fuimos √° la cama. Ten√≠amos necesidad de comer, pero mucho m√°s de dormir ; y si hubi√©semos debido escoger entre una buena ca na, y una buena comida, todos hubi√©ramos preferido indudablemente lo segundo. Pero nosotros, gracias √° la generosidad de los amos de casa, tuvimos lo uno y lo otro. D. Panaro y los compa√±eros que se hab√≠an parado dos leguas atr√°s , nos alcanzaron al dia siguiente por la ma√±ana. El camino que hab√≠amos recorrido se llama: Los Imposibles y la Tirana. 9¬∞. Capilla improvisada. – La Colonia asiste √° la Santa, Misa. – Deseo de recibir la Confirmaci√≥n. – Sacrificios para cumplir con el precepto Pascual. – La f√°brica del Sr. Lantagno. ‚Äî Por la ma√±ana nos esperaba una grande sorpresa. En una habitaci√≥n muy bonita, hab√≠an preparado un altar con todo lo necesario para celebrar la santa Misa. El R. P. Franciscano, Fray Juan Francisco Acituna, ex-guardian del Convento de Chillan, venido desde all√° expresamente , recorriendo un camino de cerca 100 kilomentros, nos trajo un altar port√°til, siendc √©sta una inspiraci√≥n hermosa, puesto que Monse√±or hall√°ndose con fuerzas suficientes dese√≥ celebrar, y as√≠ lo hizo √° eso de las 8. No solamente los due√±os de la casa, sino tambi√©n todos los criados y empleados de aquel gran establecimiento de maderas, que entre todos eran m√°s de ciento, asistieron con grande devoci√≥n al santo sacrificio, y esto fu√© debido √° la bondad suma del due√±o de la casa que lo permiti√≥, √°unque se tuviese que interrumpir el trabajo. Ning√∫n obispo, ¬° que digo ! ning√∫n sacerdote, habia pasado jam√°s por aquellos parajes; y entonces ten√≠an no solo un obispo sino tambi√©n cuatro sacerdotes entre ellos ¬° Cu√°n bien se veia pin ‚Äî 9‚Äô tada la alegr√≠a en el rostro de todas aquellas personas, por tan inesperado acontecimiento ! Concluido el santo Sacrificio, Monse√±or dirigi√≥ √° los circunstantes algunas palabras. √âl es as√≠ ; donde encuentra un grupo de personas, es menester que hable ; par√©cele que no est√° completa la funci√≥n si no dice algo. ‚Äî Las funciones mudas, dice √©l, no me gustan ni las quiero ; ‚Äî y as√≠ Jo prueba con los hechos. Durante aquel d√≠a muchas de aquellas personas suplicaron √° Monse√±or que les administrase la Confirmaci√≥n. ‚Äî De buena gana, contest√°bales, pero para esto ser√≠a necesario que nos detuvi√©ramos aqu√≠ por algunos dias, les di√©semos √° Vdes. una peque√±a Misi√≥n, √° fin de instruirlos bien acerca de las disposiciones y virtudes que se requieren para recibir este sacramento, como son la confesi√≥n, catecismo, etc. etc., y todo esto, como Vdes. comprender√°n, requiere un poco de tiempo, del cual nosotros no disponemos, pues es preciso que ma√±ana mismo nos hallemos en Chillan. Tengan, pues, paciencia ; lo que no podemos hacer hoy, lo haremos quiz√° muy pronto. En el tiempo Pascual tendr√°n Vdes. una Misi√≥n por algunos dias; no faltar√° quien les confiese y comulgue, y quien confirme y bautice √° sus hijos. Se lo prometo, est√©n Vdes. tranquilos. ‚Äî Con esto se consolaron bastante. Monse√±or quiso premiar tanta fe y prometi√≥ hablar al Rdmo. Sr. Vicario Capitular, √° fin de que mandase de cuando en cuando alg√∫n Misionero por aquellas partes. En efecto, obtuvo del Padre Guardian de Chillan,.la promesa de que enviar√≠a con frecuencia √° alguno de los Padres de su Convento. La Delegaci√≥n del Sr. Vicario no tardar√° en llegar. Es cosa que verdaderamente hace llorar. Habitan en aquellas selvas, cerca de 900 personas, que viven √° unos cien kil√≥metros distantes de Chillan. Son todas buenas, sin excepci√≥n alguna. En cuanto √° cumplir con el precepto Pascual, debe decirse que son muy diligentes √° pesar de lo much√≠simo que les cuesta, pues tienen que andar tres dias √° pie para llegar √° la ciudad. Sin embargo, seg√∫n nos dijeron, es tanta su fe y piedad que no queda ninguno sin cumplir; pero la Confirmaci√≥n…. creo que ninguno la recibi√≥ a√∫n. Hab√≠a all√≠ ancianos, cubiertos de canas, que √° pesar de su buena ,voluntad, √°un no hab√≠an podido recibii‚Äô el beneficio de este Sacramento. Fue, pues, en aquella casa donde Monse√±or recibi√≥ la primera prueba del cari√±o que le profesaban los chilenos. Durante el dia que nos paramos all√≠, ven√≠an los ni√±os, mandados por sus buenas madres, trayendo quien un pollo, quien una gallina, quien una docena de huevos. ‚Äî ¬øPara qui√©n son estas cosas tan buenas ? pregunt√°bales sonriendo Monse√±or. ‚Äî Para el Obispo enfermo, contestaban ingenuamente; y se iban tan contentos porque hab√≠an podido recibir de Monse√±or una caricia √≥ alguna medallita. Visitamos en aquel dia el gran aserradero, que el Sr. D. Joaqu√≠n Lantagno fund√≥ en aquellos sitios. Es un establecimiento de primer √≥rden, montado √° la europea; tiene m√°quinas para aserrar de gran fuerza ; constituyen un verdadero modelo en su g√©nero. Nos dec√≠a D. Joaqu√≠n que en las ocho horas de trabajo diario pod√≠anse preparar hasta 800 tablones, bien cepillados y lisos; en el verano se llega √° preparar hasta 1,300. ‘Tuvo, empero, que vencer muchos obst√°culos que parec√≠an insuperables, y hacer gastos enormes para trasportar las m√°quinas en medio de aquellas monta√±as; vi√≥se en la necesidad dehacer abrir √° costa suya un camino especial, pero todo lo venci√≥ con la energ√≠a de su voluntad, y ahora saca una ganancia, que le. recompensa muy bien sus pasados sacrificios. 10¬∞. Salida para Chillan. – Honores hechos √° Monse√±or por el camino. – Pinta. ‚Äî Para aquella familia hubiera sido un gran consuelo tener all√≠ √° Monse√±or por algunos dias, pero no-era posible. Ya hab√≠amos hecho el itinerario de todo el viaje y no lo quer√≠amos cambiar sin necesidad. El dia primero de Abril se celebraron cuatro misas. La √∫ltima √≠√∫√© la de Monse√±or, seguida de un peque√±o serm√≥n sobre la Sma.. Virgen, por ser aquel dia viernes, en que, la Santa Iglesia recordaba sus dolores. A dichas misas asisti√≥ toda la colonia. Dando gracias √° todos aquellos buenos se√±ores por todos los favores que nos hab√≠an hecho, nos metimos en el coche, enviado expresamente de Chillan por la madre del Sr. D. Joaqu√≠n, se√±ora de singular piedad. Formando dos hileras en medio del patio, las mujeres √° un lado y los hombres √° otro, nos aguardaban todas aquellas buenas personas, con las manos llenas de flores que arrojaban sobre Monse√±or cuando pasaba. Enseguida comenzaron √° correr tras el coche, y nos acompa√±aron por un buen trecho de camino, hasta que Monse√±or se vi√≥ obligado √° rogarles que se volviesen atr√°s. Desde este punto hasta llegar √° Chillan, el viaje fue un verdadero triunfo para Monse√±or. Todas las caba√±as que se encontraban al paso, hall√°banse adornadas con arcos y flores, por debajo de los cuales pasaba el coche. Esto fu√© por espacio de tres leguas. La gente en silencio, estaba de rodillas en las aceras de las calles para recibir la bendici√≥n. ‚Äî ¬° Qu√© fe, qu√© fe viva, tienen estos b ‘enos chilenos !, exclamaba √° cada paso Monse√±or. Solamente en nuestros pueblos se ven estas cosas. Aconteci√≥nos m√°s de una vez tener que parar el coche; ora una vieje-cita, ora una criatura, hacia se√±al al cochero para que se parase, √° fin de hablar con Monse√±or ; acerc√°base entonces √° la ventanilla y con voz temblorosa le dec√≠a: ‚Äî Tome V. Monse√±or ‚Äî y le presentaba un pa√±uelo con huevos. A eso da las dos de la tarde las caba√±as iban aumentando, y con ellas aumentaban tambi√©n Ios-arcos y los adornos ; conoc√≠ase que nos √≠bamos acercando √° alguna poblaci√≥n. Algunas casas ten√≠an la bandera izada. En cierto punto nos esperaban varios hombres montados √° caballo; √°lguien los hab√≠a mandado- ‚Äî 98 seguramente para explorar. M√°s adelante una grande polvareda, nos advert√≠a que venia un buen n√∫mero de personas. En efecto ; unos cuarenta hombres montados √° caballo, todos llenos de polvo y sudor, guiados por dos frailes Franciscanos, ven√≠an de un pueblecito vecino, para dar √° Monse√±or la bienvenida. El grupo de los caballeros fue aumentando cada vez m√°s hasta Pinta, peque√±o pueblo distante 7 leguas de ‚Ä¢Chillan. 11¬∞. Recibimiento en Pinta. – Serm√≥n. ‚Äî En Pinta el espect√°culo se hizo m√°s imponente. Toda la poblaci√≥n vestida de fiesta, franqueaba una de las calles por la cual hicieron pasar el coche, y mientras √©ste pasaba lentamente, todos, ‚ñ†sombrero en mano y rodilla en tierra, ped√≠an y recib√≠an la . bendici√≥n. Llegados al centro del pueblo, ya no les fue posible √° los caballos dar un paso m√°s; hab√≠a peligro de causar alguna desgracia. A los dos Padres Franciscanos, √° pesar de todos los esfuerzos que hicieron, tampoco les fue posible abrir un peque√±o paso, en medio de ‚Ä¢tant√≠sima gente. Todos quer√≠an ver √° Monse√±or. ¬ø Qu√© hacer entonces para contentar √° todos ? -‚Äî ¬øNo hay por aqu√≠ cerca una capilla ?, ‚Äî pregunt√≥ Monse√±or √° uno de aquellos Padres. ‚Äî Si, Monse√±or le contestaron, hay una distante muy pocos pasos. ‚Äî Pues bien, a√±adi√≥ Monse√±or, d√©jenme Vdes. bajar un momento, pues quiero decir dos palabras √° este n√∫meroso gent√≠o. ‚Äî As√≠ se hizo. Comprendi√≥se luego el deseo de Monse√±or, y en un instante se llen√≥ la peque√±a iglesia. Cuando lleg√≥ al altar hizo una breve oraci√≥n, y despu√©s dirigi√≥ la palabra √° aquella concurrencia. ¬ø Qu√© dijo ? Lo que √©l solamente sabe decir en ciertos momentos de entusiasmo. No tiene entonces necesidad de buscar las palabras; salen naturalmente de sus labios, y sin querer ser elocuente, dice cosas elocuent√≠simas. En aquel momento se olvid√≥ de que estaba enfermo ‚Ä¢, de que uno de sus pulmones no funcionaba sino con fatiga ; de que casi era una imprudencia lo que hacia ‚Ä¢, en fin, olvid√≥se de todo dej√°ndose trasportar de su celo. Alab√≥ la fe de aquel pueblo : ‚Äî ¬´ Es este, dijo, el m√°s rico tesoro que el hombre puede desear sobre la tierra. El cristiano que conserva con celo este tesoro, es m√°s rico que el que posee millones y no tiene fe. Un pueblo que cree, es feliz hasta en la desgracia; un pueblo que no cree, es desgraciado √°un cuando se considere feliz. Y que vosotros pose√©is esta fe, y que ella ‚ñ†est√° viva en vuestros corazones , estoy muy cierto de ello ; una poblaci√≥n incr√©dula no recibe √° un obispo de la Santa Romana Iglesia, √° un Obispo que no conoce, que no es el suyo, como me hab√©is recibido √° m√≠ de paso entre vosotros. ¬ª ‚ñ†‚Äî Sigui√≥ luego anim√°ndolos √° la perseverancia ‚Ä¢, habl√≥ de su misi√≥n ; de las leguas que habia andado, de los trabajos sufridos, de su ‚Ä¢ca√≠da, de su curaci√≥n milagrosa; habl√≥ de aquellas tribus de la Patagonia, pocos meses ha a√∫n paganas y ahora cristianas ; y por fin trat√≥ de la Misi√≥n que venia √° cumplir en Chile… ‚Äî Te saludo ¬° oh tierra de Chile ! concluy√≥ diciendo, tengo ahora evidentes pruebas de que es grande tu fe : los que te conoc√≠an te llevaban √° las nubes; yo uno hoy √° ellos mi voz para celebrar la m√°s hermosa de tus glorias, es decir, la que nace de tu fe. ¬° Bend√≠gate Dios y conserve en tu pueblo la fe que posee, para que sea ella la mejor herencia de tus hijos ! ‚Äî Dada la bendici√≥n y hecha una breve oraci√≥n, Monse√±or fue con su acompa√±amiento √° descansar un poco en casa de una las principales familias de aquel pueblo. Quer√≠an que pasase all√≠ la noche, pero no crey√≥ oportuno aceptar, puesto que se podia ir con comodidad hasta Chillan. Y as√≠ se hizo. 12¬∞. Llegada √° Chillan. – Los Rdos. Padres Franciscanos. – El Te Deum. – El serm√≥n del Obispo. ‚Äî Acompa√±ados por aquellos buenos Franciscanos, llegamos √° Chillan √° eso de las 5 de la tarde. Toda la Comunidad franciscana compuesta de unos 80 religiosos, entre profesos y coristas con el Padre Guardian, √° pesar de su delicado estado de su salud, salieron √° recibirnos y darnos la bienvenida. En muy poco tiempo, llen√≥se como por encanto, todo el templo de gente, llamada por el repiquet√©e de las campanas y Monse√±or hall√≥se rodeado nuevamente de un numeroso pueblo, que esperaba de rodillas su bendici√≥n. Llegado al altar, los cantores entonaron un motete solemne y despu√©s un Te Deum con acompa√±amiento de orquesta. Se di√≥ la bendici√≥n con el Smo. Sacramento, creyendo todos que la funci√≥n hubiese ya terminado ; pero Monse√±or quiso prolongarla a√∫n un poquito con otra platiquilla. ¬´ Bien hab√©is hecho en cantar un solemne Te Devtm, dijo. Verdad es que era este un deber mi√≥ y de mis hermanos, por los muchos beneficios que Dios Ntro. Se√±or se dign√≥ concedernos y particularmente √° m√≠; pero nosotros somos pocos y mi voz es adem√°s muy d√©bil… no puedo… Vuestras dulces armon√≠as han sido ya sin duda presentadas por los √°ngeles ante el trono de Dios; por todo lo cual os doy las m√°s sentidas gracias. Pero muchos otros eran los motivos que nos obligaban √° cantar un Te Deum. Primeramente porque hemos llevado √° cabo una misi√≥n que hacia ya cinco meses hab√≠amos empezado, y la cual produjo–frutos mucho m√°s abundantes de lo que nosotros esper√°bamos. El Se√±or ha bendecido nuestras pobres fatigas y nos ha otorgado el favor de poder aumentar su grey con muchos miles de nuevos cristianos. Hemos atravesado de Este √° Oeste todo el desierto de la Patagonia, y en todas partes hemos plantado la cruz de Jesucristo. Tambi√©n en aquellas regiones habr√° en adelante quien adore y ame √° nuestro Salvador. Deb√≠amos en segando lugar cantar un Te Deum, para dar gracias √° Dios por el grande favor que me ha hecho √° m√≠ particularmente. Yo no deber√≠a estar aqu√≠ en este momento ; si me hallo entre vosotros lo debo √° una gracia especial de la Divina Providencia, que no abandona jam√°s √° los que en ella confian. Humanamente hablando, cuando tuvo lugar mi ca√≠da, yo ‚Äî 99 ‚Äî deb√≠a quedar muerto en el acto, pues fue una ca√≠da mortal. Si estoy a√∫n vivo y en plena convalecencia d√©bolo, despu√©s de Dios, tambi√©n √° un excelente chileno, √° un compatriota vuestro, que muchos de vosotros conoc√©is y amais; est√° aqu√≠ √° mi lado y por consiguiente no es preciso que ‚ñ†os lo nombre (1). Deb√≠ase en tercer lugar cantar un Te Deum, porque despu√©s de varios a√±os de ardientes s√∫plicas, despu√©s de haberse superado mil dificultades, p√∫dose abrir aqu√≠ entre vosotros, la primera Casa Salesiana. Vengo √° Chile, enviado por mi Superior D. Bosco, para echar los cimientos de un colegio, que ser√° peque√±o ahora, pero que con el tiempo se ir√° haciendo grande, si el Se√±or se digna bendecirlo. Otros muchos se abrir√°n m√°s adelante, y tan pronto como la caridad del pueblo chileno nos ayude en esta grande empresa. ¬ª ‚Äî Luego volvi√≥ √° hablar de la fe, de sus bellezas y de sus propiedades. Monse√±or se hallaba tan admirado de lo que hab√≠a visto en aquel dia, que no hablaba sino de fe. ‚Äî ¬´ T√∫ tienes esta fe ¬° oh pueblo de Chile! cu√≠dala con esmero, pues mientras seas creyente, ser√°s tambi√©n grande. Manos sacrilegas manos enemigas se fuerzan en arruinar este fundamento de tu grandeza; pero t√∫, lucha contra esos enemigos con m√°s valor a√∫n que contra los enemigos de tu patria. La impiedad nada conseguir√° de t√≠, mientras no arranque de tu coraz√≥n el tesoro de tu fe; pero te har√≠as semejante √° ella, y t√∫ tambi√©n ser√≠as un pueblo impio, como muchos otros, el dia en que desventuradamente, cansado de luchar, arrojaras lejos de t√≠ las armas y dejaras de creer. No; has demostrado que corre por tus venas sangre de h√©roes ; has combatido y vencido √° los enemigos de tu patria (1); prosigue, pues, combatiendo y procura vencer √° los enemigos de tu fe ; las victorias que conseguir√°s en estas luchas ilustrar√°n a√∫n m√°s √° tus hijos que las que has conseguido en los campos de batalla. Estas est√°n escritas con sangre; escribir√°s aquellas y las escribir√°n tus hijos, pero con oro. ¬ª 13¬∞. El himno nacional chileno – Grandes y afectuosas instancias para que Monse√±or se parase alg√∫n tiempo. – D. Esperidion Herrera y la noticia de un Salesiano moribundo en Concepci√≥n. ‚Äî Despues de habernos dado el saludo de paz en la iglesia, nos lo dieron patri√≥ticamente en el convento por medio del himno chileno, tocado con armonium y acompa√±amiento de una peque√±a orquesta franciscana. No es para describirse la alegr√≠a que reinaba entonces en aquella comunidad, y que sigui√≥ reinando todo el tiempo que permanecimos all√≠. Nosotros hab√≠amos formado ya nuestro plan. Era, pues, el siguiente: pararnos 4 √≥ 5 dia; en el convento, √° fin de descansar alg√∫n tanto, y poder cobrar fuerzas para celebrar m√°s tarde la Semana Santa en Concepci√≥n como se hab√≠a convenido. Los religiosos no se contentaban con cinco dias y pretend√≠an quince al menos ; √≥ sino (1) El Sr. D. Lucas Becerra es oriundo de Chillan. (2) Se refiere √° la guerra con el Per√∫ y la Solivia. la Semana Santa. Debo decir tambi√©n que al llegar √° Chillan encontramos tambi√©n al Sr. Secretario Don Esperidion Herrera , mandado expresamente por el Sr. Vicario Capitular de la Concepci√≥n Dr. D. Benigno Cruz, para saludar √° Monse√±or en su nombre y en el de todo el clero de la Di√≥cesis. H√© aqu√≠ las tristes nuevas que tra√≠a : ‚Äî ¬´ Tenemos graves desgracias en casa, dijome casi llorando, y sin un milagro de S. Jos√© √≥ de Mar√≠a Auxiliadora no tienen remedio; el pobre Seraf√≠n Buzio cay√≥ gravemente enfermo el dia mismo de S. Jos√©, y h√°llase ahora moribundo ; ayer lo dej√© sin habla, viaticado y dispuesto ya √° dar el gran paso ; todo est√° preparado para et entierro. Uno de los m√°s vivos deseos que me manifest√≥ cuando se hallaba a√∫n en s√≠, fue el de tener √° su lado √° Monse√±or y √° sus hermanos antes de morir; entonces…… si fuese posible convendr√≠a salir luego. ‚Äî ¬øQu√© le parece √° V. ? ‚Äî Es√≠a inesperada noticia caus√≥ en nosotros el efecto de un rayo. Al salir de casa hab√≠a yo dejado √° nuestro querido Seraf√≠n lleno de fuerzas, trabajando √° m√°s no poder en preparar √° los ni√±os para la solemnidad de S. Jos√©; y √° mi vuelta lo encuentro en el trance de la muerte ! No bien los Padres del Convento tuvieron conocimiento de lo que pasaba en nuestra casa, se afligieron much√≠simo… pero hubieran deseado que ocult√°ramos la cosa √° Monse√±or, mas √©l ya lo sabia todo, y tom√≥ luego esta resoluci√≥n : ‚Äî Ma√±ana por la ma√±ana, enviad un telegrama √° Concepci√≥n para tener noticias del enfermo : si contin√∫a en el mismo estado, saldr√©mos enseguida ; si hubiere alguna mejor√≠a, como lo espero, estaremos aqu√≠ hasta pasado ma√±ana. Entre tanto roguemos y esperemos. S. Jos√© lo curar√° ; sois demasiado pocos en Concepci√≥n, para que uno de vosotros deba irse al cielo reci√©n llegado √° Chile. La contestaci√≥n al telegrama fu√© poco satisfactoria : ¬´ El peligro es grave a√∫n, ap√©nas se nota una leve mejor√≠a. ¬ª 14¬∞. Misa de la Comuni√≥n. – El Domingo de Ramos. – Bondad y cortes√≠a de los Padres Franciscanos – Telegrama del Vicario Capitular. ‚Äî Nos paramos un dia con los Padres, porque pod√≠an resignarse √° dejarnos salir, y contaban tenernos entre ellos quien sabe cuanto tiempo. A la ma√±ana siguiente, dijo Monse√±or la misa de la comunidad y distribuy√≥ la comuni√≥n √° m√°s de 500 personas. Viendo reunido √° sus pies √° tanto pueblo para recibir de sus manos el pan eucar√≠stico, y no agrad√°ndole, como ya dije antes, las funciones mudas (como √©l las llama), dirigi√≥ √° todos la palabra para animarlos √° la piedad, √° la devoci√≥n y √° recibir con frecuencia los Sacramentos. Es verdaderamente cosa admirable el ver en un dia de trabajo (era S√°bado), m√°s de quinientas personas que reciben los santos Sacramentos; es esta la prueba m√°s hermosa y segura para conocer la piedad de un pueblo. Al otro dia, Domingo de Ramos, el n√∫mero de comuniones lleg√≥ hasta 2000. Invitado Monse√±or por el Rdmo. P. Guardian, celebr√≥ toda la funci√≥n solemne, bendijo las palmas, ‚Äî 100 ‚Äî tom√≥ parte en la procesi√≥n, y no teniendo ya fuerzas para cantar la Misa, se limit√≥ √° rezarla. Dicha funci√≥n dur√≥ dos horas y media , lo cual no es poco para un convaleciente que deb√≠a viajar aquel mismo dia hasta las 5 de la tarde , para llegar √° Concepci√≥n. Hablar aqu√≠ de la bondad, cari√±o y cortes√≠a de aquellos Padres, adem√°s de ser dif√≠cil, emplear√≠a demasiado tiempo. Me- limitar√© √° decir tan solo que son grandes amigos nuestros y que nos quieren mucho. Veneran profundamente √° nuestro amad√≠simo Padre D. Bosco y su Congregaci√≥n, y les es muy simp√°tica nuestra misi√≥n de educar √° la juventud pobre, y de atender √° los salvajes. Ellos tambi√©n trabajan en el vasto campo de las misiones, y su porci√≥n es la Arau-cania; por esto trataron √° Monse√±or como si fuera su propio Obispo, y √° los dem√°s Salesianos como hermanos. Monse√±or quiso contentarlos antes de salir y prometi√≥ ^hacerles una larga visita antes de abandonar Chile, cuya promesa la cumplir√° apenas haya arreglado los asuntos de la Casa de Concepci√≥n. Mientras nos hall√°bamos en Chillan, recibi√≥ Monse√±or un telegrama del Sr. Vicario Capitular de Concepci√≥n, concebido en los siguientes t√©rminos : ¬´ Saludo respetuosamente √° S. S. lima, en nombre de esta Di√≥cesis, por la cual ya ha sufrido S. S. lima, tantas fatigas. El clero y los fieles de Concepci√≥n desean ardientemente besarle el anido pastoral y recibir su bendici√≥n. Domingo B. Cruz. ¬ª Chillan tiene, adem√°s del Convento de los R.R. P.P. Franciscanos, otras Casas religiosas que se dedican √° la educaci√≥n de la juventud, √° la asistencia de los pobres y de los enfermos. Monse√±or quiso visitarlas todas, y recibi√≥ las muestras m√°s vivas de afecto y gratitud. 15¬∞. Salida de Chillan. – Encuentro de Monse√±or con el Vicario Capitular. – Llegada √° Concepci√≥n. ‚Äî Al medio dia del Domingo de Ramos, Monse√±or, acompa√±ado de todos los Superiores del Convento Franciscano, hall√°base en la estaci√≥n dispuesto √° salir. Estaba √©sta tan llena de gente que parec√≠a se hab√≠a reunido all√≠ toda la poblaci√≥n de Chillan. Fu√© necesario recurrir √° los agentes de polic√≠a, para poder conservar el orden y abrir paso √° Monse√±or en el momento de subir al coche. Dada la se√±al de marcha, toda aquella gente con la cabeza descubierta, de rodillas la mayor parte, recibi√≥ la √∫ltima bendici√≥n de Monse√±or. Uno de los P.P. Franciscanos, en representaci√≥n de la comunidad lo acompa√±√≥ hasta Concepci√≥n. Acompa√±√°ronlo tambi√©n los Sres. D. Lucas Becerra y D. Piloteo Sanmart√≠n. Los trenes en Chile tienen un peque√±o departamento, destinado √° los altos personajes del gobierno. Dicho departamento fu√© ofrecido √° Monse√±or y √° su comitiva. As√≠ se viaj√≥ durante tres horas sin el menor inconveniente. En la pen√∫ltima estaci√≥n, que dista algunas leguas de Concepci√≥n, esper√°bannos el Sr. Vicario y el Superior del Seminario. Gordial√≠simo fu√© el encuentro entre Monse√±or y el Sr. Vicario que exclamaba : Benedictus qui venis in nomine Domini. Se abrazaron como si fueran ya viejos y queridos amigos ; despu√©s Monse√±or, √° petici√≥n del Sr. Vicario, di√≥les detalladas noticias de su salud. Habl√≥ de su caida, del peligro en que se vi√≥, del m√©dico que le envi√≥ la Providencia, de su r√°pida mejor√≠a, de su convalecencia, etc….. muy pronto cay√≥ la conversaci√≥n sobre la. fe chilena. Monse√±or no podia hablar de otra cosa, pues se hallaba muy impresionado por lo que acababa de ver. Pero el Sr. Vicario quer√≠a m√°s bien que le hablase de D. Bosco, y Monse√±or lo complaci√≥. ¬° Gu√°n bueno es el Sr. Vicario! A las 5 de la tarde entr√°bamos en la estaci√≥n de Concepci√≥n. Es esta una estaci√≥n de primer √≥rden, muy hermosa y de colosales proporciones. Pero dejemos lo hermoso; lo que importa saber es, que √° pesar de ser tan grande no pudo dar cabida al inmenso gent√≠o que se hab√≠a aglomerado all√≠ para recibir √° Monse√±nor. Me asom√© √° la ventanilla : ¬° qu√© espect√°culo! hubi√©rase podido caminar sobre todas aquellas cabezas sin peligro de caer por tierra. No bien el tren se par√≥, un grito inmenso, un√°nime, arrojado all√°, bajo aquella inmensa b√≥veda ensordeci√≥ nuestros oidos : ¬° Viva Mons. Gagliero! gritaban todos, i Viva el Obispo Salesiano! y continuaron vitoreando hasta que nuesto Obispo lleg√≥ √° la Ga-. tedral. 16¬∞. Desde la estaci√≥n hasta la Catedral. ‚Äî Ap√©nas Monse√±or puso el pie en tierra, cuando lo rodearon una multitud de j√≥venes de las principales familias, pertenecientes todos √° la sociedad de la juventud cat√≥lica, los cuales hab√≠an querido tener el honor de acompa√±ar de cerca √° nuestro Monse√±or, y dejarle el paso libre en medio de tant√≠sima gente. Otros j√≥venes y se√±ores muy respetables formaron otros c√≠rculos, para impedir que la gente se acercase demasiado y molestase √° Monse√±or. Al bajar puso un pie en falso y falt√≥le poco para caer si no lo hubiese cogido por una parte el Sr. Vicario y por otra un capita√± , que no lo dej√≥ hasta que entr√≥ en el coche. Yo presenci√© todo esto de lejos, pues √° los que √≠bamos con Monse√±or nos fu√© completamente imposible acompa√±arlo. No sospechando siquiera lo que iba √° acontecer , tardamos algo en bajar del tren para dejarle m√°s libre el paso; pero esto bast√≥ para que ya no nos pudi√©ramos poner √° su lado, √° pesar de los grandes esfuerzos que hicimos.. Las plazas y calles estaban llenas de gente. Nosotros para poder llegar √° la catedral tuvimos que pasar por otras .calles. De lejos ve√≠amos √° algunas personas que se sub√≠an √° los √°rboles , otras saludaban con los pa√±uelos y m√°s que todo se sent√≠an los v√≠tores un√°nimes de toda aquella poblaci√≥n. Yo me esperaba ya alguna cosa de grande, pero no un espect√°culo semejante. Si con tanto entusiasmo, dec√≠a yo, han recibido √° nosotros ni√±os, ¬øc√≥mo recibir√°n √° Monse√±or ? Y la demostraci√≥n fu√© verdaderamente grandiosa, imponente, digna de un Obispo. Tomaron ‚Äî 101 ‚Äî parte tambi√©n los alumnos del Seminario y de varios otros Colegios. Recuerdo entre otras cosas que en medio de los que escoltaban √° Monse√±or, hab√≠a 800 hombres, venidos de la iglesia de los Padres Jesu√≠tas, los cuales hab√≠an comulgado todos aquella misma ma√±ana. Esta demostraci√≥n d√©bese toda √° la religiosidad de la poblaci√≥n y √° su uni√≥n con el clero. Bast√≥ que por la ma√±ana se anunc√≠ase en todas las iglesias la llegada del Obispo sale-siano, y la conveniencia de recibirlo dignamente para que toda la poblaci√≥n en pleno acudiese all√° donde su Pastor la invitaba. Tambi√©n el diario cat√≥lico de Concepci√≥n tom√≥ parte en este movimiento, publicando en los n√∫meros anteriores la visita √° Concepci√≥n de Mons. Cagliero, y la obligaci√≥n de todos los buenos de acogerlo como se debia. El Sr. Vicario, que fue el alma de toda esta demostraci√≥n, puede estar bien satisfecho; pues los hechos han superado indudablemente sus esperanzas. El coche destinado para Monse√±or era muy | lujoso, y pertenec√≠a √° un diputado cat√≥lico de la ciudad de Concepci√≥n. Emple√≥se una media hora larga para poder llegar √° la Catedral. El coche andaba muy despacio, y no podia menos de hacerse as√≠. A su alrededor iban los j√≥venes cat√≥licos, impidiendo √° la gente que se acercase. M√°s de una vez vi√©ronse en la necesidad de tirar de las ruedas del coche , √° fin de disminuir su celeridad y evitar desgracias. Todos llevaban la cabeza descubierta, repitiendo los vivas con much√≠sima frecuencia. ¬° Qu√© coincidencia ! Era aquel el Domingo de Ramos, y as√≠ pudimos hacernos una idea de lo que hab√≠a acontecido en Jerusalen, dos mil a√±os hace, en la entrada triunfal de nuestro divino Salvador. Concepci√≥n hab√≠ase convertido de veras en otra Jerusalen , que recib√≠a √° uno de los Ap√≥stoles de Jesucristo, y lo recib√≠a muy bien. ‚Äî ¬´ Una vez sola, me dec√≠a D. Esperidion, he visto en Concepci√≥n tanta gente reunida, y fu√© en ocasi√≥n de la vuelta ‘de Mons. Sala del Concilio Ecum√©nico Vaticano , el a√±o 1870. Entonces se comprend√≠a la causa de tan festiva acogida. Monse√±or Sala gobernaba la Di√≥cesis hacia ya treinta a√±os, y era un gran sabio y un gran santo; ahora es un Obispo nuevo, extrangero, desconocido del todo ; y sin embargo… ¬ª 17¬∞. La Catedral. – Discurso de Monse√±or Cagliero. ‚Äî La Catedr√°l de Concepci√≥n, que puede dar cabida √° unas siete √∫ ocho mil personas , hall√°base ya completamente llena , antes que Monse√±or llegase al presbiterio, teniendo much√≠simos que quedarse afuera. Eran al menos 7,000 personas las que entraron en la iglesia con Monse√±or, para rogar y dar gracias √° Dios. Ninguno de nosotros pod√≠amos darnos la raz√≥n de lo que ve√≠amos , y especialmente Monse√±or no podia comprender c√≥mo, siendo √©l un Obispo extranjero y completamente desconocido, se le hubiese preparado un recibimiento tan imponente. Yo hubiera cre√≠do que Monse√±or en el estado en que se hallaba de salud , no se habr√≠a atre vido √° dirigir la palabra √° aquella inmensa concurrencia. Ya no estaba en la capillita de Pinta, ni en la iglesia de Chillan , sino en una vast√≠sima Catedral, que exig√≠a una voz fuert√≠sima para hacerse oir. Sin embargo con su pulm√≥n medio deshecho, no consultando √° sus fuerzas sino √° su buena voluntad y celo, no bien se restableci√≥ un poco el orden en la iglesia, con respiraci√≥n trabajosa pero voz clara empez√≥ √° hablar as√≠: ¬´ Pueblo de Concepci√≥n, pueblo cat√≥lico y lleno de fe, yo te saludo y te doy las gracias ! Hab√≠anme dicho ya que eres un pueblo cristiano; yo lo cre√≠a; ahora lo creo a√∫n m√°s. Esta demostraci√≥n que me has preparado y que yo no esperaba, es el mejor elogio de tu fe. Pueblo beato te ha llamado alguno, tal vez por escarnio, pero lo eres en el verdadero sentido de la palabra, lo eres y debes estar por ello santamente orgulloso – ser√°s beato, mientras seas creyente, y tu fe ser√° siempre la mejor corona que orlar√° tu frente. Comprendo ahora por qu√© eres un pueblo lleno de valor y hero√≠smo en los campos de batalla ; es porque eres profundamente cat√≥lico ; la fe que posees es la que te da la vida, y juntamente con ella abrigas en tu coraz√≥n la caridad , el amor de Dios y el de la patria. Una naci√≥n que conserva con celo en su coraz√≥n la fe divina, es absolutamente invencible; la victoria la sigue por todas partes. Un ej√©rcito de hombres que creen, es un ej√©rcito de valientes que no teme nunca al enemigo ; sabe sacrificarse y morir, pero jam√°s retroceder √≥ darse por vencido. Compl√°zcome contigo y pu√©dete asegurar que llover√°n sobre t√≠ con abundancia las bendiciones del cielo, si perseverar√°s en la fe que has heredado de tus padres. Heme, pues, aqu√≠ entre vosotros, despu√©s de un viaje largu√≠simo y lleno de peligros; 300 leguas he recorrido con mis hermanos lo Sales√≠anos, para llegar hasta aqu√≠. Abandon√©, cinco meses hace, las costas del Atl√°ntico y hall√≥me ahora en las del Pac√≠fico. Con esto he cumplido en parte el programa que me encomend√≥ al salir de Italia, ,.el sapient√≠simo Leon XIII, que rige hoy los destinos de la Iglesia… ‚Äî Id, dec√≠ame, cristianizad la Patagonia y plantad las tiendas Salesianas en aquellas rep√∫blicas de la Am√©rica del Sur. Pues bien ; heme aqu√≠ ya √° cumplir con mi misi√≥n. ¬øNo es esta una hermosa prueba de que el Sumo Pont√≠fice os ama y desea vuestro bien ? As√≠ es ; en todo piensa Leon XIII; √° todos ama , porque todos son sus hijos ; pero si me es l√≠cito a√±adir una palabra, dir√© que por las especiales pruebas de adhesi√≥n y afecto que le hab√©is dado, os ama √° vosotros, cat√≥licos de Chile, √°- vosotros y √° todo vuestro celoso clero, y os ama con una predilecci√≥n particular. Mi misi√≥n no est√° a√∫n terminada; la Patagonia todav√≠a no es toda cristiana: pero all√≠, en aquellos desiertos, ya no faltan, no. los adoradores del verdadero Dios ; y espero que aumentar√°n con el tiempo. He hallado peligros , he sufrido privaciones, he tenido desgracias, pero con el auxilio de Dios, de Mar√≠a Sma. y de mis Sales√≠anos, tambi√©n he podido recibir grandes consuelos y recoger abundant√≠simos frutos. Una 102 tribu, entera, gobernada por el cacique Sayu-hueque, que pocos a√±os ha era el terror del desierto y de las rep√∫blicas vecinas , ha depuesto ya su fiereza, ha abierto los ojos √° la luz de la verdad, ha abrazado nuestra santa Religi√≥n y en fin, es ahora hijo de Jesucristo y lo son con √©l las 1,400 personas que componen su tribu. No fueron estos solos los frutos con que recompens√≥ el Se√±or nuestras fatigas. Tampoco fueron nuestros sudores los que hicieron germinar aquellas flores de virtud en medio de aquellas Pampas ; fu√© Aquel que, para decirlo con frase del Aposto!, dat incrementum, Deus. El Se√±or quiso poner √° su prueba mi paciencia; en vez de trabajar t nia que sufrir; c√∫mplase en todo su sant√≠sima voluntad. Ahora , empero , mejorado de salud , heme aqu√≠ para cumplir otra parte del programa que me indic√≥ mi amad√≠simo Padre D. Bosco, √° quien vosotros ya conoc√©is y amais; heme aqu√≠, invitado por vuestro Prelado para fundar un Colegio de Artes y Oficios. Queremos ense√±ar un arte √° los hijos de vuestros pobres, para que puedan con el tiempo ganarse con honor un poco de pan ; pero ante todo queremos ense√±arles la m√°s excelente de todas las artes, la de ganar el cielo y salvar su propia alma por medio de una educaci√≥n s√≥lidamente religiosa, que los preserve de la corrupci√≥n moderna. Hoy dia es la juventud la que m√°s peligra, y, al mismo tiempo , la que, si cae una vez, muy dif√≠cilmente se levanta, porque no halla una mano amiga que la socorra. La impiedad hace incre√≠bles esfuerzos para corromper y arruinar el coraz√≥n de los j√≥venes; sabe que si lo consigue habr√° conseguido corromper y arruinar √° una generaci√≥n y tal vez √° muchas ; y lo conseguir√° por cierto si los buenos no se a√∫nan para construir un dique que impida el desborde de ese torrente de iniquidad, que en todas partes amenaza ahogar √° la pobre juventud. ¬ª Concluy√≥ hablando de D. Bosco , de la Congregaci√≥n, del objeto que esta tiene en la socie-ciedad, de los miles de j√≥venes que educa ya en Europa como en varias rep√∫blicas de Am√©rica, y suplic√≥ √° los circunstantes que se dignaran constituirse en protectores de nuestra casa-taller de S. Jos√©. Acto continuo se cant√≥ el Te Deum, y el Sr. Vicario di√≥ la bendici√≥n con su Divina Magostad. 18¬∞. Monse√±or al lado del hermano enfermo. – Restablecimiento inesperado. – Cortes√≠a y caridad de los se√±ores Chilenos. ‚Äî Terminada la funci√≥n religiosa, la primera visita que Monse√±or1 quiso hacer, fu√© √° nuestro Colegio para ver y bendecir √° nuestro enfermo. Lo hall√≥ mal , pero fuera de peligro proximo de muerte. Se entretuvo con √©l alg√∫n tiempo; di√≥le la bendici√≥n de Mar√≠a Auxiliadora; lo exort√≥ √° acudir √° ella con toda confianza, y despu√©s a√±adi√≥ : infirmitas haec non est ad mortem. No es sino una prueba; y las pruebas pasan, y no quedan sino los m√©ritos para quien ha sabido aprove- j charse de ellas padeciendo con resignaci√≥n. Fu√© ; profec√≠a. Desde aquel momento el enfermo comenz√≥ √° mejorar, y tanto, que ayer, dia de Pascua, estaba sentado con nosotros √° la mesa para, hermosear nuestra fiesta. Hubi√©ramos deseado que Monse√±or se hospedara con nosotros y √©l lo deseaba vivamente tambi√©n , pero en. las circunstancias en que nos hall√°bamos, era completamente imposible. Lo recomendamos, pues, al Sr. D. Esperidion Herrera, para que le facilitara un lugar en su casa de la Providencia, lo cual se dign√≥ hacer con sumo gusto √© inexplicable alegr√≠a. Todo el clero regular y secular, no satisfecho con haber presentado sus homenajes √° Monse√±or al llegar √° la estaci√≥n , di√≥se prisa en los dias subsiguientes √° volv√©rselos √° presentar en su residencia. Las personas m√°s distinguidas de la ciudad, y las mismas autoridades del gobierno , fu√©ron y enviaron √° pedir sus noticias. Y Monse√±or, en medio de sus fatigas, no solo no se queja de cansancio, sino que asegura que toda reliquia de mal va desapareciendo cada dia m√°s. Deo gratias. ‚ñ† Conclusi√≥n. Ahora concluyo : creo haberle importunado ya bastante con tanto escribir, oh car√≠simo Padre, pero por otra parte espero tambi√©n que le habr√© proporcionado sumo gusto con estas minuciosas noticias. Si estas no tienen ninguna importancia para otros, la tienen ciertamente para V. R., que tanto ama √° Mons. Cagliero, y para todos los hermanos de la Congregaci√≥n. Monse√±or me encarga que salude √° V. R. ; d√≠ceme tambi√©n que saluda y bendice √° todos los hermanos , cooperadores y amigos de Italia y Europa, y que se encomienda mucho en las oraciones de todos , √° fin de que pueda llevar √° cabo su misi√≥n en Chile, que comenzar√° uno de estos dus. Piensa visitar Los Angeles, Trayguen hacia la frontera y centro de la Araucaria , Talca , Valpara√≠so y Santiago , donde lo invitaron para tratar sobre la fundaci√≥n de casas salesianas en todos estos centros. , Procurar√© tenerlo al corriente de todo, comunic√°ndole todas las noticias que s√© le gustan √° V. R. saber. Tambi√©n D. Fagnano, venido expresamente aqu√≠ desde Buenos Aires, ap√©nas tuvo noticia del fatal accidente, me encarga le salude en su nombre. Su llegada fu√© para nosotros una grata improvisaci√≥n. El dia 2 de abril recibimos un telegrama de los Andes, que nos anunciaba su llegada al dia siguiente. Regresar√° muy pronto √° Punta Arenas y Tierra del Fuego ap√©nas pueda tener una conferencia con S. S. lima, el Obispo de Ancud. Los Salesianos , sus hijos del Taller de S. Jos√©, D. Milanesio , Don Panaro, que venidos con Monse√±or est√°n todav√≠a aqu√≠ con nosotros , todos le saludan y piden su paterna bendici√≥n. Y en fin, yo le beso la mano y le ruego que la levante con frecuencia para, bendecirme √° m√≠, √° mis hermanos, √° nuestra casa y √° nuestros bienhechores de Concepci√≥n. La — 103 ‚ñ†‚ñ† bendici√≥n y las. oraciones de Don Bosco, har√°n progresar esta casa de S. Jos√© , que apenas comienza. Este es el voto que hace y la oraci√≥n que le dirige este, _ Todo suyo ‘ ‚Ä¢i Afmo. y obligad√≠simo hijo en J. C., Evasio Rabagliati, Pbro. Gracias de Mar√≠a Auxiliadora. i. Gerra Gamborogno (Cant√≥n Ticino), 14 de Mayo de 1886. Despues de cuatro a√±os de incre√≠bles pesadumbres en que se hallaba toda mi familia, √° causa de una terrible desgracia que tenia un hermano mi√≥, padeciendo monoman√≠a, hoy finalmente estamos ya consolados y llenos de alegr√≠a por su prodigiosa curaci√≥n. El d√≠a 11 de Enero suplicaba √° V. R. se dign√°se rogar √° Mar√≠a Sant√≠sima Auxiliadora por mi pobre √© infeliz hermano, siempre que su curaci√≥n hubiese de servirle para la salvaci√≥n de su alma. A esta carta tuve el gusto de recibir la contestaci√≥n en que V. R. me promet√≠a que el dia 20 del mismo mes , se dar√≠a principio en el Oratorio √° una. novena de oraciones y comuniones. Pues bien, mientras yo me unia tambi√©n √° esta novena con el rezo de tres Pater, Ave y Gloria al Sagrado Coraz√≥n de Jes√∫s, y tres Salve Regina √° Mar√≠a Auxiliadora, me lleg√≥ la noticia de que mi querido hermano hab√≠a mejorado. El 30 de Abril recib√≠a el aviso consolador de la Direcci√≥n del Manicomio de Como, donde se hallaba desde hacia ya tres a√±os con grande sacrificio de la familia, particip√°ndome que podia ir √° buscarlo cuando quisiera, pues hab√≠a vuelto al completo ejercicio de sus facultades mentales. Me fui inmediatamente √° Como, y el primer dia del mes consagrado √° Mar√≠a, lo llev√© √° casa, al seno de la familia, donde fue acogido con inexplicable ‘j√∫bilo y regocijo de los parientes y amigos. Bendita y alabada sea mil veces Mar√≠a Sma. Auxiliadora, la cual nos obtuvo de su divino Hijo una gracia tan se√±alada. Suyo afmo. y S. S. Q. B. S. M. Pedro Pedrotta, Pbro. II. Moni… 30 de Mayo de 1886. M. R. Sr. Director: Cumplo, despues de diez meses que le he escrito, con un deber sagrado, y lo hago con el coraz√≥n lleno de santo afecto, gratitud y reverencia hacia Mar√≠a Sma. Auxiliadora. Escrib√≠ale, pues, el a√±o pasado en medio de una grande aflicci√≥n, no sabiendo √° quien acudir para poder auxiliar √° mi pobre familia, falta del sustento necesario y confiada √∫nicamente √° mis cuidados. Me hab√≠a servido ya de todos los medios humanos, los cuales con grande humillaci√≥n mia, se me negaban casi siempre, cuando Mar√≠a Auxiliadora sirvi√©ndose de una piadosa persona, me present√≥ el librito pregonero de su poder y gloria, aconsej√°ndome de poner toda mi confianza en ella. Lo hize. No se hab√≠a a√∫n concluido la novena que en esa hac√≠ase por m√≠, cuando me lleg√≥ el tan suspirado auxilio, precisamente por aquel mismo camino que los hombres me hab√≠an cerrado, y pude colocar dos ni√±as en un piadoso instituto, donde est√°n gratuitamente mantenidas, educadas √© instruidas. Pero viendo nuestra querid√≠sima madre Mar√≠a Sma. que dicho auxilio era todav√≠a peque√±o para mis grandes necesidades, me obtuvo un empleo con el cual puedo atender √° las necesidades de toda mi familia. Y ya que todo esto lo debo indudablemente √° Mar√≠a Sma. Auxiliadora, d√©mosle humildemente las gracias, agregando √° la luminosa corona de sus glorias, tambi√©n esta hermosa flor que por su rareza y belleza es digna de unirse √° las innumerables que ci√±en ya su cabeza gloriosa. G. Z. S. HISTORIA DEL ORATORIO DI S. FRANCISCO DE SALES ( Continuaci√≥n) Puso colmo √° estas injusticias una carta del secretario de Molinos dirigida al Alcalde. Reunidos en ella y exagerados intencionalmente todos los falsos rumores de nuestros enemigos, se pretend√≠a demostrar ser imposible que las familias empleadas all√≠ pudiesen atender √° sus quehaceres y vivir con tranquilidad. A√±adi√≥ adem√°s que semejantes reuniones de j√≥venes eran un seminario de inmoralidad. El Alcalde, si bien estaba persuadido de la falsedad de los hechos expuestos, orden√≥ sin embargo al P. Bosco trasladase inmediatamente √° otra parte el Oratorio. De paso notamos que la carta del secretario al Alcalde fu√© la √∫ltima que escribi√≥, pues poco tiempo despues le sobrevino un violento temblor en la mano derecha, por do que tuvo que abandonar su oficio, y al cabo de tres a√±os muri√≥. Un peque√±o hijo suyo abandonado por las calles, fu√© recogido por el P. Bosco en el Hospicio que al poco tiempo se abri√≥ en Valdocco, precisamente con el nombre de Oratorio de S. Francisco de Sales. . Varios otros acontecimientos sucedieron, que claramente demostraban que el Se√±or bendec√≠a √° los que extend√≠an su mano para promover y sostener la obra de los Oratorios. Much√≠simas personas de Turin y de otras partes, confesaron que sus intereses y los de sus familias hab√≠an prosperado desde el dia en que hab√≠an empezado √° proteger √° los j√≥venes del Oratorio. Por el contrario hizo el Se√±or caer el brazo de su justicia 104 ‚Äî sobre aquellos que maliciosamente pusieron obst√°culos √° esa obra de la Providencia; m√°s tarde referiremos algunos horribles castigos con que el Se√±or quiso abrirlos ojos de aquellos ciegos desgraciados. CAPITULO VI. El Oratorio en S. Pedro in Vinculis ‚Äî La sirvienta del Oapellan ‚Äî Una Oarta ‚Äî Un triste accidente ‚Äî El oratorio ambulante y despu√©s establecido en casa de Moretta ‚Äî Rumores ‚Äî Los p√°rrocos de Turin ‚Äî Nueva expulsi√≥n. Parece que los principios de nuestro Oratorio podr√≠an compararse con los Antiguos Patriarcas; lo mismo que ellos nuestro Oratorio con frecuencia levantaba sus tiendas de una parte para lijarlas en otra. Recordamos que muchas veces Don Rosco aludiendo √° este hecho de la Historia Sagrada nos animaba y exhortaba √° esperar una Tierra Prometida en la cual al fin estableci√©semos nuestra morada permanente. Sus esperanzas y las nuestras no quedaron frustradas. Pero continuemos nuestra relaci√≥n. Debiendo retirarnos de S. Martin, como dijimos en el capitulo anterior, D. Rosco present√≥ una solicitud √° la Municipalidad pidiendo licencia para reunir √° sus ni√±os en el √°trio y en la Iglesia del Genotafio del SS. Crucifijo, llamado vulgarmente S. Pedro en Vincoli. El Alcalde y en general los municipales estaban persuadidos de la falsedad de las denuncias hechas contra nosotros, de modo que la petici√≥n fue favorablemente despachada. Con este motivo, despues de haber estado solo dos meses al lado de los Molinos, nos trasladamos al nuevo local mas c√≥modo y apropiado que el anterior. El largo p√≥rtico, el espacioso atrio, y las comodidades de la Iglesia excitaron vivamente nuestro entusiasmo y nos llenaron de alegr√≠a. Pero desgraciadamente no bien hab√≠amos empezado √° disfrutar de estas ventajas, cuando nuestro gozo se convirti√≥ en amargura. Junto √° aquellos sepulcros encontramos un terrible enemigo. No fue este uno de los muertos que all√≠ descansaban, fue un viviente, la sirvienta del ‚ñ†Capell√°n. Apenas oy√≥ ella nuestros cantos y gritos, toda enfurecida sali√≥ de su casa apostrof√°ndonos con la exquisita elocuencia que suele hacerlo una mujer violentamente encolerizada ; al mismo tiempo con sus voces descompasadas nos injuriaba tambi√©n otra peque√±uela, ladraba un perro, maullaba un gato, cacareaban las gallinas asustadas; aquello parec√≠a una inminente guerra europea. Apenas D. Rosco advirti√≥ esta algazara, se acerc√≥ √° la sirvienta con el fin de tranquilizarla, demostr√°ndole que los ni√±os no causar√≠an ning√∫n da√±o, que no hac√≠an m√°s que divertirse, que no comet√≠an pecado alguno; pero era hablar √° sordos. Lejos de apaciguarse, aument√≥ su furor cubriendo con toda clase de inju rias y denuestos √° Don Rosco. Viendo esto nuestro buen director, orden√≥ concluy√©semos el recreo y nos retir√°semos √° la Iglesia en donde rezamos el rosario y recibimos algunas lecciones de doctrina cristiana. Salimos despues de all√≠ con la esperanza de volved al domingo siguiente y encontrar mayor tranquilidad. Pero nos equivocamos ; porque fue la primera y √∫ltima vez que pudimos reunirnos en aquel paraje. Aquel mismo dia por la tarde, apenas lleg√≥ el capell√°n Sr. T…, la sirvienta le exp√∫so lo ocurrido y presentando √° Don Rosco y √° sus ni√±os como profanadores de lugares santos, y como la hez de la canalla, lo indujo √° dirijirse √° la Municipalidad. Bajo la impresi√≥n recibida con la narraci√≥n de aquella mujer enfurecida, el capell√°n escribi√≥ una carta con tanta acrimonia, que im-mediatamente di√≥ orden de prender √° cualquiera de nosotros que volviese √° dicho lugar. Doloroso es el decirlo: pero aquella fu√© la √∫ltima carta que escribi√≥ el Capell√°n. La escribi√≥ un Lunes y pocas horas despu√©s fu√© sorprendido por un ataque apopl√©tico que le caus√≥ una muerte casi instant√°nea. Hay todav√≠a algo m√°s. No bien se hab√≠a cerrado su sepulcro, cuando se abri√≥ otro. La misma desgracia cay√≥ tambi√©n sobre la sirvienta siguiendo √° su patr√≥n tan solo dos dias despues de su muerte; de modo que en menos de una semana desaparecieron aquellos dos enemigos del Oratorio. Es mas f√°cil imaginar que describir el espanto que causaron estos dos sucesos en nosotros y en todos los que tuvieron conocimiento de ellos. Era imposible no reconocer la mano de Dios, y nosotros ten√≠amos tan √≠ntima convicci√≥n de ello que en vez de alejarnos de Don Rosco y del oratorio, les cobramos desde entonces mucho mayor amor y resolvimos no abandonarlos jam√°s. Despues que Don Rosco recibi√≥ orden de no reunir sus j√≥venos en S. Pedro, empez√≥ √° buscar otro sitio aparente, pero en toda la semana no logr√≥ encontrarlo. No se pudo tampoco hacer llegar √° conocimiento de los j√≥venes la nueva disposici√≥n, y as√≠ sucedi√≥ que el domingo siguiente un gran n√∫mero de muchachos se dirigi√≥ √° S. Pedro, pero habiendo encontrado todas las puertas cerradas; immediatamente se trasladaron al Ospitaletto para ver √° D. Rosco. Su pieza, adem√°s de ser peque√±a, estaba casi completamente ocupada, de modo que Don Bosco no dispon√≠a ni de un pedazo de tierra en donde poder entretener la turba de muchachos que lo rodeaba. Aunque muy afligido Don Bosco por semejante situaci√≥n, √©l ocultaba su gran pesar, mostr√°base con todos nosotros alegre y afable, y al mismo tiempo nos llenaba de regocijo refiri√©ndonos mil maravillas de su futuro Oratorio, que en aquel entonces no exist√≠an m√°s que en su imaginaci√≥n y en los decretos del Se√±or. (Continuara) Con aprobaci√≥n de ia Aut. Eclesi√°stica ‚Äî Serente MATEO GHIfiLIOt√≠B Turin, 1887 – Tipograf√≠a Sahsiana. OBRAS DE 1). BOSCO EL CAT√ìLICO EN EL SIGLO CMvnmcrom familiares DE UN PADRE CON SUS HIJOS, REFERENTES √Å LA RELIGION por el Sacerdote D. JUAN BOSCO TRADUCIDO DEL ITALIANO AL CASTELLANO por el Dr. K GUI. Primera Parts Un tomito en-32. ‚Äî 2 pesetas el ejemplar. Nos es sumamente grato el anunciar este librito que fue el primero que D. Sosco public√≥ en nuetras Lecturas Cat√≥licas de Turin, y que ha sido traducido al castellano y publicado recientemente en las de Buenos Aires. Es un libro de oro, sumamente adaptado √° los tiempos presentes en que √° cada paso tropezamos con personas ignorantes, sumergidas en el error y negando por consiguiente todas las verdades de nuestra santa Religi√≥n Cat√≥lica; por cuya raz√≥n no podemos menos que recomendarlo vivamente √° nuestros Cooperadores y Cooperadoras, esperando nos ayudar√°n √° divulgarlo, acogi√©ndolo con verdadero y singular entusiasmo. HISTORIA ECLESI√ÅSTICA pcif√° l√° Juventud Y UTIL √Å TODA CLASE DE PERSONAS por ‚Ä¢ D. JUAN BOSCO FUNDADOR DE LA CONGREGACION DE S. FRANCISCO DE SALES Cuatro op√∫sculos en-32¬∞, A Pesetas ROMA LIBRERIA ‚Äî SALESIAKA ‚Äî TURIW Buenos Aires – Montevideo – Nictlieroy OP√öSCULOS DE PROPAGANDA CAT√ìLICA ————‚Äî CLARET (R. Antonio Maria). Aviso¬Æ saludables √Å la¬Æ casadas, √≥ sea, carta espiritual que escribi√≥ √° una casada , hermana suya, con aprobaci√≥n del Ordinario. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞, de 66 p√°g. … ….. Peset. 0 60 Oevotos ejercicios en tiomor del Patriarca √âik Jos√©, enriquecidos con numerosas indulgencias. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞, de 32 p√°g. ¬ª 0 50 Ejercicios devot√≠simos para visitar √° ¬´Jes√∫s Sacramentado 9 reimpresos con licencia de S. E. lima., que ha concedido 40 dias de indulgencia por cada punto de meditaci√≥n. Op√∫sculo en-32¬∞, de 32 p. (951) ¬ª 0 60 ILANDAIN (R. Pedro Maria). Avisos dirigidos al pueblo cat√≥lico, para prevenirlo contra la propaganda protestante. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞ de 68 p√°g. (951) ……………………. 1 ‚Äî ILetr√≠lla.¬Æ en lioeor de Mar√≠a para el mes ma√±ano. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞ de 50 p√°g. ……………….. 0 60 Hombre (El) de i>ien9 almanaque para 1885. Aguinaldo √° los suscritores de las Lecturas Cat√≥licas. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞ de 68 p√°g. (951) . . . . ¬ª 1 ‚ñ†‚Äî para 1886 (951) . . ¬ª 1 ‚Äî- Mina espiritual de riqu√≠simos tesoros que sacar√° con poco, pero cotidiano trabajo, el amante de la perfecci√≥n, que sepa poner en pr√°ctica lo que le prescribe el presente librito. Est√° sacado de una de las obritas espirituales del P. Juan Ensebio Nieremberg, de la Compa√±√≠a de Jes√∫s. ‚Äî- Op√∫sculo en-32¬∞ de 20 p. (951) ¬ª 0 60 Aovesa de la gloriosa Virgen y M√°rtir Sta. B√°rbara, abogada contra los truenos y rayos, y gran protectora de sus devotos en la hora . de la muerte, para no morir sin los santos Sacramentos. ‚Äî‚ñ† Op√∫sculo en-32¬∞ de 20 p√°g. (951) …………………. 0 60 Wovena para honrar √° Mar√≠a gantisinia en su t√≠tulo de Madre de Misericordia, con que se venera en la Iglesia de Santo Domingo de esta Ciudad; est√° formada con el auxilio de varios escritos piadosos sobre el Santuario de aquella Se√±ora, en Savona; por un Sacerdote de Buenos Aires. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞ de 50 p√°g. (951)_. …………….. 0 60 Rosario (El) meditado y practicado por las almas que aspiran √° la perfecci√≥n cristiana. ‚ñ†‚Äî- Op√∫sculo en-32¬∞ de 46 p√°g. (951) . . . . ¬ª 0 60 RODRIGUEZ (P. Jos√© Ma√±a), C√≥rte cie S¬Æ Jos√© y Sagsaada Eamilia 9 -t oraciones para hacer la visita. Op√∫sculo in~32¬∞ de 16 p√°g. (951) . ¬ª 0 60 SEGUR (Monse√±or) La Misa. Traducci√≥n de D. J. G. Y. M. ‚Äî- Op√∫sculo in-32¬∞ de 158 p√°g. … …….. ………. 1 ‚Äî‚ñ† ¬©oliloqiaio¬Æ del (lorazon. ante Jes√∫s Sacramentado. ‚Äî- Op√∫sculo en-32¬∞ de 150 p√°g. …………… ……. 1 ‚Äî STOGER (P. Juan N.) El celo de la¬Æ alHias¬ª Traducido del alem√°n por el P. Valent√≠n Ruiz. ‚Äî Op√∫sculo en-32¬∞, de 24 p√°g. (951) …… 0 60 SsaKiario de las, iisdalgeaeias y dem√°s gracias concedidas √° los religiosos, terceros y cofrades de ambos sexos de Nuestra Sra. del Carmen; como tambi√©n √° todos los fieles que visitaren las iglesias de su Orden y de las Cofrad√≠as del Santo Escapulario, por un religioso carmelita descalzo. ‚Äî- Op√∫sculo in-32¬∞, de 40 p√°g. (951) …………………. 0 60 Testamento del alma¬ª ‚Äî- Op√∫sculo en-32¬∞ de 16 p√°g. (951) . ¬ª 0 70 Catalogo Met√≥dico ‚Äî Classe I, Teolog√≠a ‚Äî Op√∫sculos.