Septiembre 1893

Boletín Salesiano. Septiembre 1893 AÑO Vni-N.9. Publicación mensual. SETIEMBRE de 1893 BOLETIN SALESIANO Quien recibiere á un. niño en mi nombre, á mi me recibe. (Math. xvin.) Os recomiendo la ñinez y la juventud ; cultivad con grande esmero su educación cristiana; y proporcionadle libros que le enseñen á huir del vicio y á practicar la virtud. (Pío IX.i Redoblad vuestras fuerzas á fin de apartar á la niñdz y juventud de la corrupción é incredulidad y preparar asi una nueva generación. (Leon XIII.) Debemos ayudar á nuestros hermanos á fin de cooperar á la difusión de la verdad. (III S. Juan, 8.) Atiende á la buena lectura, á la exhortación y á la enseñanza. (I Timotii. iv, 13.) Entre las cosas divinas, la más sublime, es la de cooperar con Dios A la salvación de las almas. (S. Dionisio.) El amor al prójimo, es uno de los mayores y más excelentes dones que la divina bondad puede conceder á los hombres. (El Doct. S. Fkanc. de Sales). —H&( DIRECCION en el Oratorio Salesiano — Calle de Cottolengo N. 32, TURIN (Italia) )Jg-F- SUMARIO. La enseñanza del Catecismo y los Catequistas. La conversión de la Patagonia y de la Tierra del Fuego. El congreso Encaristico de Jernsalén. Tierra Santa. La Obra Salesiaua de la Santa Familia en Belén. Colombia. Lazareto de los leprosos de Agua de Dios. España. La Obra de Don Bosco. Gracias de María Auxiliadora. $ fe fe fe fe *** fe *** fe fe fe LA ENSEÑANZA DEL CATECISMO y los Catequistas • La instrucción de los pueblos fué entre los sabios de la antigüedad el primer objeto de la legislación: cultivar el espíritu y formar el corazón de los hombres fué el gran fin de las instituciones políticas. Si leemos con atención los fragmentos de sus leyes, los hallamos más henchidos de máximas de educación que de reglamentos de policía. Todas se dirigen á engrandecer las almas, y si algunas á perfeccionar las facultades físicas del cuerpo, era sólo para arraigar en los ciudadanos aquellas dos grandes virtudes sobre que descansan los estados: el valor, como el primer apoyo de la seguridad pública, y el amor al trabajo, como primera fuente de la felicidad individual. Por grande que sea en nuestros tiempos la corrupción do ideas y costumbres, reconociendo todos los gobiernos que la fortuna de las naciones es inseparable de la de los pueblos y que para hacer á los pueblos felices** menester ilustrarlos, se lian dado á porfía á multiplicar los institutos de enseñanza pública y difundir el conocimiento de las letras. Mas en tanto que se da gran importancia al conocimiento de las ciencias útiles al bienestar del hombre en la tierra, el espíritu de impiedad destierra la más noble y sublime que nos enseña el camino para ir al cielo, á conocer al Creador y á conocernos á nosotros mismos, cual es la religión. Por esto nunca como ahora es tan honrosa y necesaria la enseñanza del Catecismo < magnífica síntesis que explica — 130 — todos los enigmas, disipa todas las dudas, rebale todas las dificultades, lazo misterioso que une al hombre con Dios, el ciclo con la tierra, el tiempo con ]a eternidad ; y todo esto sin esfuerzo de palabras, sin ambajes, con suma claridad, de tal modo que basta tener oídos para escuchar y corazón dócil para creer y amar. >> Honroso es imitar al que es la honra del humano linaje y el ejemplar de toda verdadera grandeza, Cristo Jesús. Pues, ¡qué hizo Cristo sino, primero con ejemplos y después con palabras y ejemplos, enseñarnos su doctrina salvadora, la doctrina cristiana? ¿Qué hicieron los apóstoles? San Pablo lo dice con exquisita delicadeza: « Nos hicimos párvulos en medio de vosotros, ’como una madre que está criando llena de ternura para con sus hijos. De tal manera apasionados por vosotros, que deseábamos con ansia comunicaros, no sólo el Evangelio de Dios, sino también daros nuestra misma vida. » Desde que el divino Redentor manifestó su preferencia por los niños, los mayores santos y los genios más ilustres les han consagrado esforzadamente su celo, abnegación y solicitud. El Apóstol de la’niñez en nuestro siglo, Don Bosco, i no cifró, en verdad, toda su honra , ea la imitación de Cristo y sus Apóstoles, no sólo dejando que los niños se acercaran á él, sino yendo en su busca para adoctrinarlos y transformados á su vez en catequistas y misioneros? A honra tuvieron los más grandes Santos, y Doctores y Pontífices de la Iglesia, abajar sus inteligencias y su elocuencia hasta el nivel de los pequeñuelos para adoctrinarlos; y hombres como San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Nieeno, San Agustín, San Francisco Javier, Bos-suet, Fenelón y Dupanloup no se desdeñaron de emplear su palabra y su pluma en enseñar la religión á los niños y en escribir tratados para los catequistas. ¡Con qué copia de argumentos y bellísimas comparaciones prueba el ilustre Obispo de Hipona, no sólo la dignidad del empleo do catequizar á los rudos, sino aún la suavidad y dulzura que hallan en tan santo ejercicio los que de veras tienen amor á las almas de los pobres y pequeñuelos! « ¡Por ventura, dice, deleita á no ser por el amor, el balbucear entrecortadas y mutiladas palabras? Y sin embargo, los hombres desean tener hijuelos con quienes hablar así. Y más dulce es á la madre trasladar de sus labios á los labios infantiles de su hijo el bocadín mascado, que comer ella pedazos mayores. No debe por lo tanto apartarse tampoco de nuestro ánimo el recuerdo de aquella gallina que cubre con sus lacias plumas á sus tiernos polluelos, que llama con quebrada voz á los que le responden piando; y recordar también que los que soberbios huyen de sus blandas alas son presa de los mi-lan°s; »……………….. A la objeción del fastidio que causa repetir siempre lo mismo y tan sabido, responde el sublime ingenio de Agustín con una verdad y novedad deliciosa. « Si nos fastidia el volver tantas veces sobre las mismas cosas tan trilladas y propias de los niños, hagámonos pequeñuelos como ellos, y unidos nuestros corazones á los suyos por un amor fraternal, paternal y materna], aun á nosotros nos parecerá nuevo lo que les decimos……… Cuando enseñamos á los que antes no los habían visto jamás, los grandiosos monumentos de las ciudades ó la hermosura de los equipos que por la costumbre recorremos ya sin ningún deleite, nos suele suceder que se nos renuevan agradables impresiones con la impresión que ellos reciben, y tanto más gozamos cuanto ellos son más amigos: pues por el vínculo del amor en cuanto vivimos en ellos, en tanto se torna para nosotros nuevo lo viejo y conocido. » Mas dado que ni honroso ni deleitable fuese el empleo de euseñar la doctrina cristiana; supuesta la escasez de clero que todos deploramos, y el culpable descuido é ignorancia de la mayor parte de los padres de familias entre las clases menesterosas y aun en las acomodadas, esta enseñanza cristiana es absolutamente necesaria, y el Apostolado seglar debo de un modo cspccialísimo tomarla á su ca^0’ .. , , . Como alia en su tiempo Jeremías, podemos dolemos de que los pequeñuelos pidan pan y no haya quien se los parta » (1). Cada día van siendo más necesarios en los países civilizados catequistas seglares que ayuden á los párrocos y al clero en general, á semejanza del auxilio que (1) Parvuli petierunt panem et non erat qui frangeret «i» (Thren. ir, 4). — 131 — reciben los misioneros de los catequistas seglares en los países salvajes ó en las misiones de herejes. Porque bajo las apariencias espléndidas de una civilización verdaderamente fascinadora se descubren bien á las claras los síntomas de la vuelta al paganismo y á la barbarie. Hay, pues, que hacer un llamamiento á los voluntarios de Cristo para que miren con singular predilección la enseñanza del catecismo. El mal es gravísimo; tan grave que según el sentir del Maestro de todos los maestros, el Pontífice León XIII, escribiendo sobre las escuelas de Boma, el más funesto de todos los caminos qne desembocan en la incredulidad y en el vicio, es la exclusión, aunque no sea total, de la enseñanza del Catecismo en las escuelas. Pues ¿qué decir de la total carencia de instrucción religiosa en que yacen tantos millones de niños católicos é hijos del pueblo ? Mal funestísimo sobre toda ponderación ; como que del conocimiento ó ignorancia del Catecismo ó de lo más nece- sario para salvarse, depende originariamente el vivir ó no vivir como cristianos, el morir como cristianos ó no, y en fin la eterna vida ó la eterna, muerte. Para remediar el mal que tanto deploramos es preciso que á la escuela pagana se oponga la escuela exclusivamente católica, la enseñanza religiosa dominical, los oratorios festivos, las escuelas noc- turnas. Muy grande es el mérito de estas ob,ras-, , . .. . Dad esa limosna de instrucción los que amáis á Dios y á vuestro prójimo, dadla por amor de entrambos, pues mayor es la caridad de alimentar las almas que la de mantener los cuerpos. ¡ Y hay tantas almas hambrientas! ¡Hay tantos corazones desfallecidos! La conversión de la Patogenia y de la Tierra del Fuego La fe, según expresión de San Ambrosio, es una lámpara que luce en las tinieblas de esta vida: pero las buenas obras son el alimento de esa lámpara. La fe, según San Agustín, es una gene rosa planta que, arraigando en la tierra, eleva sus ramos hasta el cielo; pero las buenas obras son el riego que de continuo ha menester esta planta, si no se quiere que languidezca, y se seque y muera. Por eso deben temblar los que contentos con la fe, no viven en caridad y gracia de Dios, al oír aquellas palabras de San Pablo, que no son encarecimiento ni hipérbole sino pura doctrina católica: ¿?¡ tuviera toda la fe posible, de manera que trasladara de una parte á otra los montes y no tuviera caridad, nada, soy (I á los Cor. 13, 2). Muy deplorable es el estado de aquellas almas que además de la caridad lian perdido la fe verdadera y necesaria para la salvación; pero es también harto deplorable el de las que conservando aún la fe, han perdido por el pecado la caridad, el de las que olvidando que los bienes de fortuna nos han sido concedidos por Dios para hacer el bien, apartan los ojos del pobre y si se dejan enternecer á veces por los clamores más cercanos á sus oídos, se concretan á dar algunas limosnas en su pueblo y no les merecen compasión los desgraciados que gimen lejanos en las sombras de la muerte. La verdadera caridad no se limita á la tierra natal ni al alivio de las necesidades de los que nos rodean; y Dios antes que el óbolo dado al mendigo que llega á las puertas de vuestra casa, donde abunda lo soperfluo, las joyas y sedas, mira con preferencia el que contribuye en apartado confín á la salvación do las almas y extensión del reino de Cristo. Entre todas las virtudes dignas do alabanza la limosna ocupa el primer puesto: apaga el fuego del infierno, las puertas del cielo le estáu abiertas, y cuando entra como reina, ningún portero, ningún guardia se atreve á preguntar qoióu es, ni á donde va, sino que todos la reciben en triunfo, venga de donde viniere (1). Si hacéis limosna, recibiréis á Dios por recompensa, y si esta limosna se endereza á la propagación de la fe, á la salvación de nuestros prójimos aumenta indeciblemente su mérito. Puesto que las empresas de Dios son nuestras empresas, para interesarnos en esta que nos ocupa, recordemos lo que el Señor ha hecho por la salvación de (1) S. Greg. Niceno. — IJ2 — -aquellos pobres indígenas. La historia del descubrimiento y conquista de América, los anales de las misiones católicas nos hablan con maravillosa elocuencia. ¡Cuán preciosos vínculos los establecidos por la religión entre el hombre civilizado y el salvaje, vínculos de amor y fraternidad que ninguna razón ilustrada desconoce, que todo corazón puro respeta, y en los cuales está cifrada la gloria de la especie humana. No indaga el Misionero de Cristo dónde hay países que conviden á gozar de envidiable paz y bienestar, sino dónde hay lugares ignorados y desiertos, pueblos condenados á oscuridad ó infortunio, para volar á su consuelo, llevándoles, con las virtudes humanas, con las ciencias útiles y las artes pacíficas, todos los dones de la abundancia y de la paz, para agregarlos á la gran familia del género humano, y para llenar así el más santo y sublime designio de la creación. Dios, en su misericordia, se ha dignado tener piedad de aquellos pueblos, y los esfuerzos de los pontífices de otros tiempos por atraerlos á la luz de la fe y los do congregaciones religiosas eminentes por sus trabajos apostólicos, han venido á cobrar nuevo vigor bajo los pontificados do Pío IX y León XIII y con la obra providencial del siervo del Dios Don Bosco, el Instituto Salesiano. Para el éxito de esta grandiosa obra no debemos olvidar que nada es tan necesario como la oración. Muchos son los estorbos, muchas la dificultades que le suscita el espíritu del mal. A la propaganda de las sectas se une la acción de los cristianos depravados. Si bien es verdad que las Misiones se sostienen con sólo las limosnas; no sólo de pan vive el hombre, ni es el pan el principal sosten de nuestros misioneros para el alivio de tantas penalidades y privaciones como sufren; lo que necesitan, más que comer, para tan arduas empresas, es el vigor de la voluntad, el fervor de espíritu, la perseverancia en el bien comenzado. Y esto que vale más sin comparación, se lo pueden dar aun los que nada poseen, pidiendo á Jesús y á María las gracias que necesitan, y ofreciendo con este fin sus buenas obras. Si el Señor, por las oraciones y buenas obras, se mueve á librar de tantos peligros de que están rodeados á los obreros de aquella viña inculta; si les da fortaleza de alma y el fervor de espíritu que se requiere para la predicación del Evangelio; si, finalmente, perseveran hasta morir, si es preciso, en la demanda, se habrá contribuido poderosamente á la conversión de las vastísimas regiones de la Patagonia y Tierra del Fuego. Oremos además por los ya convertidos en aquellos países, y pidamos sobre todo que cada uno de ellos se transforme en un apóstol para la conversión de los suyos, y que todos convertidos perseveren en el seno de nuestra santa Madre Iglesia. Esta esperanza sonríe sin duda á nuestro anciano Pontífice León XIII, como consta por sus palabras á los Misioneros salesianos y en particular al Ilusivísimo Señor Don Juan Oagliero, Obispo de Mugida y Vicario Apostólico de la Patagonia. Esta esperanza debemos abrigar en nuestro corazón los católicos al considerar los frutos obtenidos en breves años y la manifiesta protección de María Auxiliadora. EL CONGRESO EUCARISTIA) DE JERUSALÉN La Iglesia ha alcanzado un verdadero triunfo en Jerusalén. Los peregrinos que en tal ocasión llegaron á la Ciudad Santa, dirigidos por los P. P. de la Asunción, unidos á los que venían de Oriente y otras partes, prestaron al Congreso lina asistencia de más de 2000 personas. El número de Patriarcas, Arzobispos, Obispos y abades mitrados llegó á 40. Delegados de las diócesis más importantes del mundo entero, notabilidades eclesiásticas y laicas de diversos países de Oriente y Occidente dieron un carácter singularmente importante á las asambleas. A los 400 sacerdotes de la peregrinación europea se unían los sacerdotes orientales, el clero secular y regular de Palestina, llegando á ser más de 4000 los sacerdotes, de los cuales 400 religiosos de órdenes. — 133 — Ingreso del Legado del Papa. El día 13 de mayo, á las tres de la tarde, hizo su entrada solemne en lacindad el cardenal Legado, concurriendo el Consulado francés y las delegaciones de los otros Consulados, todos de uniforme. Las autoridades y el ejército turco cou sus generales y toda la población escoltaban al Legado, á quien recibió el Patriarca en la puerta de la ciudad con cincuenta Obispos, todo el clero, comunidades religiosas y peregrinos de varias naciones. Por todas partes se oían exclamaciones de ¡Viva León XIII! ¡Viva el Legado! Tocios fueron al Santo Sepulcro en solemne procesión, y allí se cantó el Te Demn. La ovación fue inmensa. El Iulo. P. Jerónimo de Sigean , Vicario General de los franciscanos, pronunció un hermoso discurso de bienvenida. Las Sesiones. El Congreso Eucarístico se celebró en la iglesia de franciscanos del Salvador y abrió sus sesiones el Obispo de Lieja , Mons. Doutreloux, con un discurso en que trató de la piedad cristiana, la cuestión social y la significación religiosa de la Tierra Santa. El Patriarca griego, Gregorio, leyó una memoria acerca del Santísimo Sacramento en la antigua liturgia griega, y la Misa de los presantificados, que si en la Iglesia latina se celebra el Viernes Santo, en Oriente se observa durante muchos días de la cuaresma. La fiesta del Corpus data en esta Iglesia desde el siglo- XIV. También se habló de la gran solemnidad de la procesión del Corpus en Zaariet, adonde concurren peregrinos de todas las regiones de Siria. El Patriarca latino de Jernsalén, Monseñor Piavi, recordó las glorias de la Santa Ciudad y los esfuerzos de León XIII por la unión de ambas Iglesias y á continuación leyó una monografía sobre la liturgia de Santiago; Mons. Gaigiry, o-bispo griego de Paneas, otra sobre la misma liturgia, y las de san Basilio de Cesárea y san Juan Crisóstomo; Monseñor Kandalafte,’obispo de Trípoli, disertó acerca de la liturgia siriaca: el Dr. Atanasio Aben Said, de la liturgia copta; el presbítero Martín, párroco de Ausage (Dróme, Francia) leyó una doctísima memoria sobre la liturgia eslava, muy aplaudida por los prelados de esta raza asistentes al Congreso. Mons. llahmain, arzobispo de Bagdad, trató de la liturgia siriaca y de la lengua sirocaldea, que era la que, en su concepto, hablaba el Salvador, como parecen probarlo algunas frases del mismo Evangelio. El 11 do. Padre Michel recordó varias Bulas y constituciones pontificias de los ritos orientales, especialmente de la titulada Allate sunt, del papa lienedetto XIV y de las últimas de León XlII. El cardenal Legado Langénieux pronunció un elocuente discurso dé clausura. Asistieron al Congreso, de la Iglesia maronita, el Arzobispo de Acre, el de Berito, el de Trípoli, el de Baalbek, el de Chipre y el Superior General de los monjes del Líbano; de la Armenia, el Obispo de Adana; de la Caldea, el Arzobispo de Kerkuk; y las Iglesias abisi-nia y copta estaban representadas por dos sacerdotes. Otras funciones. Cada mañana se celebró, bajo la presidencia del Cardenal Legado, misa solemne en rito diferente, pontificando el último día dicho Cardenal en la iglesia del patriarcado, rodeado de los Obispos con sus mitras, ornamentos é insignias. Todas las noches, terminada la sesión de la tarde, se hacía una procesión espléndida del Santísimo Sacramento en las Comunidades de Jernsalén, cou asistencia del Cardenal, gran número de Obispos y centenares de sacerdotes. Los peregrinos, los fieles y los establecimientos católicos con sus músicas realzaban la pompa de esas grandes manifestaciones de fe y amor al Santísimo Sacramento, hechas al aire libre, á la vista de Jernsalén. Hay que añadir á todo eso el Viacru-cis solemne, á través de las calles, el viernes, con dos grandes cruces. Los Obispos, en número de doce, llevaron una al rededor del santo Sepulcro. El Congreso ha superado todas las esperanzas: ha sido un acontecimiento verdaderamente extraordinario que no dejará de tener consecuencias importantísimas para las relaciones religiosas del Oriente y del Occidente. Desde el punto de vista de la unión y del retorno posible de los cismáticos, es una semilla, una preparación preciosa. Se han contado hasta trienta sacerdotes de las Iglesias cismáticas en — 131 — tre los asistentes á las reuniones del Congreso. Este envió al Papa el siguiente telegrama : A Su Santidad León XIII. — Vaticano. « Los Patriarcas, Obispos y más de dos » mil presbíteros, y los líeles de Oriente » y Occidente reunidos bajo la presiden-» cía del Cardenal Langenieux, Legado > de la Santa Sede para* las fiestas eu-» mirísticas de Jerusalén, ponen á los > pies do S. S. el homenaje filial de su > amor y veneración, é imploran la ben-» dicióu del Pastor Supremo. « líl Presidente del Consejo permanente de las Obras Pucarísticas. » Asilo de Belén. Muchas y muy importantes visitas llegaron al Asilo salesiano de Belén con motivo del Congreso Eucarístico en Jerusalén; m uchos fueron losprelados que lo honraron con tomar allí alojamiento, siendo de notar, entre los más ardientes amigos y devotos de Don Bosco, al ilustrísimo Sr. Obispo de Lieja, nuestro insigne bienhechor, á Mons. Montes de Oca, obispo de Méjico y á Mons. Pampino, Obispo de Vercelli. Fausto anuncio. El fin principal de los Congresos Eu-carísticos es promover el honor y devoción á Jesús .Sacramentado. El promotor de estos Congresos filé Mons. de Segur. El Io tuvo lugar en Lila en 1881; el 2” en Aviñón en 1882; el 3o en Lieja en 1883; el 4° en Friburgo en 1885; el 5″ en Tolosa en 1881»; el (»“ en Anveres en 1889; el 7“ en Nápoles en 1891; El 8″ es el recientemente verificado en Jerusalén. Se nos anuncia que los Arzobispos y Obispos del Piamonte, reunidos en Vercelli, á mediados de junio último, establecieron unánimemente celebrar el 9” Concilio Eucarístico el año de 1894 en Turín, la ciudad llamada del Santísimo Sacramento. TIERRA SANTA (BELÉN) La Obra Salesiana de la Santa Familia. (Del diario El Tiempo, de Méjico). Sr. Lie. D. Victoriano Agüeros, Director de Fl Tiempo. — Méjico. Muy Señor mío y fino amigo: En los seis meses de estadía en este nuevo viaje á Méjico, muchos de los amigos y bienhechores de la Obra déla Santa Familia de Belén me han pedido noticias acerca de ella, no sin grata satisfacción de mi ánimo, pues esto revela que en los corazones mejicanos no es pasajero el interés que toman por las obras que se emprenden para la gloria de Dios y el bien del prójimo. Tuve para cuantos me hablaron ó escribieron muy buenas noticias que darles: pero siendo muchísimos y casi incontables los bienhechores de la Obra y no menos grande su interés en saber de ella, como no me sea pcsible verlos á todos personalmente, pienso hacer cosa grata en decírselo por el órgano del muy acreditato periódico de Usted , cuyas columnas me prestó en otro tiempo, con tíña y exquisita bondad, para dar á couocer la importancia de la Obra, así como su progreso y desarrollo. Tengo que comunicarles hoy noticias de nuevos y consoladores adelantos. El día 27 del mes de Junio de 1891 es la fecha de un acontecimiento bien grato en los anales de la Obra de la Santa Familia de Belén: en ese día unos hijos del siervo de Dios, el Sacerdote D. Juan Bosco, es decir, tres Padres Salesianos desembarcaron en el puerto de Jafa y pisaban por primera vez la Tierra de Promisión , con rumbo á Belén, al establecimiento de la Santa Familia, en compañía del livdo. Padre Belloni, que filé su fundador, el cual había ido á Turín (Italia) para traerlos. Ese día fué día de regocijo para cuantos conocían á los Salesianos, la altura de su misión en el mundo entero, y las necesidades de Palestina. A ellos debían seguir otros. Voy á explicarme. A mi regreso á Belén, en el mes de Julio de 1890, encontré los establecimientos de Belén para artes y oficios, y los dos de agricultura en (Jremizán y en Beitgemal, muy llenos de niños huérfanos salvados de la miseria y de la perdición, repartidos en los tres establecimientos, según su inclinación y edad, ávidos de couocer á Dios y de instruirse en algún arte ú oficio. El personal directivo atareado con tanta juventud era poco é insuficiente : sus fuerzas se veían agotarse cada — 135 — día más: era por esto imperiosa la necesidad de algún refuerzo. ¡Dónde hallarlo?….. El clero de Palestina no llena las necesidades de la Diócesis, en la cual eran y son todavía muchos los pueblos cismáticos que piden al misionero católico para ayudarles á volver al redil de la Iglesia: de ese escaso clero’ nada teníamos que esperar. Los colegios en Europa, aunque eu buen número para formar misioneros para la propagación de la fe, cuentan con muy pocos alumnos-para tantas mies de un extremo al otro del mundo: era también inútil esperar ayuda de este otro lado. No nos habría quedado otra salida que la de traer á Belén personal pensionado, que no habría nunca correspondido á las exigencias de la Obra; y á más de eso ni recursos había para ello. ¡Qué hacer pues! Las necesidades eran urgentes… En esos momentos Dios, sí, Dios sin duda, vino en nuestra ayuda, inspirándonos el pen semiento de dirigirnos á la Casa Central de los Salesiauos en Tarín (Italia), y proponerles la agregación de nuestra familia á la de ellos, la fusión de las dos familias en una. La Obra de los Salesiauos, fundada por el santo sacerdote D. Juan Hosco, es muy conocida ; no hay para qué yo lo repita aquí: su misión era, y es todavía, la misma que la nuestra en Belén ; es decir, recoger niños pobres, abandonados, educarlos en la religión y en el trabajo, artes y oficio, enseñarles música, agricultura, etc., y aun promover entre ellos las vocaciones al estado eclesiástico. La Pía Sociedad Salesiana tiene institutos con este mismo benéfico y grandioso objeto en todas partes del mundo: el personal de que dispone es bien apto para todo, y numeroso, aunque no tanto como se desea, para poder responder á las mil solicitudes que á dicha Sociedad se hacen constantemente de todos puntos, de Señores Obispos y hasta de los mismos Gobiernos civiles en la América del Sur en modo particular. absorbiendo la mayor parte de su personal la misión de toda la inmensa región de la Patagonia y la Tierra del Fuego, dividida en dos Vicariatos Apostólicos y en una Prefectura Apostólica, á más del nuevo Vicariato Apostólico del vasto territorio de Méndez al Oriente de la República del Ecuador. Con todo, el Superior General, el Sr. Dr. D. Miguel Rúa, dió buena acogida á nuestra solicitud , y en pocas semanas, de acuerdo con la Santa Sede, cuyo beneplácito se necesitaba, y con el del limo. Patriarca de Jerusaléu, Mgr. Piavi, se realizó la deseada unión ó fusión de las dos familias, la de la S. Familia de Belén con la de los Salesiauos de Turin, continuando nuestra Obra bajo el mismo piadoso y por cien razones justo título de « Santa Familia de Belén. » A los tres meses pudieron ser mandados á Belén 30 Salesiauos, unos sacerdotes, otros jefes de talleres, otros agricultores, unas Hermanas de María Auxiliadora, y también algunos estudiantes de Filosofía y Teología, éstos últimos para que á la vez que hicieran tales estudios, pudiesen dedicarse á los de la lengua árabe, la cual es muy difícil, y se hallasen así aptos, á su tiempo, para la enseñanza del catecismo y la predicación á los alumnos, y para atender también, con fruto de las almas, al servicio de la hermosa nueva iglesia del Sagrado Corazón do Jesús anexa al Instituto de la Sagrada Familia eu Belén, á cinco minutos de distancia de la Gruta Sagrada en que nació nuestro divino Redentor. Ese personal, después de haber satisfecho su piedad cristiana en visitar los santuarios principales de los Santos Lugares, fué repartido en las tres casas, y trabaja desde entonces con ahinco y abnegación heróica, en unión de nuestro antiguo personal, para la gloria de Dios y el bieu de la juventud desvalida de Palestina. Esto no es todo. Con la fusión de las dos familias, la Obra logró una cosa más y de alta importancia y es su perpetuidad. ¡Cuántas obras se deshacen y caen por completo á la muerte de sus fundadores….. ó cuando menos pierden de vista el primitivo objeto de su fundación. Hoy, la nuestra, que tantos sacrificios ha costado á sus fundadores y bienhechores, entre quienes figuran en primera línea los Mejicanos, aquella Obra que de tantos ataques que le movieron las potencias infernales, salió siempre vencedora, la Obra de la Sagrada Familia de Belén tendrá la vida de los siglos, como las demás instituciones dirigidas por Congregaciones religiosas aprobadas por la Iglesia: tal es la de los Salesiauos: y esa vida será fecunda en el bien, pues allí en donde la Iglesia pone su sello, brotan manantiales de prosperidad y salud. Y al decir esto, el corazón me dice que día ha de llegar, y no será muy lejano, en que los Salesiauos lleguen á favorecer con su caridad á la juventud de la Siria del Monte Líbano, regiones de las cuales habíamos nosotros recibido, hace años, reiteradas solicitudes para establecer allí institutos como el del asilo de Belén ; y bien que no pudimos aceptarlas por falta de personal, hoy que el porvenir se nos presenta más Halagüeño, deseamos de todo corazón que la ¡ ciudad de David, la mil veces querida Belén, sea de veras la cuna de los nuevos bienhechores del Oriente, como fué’un día la bendita cuna del Salvador del mundo, y que sea también el lugar de reposo para los Misioneros Salesiauos que vayán á las Indias, , China y Japón (en donde se les aguarda con impaciencia desde hace no pocos años) para I inspirarse en el espíritu de sacrificio allí en donde derramó sus primeras lágrimas para la salvación del mundo el Hijo de Dios y de la Virgen Santísima de Nazaret, y para retemplar los que vienen de aquellas regiones, sus corazones, sus almas, su fe, su caridad, en aquella cuna de fe y caridad y de religión santa, que es la patria del Salvador, Belén. Si es Alejandría de Egipto el puerto de reposo para los mercaderes y navios que van al Oriente y vienen al Occidente , sea Belén , á pocas horas do distancia. el puerto de descanso de los nuevos apóstoles, los Salesinnos : sea Jerusalén , el Calvario, su faro salvador en sus idas y venidas… Los dos fundadores de la Sagrada Familia de Belén, entre los cuales me cabe la honra de haber sido uno, están orgullosos de haberles preparado Casas é Iglesias. Pero con haberse dichas Casas agregado á los Salesiauos, no quiere decir que ya no necesiten vivir más de la caridad pública ; no, sus necesidades, al contrario, han aumentado grandemente y aumentan cada dítí en proporción de la importancia que va adquiriendo la fusión de las familias, como arriba lo he expresado, y del desarrollo de la Obra, que es su lógica consecuencia. Necesitamos, pues, recursos siempre, mientras hay huérfanos y desvalidos que protejer. La Obra de la Santa Familia sigue orando por sus bienhechores presentes, y también por los pasados , celebrando para vivos y difuntos las misas fundadas en perpetuidad. Su gratitud, pues, como se ve, será eterna; y sigue pidiendo á Dios que vengan nuevos cooperadores ó que se enciendan los corazones de los primeros para hacer mayores actos de caridad. Ya tienen más de una prueba de que sus limosnas no quedaron perdidas, y que dieron al contrario frutos consoladores de gracia y salud; y si han sido bien empleadas eu lo pasado, lo serán mucho mejor en adelante. Hé aquí, señor Director, ¡o que he creído útil, ó más bien, interesante, decir á los incontables amigos míos personales y á los de la Obra de la Santa Familia. Me figuro que todos han de quedar contentos y satisfechos de este nuevo paso y de la nueva vida en que ha entrado la Obra, como contentos hemos quedado nosotros, y con nosotros las respetables autoridades eclesiásticas de la Tierra Santa y la Santa Sede de Boma: seguro estoy que todos bendecirán con nosotros la mano del Señor, que tan visiblemente proteje aquella Obra, fundada por la caridad cristiana. Reciba, U. Sr. Director, mis expresiones de profundo respeto y sincera gratitud. S. A. S. S. y C. Rafael M. Piferni. Colegio Sulesinno. Alameda de Santa María de la Rivera, 24 de inar.o de 18S3. COLOMBIA Lazareto de los leprosos de Agua de Dios. Del diario titulado El Orden tomamos los párrafos siguientes, de un artículo publicado, el 15 de marzo, por el señor D. Angel M. Gaitán : La virtud y el talento, motores poderosos del mundo moral, que inspiran respeto y subyugan sin hacer sentir el imperio de su poder, sino de una manera suave y benéfica, no pueden contemplarse sin una mezcla dé admiración y reverencia, como emanación de un Sér Superior, que rige los mundos con armonía niara villosa. Este es el modo como estimamos la Congregación de los Muy Reverendos Padres Salesianos, que con talento especial, apiadados de nuestro infortunio, nos prodigan toda clase de consideraciones y consuelos. El Todopoderoso, que vela hasta por la última de sus criaturas, nos manda á este refugio del dolor su protección amante. Parece que el inmortal Don Bosco, viendo los brillantes propósitos de sus dignos hijos en favor del desvalido, interponga sus preces para que las grandes aspiraciones de aquéllos se realicen. Honorable y hermoso grupo de nobles bienhechores rinde en este asilo culto á la virtud por excelencia : la Caridad. El Muy Reverendo Padre Miguel Unia, verdadero ministro del Señor, que nos acompaña hace año y medio, ha conducido por la senda del progreso moral y material el Establecimiento; es infatigable en la sublime tarea que se ha impuesto ; en su alma elevada y su hermoso corazón abriga los más generosos sentimientos. A imitación suya, el Muy Reverendo Padre Rafael Crippa, desde Italia, concibe la idea heroica de venir al Lazareto á compartir con nuestro querido Capellán las fatigas y. desvelos que minan tan preciosa existencia. Ha comenzado por las prácticas más humildes de la religión , auxiliando á los moribundos en sus últimos instantes de vida y administrándoles la extremaunción como si hiciera tiempo viviera en estas regiones. Caritativo y humilde, es un espíritu bienaventurado; le acompaña el Hermano Juan Lusso, no menos caritativo y generoso. El Reverendo Padre Crippa atenderá el Curato de Nilo, sosteniéndose de sus emolumentos, por exigirlo un rasgo de exquisita delicadeza del Reverendo Padre Unia, y con residencia en este lugar. De este beneficio también le somos deudores al Superior general de la Congregación, Reverendísimo señor Don Rúa, que los envió, movido por el cariño de padre que nos profesa. Toda expresión de elogio es insignificante — 137 — ante la grandiosa obra de nuestros bienhechores; todo encomio pálido ante el brillo de sus virtudes. Al Dispensador de todo bien corresponde, allá en la mansión del infinito, darles su merecido galardón. * ♦ • De una larga é interesante corresponden cia publicada en El Telegrama, con fecha 28 de marzo, por el Sr. D. Luis G. Bivas reproducimos las líneas que van á continuación. Empezando su excursión por Copó , residencia patriarcal de la familia, Vergara, y mansión del señor Don Jorge, quien con uu espíritu verdaderamente cristiano, dirigeé impulsa todas las fuerzas que mantienen en vigor este Asilo de dolores, siguió viaje á Juntas de Apulo y á Toe.aima. Tomadas aquí las caballerías, dice el Sr. Bivas, dos horas más tarde divisábamos el blanco campanario que airoso levanta la cruz consoladora, único emblema, única faz que se alza sin abatirse en el Lazareto de Agua de Dios. Nos apeamos tras un año de ausencia en los umbrales de la casa del Padre. Unía. En vez de la roja arena que rodeaba la modesta casa pajiza, se veía verde grama imperial que refresca al calcinado viajero: al triste ramaje del guarumo ha sucedido el erguido habauo ó la caprichosa bellísima que con su vistoso ramaje forma cortinas al penetrar en las habitaciones. El Padre Unia nos recibió con los brazos abiertos: « Apretad sin recelo, nos dijo, me he puesto la sotana nueva de dril para recibiros. » Acabábamos de sentarnos, cuando se. nos presentó un niño que nos entregó, á nombre del señor Enrique Aguilera, el más diligente y servicial Administrador que ha tenido el Lazareto, una atenta carta de bienvenida. A las seis de la tarde se sirvió la comida: presidía la mesa el Padre Unia, á su derecha el señor Vergara, á su izquierda yo y al otro extremo el Reverendo Padre Rafael, salesiano también, sacerdote modelo en silencio y en indulgencia. Rodó naturalmente la conversación sobre los escasísimos recursos con que contaban para aliviar sus necesidades la azotada población y sus moradores. Largo rato permanecimos cabizbajos, después de la comida, midiendo la unción divina que necesita un hombre para abandonar el mundo, la sociedad, la familia, los más caros afectos, las más gratas ilusiones, los goces más delicados y escondidos, para consagrarse en absoluto y de por vida al servicio de enfermos demacrados, cuya facciones están surcadas por las úlceras, y cuya conciencia está despedazada por el dolor y por las decepciones. La bondad divúaa de la religión del Calvario no puede comprobarse á los ojos profanos sino con ejemplos de personas como el Padre Unia que miden en su talla tal altura moral. Después de Jas once nos retiramos á nuestras sendas habitaciones; fatigado me recosté en una hamaca, sin poder alcanzar el sueño que me rodeaba, sin tocarme. Tres largas horas de meditación y de angustias percibí algo como la marcha fatigosa do nuil caravana en el desierto : respiraciones entrecortadas y anhelosas: pisadas como de cabalgaduras sofrenadas; carreras de niños y descargas de objetos voluminosos y pesados; al mismo tiempo una atmósfera cargada de miasmas llenó la habitación , y pocos momentos después se oían las acociles notas de una ruidosa serenata, con que los enfermos de Agua de Dios festejaban agradecidos mi llegada : se unían á la voz dulcísima de la interesante Carmelita Silva, ciega y paralítica, las vibrantes notas de la garganta privilegiada de Alejo García, hasta la cual uo ha llegado la acción destructora del contagio; las guitarras, las bandolas y los violines eran rasgados por dos ulcerados ; las últimas teclas del armonio no las alcanzaban los ‘encogidos miembros. .En el fondo y en el conjunto de esta serenata había una armonía indescriptible que sólo el exceso del dolor puede producir. Por entre las rejas de la ventana distinguíamos el cuadro pavoroso que llamas rojizas realzaban en vistoso tropel. La danza macábrica soñada por Saint-Saeuz apenas igualaría á la fiesta nocturna de los lazarinos. Sensación profunda nos produjo esta demonstración, especialmente cuando varios niños unieron sus voces al coro de los desgraciados. No podiendo corresponder personalmente á muestra tan obligante de cariño, recogí presuroso el necesario de viaje que llevaba mis iniciales y lo envié al señor Alejo García, quien «lirigía la serenata, con una tarjeta, diciéndole: que en la mejor jornada de. mi vida debía destinar esa cartera al cantor de Agua de Dios. Lució espléndida la mañana del 19; en compañía del Padre Unia y del señor Jorge Vergara, llegué al oratorio del Asilo; en la puerta principal dotaba la bandera colombiana: en las columnas laterales, gallardetes en que se mezclaban los colores de los pabellones italiano, francés y mejicano: ligero tributo de agradecimiento á la caridad del Padre Unía y de las Hermanas. Niveas y transparentes cortinas tapizaban todos los muros del oratorio salpicadas por macetas de bellísimas y de jazmines del cabo, que con su aroma tropical perfumaban el recinto sagrado. El Padre Unia revestido con nuevo y morado ornamento, oficiaba. Las cuatro Hermanas de la Caridad dejaban por primera vez sus enfermos y se arrodillaban en la puerta del oratorio: en la primera pieza de la izquierda estaban colocados treinta niños con mejillas aperladas, con la — 138 — bios risueños, los cuales ensayaban, por primera vez, el aislamiento, y carecían ya de los cariños y cuidados de sus padres. En silencio pasó el Santo Sacrificio, pero al recibir la comunión las Hermanas de la Caridad y el señor Jorge Vergara, llenaron el espacio de las notas angelicales de un himno que acompañaba el armónio y que sólo interrumpían los sollozos lejanos de las madres de los asilados, colocadas en el corredor exterior. En mi humilde concepto el padre Unía es nuestro padre Damián. • ♦ Volvamos al Asilo: Situado á cinco cuadras de la plaza do la población ; en lugar apropiado para aprovechar el agua del acueducto; separado del camino y de la calle que lo circunda por un estrecho jardín unido por angosto pasadizo á la casa pequeña destinada al servicio de las Hermanas de la Caridad y en la cual luce hoy como esmaltada joya, el modesto oratorio. El Asilo no está todavía concluido. Terminado el Asilo podrá contener cien niños. Fui invitado á las doce de ese día por las Hermanas de la Caridad para visitar el Hospital en compañía del padre Uniu y del señor Vergara. Las Hermanas nos recibieron por turno, pues en la misma forma debían atender el premioso servicio del establecimiento. Cuatro señoras, con toda la delicadeza de una educación esmerada, con todos los encantos que dan la virtud y la belleza, hacen el servicio sin ayudantes, siu pajes, sin sirvientas. Es decir : cocinan, lavan, aplanchan y muchas veces acarrean los víveres para ochenta personas; en la noche, terminadas las rudas faenas del servicio económico interior, lavan á los leprosos, limpian de gusanos, vendan las úlceras, colocan para el reposo los miembros adoloridos y una oración repetida por bocas ulceradas lleva el único consuelo posible al corazón de tantos desgraciados. A esas cuatro Hermanas debe el pueblo colombiano entero pagarles con agradecimiento indestructible, las lágrimas que enjugan y los dolores que disipan. Con solícito interés, preguntamos el señor Vergara y yo á las Hermanas, qué necesitaban, en qué podíamos servirlas. En nada, nos dieron, estamos contentas y esperamos ensanchar nuestros servicios el día en que el padre Unía realice la obra redentora ya emprendida de construir, dos nuevos tramos y una capilla en el antiguo hospital. Este edificio será llamado, con el tiempo, el del óbolo nacional. Oreemos, con entera conciencia, que entre los problemas fiscales más difíciles y graves que tiene que resolverla actual Administración ejecutiva, inclusives el déficit que dejó la pasada y las reclamaciones é indemnizaciones á la Compañía del Canal, se cuenta como el primero, por humanidad, por necesidad imprescindible, el del sostenimiento y organización de los lazaretos. El terrible azote lastima hoy á todas las clases sociales, á todos los gremios alcanza el desastre. No sabemos si los azúcares de Santander, los frutos y harinas del Valle de Tenza, los variados víveres del inmediato valle de Rio-negro, el tabaco de las hoyas de Magdalena, traen á la boca el peligroso contagio. Desde hace largo tiempo hemos estado recogiendo y solicitando datos y podemos asegurar, hoy, con honrada franqueza, que los lazarinos existentes en la República de Colombia pasan de 22,500. Abrumadora estadística: el cruelísimo mal, la peor de las desgracias humanas conocidas, aflige hoy á 25,000 ciudadanos que podían ser útiles á su patria, y que, en vez de serlo á la industria, gan-grenan en silencio todos los hilos de la tela social. Santa es la caridad, es cierto, entre nosotros ; pero ella no alcanza, por milagrosa que sea, á alimentar permanentemente su lámpara bienhechora. Pronto, pronto, esa lámpara se extinguirá ó se carbonizará por falta de alimento. Se ha cubierto con fragmentos de telas de olán, con flores de azahares, con algunas joyas, con dádivas relativamente insignificantes ante la magnitud de la necesidad, la llaga social, cuya superficie puede velarse; pero que corroe ocultamente las entrañas de la nación. El mal crece con la sorprendente rapidez cou que se multiplican lo cálculos geométricos, añadiendo cifras á las cifras. La Junta de Benellciencia, la Sociedad de San Lázaro, el Síndico del Lazareto han hecho muchos bienes, no se puede negar, pero los remedios aplicados son insuficientes, completamente insuficientes. ♦ * * Del mismo periódico tomamos lo siguiente: El día 30 de Noviembre próximo pasado embarcó en Hamburgo el señor Don Guillermo Doítilzweig, diez y siete bultos de mercancías destinadas al « Lazareto colombiano de Agua de Dios. » El obsequio en sí revela la bondad del donante, y nos limitaríamos á darle nuestras expresivas gracias á nombre de los pobres enfermos y de todos los Colombianos si la elase de los objetos enviados no demostrara además su singular nobleza de carácter. En efecto con cariñosa solicitud ha buscado no sólo el proporcionar abrigo á los pobres enfermos, sino que hay detalles dignos de una alma templada, como la de él, por el celo de la verdadera caridad cristiana: Envía trajes y juguetes para los infelices niños y acaba su factura con Unas varas de tela — 139 — negra para un hábito del muy Reverendo Padre Unía. Cuánto consuela que en el viejo como en el nuevo mundo conmuevan aún las grandes virtudes. Esta parte del obsequio, la agradecemos especialmente, porque especial es el reconocimiento que los Colombianos tenemos á este apóstol de Don Bosco que se ha consagrado á aliviar á nuestros desgraciados hermanos, despreciando los dolores que le amenazan. ESPAÑA LA OBRA DE DON BOSCO Capítulo III. La Obra de María Auxiliadora. — Ejercicios de 188(5. Preparativos .para el hospedaje de D. Bosco. — Don Boseo eu Barcelona. — Afectos de Da Dorotea. — Don Bosco en Sarria. — Comunica Da Dorotea sus gratas impresiones á la M. M“ Teresa. — Ovación de Barcelona á D. Bosco. — Promesa que hace á Dl Dorotea D. Bosco al salir do Barcelona. — Las Hy’as de María Auxiliadora en Sarriá. — Ejemplos de virtud de Da Dorotea. — Es de nuevo invitada i Tnrín para suplir la falta de D. Bosco. — Rehúsa tanto honor. — Negocia la fundación en Barcelona de un colegio salcstano para niños pobres. — Construyese en la calle do Eloridablanca. — Abundantes frutos que produce. 1886. A principio de lebrero de este año de 18S6 tuvo D“ Dorotea la inefable dicha de ver abiertos los cuatro talleres, que el año anterior se habían construido; y luego dió principio á otra obra , no de edificio material, sino de auxilio espiritual con la cooperación de muchas personas á un fin muy excelente, que forma parte del fin total de la Obra de D. Bosco. Tal fue la institución de una conferencia de señoras, que tomasen parte en la « Obra de María Auxiliadora, » establecida por el varón de Dios con el objeto que aquí diré. Habíase D. Bosco fijado en el hecho, tristísimo por cierto, de la notable diminución de vocaciones al estado eclesiástico, las cuales se van haciendo más raras á medida que la impiedad va extendiendo su dominio por todas las clases sociales. Movido, pues, del deseo de remediar tan grave daño, estableció la llamada « Obra de María Auxiliadora, » asociación que se compone de tres clases ó categorías de miembros (1), titulados « oferentes, » « correspondientes » y « bien- (1) D. Hosco y su Obra, loe. cit. hechores, » y encaminada á promover y proteger vocaciones eclesiásticas. Los medios de que se vale la asociación para realizar su pensamiento son cuatro: 1° la oración para pedir al Señor de la mies, que envíe obreros á su campo: 2a la limosna á los estudiantes que por su pobreza no pueden seguir su vocación al sacerdocio; 3° la formación de patrimonio eclesiástico á los que carecen de medios y no tienen otro título de ordenación; 4″ finalmente la vigilancia sobre los jóvenes que aspiran al estado sacerdotal, ú fin de impedir que las distraciones inunda-nales ahoguen en ellos las inspiraciones de la gracia y se les desvanezca la vocación. Esta obra fue sumamente elogiada por Pío IX y por él mismo enriquecida con copiosas gracias espirituales á favor de los que loman parte en ella. Apenas la hubo establecido D“ Dorotea en Barcelona, comuuicósele la nueva que más grata podía ser á su corazón. Don Bosco quería con sus propios ojos contemplar la obra de Sarriá, que tan rápidamente progresaba ; no quería morirse sin conocer personalmente á la señora, que tan de antemano el cielo le había representado como la gran cooperadora de su institución…………….. El afán con que era esperado no solamente por Da Dorotea , sino también por todos los bienhechores que contribuían con sus limosnas al desenvolvimiento de la obra Salesiana, era vivísimo. Ya en libros y periódicos se hablaba de D. Bosco como de un varón de rara santidad y del hombre providencial de este siglo, enviado por Dios para bien y remedio de la clase obrera, la cual se veía abandonada de los hombres y arrastrada por el torrente desbordado de la impiedad á abandonar á Dios y renunciar á la divina herencia, que sin acepción de personas está preparada en el cielo para el hombre, que obra conforme á su alta dignidad de hijo de Dios. Poro no hay duda que en D* Dorotea el ansia de conocer á Don Bosco, de oír sus palabras, de gozar de su presencia , eran tanto mayores, cuanto su espíritu estaba más indentilicudn con el de I). Bosco y comprendía mejor la grandeza de su misión. En cuanto D. Branda, Superior de Sarriá, supo el día fijo de la llegada, el cual estaba : muy próximo, envió á la buena señora un recado participándoselo y representándole ¡ que carecía de muebles y adornos para po-I nei- tina sala con la decencia conveniente á las personas que sin duda pasarían á visitar á D. Bosco en Sarriá. El tiempo urgía y la cosa no admitía dilaciones. Contéstale D* Dorotea : « No se apure V. Subiré, y lo arreglaremos todo. » Y en efecto: al instante mandó allá pintores, que adornasen una sala, é hizo trasladar muebles ricos de su casa I para colocar en ella. — 140 — Llegó á Barcelona D. Bosco el G de abril de este año de 1886, tres días después que D‘l Dorotea había dado fin á sus ejercicios: fue á apearse en la casa de su devota en la calle de Cortes. La buena señora no sabía lo que le pasaba con la presencia de tal huésped, cuya santidad reconocía: y la que entre las demás personas caritativas, que se le asociaban para sus buenas obras , descollaba por la elevación de sus pensamientos y lo heroico de su caridad y beneficencia, delante de D. Bosco parecía una niña que ni á hablar acertaba; y esto, no por encogimiento natural, sino porque en su humildad se tenía por nada en la presencia del varón de Dios. Todo su afán era mirarle, oírle, agasajarle, y aprender de cuantas palabras profería y cuantas acciones ejecutaba. Por la tarde le llevó en su coche á Sarriá. Allí admiró Don Bosco la liberalidad de la señora, que en dos años había dado tal desarrollo á su benéfica obra. Rodeáronle sus hijos; los niños de los Talleres no sabían apartar la vista de aquél cariñoso padre, que sin conocerlos les había procurado tanto bien ; la muchedumbre de bienhechores acudieron á ver y tratar á aquel hombre extraordinario, cuya fama se extendía ya por toda Europa y gran parte de América. Todos se disputaban la honra do ver y hablar á D. Bosco. Teníase por dichoso el que alcanzaba sentarse á la mesa con él. La pobreza de la casa hacía un vivo contraste con lo distinguido de las personas de la mas elevada sociedad que la frecuentaban. D“ Dorotea proveía á todo. Ella, cual solí cita Marta, por sí misma y por su criados preparaba los platos que se habían de servir á D. Bosco y á los que lograban la suerte de comer con él. Para no fatigar al buen anciano, se abstenía de hablarle con la frecuencia que se deseaba, contentándose con contemplarle y oírle, y recibir sus bendiciones, Al recibir esta carta, no se dió D* Dorotea punto de reposo hasta que hubo hallado local apto para hospedar á las Hermanas de María Ausiliadora. Alquiló por de pronto una pequeña torre, entretanto que iba buscando lugar á propósito para que se estableciesen en él y estuvieran de asiento. Oró ella y pidió á otros oraciones para alcanzar de la Santísima Virgen indicase el sitio en donde quería se lijasen sus Hijas. Bien pronto pudo comprarse una tinca, contigua á la que ocupan los Talleres Salesianos, ofreciendo D* Dorotea para su compra la cantidad de quiuce mil duros. Por octubre de este mismo año llegaron de Turín á Barcelona cuatro Hijas de María Auxiliadora; y al poco tiempo de haber tomado posesión del nuevo edificio, de tal manera quedó lleno todo el local y ocupado por niñas, que fué preciso pensar en agrandarlo. No deseaba otra cosa D“ Dorotea. Llama al Sr. Granell Para que levante planos y naga presupuestos, y á los pocos meses tuvieron las religiosas levantada una capilla y espaciosas salas para las clases de las uiñas. D* Dorotea amaba á las Hijas de María Auxiliadora con afecto verdaderamente ma ternal, ya por ser su instituto Anidación de D. Bosco, ya por la entrañable devoción que tuvo á la Virgen Santísima venerada con el título de Auxilio de los cristianos. Con frecuencia la oían repetir las Hermanas esta frase: « Yo la amo mucho á María Auxiliadora. » En las calamidades, así privadas como públicas, le hacía novenas con gran fervor. Puso una estatua de María Auxiliadora en el jardín de la casa, y nunca salía de ella sin rezarle tres Avemarias. Si alguna vez se olvidaba de esta devoción, al caer en la cuenta de su olvido, volvía atrás á rezarlas. « Acostumbraba, » dice una de estas religiosas, « acostumbraba D‘ Dorotea venir á visitarnos muchas tardes, y agradecía (pie le ofreciésemos algo para merendar. La primera vez que esto sucedió, como no cono-ciamos su costumbre y su gusto, le ofrecimos por creerlo lo más á propósito para el caso un pocilio de chocolate con bizcochos. Al verlos, dijo en seguida: « Aunque tengo mala la dentadura, sin embargo el estómago lo tengo bueno para comer pan , como he siempre comido desde mi juventud; porque nunca he querido regalar demasiado mi cuerpo: por favor, pues, les pido me traigan un poco de pan. » Trajímosle el pan, y lo comió con gusto, repartiendo los bizcochos entre los nietecitos que traía consigo. » Otra vez dio á las Hermanas un raro ejemplo de pobreza. Subió uua tarde D“ Dorotea á la sala de labores donde trabajaban las niñas, con las cuales solía tener sus complacencias. « Ofrecióse ocasión, » dice la mencionada religiosa, « de tener que arreglar un paquete para entregárselo. No encontrando en aquel momento un hilo con que atarlo, cogí un ovillo de algodón para tomar dé él una hebra, y atar con ella al paquetito. D» Dorotea al instante me detuvo por el brazo, dictándome: « ¡Lástima! esta hebra puede servir para mejor uso: busque V. otro hilo inservible. » Al verse la Congregación Salesiana (1888) huérfana de su padre Don Bosco, dirigía espontáneamente sns ojos á su cariñosa madre. El año anterior rehusó D* Dorotea ir á la fiesta de María Auxiliadora, que presidió D. Bosco. Este año deseaban los buenos Padres que llenase tan profundo vacío la presencia de su madre de Barcelona. Parecióle á D* Dorotea muy justo tal deseo. No se negó á la invitación que se le hizo; y esto bastó para que se creyera que había aceptado: y la nueva de que iban á tener en Turín á D* Dorotea fue recibida con verdadero entusiasmo. De él da cuenta D. Miguel Rúa en carta de 27 de abril de 1888. « Don Carlos » (1), dice, « al llegar aquí y al darnos nuevas de V., nos dió la muy grata de (1) D. Carlos Viglietti, uno de los secretarios del difunto D. Bosco. que usted vendría á la fiesta de María Auxiliadora, como Priora de la solemnidad; y Don Branda, escribiéndome en los ultimos días, me confirmó la buena noticia. ;Qué Dios sea bendito ! Desde ahora los Salesianos con todos sus niños ruegan por V., pidiendo nue la Santísima Virgen cubra con su manto a V. y la libre de toda enfermedad y de todo peligro, cuando emprenda su viaje. Yo juzgo que este pensamiento le ha sido sugerido por nuestro queridísimo Padre D. Bosco que ciertamente se unirá á sus hijos á rogar por V. Apenas se publique el invito suero, luégo se lo enviaremos a V.: y V. nos escribirá el día en que tendremos la dicha de verla con los compañeros y compañeras que traerá consigo. » Y en la posdata añade: « Yo espero que á su llegada aquí ya tendremos noticias abundantes de la nueva fundación Salesiana en Talca. » Pero tan halagüeñas esperanzas salieron fallidas. La humildad de D» Dorotea se sublevó contra su cariño á los huérfanos PP. Salesianos. Los festejos y regocijos, de que hubiera sido objeto en Tarín , la hicieron desistir de su propósito; y asi se lo manifestó al sucesor de D. Bosco en la siguiente carta: « Bdo. P. D. Miguel Búa. — Barcelona, 16 mayo 1888. — -Muy estimado y respetado P. Búa: Abrigando la esperanza de hacer á V una visita, había dejado de contestar su atenta carta del 27 de abril: al presente tengo que decirle que no me es posible emprender este largo viaje, por tener el pecho algo delicado á causa de la tos que me atormenta. La Santísima Virgen me priva de la satisfacción que hubiera tenido en poder asistir á su tiesta: ella sabrá por qué: de todos modos aprecio en el alma su invitación, y deseo que á los niños se les dé una merienda en mi nombre, para cuyo efecto destino 500 francos, que remitiré á V. por una letra. » « Hubiera deseado tratar con V. de viva voz nna fundación que deseo se haga en esta, en un barrio muy pobre y desamparado; pero creo que V. comprenderá perfectamente, y por escrito será lo mismo. Tengo la intención de comprar un terreno que sea espacioso, y hacer allí una sala grande, que sirva de escuela y capilla, siendo la primera diaria, á fin de moralizar aquel barrio, que lo necesita mucho: para éste se podrían venir dos sacerdotes desde Sarria, y volver ó la noche, y los subvencionaría con 150 francos cada mes, durante cuatro años, en los cuales podrían ir buscando lecciones extraordinarias, y después ya poder subsistir por vida propia. » « Hemos hablado varias veces con el Rdo. P. Branda sobre la necesidad que tienen los Talleres de Barrió de una iglesia más grande que la que tienen, en la que no pueden colocar los niños externos por falta de local. Yo decía al P. Branda que después de haberlo Vdes. aprobado, fuese á Boma á pedir al Santo Padre su bendición, y que diese alguna alhaja que fuese buena, para con su producto empezar la .iglesia, y al mismo tiempo abrir aquí una suscripción, á fin de ir recogiendo fondos: yo empezaré á suscribirme por 5,060 pesetas, y me parece que algo se recogerá. » « Le estimaré á V. mucho que en mi nombre salude al Sr. Obispo Cagliero y á Don Viglietti, mandando V. como guste á esta — S. A. S. S. Q. B. .8. M. — Dorotea Chu pitea, Vda. de Serra. » Cuatro (lías después contestaba el P. Búa á la carta de Da Dorotea en los términos siguientes: « Turín, 20 de mayo de 1888. — Estimadísima Señora Dorotea Chopitea. — Muy querida madre, Doña Dorotea. — ¡Q.uó infausta noticia nos trajo la respetable suya del 16 del corriente mes! Esperábamos con gran gozo su venida ; ya lo habíamos dicho á muchas personas; ya preparábamos cómo recibir á V. de la mejor manera que nos fuese posible, pensando recibir á una madre querida, cuando nos llegó su carta, que cortó todas nuestras esperanzas. ¡Paciencia! Su salud no lo permite: debemos resignarnos á la divina disposición; mas esto no nos impedirá el rogar mucho en la tiesta de nuestra Señora Auxiliadora por V. y por todos los que la quieren. » « Nosotros recibimos con gran agradecimiento todo lo que su caridad quiera enviarnos; tanto más, cuando muchas, por no decir muchísimas, son nuestras necesidades. Que la Virgen Auxiliadora se lo pague centuplicado con una lluvia de gracias y bendiciones. Desde ahora nosotros le damos las más vivas gracias. » « Creyendo que vendrá al menos nuestro querido 1). Branda, no contesto aún sobre los dos asuntos de que me habla V. en la apreciable suya. Aquí trataremos con él, que bien conoce sus caritativos sentimientos, y haremos lo posible para secundarlos. » « Beciba, Sra. madre, la expresión de nuestro cariño y agradecimiento por todo lo que hizo hasta ahora y que hará en adelante por los pobres huérfanos y obras de Don Bosco; y viva segura de que como Don Bosco nunca se olvida eu el cielo de V., así sus hijos siempre se acuerdan de su amada mamá y ruegan por ella. — Su afino. — Pbro. Miguel Búa. » « P. D. Monseñor Cagliero no ha llegado todavía de su viaje á Boma y Sicilia. Lo esperamos el 22. Don Viglietti le envía distinguidos respectos, y le da nuevamente gracias por la bondad que tuvo hacia él eu su morada en Barcelona. » La respuesta dada en esta carta no satisfizo á D‘ Dorotea, la cual, sospechando si — 143 — habría alguna causa, que motivase la dilación, tal que no osasen los Padres declarársela, escribió al P. Rúa en estos términos: « Rdo. D. Miguel Rua. — Barcelona , 26 mayo de 1888, — Muy estimado y respetado Padre: también yo he sentido no poder asistir á la fiesta de la Santísima Virgen y hacerles á Vdes. una visita; pero Dios nuestro Señor no lo ha querido, mandándome esta tos, que me ha molestado estos días: es preciso conformarse con su divina voluntad. » < Tengo á la vista su estimada del 20 del corriente, por la que veo esperaba V. al Rdo. P. Branda, para decidir las dos peticiones que hacía á V. Siento este retardo; pero creo que el Consejo podría muy bien decidir esta cuestión : lo que no veo difícil, atendido á que aquí hay personal suficiente para llenar esta necesidad. Si tiene V. que hacerme alguna pregunta sobre el particular, podrá V. hacerlo con toda franqueza, seguro que yo no me resentiré por cualquiera objeción que V. me haga; pues trabajando para un mismo fin, que es la gloria de Dios, no podemos estar muy discordes, y poco á poco nos pondremos enteramente de acuerdo: pues á más de la escuela, podría haber un oratorio festivo, en el que se podría hacer mucho bien. » « En días pasados escribí á' V. remitiéndole una letra de 1500 francos sobre París, la que deseo saber si ha llegado á sus manos , destinados para las fiestas de nuestra (Madre), la Santísima Virgen. — Dorotea.» No tardó muchos días en tener Dft Dorotea la siguiente contestación: « Turín, 3 de junio, 1888. — Estimadísima Señora Dorotea Chopitea, Viuda de Sierra. — Muy benemérita Señora nuestra madre. — Pensando que debo tratar con una madre, me atrevo á escribirle á pesar de mi largo retardo: yo estoy cierto que V. sabe excusarme, conociendo los muchos negocios que cargaron sobre mis débiles espaldas, después de la muerte de nuestro querido Padre. Siempre be tenido ante mis ojos sus preciosas cartas; mas solamente hoy me es dado contestarle. » « Gracias muchísimas le doy por las 1500 pesetas que su caridad nos envió; y nos ayudaron grandemente á soportar los gastos de la fiesta de nuestra Sra. Auxiliadora. Que Dios se lo pague con inmensidad de favores y bendiciones. La fiesta fué verdaderamente solemne como los años pasados, y muchísimo fué el concurso de todas partes, consolantes el número de comuniones y el recogimiento de los devotos; mas nos faltaba el amado Padre y la buena de nuestra madre. Por la primera vez no se encontró en dicha solemnidad ni Prior ni Priora. Paciencia. » « Ahora viniendo á los asuntos de que nos habla en la suya del 26 de mayo, le diré que nosotros hemos tratado en capítulo con toda seriedad de ellos; y nos encontramos todos deseosos de secundar las piadosas intenciones de V. Solamente dos dificultades se nos presentaron : falta de personal, y falta de medios pecuniarios. D. Bosco antes de su muerte, y el Santo Padredespnés de la misma nos recomendaron suspender por algún tiempo toda construcción y toda nueva fundación. Yo he prometido observar tales órdenes , y encomendé á todos mis hermanos bis mismas cosas ya por obediencia, y* por necesidad. Sin embargo si D. Branda puede emprender la construcción de la nueva capilla y tener la escuela en el barrio de que V. nos* habla, sin pedir nuevo personal ó socorro de dineros, nosotros vamos muy contentos. Con la válida ayuda de V., de su generosidad, influencia y actividad, yo espero que todo le podrá suceder bien, y á tal efecto rogamos con fervor á Dios todopoderoso. » « Que Ntra. Sra. Auxiliadora bendiga y proteja á V. y á todos los que V. quiere, y la conserve muchos años. — Afectos á todos sus numerosos hijos: y V. me tenga siempre como — Su afino, servidor en J. C. — Pbro. Miguel Rua. « P. D. Ya sabrá V. noticias de la nueva fundación Salesiana en Talca. Las cosas empezaron muy bien, en gran pobreza de todo; lo que hace esperar gran desarrollo en lo porvenir. Si V. tiene preparada alguna cosa para aquella casa, Monseñor Cagliero está pronto á recibirla aquí, ó pasar á tomarla ú su casa en el viaje de vuelta á América. » En virtud de esta carta comenzó desde luégo Doña Dorotea á poner por obra su plan de construir la escuela para niños de la casa obrera en uno de los barrios de la ciudad más necesitados de cultivo. Sobre la elección del sitio en que debía levantarse la escuela, hubo no poca variedad de opiniones. Unos querían que el punto favorecido fuese San Martín de Provensals, otros el Pueblo Nuevo, quién prefería los barrios del lado de Mon-juich, tales como el Pueblo Seco ú Flosta-franchs. Un día D* Dorotea llama ul Padre Branda y llévale á ver un terreno situado entre Barcelona, Pueblo Seco y Hostafranchs. Estaba en despoblado y algo distante de aquellos tres puntos. Preveía D* Dorotea que aquel sitio no fardería en poblarse y sería un punto céntrico, y deseaba prevenir una necesidad antes que esta se sintiese. Otros, que no miraban tan Igjos, prefirieran un punto menos despoblado y más céntrico. Da Dorotea, con la intuición y perspicacia que tanto la distinguía, mirando lo porvenir como si lo tuviera presente ante sus ojos, se formalizó, y atajó las dificultades que se le oponían, diciendó estas palabras: « O en este sitio se funda la escuela, ó no se la funda. » Cedieron todos á su autoridad, porque no dudaban que la señora veía más que ellos. Compra en seguida el terreno, manía le - 141 — vantar A toda prisa los planos de la obra y edificar sin pérdida de tiempo la escuela. En marzo de 1890 con asistencia del Excmo. Sr. Obispo de la diócesis y del M. K. Don Miguel Búa se inauguró la escuela de la calle de Floridablauca. Cuán acertada estuvo Da Dorotea en la elección del sitio, lo probó el buen éxito que tuvo la escuela, pues A los pocos días de su inauguración estuvo poblada de niños. Bien pronto so echó de ver que debía darse nuevo ensanche A la olira. La capilla, cuya fábrica estiiba ya A flor de tierra, se vió hiégo que debía tener proporciones mucho mayores. El patio para el recreo festivo no bastaba para admitir la mitad de los niños que acudían. Fue necesario comprar buena porción de terreno contiguo para dar al patio toda la extensión que exigía la numerosa concurrencia. El dueño del terreno aumentó el precio más del doble del que había vendido el primero. Los Padres desconfiaban de poderlo adquirir A un precio tan subido; pero Doña Dorotea no desmayó ante tal dificultad. Enterada del caso por el Director de la escuela, le dice: « Siempre que me he encontrado en semejantes aprietos, he salido de apuros enterrando en los solares que necesitaba, medallas del Sagrado Corazón ó de san José, llaga V. lo mismo; y el cielo le favorecerá. » JLlízolo el buen Padre y alcanzó lo que tanto deseaba. Tan pronto como se inauguró aquella casa, dice el Sr. Figueira de Aguilar, de todas partes acudieron niños y jóvenes obreros ansiosos do recibir el pan de la instrucción. En el primer año asistieron A las clases diurnas 300 alumnos y A las nocturnas unos 150; en el segundo, aumentaron los primeros hasta 400 y los segundos hasta 180. En la actualidad, entre las clases diurnas, nocturnas , de solfeo y música instrumental, los que acuden A aquella casa ascienden A más de 650. Los hay de Pueblo Seco, de Fransa Chica, de HostafYanchs, de Saus, del centro do la ciudad y do los puntos más apartados de la misma, como son el Paseo de S. Juan y de Gracia y hasta de Hospitalet. Lo cual prueba hasta la evidencia la necesidad de que hay no sólo de una, sino de varias casas salesianas por el estilo de la de que hablamos. En vista del creciente número de niños y de la estrechez del local, viéronse los Sa-lesianos precisados á adquirir más terreno, y A pensar seriamente en ensanchar el edificio, so pena de suspender la admisión de nuevos niños y reducir el número de los que ya asistían regularmente á las clases. A fin de evitar este trance tan triste para toda alma en cuyo corazón late el amor de Dios y del prójimo, se empezó una parte del edificio destinado á capilla y clases, esperando que para el próximo año se podría llevarlo A cabo, y así no solamente continuar con el mismo número de niños, sino aumentarlo hasta unos 200 más. Pero como toda obra de Dios está sujeta A pruebas y di ficultades, se han visto en ¡a dolorosa situación de suspender dichas obras por falta de recursos. Ocurre hacer aquí una pregunta. ¿Con qué medios contaban los hijos de Don Bosco al emprender estos trabajos ? — Con los que esperaban de la divina Providencia, con la inagotable caridad de las personas piadosas y con la generosidad de cnantos aman de veras la restauración moral de la sociedad. Pues que han renunciado A todo para consagrarse al cuidado de la juventud menesterosa y en aras de la caridad han sacrificado cuanto hay de más caro para el corazón humano, como son la patria y la familia, confían en que el Señor no dejará de suscitar almas caritativas que les dispensen con largueza sus auxilios. Gracias de María Auxiliadora Recurrid á Alaría. — El 29 de abril una niña de una estimable familia enfermó gravemente de difteria. Vino el médico , apeló A todos los recursos del arte, y sin conseguir resultado alguno desahució A la pobre niña. Afligida profundamente su madre recordó haber leído en el Boletín Salesiano multitud de gracias obtenidas por mediación de María Auxiliadora. Becurrió, pues, A ella, y apeuas hecha su petición se notó un sensible mejoramiento en la enferma. Al día siguieute la curación era completa; y con gran asombro general, y especialmente del médico, la niña se levantó y fue A la iglesia de María Auxiliadora A expresarle todo su agradecimiento por tan señalada gracia. O DORICO M ALVINO Cooperador Salesiano. Tortona, 5 de mayo de 1833. * » * Cuán piadosa es Alaría. — Hacía año y medio que me sentía atormentado de fuertes dolores intestinales, sin poder conseguir de médico alguno el alivio que deseaba. Pensé entonces recurrir á María, y cosa admirable, la enfermidad desapareció en tres días como por encanto. Sac. Calisto Pasini. Pamir», 2 de mayo de 1893. ■ ■■ - ■ ■ " - Coi iprobicioo de 1* Aitoridid Edesiislici - Gírenle JOSE GAÍBINO.