Marzo 1893

Boletín Salesiano. Marzo 1893 AÑO VIII.-lí. 3. Publicación mensual. MARZO de 1893 BOLETIN SALESIANO Quien recibiere á un niño en mi nombre, á mi me recibe. (JÍATH. XVIII.) Os recomiendo la ñinez y la juventud ; cultivad con grande esmero su educación cristiana ; y proporcionadle libros que le enseñen á huir del vicio y á practicar la virtud. (Pio IX.) Redoblad vuestras fuerzas á fin de apartar á la niñez y juventud de la corrupción é incredulidad y preparar asi una nueva generación. (Leon XIII.) Debemos ayudar & nuestros hermanos & fin de cooperar á la difusión de la verdad. (III S. Juan, 8.) Atiende á la buena lectura, á la exhortación y á la enseñanza. (I Timoth. iv, 13.) Entre las cosas divinas, la más sublime, es la de cooperar con Dios &. la salvación de las almas. (8. Dionisio.) El amor al prójimo, es uno de los mayores y más excelentes dones que la divina bondad: puede conceder á los hombres. (El Doct. S. Franc. do Sales). —í-§3( DIRECCION en el Oratorio Salesiano — Calle de Cottolengo N. 32, TURIN (Italia) )££-.’— SUMARIO. San José. La Campana y el Repique. EspaSa. — Gerona. Granja Salesiana do San Isidro. Barcelona. Los Salesianos de Sarria. Méjico. Primer viaje de los Salesianos á Méjico. Su arribo y recepción. Ecuador.»— Guayaquil. Una triste noticia. Patagonia. De la República Argentina ií Chile, en misiones. Gracias de María Auxiliadora. Elegía á la muerte de Don Bosco. Un hermoso libro: Al Cielo por María. Historia del Oratorio de San Francisco de Sales. S-AJNT JOSÉ Era costumbre en lo antiguo dedicar los meses del año á los hombres más ilustres é insignes bienhechores de la patria ó de la humanidad. Así los Romanos consagraban el mes de marzo á Marte, á quien atribuían el éxito de sus victorias; á Julio César, famoso conquistador , el mes de julio, y al gran emperador Augusto el de agosto. A la caída del Imperio romano, entronizada la cruz redentora sobre las ruinas del paganismo, la santa Iglesia, que di rige todas las cosas al honor del Dios verdadero, consagró los meses del año á la memoria de los grandes sucesos de nuestra religión. Junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús, Mayo el de María Santísima y Marzo el de San José; es decir el mes consagrado á considerar los privilegios insignes y las virtudes sublimes de esto santo. ¿Cuál es la importancia de este modesto artesano ante quien doblan la cabeza los pueblos católicos, como subyugados por el ascendiente de su misma sencillez ? San José, gloria de la autoridad cristiana. San José fué elegido y enviado por Dios para ejercer en el mundo la mayor autoridad que hubo jamás: la autoridad sobre su unigénito Hijo encarnado. Más que el de los reyes y emperadores fué sublime el poder de José, que tuvo por súbdito al mismo Dios. Mandaba José y Dios obedecía; y las menores palabras de este humilde carpintero eran decretos de inmediata ejecución para Jesús, j Quién pudo nunca gloriarse de haber mandado por tan soberana manera ó de haber tenido súbdito igual! — 34 — Mas José mandaba como debía mandar, y por eso es su autoridad glorioso modelo de lo que deben ser todos los que ejercen poder en el pueblo cristiano. No mandaba según los antojos de su humor, ni según los dictámenes de su sola razón, aunque tan recta y bien ordenada; sino que en conformidad siempre con las disposiciones del Eterno Padre que le eligió para tal cargo. Mandaba muy acertadamente, porque era el primero en obedecer á quien tenía todos los derechos sobre él. Así debe ser el gobernante cristiano: el primer súbdito de Dios, y el primer esclavo de sus santos mandamientos y el primer promovedor de su divina gloria. No será más que un tirano de sus súbditos el que entienda poder desentenderse de toda sujeción á otro más alto superior. Ni serán justas leyes las que no empiecen por reconocer, hasta los últimos ápices, la soberanía de la divina luz. Por eso si bien hay muchos gobernantes en el día de hoy, dignos de este nombre, según Dios, como José, poquísimos en todo el mundo. San José, gloria de la virginidad cristiana. La saña de la impiedad y la maledicencia do los libros sectarios se han cebado muy especialmente en las clases que han adoptado para sí como camino de mayor perfección el de la santa virginidad. Y no obstante, Dios nuestro Señor para realzar á los ojos de los hombres ese estado nobilísimo, del cual no tenía más que muy vaga y oscura idea el mismo antiguo pueblo de elección, quiso presentarlo al mundo en la familia de su unigénito Hijo Jesús, en la persona de su padre legal y putativo el glorioso San José. Bajo la honrosa divisa del matrimonio escondió Dios en José y en María el tesoro de la virginidad do que habían de ser ambos en el mundo cristiano gloriosos ejemplos y caudillos. Hueste numerosísima y brillante de jóvenes y doncellas consagrados á Dios, había de ser después el cortejo de esos vírgenes esposos; y la casa de José y de María, además de ser el tipo común del hogar doméstico cristiano, había de serlo á la par de ese otro hogar ó colmena espiritual de las almas, que se llama convento ó monasterio. Así por tan maravillosa manera quería el Cielo unir lo que más discorde pudiera aparecer en la tierra, haciendo que tanto vírgenes como desposados pudieran mirarse sin confusión en este claro espejo, encontrando ambos en él un trasunto de sus más estrechos deberes. Mírense en él de un modo particular los corazones consagrados con voto perpetuo á Dios nuestro Señor y al santo apostolado de la vida religiosa para bien de nuestros hermanos. Vos, castísimo José, les enseñaréis cuánto deba ser exquisita su modestia, cuán delicado su pudor, cuán susceptible de empañarse el cristal de su pureza, cuáu necesitado de continuas precauciones el vaso frágil en que encierran tanto bien. Vos los alentaréis en sus vacilaciones, los sostendréis en sus desmayos, los fortaleceréis en sus luchas, los alzaréis en sus caídas. San José, gloria del trabajo cristiano. San José es el blasón y la gloria del trabajo cristiano. Por el pecado original fué condenado el hombre á trabajar para comer, vestir y satisfacer sus demás necesidades. La naturaleza daba antes al rey de la creación cuanto había menester; hoy no se lo da sino á costa de congojas, sudores y sacrificios. Mas Cristo Dios, que rehabilitó al hombre caído, rehabilitó también el trabajo del hombre, haciendo le fuese su gloria y su bienestar y su alegría eso mismo que le impuso como dura expiación y castigo. Y al tomar carne humana el Verbo de Dios la tomo ¡ oh maravilla! de la Esposa de un pobre trabajador. Y al nacer á la vida y al crecer y desarrollarse en ella, quiso que el glorioso escenario de todas sus grandezas fuese el taller humilde de un trabajador. Y al presentarse al mundo para predicar su ley, consintió que no le reconociese ni llamase el pueblo de entonces más que como oscuro hijo de un oscurísimo trabajador. Y con el trabajo de sus manos comió su pan, y en el trabajo de artesano empleó treinta años de los treinta y tres de su visible existencia sobre la tierra, glorificando con esto la condición del pueblo trabajador, las fatigas del trabajo, los enseres y herramientas del oficio mecánico… todo eso que el mundo orgulloso no sabía antes sino despreciar y aborrecer. Desde entonces el sudor que baña la frente del obrero es tan glorioso como — 3(¡ — la diadema de los reyes; la herramienta que empuñan sus manos resplandece con más lustre que la espada de los conquistadores ; el honrado cantar con que acompaña y endulza sus fatigas sube al cielo tan grato á Dios como la salmodia del monje (pie día y noche le rinde místicas alabanzas. Le es música armoniosa el rumor de las máquinas del obrero; suave incienso el humo de sus chimeneas, himno y plegaria el eco de la granja y del taller, hazas enteras de Santos han ganado en esos humildes, pero gloriosos combates, sus palmas y sus coronas; el Juez divino desde entonces ha hecho sentar en magnífico trono de luz á cientos y á miles de bienhadados hijos del jornal. Y al lado de María Virgen comparte uno de los más encumbrados José, el pobre carpintero de Nazarct, el príncipe de esa aristocracia popular, el tipo del oscuro trabajador enaltecido y glorificado. Mírense en él los obreros honrados y laboriosos, (pie ahí están los blasones de su nobleza. Contemple y aprenda. Aprenda á trabajar en la máquina ó en la herramienta, pero elevado el corazón á Dios, á. trabajar para ganar el pan del cuerpo, y para ganar además la eterna felicidad del alma; á trabajar como corresponde al que es, aunque pobre hoy, heredero mañana de gloriosos destinos. LA CAMPANA Y EL REPIQUE ¡Habéis oído la campana cuaresmal? Hace poco que ha resonado en las torres de nuestras iglesias su severo tañido. Sus pausados dobles se han confundido con las últimas griterías del carnaval. ¿Qué dijo esta campana? ¡Qué advirtió? ¡Qué formal precepto vino á traernos la memoria? Puédese todo compendiar en la palabra que filé el tema de las predicaciones del Precursor: Penitencia. Es para esto menester entrar en serias cuentas con nosotros mismos. A esto se endereza el escuchar la predicación de la divina palabra, el ayuno y abstinencia, la limosna, la oración y el cumplimiento parroquial. • ♦ ♦ La santa tribuna no enmnndece. Voz de Dios la palabra del predicador , es voz para todos, como para todos es soberana la autoridad de quien procede. Con la predicación oral fué adoctrinado el mundo en la fe, y con la predicación oral ha querido Jesucristo que se conservase en ella; y esta predicación oral por nada puede ser dignamente sustituida. Mucho amamos la propaganda impresa, pero no tanto que la consideremos, ni en dignidad, ni en eficacia, ni en merito igual á la oral predicación. Y no por ser este el siglo de la prensa, puede legítimamente dejar de ser el siglo del púlpito. Del púlpito es Ja primera jerarquía , como que es la cátedra oficial de Dios… « * * Es la ley del ayuno como todas las demás de la Iglesia, y obliga severamente á todo fiel cristiano desde los veintiún años de edad hasta los sesenta, á no mediar falta de salud ó trabajo de tal naturaleza, que sea moralmente incompatible con su cumplimiento. Y nadie puede por sí y ante sí decretarse estas exenciones: la ley manda que nadie se considere dispensado sino con el fallo del confesor y dictamen del facultativo. Esto desconsuela el estómago y aflige la carne, y precisamente por esto se llama mortificación. Si no fuese mortificativo y duro de hacer, ya no se impondría como castigo de nuestras culpas y como medio de satisfacer á Dios por ellas. • ♦ ♦ ¡ Será temeridad asegurar que la práctica de la limosna cristiana (pregunta Sardá y Salvany de quien extractamos estos parráfos) es otra de las obligaciones de la santa Cuaresma? Apenas se habla en el Evangelio de ayuno sin que á su lado se cite como compañera inseparable la limosna, hasta el punto de indicársenos que, si algo quitamos al regalo de nuestro cuerpo, es para que eso lo reciba la’ mano del indigente. Comparte con el hambrienta tu pan, y tráete á tu casa para vestirlos al pobre y al desnudo. Deposita tu limosna en el sena del pobre, y ella rogará por tí á Dios. Porque así como el agua apaga, el fuego, así la limosna satisface por los pecados. Podemos, pues, en cierto modo dejar consignado que la limosna es una de las obras de piedad especialmente prescritas á los católicos en la santa Cuaresma. Pero digámoslo claro: Dar limosna es un deber, y darla del modo prescrito es otro deber. Son, pues, — 37 — dos deberes que vienen á constituir uno solo: el de la limosna cristiana. Ésta se da más que con la mano con el corazón; no se contenta con remediar la necesidad del pobre; hace más, lo eleva hasta nuestro nivel, nos hace ver en él un hermano ; más aún, nos hace contemplar en él la imagen de Cristo. Por eso los grandes héroes de la caridad cristiana no sólo no han exigido agradecimiento por sus limosnas, sino que aun han agradecido ellos al pobre el haber podido otorgárselas. Esto significa el beso que muchos Santos daban á aquellos á quienes acababan de socorrer. La limosna cristiana ama la oscuridad; pero allí es intrépida, celosa, activa, incansable; sube á la bohardilla del arrabal, baja al húmedo subterráneo de los calabozos; no espera la gratitud del pobre, bástale ser vista de Dios. La limosna cristiana obra prodigios. Saca recursos de donde parece imposible sacarlos. A fuerza de abnegación y de sacrificios y de privaciones tiene siempre algo que dar, porque quien bien quiere siempre tiene. Los grandes limosneros que hallamos en la historia no han sido por lo regular grandes ricos. No proporciona limosnas la mucha riqueza, sino el mucho desprendimiento. • # ♦ La oración es necesaria al cristiano en todo tiempo, pero la cuaresma es por excelencia el tiempo de oración. La oración es la llave del cielo. Yo desearía que todas mis predicaciones y escritos fueran la repetición de esta palabra: orad, orad, orad, decía San Alfonso AI. de Ligorio. Y agregaba: No creo haber compuesto un libro más útil que el de la oración; desearía me fuese posible publicar de él tantos ejemplares como fieles hay en el mundo, á fin de dar uno á cada uno, y de que todos comprendiesen la necesidad de orar; lo digo y repito que nuestra salvación depende de la oración ; el que ora se salva, el (pie no ora se condena. Sabe bien vivir, afirma San Augustín, el que sabe bien orar. Somos mendigos de Dios, y, pues, vivimos tan sólo de sus limosnas, debemos solicitar continuamente sus misericordias. • * ♦ Por fin, la Cuaresma trae consigo el precepto de la confesión y comunión pascual. Y aquí es el repique de la campana de cuaresma. Es digno de notarse. A nadie le parece tan pesada esta ley como aquel que menos la practica. ¿ Sime hace cuesta arriba purificar mi alma .’ Pero ó no lo necesito, y entonces soy un prodigio sin igual sobre la tierra, un santo (santo extraño con horror á las cosas santas), ó lo necesito, y entonces… ¡Ah! si me llegase ya la hora de morir; si me fuese intimado que dentro de tres horas había de presentarme al soberano Juez á dar cuenta detallada y rigorosa de mi vida, no se me haría tan cuesta arriba tomarme esta pequeña molestia. Y el día y la hora de la grau liquidación llegarán : llegarán para mí y para todos los demás. Y la Iglesia quiere por esto que no vivamos desprevenidos, y como madre amorosa nos llama á la confesión y comunión pascuales. Las campanas repican : óyense ya los gozosos aleluyas de la Pascua cristiana; y los aleluyas de esta Pascua resuenan muy tristes y acusadores en el corazón del cristiano que aun no ha despertado á nueva vida y sigue envuelto en las tinieblas de la culpa. ¡ Cuán dulces son los desahogos del alma atormentada por el remordimiento! No podía Jesucristo discurrir para nuestro consuelo un medio más eficaz que la confesión. La confesión es humillación, cierto; pero es también dulcísima confidencia. Referir en ella ciertas penas es tenerlas ya medio aliviadas; lo restante es obra de la gracia, de aquel suavísimo Yo te absuelvo que borra del libro de nuestra vida todo lo pasado, y le devuelve á nuestro ser la integridad de sus años de inocencia que parecían ya para siempre perdidos. Una sola lágrima de arrepentimiento es más agradable que todas las pretendidas alegrías que pueden dar los deleites; cuando el pródigo derramaba un torrente de lágrimas á los pies de su padre experimentaba una felicidad infinitamente mayor que cuando entregado á su loca liberdad malgastaba en orgías su salud y sus bienes. Cuando la Magdalena á los pies de Jesús regaba con lágrimas los de su Dios gozaba de mayor consuelo que durante toda su vida escandalosa. « Padre mío, ¡ qué feliz soy! decía un pobre pecador al venerable Cura de Ars. No quisiera por mil francos haber dejado de confesarme. Hasta ahora tenía un vacío en el corazón; vos lo habéis llenado; ya no lo siento, nada me falta, y estoy satisfecho. — 38 — C/D ESPAÑA Gerona. Granja Salesiaua