Septiembre 1927

Año XLH. SEPTIEMBRE, 1927 Número 9. BOLETÍN SALESIANO REVISTA DE LAS OBRAS DE DON BOSCO SUMARIO: Estudiando a Don Bosco. — La birreta cardenalicia al segundo Cardenal salesiano – Carta del Cardenal Hlond a su madre. — Dña. Dorotea y las Escuelas Salesianas de Barcelona. — Ordenes Sagradas en la Casa Madre. — Tesoro espiritual. — De nuestras Misiones: Nueva Misión en la I. de Timor-Assam: Noticias consoladoras – Congo Belga: Excursión apostólica. — Culto de María Auxiliadora: Las fiestas de Maria Auxiliadora – Gracias de Maria Auxiliadora – Por intercesión del Vble. Juan Bosco. — Por el Mundo Salesiano: Perú – Belén – Barcelona – Bogotá – Concepción – Comayagüela – San José de Costa Rica -Santiago de Cuba. — Al vuelo: Babia Blanca – Buenos Aires – Comodoro Rivadavia – Córdoba – Chile -La Coruña – Madrid – Mendoza – Patagones – Santiago – Táriba – Tibidabo – Valencia – Valparaíso – Los que mueren: Don Justo Botignoli – Dña. Remigia S. de Herrón – Don Antonio Pizzorno etc. Estudiando a Don Bosco I. – Don Bosco y el milagro. En el número anterior vimos como la múltiple actividad de Don Bosco gira toda en torno de una idea central: la salvación de la juventud por medio de la caridad; y que, en este campo, lo que verdaderamente distingue la personalidad del Venerable es la revelación y práctica del Sistema Preventivo en la educación de la juventud, que pasará a la historia como una de sus notas características. Ahora veremos como también la historia deberá decir y registrar una cualidad que acompaña inseparablemente a este hombre extraordinario en todas sus empresas y que lo eleva a la categoría de los más grandes santos. Elemento histórico. Quizá ciertos espíritus den poca importancia o quisieran poder prescindir de este carácter, que según ellos no es propio del campo histórico y sin embargo en el caso presente, prescindir de este orden de hechos, sería falsear la historia. Los que tienen fe, admitirán sin dificultad estos hechos, porque saben que, de una manera o de otra, siempre que causas insignificantes o desproporcionadas producen efectos maravillosos, es que interviene un factor sobrehumano cuya naturaleza sobrenatural y divina es fácil de reconocer. Los que pretenden no creer, sean al menos sinceros y admitan los hechos tal como resultan de la historia y no pretendan explicarlos con criterios ridículos, contrarios a la veracidad histórica. Es mejor confesar que nos encontramos ante un hecho inexplicable según nuestros criterios, que no, por simples prejuicios, rechazar la historia; podrá ser éste el camino por do encuentren la fe y vuelvan a Dios, fuera del cual en vano buscarán la paz. Don Bosco vivió en un siglo poco inclinado a lo sobrenatural y que, sin más, rechazaba el milagro y él mismo era un hombre sumamente práctico y positivo, que ponía al servicio de sus obras todo su corazón, toda su inteligencia y todas sus energías físicas y que, debiendo pensar en buscar el pan para más de 500 niños pobres, no tenía nisiquiera tiempo para darse aires de hombre contemplativo, vidente o que se yo. Y sin embargo su vida se desarrolla y se mueve en un ambiente tan saturado de sobrenatural, de cosas extraordinarias y de milagros, que hace revivir las maravillas de los más grandes taumaturgos de los pasados tiempos. Como tuvo a su disposición la Providencia, cosa que nadie se atreverá a negar, dispuso también del poder de Dios, que le concedió dones extraordinarios y que obró, por mediación suya, verdaderos prodigios. Y sucede siempre así en la sublime historia del Cristianismo: El buen Dios cuando encuentra al hombre apto para las grandes empresas y que con humildad sabe corresponder a sus gracias, además de enriquecerlo con dotes naturales superiores, lo ayuda y lo acompaña con su acción directa y sobrenatural. Elemento integral. En la generalidad de los santos el milagro (llamémoslo francamente así) entra como un factor accesorio, más propio para dar a conocer la intimidad de sus relaciones con Dios, que para ayudarles en el desarrollo de su misión. En Don Bosco la cosa es muy diferente. Lo maravilloso y lo sobrenatural no es una añadidura, algo superfluo, una especie de adorno de su actividad y de su valor personal y humano, sino que invade y penetra de tal manera todo el desarrollo de su obra que ésta no se puede explicar sin aquel y el milagro es a menudo el secreto y más frecuentemente el medio de que se vale para el cumplimiento de sus empresas. Vano empeño sería querer circunscribir en el ámbito de una actividad puramente natural, aún suponiéndola al servicio de un Genio, el éxito de la obra personal de Don Bosco; demasiadas veces las cosas no se hubieran realizado, si no hubiera intervenido el elemento sobrenatural, el milagro. El Santuario de María Auxiliadora, para citar un ejemplo, que costó en aquel entonces un millón doscientasmil liras, cuando Don Bosco no era más que un sacerdote apreciado por muchos, popular, si se quiere, en Turín y aún venerado por aquellos pocos que lo conocían más íntimamente, pero que estaba muy lejos de ser todavía el Don Bosco antonomástico y simbólico, se levantó a fuerza de milagros. Para encontrar 3000 liras necesarias para el pago de los jornales de una semana, Don Bosco se lanza por las calles de Turín, en busca de la Providencia; y ésta le sale al encuentro junto a un palacio donde yace un enfermo paralítico que, obediente a la voz del santo, deja, después de tres años de inmovilidad, el lecho, para ir al Banco en busca de la cantidad necesaria y que a pesar de las protestas del médico, queda, desde entonces, completamente restablecido. Y otra vez que el panadero exige 18.000 liras, negándose a servir más pan si no se le entregan inmediatamente, la cantidad precisa llega, sin saber de dónde ni de quién, en el mismo instante en que el acreedor exige su crédito. En estos hechos el genio del hombre de negocios, la sabiduría de la organización, no entran para nada; quien interviene es Otro que se sirve de Don Bosco como instrumento y que coopera con él. El primer Cooperador de Don Bosco y el más benemérito es el buen Dios y la más solícita de las Cooperadoras Salesianas es María Auxiliadora, por cuya invocación se obraron tantos milagros, sin los cuales la Obra de Don Bosco no hubiera sido posible. Conocimiento de las conciencias. Lo mismo hay que decir de su conocimiento de las conciencias. También esta manifestación de un poder sobrehumano lo acompaña íntimamente en su obra cotidiana, siendo uno de los grandes resortes de su labor educativa. Es cierto que estaba dotado de una mirada penetrantísima, que difícilmente se resistía y que obligaba a confesar lo que se sentía que él leía en el fondo del alma; que su paternal sonrisa, su gran corazón, el tono y el acento de su palabra, que sólo conocía las dulces notas del cariñoso afecto, le hacían dueño de los corazones a las pocas palabras; añádase cuanto puede dar una intuición finísima y una experiencia fruto de constante observación; todos estos factores psicológicos no bastan para explicar aquella visión clara que él tenía a menudo de lo más recóndito de las conciencias, que al primer encuentro con un alma hacía que le revelara todos sus secretos, los pecados más ocultos, indicándole el cómo, el cuándo, el número de veces y otras circunstancias con la más escrupulosa exactitud. Y como en el alma humana, aunque 259 sea la de un niño, hay puntos oscuros y escondrijos voluntarios, donde anida y se oculta el microbio moral, que hace imposible toda obra de regeneración, fácilmente se comprende cuan estrecha relación existiera entre el don sobrenatural concedido al santo educador y su acción educadora, basada, sobre todo, en el conocimiento del corazón de sus niños. En una palabra, quien quiera comprender a Don Bosco y su obra individual y social no puede, si no quiere falsificar la de corazón que ama á la juventud y que corre paternalmente a su encuentro para salvarla de los peligros morales y de la miseria material, el haber hecho notar la sencillez de su manera de obrar, en contraste con la grandeza de la Obra desarrollada, es ya un carácter. Pero hay algo que no está comprendido en estas cualidades, que hace la figura de Don Bosco grandemente simpática y que fácilmente se olvida al exponer los hechos particulares. Y efectivamente no es fácil hacer sentir, Talca (Chile). – Grupo general del Patronato. historia, prescindir del elemento sobrenatural, del milagro. Aqui no se trata de polémica o de apología; es sólo cuestión de realidad y sinceridad histórica. II. – El carácter de Don Bosco. Y ahora, a las grandes líneas del contorno histórico de Don Bosco y a los rasgos característicos de su figura, séanos lícito añadir lo que en lenguaje de artistas se llamaría el carácter, que es como la forma que da vida a la materia, que aparece en todos los rasgos, que invade toda la persona y que en nuestro caso se manifiesta en el tono de vida y en la manera como han surgido las obras, en su conjunto y en sus particulares. Ciertamente, el haber dicho que Don Bosco es una figura de bondad, un hombre hablando de cosas tan serias y tan grandiosas, de concepciones tan vastas y elevadas y hasta de hechos prodigiosos y sobrenaturales, aquella aura suave de continua y jamás alterada benignidad y serenidad, aquella perpetua sonrisa de santa y cordial alegría que se comunicaba a todo el ambiente y que junto con la amabilidad y la religiosidad daban la entonación de aquella vida. Hacer notar debidamente este carácter es sumamente difícil, como resulta casi imposible describir adecuadamente, con palabras, las emociones que se experimentan ante un cuadro o un paisaje. Y hago sobre esto especial hincapié, porque quisiera que este carácter estuviera siempre presente a los ojos de quien lea y medite sobre Don Bosco, llegando a ser como una idea habitual, para no perderla de vista siempre que de Don Bosco se hable o se escriba. 2ÓO Organizador consciente. Además hay que tener en cuenta otra cosa: Don Bosco no es un santo a quien se le escapen los milagros de las manos como a un San José de Copertino, a un San Francisco de Paula o a un Beato Cot-tolengo que, fiado en la Providencia y siguiendo los impulsos de su corazón, caso por caso, crea una obra única en el mundo casi sin haberla pensado: nisiquiera como a un Cura de Ars, taumaturgo sencillo y popular de las almas, cuya obra termina con él. Don Bosco posee la alegre sencillez de todos éstos; pero al hacer revivir en pleno siglo XIX los grandes ideales de la Historia cristiana: la formación de las almas, la institución de una Congregación, la mediación universal de María, el apostolado de la evangelización, el poder taumaturgo de la fe y de la oración, la santificación del trabajo humano, la actuación del amor preveniente en la educación, la caridad activa y cooperativa, sabe lo que hace y a dónde va, aunque no lo proclame con las acostumbradas frases de relumbrón, sino expresándose, por asi decirlo, en dialecto. Don Bosco fué un sabio y hábil organizador y si no lo hubiera sido no habría hecho la décima parte de lo que queda de su trabajo. Adaptó a su siglo todo lo mejor de las grandes instituciones de los siglos anteriores (pues a menudo lo que en el cristianismo aparece como una creación, no es más que una nueva forma de lo antiguo) modernizándolo en la forma o, si se quiere, sometiéndose a la influencia del mundo contemporaneo, les dió nueva vida, adaptándolas a las nuevas corrientes de la era de las revoluciones, como puede llamarse a la que sigue a los hechos del 1789. ¡Organización! He aquí una cualidad que no tuvieron ni siquiera todos los fundadores e iniciadores de obras hermosas y santas. Entre Jerónimo Emiliano, por ejemplo, y su contemporaneo Ignacio de Loyola, existe gran diferencia; pues mientras la santa empresa del primero de catequizar a los niños y a los pobres se desvaneció en breve y tuvo que ser renovada bajo otra forma y con bien distinto vigor por un santo legislador como fue San Carlos Borromco, el santo de Loyola creó de una sola pieza la granítica mole de la Com pañía de Jesús, que es quizá, después de la Iglesia, la Institución más segura que recuerde la Historia. De la Institución de Don Bosco, como rebosa todavía del vigor de la Juventud, por ahora no podemos sino augurar que se mantenga; pero es innegable el hecho de que el Genio de santidad que la inició dejó en ella una huella tal de ordenada libertad y le dió una tradición de adaptabilidad y de soltura que garantizan su conservación viva y vital, aún a través de las borrascas que los tiempos pueden desencadenar contra ella. Trabajador incansable. Que para llevar a cabo empresas tan grandiosas, para emprender un número tan grande de obras y todavía más, para sostenerlas y ordenarlas de un modo estable, haga falta un temple de trabajador más que ordinario no es nisiquiera necesario indicarlo. Don Bosco con toda su serena imperturbabilidad fué un trabajador de los más emprendedores e incansables de su tiempo. No es exageración decir que no conoció más descanso que el de la tumba: ya que para él, como veremos más adelante, no hubo descanso nisiquiera durante el breve sueño con que reparaba sus fuerzas, pues amenudo durante él, su imaginación se hallaba ocupada en aquellas sublimes visiones de la caridad y de la solicitud para aquellos a quienes amaba como a hijos. Y nos place hacerlo notar desde ahora, porque es ello una confirmación más de lo que decíamos en el primer artículo: que la actividad, tendencia propia de su siglo, se refleja en él y porque este carácter lo aproxima siempre más a las clases trabajadoras para las que tuvo sus preferencias y en cuyo favor empleó todas sus sus fuerzas y de las cuales depende el nuevo orden de la vida social. La ley y más que la ley, el amor al trabajo, como instrumento de conquista de las almas y principal factor de la educación de si mismo y de los demás, lo dejó como testamento a los suyos, junto con la elevación del alma en la oración. Y si sus hijos logran, aún en medio de un mundo tan poco inclinado al espíritu cristiano, 2ÓI captarse las simpatías de todos, sin distinción de partidos y tendencias, se debe al hecho de que cumplen el testamento de su Padre y el mundo respeta en ellos la oración, porque la ve unida al trabajo. los humildes, con la mirdada fija en una visión grandiosa y radiante, con ¡a frente iluminada por una idea sublime y con la sonrisa suave y confiada del hombre seguro de su empresa; y todo ello, envuelto en los Don Bosco, niño, empieza, por medio de los juegos, a ejercer su apostolado. En el monumento que la Historia levante a Don Bosco, si en una parte figurarán los emblemas de la caridad y de la religión, en la otra, y no menos visiblemente, han de figurar los del trabajo. He aquí pues al hombre que nosotros queremos colocar sobre el pedestal de la Historia: Una figura robusta, de ademanes sencillos, francos, inclinada dulcemente hacia esplendores y con la aureola de la santidad. Levántese un monumento o un altar; siempre la figura histórica de Don Bosco será la de un Santo, que fué grande delante del mundo, porque toda su santidad la empleó, tanto en el campo del pensamiento como en el de la acción, en extender a los humildes y a los débiles las benéficas conquistas de la caridad. 2Ó2 La imposición de la birreta cardenalicia al segundo Cardenal salesiano. El día 29 del pasado junio, fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, se celebró en Varsovia, la solemne ceremonia de la imposición de la birreta cardenalicia al Emmo. Cardenal Augusto Hlond, Arzobispo de Gnesen y Poznan, Primado de Polonia, que llevó a cabo, por especial concesión de Su Santidad, el Presidente de aquella católica República. El sol luciendo con todo su esplendor en un hermoso día de verano aumentó la alegría y esplendidez de la fiesta. A las 11 de la mañana, se inició el desfile de la comitiva por las principales calles de la ciudad, desde el Parque Lazienki, en uno de cuyos palacios se alojaba el Emmo. Prelado de Polonia, hasta el antiguo Palacio Real. El espectáculo era verdaderamente solemne y pintoresco. Abrían la marcha cuatro heraldos con librea, montados en blancos corceles, seguidos de tres carrozas de gala, descubiertas. En la primera habían tomado asiento los dos secretarios: el del nuevo Cardenal y el de Mons. Ablegado Pontificio, junto con un ayudante de campo del Señor Presidente de la República; en la segunda iban el Ablegado Pontificio y el Guardia Noble, el primero envuelto en majestuoso manto escarlata; el segundo, en brillante uniforme militar de resplandeciente casco y con manto de armiño sobre la roja guerrera. Finalmente, precedida y seguida por piquetes de caballería de gran gala, cerraba el cortejo la carroza del nuevo cardenal, en medio de las aclamaciones de la muchedumbre. La comitiva entró en el Palacio por la puerta principal que se abre debajo de la torre del reloj, formando ala de honor un batallón de soldados con su bandera, mientras la banda militar tocaba el himno nacional polaco. Dejadas las carrozas, subió todo el séquito al Salón de honor y después de atravesar algunas salas, al llegar a la de los Caballeros, S. E. el Sr. Ignacio Mosdcki, Presidente de la República, asistido por el Ministro de Estado y rodeado de los miembros de su Casa civil y militar, recibió a Mons. Federico Callori di Vignale, Ablegado Pontificio, el cual, acompañado por su Secretario y por el Guardia Noble, Conde de Canale, presentó al Presidente de la República sus credenciales, pronunciando, en latín, un discurso, que fué un canto de admiración por la gloriosa Nación Polaca entrelazado con los más sinceros elogios para el nuevo Cardenal. Contestó brevemente el Presidente para dar las gracias y luego se entretuvo en afable conversación por breves instantes con el Ablegado, a quien presentó las personas de su Casa. Terminada esta ceremonia, volvióse a formar la comitiva que se encaminó hacia la capilla del Palacio Real, llena ya del más distinguido público. Estaban presentes S. E. el Card. Kakowski, arzobispo de Varsovia y con él casi todos los arzobispos y obispos de Polonia; Mons. Chiarlo, encargado de Negocios de la Santa Sede, los representantes de los cabildos de Gnesen y Poznan, los Canónigos de la Catedral de Varsovia; y entre las autoridades civiles había muchos ministros, el mariscal del Senado y el Rector de la Universidad de Varsovia. No faltaban los íntimos del Cardenal, entre ellos tres hermanos, de los cuales dos sacerdotes salesianos. La Congregación Salesiana estaba, además, representada por el muy Rvdo. D. Esteban Trione, en nombre del Rector Mayor Don Felipe Rinaldi y por varios directores de las numerosas Casas de Polonia. Pocos minutos después de la entrada del nuevo Cardenal y del Ablegado Pontificio con los respectivos séquitos, penetró en la Capilla el Sr. Presidente de la República, con su Casa civil y militar, sentándose en su trono, del lado de la epístola, frente al trono del nuevo Cardenal. Uno de los obispos celebró la Misa rezada, durante la cual la Schola Cantorum 2Ó3 de la Catedral ejecutó escogidos cantos polifónicos. Terminada la Misa, el Ablegado Pontificio se adelantó hasta los pies del altar, al lado de la epístola, desde donde dió lectura al Breve Pontificio. En seguida acompañó al nuevo Cardenal al trono presidencial, ofreciendo al Señor Presidente la birreta cardenalicia. El Presidente tomó la birreta y con evidente satisfacción la colocó sobre la cabeza de Su Eminencia. • En seguida se entonó el Te Deum, que fué seguido del patético himno « Oh Dios que por tantos siglos habéis rodeado de esplendor a Polonia», canto lleno de elocuentes recuerdos históricos. Y así terminó la función religiosa. Dirigiéronse luego todos los presentes al gran Salón, donde debía celebrarse la recepción del nuevo Cardenal, por parte del Sr. Presidente de la República. La mayor cordialidad fué el distintivo de este encuentro. El Emmo. Cardenal Hlond leyó un magnífico discurso, en el que confirmaba los elevados ideales de su apostolado que en unión de intenciones y de obras con todo el Episcopado polaco, se propondrá prestar los mayores servicios a la Iglesia, para bien de la Patria y en armonía con los supremos poderes de la Nación. Respondió el Sr. Presidente dando las gracias y manifestando su más alta estima por el nuevo Cardenal y su deferente gratitud hacia el Santo Padre. Luego el Sr. Presidente ofreció en honor del nuevo Purpurado un suntuoso banquete al que participaron el Mariscal Pilsudski, los Ministros del Estado, el Ablegado Pontificio, el Guardia Noble,. los Arzobispos y Obispos polacos, el personal de la Nunciatura Apostólica y los miembros de la Casa civil y militar del Sr. Presidente. A las tres de la tarde volvió a formarse la comitiva y recibiendo los homenajes de la multitud, agolpada a lo largo de las calles, el nuevo Caraenal volvió a su Palacio del Parque Lazienki. Caria del Emmo. Cardenal Hlond a su madre. Un diario de la Alta Silesia publicó en el pasado julio la siguiente carta del nuevo Cardenal Sa-lesiano: Poznan, 20 de junio de 1927. Queridísima madre: El Santo Padre se ha dignado en su bondad nombrarme hoy cardenal de la Santa Iglesia Romana. En medio de mi profunda emoción me dirijo en este momento con el corazón y con el pensamiento a V, querida madre, y a V. escribo mi primera carta. Cuando considero los admirables caminos por los cuales me ha conducido la Providencia, siempre se me presente ante los ojos del alma su querida imagen. V. con mas sabiduría que muchos doctos pedagogos supo echar en las almas de sus hijos los sólidos cimientos de una vida firmemente apoyada en la fe y en los derechos de Dios. Porque no sólo supo V. rezar sinceramente, sino que supo enseñarnos con facilidad y buen método aquellas oraciones de las cuales todos los días saco la fuerza y la confianza en Dios. V. nos abrió Un ancho camino de verdadera felicidad porque no nos educó con demasiadas caricias ni comodidades, sino con fortaleza ,acostumbrándonos al trabajo y enseñándonos a amar el deber y a cumplirlo seria y decidi.lamente. Por eso no en otra parte sino en la nobleza y magnanimidad de su corazón sencillo y del todo consagrado a Dios está el principio de aquellos caminos por los cuales la Divina Gracia me condujo hasta llegar a estas que comunmente se llaman dignidades, pero que como las entendemos en nuestra familia, no son sino mayores deberes de trabaio y de sacrificio. En este día, pues, en que el Santo Padre cubre con el esplendor de la purpura cardenalicia nuestra tranquila y humilde casa, doy a V. las más rendidas gracias porque ha sido siempre para mí madre cariñosa y me encomiendo a sus oraciones a fin de que con mi trabajo pueda cooperar a la gloria de Dios, a la prosperidad de la Iglesia y a la felicidad de la Nación. Estos mismos sentimientos depongo sobre la tumba de nuestro querido padre, cuyo espíritu de fortaleza y de sacrificio me anima y guia constantemente. Mientras con gratitud y veneración te beso las manos le ruego que me bendiga en el camino de mis deberes Suyo •J» Augusto, Cardenal. 2Ó4 Un Modelo de Cooperación Salesiana. Seguimos tomando de la Vida de Dña. Dorotea de Chopitea, escrita por el P. Jacinto Alegre, de la Compañía de Jesús, los episodios que demuestran el grande amor que esta ejemplar Siervo de Dios profesaba a las Obras del Vble. Don Bosco. Las Escuelas Salesianas de Barcelona (Hostafranchs). En 1888 había muerto santamente en Turín Don Bosco y su inmediato sucesor Don Rúa continuó tratando a Da. Dorotea con aquel cariño y veneración de hijo para con su madre que de su Santo Padre había aprendido. La primera vez que le escribió, que fue para felicitarla en el día de su santo 6 de febrero, hablando de la muerte de Don Bosco, para consolarla, le cuenta algunas de las últimas palabras que el Santo pronunció en la tierra, que fueron para ella, para la que él llamaba su querida Mamá de Barcelona, la Mamá de los Salesianos y Salesianas, de la cual dijo aquellas mismas palabras que pronunció N. S. Jesucristo en el sermón de la cena hablando con los Apóstoles: Vado parare vobis locum que se iba al cielo para prepararle un lugar en el paraíso. Al leer esta carta de Don Rúa, cuya causa de beatificación está ya introducida, a Da. Dorotea cuya heroica caridad con los pobres es verdaderamente admirable, hablando de Don Bosco el apóstol de los obreros en el siglo XIX y tan próximo al honor de los altares, se vienen a la mente aquellas palabras de Sto. Tomás de Aquino hablando de su íntimo amigo S. Buenaventura, a quien encontró escribiendo la vida de su padre S. Francisco: Sinamus Sanctum pro Sancto laborare. Dejemos a un santo que escriba de otro santo. Ya el año anterior había intentado Don Bosco, que Da. Dorotea presidiese en Turín las solemnísimas fiestas, que allí se celebran todos los años en honor de María Auxiliadora; pero por razón del invencible horror que tenía esta señora a todo lo que redundaba en honra y alabanza suya no pudo conseguirlo. Este año de 1888 insistió en lo mismo su inmediato sucesor Don Rúa, quien para obligarla más le decía en su carta que pues acababan de perder a su santo Padre Don Bosco, razón era que acudiesen los huérfanos a su querida Madre de Barcelona, quien no podría negarles petición tan justa. No se negó al principio rotundamente a lo que le pedían y esto bastó para que los Salesianos de Turín creyeran tener la dicha de poder conocer pronto a aquella caritativa señora de Barcelona, de cuyas heroicas virtudes habían oido hablar tantas veces y con tanto encarecimiento a su santo Padre Don Bosco. Triunfó también esta vez en su pecho su querida humildad y alegando como motivo una tos persistente que la molestaba huyó de las honras que en Turín le preparaban sus queridos hijos salesianos, pero no huyó del trabajo que ella misma se buscaba en Barcelona en favor de la clase obrera tan abandonada entonces como ahora y quizá más ahora que entonces, porque no han crecido las obras sociales que ella inició en la proporción que han ido creciendo las necesidades. ♦ * » En carta de 16 de Mayo de 1888 le dice a Don Rúa entre otras muchas cosas: « Hubiera deseado tratar con V. de viva voz una nueva fundación que deseo se haga en esta, en un barrio muy pobre y desamparado… Tengo intención de comprar un terreno que sea espacioso, y hacer allí una sala grande, que sirva de escuela y capilla. Hemos hablado varias veces con el R. 205 P. Branda sobre la necesidad que tienen los Talleres de Sarria, de una iglesia más grande que la actual, en la que no pueden colocar a los niños externos por falta de local». Esta hermosa Iglesia de María Aúxilia- dora que ahora tanto embellece el Paseo de D. Bosco en Sarriá, no la pudo ver ni siquiera comenzada. El Viernes Santo de 1891, es decir tres años después, pocos días antes de su muerte, fué a Sarriá para ver los planos de la Iglesia que acababan del legar de Turín, como si quisiera despedirse antes de volar al cielo de su querida obra. A 3 de junio de 1888 escribía otra vez Don Rúa a Da. Dorotea y después de darle las gracias por la gruesa limosna que les había mandado para la celebración de la fiesta de María Auxiliadora añade: « Ahora viniendo a los asuntos de que nos habla en la suya del 26 de Mayo, le diremos que nosotros hemos tratado en capítulo con toda seriedad de ellos, y nos encontramos todos deseosos de secundar las piadosas intenciones de V. Solamente dos dificultades se nos presentan: falta de personal y falta de medios pecuniarios. D- Bosco antes de su muerte y el Santo Padre después de la misma, nos recomendaron suspender por algún tiempo toda construcción y toda nueva fundación. Yo he prometido observar tales órdenes y encomendé a todos mis hermanos las mismas cosas, ya por obediencia ya por necesidad. Sin embargo si Don Branda puede emprender la construcción de la nueva capilla y tener la escuela en el barrio de que V. nos habla, sin pedir nuevo per- sonal o socorro de dineros, nosotros quedaremos muy contentos de ello. Con la poderosa ayuda de V., de su generosidad, influencia y actividad, espero que todo sucederá bien y a tal efecto rogamos a Dios todopoderoso ». Barcelona (España). – Iglesia de San José en las Escuelas fundadas por Dña. Dorotea. En virtud de esta carta comenzó Da. Dorotea a poner por obra su plan de construir la escuela para niños de la clase obrera. • Sobre la elección del sitio en que debía levantarse la escuela hubo no poca variedad de opiniones. Un día Da. Dorotea llama al P. Branda y llévale a ver un terreno situado entre 266 Bercelona, Pueblo Seco y Hostafranchs. Estaba en despoblado y algo distante de estos tres puntos. Preveía Da. Dorotea que aquel punto no tardaría en poblarse y sería un punto céntrico, y deseaba prevenir una necesidad antes que se sintiese. Otros, que no miraban tan lejos preferían un punto menos despoblado. Da. Dorotea con la intuición y perspicacia que tanto la distinguían, mirando lo porvenir como si lo tuviese presente, se formalizó y atajó las dificultades diciendo estas palabras: O en este sitio se funda la escuela o no se funda. * * * Cedieron todos a su autoridad. Compró enseguida el terreno. Mandó levantar a toda prisa los planos de la obra y edificar sin pérdida de tiempo la escuela. En marzo de 1890 con asistencia del Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis y del M. R. D. Miguel Rúa, General de la Congregación Salesiana se inauguró la escuela de la calle de Floridabianca. Cuán acertada estuvo Da. Dorotea en la elección del sitio, lo probó el buen éxito que tuvo la escuela. Bien pronto se echó de ver que debía darse nuevo ensanche a la obra. La capilla, cuya fábrica estaba ya a flor de tierra, se vió luego que debía tener proporciones mucho mayores. El patio para el recreo festivo no bastaba para admitir la mitad de los niños que acudían. Fué preciso comprar una porción de terreno contiguo. El dueño aumentó el rrecio más del doble. No les parecía a los I ~Jres Salesianos poder conseguirlo. Mandó Da. Dorotea enterrar en aquel campo medallas del Sagrado Corazón y S. José y se deshicieron las dificultades y se consiguió cuanto se quería. « En la actualidad, escribía el P. Nonell en la Vida de Da. Dorotea de Chopitea, hace ya más de 50 años, más de 500 niños reciben instrucción y educación religiosa en la Escuela Salesiana de la calle de Ro-cafort y Floridabianca, y todo el espacioso patio se llena de niños, jóvenes y hombres los días festivos. Durante los aciagos días de la Semana Trágica de 1909 fué incendiada esta escuela por las turbas revolucionarias. Pero esta desgracia pasajera fué para la obra de Da. Dorotea lo que para los árboles la poda, que sirve para hacerles crecer más. Se reedificó luego, se adquirieron nuevos terrenos, de modo que actualmente casi ocupa toda la manzana. Se construyó un magnífico teatro. Pero lo que más llama la atención es la grandiosa, clara, alegre, sencilla y elegante Iglesia en que el Sr. Marqués de Sagnier ha levantado al Patriarca San José un monumento de gloria. * * * Hace poco hallándose por casualidad en la Iglesia de los Salesianos de Sarria una de las nietas de Da. Dorotea, vió como se acercaban a comulgar con gran fervor aquellos 600 jóvenes obreros y le vino este pensamiento. ¡Todo esto se debe a tu abúelita! ¡Cuánta gloria debe tener en el cielo! Lo mismo me ocurrió a mi hace poco también un Domingo por la tarde al ver la Iglesia de San José llena a rebosar de obreros que con gran atención oían las verdades del cielo que con admirable claridad y unción les predicaba el actual superior de la escuela D. Julio. Y pensando en Da. Dorotea salía de la Iglesia repitiendo: ¡Cuánta gloria debe tener en el cielo! Jacinto Alegre S. J. 5e recomienda a cuantos envían fotografías para el Boletín Salesiano o para el Archivo de la Congregación, noten claramente en el dorso de cada fotografía: 1° La Inspectoría o misión de donde proviene – 2° La Casa o localidad – 3o El asunto de la fotografía -4° La fecha en que fué tomada. Rogamos además a todos los encargados de publicaciones y revistas salesianas, por pequeñas que sean, no dejen de enviar dos ejemplares de cada número a esta Redacción, uno pare entresacar noticias y otro para el archivo. 267 De la Casa Madre. 59 nuevos sacerdotes salesianos de 13 nacionalidades. Solemne, conmovedora, llena de las más dulces esperanzas, resultó en la Casa Madre de los Salesianos, el día 10 de julio, la ceremonia en la que el Eminentísimo Cardenal de Turín, Mons. Gamba, con- Los 116 ordenandos dorante la postración. firió las sagradas órdenes a 56 subdiáconos y a 59 sacerdotes, todos salesianos, alumnos del Instituto Teologice Internacional «Don Bosco> de Turín. Los 59 sacerdotes noveles fueron objeto durante dos o tres días de continuas manifestaciones de afecto y simpatía; sus compañeros de estudios organizaron una serie de festejos en su honor, presididos por nuestro Superior General, quien casi lloraba de emoción al ver a 59 de sus hijos, elevados de una vez al sacerdocio y que iban a esparcirse por el mundo, para predicar el Evangelio y llevar por doquiera el espíritu y los ideales de Don Bosco, que tan de cerca han podido conocer durante los cuatro años que han permanecido en la Sede Central de la Congregación. 8 alemanes, 8 argentinos, 2 brasileños, 1 checo, 2 ecuatorianos, 2 eslovenos, 4 españoles, 4 húngaros, 1 irlandés, 14 italianos, 2 mejicanos, 7 polacos y 4 uruguayos, que, completada su formación, llegan al sacerdocio y vuelven a las respectivas naciones para trabajar llenos de energía en el vasto campo confiado a la Congregación Salesiana, deben ser motivo de gran satisfacción también para los Cooperadores Salesianos, que ven como las obras que ellos sostienen con sus limosnas y con su apoyo personal, van adelante con energías siempre nuevas, pues estas ordenaciones sacerdotales son como corrientes de savia vivificadora que comunican nueva vida hasta a las más apartadas ramas del árbol salesiano. Y al mismo tiempo ha de hacer concebir propósitos eficaces para contribuir a la formación de sacerdotes salesianos, pues la mayor satisfacción para un Cooperador Salesiano ha de ser la de poder decir: Yo he contribuido al sostenimiento o formación de una o más vocaciones y participaré, en gran parte, del bien que ellos hagan en el nombre de Don Bosco. TESORO ESPIRITUAL Los Sres, Cooperadores Salesianos, cumpliendo los requisitos de costumbre, pueden ganar, indulgencia plenaria los siguientes días: Mes de Setiembre: 8. Natividad de Ntra. Sra. 12. Dulce Nombre de María. 14. Exaltación de la Sta. Cruz. 15. Los siete Dolores de María. 29. Dedicación de San Miguel Arcángel. Mes de Octubre: 7. La Virgen del Rosario. 11. La Maternidad de María Sma. 16. La Pureza de María Sma. DE NUESTRAS MISIONES Nueva Misión Salesiana. Dily, Isla de Timor, g-’j-zj. Rvdmo. Sr. D. Rinaldi. Con vivo placer le notifico nuestra feliz llegada a la isla de Timor, nuevo campo de Misión confiado a los Salesianos. Es la mayor de las pequeñas islas de la Sonda, Con medios y personal, podremos pronto extender nuestra acción a toda la isla que cuenta con unos 200.000 indígenas todavía paganos y que quisiéramos ver un día no lejano hijos sumisos de la Iglesia. Por eso recomendamos esta nueva e importante Misión al interés especial de los Cooperadores y al entusiasmo de los aspirantes misioneros. Los primeros 15 días los pasé en el in- 100 IZO ISO 14-0 tata