Noviembre 1887

Boletín Salesiano. Noviembre 1887 ANO II. – N. 11. Sale una vez al mes. NOVIEMBRE 1887 I BOLETIN SALESIANO M sabios . fundar M maesti B Instruyó al pueblo y divulgó todo lo que había hecho. K Buscó las doctrinas útiles y escribió documentos |j| rectísimos y llenos de verdad. Las palabras de los –‘-•-•j son cómo punzas ó clavos, que penetran profundamente, y nos fueron dadas mediante nuestros maestros por el único pastor. ||| (Eclesiastés XII, 9, 10 y 11) No se engañaría mucho quien intentase de atribuir principalmente á la prensa malvada, todos los males y la deplorable condición de las cosas, á la cual hemos llegado actualmente…, los escritores católicos deben con todas sus fuerzas volverla en bien de la sociedad. (Leon XIII) El, peligro, Sto. Padre, está todo en la continua difusión ele los libros infames; y para poner un dique á este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fundación de una imprenta Católica, puesta bajo el patrocinio de la Santa Sede. De esta manera, no haciéndose esperar nuestras respuestas, podremos con mayor ventaja descender al campo de la lid y responder con feliz éxito á las provocaciones de los apóstoles del error. (Sales) La prensa periódica sometida á la autoridad jerárquica, revestida del espíritu de Jesucristo, viene á ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad, hace desaparecer el error, salva y civiliza; es casi una forma de apostolado sublime. (Alimonda) || ROMA . * LIBRERIA SALESIANA – TURIN. SABIHA (Barcelona) – MIOS AIRES – MONTEVIDEO – MCTBEMI – UTMM (Sevilla) a ULTIMAS PUBLICACIONES Respuestas claras y sencillas á las Objecciones que más comunmente suelen hacerse contra la religión. — Un opús. en-32° ………… ■ Peset. 0 80 El Corazón de Jesús al. alcance de los niños, por D. Ramón Barbera, Pbro., seguido de la Aurora de la devoción al Corazón de Jesús, por el P. Luis Colonia, S. I. — Un opúsc. en-32 …………. » 0 80 37. Vida de San Alfonso i. de Ligorio, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, escrita por el Padre Vic-torio Loyodice de la misma Congregación. — Un opúsc. en-32- ………………………………..» 0 80 Valeria y el Secreto. Lecturas recreativas por. M. Bourdon. — Un opúsc. en-32 …….. » 0 80 SELECTA EX CHRISTIANIS SCRIPTORIBVS IN VSVM SCHOLARVM ( in—16° parvum ) Jmmm fc» Saoirtos,’ iaálfc betori i 8. íÍjL’hi’ns circumspidenti, qui in scholis ordinis secundi teruntur, mirum profecto videbitur adolescentulos, Christianum nomen professos, historias, orationes .et poemata tantummodo-evolvere veteribus passim superstitionibus imbuta. Non sum equidem nescius neminem ferine esse cum Tvllio in eloquentia comparandum; utque poetas omittam, satis constat Caesarem, Livivm et Sallvstivm eo styli nitore probari, qui vel seniores a scribendo deterreant. Sed cum volo latinae linguae studiosos ad optima exemplaria confugere, quo tutius bene dicendi artem arripiant, tum idem ipse contendo eis omnino non esse catholicae doctrinae auctores invidendos, qui primis post Christum natum saeculis floruerunt. Quum enim multa, peccent romani superioris memoriae scriptores in iis quae ad mores, ad germanam humanitatem, atque praesertim ad ipsam Dei creatoris et providentis notionem pertinent, omnino decet tenellos alumnos illis studiorum monitoribus uti, qui sibi credentem minime fallant, quique perversis veterum praeceptionibus sapientissima documenta opponant, mox laetissimos fructus latura. Caeterum nemo tam hospes est in litteris latinis qui nesciat, complures Christianae sapientiae scriptores, tametsi altius spectabant, quam ut extima styli parte famam conse. querentur, se tamen ad veterum imitationem cum laude composuisse. Quare et Svlpicivm Severvm memorant, qui do brevitate cum Sallvstio contendit, et Minvcivm Felicem haud sane inelegantem dictionem dialogis suis conciliantem, atque Lactantivm, qui Tulliani styli virtutes est consecutus, plane ut merito Christianus Cicero sit appellatus. Quae cum ita sint, propositis jam pridem praestantissimis scriptorum voluminibus ad legendum, optimum factu existimavi, si adolescentulos in patriae spem succrescentes ad eos latinos quoque scriptores deducerem, qui Christianam doctrinam professi, de litteris et de religione optime meriti sunt. Jamque in vulgus prodiere cum adnotationibus Joannis Tamiettii, salesianae Familiae alumni, Doctoris politiorum litterarum diligentissimi, Sancti Hieronymi Scripta selecta et Historia Sacra Sulpicii Severi, nec non Sancti Martini Vita ejusdem scriptoris. Nunc vero en idem Joannes Tamiettius edidit Lactantii: Pe mortibus persecutorum, Sancti Augustini Pe Civitate Dei et S. Cypriani de Mortalitate libros quos tibi propono, ut, si alumnis tuis prodesse videas, apud meos alumnos librarios scias excusos prostare, ut multorum manibus terantur. Vale. ANO II. -N. .11. Sale ana vez al mes. NOVIEMBRE 188? . .. m SALESIANO Debemos ayudar á nuestros hermanos á fin de cooperar á la difusión de la verdad. (III S. Juan, S) Atiende á la buena lectura, á la exhortación y á la enseñanza. (I Tm. iv, 13) Entre las cosas divinas la más divina es la de cooperar con Dios á la salvación de las almas. (S. Dionisio) Un amor tierno hacia el prójimo es uno de los más grandes y excelentes dones, que la divina bondad puede hacer á los hombres. (El Doct. S. Franc. de Sales) Cualquiera que reciba á un niño en mi nombre, recibe á mí mismo. (Mat. xviti) Os recomiendo la niñez y la juventud; cultivad con grande empeño la educación cristiana; proporcionadles libros que enseñen á huir el vicio y á practicar la virtud. (Pío IX) Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer á la niñez y juventud de las insidias de la corrupción y de la incredulidad y preparar de esta manera una nueva generación, (Leon XIII) DIRECCION en el Oratorio Salesiano. — Calle Cottolengo N» 32, Turin (Italia) í<- Sumario — Salida de los Misioneros Salesianos para el . Ecuador — El Santo Rosario y la carta del Padre Santo á los Obispos de Italia —- Una grata y afectuosa visita á D. Bosco — Las ánimas del Purgatorio — Es tiempo de obrar — Exploración de la Tierra del Fuego y D. José Fagnano — Peregrinación de los Obreros Franceses á Roma — Historia del Oratorio de S. Francisco de Sales. FELICITACION Don Bosco y los Salesianos, sumamente agradecidos á la benevolencia y caridad que los Cooperadores y Cooperadoras de América demuestran Iiácia los pobres niños que se bailan recogidos en las Casas Salesianas, a-provechan anticipadamente y con sumo gusto esta propicia ocasión para felicitarles las próximas Pascuas de Navidad y un buen fin y principio de año , deseándoles toda clase de gracias y bendiciones. tanto espirituales como temporales. SALIDA BE LOS 11810« SALESIANOS para el Ecuador. En los primeros dias del mes de Diciembre saldrá del Oratorio de S. Francisco de Sales, de Turin, una compañía compuesta de diez misioneros Salesianos, destinados á la república del Ecuador. Bendecidos por el Sumo Pontífice, van á pisar las huellas y seguir los ejemplos de tantos y tantos héroes de la Iglesia Católica, los Franciscanos, Dominicos, Mercedarios, Agustinos y Padres de la Compañía de Jesús, fundadores todos de la civilización en muchas de aquellas inmensas provincias, y salvadores de tantos miles y miles de almas durante el trascurso de tres siglos. Pero los obreros del Señor no bastaron para cultivar aquel campo evangélico, por ser muy vasto y por consiguiente también mucha la miés. A la otra parte de los Andes, por el Oriente, van errando en medio de las tinieblas de la muerte aquellas innumerables tribus, hacia cuya salvación sentíase fuertemente inclinada, por su ardentísima caridad, la Virgen Paredes de Flores, la gloria del Ecuador, la azucena de Quito, la B. Mariana de Jesús. El cumplimiento de los votos de esta creatura angélica es una parte del programa — 130 — de los hijos de D. Bosco, y bajo su protección, con el auxilio de María Santísima y el socorro material y moral de los buenos Cooperadores y Cooperadoras, no dudamos que aumentará el número de los hijos de la Iglesia y de los ciudadanos de la patria bienaventurada. Aquel que ha dicho id y enseñad d todas las gentes, ha dicho también que quien dará al apóstol, porque es apóstol, tendrá la recompensa del apóstol. i Señores Cooperadores y Cooperadoras! A nosotros, Españoles, pertenece principalmente, por muchísimas razones, ayudar con más generosidad á nuestros queridos hermanos de América. No podemos negar que, áun despues de todo lo pasado, sentimos en nuestro corazón un afecto hácia aquellas regiones verdaderamente grande. Las íntimas y naturales simpatías con sus nobles y generosos habitantes no disminuyeron ni disminuirán jamás en nosotros. Hoy día, ellos mismos, en medio de su independencia, al recordar los beneficios recibidos de los grandes héroes Colon, Cortés, Bartolomé de las Casas y otros, llaman á la España, con indecible entusiasmo, su amada madre patria. Mostrémonos, pues, nosotros en esta propicia ocasión generosos con quienes saben ser tan agradecidos y abrigan en su pecho tan sincero y fraternal amor. Entonces sí que pondremos en práctica el siempre nuevo mandamiento de N. S. Jesucristo: Ut diligatis invicem, sicut dilexi vos, etc. Sí, amémonos raútuamente y demostrémoslo ayudándonos los unos á los otros. Hagamos todos un pequeño sacrificio por amor de Jesús, ofrezcamos un ténue óbolo por amor de aquel Dios cpie es fuente de todo bien terreno y celestial, y que sabe recompensar abundantemente en esta tierra todo lo que se hace por su amor, y de esta suerte se verá cada vez más extenderse el reino del Evangelio. Inflamémonos de aquel fuego que Jesucristo ha venido á encender en esta tierra y que quiere se esparza por todas partes, fuego de celo por la gloria de Dios, emergente del vivo deseo de la salvación de las almas. D. Bosco espera vuestros socorros. Los misioneros salen confiando en vosotros. Guando Jesús, en el último de los dias , baje á la tierra lleno de gloria, circundado de ejércitos de ángeles, para juzgar á las generaciones humanas, nos pedirá cuenta del uso de las riquezas. Será base de su juicio la caridad. Él nos preguntará, y nosotros ¿qué es lo que responderémps á quien hasta en sus ángeles encuentra algún defecto? ¡Oh! ¡ qué seguridad, qué regocijó si nosotros para defendernos señalando con el dedo á miles y miles de almas gloriosas que lo rodeen, podrémos decirle: Señor, nosotros las hemos salvado con nuestras generosas limosnas. EL SANTO ROSARIO y la carta del Padre Santo á los Obispos de Italia. Entre las muchas instituciones que adornan y embellecen, á manera de una augusta reina coronada de estrellas, á nuestra santa Madre la Iglesia Católica, es indudable que, sino la más sublime, á lo menos la más santa y suave al corazón de toda alma piadosamente cristiana, es la del Santo Rosario. Sumamente sencillo es el modo y orden con que dicha oración se halla dispuesta, pero al mismo tiempo es sagrada y en extremo conmovedora, siempre que el pensamiento de todo creyente recorra y examine con la luz de la virtud sobrenatural de la Fe el alto y noble fin, para el cual tan hermosa costumbre íúé introducida un tiempo entre el pueblo cristiano. Prolijo y no tan fácil sería á nuestra pluma referir aquí la historia del Santo Rosario, historia, entre todas las que existieron y existirán en el mundo, hermosísima y extremadamente espléndida y gloriosa. Nosotros diremos tan solo que desde su institución hasta el presente hubo siempre grandes genios inspirados, los cuales, consagrados á la Virgen Santísima, cantaron las glorias de su Rosario, mereciéndose la gratitud, el honor y los aplausos de todos los que hoy sienten vivamente la excelencia, grandeza y majestad del culto que rinden los Católicos á aquella que, victoriosa y triunfante, quebrantó la cabeza del dragón infernal, á Aquella que sirvió de escudo con frecuencia á los pueblos que combatían contra los bárbaros, saliendo siempre vencedora en todas las batallas, y en fin, á Aquella que exterminó las más formidables y perniciosas herejías, que en todos tiempos se levantaron contra la Iglesia Católica. Hoy vemos también á nuestro santísimo y sapientísimo Padre Leon XIII, que pone todas sus esperanzas en tan santa y . hermosa devoción, y por consiguiente incúlcanosla recomendándonos con singular empeño que acudamos á la Sma. Virgen con el rezo y contemplación de les misterios del Santo B.osario. De esta, y no de otra manera, espera conseguir también, como sus antecesores, el triunfo de la Iglesia Católica y el tan deseado y necesario remedio para los grandes males que hoy dia afligen y amenazan á la sociedad. Hé aquí, pues, su última carta dirigida al Episcopado italiano: VENERARLES HERMANOS : Bien sabéis cuánta sea la confianza que en medio de las presentes calamidades hemos puesto en la gloriosa Virgen del Rosario, á fin de obtener la salvación y prosperidad del pueblo cristiano, así como la paz y tranquilidad de la Iglesia. Recordando, pues, por una parte que, en las grandes necesidades, Pastores y fieles acudieron siempre con suma confianza á la gran Madre de Dios, auxilio poderosísimo de los cristianos, en cuyas manos están puestas todas las gracias; persuadidos por otra de que la devoción á la Virgen bajo el titulo del Rosario es en sumo grado oportuna para las gravísimas necesidades de nuestros tiempos, hemos querido que esta devoción reine por todas partes y se haga uso de ella cada vez más entre los fieles de todo el mundo. — Varias veces al inculcar la piadosa práctica del mes de Octubre en honor de la Vírgen, hemos indicado los motivos, las esperanzas, el modo: y toda la Iglesia, en cualquier parte de la tierra, dócil á Nuestra voz, ha correspondido siempre con manifestaciones de singular piedad á Nuestra invitación. Ahora prepárase también de nuevo para pagar á María Santísima, durante un mes entero, el tributo cotidiano de la devoción que tanto y tanto le es grata. ■— En esta santa y noble porfia no se ha quedado atrás, la Italia, donde la piedad hacia la Virgen está tan profundamente arraigada y se siente de una manera universal; ni tampoco dudamos que también en este año dará una hermosa prueba de su amor hácia la gran Madre de Dios, á fin de proporcionarnos nuevos motivos de paz y consuelo. Sin embargo no podemos menos de dirigir á Vosotros, Venerables Hermanos, una palabra de especial exhortación, á fin de que con nuevo y singular empeño sea en todas las diócesis italianas santificado el mes dedicado á María Sma. del Rosario. Fácil es comprender las razones particulares que Nos mueven á ello. —■ Desde que Dios Nos hubo llamado para regir sobre la tierra su Iglesia, Nosotros hemos procurado poner en práctica todos aquellos medios que están en poder Nuestro, y que creimos más oportunos para la santificación de las almas y para la dilatación del Reino de Jesucristo. No hemos excluido de Nuestros cotidianos cuidados á ninguna nación ni pueblo, sabiendo que por todos derramó su preciosa sangre sobre la Cruz el Redentor, y á todos abrió el reino de la gracia y de la gloria. Ninguno, pues, se admirará si con singular predilección atendemos al pueblo italiano; puesto que también el divino Maestro Jesucristo, entre todas las partes del mundo, eligió á la Italia para Sede de su Vicario en la tierra, y en los consejos de su divina providencia dispuso que Roma fuese la capital del mundo católico. Por consiguiente el pueblo italiano está llamado á vivir en mayor proximidad con el gran Padre de la familia cristiana, y á dividir más especialmente sus alegrías y dolores. Y por desgracia no faltan actualmente en nuestra Italia gravísimas razones de angustia para Nuestro ánimo. La fe y la moral cristiana, preciosísima herencia que nos dejaron nuestros antepasados, y que fueron en todo tiempo la gloria de nuestra patria y de los grandes Italianos, son ó insidiosamente y casi á escondidas, ó abiertamente y con repugnante cinismo asaltadas por una mano de hombres, que se esfuerzan con todo su empeño, en robar á los otros la fe y la moral que ellos perdieron. Fácil es ver en todo esto, más que otra cosa, la obra de las sectas y de los que son instrumentos, más ó menos dóciles, en manos de ellas. Aquí, en Roma, donde el Vicario de Cristo tiene su Sede, se reconcentran más que en otras partes sus esfuerzos y se manifiestan en toda su pertinaz ferocidad sus satánicas intenciones. No es preciso os digamos, Venerables Hermanos, cuál y cuánta sea la amargura que inunda Nuestro corazón al ver expuestas á tan graves peligros las almas de tantos queridísimos hijos Nuestros. Y esta Nuestra amargura crece al ver que Nosotros mismos nos hallamos en la imposibilidad de oponernos á estos grandes males con aquella eficacia que querríamos, y que también ten — 132 — dríamos el derecho de poseer; puesto que os son ya notorias, Venerables Hermanos, como también á todo el mundo, las condiciones de vida á Jas cuales Nos hallamos reducidos. Por cuyo motivo Nosotros tenemos mayor necesidad de invocar el auxilio de Dios y la protección de la gran Vírgen Madre. — Los buenos Italianos nieguen fervorosamente por sus hermanos descarriados, y nieguen también por el Padre común de todos, el Romano Pontífice, á fin de que Dios, en medio de su infinita misericordia, acoja y oiga los votos comunes de los hijos y del Padre. Y también por esta parte colocamos Nuestras más vivas y firmes esperanzas en la gloriosísima Reina del Rnsario; Ella desde el punto que comenzó á invocarse con el título del Rosario, se mostró prontamente auxiliadora en las necesidades de la Iglesia y del pueblo cristiano. Ya recordamos otras veces estas glorias, así corno los triunfos tenidos contra los Albigenses y otros poderosos enemigos; glorias y triunfos que redundan siempre, no solamente en provecho de la Iglesia, sí que en prosperidad temporal de los pueblos y de las naciones. ¿Por qué no podrían renovarse en las necesidades presentes las mismas maravillas de poder y bondad por parte de la Sma. Virgen en favor de la Iglesia y de su Cabeza y de todo el mundo cristiano, si todos los fieles supiesen renovar por su parte los espléndidos ejemplos de piedad dados en semejantes casos por sus buenos antepasados? Por cuyo motivo Nosotros, á fin de conseguir que esta 'poderosísima Reina nos sea más propicia, deseamos honrarla cada vez más bajo la invocación del Rosario y aumentar asimismo su culto. Por lo que á. comenzar desde el corriente año hemos establecido elevar á rito doble de segunda clase para toda la Iglesia, la solemnidad del Rosario. Y con el mismo fin deseamos vehementemente que el pueblo católico italiano con particular devoción, siempre, pero especialmente en el próximo mes de Octubre, acuda á la Sma. Virgen y la suplique instantemente por la exaltación de la Iglesia y de la Sede Apostólica, por la libertad del Vicario de Jesucristo en la tierra y por la pública paz y prosperidad. Pero puesto que el efecto de las oraciones será tanto más grande y seguro, cuanto serán mejores las disposiciones de los que ruegan, os exhortamos vivamente, Venerables Hermanos, que con todas las industrias de vuestro celo os esforzeis en despertar en los pueblos, á vosotros con fiados, una fe vigorosa, viva y operativa, y los llaméis con la penitencia á la gracia y al fiel cumplimiento de todos los deberes cristianos. Entre los cuales, por la condición de los tiempos, conviene considerar como principalísimo la franca y sincera profesión de la fe y de la moral de Cristo, por la cual se venza todo respeto humano y se pongan por delante, ante todas las cosas, los intereses de la religión y la eterna salvación de las almas. Porque no conviene disimular que, aunque por la divina misericordia el sentimiento religioso esté aún vivo y bastantemente difundido en el pueblo italiano, sin embargo, también en medio de él, por maléfico influjo de los hombres y de los tiempos, ha comenzado á serpentear el indiferentismo religioso ; por cuyo motivo va disminuyendo aquella práctica reverencia y aquel amor filial hácia la Iglesia que fueron gloria y noble honor de los antepasados. Sea por vuestra obra, Venerables Hermanos, que se despierte poderosamente en vuestros pueblos el sentimiento cristiano, el interés por la causa católica, la confianza en la protección de la Virgen, el espíritu de oración. No debemos dudar que la invicta Reina, invocada por tantos hijos con tan felices disposiciones, no corresponda benignamente á sus voces, consuele Nuestra aflicción en favor de la Iglesia y de la Italia, proporcionando á todas las dos dias más felices. Con estos sentimientos damos á vosotros, Venerables Hermanos, al Clero y pueblo confiados al cuidado de cada uno de vosotros, la Apostólica bendición, prenda de las gracias y favores más electos del cielo. LEON PP. XIII. En el Vaticano. 20 de Setiembre de 1887. A tan hermosas expresiones y exhortaciones nada podemos añadir nosotros, pues estamos seguros de que nuestros caros Cooperadores y Cooperadoras, al considerar en ellas la suma confianza que Ntro. Sto. Padre tiene en tan útil como santa devoción, y la tierna y viva súplica que á todos nos hace de confiar también en ella, procurarán hacer uso de tan hermosa práctica ya en la iglesia ó bien en casa todos los dias, así como se empeñarán en divulgarla entre sus amigos y conocidos lo más que puedan, cuidando siempre de unir su intención á la del Sumo Pontífice. De este modo satisfaremos sus deseos y obtendré-mos algún día el triunfo de todos sus muchos y crueles enemigos, que hoy le hacen tan injusta y desapiadada guerra. UNA GRATA Y AFECTUOSA VISITA A D. ROSCO en Tiwin. Damos con sumo gusto noticia á nuestros •caros Cooperadores de una reciente- visita española, que por todos conceptos fue sumamente grata á nuestro amadísimo Padre D. Bosco. El dia 29 de Setiembre llegó á Turin una piadosa y noble familia de Barcelona con el único y exclusivo fin de visitar á nuestro queridísimo D. Bosco, y hacerle al propio tiempo presente que el bueno y hermoso recuerdo que él dejó allá por el afío 1886, cuando fue personalmente á visitar por primera vez á España, está todavía impreso en todos los que tuvieron el gusto y dicha de verle y conocerle. Dicha caritativa familia no pudo menos de maravillarse en extremo de nuestro Oratorio de Turin y quedarse prendada de los preciosos trabajos que en sus talleres se hacen y confeccionan. Con frecuencia manifestaban su vehemente deseo en llegar á tener un dia en las mismas proporciones la casa que se instaló, cuatro años hace, en Barcelona y suplicaban á D. Bosco les ayudase á llevarlo á cabo, prometiendo ellos por su parte cooperar cuanto pudieren con el mismo fin. ■ Antes de irse quisieron dichos señores dar una muestra del mucho afecto y cariño que hácia los alumnos y niños de D. Bosco tienen, sirviéndose al efecto del precioso dia de la Maternidad de María. Fue éste un dia de verdadero y singular regocijo para el Oratorio. Hubo su comunión general por la mañana en la cual comulgó un crecido número de niños, aplicando todos la comunión y sus oraciones por la intención de quienes, con tanto amor y benevolencia, se habían dignado venir desde tan lejos á visitarles. A las 10 se cantó con toda solemnidad por los referidos niños y sus maestros la célebre Misa del Haydn, cuya ejecución agradó y sorprendió muchísimo á dichos señores. Por la tarde cantáronse también las vísperas habiéndose ejecutado el Diocit y Magnificat del M. Galli; el Laudate del Gappocci; el hermoso motete Tota pulchra del Quaranta, concluyendo con el Tantum ergo del M. Novello y la bendición de S. D. M. En fin, nosotros decimos de nuevo que nuestro buen Padre no pudo menos de regocijarse en •extremo al ver tales muestras de cariño y devoción por parte de los Españoles, y hoy hace públicas sus más expresivas gracias por su mucho celo en cooperar á la misión de la educación de la juventud pobre y abandonada que Dios Ntro. Señor le ha confiado. Espera que el número de dichos Cooperadores españoles aumentará cada vez más, y de este modo y con nuevos recursos, que sus corazones generosos proporcionarán, podrán abrirse muchas Gasas en España, y sostenerse las Misiones que tenemos en América. tas HfflñS DEL PURGATORIO. « Hay, como todos sabemos , dos mundos : el del sentido y el del espíritu. Nosotros vivimos en el mundo del sentido , rodeados y envueltos por el mundo del espíritu , y , como cristianos , tenemos continuas y reales comunicaciones con este último. Ahora bien; en el mundo del sentido no hay más que un fragmento, una fracción de la Iglesia. Hoy dia la Iglesia triunfante en el Cielo, habiéndose aumentado con nuevas turbas y embellecido constantemente con nuevos santos, debe necesariamente exceder en mucho á las filas de la Iglesia militante, la cual no comprende ni siquiera la mayoría de los habitantes de la tierra. Es más bien probabilísimo que la Iglesia purgante exceda también en extensión á la Iglesia militante, como la sobrepasa asimismo en belleza. Acerca de las falanges innumerables de los condenados, nosotros no tenemos ningún vínculo con ellos ; envueltos en tenebrosas cavernas, viven sin relación alguna con las Iglesias triunfante y militante. » Pero por la doctrina de la Comunión de los Santos y por la unidad del místico cuerpo de Cristo, nosotros tenemos con la Iglesia triunfante y con la purgante, íntimas relaciones de deber y de afecto ; y la devoción católica nos suministra muchos modos, establecidos y aprobados á fin de cumplir dicho deber para con ellas. Dios nos dió un poder tal sobre los difuntos , que parece dependen más de la tierra que del cielo : y el habernos dado este poder y los métodos sobrenaturales de ejercitarlo no es seguramente la mínima prueba conmovedora que su Divina Majestad haya dispuesto y ordenado todas las cosas por amor. ¿Acaso no podemos nosotros imaginar el regocijo de los Bienaventurados en el cielo contemplando desde el seno de Dios y desde la calma de su eterno descanso nuestra triste escena de inquietudes , dudas y temores , y exultando en la plenitud de su caridad, en medio del vasto poder que tienen ante el Sagrado Corazón de Jesús, para impetrar dia y noche gracias y bendiciones en favor de los pobres habitantes de esta tierra ? Esto no les distrae de contemplar á Dios; ni les disminuye su gloria; no altera ni su gracia ni su paz. Al contrario, acaece á ellas como á nuestro'Angel Custodio; los afectuosos ministerios de su caridad acrecientan la propia gloria accidental. También nosotros sobre la tierra podemos gustar proporcionadamente un regocijo semejante. Si nos animamos, pues , con todo el corazón á aumentar en nuesto corazón la devo- — 134 — cion hacia las ánimas del Purgatorio , seremos siempre suavemente sabedores del inmenso poder que nos ha dado Jesucristo en favor de ellas. Nunca nos asemejamos más á él, ni imitamos tan bien sus tiernos oficios, como cuando ejercitamos devotamente este poder. Nos hallamos altamente humillados al hacernos bienhechores de aquellas almas hermosas que nos son tan sin comparación superiores, como se lee de s. José, que aprendió la humildad mandando á Jesús. Auxiliando á las santas ánimas del Purgatorio, nosotros damos testimonio á Jesús de un amor que supera á las palabras, de un amor que nos hace temblar, pero de un temblor delicioso, porque en esta devoción no es nuestra mano, sino la suya, que movemos, como se movería la inexperta mano de un niño. ¡Amadísimo Señor! ¿acaso no parece increíble que él se deje de este modo en nuestro poder? ¿Qué nos deje hacer lo que queramos de sus satisfacciones, y rociar cuanto queramos con su preciosa Sangre como si fuera tanta agua cogida en el cercano pozo ? ¿Qué nosotros lleguemos á circunscribir la eficacia de su sacrificio incruento, á nombrarle ánimas por quienes aplicarlo, y esperar que él nos obedezca y que nos obedezca de veras ? ¡ Hermosa sobremanera fué la impotencia de su niñez! ¡es sublime belleza su impotencia en el Santísimo Sacramento! ¡ linda es por cierto la impotencia en que, por amor nuestro, él se digna de estar á nuestra disposición para auxiliar á sus queridas esposas que sufren en el Purgatorio, cuyo ingreso en el Cielo es deseado vivísimamente en su Corazón ! ¡ Qué pensamientos, qué sentimientos, qué amor debería ser el nuestro, mientras que, como coros de ángeles terrestres, dirigimos nuestra mirada al vasto, silencioso é implacable reino de dolor , y luego con nuestra fervorosa oración movemos la potente mano de Jesús, que va goteando su balsámica y saludable Sangre! » Despues de tan sublimes y hermosas palabras del Faber, sacerdote del Oratorio de Londres, no añadimos nada para animar á nuestros Cooperadores y Cooperadoras á aliviar á las Almas del Purgatorio, y tan solo les presentamos un medio de ejercitar el inmenso poder que nos ha dado Jesús en favor de ellas. Dicho medio consiste en la difusión de la idea y del afecto de su. causa mediante la prensa. La prensa es ciertamente uno de los medios poderosísimos con que « en el mundo del sentido » se animan las almas sensibles á defender la causa de los infelices y á socorrerlos. ¿Y por qué la prensa no servirá á alimentar entre los Católicos la idea y excitar el afecto por la causa de los infelices del « mundo del espíritu » y á acudir en su auxilio? ¿Inunda un rio un pueblecito ? pues pronto la prensa se presenta á excitar los corazones y enjuga como mejor puede las lágrimas de los inundados. ¿Devora el fuego las sustancias de varias familias ? la prensa enciende en los corazones la caridad y bien pronto dichas familias desgraciadas son consoladas. ¿Un terremoto mueve y tira por tierra las casas y pueblecitos enteros ?inmediatamente la prensa toda pónese en movimiento para so correr á los sobrevivientes. Pero ¿quién es el que piensa en hacer conocer con la prensa el grande acaecimiento diario de la infelicidad de las almas de nuestros muertos ? ¿ Quién es el que con hojitas, opusculitos, diarios ó libros procura excitar á los fieles á soccorrerlas? ¿Quién es el que piensa cómo los pocos céntimos empleados en comprar un librito que trata en favor de las almas , una media hora de tiempo empleada en leerlo, emprestarlo á otros, regalarlo, sea ya de por sí un acto de ejercicio del inmenso poder que nos ha dado Jesucristo en favor de ellas? Hé aquí, pues , el medio que nosotros presentamos hoy á nuestros Cooperadores y Cooperadoras. ES TIEMPO DE OBRAS. El profeta David en el salmo 118 con vivo entusiasmo de amor y celo se dirigía á Dios Ntro. Señor diciéndole : — Es tiempo de obrar, oh Señor : tus enemigos han arruinado tu ley : Tempus faciendi, Domine : dissipaverunt legem tuam. En nuestros dias esta misma aspiración no deja de ser oportunísima y también justa. Los enemigos de la Iglesia y de la religión, los enemigos de Dios no descansan, antes bien con una actividad sin límites , ó mejor dicho , satánica , tientan de arruinar, destruir y disipar todo lo que sabe de religioso y moral. Niegan las verdades reveladas por Dios, desprecian las leyes divinas, blasfeman á Jesucristo y su Evangelio , hacen guerra á la Iglesia y á sus ministros , inventan, mentiras y calumnias, profesan y divulgan doctrinas perversas y deshonestas , corrompen las mentes y corazones de todos. Y al considerar semejante desgracia, ¿qué ánimo generoso podría impedirnos de exclamar hoy con el santo y real Profeta: — Es tiempo de obrar, oh Señor; puesto que los pecadores han llegado ya al colmo de su malicia arruinando tu santa ley ? — Hoy, más que nunca, es el caso de hablar al Señor con los • acentos del Filicaia : ¿ Y hasta cuando necios Serán, Señor, tus siervos? ¿y hasta cuándo De tan bárbaros excesos Se jactará el impio atrevimiento ? Sí, oh Cooperadores y Cooperadoras, reguemos á Dios Ntro Señor se digne refrenar el ímpetu de sus enemigos; pero al mismo tiempo recordémonos que la oración sola no basta , ó mejor dicho , recordémonos que á la oración debemos unir también nuestra obra. En la antigua y nueva ley, Dios, para hacer el bien é impedir el mal, se sirvió siempre de los hombres que eran más devotos suyos. Para difundir la religión cristiana sobre la tierra, para conservarla y defenderla , desde el ^principio, y despues con el andar del tiempo , El quiso fuesen sus cooperadores los sacerdotes y seglares, y hoy invoca todavía el auxilio de unos y otros con el mismo fin. Y por esto nos dice también por medio de — 135 — su Vicario: — Es tiempo de obrar, oh hijos mios: despertad, pues, levantaos y salid á la batalla. — Viene aquí muy á propósito el recordar las férvidas palabras que nuestro Supremo Pastor , el sabio é invicto Pontífice Leon XIII, dirigía á los Católicos en su Carta Encíclica, Etsi nos, del 15 de Febrero del año 1882 : — Todos los que aman la religión católica, sepan que hoy es ya tiempo de hacer algún tentativo, y de no dejarse caer por ningún motivo en los brazos de la indiferencia é inercia, puesto que ninguno queda tan pronto oprimido como el que se a-bandona á una necia seguridad. Pidamos , pues , con todo nuestro corazón al Señor á fin de que nos auxilie, pero no nos descuidemos de hacer por nuestra parte todo lo que la razón y religión nos imponen , á fin de ser también sus Coadjutores, Dei adjutores. Cuando los derechos del padre ó de la madre son violados, toca á los hijos el defenderlos ; cuando es asaltada la familia, cada miembro debe salir en su defensa. Por cuyo motivo nosotros desearíamos que nuestros Cooperadores estuviesen alerta y excitasen su celo en un punto solo, que nos parece de suma importancia. Hoy día los enemigos causan grandes estragos en la heredad del Señor, sobre todo por medio de la mala prensa, por medio de libros , periódicos y diarios impíos y corruptores, buscados y leídos por muchos. Quien vive en medio del mundo podrá convencerse de cuán gran verdad sea esta. Todos quieren leer y en tanta muchedumbre de librejos, los más, leen lo que es malo y absorben, sin hacerse de cargo, el veneno. Parecen estos los tiempos predichos por el a-póstol Pablo en su segunda carta á Timoteo : — Vendrá tiempo, dice, en que no sufrirán la sana doctrina, antes amontonarán maestros conforme á sus dáseos, por deleite de su oido: y apartarán los oidos de la verdad y los aplicarán á las fábulas. Ahora bien; estamos ya al fin del año: muchos de nosotros , ó de nuestros conocidos , renuevan ó eligen la suscricion de algún diario ó periódica publicación ; por consiguiente es tiempo de obrar; es tiempo que os opongáis con todo vuestro celo á la prensa malvada ; es tiempo que la reprimáis con todas vuestras fuerzas é industrias de vuestro ingenio. Si, reprimidla con sostener y promover la difusión de la buena prensa, con asociaros suscribiros y aconsejar á otros que se suscriban á diarios y publicaciones de sanos principios religiosos y morales; reprimidla con distribuir libros y periódicos buenos, con emprestarlos y regalarlos y hacerlos pasar de una en otra mano, de familia en familia; reprimidla con describir la ponzoña que contienen los libros que tratan algo contra la religión y las buenas costumbres ; reprimidla con no dar nunca ni siquiera un céntimo á aquellos que escriben, publican ó venden hojas y libros perversos; reprimidla con aconsejar á los parientes, amigos y conocidos á no recurrir jamás á la prensa mal vada ni para saber noticias , ni para promover sus propios intereses temporales/reprimidla con quemar los diarios, periódicos y revistas de mala fama, que viniesen á parar en vuestras manos, á fin de que, despues de haber pervertido quizá á alguna alma incauta, no perviertan aún á alguna otra en vuestra casa ó fuera de ella. Hagamos en una palabra encarnizada guerra á la mala prensa, gtierra á los libros, diarios, periódicos que sean contrarios á la religión católica y á su sana moral. Las Lecturas Católicas. Hé aquí, entre otras muchas, una publicación mensual sumamente útil y provechosa para llenar el fin que nos proponemos, y que por consiguiente no podemos menos de recomandarla vivamente hoy á nuestros caros Cooperadores y Cooperadoras. Ella tiene por objeto única y exclusivamente la enseñanza y defensa de la Religión católica, mediante la difusión de libros de estilo sencillo, llano y popular , adaptados á la inteligencia de todos. En la elección de los opúsculos se prefieren siempre los que contienen instrucciones morales, narraciones amenas ó historias edificantes. Todos los meses se publica un opúsculo de unas 130 páginas. El precio de suscricion (adelantado) es: en España, 8 pesetas , y en Buenos Aires , i peso, mjn. Los pedidos y el precio de la suscricion se enviarán en España al Sr. D. Juan Branda, Pbro. Director de los Talleres Salesianos de Sarria (Barcelona); y en Buenos Aires al Sr. D. Santiago Costamagna , Director del Colegio Pio IX de Artes y Oficios, en Almagro. EXPLORACION DE LA TIERRA DEL FUERO, y D. José Fagnano. ( Continuación). 5o. Indole dócil de los Indios. — Llegada de una segunda nave. — La misión privada del santo sacrificio de la Misa. —• Aspecto de aquella tierra. Los indios que aquí hemos encontrado parecen de un carácter dócil; visten pieles de guánaco, que las mujeres ciñen á la cintura, llevan arcos y flechas y viven de la caza de aves, de la carne de guánaco, de pescado que deja la marea en la orilla, y de los mariscos que encuentran en los escollos. Gustan sobremanera del lucu-tucu que sorprenden con la mano en la entrada de sus cuevas, y de la achicoria silvestre que comen cruda y con raíces. Al principio no querían comer galletas ni tampoco dulces y carne en conserva , sino cruda ó que ellos mismos asaban. Duermen acurrucados unos sobre otros al abrigo 136 de sus toldos formados de una especie de empalizada , rodeada de cueros de guanaco que los reparan tan solo del viento. El doctor Sr. Segers cuidaba con particular esmero á los enfermos y muchas veces se le escapaban quejas contra el mal proceder de los soldados , que hablan cometido tantos atropellos contra gente indefensa y casi desnuda, que huía de ellos y que nada habia hecho contra la Expedición. El dia 27 por la mañana apareció el cúter Bahía Blanca y desembarcó el Sr. Comandante Basualdo con dos marineros, dejando el buque á unas tres millas de la costa. El Sr. Lista hizo embarcar cinco indias, con dos criaturas de pecho, y todos los objetos que yo llevaba para regalar á los indios, es decir , la caja del altar y la maleta de la ropa, de modo que yo me quedé tan solo con las monturas, una camisa, unos cuantos libros , y roquete y estola para la administración de los sacramentos. Vi con sentimiento que en adelante apenas podría vivir como cristiano, con mucha dificultad rezar el Breviario y hacer muy poco por los indios. En esto me retiré á la tienda, encomendóme á Dios, lloré y todo el dia estuve triste. ¡Paciencia! No podia ser de otro modo. A las 3 de la tarde di un paseo hasta la cumbre de la colina del Este y me entretenía contemplando la belleza de la bahía, de las alturas y de los pequeños valles tapizados de hermoso pasto, abundantes de agua y cubiertos de trecho en trecho de matas y malezas negras. Los mansos pajarillos parábanse á unos veinte pasos de mí y recogían con su pico las migas de pan que yo dejaba caer á propio intento en el suelo. Estas hermosas avecillas alégrannos mucho en el campamento mañana y tarde con sus sencillos y armoniosos cantos. ¡ Ah , cuánto desearía estar aquí rodeado de Salesianos y de Hermanos para trabajar por la conversión de estos pobres indios . 6o. Un paseo. — Un temporal. — Regreso al campamento. El dia 28 pedí permiso para dar un paseo á fin de no extrañar la marcha á caballo que íbamos á emprender. A las 12, despues de aimozar, me dirijí con el Sr. Segers hácia la costa para ver si encontrábamos algún pescado en aquella parte de la bahía. Encontramos, en efecto, restos de una ballena y de otros grandes peces , unos •caracoles pequeños, y vimos también algunas pisadas de caballo por lo que conocimos que alguno habia pasado por allí. Viendo que nos quedaba mucho que andar antes de llegar á la costa del norte, volvimos atrás y nos juntamos con el sargento Rozas y un soldado que estaban cazando. Despues de un rato de descanso nos vinieron deseos de subir á la cumbre del cerro que se levantaba al sud-oeste de la bahía. Lo hicimos, llenándonos de admiración mientras subíamos, al ver tanta vejetacion hasta la altura de unos 1200 pies. Entre las cumbres de las colinas que rodean aquellos alrededores vimos una hermosa laguna en la cual abundaban los patos, las gallaretas y otras aves de caza. De repente nos sorprendió un temporal y empezó á caer tanto granizo que dejó blanqueado el suelo y las matas, y nosotros no tuvimos más remedio que dirigirnos al trote al campamento, donde llegamos algo tarde y chorreando agua. El Jefe se indispuso algún tanto y nos prohibió salir otra vez tan lejos y solos. Así pasamos el dia de ayer haciendo los preparativos para la marcha que se debía emprender la mañana siguiente. — Sale el Sr. Comandante Basualdo , el cual se ofrece cortésmente á llevar nuestra correspondencia al puerto Gallegos. — Le saluda Su afmo. hermano en J. C. José Fagnano, Pbro. Carta II. Bahía Tetis, 2 de Enero de 1887. Carísimo Sr. D. Bosco : La salida del correo me obligó á interrumpir bruscamente mi primera carta la víspera del dia establecido para emprender nuestra marcha hácia el Sur. Hoy , pues, voy á proseguir dicha relación exponiendo la mayor parte de las noticias, tal cual las fui apuntando en mi librito de viaje. El dia 29 de Marzo nos ocupamos en ordenar y distribuir la carga que debían llevar 11 de nuestras muías; en elegir los víveres que debíamos llevar con nosotros ; distribuir á los soldados de la escolta las respectivas raciones de forraje, arroz, tabaco y harina; y por último en levantar nuestras tiendas dsl campo y arreglarlas convenientemente para la salida del dia siguiente. Durante la noche cayó un aguacero que nos molestó no poco obligándonos á retardar la salida hasta las 2 de la tarde del dia 30, hora en que finalmente pudimos ponernos en camino, dirigiéndonos al Sud-Este. Como no habia ningún camino y los sitios por donde debíamos pasar estaban llenos de fango, tuvimos que ir muy despacio. Nos paramos á las 5 de la misma tarde sobre una altura donde se conocían aún las señales de seis toldos, colocados á la orilla de una laguna que estaba del todo seca. Faltándonos, pues , el agua , nos pusimos á cavar un pozo y dimos con ella despues de haber profundizado unos 40 centímetros. A la mañana siguiente proseguimos nuestro camino con un tiempo hermosísimo, en la misma dirección del dia anterior. Procuramos no desviarnos mucho de las partes más altas , hallándose las llanuras completamente llenas de fango. A medida que íbamos adelante encontrábamos siempre pastos mejores y llanuras muy vastas , una de las cuales tendría de extensión como unas dos leguas. No vimos cuadrúpedos á excepción de algunos perros que juzgamos pertenecerían á familias indianas que quizá estaban muy cercanas, pero que — 137 por el momento no nos entretuvimos en buscar. Divisamos al lado opuesto algunas avutardas, y despues las encontramos en mayor número muy cerca de un torrente que. si bien era pequeño, nos dió sin embargo no poco que hacer, habiéndolo tenido que atravesar, llevando nuestros equipajes al hombro por no poderlos cargar sobre las mulas que se empantanaban demasiado. Es desde este punto que verdaderamente comenzamos á experimentar las no pequeñas dificultades del viaje. Por la orilla de este torrente, que por ahora llamaré de las Avutardas, divisamos unos 50 toldos abandonados. Por consiguiente empezamos á caminar con mayor cautela, en la razo nable persuasión de tener muy cerca á un buen número de indios. A las 11 nos internábamos en un terreno muy undulóse y á la una de la tarde llegamos á otro torrente más ancho y pantanoso que el primero, pues reunía todas las aguas de un pequeño valle, y veíanse á lo lejos las montañas, en las cuales tenia sin duda su origen. Nuestra persuasión de encontrar muchos indios por aquellas cercanías no había sido inoportuna , pues muchos de ellos no tardaron en comparecer á un cuarto de legua de distancia. Hallábanse algunos á la orilla izquierda del torrente, otros á la derecha y otros se pusieron á correr hácia el Este, comprendiendo con esto que nos habían visto desde lejos. El Dr. Segers, que estaba á mi ludo, me propuso de ir á donde ellos estaban para hablarles , á fin de evitar en seguida toda ocasión de combate. Hízelo, pues , dándoles como mejor podia señales de paz, llamándoles y diciéndoles en su lengua tehuelche : yegoa, yegoa (hermano, hermano), yeper (carne). Y mientras nosotros nos acercábamos, dos de ellos nos salieron al encuentro paso á paso, con el arco en mano y en actitud de arrojar la flecha. Viendo esto, nos bajamos del caballo y continuamos á internarnos, no separándonos, por precaución , de las orillas del torrente. También los dos indios continuaron acercándose, pero en actitud de defenderse y a-menazarnos. , Ciertamente venían con intención de combatir, puesto que, cuando estaban á la distancia de unos cincuenta pasos se pusieron en actitud de flecharnos. Sin embargo no nos atemorizamos y sin hacer caso de semejante acto, levantamos nuestros brazos al aire para darles á entender que no teníamos arma alguna, y los invitamos á que se acercasen á nosotros. El Dr. Segers hizo aún más, pues se puso á saltar como un niño, y, es necesario decirlo, este juego pueril nos sirvió de mucho. Los indios tiraron por tierra sus arcos y flechas é inmediatamente se vinieron junto á nosotros saltando también ellos como lo había hecho el Sr. Segers, y en prueba de la confianza que habían puesto en nosotros, nos dieron á tocar sus manos. En vista de estas muestras tan pacíficas y amigables , el Jefe de la expedición, ■que se habia acercado poquito á poco, se unió á nosotros en compañía de un soldado que traía la bandera argentina, y luego vinieron los demás con la comida y vestidos para regalar á los indios. Nuestros salvajes protagonistas no comprendían nuestras palabras, de suerte que nos vimos obligados á entendernos por medio de señales. Les ofrecimos tabaco, pero no lo aceptaron. Mientras nos entreteníamos con ellos mímicamente, vimos que los otros indios , que antes habían huido, venían aproximándose muy despacio, y en breve tiempo nos vimos rodeados de un buen número de ellos. Sin embargo estaban aún un poco atemorizados y por esto se miraban con frecuencia unos á los otros algo inquietamente. Uno, el más viejo de todos, mientras los otros, quien más, quien menos, tomaban parte á nuestra muda conversación, se aproximó á las mulas y maravillándose visiblemente de dichos cuadrúpedos para él desconocidos, titubeante tocaba el freno y las monturas dirigiendo de cuando en cuando la vista hácia nosotros con suma alegría y con la más ingenua admiración. En seguida se acercó á mí y comenzó á hacerme caricias pasándome la mano por el sombrero, por detrás de la cabeza, y luego por la sotana, pronunciando de cuando en cuando las palabras: wich , wich , con que indicaba la manifestación de su sorpresa. Despues de dos horas de mímico entretenimiento nos despedimos de ellos regalándoles primero algunos ponchos y mantas y manifestándoles nuestra intención de irnos hácia el Sur. Nos miraban con pueril regocijo y se reían cuando montamos sobre el caballo, contemplándonos despues por algún rato mientras nos alejábamos. Atravesamos , pues , el torrente que tendría unos 25 metros de anchura y al anochecer nos acampamos en la llanura, vigilando siempre para evitar algún ataque de los indios. En aquel dia nos persuadimos del todo que ellos no son tan malos como se suele decir. Merece una palabra de alabanza el buen Doctor Segers , quien con su industria y paciencia supo apaciguar á los indígenas y ponernos con ellos en comunicación, así como el Sr. Lista , moderador prudente del valor y animosidad de sus soldados en todas las circunstancias. (Se continuará) PERE&RINACION DE LOS OBREROS FRANCESES el JEvOITlcl. Tres lloras en Turin. El 13 del mes de Octubre, la Peregrinación de las Sociedades obreras francesas — sección del Norte ■— se detuvo algunas horas en Turin. Componíase de 900 personas, entre las cuales iban muchos sacerdotes , capellanes de los Círculos católicos y directores de varias otras Obras. El Sr. D. León Harmel, de Val des Bois , y dos de sus hijos, los señores barón de Monpetit y Champion, guiaban tan devota y numerosa peregrinación. .LtJÓ — El primer treno llegaba á la estación á las 5 y 1|2 de la tarde. Algunos Salesianos franceses, mandados por D. Bosco, saludan respetuosamente al Sr. D. León Harmel en nombre de su amado Padre , haciéndole presente su mucho sentimiento en no poder ofrecerles alojamiento en el Oratorio por ser demasiado numerosos. Sin embargo, deseando darles una prueba de lo mucho que le es grata su venida, olvidándose del peso de sus muchos años, promete de venir á verles con el fin de congratularse con ellos por su noble empresa.. El Sr. Harmel, aceptando tan hermosa propuesta, señaló la hora más conveniente para la anunciada visita. D. Bosco, pues, acompañado de D. Rúa, su vicario general, llegó á las 6 y 1¡2 al sitio donde le esperaban los peregrinos. Inmediatamente vése rodeado de Franceses que lo saludan con tales muestras de afecto y reverencia que no puede menos de conmoverse visiblemente: aquellas voces y aquellas caras conocidas tráenle á la memoria sus viajes hechos por Francia. El Sr. D. León Harmel y el R. P. Asistente de los Hermanos de S. Vicente de Paul le ayudan á caminar, mientras él se acerca muy despacio hacia la sala de los peregrinos. Pero D. Bosco se pára á cada paso que dá para decir con expansión de corazón cuánto le es grato el hallarse en medio de tantos buenos y queridos amigos ; reconoce á los que hacía ya tanto tiempo no veía , y se queda enternecido hasta el punto de no poder pronunciar palabra para expresar sus pensamientos. Viendo que todos los circunstantes no cabrían en aquella sala. Don Bosco se quedó afuera, desde donde, despues de haber descansado un ratito , dióles la bendición, que extendió á sus familias, amigos , conocidos, á sus obras é intenciones. Pero el estado de su salud y el número de los oyentes no permitiéndole continuar en voz tan alta, suplicó á D. Rúa dijese en su nombre algunas palabras, de las cuales reproducimos aquí el sentido : « D. Bosco se congratula con los peregrinos y les dá las gracias , representando ellos á la Francia católica, á la verdadera Francia, á aquella cuya resurrección va acercándose cada vez más, merced á la misericordia divina y á las admirables instituciones fundadas y sostenidas por la resoluta voluntad de sus mejores y verdaderos hijos. También él espera poder concurrir eficáz-mente á aquella feliz resurrección ; conoce muy bien cuántos medios puede hallar en su temperamento cristiano para triunfar de muchos males, para sanar de heridas profundas. Él no tuvo que hacer otra cosa sino dar una señal, y de este modo obtuvo para sus obras aquella vitalidad maravillosa que supera y vence todos los obstáculos y por medio de la cual son como nada todos los más grandes sacrificios. » Todo esto es para4D. Bosco un motivo particular para dar gracias á los peregrinos en un dia que ellos le proporcionan el hermoso consuelo de bendecirles por el camino de Roma. Vanguardia del mundo católico, van á anunciar á la Eterna Ciudad, en un modo tan providencial, la resurrección de su patria; los primeros entre los hijos del Padre común de los fieles , van á decirle cuánto sufren sus hijos de Francia por sus dolores, y cuál energia de oraciones y acción emplearán para obtener el triunfo pacífico del Vicario de Jesucristo. » D. Bosco suplica á los obreros que, despues de haber puesto á los pies del Sumo Pontífice sus humildes obsequios de filial veneración , no se olviden de rogar ante la tumba de S. Pedro por toda la familia Salesiana, pidiéndole las gracias de que tanto necesita para cumplir con su misión en la Iglesia de Dios. En fin, él, despues de exhortarles á visitar el Santuario que erigió en Roma al Sagrado Corazón de Jesús, promete celebrar mañana la Misa con intención de hacer descender sobre toda la Peregrinación las más electas bendiciones. » Desearía aún, antes de darles el adios, dejar salir de sus labios aquel grito que tiene en el fondo del corazón : ¡ Viva la Francia.' Esto no le es posible, pero lo que ninguno podrá prohibirle es de enviar al Señor dicho grito con verdadero reconocimiento y particular afecto. » Despues de aquella alocución, cada uno de ios peregrinos, pasando por delante de D. Bosco y besándole la mano, recibió de rodillas la bendición y una medalla de María Auxiliadora. Tres cuartos de hora duró aquella conmovedora presentación, durante la cual D. Bosco no cesaba de felicitar á todos el viaje, sirviéndose de fórmulas que no hemos podido retener, pero cuya variedad era apropiada á la condición y estado de cada cual. Complacíase especialmente en repetir: « María Santísima os proteja y guie hasta el paraíso. » A algunos sacerdotes díjoles: « El Señor os haga el favor de darle muchas almas. » Un peregrino de Chantres, diciendo que conocía á D. Bellamy á quien quería mucho, D. Bosco lo entretuvo un instante : « Pero entonces, le dijo, sí D. Bellamy, es amigo suyo, Vd. lo será mió, porque también yo lo quiero mucho y es grande amigo mió. » Mientras los peregrinos dejaban á Don Bosco, subían en los carruajes para regresar á la estación, donde todos debían encontrarse á las 8 en punto. Aquella ardiente veneración, aquel entusiasmo de piedad por la persona de D. Bosco era un espectáculo de profunda edificación, y la impresión que los católicos franceses dejaron en todos los que tuvieron la dicha de presenciar tan hermoso acto será indudablemente imperecedera. (De nuestro Boletín Francés) — 139 — HISTORIA DEL ORATORIO DE S. FRANCISCO DE SALES. ( Continuación). Capítulo VIII. Nueva y última desconfianza. — Temor y llanto de un amigo. — D. Bosco es despedido del Refugio. — El aislamiento. — Un loco nunca visto. — Peregrinación á ia Virgen de Campagna. — Repique de campanas. Un distinguido escritor francés en un reciente opúsculo sobre D. Bosco y su fundación, hablando de los jóvenes que al principio frecuentaron el Oratorio, usa una hermosa comparación que queremos repetir aquí. « Gomo en un" dia de invierno acuden los paj arillos en gran número al lugar en que una mano providencial arroja las migajas que les conservará la vida, así se agrupaba alrededor de Don Bosco una multitud de niños que el mundo miraba con indiferencia. » Así es en realidad. Ahora reconocemos que las lecciones de doctrina, las instrucciones , las pláticas, y hechos edificantes que nos referia, las amenas conversaciones é inocentes diversiones que nos proporcionaba en los dias de mayor peligro para nuestras almas , fueron precisamente los medios que nos preservaron de la irreligiosidad, de los malos hábitos y del camino del vicio ; fueron nuestra salvación, nuestra vida. Pero, continuando con la hermosa comparación, así como sucede á veces que una persona importuna ahuyente los pajarillos que tranquilamente se' alimentan, y los obligue á refugiarse en otra parte, así,también sucedió á nosotros viéndonos obligados á salir primero del Ospitaletto, despues de los Molinos, en seguida de S. Pedro in Vincoli y de la casa de Moretta, y finalmente del vasto prado, como pasamos á referirlo. Despues de la entrevista con el Marqués de Gavour, Don Bosco creyó poder contar, á lo menos por breve tiempo con un poco de paz y tranquilidad : pero ¿ cuál no sería su sorpresa cuando al llegar á su domicilio de regreso del Palazzo di Cittd encontró una carta en que los herma-ñor Defilippi lo despedían del prado que habían dado en arrendamiento por todo el año ? « Sus muchachos, decían ellos, pisoteando continuamente el prado , secarán las mismas raíces del pasto. No tenemos por lo tanto dificultad en condonarle el alquiler vencido, con tal de que en el plazo de quince dias nos desolaje el prado. No podemos concederle mayor demora. » Teníamos forzosamente que retirarnos. Verdaderamente esto parecía una conjuración tramada contra nosotros ; pero no eran más que pruebas á que Dios sometía á nuestro Don Bosco para hacer resaltar más claramente la importancia de la obra que había emprendido. Apenas se divulgó la voz de esta y otras dificultades con que á cada paso tropezaba Don Bosco, varios de sus amigos, .lejos de animarlo empezaron á aconsejarle desistiese de su empresa. Algunos también al verlo tan preocupado con sus muchachos , que los visitaba frecuentemente en sus talleres, los atendía en los dias de fiesta con un afecto más que paternal y de ellos hablaba frecuentemente con todos, llegaron á creerlo po-seido de monomanía y con peligro de enloquecer ; y por este motivo se servían de todos los medios para distraer su atención del Oratorio. Un dia el mismo apreciable sacerdote Borelli ante el Sr. D. Sebastian Pacchiotti, también piadoso sacerdote, le dirigió las siguientes palabras: — « Mi querido D. Bosco, para no exponernos á perderlo todo, es mejor que pongamos en salvo á lo menos una parte. Despidamos por lo tanto del Oratorio á todos los niños, conservando tan solo unos veinte de los más pequeñitos. Mientras educamos á estos el Señor nos abrirá el camino para aumentarlos con el tiempo. » Nuestro Padre Don Bosco , que, parecía preveer lo que la Divina Bondad disponía para más tarde, sin vacilar un punto , contestó: Bien sabe Vd., Señor Teólogo, con cuántas fatigas hemos logrado arrancar del camino del vicio esos pobres niños y cuán satisfactoriamente ellos nos corresponden. Soy por lo tanto de parecer que no deben abandonarse en medio de los innumerables peligros á que están expuestas sus almas en el mundo. Me objeta Vd. la falta de local y de recursos, pero esa dificultad ha desaparecido; el local está pronto, y recursos no nos faltan; está á nuestra disposición una hermosa casa con un vasto patio y un precioso pórtico, una magnífica Iglesia con sus Sacerdotes, Acólitos, Catequistas y Maestros. -— Pero ¿en dónde están todas esas cosas? preguntó el buen P. Borelli. ■— No puedo todavía decírselo, contestó D. Bosco, pero realmente existen, y serán para nosotros. — Al oir estas palabras, el teólogo Borelli, como él mismo nos lo atestiguaba al referirnos este hecho, se sintió profundamente conmovido. Creyó encontrar con estas afirmaciones una prueba evidente de la locura de su querido amigo y exclamó : « Pobre Don Bosco, verdaderamente ha perdido el juicio! » No le fué posible disimular la pena que afligió entonces su corazón, y acercándosele, le besó la mano y se retiró derramando lágrimas abundantes. También Don Sebastian le dirigió una mirada de compasión, diciendo: ¡Pobre D. Bosco! y se retiró lleno de pesar. Dios permitió que el temor y persuasión del peligro que corría Don Bosco de enloquecerse se hiciese general. Entre otras personas, una fué la marquesa Da. Julia Barolo que lo había llamado para dirigir el Ospitaletto del Refugio. Esta piadosa Señora deseaba que D. Bosco se hiciese cargo únicamente de la dirección de sus institutos de niñas; y áunque un tiempo no se oponía á que también atendiese á los niños, sin embargo al tener conocimiento de los obstáculos del Municipio, y temiendo que al fin se volviese loco , aprovechó la ocasión, y se empeñó para hacer desistir á Don Bosco de sus empresas y conseguir lo que ella tanto deseaba; pero felizmente sucedió todo lo contrario. Fué un dia ella á visitar á D. Bosco en su domicilio y le habló del modo siguiente: « Estoy muy satisfecha de las atenciones que V. R. presta á mis Institutos, y le doy .las gracias por haber introducido en ellos el uso de los cantos sagrados , y enseñado en las escuelas la aritmética y el sistema métrico y muchas otras cosas de grande utilidad. » — Ño tiene Vd. motivo para darme las gracias, contestó Don Bosco; el sacerdote está obligado en conciencia á trabajar, por lo tanto no he hecho más que cumplir con mi deber, y de Dios espero la recompensa, si es que la he merecido. —• « Quiero también decirle , que siento mucho que la multiplicidad de sus tareas hayan deteriorado algo su salud. No es probable que V. R. pueda continuar con la dirección de mis Institutos y la de los niños abandonados, sobre todo teniendo en vista su crecido número. Le propongo por lo tanto que V. R. atienda tan solo á lo que es su estricta obligación y cese de visitar á los presos, á los enfermos, y sobre todo abandone el cuidado de los niños. ¿No le parece bien? — Señora marquesa, Dios me ha ayudado hasta ahora, y espero que no dejará de ayudarme en adelante; no tema pues Vd. del porvenir; con el teólogo Borelli y D. Sebastian arreglaremos todo con satisfacción de Vd. — « Pero yo no puedo permitir que Vd. se abrevie la vida; tantas y tan diferentes ocupaciones tarde ó temprano acarrearán perjuicio á su salud y á mis Institutos. Además las dificultades de la autoridad civil, los rumores que corren respecto á sus facultades mentales me obligan á aconsejarle... — Aconsejarme, ¿qué cosa, señora? — Abandone Vd. su Oratorio, ó mi Hospital. Reflexione V. R. sobre esto, y despues me contestará. — Ya he reflexionado bastante; y estoy en el caso de poderle dar inmediatamente la contestación: Tiene Vd. dinero y abundancia de medios, y encontrará fácilmente todos los sacerdotes que necesite para sus Institutos. No pasa eso con los pobres niños, no puedo por lo tanto ni debo abandonarlos. En adelante haré por el Refugio , lo que me sea posible, pero cesaré de atenderlo con regularidad para poder consagrar más atenciones á los niños. — Pero ¿ cómo podrá Vd. vivir sin paga? — Dios no ha permitido hasta ahora que me haya faltado cosa alguna, y espero que lo mismo será en adelante. — Pero V. R. está mal de salud; su cabeza está muy fatigada, necesita descanso. Escuche, pues, mi consejo de madre, Señor D. Bosco, y yo continuaré pasándole el mismo sueldo, y lo aumentaré también si gusta. Retírese por algún tiempo á un lugar donde pueda descansar, y cuando se haya restablecido volverá y siempre será bien recibido. De lo contrario V. R. me pone en la dura necesidad de despedirlo de mi casa. Si me obliga á dar este paso, V. R. se cargará de deudas por sus niños; vendrá á solicitarme con recursos, y desde ahora le declaro que rechazaré todo pedido. Reflexiónelo seriamente. — Yo ya lo he reflexionado desde hace mucho tiempo, señora Marquesa: he consagrado mi vicia en bien de los niños desgraciados, y nadie me hará desistir de mis propósitos. — ¿Es decir que Vd. prefiere sus vagabundos antes que mis Institutos? Si es así, V. R. queda separado de mi casa: hoy mismo buscaré quien lo sustituya. —■ D. Bosco le hizo obeservar que una separación tan repentina habría dado ocasión á sospechas deshonrosas, y que sería mejor proceder con calma, y conservar entre ellos aquella misma caridad con que se habrían tratado en el tribunal de Dios. Al oir esto, la Marquesa se tranquilizó un poco y concluyó diciendo : — Pues bien , le doy tres meses de plazo para dejar la dirección de mis Institutos. — Don Bosco aceptó la propuesta, y lleno de confianza en Dios se entregó á su Providencia siempre amorosa. Entre tanto la voz de que nuestro padre y afectuoso amigo se había enloquecido ó estaba para enloquecerse se divulgaba cada dias más en Turin. Sus verdaderos amigos lo sentían sobremanera; los indiferentes ó envidiosos se burlaban de él; y casi todos, áun los mismos que antes le habían prestado su apoyo, se alejaban de él; de modo que durante varios dias festivos presenciamos á Don Bosco completamente solo en el Oratorio esperándo á más de 400 niños. Este aislamiento habría desanimado al más resuelto y firme; pero no permitió Dios que esto sucediese con nuestro Don Bosco , que continuamente repetía: Dios es mi fortaleza y mi refugio; en él colocaré mi esperanza. En obsequio á la verdad debemos confesar que no todos los eclesiásticos abandonaron á Don Bosco en aquellos dias de duras pruebas; y nos es grato declarar que especialmente el Sr. Gaffasso y Monseñor Fransoni no cesaron de alentarlo con sus palabras y consejos. Y fue verdaderamente una dicha que entonces gobernase la diócesis de Turin un Arzobispo tan versado en los caminos de la Providencia y tan aficionado á Don Bosco y á su Oratorio; á no ser así, su obra habría tenido entonces su término. En aquel tiempo en que Don Bosco era tenido por loco, sucedió un episodio bastante gracioso. Algunos respetables y caritativos sacerdotes de Turin, resolvieron tentar la cura. « Este buen sacerdote , decían ellos, tiene su imaginación algo perturbada y puede completamente enloquecerse; su mal, estando todavía en principios, podrá ser vencido con una asistencia esmerada. Llevémoslo á la Residencia de locos, y allí con las debidas consideraciones se le hará todo lo que el arte y la caridad aconseje. » Se dirigieron por lo tanto al Hospicio de locos y hablando con el Director consiguieron un puesto, para el pobre Don Bosco. Despues de esto, dos respetables sacerdotes, el teólogo Ponsati, cura de san Augustin, y otro piadoso al par que docto sacerdote que todavía vive, fueron los encargados de llevar con buenos modos á D. Bosco al Hospicio de dementes. (Se continuará) Con aprobación de la Aut, Eclesiástica - Serente HATEO MI6L10KE Tarín, 1887 — Tipografía Saleslana. SKLIOA EX CHRISTIANIS SCRHTORIBVS IN VSVM SCHOLARVM ' Vol, in-"16° parvum S. Hieronyiii’ Eremitae, S. Hilarioris I. De viris illustribus Liber singularis; Vitae Sancti Pauli Eremitae, Malchi Monachi et Epistolae selectae cum adnotationibus Joannis Ta miettii Sac. Doct. .......... Pes. 0,80 Sulpicii Severi II. Historiae Sacrae libri II cum adnotationibus Joannis Ta- miettii Sac. et polit. Litt. Doctoris 0,40 ■ III. - Vita Sancti Martini; edidit atque adnotat. illustravit Joannes Tamiettius Sac. Doct. ....... 0,40 F. Lactantii IV. De mortibus persecutorum. Liber unus, cum adnotationibus Jo annis Tamiettii Sac. politior. Iit. Doct. in-16° pag. 88 » 0,60 S. Avgvstini V- De Civitate Dei. Liber quintus; edidit Sac. Joannes Tamiettius politiorum litterarum Doct. 0,40 S. Cypriani Sac. Joannis Tamiettii VI. Liber de Mortalitate et Epistola ad Demetrianum, cum adnotationibus • ........ )) 0,40 SELECTA EX LATINIS SGRIPTORIBVS IN VSVM SCHOLARVM I. PLAVU (M. Attii) Trinumus. Ad recentiores edi- tiones exegit, animadversionibus auxit et scholasticis praelectionibus accommodavit Th. Vallaurius. Edición 3a, 1872 ; un vol. de pág. 144 ..... Poset. — 60 II. — Aulularia. Ad recentiores editiones exegit, ani- madversionibus auxit et scholasticis praelectionibus accommodavit. Th. Vallaurius. — Edición 3a, 1872 ; un vol. de 130 pág....................» — 60 III. CAESAKIS (0. Julii) De bello civili Com- mentarium liber I et II. — Edición 2a, 1883 ; un vol. de 68 pág.....................» — 25 IV. — ®e bello g-allié© Commentariorum liber I et II.— Edic. 4a, 1884; un vol. de 52 p. » — 20 V. CICERONIS (M. Tullii) Cato Maior, seu de senectute et de Somnio Scipionis. — 1866 ; un vol. de 48 pág........................... » — 20 VI. — Epistolarum selectarum liber I. — Edición 2a, 1884; un vol. de 48 pág. ... » — 20 VII. — Epistolarum selectarum liber II. — 1882; un vol. de 40 pág................• » — 20 VIII. — Philippica III in M» Antonium et oratio pro Archia poeta. —1881 un vol. de 32 pág. » —15 IX. NEPOTÍS (Cornelii) Vitae excellentium imperatorum in usum adolescentulorum. — Edición 3a, 1883 ; un vol.. do 112 pág. . . » — 50 X. TACITI (C. Cornelii) Vita C. -Julii Agricolae. — 1886; un vol. de 28 pág. ..... » — 20 XI. ©MATII FLACCI (Quinti) Ex libris €Ma-nim selecta. Adnotationibus auxit et illustravit Sao. J.B. FrancesiaDoct. — 1867; un vol. de 76 p. » —25 XII. — Satyrae et Epistolae, Adnotationibus auxit et illustravit J. B. Francesia Sac. — 1867; un vol. de 64 pág......................... , » — 20 XIII. LBIOMOND (C. F.) Epitome Historiae Sacrae, grammaticae studiosis praescriptum cui accedit lexicón latino-italicum. — Edición 4a, 1885; un vol. de 116 pág....................» — 60 XIV. LIVII (Titi) Historiarum libor I. — Edic. 3a, 1882 ; un vol. de 68 pág....... . » — 30 XV. — Historiarum liber XXI et XXII. — Edic. 4a, 1888; un vol. de 120 pág............... » — 40 XVI. OVIDII NASONIS (Publii) Ex operibus selecta in usum scholarum, Adnotationibus auxit et illustravit Sac. J. B. Francesia Doct. — Edic. 2a 1883 ; un vol. de 64 pág................ » — 20 XVII. CVRTII (Q. Rufl) ®e rebus gestis Ale- xandri Magni. I-Iistor. lib. III et IV. — 1882 ; en 16°, de 78 pág. .................» — 0 30 XVIII. PHAEDRI (Augusti liberti) Fabularum Ae- sopiarum liber I et II crebris notis exornati. — Edic. 3a, 1881; un vol. de 32 pág. ... » — 15 XIX. — Fabularum Aesopiarum liber III, IV et V crebris notis exornati, — 1882; un vol. de 48 p. » — 15 XX. PLINII (Caecilii Secundi) Ex epistolis selecta, — 1867; un vol. de 48 pág. ..... » — 20 XXI. SALLVSTII (C. Crispi) De conjuratione Catilinae historia. — Edic. 2a, 1882; un vol. de 48 pág. ........... i) — 20 XXII. — De bello Jugurthino historia. — Edic. 2a, 1883 ; un vol. de 70 pág. .... » — 30 XXIII. VIRGILII MARONIS (Publii) AEneis. — 1882; un vol. de 268 pág........Peset — 75 XXIV. — Bucolica et Georgica. — 1884; un vol. de 88 pág....................... . » — 25 XXV. PLAVTI (M. Attii) Captivi. Comoedia ex recen- sione Fr. Hen. Bothe a taurinensi editore passim emendata. Accedunt animadversiones in dissertationem Frid. Ritschelii de Plauti poetae nominibus. — Edic. 2a, 1885; un vol. de 80 pág............... . » — 40 XXVI. CICERONIS (M. Tullii) Philippica II in M. Antonium. Recensuit, adnotationibus auxit Joannes Baccius Sac. — Edic. 2a ampliada, 1881; un vol. de 80 pág............ » — 40 XXVII. TIBVLLI (Albii) Carmina castigata crebris notis exornata. — Edición 4a, 1882; un vol. di 100 pág................................» — 40 XXVIII. LVCRETII (Titi Cari) ®e rerum natura. In usum tironum selegit, adnotationibus auxit Joan. Baccius Sac. — 1884; un vol. di 88 pág. » — 40 XXIX. LIVII (Titi) Historiarum liber II. In usum tironum curavit, interpretationibus auxit Joan. Baccius Sac. — Edic. 3a, 1882; un vol. di 96 pág. » — 40 XXX. PALVMM (Aloysii) Minerval. Comoedia. — 1877; un vol. de 64 pág. ...... » — 40 XXXI. CICERONIS (M. Tullii) Tusculanarum disputationum liber I. In usum tironum curavit, adnotationibus auxit Joan. Baccius. — 1879 ; un vol. de 96 pág. ........................» — 40 XXXII. — Tusculanarum disputationum liber II. In usum tironum curavit, adnotationibus auxit Joan. Baccius. — 1879; un vol. de 68 pág. . . » — 40 XXXIII. — Laelius, sive de amicitia. Dialogus ad T. Pomponium Atticum. — 1880: un vol. de 40 pág. » — 20 XXXIV. SALLVSTII (C. Crispi) ®e bello Jugurthino. Historia iu usum tironum; curavit, adnotationibus auxit Joannes Baccius Sacer. — 1882 ; en-16° de 160 pág. ........................... • » — 60 XXXV. — De conjuratione Catilinae historia. In usum tironum curavit, adnotationibus auxit Joan. Baccius Sac. — 1882; en-16°, pág. 95 . . . » — 40 XXXVI. OVIDII (P. Nasonis) Ex Metamorphosibus selecta in usum scholarum, curante I. Bartolio. — 1883; en-16°. pág. 164..........» — 60 XXXvn PLINII (Caecilii Secundi) Panegyricus Traiano Imperatori dictus, curante Vine. Lanfranchio. — 3a edic., 1884; en-16°. p. 80 » — 30 XXXVIII. VIRGILII Bucolica et Georgica, in usum tironum curavit, adnotationibus auxit Joannes Baccius Sac., accedit carmen Cometes Australis, an. MDCCGLXXXil. — 1884; en-16° de 204 pág. » —80 XXXIX. CLAVDIANI (Claudii) De Raptu Proserpinae. Libri III, recensuit et variis lectionibus auxit V. Lanfranchius ........ » — 40 XL. VIRGILI1 MARONIS (Publii) Aeneis ex recensione Chr. Gottl. Heyne. — Variis lectionibus instruxit atque adnotatiunculis illustravit Vincentius Lanfranchius; libri tres priores » — 50 XLI. FABII QVINTILIANI. Institutiones Oratoriae (liber decimus) — un vol. en-16° de 100 pág.....................................» — 80