BOLETIN SALESIANO. Octubre 1886
aS’O I. – N. 1. Sale una vez al mes. OCTUBRE 1886 M
Instruyó al pueblo y divulgó todo lo que había hecho.. g
Buscó las doctrinas útiles y escribió documentos rec- –
risimos y llenos de verdades. Las palabras de los ?
sabios son como punzas ó clavos, que penetran pro- |
fundamente, y nos fueron dadas mediante nuestros –
maestros por el único pastor. –
(Eclesiastés XIl, 9, y 11) 7
g No se engañaría mucho quien intentase do atribuir
1 principalmente á la prensa malvada. todos los males
U y la deplorable condición de las cosas, ,’i la cual
I liemos llegado actualmente…, los escritores católicos
– deben con todas sus fuerzas volverla en bien do la
– sociedad.
(Leon Kill)
El peligro, Sto. Padre, está todo en la continua –
difusión de los libros infames; y para poner un dique g
á este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fun- ft
dación de una imprenta Católica, puesta bajo el parro- »
cimo de la Santa Sede. De esta manera, no liacién- ~
dose esperar nuestras respuestas, podremos con mayor J
La prensa periódica, sotopuesta á la autoridad ge-
rárgica. revestida del espíritu de Jesucristo, viene il
ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad,
hace desaparecer el error, salva y civiliza; es elisi
ventaja descender al campo de la lid y responder con D una forma de apostolado sublime,
feliz éxito á las provocaciones de los apóstoles del H
error.
( Alhionda)
LIBRERIA SALESIANA DE TURIN.
EN ESPAÑA — Librería Salesiana, BARCELONA-SARRIÁ
LOS
JOVEN INSTRUIDO
U U PRÁCTICA BE W BEBERES
Y EN
EJERCICIOS DE LA PIEDAD CRISTIANA
SEGUIDO
del Oficio de la 88. Virgen, del Oficio de Difuntos
Y DE LAS VÍSPERAS DE TODO EL AÑO
por el Sacerdote
Oftjí ysMs
Un tornito en-52. 1 Peseta el ejemplar.
Esta obrita está dividida en tres partes. ^En la primera encontraréis
todo lo que debéis practicar y lo que debéis huir para vivir cristiana-
mente. En la segunda se encuentran reunidas las principales oraciones
que están en uso en las parroquias y en las .casas de educación. La
tercera, en fin, contiene el Oficio de la Santísima Virgen, las Vísperas
de todo el año y el Oficio de Difuntos. Enátraréis además un pequeño
diálogo sobre los fundamentos de nuestra santa religion católica, adaptado
al tiempo en que vivimos. Añadimos al fin una corta colección de canciones
espirituales.
LATINI CHRISTIANl SCRIPTORES
in’vsvm scholarvm
( in—163 parvum )
àsMWZH tw isssàs- tatto botori l I.
^EÉibros circumspicienti, qui in scholis oráis secundi teruntur, mirum proferto videbitur
adolescentulos, christianum nonien professos, historias, orationes et poèmata tantuminodo
evolvere veteribus passim superstitionibus imbuta. Non sum equidem nescius neminem ferme
esse cuna Tvllio in eloquentia comparandum ; utque poetas omittam, satis constat Caesarem,
Livivm et Sallvstivm eo styli nitore probari, qui vel seniores a scribendo deterreant. Sed
cum volo latinae linguae studiosos ad optima exemplaria confugere, quo tutius bene di-
cendi artem arripiant, turn idem ipse contendo eis omnino non esse catholicae doctrinaei
auctores invidendos, qui primis post Christum natum saeculis floruerunt. Quum enim multai
peccent romani superioris memoriae scriptores in iis quae ad mores, ad germanam humai
nitatem, atque praesertim ad ipsam Dei creatoris et providentis notionem pertinent, omnin|
decet tenellos alumnos illis studiorum monitoribus uti, qui sibi credentem minime fallami,
quique perversis veterum praeceptionibus sapientissima documenta opponent, inox laetissimos
fructus latura.
Caeterum nemo tam hospes est in literis latin ìs qui nesciat, complures christianae sa-
pientiae scriptores, tametsi altius spectabant, quam ut extima styli parte famam conse-
querentur, se tamen ad veterum imitationem cum laude composuisse. Quare et Svlpicivm
Severvm memorant, qui de brevitate cimi Sallvstio contendit, et Mixvcivm Feijcem haud sane
inelegante!!! dictionem dialogis suis conciliantem, atque Lactantivm, qui Tulliani styli
virtutes est consecutus, piane ut merito Christianus Cicero sii appellatus.
Quae cum ita sint, propositis jam pridem praestantissimis scriptorum voluminibus ad
legendum, optimum factu existimavi, si adolescentulos in patriae spem succrescentes ad eos
latinos quoque scriptores deducerem, qui christianam doctrinam professi, de literis et de
religione optime meriti sunt.
Jamque in vulgus prodiere cum adnotationibus Joannis Tamiettii, salesianae Familiae
alumni, Doctoris politiorum litterarum diligentissimi, Sancii Hieronymi Scripta selecta et
Historia Sacra Sulpicii Severi, nec non Sancii Martini Vita ejusdem scriptoris. Nunc
vero en idem Joannes Tamiettius edidit Lactantii : De mortibus persecutonim, Sancii
Angus tini De Civitate Dei et S. Cypriani de Mortalitate libros quos tibi propone, ut,
sì alumnis tuis prodesse videas, apud meos alumnos librarlos setas excusos prostare, ut
multoriun manibus terantur. Vale.
AÑO L-N. 1. Sale una vez al mes. OCTUBRE 1886
BOLETIN SALESIANO
Debemos ayudar á nuestros herma-
nos á fin de cooperar à la difu-
sión de la verdad.
(m. 8. Je as, 8)
Atiende á la buena lectura, á la ex-
hortación y á la enseñanza.
(i. Tim. IV. 18).
Entre las cosas divinas la más di-
vina es la de cooperar con Dios
á la salvación de las almas.
(S. Dionisio)
Un amor tierno hacia el prójimo es
uno de los más grandes y excelen-
tes dones, que la divina bondad
puede hacer á los hombres.
(El Doct. S. Fbanc. de Sales)
Cualquiera que reciba á un niño en
mi nombre, recibe á mí mismo.
(Mat. XVIU, 5)
Os recomiendo la niñez y la juven-
tud; cultivad oon grande empeño la
educación cristiana) propociouadles
libros que enseñen á huir el vicio
y á practicar la virtud.
(Pio IX)
Redoblad todas vuestras fuerzas para
retraer á la nines y juventud de
las insidias de la corrupción y de
la incredulidad y preparar de esta
manera una nueva generación.
(Leon XM)
—K-! DIRECCION en el Oratorio Salesiano. — Calle Cottoleng-o 32, Turin (Italia)
SUMARIO — La voz de los Misioneros de la Patagonia
— El Corazon de Jesús y la niñez — La iglesia del
Sagrado Corazon en Roma — Noticias de la Patagonia
— Carta de Paysandú — Una abjuración — D. Bosco
en Milan Gracia de Maria Sma. Auxiliadora — Colegio
de Nuestra Señora del Carmen en Utrera.
LA VOZ DE LOS MISIONEROS DE LA PATAGONIA
A BOX BOSCO
Y A LOS COOPERADORES Y COOPERADORAS SALESIAKAS.
Quisiéramos que en este mes una voz
se dejase oir desde uno al otro confin del
mundo y que el presente número del Boletín
Salesiano, viniese à dar en las manos de
cuantas personas tienen fe en Dios y amor
á Fas almas. Esperamos, sin embargo, que
esta voz será siquiera oida por nuestros
Cooperadores y Cooperadoras y por ellos
divulgada como un eco fiél entre sus co-
nocido^ y amigos, moviendo la caridad y
el zelo de todos.
La voz que indicamos es la voz de los
Misioneros Salesianos de la Patagonia, de
la Tierra del Fuego y de las Islas Malvi-
nas. Después de las recientes exploraciones
que ellos practicaron por espacio de 2,500
kilómetros ; después de haber subido y re-
corrido la mayor parte de los Andes ; des-
pués de haber hallado numerosas tribus
de salvajes; después de haber instruido y
bautizado á infinidad de personas ; después
de haberse encontrado, no pocas veces, ex-
puestos á grandes peligros ya de morir de
hambre, ya de perecer ahogados, ya de ser
devorados por las fieras, aquellos Misione-
ros vueltos à sus respectivas moradas, hi-
cieron oir á D. Bosco y á sus hermanos de
Europa, una voz digna de ser escuchada.
Esta suena así : « Mandadnos ayudes per-
sonales y materiales y nosotros darémos á
Dios, á la Iglesia y á la sociedad, la Pata-
gonia cristiana y civilizada. »
No era ciertamente diferente la voz que
en sus tiempos hacía resonar desde el Asia
á la Europa toda, el grande apóstol de las
Indias 8. Francisco Javier; ni tampoco la
de los primeros y últimos operarios evan-
gélicos ; antes al contrario esta es la voz
que resonaba en los labios del Divino Sal-
— 2 —
vador cuando decía : La mies es mucha,
pero los operarios son pocos. Rogad, pues,
al Dueño de la miés que mande operarios
á recogerla.
Los Cooperadores y Cooperadoras saben
ya que hasta ahora D. Bosco y los Sale-
sianos de Turin no se hicieron sordos á
este grito, hecho otras veces oir por los
misioneros de América. Confiados en Dios
y en la calidad de nuestros bienhechores,
ayudados con sus limosnas, bendecidos y con-
fortados, por las palabras de Jesucristo, no-
sotros hemos enviado ya á aquellas remo-
tísimas tierras varias compañías de operarios
que hoy tienen á la cabeza un Obispo Sa-
lesiano el limo. Sr. D. Juan Caglierò y un
Prefecto Apostólico D. José Bagnano. Con
los medios que nuestros bienhechores y
bienhechoras nos suministraron, aquellos
Misioneros han podido ya abrir escuelas,
colegios y talleres para los hijos de los sal-
vages ; han establecido estaciones, fabricado
iglesias y conducido á Jesucristo muchí-
simas almas que antes no lo conocían y
encontrábanse sumergidas en las tinieblas
de la idolatría. Sea alabado el Señor y aplau-
dida la caridad católica.
Pero las obras que hasta ahora se em-
prendieron son insuficientes á cubrir la
necesidad ; puesto que el influjo benéfico de
estas mismas obras y las recientes escur-
siones apostólicas que se hicieron en medio
de los salvages despertaron en estos, un
grande deseo de conversion y ansia de ins-
truirse y de hacer instruir por los Misio-
neros y por las Hijas de Maria Auxiliadora
á sus hijos é hijas. Do modo que ellos mis-
mos piden con instancia, que vayan sacer-
dotes y se abran muchas casas, á fin de
poder recibir con mayor facilidad y abun-
dancia las luces de la fe y de la civilización.
En vista de un afecto tan consolante que
aquellos indígenas demuestran hácia la
Santa Iglesia y de un avenir tan feliz y
próspero para la Religion, en aquellos úl-
timos confines de la tierra. Don Bosco ha
querido ser él el primero á escuchar la voz
de sus hyos de la Patagonia. enviándoles
al efecto una nueva compañía de ayudan-
tes. Esta saldrá de Turin para el próximo
noviembre juntamente con el misionero Don
Luis Lasagna, recien llegado de la América,
con el fin de perorar personalmente la causa
de sus colegas, ó mejor dicho, con el fin de
perorar la de tantos miles de pobres crea-
turas racionales, destinadas lo mismo que
nosotros á la libertad, á la gracia, á la gloria,
y que por el contrario se encuentran opri-
midas todavía bajo el yugo de la esclavitud
y sumergidas en la más triste miseria.
Ahora bien ; para preparar la nueva com-
pañía de conquistadores de almas y de pro-
pagadores del reino de Dios sobre la tierra,
no dejan de ocurrir gravísimos gastos, ora
de ornamentos sagrados, ora de vestidos,
ora de viaje. La generosidad, pues, de los
Cooperadores y Cooperadoras, que en las
expediciones pasadas, socorrió tanto á Don
Bosco, esperamos que en la expedición pre-
sente no será menos grande. Él apela á su
mucha caridad y en ella grandemente confía.
Ruega que escuchen como él la »oz de.
sus hijos y favorezcan sus empresas.
Los Cooperadores y Cooperadoras pueden
favorecerla, ya con ofertas de tela y piezas
de ropa blanca, con paño para sotanas y
manteos, con ornamentos de iglesia para la
celebración de la Misa y de las funciones
sagradas, con dinero para poder atender á
los gastos de trasportes por tierra y por mar;
en fin con cualquiera limosna que la pie-
dad inspire y las fuerzas lo permitan.
En el Oratorio de 8. Francisco de Sales,
en Turin, desde donde saldrán los nuevos
misioneros, se recibirá con suma gratitud
ya personalmente, ya por correo, cuanto la
caridad industriosa enviará á este noble fin.
El número de los misioneros que saldrán
será tanto más grande, cuanto más abundan-
tes sean los recursos, y por esto suplicamos
á todos los Cooperadores y Cooperadoras,
tengan la bondad de buscai* también otras
personas benévolas, las cuales quieran con-
currir á esta santa obra de humanidad y fe.
Nosotros anotarémos el nombre y ape-
llido de todos en los registros de nuestro
instituto para encomendarlos todos los dias
en nuestras oraciones, é implorar las ben-
diciones del cielo sobre ellos, sobre sus
familias, sobre sus obras, mientras que Dios
Nuestro-Señor los escribirá también en el
libro de la vida, esto es, de los predestina-
dos; puesto que es sentencia de s. Agustin,
que quien atiende eficazmente á la salvación
de las almas pone en seguro la suya propia:
Animam salvasti, animam tuam prae-
destinasti.
EL CORAZON DE JESUS
Y LA NIÑEZ.
No hay persona que no sienta dolorosamente
moverse el corazón al contemplar la misera coa-
lición en que yacían los niños antes de aparecer
;1 cristianismo. ¡ Qué horrorosas escenas, oh Dios
mio, no nos presenta de esto la historia ! Y en
efecto, veamos allá en Egipto, en aquel mismo
Egipto llamado la cuna de la civilización más
gloriosa, á los niños expuestos á morir en las
orillas d1 2′. Nilo, como acaeció á Moisés. He alli
no tan lejos á aquellos otros arrojados al fuego
ante los» ojos de sus mismas madres en sacrificio
al cruel Moloch.
Y no debe creerse que Até ñas y Roma se hayan
portado mejor en este punto. Nosotros vemos al
legislador Solon permitir las más de las veces
á los padres el matar libremente á sus propios,
hijos. Vemos las leyes romanas de las doce ta-
ñías condenar á muerte á los niños nacidos de-
fectuosamente. Vemos en el primer siglo mismo
de la era vulgar, según narra un acreditado his-
toriador (1), á los niños recien nacidos, á fin de
testimoniar el dolor del pueblo por la muerte de
Germánico, ser muertos por aquel pueblo romano,
que pretendía imponerse á todo el mundo por su
cultura y sabiduría.
¿Qué más? ¿No vemos quizá á Platon, el
genio más grande de la antigüedad pagana, or-
denar en aquel ideál suyo de un Estado más
perfecto, que se dé muerte á unos hijos y á otros
se les eduque en tal manera que las madres no
ruedan reconocerlos por propios hijos suyos ? (2)
Mas he aquí mudarse las cosas. Aquellos niños,
poco antes objeto de cruel desprecio, y de bár-
bara ferocidad, resucitan á nueva vida ; una
nueva aureola circunda sus frentes, en sus ojos
se desprende unK luz de amor, en sus caras res-
plandecen rayos de paraíso. Y ¿ en qué consiste
esto ? Es el Corazon de Jesús que ha obrado este
milagroso cambiamento. Oh Dios mio, ¡ cómo son
(1) Svetoxto. en la vida de Caligola.
(2) De RepubL v.
santamente hermosos á vuestros ojos ! Jesús ha
terminado entonces de hablar de la castidad á la
inmensa turba, de aquella castidad que solo los
perfectos entienden y que constituye la preroga-
tiva más luminosa del sacerdocio católico, y que es
para la Iglesia la causa más potente de los mi-
lagros de caridad que cada dia admiramos.
En este momento preséntase una multitud de
niños, que atravesando por medio del numeroso
gentío que cerraba el pasage, aproximase á Jesús.
Son las mismas madres que cogen en brazos á
sus niños y quieren presentárselos para quo los
bendiga. En vano los discípulos se lo impiden ;
la contradicción, que el pecado original había
puesto, además de la natural diferencia entre el
niño y el hombre, debía caer para siempre. Y
es el Corazon de Jesús que cumple esta obra de
santa destrucción, merced á la armonía de aque-
llas cosas que parecen las más desiguales. ¡ Oh !
dejad, dice El á sus discípulos, dejad á los niños
y no les impidáis de venir á mí, puesto que de
ellos es el reino de los cielos. En verdad os digo
que quien no recibirá el reino de los cielos como
niño, no entrará en él. Y abrazándolos después
cual un tierno padre, ponía sobre sus cabezas las
manos y los bendecía (i).
Palabras consoladoras, sublimes manifestaciones
de su Corazon afectuosísimo, las cuales revelan
bien claramente su inefable ternura, y la razon
misma de esta ternura, ya que en los niños, que
personifican la fragancia celeste de la castidad
virginal y el espíritu de humilde sencillez, nos
instruye el sapientísimo Jesus, y nos pone de-
lante como modelo, aquella altísima perfección
que él había venido á anunciar. No es, pues, ma-
ravilla si nosotros le vemos no dejar escapar
ocasión alguna, que se le presente, de inculcar á
sus discípulos y por medio de ellos á sus suce-
sores y á todos los hombres del mundo, la más
grande ternura y la más afectuosa solicitud ha-
cia los niños juntamente con la mayor reverencia
y respeto hácia ellos. Y en efecto, Jesús en otra
parte después de haber tomado tiernamente entre
sus brazos á un niño y colocádolo en medio de
los que le escuchaban, dijoles aquellas memora-
bles palabras : « Cualquiera que habrá recibido á
un niño en mi nombre, recibe á mí, y no solo á
mi. sino también á aquel que me envió. »
Quizá, observa aquí un profundo escritor, aca-
riciando y abrazando á aquel niño, quiso ponerse
por ejemplo á sus ministros en la Iglesia, de tal
modo que para ellos sean familia todos los niños
del mundo, y estos sean sus hijos. Una tradi-
ción de la Iglesia dice que aquel niño que Jesu-
cristo acarició, fué después un héroe y obispo de
Antioquia y se llamó Ignacio mártir (2). Y por
esta razon la Iglesia católica tiene entre sus ofi-
cios como uno de los más grandes é importantes
el de la educación de la juventud.
¿ No es ella la esperanza y el sostén de la fa-
milia , el género humano que renace, la patria
que se perpetúa, la humanidad que se renueva
(1) Math. XIX. 13. 14. 15; Luc. XVIII. 16, 17.
(?) Fornari. De ¡a vida de J. C., lib. 2. vol. a).
— I —
en su ílor ? ¿ Qué cosa hay más grande, exclama
s. Juan Crisòstomo, que dirigirlos ánimos é in-
fórmar las buenas costumbres en el corazón de
los niños. Quid malas quam animis moderari
atque adolescen tutor um fingere mores ? (1).
Pero, ¡ay de mi! el Corazon de Jesus instantá-
neamente se turba, su rostro vuélvese severo y
amenazador, su voz siéntese en un tono alto y
tremendo: «¡Ay de aquel que habrá dado escándalo
á uno do estos pequefiitos que creen en mí ! me-
jor fuera que se le hubiera atado al cuello una
muela do molino y lo hubiesen arrojado en el pro-
fundo del mar. Guardaos bien de despreciar a uno
do estos ñiños, pues os digo que los ángeles suyos
ven continuamente la cara de mi Padre que esta
en los cielos. »
– ,\h ¡ pluguiese al Cielo que esta terrible ame-
naza, que el verdadero amor á la niñez arrancó
de là boca al humildísimo Jesus, fuese por todas
partes profundamente esculpida y meditada. Si,
. ay do aquellos padres que con palabras y obras,
dan mal ejemplo á sus hijos ó que por negli-
gencia ó culpable interés los confian á perversos
educadores ! ¡ ay de aquellos maestros traidores
que con sarcasmos y mentiras contra la religión,
hócense lobos rapaces de las almas de sus discí-
pulos ! ¡ ay de aquellos escritores impíos, que con
libros y ‘diarios irreligiosos é inmorales enve-
nenan y corrompen la mente y el corazón de la
juventud presente y venidera! Sí, venidera, puesto
que vosotros soreis polvo, oh escritores impíos
ó irreverentes, pero vuestra infame obra de des-
trucción vivirá desgraciadamente. Semejantes a
aquellas victimas que se inmolaban un dia sobre
los sepulcros para placar á las sombras ; todos
aquellos que al leer vuestros escritos habrán per-
dido su honestidad y fe, serán otras tantas vic-
timas, las cuales vendrán á inmolarse sobre vues-
tro sopulcro, no ya para daros la paz, sino para
quitárosla in eterno ; vosotros no viviréis ya,
pero seguiréis corrompiéndoos; cada página
impía vuestra será la ruina de un principio,
la pérdida de una virtud, y de esta manera se
perpetuará vuestra obra de iniquidad, do destruc-
ción moral, más terrible y digna de castigo que
la del salteador de caminos que roba y el ho-
micida que mata.
El poeta, escribía hace un siglo el torinese
Barelli grandemente irritado, el poeta (y lo mismo
dígase de cualquiera escritor en general) quo sa-
crifica al ara de la lujuria ó al ídolo de la im-
piedad es un bribón que la sociedad debe tener
interés do estermi nar como esterniina á los en-
venenadores y asesinos. Es necesario que el poeta
no so olvido jamás, que los años vendrán á con-
cluir su pobre y corta vida, y entonces vendrán
también los remordimientos de conciencia ; ay de
él si habrá en sus versos desviado de las buenas
costumbres, de la rigida moral y de la religión ! (2).
(1) /familia, (50. . ,
(SÍ Carla á su hermano Amadeo. El mismo Ugo rosoolo
espantado del mal inmenso que producía en la juventud
un malvado romance suyo. prohibido severamente por la
Iglesia, escribía en la edición hecha en 1814, que si des-
pués de tantas ediciones uo fuese cosa imposible, el es-
Sed, pues, queridos jóvenes agradecidos al Co-
razon de Jesús por el grande afecto que os mues-
tra, por el bien inmenso que os ha hecho y os
continúa haciendo, por la solicitud más que pa-
terna que tiene de vuestra salvación corporal y
espiritual. Este agradecimiento grabadlo pro-
fundamente en vuestra mente y en vuestro co-
razón , manifestadlo también francamente con
las palabras y con las acciones. El afecto, la de-
voción al Corazon de Jesús sea la obra de toda
vuestra vida. Pero sea un afecto sincero, sea una
devoción operosa, consagrando á él desde allora
todo vuestro corazón y resolviendo de huir con
santo horror todo aquello que pueda empañar el
candor y disminuir vuestro nobilísimo fervor.
LA IGLESIA DEL SAGRADO CORAZON EN ROMA.
Roma, 30 de setiembre 1886.
Respetable Sr. Director:
de^la Unità Cattolica,
Deo gratias et semper Deo grafías. La fachada
de nuestra Iglesia monumental del Sagrado Co-
razon está ya concluida. La última piedra púsose
en la vigilia de la fiesta de 8. Joaquin, dia del
sapientísimo Pontífice Leon XIII, que aceptaba
en su munificencia el edificarla a cuenta suya, j
lo habría hecho indudablemente si el conde César
Balbo no hubiese propuesto la idea del voto na-
cional para auxiliar al Santo Padre en las pre-
sentes y graves circunstancias. Ahora toca a mi
hacerme intérprete, en su incomparable diario,
de todos los que tomaron parte en esta gran-
diosa empresa, para decir una palabra de acción
de gracias á cuantos cooperaron con la palabra
y con la limosna á esta obra de fe y amor.
‘ y en primer lugar à Su Eminencia Revma. el
Cardinal Alimonda, el cual con tanto zelo y con
tanto corazón ha tomado el encargo de invitar a
todos los Arzobispos y Obispos de Italia, para
que excitasen á los fieles, confiados á sus cui-
dados á concurrir con sus ofertas à la edificación
de la espléndida fachada. Y á él, despues del Co-
razon adorable de Jesús, débese el mérito y el
buen éxito de esta suscricion que ha llegado a la
grande suma de 200,000 pesetas; suma verdade-
ramente considerable atendiendo á los tiempos
presentes, y á las urgentes necesidades locales.
Dios nuestro Señor que inspiró á tantos bienhe
chores á cooperar hasta ahora, inspirará cierta-
mente á alguna persona generosa el pensamiento
de proveer alguna de las cuatro estátuas de mar-
mol y algunas otras decoraciones, supliendo al
deficit de» 40,000 pesetas.
critor lo aboliría gustosamente y esto lo haría, porque cual-
quiera que exhorta al suicidio, se prepara mientras vwe ei
remordimiento de haber sido causa de que alguno bajase
al sepulcro (V. la Vida de U. Fóscolo.esenta por Carrer)-
Terribles palabras que debieran ser sèriamente meditatili,
por los escritores. no menos que por los lectores üe r>
manees.
o
A todos, pues, los Revmos. Arzobispos y Obispos
una palabra de suma gratitud por el empeño que
en sus pastorales demostraron, como también á
todos los señores Párrocos, por el incómodo que
se tomaron en recibir los óbolos de los fieles y
finalmente á cuantos óptimos católicos que en
mayor ó menor cantidad dieron sus limosnas para
dicho fin. El Sagrado Corazon de Jesús sabrá
recompensárselos abundantemente. En nuestra
Iglesia Lácense todos los dias oraciones en pú-
blico y en privado á favor de todos nuestros
buenos Cooperadores y todos los primeros viernes
de mes se celebra la santa Misa, únicamente por
ellos, y se hace una función especial para in-
vocar sobre sus familias el céntuplo en esta vida
y un gran premio en la otra.
Lo restante de la Iglesia está ya á buen punto.
Las decoraciones en estuco, las doraduras de los
arcos y de las naves laterales, están ya concluidas,
y el efecto es verdaderamente sorprendente. Tam-
bién las pinturas corresponden admirablemente.
El habilísimo pintor Virginio Monti, que por diez
años trabajó con el profesor Mantovani en las
logias de Rafaél, está pintando la cúpula, después
de haber pintado ya 50 cuadros en las naves la-
terales y en la traversal. También el distin-
guidísimo señor Carrozzelli que pintó no hace
mucho uno de los cuadros en S. Juan en Late-
rano, tiene ya preparados los bosquejos para la
ejecución de los cuatro profetas mayores y de
los 12 menores.
Muchas otras noticias más particulares podría
comunicarle, las cuales reservaré para otra mia.
Entretanto me aprovecho de esta ocasión para
renovara V., Revmo. señor teólogo, las muestras
de nuestra gratitud, por haber cooperado tan gene-
rosamente con su diario al cumplimiento del sa-
grado edificio. A las tantas obligaciones que á
V. me ligan uno también esta, encomendándole
á aquel Sagrado Corazon que nunca deja sin re-
compensa á quien promueve su gloria sobre la
tierra.
Me crea suyo affino. y olnno. servidor
Francisco Dalmazzo, párroco.
NOTICIAS DE LA PATAGONIA.
Patagones, 28 de julio 1886.
Revmo. y Amadísimo Padre,
Retardé el escribirle porqué esperaba á que
llegasen nuestros misioneros, quienes hacia ya
siete meses encontrábanse en las faldas de las
Cordilleras.
Llegaron felizmente asistidos de un modo pro-
videncial por el Señor y por él también bende-
cidos en sus escursiones apostólicas.
Nuestro D. Milanesio es una verdadera provi-
dencia para todos los habitantes del Rio Negro :
acompañado por nuestro buen D. Panaro y por
el coadjutor catequista Forcina recorrieron á ca-
ballo la inmensa distancia de 555 leguas, ó sea
2,500 kilómetros. Atravesando por dos veces los
Andes ó Cordilleras, fué á dar á Chile tocando
en Antuco, Angeles , Concepcion y Chillan , en
donde recojió limosnas y otros muchos ayudes
para la Misión de Malbarco, que se encuentra en
la vertiente oriental de los montes que forman
el Rio Neuquen, confluente del Rio Negro.
Dieron la Misión en 30 estaciones, ó sea centros
de población, más ó menos numerosas. Bautizaron
á 1,117 entre indígenas é hyos de familias cristia-
nas, celebraron 60 matrimonios y prepararon á
la santa comunión á 1,836 neófitos.
Con esta Misión queda ya explorado todo el
valle desde el Rio Negro hasta los confluentes
Limay y Neuquen y todo el valle tanto de la
parte derecha como de la izquierda del Neuquen
con sus 10 ó 12 confluentes hasta los confines
de Chile y de la provincia de Mendoza. De modo
que la parte de la Patagonia setentrional más
importante y más poblada es ya por nosotros vi-
sitada, conocida, y se puede también decir cate-
quizada, si se exceptúan 4 ó 5 tribus, cuyos ca-
ciques mostráronse favorables á su conversion.
Ahora estamos preparando una carta etnográ-
fica de toda la zona comprendida entre el Rio
Negro y el Rio Colorado, señalando las estaciones
y centros de poblaciones, colonias y tribus, no-
tando las distancias de una estación á otra, mar-
cando los rios principales y el lugar por donde
pueden pasar á nado los caballos, é indicando los
valles y montes más importantes.
Mando también á V. R. un minucioso prospecto
de los lugares por donde pasaron nuestros Mi-
sioneros, con el nombre de cada uno de ellos y
con una particularizada estadística de los bautismos,
comuniones y matrimonios efectuados.
Hemos hecho una predicación extraordinaria
para el santo Jubileo, formando ocasión de la
Novena de N. 8. del Carmen, patrona del Pueblo,
y predicando tres veces al día. Se hicieron tam-
bién muchas comuniones.
Espero mucho en la Asociación del Aposto-
lado, inaugurada con muy próspero suceso.
Hace más de un mes que D. Savio se encuentra
entre nosotros, y nos dá muchas noticias de su
misión en la Patagonia central y meridional. Ha
podido saber por los Indios Tehuelches que hay
muchas tolderías esparcidas en las inmensas llanu-
ras del desierto central y en las riberas de los
rios. En la primavera irá de nuevo á Santa Cruz
y tentará una importante excursion en aquellos
contornos. En dicha excursion le acompañarán
algunos Indios Tehuelches, catequizados y bauti-
zados ya por él, y entre estos el que se retrató
aquí en Patagones, que V. R. puede ver á la de-
recha del barbudo misionero.
D. Beauvoir atiende entretanto á la misión
con Fossati, hasta la llegada de D. Savio.
D. Fagnano està desde hace algún tiempo en
Buenos-Ayres en busca de dinero, pero según
me escribe, encuentra poca fortuna: y es una
cuestión sèria, puesto que no puede salir para su
prefectura hasta que no haya satisfecho lo que
— 6 —
debe en el banco de empréstitos y que gastó á
fin de levantar la Iglesia. Nuestras casas están
llenas de deudas á causa de las construcciones
quo continuamente se hacen y no pueden ayudar
á nosotros, pobrecitos habitantes del desierto. Y
lo que más me disgusta es que nuestros sudores
apenas son suficientes para poder pagar los in-
tereses de las deudas.
Estoy rodeado de cartas que me escriben de
Chile, Santiago, Valparaiso, Talca y Concepcion,
y respondo prometiendo y que tengan paciencia.
Pero con el personal que tengo no puedo ni si-
quiera dar un paso.
Cuanto antes debró pensar en establecer al
menos dos centros cerca del Rio Negro, pero sin
medios y personas no me atrevo á hacerlo y
espero la oportunidad.
Hemos sabido de su viaje á Barcelona y que
continola fu it tota civitas. Como también que le
fueron ofrecidos omnia regna mundi y que V. R.
los aceptó lodos juntamente con el mismo monte
Tibí dabo, para ofrecerlo à su verdadero Dueño
el Señor.
Con esto viaje habrá contentado seguramente
á los Catalanes, poro no á los Andaluces, y menos
á los americanos, los cuales quisieran inventar
un ferro-carril aéreo para poder tener el honor
do una visita suya.
Tongo necesidad do oraciones y muchas. En
los hermanos sacerdotes, clérigos y coadjutores
hay mucho empeño para observar las santas reglas
y para adelantar en las virtudes propias de un
salesiano. Todos los jueves nos reunimos y te-
nomos una conferencia que versa ó sobre algunos
casos de moral, ó sobre algunos puntos de ascé-
tica, ó de algún punto de disciplina para la buena
marcha de nuestra misión.
Los oratorios festivos son bastante frecuentados –
do niños y niñas y también bastante ordenados.
Varaos también recogiendo las espigas perdidas ,
ó sea, los jovencitos y adultos indios, esparcidos
entre varias familias cristianas. Y á fuerza de
instar, solicitando y recomendándolo, obtenemos
que nos los manden para instruirlos y bautizarlos;
y á los ya bautizados prepararlos á la primera
comunión.
Nuestro misionero de la Patagonia central
I). Beauvoir ha hecho una escursion hasta el cabo
Vírgenes, en donde se va reuniendo gente de
todas partes, y toda en busca de oro! Y verda-
deramente aquellas arenas son riquísimas por el
oro que contienen, y los exploradores dicen que
en ciertos lugares es más rico y abundante que
on California. ¡Oh si fuese verdad que nosotros
nos encontrásemos también en la edad del oro !
Reciba, amadísimo Padre, los recuerdos, cora-
zones , y afectos de todos sus hijos de la Pata-
gonia, Ruegue por nosotros, é invoque sobre
nuestra misión la protección y bendiciones de
Maria Sma. Auxiliadora.
Las Hermanas, que son también zelantisimas,
pidenle juntamente conmigo su paternal bendición.
Suyo en J. C. afmo. h yo
f Juan, Obispo.
CARTA DE PAYSANDU’.
Paysandú, 20 de mayo 1886.
Ya es tiempo que para nuestra común edi-
ficación , haga mos saber á V. Rev. y á todos
nuestros Cooperadores salesianos las grandísimas
bendiciones con que el Señor quiso favorecer á
esta generosa población después de la llegada de
los Salesianos. Por una perseverancia y longa-
nimidad superiores á cualquier elogio, unidas al
celo y fatigas incesantes de nuestro dignísimo
párroco D. Juan Allavena, en seis años este
campo, que parecía estéril, ha dado los más
lisonjeros frutos.
Florece la Congregación del Sagrado Corazon
de Jesús, la cual se compone de un grandísimo
número de señoras, las cuales con sus comuniones
y oraciones fervorosas obtuvieron las primeras
bendiciones del Señor sobre todo el pueblo. Se
estableció entre las más activas y dispuestas la
conferencia de S. Vicente de Paul que presta
grande ayudo y conforto á las familias indigentes
y abandonadas, ofrece en sus mismas habita-
ciones el óbolo de la caridad cristiana que con-
suela sin humillar y va siempre acompañado de
una palabra ó consejo oportuno, que proporciona
muchas veces á las conciencias turbadas y desca-
minadas la paz y la luz de la religion.
Se obtuvo que las nobles señoras de la bene-
ficencia llamasen á la dirección del hospital á las
Hermanas de la Caridad; se fundó en el mismo
establecimiento un asilo, en donde se educan á
muchísimos niños, preservándolos de las enfer-
medades del alma, mientras que á muy pocos
pasos de distancia cúranse las enfermedades del
■ cuerpo.
Al lado de la parroquia levantóse como por
encanto un espléndido Colegio, donde se educa á
los hijos de las principales familias de la ciudad
y contornos, y al mismo tiempo todos los do-
mingos y dias festivos reúnanse multitud de niños
para divertirse y cumplir con sus deberes reli-
giosos. ¡ Si viese, V. R., qué vida y qué santa
alegría ! Es Jesucristo en la persona de sus sa-
cerdotes que, rodeado de una turba de inocentes,
juega con ellos y con ellos habla, haciéndose pe-
queño con los pequeños, para dejar caer en sus i li-
gó nuas é inocentes afinas una palabra, una semilla
santa que debrá algún dia fructificar consolaciones
á la Iglesia de Jesucristo, prosperidad y bendi-
ciones á nuestra patria. De esta manera se van
preparando con tiempo las generaciones futuras,
que deben un dia reparar las terribles y tristes
desgracias de la triste vida presente.
Pero no por esto fueron olvidados los hombres
de buena voluntad. Para animarlos se llegó á
reunir con el mismo é idéntico fin en dos dis-
tintas corporaciones, la Confraternidad de San
José y el Circulo de los Obreros. Las dos Socie-
dades, á pesar de su vida de pocos meses, manifies-
tan sin embargo un vigor y actividad maravillosas.
Aquel que seis años hace hubiese osado predecir de
Paysandú cosas tan estupendas, seria ciertamente
— 7 —
considerado como un imaginario ó loco, y no
obstante, por la misericordia del Señor, estos
son ya otros tantos beneficios reales que nosotros
todos los dias admiramos. Sabrá V. R. que para
fomentar siempre más y más el fuego de la di-
vina caridad, llegó oportunamente el Dr. D. Luis
Lasagna, tan amado y estimado en esta ciudad,
donde los hombres de todos los partidos saben
apreciar su espíritu conciliador, su infatigable
actividad y su desinterés en todas las empresas
que pueden redundar en favor de los pobres y
de los niños abandonados. Con su predicación
fácil y fervorosa preparó primeramente á los
niños y niñas para cumplir con la Pascua y fueron
más de 250 los que comulgaron por su mano el
dia 9 de mayo; ciento recibieron el Señor por
primera vez en medio de una multitud grandí-
sima que asistía al acto solemne con el corazón
conmovido y los ojos llenos de lágrimas. El dia
siguiente era el destinado para las señoras de la
conferencia rodeadas de sus pobres ancianos aban-
donados; ¡qué espectáculo tan conmovedor, si
aquellos que tanto hablan de igualdad y frater-
nidad, sin entender lo que dicen, hubiesen visto
esta escena.’ Yo que me encontraba presente no
pude detener las lágrimas y lloré de consolación.
; Ver á señoras respetabilísimas acompañar y
sostener por el brazo á uno á uno tantos pobre-
cites á la sagrada mesa, comulgar con ellos y
prestarles servicios más que de madre, añadiendo
además que ellas mismas los habían instruido
antes y después calzado y vestido con hábitos
nuevos y decentes! ¡Oh cómo debían Jos ángeles
admirar con alegría indescribible á estos otros
ángeles de la tierra que emulaban su caridad!
Pero aproximábase el domingo 16 de mayo ,
fiesta del Patrocinio de S. José, destinada para
la Pascua de los hombres y particularmente de
los socios del Círculo Católico. Se trataba de una
grande novedad, y V. sabe cuanto cuesta el primer
paso en estas cosas y en estos tiempos de abierta
persecución y de indiferencia glacial. Muchos
creían imposible la empresa y aconsejaban que se
abandonase ó se diferieseáfin de evitar un fracaso
seguro; pero el éxito más espléndido coronó la
fe de los buenos y las fatigas del Dr. Lasagna.
Paysandú vió por primera vez desde que existe
á 120 hombres acercarse á la santa Comunión
con una compostura y devoción de fe grande y
edificante. Se notaba entre ellos á los represen-
tantes de todas las clases sociales que venían á
resarcir á Jesucristo la cobarde apostasia de
nuestros tiempos. Desde el docto laureado hasta
el modesto artesano, desde el hombre de leyes
hasta el humilde labrador, desde el rico hasta el
Íiobre, todas las profesiones, todas las artes, todos
os grados y condiciones sociales de Paysandú.
estaban honorablemente representados en este
acto solemne de fe, de fraternidad y de valor
cristiano.
Aquellos hombres que se arrodillaron delante
del altar y se inclinaron ante su Señor, se sin-
tieron ciertamente al levantarse mucho más
fuertes para combatir las pasiones y los escán-
dalos que por todas partes vemos continuamente
y al mismo tiempo se hicieron dignos de la admi-
ración y del respeto de todos los que todavía no
han vendido sus conciencias.
No le hablo del proyecto de concluir cuanto
más pronto la iglesia de S. Raimundo, de la fun-
dación de un Colegio de Hermanas y de un sun-
tuoso asilo de mendicidad que debrá ser la gloria
de Paysandú; estas y otras noticias las sabrá á
su tiempo; por lo de ahora me apresuro á con-
cluir esta relación ya demasiado estensa, enco-
mendándome en sus oraciones y deseando toda
felicidad á Paysandú por tan grandes progresos
religiosos y morales y mandando mis congratu-
laciones à todas las almas generosas que trabajan
y se sacrifican contribuyendo á efectuarlos.
Un Cooperador Salesiano.
UNA ABJURACION Y UNA MAGNIFICA FIESTA
en el Oratorio de S. Pedro y S. Pablo en Menilmontant,
París.
París, jub’o 1886.
M. R. Sr. D. Bosco:
Ama V. tanto á sus pobrecitos niños, que siente
grandísimo gusto cada vez que oye narrar alguna
cosa referente á alguna de nuestras casas. Por
esta razon me tomo hoy la libertad de escribirle,
para referirle una ceremonia conmovedora, que
tuvo lugar en los dias 3 y 4 de este mes, en su
querida Casa de Menilmontant.
Se trata de una abjuración, del bautismo y de
la primera comunión de un obrero protestante.
He aquí el echo de esta conversion preparada
indudablemente de un modo todo providencial.
Hace como unos seis meses, que un domingo,
despees de la bendición un jóven artesano, que
hacia ya algún tiempo frecuentaba nuestro Ora-
torio, me entregó de parte de su padre el si-
guiente billete: — Estimadísimo Señor: Le escribo
estos pocos renglones porque mi hijo desde el
dia que comenzó á ir al Oratorio de V. me está
atormentando continuamente , diciéndome que
desea hacer su primera comunión; yo no quiero
impedírselo.
Permítame que le diga que yo soy protestante,
que mi mujer es católica y que mi hijo, también
católico, fué bautizado en Nancy. Tengo todavía
un niño y dos niñas, que no recibieron aún el
bautismo; ¿podría V. decirme si los puedo bau-
tizar ? Le saludo respetuosamente y quedo de V.
Humildísimo servidor
H»
Calle de S… 3.
Fácil era el imaginarse una grande miseria
moral y material, pero por desgracia la miseria
era todavía más grande de lo que yo me figuraba.
La pobre familia habitaba en un solo cuar-
tucho húmedo y miserable; el padre de unos
35 años de edad, zapatero, dejaba traslucir en
— 8 —
su rostro las extremas privaciones y la mayor
congoja y miseria. El pobre hombre Labia na-
cido en Strasburgo de un padre católico y de
una madre protestante. Su padre, viejo soldado
del imperio, se cuidaba muy poco de religion y
había abandonado la familia por continuar mejor
su vida aventurera.
La madre, protestante fervorosa, había hecho
educar al hijo en su religion y este había du-
rante siete años, frecuentado el catecismo y obte-
nido, despuos de un simulacro de comunión, el
certificado siguiente, que le trascribo á título de
curiosidad :
« Iglesia cristiana reformada de Metz.
» Certificado de confirmación y admisión á la
» Santa Cena. Yo, el infrascrito Ministro del
» Santo Evangelio y Pastor de la Iglesia de Metz,
» certifico que Eugenio G. Id…, nacido en Stras-
» burgo, departamento del Bajo Rhin, el 26 de
» junio de 1851, después de haber sido instruido,
» según el Evangelio de Jesucristo, sobre las
» verdades de la fe cristiana y sobre los deberes
» de todo fidi cristiano, fu ó admitido á confirmar
» solemnemente los votos de su bautismo el do-
» mingo 28 de mayo de 1865, ante la Santa
» Iglesia, y ha prometido al Señor de mostrarse
» siempre digno de la vocación de cristiano, con
» la pureza do sus costumbres, con una vida pia-
» dosa y sincera caridad, y que en virtud de tal
» promesa ha participado por primera vez á la
» Santa Cena, en el templo, el 4 de junio, dia
» siguiente al de Pentecostés.
» En fe do ello expido el presente certificado.
» Que la gracia y la paz le sean concedidas por
» parto do Dios nuestro Padre y de N. S. Jesu-
» cristo (Rom. i, 7).
» Metz, domingo 4 de junio de 1865.
« El pastor: O… »
Más tarde nuestro protestante había optado
por la nacionalidad francesa y habia contraido
matrimonio, ó mejor dicho, habia corrido peligro
de contraorlo, puesto que, he aqui lo que sucedió.
El, protestante, habia consentido en casarse según
la Iglesia Católica, pero su novia, católica, habia
rehusado de presentarse en el templo; de suerte
que, para arreglarlo todo no se presentaron ni á
la iglesia ni al templo.
De esta ilegitima union habían nacido cinco
hijos; pero la desgracia parecía les perseguía
por todas partes, como una maldición fatal, de
modo que la pobre familia vino á refugiarse en
Paris, único refugio á qnien no lo encuentra en
otra parto.
¡Desgraciados! su miseria hizose más oculta,
si, pero no monos cruel; y un día acosados por
el hambre, por la tristeza y desesperación deli-
beraron do asfixiarse… Solo la vista de sus po-
bres y desgraciados hijos los contuvo de cometer
tan horrible y triste crimen.
— Sabia bien, decíame el pobre padre , que
Dios existo y que yo hacia mal, pero habría
preferido la muerte, antes que ver á mis hijos
padecer el hambre ó hacerme yo mismo un
malhechor. Mi mujer tenía mucha razon cuando
me decía que Dios nos castigaba por causa de
nuestra mala situación ; pero este Dios ha tenido
piedad de mí, puesto que fue entóneos que agi-
tado por los remordimientos de conciencia, escribí
á V. por medio de mi hijo, y fue también en-
tonces que V. me sacó de la miseria en que yacía
con mi familia. —
En efecto , en breve tiempo, gracias al zelo
inteligente de varias personas piadosas y gene-
rosas de aquel barrio, todo fué regularizado. La
familia abandonó su mísera vivienda y se fué á
habitar en otro alojamiento mejor y más salu-
dable; proporcionáronles trabajo y además las
cosas más indispensables para vivir y sustentarse.
Las niñas fueron colocadas en un instituto de
monjas y los dos niños vinieron á nuestro Ora-
torio; uno para prepararse al bautismo y el otro
á la primera comunión. Finalmente habiéndose
cumplido todas la formalidades del Estado Civil
y de la Curia Arzobispal, celebraron el matri-
monio según la Santa Iglesia Católica. La for-
tuna penetró con el orden y moralidad en la
modesta habitación del pobre hijo de la Alsacia.
Un dia, era el del matrimonio, después de la
ceremonia, nos entreteníamos hablando de los
asuntos domésticos. — ¿ Qué cosa necesitarían
VV., les dije, para salir para siempre de la
miseria? — Necesitaría, respondió él, un trabajo
seguro y utensilios… ¡ Ah ! si pudiese trabajar en
mi casa, cuán feliz seria! — Trabajo no le fal-
tará; pero ¿y qué cantidad necesitaría para com-
prar los utensilios más indispensables? — Cal-
culó, contó, y después;.. — Unas 18 pesetas. —
Pues bien, he aqui 20 pesetas que me dieron
para VV. — El pobre obrero miró la moneda
de oro… fijó la vista en su mujer, después en mí
y finalmente exclamó : — ¡Y decir que ahora soy
maestro y dueño de un taller!
A decir la verdad, no pude contener la risa á
esta exclamación tan cándida de un dueño de
taller de 20 pesetas. Pero ¿qué importan las
ilusiones? El era feliz. Mas prosigamos nuestra
historia.
Un dia que una persona amiga visitaba la fa-
milia encontró al padre algo pensativo. ¿Porqué,
le dijo, está V. tan preocupado ? — ; Ali ! señora,
es porque no soy feliz; yo soy ahora el solo
protestante de toda mi familia. — ¿ Por causa de
quien? respondió la buena visitadora; puesto que
si V. lo desea sinceramente, no hay dificultad
ninguna… pero ruegue V., reguemos juntos al
Señor á fin de que le haga conocer la verdad.
Poco tiempo después, nuestro pobre obrero
vino una tarde á visitarme decentemente vestido
y con un folio en la mano que me entregó di-
ciendo: Aqui tiene V. Reverendo Padre, el cer-
tificado de mi primera comunión protestante ; no
quiero serlo jamás, quiero ser católico, lo quiero…
Sin esperar á otro dia, comenzó en aquel mismo
momento á recibir la primera lección de nuestro
catecismo y continuó de este modo viniendo todos
los dias despues del trabajo. Era un verdadero
placer contemplar el ardor y la avidéz, con que
nuestro catecúmeno bebía la sana doctrina. De
— 9 —
tanto en tanto me interrumpía exclamando : ¡ Y
considerar que yo no sabia estas cosas! ni si-
quiera mi mujer debe saber esto ; ¡ oh cómo estará
contenta cuando yo se la diga !
En electo, en familia se ocupaban en hacer la
repetición de las verdades aprendidas el dia antes
en el catecismo. Era verdaderamente edificante.
La preparación progresaba cuando acaeció un
caso conmovedor. La anciana madre de nuestro
protestante vivía aún y contaba ya 83 años, y
había sido expulsada brutalmente de la casa de
uno de sus lujos, quedando así desamparada.
Nuestro convertido no desmayó : — Es mi madre,
dijo él, mientras pueda le daré asilo y la cuidaré
yo ; se lo debo y la Divina Providencia nos ayu-
dará. — Sin calcular más ofrecióle su pobre casa.
Entretanto la anciana enferma allí albergada oía
lo que se decía en casa y tenía siempre presente
el espectáculo cuotidiano de la caridad cristiana;
todo esto la conmovió y también ella declaró que
quería ser católica.
Aquí presentábase una seria dificultad, puesto
que la pobre enferma apenas sabía hablar fran-
cés; pero esta dificultad fue muy pronto vencida,
porque su hijo se encargó de catequizarla y se
vio ¡espectáculo conmovedor! á este buen hijo
de 35 años de edad hacer silabear á su pobre
madre, extendida sobre el lecho de muerte, las
oraciones que ordinariamente las madres suelen
enseñar á balbucear á sus hijos, cuando todavía
están en la cuna. Las Hermanas de Niederbron,
que nosotros tenemos por dicha muy cerca de
nuestro Oratorio, se encargaron de completar esta
educación; y ya nosotros habíamos fijado para la
próxima fiesta del Lagrado Corazon la abjuración
de la madre, la primera Comunión de la abuela,
del hijo y del pequeñito nieto ; pero el Señor
nos rehusó este espectáculo consolador. De re-
pente el estado de debilidad de la anciana se hizo
más grave y por consiguiente fue preciso apre-
surar la cosa. Un dia estando yo ausente, nuestro
buen hermano D. Benard, debió recibir su abju-
ración, administrarle el santo bautismo bajo con-
dición, escuchar la confesión de la pobre mori-
bunda que encontrábase aún en pleno conocimiento
de si misma, prepararla á recibir la primera co-
munión y finalmente recibió también la Extrema-
unción. Algunos dias después, la feliz convertida
da 84 años moría tranquilamente, y digámoslo
también, con grande alegría y con las más admi-
rables y consolantes disposiciones, á fin de re-
posar para siempre en el Sagrado Corazon de
Jesus, Dios de las infintias misericordias.
No puedo menos de hacer aquí una reflexion
sobre la misericordiosa bondad de nuestro Pa-
dre celeste. ¡ Cuántos hombres abrumados por las
desgracias repentinas, por los infortunios que
parecen exceder toda medida, encuéntranse al
punto de abandonarse en los brazos de la deses-
peración ! Y sin embargo. Dios no ha obrado con
ellos sino con amor, puesto que aquel era el solo
medio para arrancarlos del infernal abismo hácia
el cual corrían sin apercibirse. La desgracia les
abrió los ojos, los echó en brazos de la divina
misericordia y fueron salvos. Esto es lo que a-
caeció á nuestra buena anciana. No parecía sinó
que fuese para ella la mayor de las desgracias
y una desgracia irremediable, el verse arrojada
á la calle por uno de sus mismos hijos á una
edad tan avanzada. Y sin embargo nosotros ve-
mos que prueba tan grande de amor dábale Dios
permitiendo tal cosa, pues fué para ella nada
menos que el medio de su salvación eterna y le
procuraba además la paz y el gozo en los itili
mos dias de su vida en este mundo.
Aprendamos, pues, de esto á bendecir siempre
la mano de Dios, que nos ama mucho más do 1<
que nosotros amamos á nosotros mismos.
Decir los desvelos de nuestro buen obren
durante la enfermedad de su madre, sería cosa
imposible : no la abandonó ni un solo instanti
por algunos dias y noches. V tuvo el gran con-
suelo de recoger su último respiro y oir su úl-
tima cita : — Hijo mio, adios, hasta vernos en
el cielo. Lloró amargamente, pero católico de co-
razón , aceptaba ya el dogma tan consolador d<
la comunión de los Santos, desechado por los des-
graciados protestantes ; y estuvo contento en po-
der orar por el reposo eterno del alma de su
madre. Esta separación no hizo otra cosa que
inflamar cada vez más su deseo y solicitar con
sus votos el dia de su entrada en el seno de la
sola verdadera Iglesia. La fecha de tal dia fue
fijada para el Domingo 4 de julio. En aquel día
debíase celebrar una triple solemnidad. La fiesta
de 8. Pedro y 8. Pablo patronos del Oratorio ;
la fiesta del Sagrado Corazon de Jesús, al cual
está dedicada nuestra Capilla y por último la pro-
cesión solemne del 88. Sacramento. Nosotros ha
biamos para tal dia fijado también el bautismo
de otros dos adultos y la primera comunión de
12 niños externos, que se preparaban según cos-
tumbre con ejercicios espirituales de tres dias
pasados completamente en retiro en nuestro Ora-
torio. Sin embargo tuvimos que anticipar al sá-
bado, 3 de julio, las ceremonias de la abjuración
y del bautismo que se hicieron con las debidas
facultades en nuestra capilla á la presencia de
testigos, de padrinos y madrinas y do un cierto
número de fieles devotos y de nuestros queridos
niños internos, estudiantes y artesanos.
Autorizado con las facultades necesarias por
el Exorno, é limo. Sr. Richard, he podido cum-
plir minuciosamente las bellas ceremonias litúr-
gicas prescritas por el Ritual, esto es, dar la
absolución in foro externo, recibir la abjuración,
hacer pronunciar la fórmula de fe de Pio IV,
imponer la penitencia pública y finalmente pro-
ceder á la administración del santo bautismo á
nuestros tres adultos. Todos los circunstantes con
nuestros catecúmenos repetían con toda devoción
y piedad las hermosas fórmulas y ceremonias li-
túrgicas tan llenas de significación y tan graves
en su sencillez.
Nosotros habíamos elegido por padrino de nues-
tro neófito á uno de nuestros buenos cooperado-
res , un miembro de las Conferencias de 8. Vi-
cente de Paul, el señor Virion, compatriota suyo,
que quiso se le pusiese por nombre Pablo ; dos
de nuestros internos, dieron á sus ahijados, uno
-lo-
de 12 años y el otro de 13, los nombres de
Ernesto y Luis.
Las madrinas fueron elegidas entre las devotas
señoras, que contribuyeron tan poderosamente con
su celo y caridad, á la fiesta de un dia tan her-
moso y bello, bespues de la redacción del acta
concluyóse la ceremonia con el canto de una ala-
banza sagrada á la Sma. Virgen, la Reina de las
Misericordias.
Pero la fiesta se había inaugurado solamente;
esta debía coronarse al dia siguiente. La Misa
dq la primiera Comunión se dijo á las 8 y 1¡2
en nuestra capilla admirablemente adornada. Era
magnifico y conmovedor el ver á nuestro neófito,
de 35 años de edad y á su hijo de 13, recibir
juntos á su Dios por primera vez ; la madre ha-
cia también su comunión ; de modo que no for-
maban más sobre la tierra que un solo corazón
y una sola alma. No le describo, amadísimo pa-
dre , esta ceremonia, diréle solamente para su
consuelo, que un gran número de externos, todos
los internos y muchísimos fieles acompañaron á
la feliz familia á la Mesa eucaristica. A las 11
cantóse la Misa solemne en canto gregoriano que
nuestros queridos niños, digámoslo de paso, aman
y aprecian cada vez más y ejecutan siempre con
mayor maestría y perfección.
Después de las Vísperas que se cantaron á las
3 tuvo lugar la renovación de los votos bautis-
males que nuestro buon obrero pronunció por
primero ; después la consagración á la Sma. Vir-
gen. Luego salió la procesión solemne del San-
tísimo Sacramento. Todos nuestros niños externos
ó internos habían porfiado para superarse en celo,
originalidad y buen gusto en erigir y adornar
los altares (reposoir). Habían formado tres : uno
de S. José, otro de la Sma. Virgen y el último
del Sagrado Corazon de Jesús. No se á cual de
los tres dar la preferencia, pero diré que el de
S. José, superaba indudablemente á los otros por
su originalidad.
Nuestros carpinteros habían hecho un altar con
un banco y adornándolo curiosamente con algunos
de los instrumentos y utensilios de su oficio. El
aspecto era verdaderamente gracioso.
No hablaré ni de los cantos, ni del orden de
la procesión, ni do la piedad general ; ¡ oh cómo
nuestros estudiantes estaban contentos con sus
estandartes y nuestros recien comulgados con sus
volas en la mano, haciendo la corte á aquel Dios,
que había venido por la mañana á llenar sus co-
razones de gozo y alegría! ¡oh cómo rebosaban
de júbilo y contento los niños que componían el
clero !
El buen hijo de la Alsacia tenia una de la bor-
las del palio formando pareja con un respetable
personaje y detrás de 8. D. M. seguía una mul-
titud do gente, que al recibir las bendiciones de
Nuestro Señor no podía persuadirse que semejante
ceremonia se hiciese al aire libre en Monilmontant.
Por la noche, después de la fiesta religiosa,
vinieron á unirse con nosotros en un modesto
banquete, en honor de los santos apóstoles, nues-
tros amadísimos hermanos de la Conferencia de
8. Vicente de Paul.
No es necesario que le haga el elogio del es-
píritu de sacrificio, que estos señores demues-
tran en mil maneras. ¡ Ah, Padre amadísimo, qué
buenos y preciosos cooperadores! ¡qué hijos tan
buenos y devotos cuenta V. !
Pero nuestra fiesta no se había concluido to-
davía : al dia siguiente, lunes por la mañana, fui-
mos al Arzobispado con nuestros recien comul-
gados del dia anterior, á fin de presentarlos al
Sacramento de la Confirmación.
Un hermano de S. Vicente de Paul hizo de
Padrino á nuestros 12 confirmandos. El Hmo.
Sr. Richard, fué como siempre de una bondad
suma para con los hijos de D. Bosco. Quiso to-
mar por la mano en señal de afección á nuestro
convertido, todo confuso de tanto honor, y tuvo
para todos las más paternales y dulces palabras.
El regreso á Menilmontant fué de los más a-
legres. Nuestros queridos niños, durante estos
dias habían gozado de tanta felicidad en el Ora-
torio que no querían abandonarlo jamás. Fué,
sin embargo, necesario separarse hasta el domingo
siguiente , dándose palabra de volver , á la cual
respondieron todos con entusiasmo sin igual.
Me apercibo, caro Padre, que mi narración ha
sido demasiado larga, pero V. me perdonará puesto
que se trata de sus hijos. Los bendiga, venerable
Padre, bendiga á nuestros neófitos, á nuestros
bienhechores y á nuestros zelosos hermanos de
8. Vicente de Paul.
Y por último se consuele al ver que María
Auxiliadora, aquí como en otras partes, se com-
place en ver fructificar todas las obras que nos
confian.
¡ Ah ! esto es porque V. ama tanto á esta Vir-
gen bendita y porque todas sus obras no tienen
otro fin que el de hacerla amar y glorificar jun-
tamente con su divino Hijo !
Su humildísimo y afino, hijo
Carlos Bellamy, pbro.
D. BOSCO EN MILÁN.
(Extracto del Corriere di Torino).
Milan. 12 de Setiembre.
Como fué anunciado, ayer en el tren correo
de la 12-40 llegó á Milán nuestro venerable Don
Bosco, en cuyo simple nombre el público suele
compendiar el apostolado de caridad que desde
tantos años está cumpliendo en el mundo.
Recibido en la estación por varios profesores
de nuestro seminario, por algunos sacerdotes y
seglares ya alumnos suyos, luciéronlo subir en
el coche de nuestro Arzobispo, que quiso tenerle
como huésped suyo. Pero si la vista de D. Bosco
llenó á todos de grande júbilo, alegría y admi-
ración, también un sentimiento de profunda pena
y compasión ha causado en todos los presentes,
su estado de salud.
Tiene las piernas totalmente débiles y no ca-
mina sino acompañado de otros, y con grande
dificultad. De esta manera subió las escaleras del
palacio arzobispal, que por cierto no son pocas.
El recibimiento afectuoso que nuestro Arzobispo
ha hecho á D. Bosco, no se expliqua; es nece-
sario haber sido testigo.
D. Bosco, que á pesar de la edad y los acha-
ques, conserva el ojo vivo y la mente clarísima,
reconoció á todos cuantos se le presentaron y
manifestóles lo muy satisfecho que estaba en en-
contrarse entre los buenos milaneses. Después á
uno que con el hablaba dijole : Estoy vecino ii la
eternidad, pero no debo irme sin haber antes
recibido la bendición del Arzobispo de Milán.
Un pensamiento tan delicado fué después re-
compensado con un acto de humildad por parte
de nuestro Arzobispo, que basta indicarlo para
comprender el alto significado y sentir una ver-
dadera conmoción. El limo, y Rmo. Sr. Arzo-
bispo salió personalmente á recibirle, arrodillóse
á sus pies y pidióle la bendición !
En el dia de ayer fueron innumerables las vi-
sitas de los sacerdotes y seglares, que concurrie-
ron al palacio Arzobispal, pero I). Bosco se re-
tiró pronto á descansar.
Esta mañana tuvo lugar en el templo de Santa
María de las Gracias la reunion anunciada por
D. Bosco en favor de las Misiones Salesianas.
El templo estaba adornado sencillamente; á las
11 la multitud que se reunía dentro era grandí-
sima á pesar de que el Secolo, con arte digna de
este triste diario, intentase de dar á la conferen-
cia el carácter de demostración clerical, haciendo
presagiar desórdenes. Pero el piadoso deseo del
Secolo fué despreciado y una docena de munici-
pales, fueron suficientes para mantener el órden
más perfecto.
8. E. lima, que ya por la mañana á las 7 ha-
bía distribuida la Comunión general en el templo
de S. Joaquin, acogido con grandísimo entusiasmo,
con la banda de música, por aquellos parroquia-
nos, que quisieron celebrar con júbilo la primera
fiesta patronal del templo, debido casi todo á la
munificencia del Arzobispo, llegó á las 11 en
punto á Santa María de las Gracias.
Asistió, pues, á la santa Misa con acompaña-
miento de música de los alumnos de D. Bosco.
De la admirable ejecución musical de los alumnos
de D. Bosco no ocurre hablar á los torineses;
fué una grata sorpresa para nosotros y, digámoslo,
un ejemplo saludable para la música que se canta
en alguna de nuestras iglesias.
Terminada la Misa, todos esperaban ver subir
al pùlpito á D. Bosco, quien se encontraba sen-
tado á un lado del altar mayor. La conferencia
hizóla el M. R. P. D. Luis Lasagna, misionero,
llegado recientemente de la América meridional.
Comenzó el exordio con palabras de verdadero
agradecimiento hácia el Arzobispo, á quien debe
en gran parte el encontrarse apóstol del Evan-
gelio en lejanas regiones, haciendo además notar
que en aquel mismo dia cumplía el vigésimo año
que el limo. Sr. Calabiana, lo autorizaba para
vestir el hábito sacerdotal.
Desarroyó después una conferencia improvisada
sobre la obra de D. Bosco, propagada prodigio-
samente en breve tiempo en las principales ciu-
dades de Italia y en muchísimas regiones de la
América. Dijo que más de 200,000 niños tiene
D. Bosco bajo las grandes alas de su caritativa
protección en el mundo, é hizo un cuadro efica-
císimo de las escenas horrorosas que suceden en
los países salvajes, donde por lo de ahora no
llegó aún la caridad evangélica á arrancar á los
niños de la barbarie y á llevarles las luces del
cristianismo y de la caridad.
Creo que si la conferencia hubiese sido hecha
en un lugar privado en vez de la Iglesia, quien
sabe cuantas y cuantas veces el orador hubiera
sido interrumpido por lor aplausos de un electo
auditorio , que encontrábase enteramente conmo-
vido ; máxime cuando D. Lasagna con vivas pa-
labras, demostró que las Misiones , no son sola-
mente una obra religiosa, sinó también una obra
de patriotismo que debería persuadir á nuestros
gobernantes para que eximiesen del servicio mi-
litar al menos á aquellos clérigos que se dedican
á las misiones. Concluida la conferencia se hizo
la colecta. No sé actualmente cuanto habrá sido
lo que se recogió, pero puedo suponer con fun-
damento que el resultado habrá sido digno de la
benéfica Milán.
La función se concluyó con la Bendición y des-
pués con un espectáculo del todo commovedor.
D. Bosco no hizo un público discurso, pero se
puede decir que habló casi á todos los presentes
en particular. Cogió después 8. E. R. á D. Bosco
por el brazo y acompañábalo atravesando toda
la iglesia con grande admiración de todos. Creíase
y se temía que la multitud se agolpase, pero, la
delicadeza y prudencia de todos fueron tales, que
aquel espectáculo edificante se cumplió sin in-
conveniente y por último el venerando Prelado
y el apóstol, tanto amado por nuestra población,
pudieron llegar adonde estaba el coche y salir
en medio de los aplausos de todos.
Desde Santa Maria de las Gracias el limo. Sr.
Arzobispo con D. Bosco se dirigieron al colegio
de San Carlos en Puerta Magenta , donde eran
esperados por una numerosa reunion de selectas
é ilustres personas.
Durante el poco tiempo que D. Bosco estuvo
en Milan, dice la Lega Lombarda, en las salas
del Arzobispado fué un continuo movimiento. Es
mucho de notar la suave armonía de carácter,
de dulzura y caridad que distingue á estos dos
personages, nuestro Arzobispo y D. Bosco. Ayer
mismo, por la tarde oyéndolos hablar familiar-
mente, nos sentimos llenos de'una suavísima ad-
miración.
El lunes por la mañana, á las 7 1¡4 D. Bosco
celebró la misa en la capilla privada del Sr. Ar-
zobispo. Asistían muchas señoras y señores y to-
dos sus discípulos, á los cuales distribuyó la Co-
munión. Después de la misa sentado en una de
las vastas salas del Arzobispado recibió á los que
allí se encontraban, dirigióles un discurso lleno
— 12 —
do caridad, dióles la bendición y después quiso
hablar particularmente á cada uno, dándoles un
recuerdo, acompañándolo con alguna palabrita
chistosa. — A las 4,25 salió para Torino con el
directo.
Deberíamos también decir alguna cosa de las
espléndidas conferencias, tenidas por nuestros Co-
operadores Salesianos en Busto Arsicio y en Ca-
sale Bitta, pero lo haremos en el siguiente nú-
mero, por falta de espacio en el presente.
GRACIA W MARIA SHA. AUXILIADORA.
Locara, 31 julio de 1886.
Respetable Sr. Director,
Ayer he recibido las medallas. La jóven do
quien le hablaba á V. otra vez, está bien, dunque
bastante débil. Puédese muy bien llamar la sal-
vada por María Auxiliadora.
También aquel niño de trece años y la señora
de 25, invadidos por el cólera y en estado gra-
vísimo, ó mejor dicho, desesperado, están mucho
mejor, y estoy cierto que sanarán. Después que
los confesé, les di una medallita, los puse bajo
la protección de nuestra Señora Auocilium diri-
stianorum y Ella los salvó. ¡Viva Maria y siem-
pre viva ! A Ella invoque el pueblo cristiano, á
Ella recurra en todas las necesidades que cier-
tamente no quedará jamás desatendido.
Desdo el lunes pp. por la mañana no hubo
ningún nuevo caso de cólera y espero que María
invocada con fé nos será en adelante propicia, y
en Ella pongo toda mi confianza.
Sea, pues, bendita y siempre invocada.
Con todo mi afecto y respeto quedo de V.
S. S. Q. B. S. M.
Basilio, coop. sal.
COLEGIO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
en Utrera.
El dia 10 del corriente se inauguraron los es-
tudios en el colegio de Nuestra Señora del Gár-
men, establecido por los Padres Salesianos en la
inmediata ciudad de Utrera.
El acto fnó solemne en extremo y dejó llena
de entusiasmo á la escogida concurrencia que
asistió á él.
Empozó con un hermoso canto del maestro Do-
gliani, leyendo enseguida ol director del estable-
cimiento, Sr. D. Ernesto Oberti, un breve pero
elocuentísimo discurso, en el cual, después de tri-
butar gracias al insigne bienhechor y cooperador
de los Salesianos de Utrera, Sr. D. Diego M. San-
tiago , explicó el plan que se proponían seguir
en la enseñanza los directores y profesores del
referido colegio, plan que desarrollarían teniendo
siempre presente y usando los medios señalados
en las palabras del Espíritu Santo: Suaviter et
fbrtiter.
La concurrencia acogió con nutridos aplausos
el elocuente discurso del Sr. Oberti.
Acto continuo un niño vestido á la antigua
española, cantó la siempre encantadora y tierna
romanza Y Orfanello, de Monseñor Caglierò, con-
moviendo y haciendo llorar á muchos concur-
rentes.
A continuación recitáronse varias poesías espa-
ñolas, italianas y francesas , gustando mucho el
diálogo del P. Fenoglio, que tenia por fin expli-
car la importancia del estudio.
La parte musical estuvo perfectamente desem-
peñada, agradando á todos no solo la referida ro-
manza 1’ Orfanello , sino también el canto del
Strambotto, ópera muy original del maestro De-
vecchi, así como la composición del maestro que
enseña á su discípulo á solfear.
Cerca de dos horas duró la brillante y solemne
velada, saliendo todos de ella completamente com-
placidos.
Aquella misma tarde los Padres Salesianos con
los alumnos del colegio, saludaron en el camino
que va al Coronil á nuestro amadísimo Prelado,
que haciendo parar el coche, dio á besar su pas-
toral anillo á todos los alumnos.
(Del Diario de Sevilla).
UN DRAMA SOBRE S. AGUSTIN.
En la Colección de Lecturas Dramáticas de
nuestro Oratorio de Turin publicóse últimamente
uno en latin, quo por el argumento y por la
forma, merece ser adquirido, leido y recitado por
toda la juventud educada en los Seminarios é
Institutos religiosos. Está escrito en versos plan
tinos y su autor es el Pbro. Dr. Sr. D. Juan
Francesia. Sabemos que entre los que escribieron
favorablemente, S. E. el Cardenal Parecchi, á
quien fué dedicado este trabajo, dirigió al autor
una magnifica carta latina, congratulándose con
él vivamente. El P. Mauro Ricci, célebre y gra-
cioso escritor, llegó á decir casi felices las faltas
de S. Agustín, pues merecieron un tan cumplido
y elegante expositor, en el autor del presente
drama. He aquí sus palabras :
O culpa Aurelü felix, fetida donee
Ex calamo elidei carmina, Docte, tuo!
Un opúsculo en-32° á 30 cénts. ejemplar.
Suplicamos à los señores Cooperadores
se dignen dispensar el retardo del presente
Boletín, debido á la falta de algunos me-
dios, de que, por ser la primera vez que se
imprime en esta Tipografìa, hemos care-
cido. En los meses sucesivos procuraremos
llegue à tiempo oportuno.
Cor aprobación 4c la A at. Eclesiástica — Cercote MATEO G BICHOTE
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