AÑO I – N. 2. Sale una vez al mes. NOVIEMBRE 1886
BOLETÍN SALESIANO
Instruyó al pueblo y divulgó todo lo que había hecho.
No se engañaría mucho quien intentase de atribuir Buscó las doctrinas útiles y escribió documentos ree- gl principalmente a la prensa malvada.
todos los mal estisimos y Renos de verdades.
Las palabras de los g „ ]a deplorable condición de las cosas, a la cual sabios son como punzas o clavos, que penetran pro- g heffl0B u do actualmente.
.
.
, los escritores católicos fundamente, y nos fueron dadas mediante nuestros maestros por el único pastor.
8 ^en c°n «das »us fuerzas volverla en bien de la/T.
‘ vii n nix B sociedad.
(Eclesiastes XII, 9, y 11)(León XIII)El peligro, Sto. Padre, está todo en la continua difusión de los libros infames; y para poner un dique a este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fundación de una imprenta Católica, puesta bajo el patrocinio de la Santa Sede. De esta manera, no haciéndose esperar nuestras respuestas, podremos con mayor ventaja descender al campo de la lid y responder con feliz éxito a las provocaciones de los apóstoles del error.
(Sai.
es)| La prensa periódica sometida a la autoridad geli rárgica, revestida del espíritu de Jesucristo, viene áI ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad.
9 hace desaparecer el error, salva y civiliza; es casi una forma de apostolado sublime.
(Ai.
¡monda)i
LIBRERÍA SALESIANA DE TURÍN EN ESPAÑA — Librería Salesiana, BARCELONA-SARRIÁ
EL JOVEN INSTRUIDO EN LA PRÁCTICA DE SUS DEBERES Y EN LOS EJERCICIOS DE LA PIEDAD CRISTIANA SEGUIDO del Oficio de la SS. Virgen, del Oficio de Difuntos Y DE LAS VÍSPERAS DE TODO EL AÑO por el Sacerdote Juan Bosco
Un tomito en-52. 1 Peseta el ejemplar.
Esta obrita está dividida en tres partes. En la primera encontraréis todo lo que debéis practicar y lo que debéis huir para vivir cristianamente. En la segunda se encuentran reunidas las principales oraciones que están en uso en las parroquias y en las casas de educación. La tercera, en fin, contiene el Oficio de la Santísima Virgen, las Vísperas de todo el año y el Oficio de Difuntos. Encontraréis además un pequeño diálogo sobre los fundamentos de nuestra santa religión católica, adaptado al tiempo en que vivimos. Añadimos al fin una corta colección de canciones espirituales.
LATINI CHRISTIANI SCRIPTORESIN VSVM SCHOLARVM( in—161 parvum )àu«j> Bmt àriir, Caiiii» Latori z.
I.
fò^i’ibros circumspicienti, qui iu scholis ordinis secundi teruntur, miruin prefecto videbituradolescentulos, christianum nomen professes, historias.
orationes et poèmata tantummodoevolvere veteribus passim superstitionibus imbuta.
Non sum equidem nescius.
neminem fermeesse cum Tvllio in eloquentia comparandum ; utque poetas omittam, satis constat Cassarmi,Livivm et Sallvstivm eo styli nitore probari, qui vel seniores a scribendo deterreant.
Sedcum volo latinas linguae studiosos ad optima exemplaria confugere, quo tutius bene dicendi artem arripiant, turn idem ipse contendo eis omnino non esse catholicae doctrinasauctores invidendos, qui primis post Christum natum saeculis floruerunt.
Quum enim multapeccent romani superioris memoriae scriptores in iis quae ad mores, ad germanam humanit atom, atquo praesertim ad ipsam Dei creatoris et providentis notionem pertinent, omninodecet tenellos.
alumnos illis studiorum monitoribus uti, qui sibi credentem minime íallant,quique perversis veterum praeceptionibus sapientissima documenta opponent, mox laetissimosfructus latura.
Caeterum nemo tarn hospes est in literis latinis qui nesciat, complures christianae sapientiae scriptores, tametsi altius spectabant, quam ut extima styli parte faraam consequerentur, se tamen ad veterum imitationem cum laude coraposuisse.
Quare et SvlpicivrSevervm memorant, qui do brevitate cum Sallvstio contendit, et Mixvcmr Felicem hand san?inelegantem dictionem dialogis suis conciliantem, atque Lactantivm, qui Tulliani stylivirtutes est consecutus, plane ut merito Christianus Cicero sit appellalus.
Quae cum ita sint, propositis jam pridem praestantissimis scriptorum voluminibus adlegendum, optimum factu existimavi, si adolescentulos in patriae spem succrescentes ad eoslatinos quoque scriptores deducerem, qui christianam doctrinam professi, de literis et dsreligione optime meriti sunt.
Jam que in vulgos prodiere cum adnotationibus Joannis Tamiettii, salesianae Familia’?alumni, Doctoris politiorum litterarum diligentissimi, sancii Hieronymi Scripta selecta etHistoria Sacra Sulpicii Severi, nec non Sancii Martini Vita ejusdem scriptoris.
Nonevero en idem Joannes Tamiettius edidit Lactantii: De inortibus persecutorum, SanciiAngustiai De C’tritate Dei et 8.
Cypriani de Mortalitate libros quos tibi propone, ut,si alumnis tuis prodesse rideas, apud meos alumnos libraries scias excusos prostare, utmultorum manibus terantur.
Vale.
AÑO I. – N. 2. Sale una vez al mes. NOVIEMBRE 1886
BOLETÍN SALESIANO
Debemos ayudar a nuestros hermanos a fin de cooperar a la difusión de la verdad. (m. S. Juan i S)
Atiende a la buena lectura, a la exhortación y a la enseñanza. (. Tu. iv. 13).
Entre las cosas divinas la más divina es la de cooperar con Dios a la salvación de las almas. (S. Dionisio)
Un amor tierno hacia el prójimo es uno de los más grandes y excelentes dones, que la divina bondad puede hacer a los hombres. (El Doit. S. Fcaxc. de Sales)
Cualquiera que reciba a un niño en mi nombre, recibe a mí mismo. (Mat. XVM, 5)
Os recomiendo la niñez y la juventud; cultivad con grande empeño la educación cristiana; proporcionadles libros que enseñen a huir el vicio y a practicar la virtud. (Pío IX)
Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer a la niñez y juventud de las insidias de la corrupción y de la incredulidad y preparar de esta manera una nueva generación. (León XIII)
DIRECCIÓN en el Oratorio Salesiano. — Calle Cottolengo 32, Turín (Italia)
SUMARIO — El Corazón de Jesús y los triunfos de la Iglesia — Cartas de la Patagonia — Conferencias en Busto Ar.
~i.
do y en Casale Lina — Gracias de María Auxiliadora — Historia del Oratorio de S. Francisco de Sales — Cristianos a la prueba — El Catolicismo y Matilde Serrao — El secreto de la Confesión.
EL CORAZÓN DE JESÚS
y los triunfos de la Iglesia.
La vida de Jesús encierra ciertamente en sí misma la historia de toda la humanidad, desde el principio de la creación hasta la consumación de los siglos.
Pero en dicha vida existen algunos rasgos que merecen una consideración particularísima, ya porque nos revelan más claramente que cualquier otro los secretos más nobles de su Corazón adorabilísimo, ya también por la alta significación que contienen.
Entre estos uno de los primeros es la entrada de Jesús en Jerusalén seis días antes de su muerte.
Precede a dicha entrada el convite de Betania, durante el cual resplandece en el Corazón de Jesús una luz suavísima, y los actos de la fe más viva vense unidos a las manifestaciones de la caridad más tierna y afectuosa.
Pero precédele también la perfidia de Judas que maquina la traición y la maldad de los judíos, que quisieran matar a Lázaro para que no quedase testimonio alguno irrefragable de resurrección milagrosa.
Acompáñale, es verdad, la sencillez y el amor del prójimo, puesto que pobre y humilde gente no dejan de ser sus discípulos, cuyos pasos están señalados con continuas curaciones: pero acompáñale también la ciega envidia de los Fariseos, a los cuales devora el ardor santo de los que con tanto entusiasmo le festejaban; y por último el espectáculo doloroso de los profanadores del templo.
Y cuando llega la hora del triunfo, triunfo digo, humanamente hablando, cuando llega aquella hora, única en toda su vida de este mundo, que Él a pesar de su humildad y modestia quiso reservarse como uno de los homenajes más simples, tanto para enseñarnos a dominar las grandezas terrenas, como para consolar a los amigos de su Corazón, que dentro de poco serían por amor suyo sumergidos en la más profunda tristeza; cuando miles y miles de voces le aclaman, Hijo de David, Rey profetizado, de Israel, y los niños también levántanse con irrefrenable ardor para testimoniar la viveza de su fe y la santidad de su intenso afecto, cuando todo este maravilloso espectáculo sucede, ¡oh! ¡cómo también aquí en medio de tanta alegría y júbilo queda traspasado de dolor su Corazón adorabilísimo! Él ha llegado ya a la cumbre del monte de los Olivos y desde allá ve a Jerusalén, pupila de sus ojos, y el templo, monumento de tanta fe y grandeza.
La ve y llora.
Las palabras que entonces salen de su boca, son las más suaves a la par que las más terribles.
Pues el afecto demasiado ardiente hacia la ciudad pecadora, que aún entonces desearía mirarla convertida, se mezcla con el dolor de las atroces calamidades y de los horribles estragos, que Él con su divino y profético espíritu prevé vendrán sobre la dilecta Sion, debiendo ser dentro de poco tiempo oprimida y destruida por los Romanos.
Por una parte Jerusalén con toda su grandeza, con sus pecados, con su obstinación, en una palabra con su pasado y con su presente; por otra el próximo deicidio, el fruto de él, los pueblos que lo habrían recogido, y Jerusalén que lo habría despreciado.
¡Ay de mí! ¡qué dolorosas heridas para el Corazón de Jesús! Mas he aquí que un nuevo pensamiento viene a su mente, y este es el pensamiento de su Iglesia, que dentro de pocos días emanará de su afligido y angustiado Corazón; es la imagen de la nueva e inmortal Jerusalén, que no ya exclusiva como la antigua, sino católica, esto es, universal, está para nacer a nueva vida.
Y de esta catolicidad ofrecen ejemplo en la otra algunos gentiles, quizá griegos, los cuales venidos a Jerusalén para festejar y adorar, piden por gracia al apóstol Felipe de poder ver la cara de Jesús (1).
Ciertamente que este acto de dirigirse a Felipe, compendia en su elocuente sencillez la historia de una era que termina y de otra más luminosa que comienza, puesto que el conocimiento de J. C. que hasta entonces se obtuvo imperfectamente, se obtendrá desde ahora en adelante llena y abiertamente por obra del sacerdocio católico, personificado en Felipe y en los otros Apóstoles.
Pero esta vida de la Iglesia será también como la de Jesús, de gozos y dolores, de triunfos y de muerte, unidos juntamente y santificados los unos y los otros en el amor infinito con el cual ama Él a la humanidad.
La Iglesia, escribía aquel alto ingenio S. Atanasio, es la humanidad misma de J. C. y en Él domina y reina.
Ecclesia est h uman Has Eius (Christi) el in ipso dominatur et regnat (2).
Ella, pues, a semejanza de su Divino Esposo Jesús, deberá experimentar la pobreza del pesebre y el oro de los Magos, los estragos de Belén y la vuelta de Egipto, el hambre del desierto y el convite de las bodas de Caná, la confesión de Pedro y la traición de Judas, la glorificación del Tabor y la ignominia del Gólgota; por todas partes y en todos momentos al dolor le seguirá el gozo y a la agonía el triunfo.
Con mucha razón, pues, observa el doctísimo Capecelatro que la entrada de Jesús en Jerusalén era destinada por la Providencia para ser el tipo de todos los triunfos de la Iglesia, como todos aquellos que están adornados por una parte de la humildad y mansedumbre del triunfador y por otra coronados de la sencillez y el afecto de aquellos que creen en Cristo (1).
De modo que ya sea perseguida con la más refinada crueldad, ya condenada a muerte, ya encerrada en un sepulcro, ya la pongan en la boca una piedra y esta sellada y custodiada con guardias; no importa, pues vendrá al fin su hora; sí, la hora en que la tierra se mueve, los sellos se rompen, la gruesa piedra se levanta, las guardias caen por tierra espantadas y la Iglesia domina y reina.
¡Oh! ¿no vemos nosotros en nuestros días en que sus mismos hijos la maltratan de un modo tan inicuo, cuántas conquistas va continuamente haciendo? ¿No vemos a pueblos enteros desde el septentrión volver de un modo maravilloso al abandonado redil, y el oriente y el occidente, ambos santificados y bendecidos por las huellas de intrépidos misioneros, que se ilustran cada día más saliendo así de las tinieblas de la idolatría e iluminándose con el sol de la verdad?¡Ah! es el Corazón de Jesús que obra estos prodigios; es Él que hace revivir la fe, enciende la caridad y resucita a los muertos de cuatro días.
Ea, pues, animémonos ya que tenemos razón para ello, y antes de quedarnos ociosos lloriqueando sobre la tristeza de los tiempos, trabajemos más bien con todas nuestras fuerzas en extender estos triunfos, en agrandar más y más el reino de J. C.
Y puesto que la oración y la limosna son los dos medios más potentes para obtener este santo fin, empleémoslos generosa y animosamente, que ciertamente habremos cooperado de una manera poderosa a nuestra santificación y a la de nuestros semejantes, al bienestar de la sociedad y a la glorificación de la Iglesia.
El Corazón de Jesús nos invita ¡bienaventurados aquellos que escucharán su voz! (1) La rida de Jesucristo, xxix.
(1) Juan.
xti.
20.
21.
(2) De I/icarn.
xxi.
CARTAS DE LA PATAGONIA.
Recomendamos a nuestros Cooperadores y Cooperadoras la circular enviada por D. Bosco para las misiones de la América del Sur.
Por las cartas que a continuación publicamos podrán argumentar las urgentísimas necesidades de nuestros misioneros, para llevar adelante la obra emprendida tan felizmente en nombre de Jesucristo y de María Sma. Auxiliadora.
En el próximo número publicaremos otras aún más interesantes.
I.
Carmen de Patagones, 4 de agosto 1886.
Carísimo Sr. Director:
Por más que después de la extensa relación de casi 16 páginas mandada algunos días hace al amadísimo Padre D. Bosco por el Ilimo. Sr. Cagliero, no hayan sucedido novedades de importancia, dignas de ser enviadas a esa, sin embargo el deseo de entretenerme algún tiempo con V., carísimo Sr. Director, me impele a dirigirle hoy estas pocas líneas.
Y después, ¿no nos escribió V. últimamente que el amadísimo D. Bosco se complace muchísimo en oír hablar de la América y de la Patagonia? ¡Oh! ¡cómo desearía yo poseer en este momento la lengua de un elocuente abogado, para narrarle corriente y circunstanciadamente cien mil cositas alegres que acaecen diariamente y tienen el ánimo contento en estas lejanas tierras! Pero todos saben que la palabra no es mi parte y el espíritu alegre y vivaz no es el espíritu mío.
Sin embargo quiero contribuir también yo a tener, siquiera por breves instantes divertido a aquel que con toda razón yo considero, venero y amo como a mi padre.
Y V., Sr. Director, me hará este favor añadiéndolo al sinnúmero de tantísimos otros pasados y futuros, que reconozco y reconoceré como otorgados de su bueno y generoso corazón.
Ante todo, pues, le diré que el Mapa de las Misiones. e concluirá muy pronto y quizá lo podré mandar juntamente con esta mía.
Bajo la dirección de nuestro Ilmo. Sr. Cagliero y con las instrucciones y noticias adquiridas prácticamente por D. Milanesio en las varias excursiones que hizo a las Cordilleras ayudado por nuestro valiente D. Savio, trabajó durante algunas semanas nuestro hermano Alejandro Steienelli con amor inteligente, y si no me engaño, la obra salió bastante bien, tanto por parte del dibujo como por la parte científica.
¡Cuánto placer no probará D. Bosco recorriendo con sus ojos todos esos lugares tan cercanos en el mapa, pero por otra parte tan distantes en la realidad del desierto arenoso y con qué santa satisfacción dirá: ¡hasta aquí llegaron mis Salesianos, mis carísimos hijos! ¡Aquí se pararon después de algunos días de camino, debiendo dormir sobre la arena y a la intemperie, siendo su único descanso el catequizar, bautizar, instruir y preparar a la santa Comunión a los pobrecitos Indios! ¡Aquí los Triman, más arriba Namuncurá, después Sayuhuequen! Todos estos puntos fueron visitados y sus habitantes consolados e instruidos por ellos; todos estos ríos y torrentes transportaron y aliviaron con sus aguas a mis Misioneros, cuyos pies estaban dirigidos, como también sus corazones, a la santa conquista, a la regeneración de las almas para Dios: O quam speciosipedes! Estas y muchas otras cosas más sublimes que yo no sé ni siquiera imaginar, irá pensando oh amadísimo D. Bosco, mientras su vista recorrerá lentamente el Mapa de las Misiones Salesianas en las Cordilleras.
Y V. también, carísimo, y todos esos buenos Superiores que rodean a D. Bosco , disfrutarán de su paterna consolación.
¡Paréceme que asisto también yo a este tiernísimo cuadro! Y ya desde ahora tomo parte en la común alegría.
Pero permita también que me desahogue, puesto que de todo esto puedo repetir: Pars(magna o parva, nada importa) fui.
He hablado, aconsejado, confortado, animado, en fin, he hecho de todo para ver pronto, y cuanto mejor fuese posible, concluido este trabajo.
¿Y ahora? Un Deo gratias et Marine desde lo más íntimo de nuestro corazón.
Le envío también la vista perfectísima de nuestro palacio obispal. La fachada ¡eh! ¡qué magnificencia de adornos! ¡qué cornisas! como la embellecen y dan un no sé qué de veneración las muchas y grandes hendeduras que se ven en toda ella.
¿Y la puerta?¡qué graciosidad, qué imponencia! ¿Y las dos únicas ventanas? ¿dónde se encontrarían unas iguales fuera de Patagones? ¿Y hay también la guardia? Ciertamente.
Una guardia chilena; el peón que D. Milanesio condujo consigo de las Cordilleras.
¿Y el caballo? Es uno de nuestros más caros amigos.
¿Que nos dice el amadísimo D. Bosco? Como reiría si supiera que la guardia montada a caballo podría, sin incomodarse demasiado, comer el cocido sobre el tejado de nuestro palacio, ni más ni menos.
Es la pura verdad. Cuanto antes, si mis instancias serán oídas, mandarémos a D. Bosco un magnifico grupo fotográfico. Verá en dos paradas a los Misioneros marchando por el desierto, y también cuando se encuentran a la hora del asado.
Mandaremos (suponiendo siempre que mis esperanzas serán realizadas) nuestros pequeños alumnos de la primera clase. ¡Pobrecitos! Envidian aún hoy a sus compañeros que le mandé adjuntos a mi última carta, para que asistiesen a la solemnidad de amor filial del 24 de junio.
Y se quejan, y con razon. También para ellos llegará el momento. Se fotografiarán , los meteré en un sobre, y los mandaré a Turín. Después mandaremos la relación especificada de D. Milanesio.
Estoy preparando también una estadística de nuestras Casas de América, en donde conste la
poca de la apertura y el movimiento anual delos alumnos internos y externos.
Vengo asimismo entre manos la estadística de nuestras Misiones desde el 1879 hasta hoy por la cual nuestro amadísimo Padre podrá conocer el número de Indios que sus hijos bautizaron y unieron en matrimonio y cuantas comuniones tuvieron la dicha de distribuir a estos hijos de la desierta Patagonia.
Todo esto nosotros nos proponemos hacer a la mayor gloria de Dios y de la Virgen Auxiliadora, para consuelo de D. Bosco y satisfacción de los Cooperadores y Cooperadoras, a fin de que se alegren con el Señor por el bien que se pudo obrar, merced a sus caritativas y generosas ofertas y al apoyo grandísimo de sus oraciones.
El éxito de esta última Misión si por una parte consoló y regocijó no poco el corazón denuestro señor Obispo, por otra le hace pensar seriamente en la grande necesidad de establecer a lo menos dos estaciones de Misioneros en los diversos centros de aquellas pobres colonias, para poder proveer a su perseverancia.
Ya está casi decidido a mandar en la próxima primavera dos de los pocos sacerdotes que aquí tenemos, para que construyan un rancho en las orillas del Arroyo Curiloo, y cuanto antes otros dos más en Codihué; desde allá galopando continuamente, atenderán a las necesidades espirituales de mil y mil indígenas, Indios y Chilenos, ya cristianos en gran parte.
Quisiera además mandar otros dos a Roca, y algunos más a Pringles, y de este modo habríamos podido extender una red de estaciones desde Patagones hasta las Cordilleras, por una distancia total de 300 leguas más o menos.
Pero tropezamos siempre con el pero ¿En dónde encontraremos tantas personas? ¿Y con qué medios proveer a sus necesidades y a las de estas Misiones? Ocurren sumas no indiferentes para proveer los caballos, único medio de comunicación posible en estos lugares y con estas distancias tan largas; tenemos necesidad de guías prácticas del camino, peligrosísimo por la falta absoluta de agua en muchos puntos por donde tenemos que pasar; debemos regalar pequeñitos objetos, rosarios, medallas, crucifijos, cuadriles, estampitas, escapularios y también trajes a los pobrecitos Indios, para hacerlos más dóciles y disponerlos mejor a escuchar la palabra de vida eterna.
Además el Misionero necesita también para sí no pocos medios con que reponerse en fuerzas materiales, después de tan duros y penosos trabajos que incesantemente debe soportar.
La América si bien es rica, no lo es ciertamente para las Misiones. ¿En dónde, pues, sino en la inextinguible fuente de la caridad de nuestros óptimos Cooperadores y Cooperadoras, podemos colocar nuestras esperanzas, después de Dios y de María Auxiliadora? Los Misioneros tienen necesidades materiales y espirituales.
A ellas proveerán, como lo esperamos, nuestros buenos Cooperadores y Cooperadoras con sus limosnas y oraciones: ¿y nosotros? Nosotros no cesaremos jamás de invocar sobre ellos y sobre sus familias las misericordias y bendiciones del Señor en esta vida presente, y una corona de gloria imperecedera en el cielo.
Y esta fue, es y será la oración que pondremos en la boca de nuestros pobres Indios. Cuando llenos de admiración al verse que son objeto de tantos cuidados, preguntarán al Misionero: ¿Quién es V.? ¿y quién le mandó hasta aquí? ¿y quién le provee de todas estas cosas? Responderemos: Nosotros somos Salesianos, ministros de Dios, nos mandó aquí su Vicario en la tierra, el Papa, y nos mantienen y proveen tantos óptimos cristianos hermanos vuestros que se hallan en un país muy lejano, que desean también como nosotros vuestra eterna salvación,y se llaman Cooperadores Salesianos.
En fin, basta.
Perdóneme V. el abuso que de su paciencia he hecho con esta mía como también de la del amadísimo Padre D. Bosco, a quien suplico me conserve siempre el afecto en el Corazón de Jesús y de María.
Suyo afmo.
Antonio Riccardi, Pbro.
II.
Carmen de Patagones. Río Negro, 28 de agosto de 1886.
Reverendísimo y Carísimo Sr. D. Bosco.
Me apresuro a participar a V. R. el gran desconsuelo que probamos el domingo pasado, octava de la Asunción de nuestra querida Madre María Santísima.
Hace ya un año que llegó a Patagones un buen número de Alemanes, emigrados, los cuales debían colonizar algunas tierras a muchas leguas de aquí, en la gobernación llamada Neuquen.
Después de varios contratiempos que hicieron diferir no poco su viaje hasta allá, llegaron finalmente un día; pero… con no poca miseria, de suerte que la colonia se deshizo y muchos se volvieron a Buenos. Aires más miserables de lo que antes eran, esparciéndose unos por las riberas del Río Negro y otros aquí en Patagones. Encontrábase entre estos un joven pintor, católico y buena persona, al cual dimos trabajo como ayudante de nuestro buen D. Aceto en la decoración de la nueva iglesia parroquial, hoy yaterminada. Dicho pintor está casado con la señorita Erminia Yanzen, protestante , ambos naturales de una misma nación. Fiel a las promesas hechas cuando, con las debidas dispensas, hace ahora poco más de un año , él contraía matrimonio en Buenos Aires, con las palabras y más con el ejemplo, se industriaba lo mejor que podía para ver si podía conquistar a su consorte a la fe católica.
Y afortunadamente veía coronados con éxito feliz sus ardientes deseos, el domingo pasado, 22 del corriente agosto.
Hacía ya mucho tiempo que la óptima señora consideraba dentro de sí la grande, la inmensa
diferencia que media entre la observancia tria y estéril de las sectas protestantes y las santas y consoladoras máximas que la Iglesia Católica nos inculca, para mejorar cada día más nuestra vida en este mundo.
Había asistido a las varias solemnidades y especialmente a la devota novena y espléndida fiesta y procesión de Ntra. Sra. del Carmen, patrona de la ciudad y quedóse sumamente conmovida.
Observaba atentamente todas y cada una de las cosas, y movida por fin en su corazón por el deseo de la verdad y del bien, pidió de ser instruida en las verdades de nuestra santa Religión.
Y aquí note, carísimo Padre, como lo dispone todo el Señor in pondere et mensura.
No hace mucho que yo le anunciaba como Mons. Cagliero hubiese fundado la Asociación del Apostolado de la oración al Sdo. Corazón de Jesús, entre las señoras de esta población. Pues bien, a una de estas, alemana también, se dirigió la señora Yanzen para que juntamente con algunas otras cosas necesarias, le explicase además (no conociendo el idioma castellano) la fórmula de abjuración y profesión de fe que prescribe la Iglesia en tales circunstancias.
Durante un mes entero dicha celosa señora la instruyó lo mejor que pudo, y finalmente condescendiendo nuestro Sr. Obispo a las repetidas súplicas de la postulanta, la preparó a la consoladora función.
Estando la parroquia ocupada todavía con los andamios de los pintores, se estableció de celebrar los ritos sagrados privadamente en la capilla de las Hijas de María Auxiliadora.
En la mañana, pues, del domingo encontrábase en dicha capilla, recogida en oración , la joven acompañada de su esposo el señor Koller y de la referida señora que le hacía de madrina.
En los pueblos pequeños, V. R. lo sabe muy bien, no se puede tener secreto alguno, antes al contrario en un momento se sabe todo.
Y así sucede también entre nosotros. Divulgádase en la noche anterior la noticia de esta función, acudieron entre las primeras, muchas alumnas de las Hijas de María Auxiliadora y no pocas señoras, deseosas de presenciar el acto sublime y conmovedor de la abjuración.
Eran las 8, cuando revestido de roquete, muceta y estola, y acompañado de dos sacerdotes ,nuestro Sr. Obispo principió a rezar los Salmos, que se prescriben en el Ritual Romano, para el bautismo de los adultos.
Pasando después a la puerta o vestíbulo de la capilla, comenzó a interrogar a la catecúmena de este modo: María Erminia, ¿qué cosa demandáis a la Iglesia de Dios? ¡Oh si hubiese visto entonces, carísimo Padre, con qué ansia, con cuánto afecto, con qué santo deseo respondió pronta y resueltamente: — La fe, demando, aquella verdadera fe que me ha de merecer la vida eterna.
Cuando se llegó al punto en que la Iglesia, con aquellas sublimes palabras llenas de consoladoras verdades, anunciad la elegida que puede comenzar a gozar, habiendo sido ya despedazadas las cadenas de muerte que la tenían ligada, y la impone solemnemente de detestar las doctrinas heréticas, y luchar contra las nefandas sectas de los impíos, se hizo la lectura del acto de la abjuración y profesión de fe.
Fue aquel un momento solemne tanto para la recién convertida como para todos los que lo presenciaban. Ella, llena de santo júbilo, veía llegado finalmente el momento deseado desde hacía ya tanto tiempo, e invocado ardientemente en su corazón por la misericordia de Dios; y bien lo demostraba en su semblante alegre y sereno; mientras detrás hallábase sumamente conmovido y llorando de consuelo su bueno y afortunado esposo.
Terminada la lectura del acto, que con santa premura firmaron la convertida y los testigos, el Sr. Obispo prosiguió la sagrada ceremonia del ritual, y llegado el momento, a los pies de María Santísima Auxiliadora, vertiendo sobre su cabeza el agua regeneradora y consagrándola con la unción de los santos óleos, la bautizó bajo condición.
En aquel instante ¿quién puede decir lo que sintió aquel corazón lleno de gratitud hacia su Dios? ¿Quién puede describir la conmoción universal y las fervientes lágrimas de los circunstantes? Terminada esta tiernísima función, pasó la neófita al tribunal de la penitencia para reconciliarse, como prescriben los ritos sagrados; después revestida de la estola cándida de la gracia divina, administrole el Sr. Obispo el Sacramento de la Confirmación. Comenzó luego la S. Misa, durante la cual aquella ánima dichosa recibió por primera vez en su pecho a Aquel que pone todas sus delicias en estar con los pobres hijos del hombre.
Fue también este un instante conmovedor para todos, cuando vieron acercarse a la Mesa celestial aquella alma, en compañía de su dichoso esposo, para participar del místico banquete.
No pudo nuestro Sr. Obispo refrenar los ímpetus de júbilo, de que su corazón estaba inundado, y antes de terminar la Misa, volviéndose a ellos y a los circunstantes dijo pocas palabras sí, pero de aquellas que solamente él sabe decir en semejantes ocasiones, inflamando a todos de amor, de gratitud hacia Dios y disponiendo todos los corazones a una tierna devoción hacia María Santísima Auxiliadora.
Este fue para nosotros, carísimo D. Bosco, un día de júbilo y de grande consuelo, y esto no debe parecer extraño a V. R. que sabe muy bien cuantos sudores y penas cuestan a su primogénito, nuestro amadísimo Sr. Obispo, estas ¡ay! demasiado raras victorias y conquistas sobre el enemigo infernal.
Grande, inmenso es el bien que puede hacerse en estas pobrecitas tierras, y grande también, y lo digo bien alto, sin límites es también el ardor, el celo del Sr. Obispo por la salvación de las almas.
¿Qué falta? ¡Ah! ruegue, ruegos mucho e incesantemente por todos nosotros, carísimo Padre, a fin de que quiera el buen Dios sostener, bendecir y hacer prosperar la obra de sus pobres e inútiles siervos, usando con estos pueblecitos de su infinita Misericordia, de tal manera que la semilla de su divina palabra no caiga siempre sobre tierra estéril o entre espinas, sino que encuentre un buen terreno en donde poder recoger un fruto centuplicado.
Fiat! Fiat misericordia tua, Domine!
Suyo afmo, hijo en Jesús y María
Antonio Riccardi, Pbro.
CONFERENCIAS EN BUSTO ARSICIO y en Gasale latta.
Escribimos estos pocos renglones no solo para dar una breve relación de las conferencias tenidas en Busto y en Gasale Ritta, sino también para externar de un modo especial nuestro mucho agradecimiento a todos aquellos que con tanto entusiasmo, amor y generosidad cooperaron al buen éxito de dichas conferencias.
Los treinta jovencitos cantores del Oratorio de S. Francisco de Sales de Turín que volvían de las magnificas fiestas celebradas en Brescia, después de haber cantado durante el tiempo de la conferencia de Milán, salían el día 14 para Busto Arsicio.
Iban acompañados del Revdo. sacerdote misionero D. Luis Lasagna y de algunos otros sacerdotes salesianos Los hijos de D. Bosco no olvidarán jamás las corteses acogidas y la hospitalidad del Rector del Colegio de S. Carlos1).
Rodtilfo Mariraonti y del Director espiritualD. Morganti. En Busto una multitud inmensa lo esperaba en la estación. El Rdo. Sr. Párroco D. José Tettamanti, celosísimo por el bien de sus feligreses, fundador y promotor de muchas obras de beneficencia , estimado y amado de cuantos tienen la dicha de conocerlo, acogió a los Salesianos de un modo digno de su generosidad y de la estima que do D. Bosco tiene; puesto que era D. Bosco a quien se esperaba, el cual había sido obligado a regresar a Turín a causa del extremo desfallecimiento de fuerzas en que se encontraba.
El pueblo de Busto condividía el júbilo de su Párroco y festejaba aquel día como uno de los más solemnes.
La Iglesia estaba preparada como en los días de grandes solemnidades.
Mons. Guerrini canónigo de la Catedral de Milán, celebró la Misa.
Habían intervenido además muchísimos sacerdotes y señores de Monza, Varese, Como y de otras ciudades.
La conferencia del Misionero conmovió a todos hasta el punto de hacer derramar abundantes lágrimas a los oyentes que eran muchísimos, si bien no todos los generosos Bustoses pudieron intervenir, a causa de haberse cambiado la hora de la conferencia por algunas razones improvistas.
Sabemos sin embargo que no se olvidará la ocasión para sostener con todo celo y caridad las obras predicadas por el Misionero.
La música del Oratorio festivo, que toca muy bien, alegró el convite que el Sr. Párroco ofreció a los Salesianos, y los acompañó hasta la estación cuando se marcharon.
Fueron invitados a dar un paseo hasta Leggiuno por el óptimo y benéfico Sr. Párroco, el cual por su mucha bondad decíase el más feliz de los hombres, por tener en su casa a los hijos de D. Bosco.
Llegóse a la estación de Sangiano a las nueve y media de la tarde, donde una multitud con un gran número de antorchas y dos músicas reunidas los esperaban.
En medio de los aplausos de los amigos y al compás de una bonita marcha triunfal entraron en Leggiuno, cuyas casas estaban iluminadas, y se dirigieron a la casa parroquial, donde eran esperados por un grande y generoso bienhechor.
Al día siguiente por la mañana, después de la santa Misa, durante la cual se cantaron algunos motetes, el Sr. Párroco llevó a los niños a pasear en un bote por el lago y visitaron las islas Borromeas y Sta. Catalina del Sasso.
Finalmente a las 5 de la tarde llegaban a Gasale Litta. Aquí cedemos la pluma a un amigo nuestro, el cual, testigo ocular, escribía así: «En Casale Litta debía efectuarse una alegre y cara reunión de familia, deseada ya de mucho tiempo a esta parte.
El Rdo. Párroco Sr. D. Ángel Rigeli, alumno del Oratorio de Turín, había preparado todas las cosas para la Conferencia de los Cooperadores. Hasta el día antes esperábase el intervento de D. Bosco, del Ángel de la Providencia, del Apóstol de la devoción a María Auxiliadora, como también lo habían esperado los de Leggiuno y Busto.
Esta esperanza había sido como una chispa eléctrica para los buenos habitantes de Casale Litta.
Encendióse en los Cooperadores y admiradores de D. Bosco un indecible entusiasmo.
No se economizó nada para poder adornar lo mejor que pudieron su pequeñito pueblo.
Si no bastaba el día se trabajaba de noche. Un mes antes del día de la Conferencia se comenzó a trabajar incesantemente hasta la víspera.
Nadie se daba por cansado cuando recordaba que trabajaba para D. Bosco.
Era un magnífico espectáculo el ver a los jovencitos ocupados en barrer las calles y plazas e ir por los bosques a coger ramos de árboles para adornarlos arcos triunfales construidos por sus padres.
Habían preparado también algunas carlitas para leer a D. Bosco. Los señores propietarios del pueblo y de los alrededores iban a porfía en prestar palos, festones y cualquiera otra cosa que fuese necesaria para la fiesta como también en ofrecer sus propias casas para hospedar a los superiores, niños y cantores: no tuvieron necesidad de hacer uso de tanta bondad, pues tenían ya preparadas 40 camas mandadas por el Sr. Bellini de Somma Lombardo.
— Pero y D. Bosco ¿no ha venido? se decía.
Y con esto ¿qué? Se haga a los hijos lo que no se puede hacer al Padre, y el Padre reciba en sus hijos los honores y los afectos.
Y así fue.
La iglesia estaba espléndidamente adornada,como también todas las casas del pueblo.
Sobre la puerta principal de la iglesia leíase la siguiente inscripción: PARA QUE DIOS NTRO. SEÑOR CON LAS GRACIAS MÁS ELECTAS BENDIGA LAS SANTAS MISIONES DEL VENERANDO SACERDOTE D. JUAN BOSCO VERDADERO APÓSTOL DE CARIDAD EL PUEBLO DE CASALE LITTA EXULTANTE IMPLORA.
Un concierto musical alegraba el día de la Conferencia. Grande fue la premura y piedad de los concurrentes en acercarse a los SS. Sacramentos. Esperaban a D. Bosco para ser por él bendecidos; pero habiendo faltado, recurrieron al Misionero y a sus compañeros, para recibir la bendición y la medalla de María Sma. Auxiliadora.
Bellísima estuvo la música lanío de la Misa como de las Vísperas, que fue la misma que se cantó en Turín este año el día de la fiesta de María Auxiliadora.
Se diga todo lo que se quiera decir en bien de la ejecución, del sorprendente efecto y de la satisfacción y admiración de cuantos la oyeron; no se dirá nunca demasiado.
Pero lo que es mucho de advertir, es que aquellos niños cantores han hecho óptima impresión entre nosotros, por la piedad y devoción con la cual estaban y rezaban en la iglesia, yendo por la mañana a recibir la Sda. Comunión y conservando siempre un semblante tranquilo y alegre que hace el honor más grande a la educación que reciben en la casa de D. Bosco.
A este propósito he oído decir a una madre que había observado atentamente a todos aquellos jovencitos: — ¡Oh cuánto pagaría yo si tuviese uno de los míos entre ellos! — Sí, buenos jovencitos, conservoos siempre dignos del buen nombre y del honor que os habéis merecido.
Vuestro recuerdo quedará siempre impreso en nuestra mente, y servirá para animar a otros a seguir vuestro ejemplo.
D. Lasagna en su Conferencia, que pareció todavía más preciosa de las que había hecho antes, describió la condición de los salvajes y esclavos, las fatigas y los consuelos del Misionero, las urgentísimas necesidades de aquellas Misiones y el espléndido avenir que solamente la fe puede proporcionar a aquellas regiones.
Los sacerdotes que intervinieron a la fiesta fueron más de sesenta y hubieran sido muchos más, si los periódicos no hubiesen anunciado que D. Bosco había regresado a Turín.
Se dispuso que los sacerdotes pudiesen encontrarse reunidos en una misma mesa, lo cual agradó a todos, no siendo cosa tan fácil poderlo hacer muchas veces, máxime por la incomodidad que la ida a dicho pueblecito ofrece.
Se dijeron vivas y felicitaciones a S. E. el Rmo. Sr. Arzobispo de Milán, que con su ejemplo y bendición había fomentado y animado aquellas Conferencias, a D. Bosco y a todas sus Misiones, al misionero D. Luis Lasagna, al Sr. Párroco del pueblo de Varese, que celebró solemnemente en aquel día, y al Alcalde de la Pieve que ayudó tanto al párroco en promover los aparatos de aquellas Conferencias.
Una tarde alegre, con cantos y piezas de música, fue la compensación que a aquella población se manifestó por las fatigas que en dichos preparativos hicieron.
Se cantó el terceto de Crispino e la Comare del Ricci, La prova di un’opera seria del Moza y otras piezas selectas de obras profanas.
Gustó a todos concluir el entretenimiento con un cántico hecho y puesto en música por D. Bosco en honor del Niño Jesús el año 1841.
Nosotros concluimos dando las gracias con todo nuestro corazón a todos los que se tomaron interés por nuestras Misiones, y a cuantos acogieron y festejaron a nuestros jovencitos, y en una palabra a todos los que son bienhechores de Don Bosco y Cooperadores de sus santas empresas.
GRACIAS DE MARÍA AUXILIADORA.
I.
Rmo. Señor: Le mando un vale, rogándole se sirva celebrar una Misa en el altar de la Virgen Auxiliadora, de la cual obtuve la gracia de ser librado de la terrible enfermedad del cólera, que días pasados contraje.
Recomiende V. muchísimo en el Boletín Salesiano como un remedio eficacísimo contra el terrible morbo asiático, la medalla de María Auxiliadora, pues puedo asegurarle que mi vida es una prueba más de ello.
Aprovecho la ocasión para ofrecerme de V. S. S. Q. S. M. B.
Cayetano Provoli, párroco.
Il. Muy Rdo. Señor:
Leí en el número 6, año X del Boletín Salesiano que un sacerdote Cooperador, hallándose gravemente enfermo recurrió a María Santísima Auxiliadora, y casi de repente se vio libre de sus males.
Cuando admiraba la protección de nuestra Divina Madre Auxiliadora hacia aquel pobre enfermo, encontrábame yo también y muy grave, no pudiendo además, por las condiciones higiénica del lugar, servirme libremente de los oportunos remedios que necesitaba para curarme de la enfermedad que tenía.
En un estado deplorable por falta de fuerzas, lleno de tristeza al ver que después de dos meses no había tenido alivio ninguno, me decidí a añadir a los remedios físicos los espirituales que mi devoción a la Sma. Virgen me indicaba; de modo que propuse hacer una novena a María Auxiliadora, prometiendo a gloria de Dios y honor suyo, como el afortunado Sacerdote Cooperador, alguna limosna, si María Santísima hubiese atendido benignamente a mis instancias.
En los primeros días de la Novena me sentí peor que antes, pero en los últimos fui poco a poco probando algún mejoramiento, hasta que con el auxilio de Dios y la protección de la Reina del Cielo, después de un poco de tiempo, fui recuperando las fuerzas y reponiéndome en salud.
Y heme ahí en espíritu arrodillado ante el altar de María Auxiliadora, a los pies de nuestra buena Madre, para darle las gracias, y (para no venir con las manos vacías) ofrecerle el benébolo de mi afecto filial.
Ruegue V. al Señor por mi y me tenga siempre por S. II. S. Q. B. S. M.
Una persona que lee el Boletín Salesiano.
26 de agosto de 1886.
HISTORIA DEL ORATORIO DE S. FRANCISCO DESALES
Capítulo I.
Proemio — El teólogo Luis Guala y D. José Caffasso.
Colegio eclesiástico de S. Francisco de Asís. — Las prisiones. — Pensamiento de la fundación del Oratorio festivo.
Al empezar nuestra relación, alguno podrá preguntarnos: ¿Por qué habéis tardado tanto en dar una relación detallada del origen y naturaleza de este Instituto, hasta el punto de que muchos se equivocaron ya en los juicios que formaron de él y difundieron sus errores por medio de la prensa en todo el mundo? Y nostros contestamos que el motivo de tan larga demora y de tales inconvenientes fue la misma persona, de quien Dios se sirvió para empezar y propagar esta empresa.
Experimentando siempre este amigo de la juventud, una invariable repugnancia para hacer conocer los hechos en que había tenido él parte, no quiso jamás permitir ciertas publicaciones, sin las cuales la relación hubiera sido imperfecta y hubiera dejado mucho que desear.
Pero este tropiezo lo quitó no hace mucho, una orden, a la cual no le fue posible oponerse, y así el permiso que hasta ahora se nos había negado fue finalmente concedido.
Vencida de esta manera esta grande dificultad, empezamos nuestra relación, a cuya formación, concurren gustosos los antiguos alumnos del Oratorio internos y externos, eclesiásticos y seglares.
Perdónenos el protagonista, si obligados por la naturaleza de las cosas, lo presentamos a menudo en escena, a pesar suyo.
De aquí en adelante no se trata ya de Don Bosco, sino de un hecho del cual hízose dueño la historia, y tiene por consiguiente harto derecho de conocerlo a fondo no solo la posteridad sino también la actualidad, para mejor admirar la conducta de la divina Providencia en sus obras.
Sería muy propio de este trabajo que antes de emprender la narración de los hechos que nos hemos propuesto, diéramos alguna cosa de aquel alrededor del cual estos giran: pero razones de conveniencia nos obligan a guardar el más riguroso silencio en todo aquello que no es necesario revelar para llenar nuestro propósito, confiando en que otro pueda un día levantar el velo que todavía oculta muchísimas cosas dignas de ser recordadas.
A mediados del año de 1841, concluidos sus estudios de teología en el Seminario de Chieri, un joven Levita revestíase de la dignidad sacerdotal; era este nuestro padre D. Juan Bosco.
Contaba ya 26 años, habiendo nacido el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María Sma. en Castelli novo de Asti, diócesis de Turín el año de 1815.
Pocos meses después de su ordenación, le propusieron tres empleos: uno de maestro en casade un señor genovés con un sueldo anual de mil pesetas; otro de capellán en el pueblo de Murialdo; y el tercero de Teniente Cura en el lugar de su nacimiento.
Antes de resolverse definitivamente se dirigió a Turín para consultar a Don José Caffasso, a quien había elegido por director de su espíritu hacía ya muchos años.
El santo sacerdote que entonces presidia las conferencias de teología moral en el Colegio eclesiástico de S. Francisco de Asís, escuchó con atención a su hijo espiritual, y después de haber considerado la ventajas y exigencias de parte de los parientes y amigos, le dijo: « V. tiene necesidad de dedicarse al estudio de la moral y a la predicación; renuncie por ahora a todas las propuestas y véngase al Colegio.» Don Bosco abrazó con gusto el sabio consejo, y el 3 de noviembre de 1841 entró en dicho Instituto.
Creemos que nuestros lectores leerán gustosos una breve descripción de este Colegio, en el cual nuestro P. D. Bosco concibió la idea de la fundación del Oratorio.
A principios de este siglo vivía en Turín un virtuoso sacerdote, Luis Guala, quien dirigía la iglesia de San Francisco de Asís.
Hombre de costumbres intachables, piadoso, desinteresado, sabio, dotado de prudencia y valor, amado por buenos y malos.
Comprendió este santo y piadoso ministro del Señor ser cosa muy importante en atención a las necesidades de su tiempo, que los jóvenes sacerdotes después de haber concluido sus estudios en el seminario, se dedicasen por algún tiempo a adquirir la ciencia práctica de la moral antes de entregarse al ejercicio de su sagrado ministerio.
Profundamente convencido de ello, el sabio sacerdote desde el año 1808 empezó a ejercitar en su casa a algunos nuevos sacerdotes por medio de conferencias morales.
Esto siguió asi hasta el 1818, año en que cesó el gobierno de Napoleón I en el Piamente, y fue desocupado de las tropas el convento de los Menores Conventuales.
Guala entonces fundó allí un colegio destinado para los jóvenes sacerdotes.
El rey Carlos Félix en 1822 lo autorizó para aceptar donativos y legados, y le destinó una parte del convento suprimido.
También la autoridad eclesiástica prestó su eficaz concurso a aquella santa Institución y Monseñor Colombano Chiaverotti Arzobispo de Turín el 4 de junio de 1823 lo nombró rector del colegio, y aprobó el reglamento.
Meditación, lectura espiritual, dos conferencias diarias, instrucciones sobre el método de predicar, leer y consultar autores clásicos, tales eran las ocupaciones de los sacerdotes en este Colegio, y las ventajas que conseguían.
Extraordinarios fueron los beneficios y frutos de esta fundación para las diócesis del Piamonte y sobre todo para la de Turín.
Por ella desaparecieron completamente los últimos restos del Jansenismo, doctrina execrable que acobarda a las almas y las aleja del camino de la eterna salvación.
Además de esto, se agitaba entonces calurosamente entre los teólogos la cuestión del probabilismo y del probabiliorismo.
Los partidarios del primer sistema seguían la doctrina de s. Alfonso de Ligorio, cuyas obras habían sido encomiadas por la Iglesia y declaradas exentas de toda censura; los partidarios del segundo sostenían por el contrario las opiniones de algunos autores rígidos, cuya práctica a no ser moderada por la prudencia, podia llevar a un rigorismo absurdo y perjudicial a las almas.
El teólogo Guala sin decidirse por ninguno de los sistemas en particular, tomando por punto de partida la caridad y mansedumbre de Jesucristo, logró conciliar los estrenaos de ambas opiniones, y consiguió que S.
Alfonso fuese adoptado en todas las Escuelas con gran provecho para los fieles y tranquilidad para sus conciencias.
El sacerdote Don José Caffasso suplente del I. Guala en las conferencias morales, y más tarde su sucesor, contribuyó no poco al buen éxito en esta cuestión.
Con su virtud superior a toda prueba, su índole apacible, su prudencia admirable, su piedad brillante al par que modesta, hizo desaparecer completamente los rencores que aún conservaban algunos de los probabiltaristas contra los rigoristas.
Félix Golzio, también del colegio fundado por el teólogo Guala, era otro digno y sabio sacerdote.
En su vida oculta logró permanecer casi desconocido, pero con sus incesantes trabajos, con su humildad y ciencia profundas, era un eficaz apoyo de Guala y Caffasso que altamente lo apreciaban y amaban.
El ejercicio del ministerio de estos tres sacerdotes no se encerraba en los límites del colegio y de la iglesia contigua: se extendía mucho más allá.
Las cárceles, los hospitales, los establecimientos de beneficencia, los enfermos en sus domicilios, los palacios de los ricos y las chozas de los pobres, en una palabra, las aldeas como las ciudades experimentaron los saludables efectos de la caridad v del celo de estas tres lumbreras del clero de Turín: y a fin después de su ocaso, las diócesis del Piamente continúan gozando de la luz y calor que ellos difundieron.
Volviendo ahora a nuestro Don Bosco, aquellos tres sacerdotes eran los modelos en cuya escuela formó su espíritu desde los primeros años de su carrera eclesiástica.
El sacerdote Cafasso era además su director espiritual y muchas veces hemos oído a Don Bosco penetrado de la más profunda gratitud. Si algo bueno he hecho, lo debo a este digno eclesiástico, a quien me he sometido en todas mis resoluciones, y en todos los actos de su vida.
La primera cosa que hizo este experimentado maestro fue conducir a su discípulo a las cárceles de Turín, el anhelado campo de sus fatigas. La vista de tantos y tantos jóvenes de 12 a 18 años sin ocupación alguna y desaseados expiando sus precoces crímenes en esos lugares de corrección, impresionó hondamente el corazón del joven sacerdote.
Vio personificarse en esos infelices el oprobio de la patria y la deshonra de las familias; vio sobre todo almas redimidas y compradas con la Sangre de Dios, convertidas en desgraciados esclavos del demonio, expuestas a perderse eternamente.
Observó también que el número de esos desgraciados iba aumentando de día en día y que aquellos mismos que desde ese expiado el delito recuperaban su libertad muy pronto volvían al mismo lugar cargados con nuevos crímenes.
Indagó la causa de la depravación de tantos jóvenes, y le pareció que nacía del alejamiento de las prácticas religiosas en los días festivos.
Convencido de esto, Don Bosco repetía: Tal vez estos jóvenes si hubiesen tenido un amigo que amorosamente se hubiese hecho cargo de ellos, y los hubiese instruido en los días de fiesta en las cosas de religión, no habrían cometido esos crímenes, y no se encontrarían en este lugar de pena.
¿Por ventura no sería cosa sumamente provechosa para la Religión y para la sociedad, hacer un ensayo con provecho tal vez de centenares y millares? Comunicó este pensamiento a Don Cafasso – e inmediatamente con sus consejos y avisos empezó a idear el modo de llevarlo a cabo, abandonando el buen éxito a la Divina Providencia, sin la cual vanos son los esfuerzos del hombre.
(Continuará).
CRISTIANOS A LA PRUEBA.
No se puede leer sin conmoverse lo que se refiere del fervor con que los nuevos Cristianos de Madagascar se mantuvieron firmes en la fe en estos tres años pasados, durante los cuales estuvieron sin sacerdotes, pues por ser franceses los habían expulsado.
Y sin embargo ellos hallábanse en medio de las insidias de los protestantes y de las violencias de los paganos.
Todas las prácticas católicas, cantos, oraciones, catecismos fueron continuadas.
En la provincia de Imerina se continuaron también las escuelas, y todos los domingos los fieles acudían a la Iglesia para cantar y orar juntos.
En muchas provincias, es verdad, la persecución hizo cerrar a la fuerza las escuelas; en otros puntos las arruinaron: pero los fieles reuníanse entonces en casas privadas a orar, y en ellas mismas albergaban a los maestros a fin de que enseñasen el catecismo.
En Imerina quien paso obstáculo a la persecución fueron los religiosos y las religiosas indígenas, y Victoria Rasoamanorivo.
Esta última es una noble dama de la Cortede Ranavaio Manjaka III.
Está casada con el primogénito del primer ministro, y es una católica ejomplarísima.
Saliendo para el destierro, un misionero le había dicho: «Victoria, Dios os hace hoy madre de todos estos católicos, que quedan sin sus queridos pastores.» Victoria aceptó llorando el glorioso y difícil encargo. Y mantuvosu promesa.
A Ella después de Dios débese la conservación de la fe en Madagascar.
Ella empleando con toda generosidad todo su tiempo, su dinero e influencia, pudo hacer resistencia al protestantismo.
Hasta entonces había sido el modelo de aquella cristiandad; pero ahora puédese llamarla el apóstol.
Animaba los Comités católicos con la palabra dentro de las ciudades y después recorría los pueblecitos, esparciendo por todas partes buenos consejos y alentando a todos a practicar el bien.
Los más tímidos al verla y oírla, se animaban.
La unión católica fue haciéndose cada vez más fervorosa, y muchos jóvenes, de grande influjo por su posición y capacidad, secundaron
admirablemente los esfuerzos de Victoria.
Sacerdotes indígenas no había ninguno; quedóse tan sólo un hermano de la doctrina cristiana y seis Hermanas de S. José.
Apenas los Misioneros habían salido, se apoderó de todos un poco de temor, pero la Unión Católica guiada por Victoria se decidió a avivar por todas parles los ánimos, comenzando por las cuatro iglesias de la capital y después pasando por los pueblecitos.
Se debían conservar todas las costumbres religiosas introducidas por los Misioneros, a excepción de aquello que exclusivamente pertenecía a los sacerdotes.
Y así se hizo, no sólo los domingos y días de fiesta, sino también en algunos días de trabajo.
Los jóvenes de la Unión iban de pueblo en pueblo para asegurarse y vigilar si todo procedía bien, y todos los sábados se reunían presididos por Pablo Rafringa, joven empleado en el Ministerio de Instrucción pública.
Allí se hacía relación de todo lo que se había observado durante la semana, y se estudiaba el modo de proveer a cualquiera necesidad.
La más ardiente caridad, el celo más vivo dominaba en aquellas Asambleas de la juventud cristiana.
Faltaron muy pronto los medios, pero aquellos fervorosos jóvenes se privaron de sus bienes para favorecer la obra emprendida.
Es bellísimo lo que acaeció en el asilo de los leprosos de Amhahivoraka.
Al salir los Misioneros, la Iglesia fue quemada y aquellos pobrecitos se quedaron sin socorros.
Corrió inmediatamente el lobo, esto es el ministro protestante con dinero para seducirlos.
La Unión católica hizo de lo suyo mucho mejor, pero tenía pocos fondos.
El protestante tenía dinero en abundancia pues le venía de Inglaterra, de modo que creyó de haber vencido y propuso a los leprosos que se hicieran herejes y les darían una crecida suma de dinero.
Todos los leprosos unánimes gritaron: si nos dais dinero por compasión lo aceptamos, si nos lo dais como precio de la apostasía, nunca jamás.
El ministro debió desistir de sus esperanzas.
Después de tres años los leprosos recibieron a los Misioneros con gritos de alegría y lágrimas de consuelo, protestando que se habían mantenido firmes, a costa de cualquiera privación.
Los Misioneros a penas hubieron llegado, han podido tener una Asamblea en Fananariva compuesta de 160 maestros y de 30 maestras.
¡Oh! como resplandece en estos hechos tan consoladores la eficacia del divino espíritu, que cuando faltan los auxilios externos, suple con la fuerzay la sobreabundancia de los internos.
(Del Eco d’Italia, 9 de octubre de 1886)
EL CATOLICISMO y Matilde Serrao.
(De la Unità Cattolica del 18 de septiembre).
Matilde Serrao es una ítalo-griega, que puede dar lecciones a muchos de nuestros periodistas.
Nació en Patrasso, de un napolitano desterrado; estudió, vino en Italia, establecióse en Roma y púsose a escribir el Corriere di Roma.
En el número 260 de este Corriere el 15 de septiembre publicaba un artículo sobre el partido católico, artículo que deberían meditar todos los promovedores de los Comités anticlericales, y sus correspondientes presidentes, desde Aurelio Saffi hasta Ariodante Fabretti.
Veámos.
«No existe un partido católico, existen católicos.
Partido es una voz que encierra en sí, reasumiéndolos, todos los errores y defectos de un breve y pasajero conventículo político: partido quiere decir ceguedad y también intolerancia: partido significa fenómeno fugaz de hombres, no luz persistente y creciente de idea: partido es la forma terrena y mezquina de las cosas grandes y nobles: partido significa asamblea iracunda o indiferente, multitud inconstante y superficialmente convencida, partido significa egoísmo triunfante de individualidades oprímanles y pomposas; partido significa la ambición personal de la victoria con toda fuerza, con cualquier medio, aunque la victoria dure solamente una hora, aunque después traiga consigo la ruina.
El partido es sin indulgencia, sin piedad, sin avenir, sin ideal: es un baturrillo de prepotencias, prepotencias de pensamiento, y prepotencias de voluntad.»
No así los católicos.
Ellos no son tres, treinta, trescientos, treinta mil: pero son muchísimos, son grandes e innumerables falanges esparcidas por todas partes.
¿Quién podrá hacer la estadística de las conciencias humanas? Pasan por nuestro lado hombres, mujeres, los cuales creemos que son frívolos, ligeros, indiferentes: nosotros mismos pasamos sin que el mundo nos conozca: y en fondo del corazón de aquella multitud que nosotros creemos fría y negligente arde solitariamente una llama, y arde como en el secreto de nuestro corazón.
De tanto en tanto una luz de verdad nos ilumina: y en un espíritu absorto en las graves ocupaciones de la ciencia o de la política, en un corazón seco, árido por aquella miserable cosa que es el dinero, descúbrese una purísima fuente de sentimientos.
Son, pues, demasiado para hacer un partido.
» Y del partido no tienen los católicos, ni la ceguedad, ni la intolerancia.
Ninguno recurre a ellos inútilmente: y la grande idea religiosa cierra maternalmente los ojos y tiende los brazos.
¿Estás triste, eres un pecador, eres un corazón indiferente, eres un alma muerta, has sufrido o hecho sufrir, has llorado o hecho llorar? ¿qué importa? Aquí no se dan nombres, aquí no se pide el pasaporte, no se verifican las filiaciones, no se buscan los orígenes.
¿Eres un hombre y tienes sed de paz, de esperanza, de amor? ¿has caído de las soberbias cimas de la blasfemia, o salido con peligro y trabajo del naufragio del amor? no importa.
Tú buscas la luz: esto basta, eres un hermano.
Del partido, los católicos no tienen las personalidades, las ambiciones individuales y los opresivos egoísmos.
Ante las sublimes ideas de la fe, cierto, la poesía fuerte y suave de Alejandro Manzoni, esta feliz unión de sentimiento y arte, tiene el valor de las grandes batallas combatidas y vencidas.
Pero la mujercita más vulgar que, por la tarde, inclinada sobre la cuna del niño, le une las manos y le hace repetir las palabras de las oraciones, que el pequeñito pronuncia balbuceando: pero la más humilde entre las maestras, que por la mañana en pie entre sus niños hace la señal de la cruz e invoca con ellos a Dios: valen la sencilla mujercita y la humilde maestra, cuanto el glorioso poeta.
Y puesto que del partido no tienen los católicos , ni las iras, ni las impaciencias , ni las prepotencias, ni las violencias, resulta que su ideal es fúlgido y su avenir espléndido.
No es posible que el presente estado de las cosas dure mucho.
El mundo muere de aridez, de miseria, de tedio, de desazón; de infelicidad que nada puede sanar, de miseria que nada puede consolar.
La grande falta de equilibrio humano hace temblar la tierra.
Enseñáis a leer y no dais el pan, acordáis los derechos civiles, pero no educáis las conciencias; dais la libertad, pero no la prosperidad; habláis de moralidad, pero no sois morales.
Y el mundo se muere desesperado.
Jamás como ahora circuló sordamente la voz malvada que incita al obrero a la ociosidad; jamás como ahora la sangre humana ha bañado la tierra; jamás como ahora se cometieron tantos delitos: jamás como ahora viejos, mujeres y niños se rieron del pensamiento de la muerte, y voluntariamente abandonaron la vida.
Vosotros habéis corrompido y hecho desesperar, la más bella y hermosa cosa humana: ¡la niñez! Cien desarreglos, cien cuestiones sociales piden la solución: está minada la tierra, porque lo están también las conciencias.
Pero si a todos aquellos que trabajan con una escasa compensación, que no llegan ni siquiera a ganar el pan, se les diese una dulce y buena palabra de esperanza: si a todos los sedientos de justicia, que intentan tenerla con la violencia, se hablase de una justicia suprema; si a todos los que quieren suicidarse se les representase el sagrado terror de una vida futura; si a todos los que viven llorando, se hablase de un bienestar divino, de allá, donde no hay dolores: si a los desafortunados, a los infelices, a los perseguidos, se tratase de un lejano pero seguro avenir: si una compensación fuese ofrecida a quien no la habrá jamás sobre esta tierra: si todo el edificio humano y moral de la fe pudiese ser restaurado ¡oh! serían inútiles las disquisiciones de los sabios, las elaboraciones de los economistas, las ideas caritativas de los filántropos, las discusiones de los legisladores.
Y vosotros ¿fomentáis la agitación contra los católicos? Vosotros ¿no queréis que se rece ni que se aconseje a rezar? Vosotros ¿queréis que se derriben todos los monasterios, que se supriman las funciones sagradas, que el nacimiento, el matrimonio y la muerte no sean bendecidos con las palabras divinas, que los vínculos del matrimonio sean abolidos y dispersadas las cenizas de los muertos? Vosotros ¿queréis que las mujeres no invoquen a la Virgen y los niños no se encomienden a su Ángel custodio? Vosotros ¿celebráis Comités para tratar de todas estas cosas considerándolas como inútiles y supersticiosas?» Pues bien, sea así.
Pero preparémonos todos a las cosas más horrendas. Habituémonos a todas las astucias de la deshonestidad a todas las corruptelas, a todas las depravaciones.
Nada será capaz para contener al hombre dado a todos los vicios. Todos los vínculos se soltarán, suelto el sagrado nudo de la vida. El obrero matará a su principal. El aldeano arruinará al señor y asesinará a sus hijos. Nuestro siervo fiel nos robará el dinero y nos estrangulará. Nadie podrá impedir a los viejos infelices, a las pobres mujeres y a los inocentes niños, de que se suiciden. El mundo será oprimido por las turbaciones de la crueldad.
Pero nosotros, que, solamente creemos en el Dios de nuestros padres, no pereceremos: pereceréis sí vosotros, oh falsos ateos, oh falsos demócratas, oh falsos revolucionarios: el cuchillo que metéis en manos de los homicidas no derramará solamente nuestra sangre. ¿Sembráis la indiferencia? recogeréis el odio.
¿Queréis que se pueda blasfemar libremente? Se matará también libremente. Mirabeau destronó a Dios y mató a Luis XVI; Luis XVIII mató a Mirabeau. Este siquiera tenía ideas grandiosas. Vosotros no las tenéis oh falsos ateos, falsos materialistas, falsos filósofos, falsos demócratas. Y las grandes catástrofes humanas, tienen siempre ciertamente causas pequeñas y autores mezquinos.
Matilde Serrao.
EL SECRETO DE LA CONFESIÓN.
Creemos hacer una cosa grata a nuestros lectores reproduciendo parte de un artículo que se lee en el Nacional de Cima del 15 de mayo del presente año, acerca del martirio de otro S. Juan Nipomueeno, en la persona del P. Pedro Marielux, de los Ministros de los Enfermos.
Después de un exordio, en el cual se da la razón de este artículo, se describen los primeros actos de la vida de dicho P. Marielux, y se indican los motivos por los cuales el referido Padre encontrábase como capellán militar en el ejército capitaneado por el brigadier Rodil, en el castillo llamado del Rey Felipe; después procede así la narración: «Destruido el poder militar de la Esparta en la batalla de Ayacucho, y tomada por asedio la ciudad de Callao por los vencedores, el P. Marielux no quiso abandonar al gobernador del castillo llamado del Rey Felipe, brigadier D. Ramón Rodil.
En setiembre de 1825, después de nueve meses de asedio , la escasez de los víveres y el escorbuto comenzaron a introducir la desanimación entre los asediados, y la conspiración fue tomando cada día mayor incremento.
Era el 23 de setiembre, cuando el brigadier recibía la noticia de que a las 9 de la noche estallaría una grande revolución capitaneada por el comandante Montero, el más influyente entre los jefes de Rodil. Los hombres más confidentes suyos figuraban entre los más comprometidos.
Rodil, sin perder un minuto, los hizo arrestar; pero por muchos esfuerzos y amenazas que empleó, no consiguió sacar nada en limpio acerca de la rebelión, negando ellos obstinadamente la existencia de la conspiración revolucionaria. Entonces el brigadier, para librarse de todo cuidado y desasosiego, se decidió a fusilarlos a todos, tanto inocentes como culpables, a las 9 de la noche, esto es, a aquella misma hora en que los conjurados se habían propuesto de arrestar a él o bien de meterlo entre el pecho y las espaldas cuatro onzas de plomo.
Capellán, dijo Rodil al P. Marielux, son las seis: en tres horas V. R. confiese a estos insurgentes. Y salió de la cárcel. A las 9 los trece condenados estaban ya en la presencia de Dios. Pero a pesar de tal severísimo castigo Rodil no se creía seguro.
¿Quién sabe, decía para sí, si habré dejado todavía en vida a otros comprometidos y quizá aún más de los que ya fueron fusilados? No, no puedo estar tranquilo.
El confesor debe ciertamente saberlo todo en punto y coma. ¡Eh! llamadme al Capellán.
Apenas hubo llegado, Rodil encerróse con él en un cuarto y le dijo:
— Padre, sin duda alguna que estos malvados te habrán revelado en confesión todos sus planes y los elementos con que contaban para cometer semejante crimen. Yo tengo necesidad de conocerlo todo, y en nombre del Rey exijo que V. R. me refiera todo, sin omitir ningún nombre o detalle.
— Mi general, respondió el P. Marielux, V. Me pide una cosa imposible, puesto que yo jamás sacrificaré la salvación de mi alma, revelando el secreto del penitente: me lo impusiera aún el Rey, que Dios me guarde.
La sangre subióse al rostro del brigadier, y arrojándose sobre el sacerdote, lo coge por el brazo y con ímpetu le dice:
— Fraile, o me cuentas todo o te fusilo.
El P. Marielux con serenidad verdaderamente evangélica respondió:
— Si Dios quiere mi martirio, hágase su santa voluntad. Nada puede decir a ninguno el ministro del Altar.
— ¿No hablarás entonces, respondió Rodil, o fraile traidor de tu Rey, de tu bandera y de tu superior?
Y el sacerdote:
— Soy fiel a mi Rey y a mi bandera cuanto lo puede ser cualquier otro: pero ninguno puede exigir que yo sea traidor a Dios… me está prohibido el obedecerle.
Rodil lleno de ira abrió la puerta, y gritó: Eh, capitán Iturralde, condúzcame cuatro budingas con los fusiles cargados: y los cuatro budingas se presentaron inmediatamente.
En la habitación, en que tenía lugar esta terrible escena, hallábanse varias cajas que medían dos metros de largo.
– De rodillas, fraile, díjole lleno de rabia.
Y el sacerdote, como presintiese que ya la caja le estaba preparada para la sepultura, arrodillóse al lado de ella.
— ¡Apuntad! mandó Rodil, y volviéndose hacia la víctima, con voz imperiosa:
— Por última vez, dijo, en nombre del Rey os intimo a revelar el secreto.
— En nombre de Dios rehúso de hablar, respondió el religioso con acento débil, pero pacífico.
— ¡Fuego! gritó entonces Rodil; y el Padre Pedro Marielux, ilustre mártir de la Religión y del deber, cayó muerto por las balas que le entraron en el pecho.
(Del Corriere delle Alpi, N. 188, año 1886).
0»a ipnlneita ie la tal.
Etlesiútica — (¡«reate HATEO SHISLItHTana, ISSO – Tiperrale Saleñaaa.
SELECTA EX CHRISTIANE SMMMVSIN VSVM SCHOLARVMA’Ol.
in—16° parvumS Hi Prilli VIH! 06 viris illustribus Liber sin1 } lili gu|ar¡s; Vltae Sanct¿ pauliEremita#, ó.
Hilanonis Eremita#, Malchì Monachiet Epistola# selectae cum adnotationibus Joannis Tamiettii Sac.
Doct.
Peset. 0,80.
Stupidi Severi Hi,storiae Sacrae libri 11CUIUa 1 adnotationibus Joannis Tamiettii Sac. et polir.
Litt. Doctoris.
» o,4OHI.
Vita Sancii Martini; edidit atque adnotat.
illustravitJoannes Tamiettins Sac.
Doct.
» o,4OF.
Lactantii De mortibus persecutorum.
Liber• x^ctuuiiuii unuS} cum ààtionibus Joannis Taniiettii Sac.
politior.
lit.
Doct.
in-16° pag.
88 » 0.
60C 1 .
.
V’JS.
iV^VSnni 06 Civitate Dei Liber quintas;S1 lilt edidit Sac.
Joannes Tajntóttiuspolitiorum litterarum Doct.
Zr < ? n a ao .
VL\ ( vnnani klb Mortalitate et' J r1 * Demetrianum, cum adnotationibusSac.
Joannis Tamiettii.
o,4Ola adW~" HISTORIA ECLESIASTICA pàfà là JuventudY ÚTIL a TODA CLASE DE PERSONASpor elP. JUAN BOSCO FUNDADORDE LA CONGREGACION DE 8.
FRANCISCO DE SALES__ , _____Cuatro opúsculos en-52°, 4 PesetasBREVIARIUM ROMANUMEX DECRETO 88.
CONCILII TRIDENTINIRESTITUTUMS.
PII V PONTIFICIS MAXIMI 'JUSSU EDITUMCLEMENTIS VIH, URBANI Vili ET LEONIS XIIIAUCTOR1TATE RECOGNITUMCum adprobatione S.
Rituum Cong reg ationis4 volum.
20 Reset.
drt-- — ---- .
.
.
--- ■ ----------rrrb