Boletín Salesiano. Noviembre 1893
AÑO Vni.-N. 11. Publicación mensual NOVIEMBRE de 1893 BOLETIN SALÉSIANO Guien recibiere á un nino en mi nombre, á. mi me recibe. (Math. xvhi.) Os recomiendo la ñinez y la juventud ; cultivad con grande esmero su educación cristiana ; y proporcionadle libros que le enseñen á huir del vicio y & practicar la virtud. (Pio IX.) Redoblad vuestras fuerzas á fin de apartar A la niñez y juventud de la corrupción é incredulidad y preparar asi una nueva generación. (Leon XIII.) Debemos ayudar á nuestros hermanos & fin de cooperar A la difusión de la verdad. (111 S. Juan, 8.) Atiende á la buena lectura, á la exhortación y & la enseñanza. (1 Timotu. iv, 13.) Entre las cosas divinas, lainás sublime, es la de cooperar con Dios á. la salvación de las almas (S. Dionisio.) El amor al prójimo, es uno de los mayores y más excelentes dones que la divina bondad puede conceder & los hombres (El Doct. S. Franc. do Sales). —$-§3( DIRECCION en el Oratorio Salesiano — Calle de Cottolengo N. 32, TÜRIN (Italia) SUMARIO. Una carta de s. s. león xiii. Ellüjo………………… . Londres. Iglesia del Sagrado Corazón. Primer Congreso dr los Directores diocesanos de los Cooperadores de la Pía Sociedad Salesiana. Distinciones pontificias á seis Cooperadores Salesianos. Francia. Navarra. La Colonia Agrícola Salesiana. Noticias de nuestras misiones. Tierra del Fuego. República Argentina. Gracias de María Auxiliadora. Santadeü. Oratorio de Don Basco. Méjico. El Colegio Salesiano. Una Carta de S. S. León XIII AL SACERDOTE MIGUEL RUA RECTOR MAYOR DE LA PIA SOCIEDAD SALESIANA Llenos de reconocimiento al Señor y de gratitud al gran Pontífice que en nuestro revuelto siglo guía la nave de San Pedro, tenemos el gusto de anunciar á nuestros amados Cooperadores que la humilde Sociedad Salesiana ha sido recientemente favorecida con una carta de Su Santidad, que tenemos á mucha honra publicar. Las palabras del Sumo Pontífice, Maestro infalible’, llenarán de aliento á todos los hijos y amigos de Don Bosco, que tanto se empeñó en recomendar la mayor veneración y devoción á la Santa Sede. Gracias al Padre Santo que alienta y bendice las obras salesíanas. Dios oiga las oraciones que con toda la efusión del alma hacemos para que le ayude en todas sus empresas y le colme con todo género de gracias. i Viva S. S. el Papa León XIII1 — 162 — s>. & £ (¡Dilecto c/ilio Michaéli Rúa Sacerdoti RECTORI MAJORI PIAE SOCIETATIS S. FRANC1SCI SALESII AUGUSTAM TAURINORUM Dilecte Fili, Salutem et Apostolicam Benedictionem, ^^ocietati Vestrae, cujus tu, recenti epistola, et gratulantis pietatem exhibuisti et Deo laborantis renuntiasti progressus, perlibenter Nos paterni animi significationem tribuimus. Magna quidem Deo habenda est laus, quo excitante et ducente, insignis ille Sacerdos, vestrae auctor Familiae, tam multa tamque utilia in eius nominis gloriam, in commoda iuventutis, in salutem animarum molitus est feliciterque tota vita perfecit. Id vero maiore in dies cum gratia praestari decet, eo quod eiusdem viri spiritus, in te atque in Societate universa integer vigens, ad nova semper properet benefacta, quibus res sacra et civilis optime adjuventur. Nosmetipsi, quantum vestro in hanc Apostolicam Sedem obsequio delectemur et quantum operae vestrae confidamus, saepius patefecimus, maxime quum alias vobis provincias inter exteras gentes pro auctoritate credidimus, ad Christianam fidem itemque ad humanum cultum, ut instituistis alacres, adducendas. De ceteris autem vestrorum officiorum partibus, praecipue Nos recreant uberes ii fructus, quos late habetis in iuventute excolenda; dum quotidie pericula ingravescunt, quibus aetas credula et mollis miserrime cingitur et conflictatur. Quapropter illud etiam gratissimum est, amplam vos domum in hac ipsa urbe, continentem aedi Sacro Cordi Jesu a vobis ipsis dicatae, nuperrime absolvisse, in qua liceat multos litteris et artificiis, et, quod caput est, religione et moribus recte probeque instruere. Huic igitur coepto et ceteris consiliis laboribusque Societatis, omnis auspex et effector boni, adsit Deus et faveat: a quo Nos tibi in primis, dilecte fili, atque sodalibus universis, sacrisque Virginibus eiusdem Societatis, eisque cunctis qui vobiscum quoquo modo conferunt operam, Apostolicam benedictionem magna caritate impertimus. 1 B I I r B $ I LEO P.P. XIII. Datum Romae, apud S. Petrum, die XVIII Septembris anno MDCCCXCin, pontificatus Nostri sextodecimot — 163 — Amado Hijo, salud y bendición apostólica, Muy grato nos es manifestaros los sentimientos paternales de Nuestro corazón hacia vuestra Sociedad, la cual, como poco há me comunicaste, continúa progresando y acrecentando sus fatigas por el Señor. A la verdad que se deben dar muchas gracias á Dios porque con su inspiración y consejo el insigne fundador de vuestra familia pudo con trabajo perseverante llevar á cabo tan numerosas y útiles empresas para gloria divina, bien de la juventud y salvación de las almas. Y su obra continúa tomando mayor vigor, y con admirable ventaja de la sociedad civil y religiosa sigue produciendo nuevos frutos de día en día, porque su espíritu se conserva entero en ti y en toda la Sociedad. Más de una ve^ os hemos demostrado con cuánto placer hemos recibido vuestras expresiones de devoción hacia esta Sede Apostólica, y cuánto confiamos en vuestra obra, especialmente cuando os encomendamos, por Autoridad Nuestra, algunas provincias de pueblos lejanos para guiarlas al conocimiento de la fe y de la vida recta social. Y entre todas vuestras obras Nos es de gran consuelo el fruto abundante que conseguís acá y allá en la educación de la juventud, mientras andando los tiempos crecen los peligros que en su tierna edad los circundan y combaten. Por esto Nos es muy satisfactorio que en Roma misma se haya llevado ya á término la espaciosa casa anexa al templo que habéis dedicado al Sagrado Corazón, y donde muchos podrán instruirse y educarse santamente en artes y letras, y lo que más importa según los principios de la religión y de las buenas costumbres. Asi, Dios inspirador y autor de toda buena empresa bendiga y dé prosperidad tanto á esta obra como á todos los deseos y fatigas de la Sociedad, mientras con grande efusión del corazón invocamos de El la Apostólica Bendición, primeramente para ti, querido Hijo, y luego para todos tus Hermanos y Sagradas Vírgenes de la misma Sociedad y para todos los que de cualquier modo la ayudan con su trabajo. , Dado en Roma, cerca de S. Pedro, el día 18 de Setiembre de 1893, decimosexto de Nuestro Pontificado. León P.P. XIII. — 1G4 — Bien sabido es que la necesidad y origen del vestido nos vienen del pecado cometido por nuestros primeros padres. Adán y Eva fueron los primeros sastres, y las hojas de higuera fueron la primera tela de sus vestidos; sustituidos en breve por los que Dios mismo les dió de pellejos de animales. Pero ha sido después tanta la vanidad de los hombres, y ha crecido tan por extremo su malicia, según advierte Fr. Pedro Malón de Chaide, que han llegado á hacer golocina del pecado, y que lo que se dió por sambenito y afrenta, eso sirva de gala y honra; porque preciarse del vestido, es como si uno se preciara de traer más galán y costoso el sambenito que por sus culpas se le puso. Aborrece Dios el exceso en el vestido, y mucho espanta el terrible caso que cuenta el Evangelio de aquel rico glotón, impío y cruel con el pobre Lázaro, el mendigo; puesto que el’ primer delito que se le prueba, y lo primero que el Espíritu Santo le recrimina es que se vestía costosamente y traía ropas de púrpura. Era este desventurado como el gusano de seda, que se hace á sí propio una sepultura de seda donde muere. Cierto es que le era lícito traerse y comer conforme á la hacienda que tenía; mas excedía mucho á su estado, y del exceso en vestir y en comer, vino á tener poca misericordia con los pobres; y así aunque el pecado principal de su condenación fué por ser duro y sin misericordia, el Evangelista nota lo otro, porque desmandándose el hombre en trajes y en el comer y beber, no está en su mano no caer en otros pecados, principálmente en falta de earidlñl con los pobres. Esto lo vemos cada día: ricos señores y opulentos que andan siempre empeñados y que no pagan con fidelidad á sus criados, ni al sastre, ni al zapatero lo que se les debe. jCon qué rigor será condenado el cristiano, viendo que su Señor, su capitán, su príncipe, su Dios nace pobre, vive pobre, muere pobre, y se precia de pobre ? si predica es pobreza; si busca discípulos son los más pobres. Dícenos que las raposas tienen sus cuevas, y los pa-jarillos sus nidos donde criar sus hijos, y el hijo del hombre no tiene una teja propia, con que cubrir la cabeza. De puro pobre comía él y sus discípulos pan de cebada, y aun para pagar la moneda de la alcabala á los recaudadores de César, no tuvo un cuarto, y hubo san Pedro de ir á pescar al mar, donde al primer lance sacó la moneda, que era menester, de entre las agallas de un pez. Fíguranse muchas personas aficionadas á trajes y galas un Dios que no repara en menudencias y niñerías, que ellas llaman; que no las ha de condenar á todas, y agregan que no lo toman de la hacienda agena, como si la compañía cu el pecado quitase la culpa de él, y como si por condenar á muchos perdiese Dios algo de su casa y de su reputación , y como si el rico mencionado no fuera tan rico como ellos, ó lo robara para echárselo á cuestas. Entre tanto cuántos pobrecitos duermen por esos portales, siu tener siquiera un pedazo de estera en que recostarse, sin pan para su hambre de muchos días, sin medicina para sus enfermedades. Alababa Jesucristo un día á su grande amigo y privado el Bautista, y dice á un gran auditorio que tenía á la sazón que predicaba: i Qué pensábais que salíais á ver al desierto, cuando dejábais vuestras casas y ciudades é ibais en busca de Juan ? Pensábais que era algún cortesano de los que visten seda y arrastran brocado; de los que traen felpas y tejidos delicados? Éstos allá viven en palacios y en las cortes de los reyes… Siempre las galas fueron aborrecidas y despreciadas de los Santos, que el traje humilde y sencillo es el más agradable á los ojos de Dios. Cuenta Macrobio, que habiendo salido un día Julia Augusta, la hija del emperador Octavio, á unas fiestas con un vestido severo y grave, por enmendar otra salida que el día anterior había hecho con otro de galas y colores, viéndola su padre, dijo á los que estaban presentes: ¡Cuánto más honrado traje es este para la hija de Augusto que el de ayer! El hijo en los vestidos y vajillas, en el ajuar y en las viviendas es un indicio cierto de molicie y relajación de costumbres, de sensualidad y afeminación de caracteres; es una especie de barómetro que da á conocer el estado moral délos pueblos. Y al paso que no hay bienes de fortuna que no desaparezcan por lal — 1G5 — acción del lujo, ni hay familia que conserve la pureza de su nombre, ni individuo que no sufra terrible desastre, la sociedad entera padece por ello las más funestas consecuencias. Lo ejemplos saltan á la vista y se nos ofrecen á millares; pero por desgracia el amor propio y la sed de satisfacciones y comodidades son tales que en tratándose de este particular muchos son los incorregibles, muchos los que tienen ojos y no ven, oídos y no oyen, y caminan por el camino ancho de perdición. Presentóse un día un mancebo á Jesús y le preguntó qué debía hacer para conseguir la vida eterna. « Guarda los mandamientos, le contestó el Señor. Los he guardado desde mi juventud, replicó aquél, ¡qué me falta aún? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, vé, vende cuanto tienes, y dalo á los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo: y ven, sígueme. Y cuando oyó el mancebo estas palabras se fué triste; » porque aun cuando deseaba mucho alcanzar la perfección, esto no obstante, la abundacia y el amor de las riquezas que poseía no le permitieron abrazarlo mismo que quería; así aquéllas sofocaron sus buenos deseos. Y dijo Jesús á sus discípulos: « En verdad os digo que con dificultad entrará un rico en el reino de los cielos. » Porque el afecto á las riquezas le será un estorbo, para que ame á Dios de todo su corazón: le serán ocasión de despreciar al prójimo ; pondrá en ellas su confianza; aplicará toda su atención y conato á acrecentarlas y disfrutarlas, y le serán un fomento para la ambición y los deleites. Si, pues, los ricos quieren alcanzar el reino de los cielos, es menester que guarden los mandamientos, que den liberalmente y con alegría á los pobres, que no sean ostentadores y vanos, y que cuiden de hacerse ricos en toda suerte de buenas obras. eoseeoeseoseeoeoeeeeef LONDRES Iglesia del Sagrado Corazón. Gran placer y consuelo tenemos al anunciar la bendición solemne é inauguración de la iglesia que, en honor del •Sagrado Corazón de Jesús, acaban de edificar los Salesianos en el barrio de Bat-tersea en Londres. La erección de esta iglesia era indispensable, pues ha venido á sustituir á la vieja capilla de hierro que años atrás había hecho edificar la Condesa de Hack-pool, y que ya en ruina fué demolida por disposición del Consejo de la City. Tratándose ahora de una iglesia parroquial en un barrio tan necesidado, y en honor del Sagrado Corazón, se ha procurado que sea espaciosa y elegante, un verdadero monumento religioso ofrecido á Dios por la conversión de innumerables almas. Hízose la bendición ante una extraordinaria concurrencia y con inusitado esplendor el día 14 de octubre, por el limo. Sr. Don Juan Oagliero, habiendo cantado la misa el Revino. Sr. Don Rúa, superior general de la Congregación Sa-lesiana. Continuaron las fiestas el 15 con una misa de pontifical del limo. Sr. Cagliero, y en los días siguientes hasta el 22 inclusive con misas y vísperas solemnes, con predicaciones conferencias y bendiciones con el Santísimo Sacramento. Muchos fueron los Cooperadores salesianos que aun de Francia é Italia concurrieron á la celebración de tan preciosa fiesta. No nos detendremos por ahora en referir los pormenores de ella; pero muy grato nos es advertir que con realizarse esta obra se ha llevado á cabo uno de los deseos más ardientes de Don Bosco, quien no cesaba de dirigir sus miradas á la tierra de los santos, como se la llamó antiguamente, y quien dos meses antes de su muerte envió algunos de sus sacerdotes á tomar la dirección de la capilla de Battersea. Dios los ha protegido visiblemente, y tras breves años de sacrificios y estrecheces los regala con la satisfacción do ver erigida la iglesia que tanto anhelaban para ganar- almas para el Cielo. PRIMER CONGRESO de los Directores diocesanos de los Cooperadores de la Pía Sociedad Salesiana El 12 y 13 de setiembre se celebró en Valsálice, en el Seminario de las Misiones Salesianas, junto á la tumba venerable de Don Bosco, el primer Congreso de los Directores diocesanos do — 166 – nuestros beneméritos Cooperadores de Italia. La recepción que allí se les hizo por el Revmo. Sr. Don Rúa y demás Superiores de la Congregación Salesiana fué la más cordial y afectuosa; y los días pasados en las sesiones que se verificaron quedarán inolvidables en los anales de nuestro Instituto. Hó aquí la nómina de los asistentes: Acqui. Sr. Canónigo D. Francisco Negroni. Fossano. Mons. Masera, Vicario General. Saluzzo. Síes. Canónigos D. José Savio y D. N. Filippi. Susa. 8. Canónigo D. Domingo Henry. Tortona. Sr. D. Luis Orione en representación «lo Mons. José Novelli. Vercelli. Sr. D. Juan Forrero. Novara Mons. Felice Rossari. Vigevano. Sr. Provosto D. Antonio Colli. Milán. Sr. D. Pascual Morgauti. Como. Sr. D. Antonio Oasurico. I.odi. Sr. D. Enrique Noli. Mantua. Sr. Arcipreste D. Cayetano Mor-tara. Pavía. Sr. Canónigo D. Francisco Mariani. Venecia. Mons. G. A. doi Conti di San Formo, Protonotario Apost. y Prelado Doméstico do S. S. Chioggia. Sr. D. Francisco Naccari. Feltre. Sr. Cura D. M. Bordin. Portogruaro. M. R. D. Antonio Agno-luto por el Revmo. Sr. Vicario Capitular D. Luis Finti. Treviso. Mons. G. M. Pellizzari. Udine. Sr. D. RaimundoZorzi por Mons. De Pauli. Verona. Sr. Grancelli por el limo, y Revmo. D. Francisco Serenelli. Vicenza. Por Mons. De Luchi D. A. Na-varotto. Scliio. Sr. Don Antonio Santacatterina. Velo d’Astico. Sr. D. Guillermo Santacatterina. Cepeda. Mons. Andrés Carponé. Módena. Sr. Santo Ferrari. Reggio. Sr. D. Emilio Cottafavi. Ferrara. Mons. Luis Baldi. Parma. Sr. Doctor D. Carlos Baratía. Itorgo S. Donnino. Sr. Vicario D. José Bolzoni. PROGRAMA. Las materias de que se trató durante el Congreso fueron las siguientes: I. Directores Diocesanos. II. Decuriones; su elección; su campo de acción. III. Juntas Salesianas. Reuniones de las Señoras Cooperadoras. IV. Cooperadores: su inscripción. V. Norma para las Conferencias Sa-lesianas. Conferencias privadas y públicas. VI. Obras religiosas: catecismo, oratorio festivo, escuelas. VII. Vocaciones al estado eclesiástico, y al religioso. VIII. Prensa católica. Ediciones Sale-sianas. IX. Juventud abandonada. Asilos y Colegios Salesianos. X. Norma práctica para obtener auxilios morales y materiales. XI. Misiones Salesianas. Cofradías de María Auxiliadora. Obra de María Auxiliadora. Id. del Sagrado Corazón. XII. Propuestas varias. PALABRAS DE DON RUA. Dióse comienzo á las sesiones con un breve discurso del Revmo. Sr. D. Rúa, que transcribimos á continuación: Monseñores Reverendísimos, Señores: Al darse principio al primer Congreso de los Directores Diocesanos de nuestros Cooperadores creo conveniente advertir cuál sea la base de cuanto ha de tratarse ; esto es, dar á conocer cuál era la idea de Don Bosco con respecto á los Decuriones Salesianos y á los Directores Diocesanos de nuestros Cooperadores. Don Bosco, como católico sin tacha, procuraba constantemente sostener la autoridad del Vicario de Nuestro Señor Jesucristo. Si se observan sus escritos, bien se advierte que no pierde ocasión de exhortar á los fieles cristianos á unirse estrechamente al Sumo Pontífice. Y puesto que el Padre Santo ejerce su autoridad por medio de los arzobispos y obispos. Don Bosco alentaba á los fieles á la sumisión y deferencia á los diocesanos. Más aún: pues los obispos ejercen su autoridad por medio de los párrocos, Don Bosco recomendaba la unión con éstos. Tal era su regla de conducta, y tal la norma de que siempre se sirvió para la asociación de los Cooperadores Salesianos. Desde los orígenes del Oratorio tuvo Don Bosco algunos auxiliares, que eran conocidos con el nombre de bienhechores del Oratorio de San Francisco de Sales; mas á medida que se fueron desarrollando sus obras, el Señor le fué enviando mayor — 1G7 — número de auxiliares, ora eclesiásticos, ora seculares, que con piadoso celo y abnegación singular se consagraron al bien de los niños huérfanos y abandonados. Lleno de gratitud la más viva hacia ellos, no cesaba Don Bosco de expresarles su reconocimiento, ya con obsequiarles algún libro ú objeto de devoción, ya con saludarles en el día de pascua ó de sus aniversarios; pero como esto no le pareciera suficiente, volvióse á Su Santidad Pío IX, que tanto le amaba, para suplicarle que concediera especiales indulgencias á sus bienhechores. Y como el número de éstos siguiese en aumento, creyó conveniente formar una especie de sociedad: de aquí el origen de la Pía Unión de Cooperadores Salesianos, para la cual redactó un reglamento especial, que presentado al Sumo Pontífice mereció su aprobación y aplauso y favoreció á todos sus miembros con muy señalados beneficios espirituales. Como fuera menester que los Cooperadores de los diversos lugares se conociesen y uniformasen sus trabajos, Don Bosco nombró Decuriones y Directores, aquéllos para las parroquias y éstos para toda lina diócesis. Tratándose de la elección de unos y otros, tuvo particular cuidado, conforme á la idea antes enunciada, de nombrar generalmente como Decuriones á los Párrocos y de Directores al Obispo Diocesano ó á uno de sus representantes. Así los Cooperadores Salesianos forman, según la intención de Don Bosco, como una falange unida á los pastores del Señor, y trabajan armónicamente en promover la gloria de Dios, difundir el reino de Cristo y salvar almas. SESIONES. – SUFRAGIOS. Desarrolladas por Don Búa las ideas anteriores, pasóse á la discución de las materias señaladas en el Programa. Celebráronse cada día dos sesiones: una de las 9 1[2 a.m. á las 12 m. y la otra de las 6 á las 8 p.m. No siendo posible dar en un Boletín como éste una relación completa de cuanto con gran celo y discreción se trató en tales sesiones se escribirá un cuaderno con ]a cuenta exacta de los trabajos del Congreso, para que sirva de guía á los Directores Diocesanos y Decuriones Salesianos. Excusado es decir que en tan importante reunión se hicieron muy preciosos recuerdos de las enseñanzas de D. Bosco. Y tanto para honrar su memoria como la de los Directores, Decuriones y Cooperadores difuntos celebróse una misa solemne de pontifical porMons. dei Conti Sanfermo, junto á la tumba de D. Bosco. La ceremonia fue solemne y conmovedora. HOMENAGE. – ADIOS No era posible dejar de honrar do una manera particular al primero de los Cooperadores Salesianos, al principal y más ínclito bienhechor de Don Bosco, al Sumo Pontífice reinante. Tanto en la primera como en las demás sesiones del Congreso hiciérouse recuerdos de sus sabias enseñanzas, y antes de terminarlas enviósele un saludo con la expresión más viva de admiración, afecto y sumisión profunda, á la vez que una ofrenda para el Obolo de San Pedro. Dióse término á las sesiones con un solemne Te Deum y con la bendición del Santísimo Sacramento, y los miembros del Congreso se retiraron altamente complacidos de la obra efectuada, y entre las aclamaciones más sinceras de afecto y reconocimiento. nniuíuiuiiiüiiHiuiuiiiiiiiutiü; Illilillllllll! lililí! Illlllllllllilillllilll) DISTINCIONES PONTIFICIAS á seis Cooperadores Salesianos Su Santidad León XIII, que tantas y tan repetidas muestras de bondad ha dado al Instituto Salesiano, ha tenido á bien honrar singularmente á seis de nuestros amados Cooperadores, dando la cruz de la Orden del Piano á los señores D. Luis Bavizza, D. Luis Fumi y D. Pablo Zampi de la ciudad de Orvieto, y la de la Orden de San Gregorio Magno á D. Santiago Cucco, de Biela, D. Gastón Fabre, de Francia, y D. Angel Lascu-rain, de Méjico. La cruz de la Orden del Piano. El limo. Sr. Obispo de Orvieto Monseñor Bucchi Acciva, encargado por Su Santidad de poner en manos de los se — 1GS — ñores expresados la cruz de la Orden del Piano, celebró el 13 de julio en su. palacio episcopal una reunión solemne en la cual se hallaban presentes los personajes más distinguidos, caballeros y señoras de la ciudad, y después de saludar á todos y expresarles el objeto de su invitación, díjoles que excusado era hacer el elogio de los señores á quienes Su Santidad honraba con tan señalada distinción; pero que convenía recordar que la cruz de la Orden del Piano es una de las más estimables que la Santa Sede concede á los personajes beneméritos de la religión y de la patria. Leídos los Breves en que se hacía mérito de los servicios que tanto enaltecen á dichos señores, dió las gracias, en nombre propio y en el do sus compañeros, el señor Don Luis Fumi con un discurso lleno de sentimientos de afecto y devoción á Su Santidad y al Obispo diocesano. Luego el Rector del Seminario, el Presbítero Salesiano D. Mateo Ottonello felicitó cordialmente á los nuevos caballeros á nombre de todos los Salesianos, é hizo un elogio cumplido de ellos, como quiera, dijo, que la alabanza es excelente cuando, como en el caso presente, hay méritos que la juztifican, á la manera que San Pablo y los Santos Padres se servían de ella: Laus propter egregia facta auget cupiditatem ad meliora (1). Expresó en seguida la razón del desarrollo prodigioso que la Obra Salesiana alcanza con grau contento de los buenos. « Los Salesiauos se consagran fielmente á la misión que Dios les ha conliado; y atendido su número, y sus débiles fuerzas y su juventud, dicho sea no tan sólo en honor de la verdad, sino principalmente para gloria de Dios, los resultados corresponden á los trabajos harto mejor de cuanto fuera de esperar. La suerte de los Salesianos es manifiesta: ellos no descienden solos al campo de acción, sino circundados y sostenidos de numerosas y escogidas filas de Cooperadores, las cuales ya preceden como avanzadas á la Obra Salesiana, para prepararle el camino, ya la acompañan y refuerzan con subsidios y oportunos consejos; nos dan á conocer donde no somos aún conocidos, y con su caridad industriosa nos traen auxiliares donde ya se nos conoce. Casi no hay ciudad, ni villa, ni aldea en Italia que (1) S. Juan CrífMomo. no tenga algunos Cooperadores, y todos ellos como afluentes de un río generoso van regando con las aguas de la caridad á la inmensa familia salesiana, y mientras más crecen dichas aguas más se extiende la acción salvadora ya entre los niños pobres y abandonados, ya entre los salvajes de Patagonia y Tierra del Fuego. El Cooperador que no tiene caudales tiene la llave misteriosa de los tesoros del cielo, la oración con la cual alcanza un rocío de gracias, que valen mucho más que todas las industrias humanas, porque escrito está: Deus incrementum dat. Bien conoció Don Bosco la importancia, digo mal, la necesidad de los Cooperadores en la Obra Salesiana ; porque los Cooperadores y los hijos de Don Bosco forman un solo cuerpo, y movidos por el mismo espíritu trabajan en la medida de sus fuerzas en la viña del Señor. Vosotros con el Ilustrísimo Sr. Obispo habéis proporcionado una casa á los Salesiauos en esta ciudad, y un asilo para los pobres de quienes seréis como los ángeles visibles y los padres adoptivos. No caerán vuestros sudores en tierra ingrata; si los Salesianos algo han heredado de su Padre es el vivo reconocimiento por todo beneficio. Y vuestros beneficios serán semillas bendecidas para esta ciudad, que tanto ha menester de mirar por la educación de la niñez; vuestros beneficios serán de consuelo á vuestra patria y de gloria imperecedera para vosotros mismos… Leyóse á continuación un hermoso soneto dedicado á S. S. León XIII y luego el Ilustrísimo Sr. Obispo obsequió de mil maneras á todos los concurrentes. La Cruz de San Gregorio Magno. Una ceremonia no menos agradable y hermosa tenía lugar en Tarín el día 24 de Mayo, en que se solemnizaba la fiesta de María Auxiliadora. Estando á la mesa salesiana el Revino. Sr. David dei Oonti Riccardi, Arzobispo de Turín, el Ilustrísimo Sr. Basilio Leto, obispo de Samaria, el limo, Sr. Cagliero, obispo de Mágida y Vicario de la Pata-I gonia, y muchos otros personajes de los I más eminentes de la capital del Pia-i monte, Don Rúa hizo dar lectura de los Breves en que S. S. León XIII confería el título de Caballeros gran cruz de la 1 Orden de San Gregorio Magno á los se- La Colonia agricola de S. José en Navarra (Francia). — 170 — ñores D. Santiago Cucco y D. Gastón Fabre. El Sr. Cucco, arquitecto de Biela, fué quien con suma pericia dirigió los trabajos de la iglesia del Sdo. Corazón en Boma, é hizo el plano del Asilo, anexo á dicha iglesia, para 500 niños; diseño que mereció completa aprobación de Su Santidad. El Sr. Fabre, abogado francés, es uno de los miembros más activos de las Conferencias de San Vicente de Paúl, sostén de todas las obras de caridad en Niza y biehechor generoso de la Obra de Don Bosco. Igual honor fué acordado al señor Don Angel Lascurain, miembro muy celoso de las obras de beneficencia de Méjico, su patria. Lleno de compasión por la niñez pobre y desamparada, pidió á Don Bosco tuviese á bien mandar algunos de sus hijos á fundar en aquella capital un asilo semejante al del Oratorio de Tarín. Mas como no pudiera conseguir tan pronto la realización de su deseo, en 1890 adquirió un local donde reunió unos treinta huerfanitos, y confiando la dirección provicional á un distinguido sacerdote, lo inauguró con el nombre de Casa Salcsiana. Sólo el año pasado pudieron ir allí nuestros hermanos; y bien saben nuestros lectores la espléndida y afectuosísima acogida que el Sr. Lascurain les hizo, y cómo continúa sirviéndoles de consejero, amigo é infatigable bienhechor. Fuéle enviada oportunamente á Méjico la cruz con el Breve correspondiente. A los señores arriba indicados les cupo todavía el honor de que se las diera el Revino. Sr. Arzobispo de Turíu, después de pronunciar un elocuente discurso, que fué saludado con nutridísimos aplausos. Dígnense todos estos señores recibir nuestras más sinceras congratulaciones. FRANGIA NAVARRA. I.a Colonia agrícola Salcsiana. En la Navarra, en el cantón de Ilyéres, el llustrísimo Obispo de Fréjus y de Tolón, Mons. Terris, se dignó confiar en 1878 una propiedad agrícola á los Salesianos. Llámase Asilo de San José y mide 200 hectáreas. Cuando los Salesianos tomaron posesión de ella, hallábase inculta y abandonada, y no tenía más habitación que una choza estrecha y humilde en sumo grado. A Dios gracias, que ha bendecido los trabajos de sus sier vos, y hoy tenemos el gusto de presentar una lámina en que se reproduce la casa recientemente fabricada con las limosnas de nuestros bienhechores, y en la cual pueden ya albergarse algunos centenares de niños, que junto con aprender á cultivar la tierra, sembrar, cuidar viñas, haceringertos, etc., reciben educación cristiana y la instrucción que comportan sus alcances y ocupaciones. Son sobre todo satisfactorios los resultados obtenidos en el cultivo de las viñas; y ya han merecido una medalla de plata con singular encomio de la Sociedad Agrícola del Varo. No han dejado de presentarse allí niños de no común ingenio y de excelente índole, en los cuales se ha manifestado además una marcada vocación al estado eclesiástico. Estos, pasando á otros colegios salesianos, han ingresado más tarde en el gran noviciado salesiano de Francia, donde se preparan á recibir las órdenes sagradas. Mas el trabajo de la Colonia Salesiana de Navarra no sólo es de gran provecho á los niños pobres sino también á los aldeanos de la vecindad; porque teniendo allí los Sale-sianos una iglesia prestan sus servicios espirituales á numerosa concurrencia. NOTICIAS DE NUESTRAS MISIONES TIERRA DEL FUEGO. Puntarenas, 17 de marzo de 1893. Bevmo. Sr. D. Rúa : Ayer llegué de la Isla de Dawson, en la Tierra del Fuego, después de haber pasado más de un mes de peligros y fatigas. II objeto principal de mi viaje fué el de buscir un lugar á propósito para la fundación te una nueva Misión. Dictados con el R. ?. Beauvoir los ejercicios espirituales á ñus-tros Hermanos y á las Hermanas de Maía Auxiliadora en la Misión de San Rafael, y hechos los preparativos necesarios, partí m nuestro pequeño barco acompañado del 3. P. Beauvoir, de los coadjutores Ferrandt é Ibáñez, del joven Cesario Villalobos y le dos indios, uno ya bautizado, Luis, y oro todavía catecúmeno, Octavio. Luis hala bien el español y el yagan, y regulármete el oua. Octavio, que es ona, entiende, pro no habla el español, y vino como prácteo para ponernos en relación con los onas leí centro de la Tierra del Fuego. — 171 — Desembarco en la Tierra del Fuego. El 15 de febrero, á las tres de la tarde, desembarcamos con todo nuestro equipage: tiendas, víveres y nueve caballos, y acampamos en la falda de la montaña cuya cumbre se llama Xosepic. Es el principio de una cadena de montañas que se extiende á lo largo del canal del Almirantasgo y se une á la del canal de Beagle donde se alzan los montes Darwin y Sarmiento. Nuestras provisiones consistían en dos sacos de galletas, dos kilogramos de pasta, azúcar, café y un poco de arroz, carne y pescado; esto para nosotros, como también una pequeña tienda para pasar la noche y repararnos de las aguas lluvias. Para los indios llevábamos tres grandes sacos de cubiertas de lana, medallas de María Auxiliadora y algunos rosarios. Teníamos también altar portátil para celebrar misa. A caballo. — Primer día de marcha. El 16 nos levantamos á las cinco y hecha la meditación, en tauto que el U. P. Beau-voir decía misa, se rezaron las oraciones de la mañana y luego el rosario mientras yo celebraba. A poco, encillados los caballos, nos pusimos en marcha. Nuestro objeto era encontrar paso para llegar al río que desemboca al norte del Cabo Peña; pero no fué posible á causa del tupido monte virgen y de los grandes pantanos. Reconocido que hubimos la imposibilidad, nos dirigimos al oriente. En el primer día de camino, Octavio, encargado de llevar la carne sobre su ca bailo, la perdió, y cuando en la tarde advirtió lo ocurrido, manifestóse muy triste por ello. Le animamos, diciéndole que poco importaba y que Dios proveería, no siendo el caso de volver á buscarla, pues habría sido punto menos que imposible encontrarla y habríamos perdido un tiempo precioso. En la noche hicimos alto en una llanura donde cinco años atrás había encontrado dos familias de indios. La lluvia y el viento sudoeste habían hecho más penoso nuestro camino, y así después de hacer una cena y recitar juntos las oraciones de la noche nos echamos á dormir en nuestro lecho, que consistía en un cuero de oveja, una piel de guanaco y dos cubiertas. El sueño fué tranquilo, pues los indios en tal época del año se hallan ocupados en la caza del guanaco, et el centro de la isla. Luis y Octavio se acostaron cerca del fuego que tuvieron encendido casi toda la noche, según el uso de los Yaganes, como que en los bosques del archipiélago tienen leña en abundancia. Una cena providencial. En la mañana del 17 continuamos viaje hada el sud-oeste, teniendo á derecha montanis y bosques en un terreno muy ondu lado é infestado de ratones y de talpas, á las cuales llaman tucu-tucu los campesinos de la República Argentina y cururu los de Chile. Son de color gris, grandes como ratas y pertenecen á la familia del conejo. Los Indios las cazan fácilmente en abundancia , las asan sin quitarles la piel, y, bien que sean una plaga para los campos, son para ellos un bocado apetitoso; no así para, nosotros que aun no hemos podido vencer la repugnancia á esta clase de animales. Caminamos hasta las 5 lj2 viendo constantemente, ya á derecha, ya á izquierda humaredas que radicaban la presencia de los salvajes. Pero como nuestro ñu principal era llegar presto al Río Grande, para determinar el lugar conveniente para el establecimiento do la nueva Misión, no podíamos por ahora ocuparnos en atraer á los Fueguinos que hallábamos á nuestro paso, seguros como est amos, por otra parte, de que apenas fundada nuestra casa vendrán á refugiarse á ella. En la tarde nos detuvimos en un bosque-cilio junto á una laguna. Colocada nuestra tienda y encendido el fuego, pensábamos en preparar la comida: un poco de arroz, otro poco de grasa y una cebolla era todo lo que teníamos para echar en la olla. Habíanlos visto en el día un guanaco, pero á nuestro cazador Ibáñez no le fué posible acercársele. Parecía, pues, que nuestra comida á más de escasa debía ser de vigilia. Pero nuestros dos indios estaban razonando entre sí. Yo quiero carne, le decía Luis á Octavio, y éste, sintiéndo haberla perdido, le indicaba la laguna, donde se veían algunos patos salvajes. Sin más ni más ambos corren á la laguna. Comprendimos su intento, y Emilio Ibañez y Cesarlo Villalobos, acompañados de tres perros que llevábamos, los siguen, y á poco vuelven con once patos que, de cortas plumas todavía, no podían volar. ¡Qué bueno es Dios! que de tal modo acudía á sus servidores. Grande fué la alegría general y particularmente la de Octavio y Luis. La comida, ó más bien cena, fué muy honrada como excelente, y luego recitadas las oraciones tomamos reposo, teniendo cuidado do alternarnos en hacer la guardia. La guardia contra los salvajes. Acampamento — Un cacique. Hacer la guardia por la noche es acá indispensable, como quiera que es menester tratar de evitar cualquier sorpresa de los indios, quienes podrían robarnos algún caballo ó matarnos con sus flechas por habernos atrevido á llegar á sus dominios. Los salvajes tienen ideas extrañas sobre la propiedad : cazan pájaros, guanacos y zorros en sus campos, donde no puede entrar persona alguna de otra tribu, y el llegar á ellos de improviso es una como declaración de guerra. — 172 — Buscábamos los orígenes del Río Grande, andando siempre al sud-este, pero en esta dirección se extendían bosques interminables, de manera que sólo después de seis días de marcha á caballo, por valles y colinas minadas por las talpas, llegamos, el 22 de febrero, á su nacimiento, á unos cuarenta kilómetros del mar. Los humos que el día anterior habíamos visto no lejos del camino nos indicaban los lugares preferidos por los O ñas para la caza. Pasamos el río y á las tres de la tarde nos detuvimos en una isla abundante en pasto y algunos robles, que eran los últimos que habíamos de encontrar. Luis distinguió á poca distancia un grande acampamento de indios, y animado á llegar allí con Octavio y manifestar á los salvajes el objeto de nuestro viaje, le recomendé les advirtieran que no viniesen á nosotros en la noche, porque nuestros perros los podrían dañar, sino hasta la mañana siguiente, que serían muy bien recibidos. Luis y Octavio vistieron una piel de guanaco y partieron. Entretanto el R. P. Beauvoir y yo nos pusimos á visitar la isla y á buscar camino por donde continuar viaje al día siguiente. Llegaron nuestros indios al caer la tarde, acompañados de otro indio, capitán ó cacique de aquella tribu, cubierto con una piel y ensangrentadas las piernas. Dos días antes había trabado combate con los indios do otra tribu y había perdido dos de los suyos. Ahora al ver nuestro fuego habíase figurado que aquella tribu enemiga hubiera vuelto á librar nueva batalla; pero luego que supo por nuestros indios que éramos gente de paz, qne nos brindábamos por amigos suyos y estábamos dispuestos á defenderlos de quienesquiera que tratasen de hacerles daño, vino alegre á nuestra tienda. No aceptó la sopa, ni la galleta que le ofrecimos, pero sí un pedazo de pato asado, que comió con mucho gusto. Luego le regaló dos mantas de lana y le puse al cuello una medalla de Muría Auxiliadora ; le prometí pagarle al día siguiente la visita, y se re tiró. Con todo no dejamos de estar alerta durante la noche. Una tribu india en nuestra tienda. A la mañana siguiente, mientras hacíamos nuestra meditación, comenzaron á llegar indios, que fueron recibidos al rededor del fuego que habíamos hecho. Colocáronse en orden, hombres, mujeres y niños, mirando ni altar, y comencé á celebrar misa, quedando Luis encargado de procurar que los indios guardaran silencio, al mismo tiempo de asistir á ella. Santiguóse Luis al principiar el Santo Sacrificio, púsose á rezar el rosario, y de tiempo en tiempo volvíase á los indígenas, como diciéndoles: Yo conozco todo esto. Concluida la misa y acción de gracias , vino á mí el cacique y me ofreció una piel de guanaco, que acepté con particular agradecimiento. Renovamos nuestro pacto de amistad y acercándose los demás indios regalé á cada uno de los hombres y mujeres una cubierta de lana y una medalla de María. Concluido esto, ensillamos nuestros caballos, retiramos la tienda, y, mientras los indios observaban con gran curiosidad nuestros movimientos, para inspirarles mayor confianza, monté á las ancas á un indio de diez años y le paseé cerca de ellos, lo que les agradó muchísimo. Una visita al acampamento indio. Cuando estuvimos preparados, quisó Ferrando manifestarles la fuerza de las armas que teníamos para la caza y para defenderlos, disparando algunos tiros de escopeta. Mucho se maravillaron los indios; y luego en viaje tomaron ellos por un sendero y nosotros por un camino más largo, pero más á propósito para los caballos. Pasados unos tres cuartos de hora, estábamos en medio de la tribu amiga, donde habían quedado los ancianos y los niños en número de 52. Di á cada uno una cubierta y una medalla de María Auxiliadora; nos entretuvimos un rato con ellos, y prometiéndoles volverlos á ver, nos disponíamos para partir cuando vimos llegar un salvaje que se arrastraba difícilmente, por tener muerta la parte inferior de una pierna. Le hablé de muletas, le expliqué el uso que se hace de ellas , y lo prometí obsequiarle más tarde un par. Tanta confianza logramos inspirar á los indios, que uno de ellos de catorce años se animó á acompañarnos, trayendo todo su haber, esto es un arco, algunas Hechas y la manta que le habíamos dado. Al despedirnos de ellos, fueron tan expresivos que todos querían darnos un recuerdo de su amistad: quién arcos, quién flechas, y hasta las mujeres sus brazaletes de conchas. Continuación del viaje. Partimos, por fin, contentos de haber dado algún consuelo á esta gente, mucha parte de la cual nos acompañó hasta el río. Un cuarto de hora después los perdíamos de vista, llevando con nosotros al niño mencionado á quien pusimos el nombre del santo del día, Benicio, como que estábamos á 23 de febrero. El muchacho no cabía de gesto de hallarse con nosotros. Era un día frío y de gran viento : habíamos llegado á un valle sin bosque que nos sirviera de reparo, y donde hubimos de pasar la noche. Muchas veces desperté con la idea de que se presentaran indios: los demás dormían tranquilamente, salvo el R. P. Beauvoir que no pudo cortar los ojos en toda la noche. Al día siguiente nos levantamos temprano — 173 — y hechas nuestras prácticas de piedad, continuamos el viaje, recomeudaudo á Beuicio que nos guiara al mar por el camino más breve; mas pasadas dos horas, como observara la brújula, advertí que había tomado hacia el norte, frente al cabo Sunday, quince millas al norte del Cabo Peñas, y conocido el error tomamos hacia el sur. El E. P. Beauvoir siutiéndose muy cansado, manifestó el deseo de reposar un poco , advirtiéndome que podíamos seguir adelante y que hallado el camino podía uno de los nuestros volver á indicárselo. Le dejamos , pues, junto á una laguna en la cual había immensa cantitad de patos, y al dar vuelta á la derecha de una próxima colina uno de los nuestros grita: Indios, indios. En efecto vemos huir y ocultarse tras las ramas tres indios. Nos adelantamos y, á unos cien metros de distancia del lugar en que se habían escondido, Luis les gritó diciéudoles que íbamos de paso, que nada temiesen. Alzóse entonces uno y luego otro : eran tres indias, una de las cuales llevaba un niño sobre las espaldas. Nos dijeron que andaban recogiendo leña, que los hombres andaban en la caza, y que por allí no había indios. Encuentro de una tribu peligrosa. Proseguimos la marcha subiendo la colina y divisamos tres ó cuatro Indios más; luego una de las indias que nos había seguido se pone á gritar que nos detengamos, que por aquella parte toparíamos con muchos indios que nos matarían con sus flechas. Sin hacer caso continuamos caminando, y á poco nos hallamos frente á una tribu batalladora. Mandé adelante á nuestros indios para que les aseguraran que éramos gente de paz. Diérenles crédito y nos acercamos y saludamos. Su número crecía poco á poco: miraban con iutércs nuestros caballos, y sus movimientos en torno nuestro no me permitían tener bastante confianza en ellos. Les di galleta, que aceptaron y comieron, algunas cubiertas, particularmente á los jefes, y Luis les dió á conocer el objeto de nuestro viaje y nuestro deseo de fundar casa, iglesia, ser amigos de los indios, darles abrigo, alimentos, etc., de lo que se mostraron muy contentos. Como les preguntara entonces si conocían el Eío Grande, mé dijeron que no distaba diez millas de allí. Sabía yo que á la margen derecha del río, cerca del Atlántico, el ingeniero inglés Julio Poper había edificado una pequeña casa para ver si por allí había oro, y que después la había abandonado. Les pregunté si dicha casa existía aún y nos contestaron que la habían quemado para calentarse. Luis les manifestó que habían hecho mal en ello ; que nosotros edi ficaríamos y que caro costaría al que nos hiciese daño. Conversábamos con los indios cuando vi mos venir á lo lejos al E. P. Beauvoir con Octavio. Pedí entonces á Ferrando que hiciera dos disparos de carabina , aparentemente para demostración de alegría , pero en realidad para manifestar á los indios que teníamos cómo defendernos si se nos atacaba. Llego á nosotros el E. P. Beauvoir, y supe más tarde que estos indios habiéndonos visto en la tarde anterior habían querido robarnos algún caballo durante la noche; pero que no habían podido conseguirlo por hallarse atados muy cerca de nosotros, y custodiados por nuestros perros. Lugar á propósito para la nueva Misión. El día 25 llegamos á la ribera izquierda del río, donde nos cayó un poco de lluvia. Era sábado, reposamos el domingo y visitamos el sitio que nos pareció conveniente para la nueva Misión. Situado cerca de un lago, como á quinientos metros del río, est á llamado á ser el puerto principal de la Tierra del Fuego, como Eío Negro lo es del territorio patagónico. El lunes visitamos detenidamente la parte vecina al Eío Grande, río llamado así por ser el mayor de la Tierra del Fuego, tanto porsu extensión como por el caudal desús aguas. Corre de occidente á oriente, inclinándose algo hacia el norte, cinco millas antes de desembocar en el Atlántico, once millas al sur del Cabo Sunday y cinco ó seis al norte del Cabo Peña. En la barra mide tres metros de hondura en la baja marea y hasta nueve en la alta. La marea es sensible hasta á cinco millas del mar. Los peces entran abundantemente durante la marea alta y no pocos quedan en lo seco cuando aquella baja. El mar tiene buen fondo y es suficientemente cómodo y reparado en esta orilla. Los bosques distan unos cuarenta kilómetros hacia occidente, y unos quince hacia el sud. Creo, pues, que el lugar es el más á propósito para la fundación proyectada. Los Oirás son bien formados y capaces de qualquiera instrucción. Quiera Dios que podamos pronto trabajar en provecho de estos pobres salvajes y mostrarles el camino del cielo. Concluido el objeto de nuestro viaje , pasamos á la bahía de San Sebastián… Ahora me prometo pasar la fiestas de Semana Santa en Puntarenas. Eeciba, Eevmo. Sr, los más respetuosos y cordiales saludos de sus hijos de la Tierra del Fuego y dígnese bendecirlos. De V. E. Afmo. en J. O. José Fagnano Prefecto Apostólico. — 174 — República Argentina, Corral-Chico, 28 de julio de 1893. Rev.mo Sr. Don Rúa, Estamos en Corral-Chico á 25 leguas más arriba de Balcheta. Los Bautismos ya llegan á 53 casi todos de ludios, pequeños y adultos. Entre otros se cuenta uno de 80 años, que se bautizó y casó después de muchos años de resistencia. Nos queda todavía mucho que andar antes de llegar al Chubut. Mañana, si Dios quiere, entraremos eu los campamentos de ludios, pero como se hallan diseminados en varios puntos distantes, nos daran bastante que hacer para verlos á todos y hacerles el bien que deseamos. Pida á Dios bendiga esta Misión , pues aquí es el caso de repetir con la Sagrada Escritura : Nisi Dominus aedificaverit domum, invanum laboraverunt qui haedificant eam. La conversión de los Indios es sin duda obra grande, más sólo Dios la puede llevará cabo. Acabo de esperimentar un gran consuelo. Esta mañana ocho inozetones bautizados anoche recibieron la Santa Comunión y Confirmación de un modo edificante. Se va notando cada vez más, entre los Indios de la Patagonia, y particularmente entre los de raza Araucana oriundos de Chile, una propensión, casi diría natural al cristianismo. Lástima que no tengamos los elementos para atraerlos más pronto. Espero que llegando nuestro querido Monseñor Cagliero, traerá de Europa nuevo contingente de personal. Convendría establacer reducciones en los puntos más poblados, donde la acción continua de maestros y de misioneros celosos madurara la mies. No me detengo en escribirle las peripecias de esta Misión; pues sería cosa larga. Por lo general hemos debido dormir al raso,- y nuestro alimento ha sido conforme á nuestra humilde cama; pero Dios ha compensado los trabajos con grandes consuelos. Sin más por ahora le saluda con el mayor afecto su A. H. y 8. Domingo Milanesxo. 111111 i LiiLiiiLiLLLLLmja- firaciaS de María Auxiliadora. Estando mi hijita enferma, recurrí al Sagrado Corazón de Jesús y á la Sma. Virgen, en las tres advocaciones de los dolores, de guadalupe y do María Auxiliadora, y aun no acababa el triduo cuando mi hijita, á Dios gracias, se puso buena.