Boletín Salesiano. Marzo 1887
Sale una vez al mes. § AÑO II. – N. 3. Sale una vez al mes. MABZO 1887 i BOLETÍN SALESIANO Instruyó al pueblo y divulgó todo lo que había hecho. Buscó las doctrinas útiles y escribió documentos rectísimos y llenos de verdades. Las palabras de los sabios son como punzas o clavos, que penetran profundamente, y nos fueron dadas mediante nuestros maestros por el único pastor. (Eclesiastés XII, 9, 10 y 11) No se engañaría mucho quien intentase de atribuir principalmente a la prensa malvada, todos los males y la deplorable condición de las cosas, a la cual hemos Regado actualmente…, los escritores católicos deben con todas sus fuerzas volverla en bien de la sociedad. (León XIII) El peligro, Sto. Padre, está todo en la continua difusión de los libros infames; y para poner un dique a este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fundación de una imprenta Católica, puesta bajo el patrocinio de la Santa Sede. De esta manera, no haciéndose esperar nuestras respuestas, podremos con mayor ventaja descender al campo de la lid y responder con feliz éxito a las provocaciones de los apóstoles del error. (Sales) PILA TILLO La prensa periódica sometida a la autoridad jerárquica, revestida del espíritu de Jesucristo, viene a ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad, hace desaparecer el error, salva y civiliza; es casi una forma de apostolado sublime. (Alimonda) ROMA – LIBRERIA SALESIANA – TURÍN BUENOS AIRES — MONTEVIDEO — NICTHEROY ULTIMAS PUBLICACIONES LA MALEDICENCIA HOMBRE DE BIEN Y PERIQUILLO SIN MIEDO ALMANAQUE LECTURAS RECREATIVAS PARA POR EL P. LUIS COLOMA, S. J. Un opúsculo en-32°, Peset. 0 80 Un opúsculo en-32°; Peset. 0 80 Roma., Turín — LIBRERIA SALESIANA — Montevideo, Buenos Aires, Catálogo de las obras, opúsculos y demás publicaciones de fondo y surtido DE S. FRANCISCO DE SALES OBISPO Y DOCTOR DE LA S. M. IGLESIA POR EL P. RIVADENEIRA. Un opúsculo en-32° Peset. 0, 80 NOVENARIO EN HONOR DE S. FRANCISCO DE SALES OBISPO DE GINEBRA. Un opúsculo en-32° — Peset. 0 50 D. BOSCO Y SU OBRA por el OBISPO DE MILO con el retrato DEL IIISrSTGWSrE ^ttwid.a.:doze^ ‘ Un tomo en-16°, 4 reales en rústica, y $ en pasta Catálogo de las obras, opúsculos y demás publicaciones de fondo y surtido ANO II.- N. 3. Sale una vez al mes. MARZO 1887 BOLETÍN SALESIANO Debemos ayudar a nuestros hermanos a fin de cooperar a la difusión de la verdad. (m. S. Juan, S) Atiende a la buena lectura, a la exhortación y a la enseñanza. (i. Tim. iv. 13). Entre las cosas divinas la más divina es la de cooperar con Dios a la salvación de las almas. (S. Dionisio) Un amor tierno hacia el prójimo es uno de los más grandes y excelentes dones, que la divina bondad puede hacer a los hombres. (Ei .Doct. 8. Ebano, de Sales) Cualquiera que reciba a un niño en mi nombre, recibe a mí mismo. (Mat. XVIII, 5. Os recomiendo la niñez y la juventud; cultivad con grande empeño la educación cristiana, propocionadles libros que enseñen a huir el vicio y a practicar la virtud. (Pío IX) Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer a la niñez y juventud de las insidias de la corrupción y de la incredulidad y preparar de esta manera una nueva generación. (León XIII) DIRECCIÓN en el Oratorio Salesiano. — Calle Cottolengo N° Turín (Italia) SUMARIO — Jubileo Sacerdotal del S. Pontífice León XIII. — La fiesta de S. Francisco de Sales — Nuestros Misioneros — El Corazón, de Jesús y el remedio para uno de los más tremendos males sociales — Noticias de la Tierra del Fuego y de la Patagonia — Gracias de María Auxiliadora — Historia del Oratorio de S. Francisco de Sales. EL JUBILEO SACERDOTAL del Sumo Pontífice León. XIII. En el último día del presente año el Santo Padre León XIII, cumplirá el quincuagésimo año de su primera Misa. El 31 de Diciembre de 1837 fué ordenado de sacerdote. Son, pues, cincuenta años de combates, de victorias y de láureas inmarcesibles. Su mente, su corazón, su doctrina, sus obras, su altísima dignidad , su inalterable firmeza ante los enemigos de la Iglesia, sus triunfos contra los errores ,y esfuerzos de las sectas coligadas contra Él y contra la Santa Sede, lo han rodeado de tal corona de gloria que resplandecerá por todos los siglos venideros. Y circundado de esta gloria en medio del aplauso de millones y millones de católicos que le renuevan el juramento de su fidelidad, a vista de todo el mundo que lo reconoce y llama Padre, en medio de la admiración del cielo y de la tierra, Él ofrecerá el 31 de diciembre la Victima inmaculada, renovando al mismo tiempo los puros regocijos y sagrados entusiasmos de su primera Misa. Todos los pueblos se han conmovido por esta solemne festividad, y de todas partes en mil y mil maneras van preparando demostraciones de honor, cuales quizá no recibió jamás ningún emperador de la tierra, por cuanto benéfico haya sido llamado por las naciones que dominaba. En efecto ; la gloria-del Papa tiene su término en la de Dios y con ella se confunde, causa de la felicidad del hombre; y este memorable acaecimiento era escrito en los designios de la Divina Providencia, para hacer conocer mejor al mundo qué cosa sea el Papa, qué sea León XIII. Los secuaces del error han gritado que el Papado está muerto. Pero las familias, las Asociaciones, los Órdenes religiosos, los pueblos enteros esperan aquel bendito dia para gritar lo que mil veces han repetido ya: — El Papado vive y vivirá victorioso hasta el fin del mundo, y nosotros ,’ oh’ Padre Santo , nosotros estamos y estaremos siempre por Vos. Nosotros hemos hablado ya otras veces en nuestro Boletín de esta espléndida demostración de fe. Nuestra Pia Sociedad no será ciertamente la última en dar al Sumo — 26 — Pontífice, el mejor tributo de amor y obsequio que sabrá y podrá, y en el modo indicado ya a la Comisión promovedora de Bologna, por carta de 25 de Mayo y 27 de Diciembre del año pasado. Pero sobretodo pensamos señalar este año con la consagración de la iglesia del Sagrado Corazón sobre el Esquilmo, iglesia que Don Bosco, construyó por voluntad del mismo S. Padre y cuya majestuosa fachada es debida a su generosa beneficencia. El cumplimiento de su deseo por medio de la Pia Sociedad Sa-lesiana, hé aquí, nuestra obra principal en esta porfía de devoción y amor a la Santa Sede. Al Sagrado Corazón de Jesús debe la Iglesia sus triunfos. LA FIESTA DE S. FRANCISCO DE SALES y la Conferencia de los Cooperadores Salesianos en Tarín. Bella y majestuosa, como siempre, salió también este año la fiesta de S. Francisco de Sales en la iglesia de María Santísima Auxiliadora. Su Eminencia Rdma. el Arzobispo Cardenal Ali-monda asistía pontificalmente a la Misa, cantada por monseñor Pulciano, Obispo de Casale. Monseñor Leto, Obispo de Samaría, cantaba las vísperas y daba la bendición con el Santísimo Sacramento. El panegírico de nuestro amable Santo estuvo a cargo de Mons. Guigonis, canónigo de Gagliari. Pero no menos bella fue la conferencia de los Cooperadores Salesianos, que se tuvo el jueves siguiente en la iglesia de S. Juan Evangelista. Mucha era la concurrencia de señores y señoras. A las 3 de la tarde, los niños cantores del Oratorio de Valdocco daban principio a la función con el melodioso Benedictus de Gounod. A las 3 1{4 Don Bosco acompañado de varios sacerdotes salesianos, venia a asistir a aquella cara reunión, presidida por Mons. Leto, y tomaba puesto en el Sancta Sanctorum. Concluida la lectura de un breve trozo de la vida de S. Francisco de Sales , subía al pulpito el R. P. Marenco , rector de la referida iglesia, y por espacio de una hora entretuvo al electo auditorio, que lo escuchaba con viva atención. Dijo cómo fácilmente los Cooperadores, que forman una sola familia con los Salesianos y gozan de los tesoros espirituales’concedidos por el Sumo Pontífice, pueden ocuparse en la salvación de tantas ánimas y adquirir méritos ante Dios Nuestro Señor. Ocuparse de la juventud pebre y abandonada, divulgar buenos libros, ser celante por la gloria de Dios, dilatando el reino del Evangelio con las Misiones, hé aquí las obras de D. Bosco y de los Cooperadores.’Las necesidades son grandísimas, mas el corazón de D. Bosco es grande cuanto la necesidad. Denle, pues, auxilios y él sabrá emplearlos en obras saludables. Si los colegios, asilos y talleres salesianos , esparcidos por Europa y América están llenos de pobres niños, D. Bosco abrirá nuevas casas. Pero él como no posee nada propio, espera la limosna de los generosos. La Patagonia, regada por el sudor de los Misioneros, recorrida toda por Mons. Ca-gliero y sus compañeros, se halla en grave necesidad. Mucho se hizo ya, pero es nada en comparación de lo que hay que hacer todavía : son necesarios más misioneros y por consiguiente también auxilios y limosnas. Mientras nuestros hermanos , armados únicamente con la cruz , corren por aquellas interminables llanuras y se internan hasta la Tierra del Fuego, en busca de almas, y en medio dé sus trabajos apostólicos no se olvidan de rogar y hacer rogar por sus bienhechores,. esperan también nuestro auxilio y nos extienden los brazos , a fin de que nosotros les socorramos en la gloriosa empresa. Pero inmarcesible corona está preparada para quien coopera en arrancar de las garras del demonio a miles y miles de almas, que miserablemente se pierden en aquellos lejanos países. El discurso del R. P. Marenco conmovió a todos. Después hízose la colecta. El limo. Sr. Leto daba la bendición con el Santísimo Sacramento. Deberíamos añadir aquí las relaciones de las Conferencias que los Cooperadores tuvieron en varios otros lugares, pero por no ser demasiado prolijos, haremos solamente una breve indicación de tres: En Spezia, en la iglesia de nuestro Hospicio, predicó el panegírico de S. Francisco el ilustre orador Sr. D. Antonio Colli, que había predicado toda la novena, recogiendo un copiosísimo fruto de comuniones. En Caravaggio , la Pia Union de las jóvenes Cooperadoras Salesianas, dirigida por el Rdo. Arcipreste Sr. D. Maximiliano Gandini, después de tres dias de retiro espiritual, la mañana del 29 de Enero, se reunía en la iglesia de Santa Isabel. Se celebró la santa Misa, dióse la bendición con la reliquia del Santo , y las jóvenes que en número de 200 se acercaron a la santa Mesa, cantaron con singular maestría varios himnos sagrados y el Iste Confessor. Por la tarde acudió muchísima gente a la iglesia parroquial, a oir las alabanzas de un santo tan caro y simpático para los que aman la vedadera piedad. En Valfenera d’Asti, el 2 de Febrero se tuvo la primera conferencia, debido al celo del Rdo. Párroco Sr. D. Juan B. Cortese. Por la mañana fueron muchos los que se acercaron a los santos Sacramentos, y por la tarde, después de las vísperas solemnes, el Sr. D. Ludovico Baldi habló elocuentemente sobre la misión que Dios confió a los Cooperadores Salesianos. La Santísima Virgen bendiga a todas estas ánimas generosas por sus oraciones y limosnas. — 27 — NUESTROS MISIONEROS. I. El Adios. Marsella, 13 de Diciembre de 1886. Amadísimo Padre : Le escribo a nombre de todos mis compañeros. Iremos dentro de pocos minutos a la capilla del Oratorio de S. León, para repetir la función que se hizo en esa la tarde del 2 p. p. Intervendrán el limo Sr. Obispo y los Cooperadores y bienhechores de Marsella. ¡ Carísimo Padre! ¡ Cómo palpita nuestro corazón en estos momentos! Esta tarde a las 6 zarparemos y dejaremos, quien sabe por cuantos años, la tierra en que habita el más amado, el más amable de los Padres, D. Bosco; tantos óptimos superiores y hermanos nuestros, y tantas benévolas y caritativas personas. Sí, el corazón nos palpita de doble sentimiento : de gozo y de dolor. El pensamiento de que finalmente salimos para ir a aquellas tierras que tienen necesidad de Misioneros, salimos para llevar a tantos pueblos la buena nueva, salimos para salvar tantas y tantas almas, salimos con su bendición paternal, mitiga nuestro sentimiento de profunda ternura que probamos al abandonar la patria, los parientes , v a V. R. v ¡Amadísimo Padre! Bendíganos todavía una vez más, antes de’ salir de Europa. Nosotros todos nos sentimos inmensamente obligados hacia V. R., que además de darnos el verdadero ejemplo de vida apostólica y de verdadera caridad para con el prójimo, nos dió también el permiso, la facultad, los medios para poner en práctica cuanto nuestro corazón, desde hace ya mucho tiempo, anhelaba. Nos protestamos también en alto grado agradecidos a nuestros carísimos Cooperadores y bienhechores , que con tanta bondad y caridad se unieron, para ayudarnos én nuestra santa Misión. Asegúreles V. R. que nuestra gratitud no tendrá fin, y las obras que .el Señor por su misericordia se dignará hacer por medio de nosotros, las ofreceremos a El por la . felicidad temporal y eterna de nuestros bienhechores y por ellos haremos también rogar todos los dias a nuestros pobres niños y salvajes convertidos. Adios, carísimo Padre. El corazón se conmueve demasiado al pronunciar esta palabra. Tocan ya la campana. Salimos. Es una voz poderosa, irresistible, que nos llama a conquistar nuevos hijos devotos al Santo Padre , al Sumo Pontífice, al Vicario de Jesucristo, a León XIII, a avivar la fe en aquellos que la han abrazado ya, y a encenderla en los que todavía no la tienen. Nos bendiga, carísimo Sr. D. Bosco, y ruegue siempre por sus amantísimos y afectísimos hijos. Sebastian Gastaldi, Pbro. II. El viaje. A bordo del Tibet, 23 de Diciembre de 1886. Venerabilísimo Padre : Después de mi primer viaje que hize, diez años hace, a bordo del vapor Iberia, el cual llevaba por primera vez al Uruguay a los hijos de D. Bosco, y del que, poco tiempo después, hizo el P. Costamagna en el vapor Santa Rosa, en compañía de los primeros Misioneros que fueron a la Patagonia, ambos viajes bien tristes por cierto, V R., oh amadísimo Padre, tuvo siempre, en. tantas otras expediciones que más adelante se hicieron, hartos motivos para consolarse con las gratas noticias que recibía acerca de las largas y peligrosas navegaciones emprendidas por sus hijos, los cuales tuvieron casi siempre prósperos los vientos y tranquilo el mar. ■ Hoy, por el contrario, toca a mí de nuevo la poco envidiable suerte de interrumpir esta serie casi ya monótona de pacíficas relaciones, con la descripción de nuevas borrascas, de nuevos sustos y penas, dignas verdaderamente de lástima y compasión. ¡Pobres compañeros mios de Misión !. ¡ Cierto que no se olvidarán jamás de todo lo que sufrieron, especialmente en los dos terribles dias del 19 y 20 de Diciembre de este año! Cuando salimos de Marsella la noche del 14, el golfo de León y el de Valencia , mostráronse con nosotros bastante fieros, mas no era cosa que nos hiciese temer. Si bien la mayor parte de nuestros hermanos se hallasen mareados, había sin embargo algunos que se sentían bastante fuertes, y procuraban con sus chistes y donaires, tener alegres y animados a los más pusilánimes y tímidos. Además teníamos también grande esperanza en que el Océano Atlántico nos trataría más benignamente. El buen capitán Sr. An-dras, nos lo repetía a cada instante a fin de confortarnos y animarnos; — Ciertamente; el Atlántico en esta estación, es siempre más quieto y pacífico que el Mediterráneo. Un poco de agitación debíamos esperarla por estos lugares, pero una vez que hayamos pasado el Estrecho de Gí-braltar ¡oh! entonces estamos ya fuera de peligro y tendremos completa bonanza. Nosotros así lo creimos, tanto más cuanto que teníamos suma necesidad de dar un poco de descanso a nuestro pobre y descompuesto estómago , y a la cabeza que nos daba vueltas por todas partes. Vino, pues, a confirmarnos mejor en esta cara esperanza la tarde del dia 16 , en la cual a medida que nos acercábamos a Gibraltar, iba disminuyendo el viento, pudiendo así disfrutar de verdadera calma, la cual permitió a todos reunirnos por primera vez a la mesa y recrearnos un poco a-, legremente, cosa que no habíamos podido hacer todavía desde que abandonamos las playas de Marsella. Pero aquella bonanza no era, otra cosa más que una breve y dorada ilusión. A eso de las 12 de la noche el Atlántico empezó a albo 28 — rotarse, el viento redoblaba su furia , movíase violentamente el buque , el cual dió principio a aquella especie de danza , tan fatal para los pobres navegantes. Sin embargo a medio dia parecía ya que las olas volviesen a calmarse, y nosotros pálidos y faltos de fuerzas salíamos de nuestros camarotes y subíamos sobre cubierta, para respirar un poco de aire puro. ■— Se ve , decía el capitán paternálmente solícito hácia nosotros, se ve que eran los últimos rastros de una tormenta que ahora viene a apaciguarse enteramente. Animo, pues ; ahora iremos bien, el mal tiempo ha cesado. — ¡Pobres de nosotros! pues nos hallábamos en vez al principio de una de las más espantosas borrascas. El cielo estaba todo cerrado y oscurísimo de una manera que aterrorizaba ; por cualquier parte que dirigiésemos la vista, imponía. El mar,’ que en aquella calma momentánea no había cesado de inquietarnos, comenzó nuevamente a agitarse poco a poco por los vientos que con más furia é ímpetu venían del Norte a a-zotar nuestra pobre nave. Inútil es decir que todos corrimos entonces a escondernos en nuestros camarotes, resignados a padecer todavia este asalto. ¡ Y por cierto que fue terrible, cruel y feroz. Imagínese V. R. que el viento con una furia indecible investía de tal manera al vapor por la popa, que lo levantaba en peso como si fuese una cáscara de nuez, obligando así a toda la proa a zabullirse en medio de las olas por algunos segundos, causando una congoja mortal en todos los 1200 navegantes del pobre Tibet, que se creían ya como perdidos. Tan sólo quien es práctico del mar puede hacerse una idea justa de aquellos infelices momentos. Puesto que la hélice girando de un lado a otro violentamente en el aire por algún tiempo y con no poca frecuencia , daba a toda la nave tan fuertes sacudidas que creíamos la echase a pique. Nosotros en nuestros camarotes, debimos atarnos con cuerdas a las barandas de hierro, para no ir rodando por el suelo entre las maletas y baúles que corrían batiéndose de una a otra parte, esparramando la ropa, libros tinteros y etc., etc. Pero hé aquí que mientras gemíamos en medio de semejantes desgracias nos vino de repente una oleada tan fuerte, que destrozó de un golpe la puerta que da al salón. No hubo ni siquiera uno que en aquel momento no se hallase con la sangre helada. El agua penetraba por todas partes. Fué entonces cuando todos los oficiales y maquinistas atemorizados por tan espantoso huracán, suplicaron con instancia al capitán que hiciese dar vuelta al vapor y buscase un puerto de refugio. Pero él creyó sería una medida inútil, puesto que nos hallábamos ya demasiado lejos, y se resolvió a hacer parar la máquina y dar vuelta al vapor y fluctuando así toda la noche del sábado , todo el dia del domingo , la noche siguiente y parte del lunes, sin dar un paso adelante. Decir lo que en aquellos dias padecimos sería casi imposible. Le narraré más bien algún episodio, que le hará comprender mejor nuestra terrible situación en aquellos tristes momentos. En el memorable é interminable dia del 19 de Diciembre, mientras yo me hallaba mojado de pies a cabeza en la cama , asiéndome fuertemente a las cuerdas para no rodar por el suelo, a uno de los violentísimos sacudimientos de la nave , se desclavó de la pared una larga y pesante mesa de mármol, que cubría y unia los dos lavatorios de la cámara. Llevada por el movimiento ondulatorio del vapor , se ponía derecha, ora de una parte, ora de otra, hasta que una vez vino a dar con tal furia sobre mi almohada, que me habría indudablemente hecho trizas, si no hubiese alzado la cabeza a tiempo y evitado el terrible golpe. A un grito que di acudió un marinero y pudimos de este modo, con no poco trabajo, detener aquel monstruo y atarlo a una baranda de hierro. La parte más anegada y que hacía más compasión, era la que ocupaban las pobres Hermanas. Llegábales el agua hasta las rodillas. En la noche’del domingo, no pudiendo ya sufrir más, todas mojadas, tiritando de frió y mareadas, hiciéronse acompañar al salón. Allí echadas sobre un sofá en un rincón de la sala , con los pies sujetos a una tabla fija y arrimadas estrechamente las unas a las otras, como una nidada de golondrinas, sostenían con los sagrados nombres de Jesús y María siempre en los labios, las incomodidades de aquella noche lúgubre y eterna. Guando hubieron recobrado un poco de fuerzas, entonaron entre aquellos horrores y espantos el Ave Maris Stella. Nosotros sentíamos desde abajo aquellas notas, aquellos gemidos, como un eco lejano, que imprimía en nuestro ánimo desolado una tristeza inefable , una melancolía dulce, suave como la esperanza del naúfrago. Jamás he sentido música tan tierna y conmovedora, jamás he hallado en toda mi vida, ni siquiera bajo las bóvedas de las más suntuosas basílicas, ni tampoco bajo la cúpula de María Auxiliadora, j amás, digo, he hallado el canto popular del Ave maris Stella, tan. sublime, tan encantador, tan potente sobre mi ánimo, como en aquella memoranda noche. Aquel Mon-stra te esse Matrera, aquel Iter para tutum en aquellos tremendos instantes, para nosotros desfallecidos y casi sin esperanza de vida , nos llegaba del alto como una armonía angélica, como un gemido indescribible de espíritus celestiales, que suplicaban por nosotros , pobres desgraciados, a la poderosa Virgen María llamada no en vano la Estrella del mar, el Auxilio de los Ghris-tianos!… El lunes a medio dia, duraba todavia rabiosa y enfurecida la borrasca , pero iba, si bien lentamente, disminuyendo. El vapor surcaba con la proa las grandes montañas de agua que venían a embestirlo. Muchos de nuestros hermanos haciéndose un grande esfuerzo habían salido al aire libre, y yo para estar en compañía de ellos , apesar de hallarme no poco mareado, híceme conducir a donde ellos estaban, en el corredor que pasa entre el salón y el paparapeto del vapor. Sentados todos en nuestras sillas , contemplábamos en silencio, pálidos como cadáveres aque- — 29 — lias olas, que pasaban por delante de nuestros ■ojos en línea recta de proa a popa. En las fuertes oleadas llegábamos alguna vez a tocar el mar con los pies , pero sin otro peligro más que el de una buena rociada, que de cuando en cuando servia para hacer asomar en nuestro rostro cadavérico un poco de sonrisa. Mas parece que el demonio hubiese tenido envidia hasta de aquella poca paz casi sepulcral, puesto que alzándose de repente una altísima ola, movida no sé de que espíritu maléfico, vino por detrás en un decir Jesús, a arrojarse furiosamente sobre nosotros, envolviéndonos a todos juntos y tentando arrastrarnos consigo en el profundo del mar, como habría sucedido si el alto ■parapeto no nos hubiese detenido, casi más bien muertos que vivos. Entonces nos levantamos del ■suelo todos mojados y buscamos a tientas la puerta, a fin de volver a nuestras yacijas a esperar el fin de aquella triste tragedia, que. nos ■tenia inquietos y temerosos. Todavía un hecho. En aquel mismo tiempo el acólito Graglía, un poco más tímido que los otros , se había parado a la entrada del salón. Hallábase sentado y sujeto a ]a pared, cuando empujado por una fuerte ola hubo de rodar toda la escalera con la cabeza para abajo. Son 16 escalones con los ángulos agudos y forrados de acero. Los que lo vieron dieron un grito de espanto y corrieron a auxiliarle, creyendo encontrarlo muerto en el piso inferior. Pero por una gracia evidente de María Auxiliadora, no se hizo el menor daño y encontráronlo ya en pié, sonriéndose graciosamente de la terrible aventura. Ahora bien, amadísimo Sr. D. Hosco, debemos publicarlo por todas partes para honra y gloria de nuestra buena Madre María Auxiliadora. De tanto padecer, de tantos sustos y temores de tantos y tan peligrosos incidentes, no nos quedó ■señal alguna. Llegando a las 12 de la noche del lunes muy cerca de la Islas Canarias, el mar se calmó del todo, y nosotros nos levantamos a la mañana del martes , muy temprano, y pudimos oir reunidos la santa Misa. Todos los hermanos é Hijas de María Auxiliadora, comulgaron y dieron gracias fervorosamente al Señor, y de allí en adelante volvió a reinar entre nosotros la más grande alegría y salud más envidiable. Gracias á. la singular finura y cortesía del Capitán , del Comisario y de todos los oficiales, que nos colman de deferencias, hemos podido colocar arriba una bonita capilla, donde mañana y tarde hacemos puntualmente nuestras funciones religiosas con toda comodidad. ¡ Oh! ¡ si sintiese con cuánta armonía y fervor cantamos entera y regularmente la novena de la Navidad! Dos veces al dia reunimos los niños y niñas para explicarles el Catecismo y prepararlos ála sagrada Comunión, que esperamos podrán hacer el dia primero de año, puesto que el de la Navidad está ya demasiado cerca. La celebrarémos sin embargo con la mayor pompa posible , teniendo ya preparado al efecto varios motetes y todo lo que por nuestra’parte podremos hacer. ¡ Oh! cuántas cosas quisiera decirle todavía, pero el tiempo es breve y esta carta sería demasiado larga. Dejemos, pues, lo demás para otra vez. Por ahora sepa que todos estamos bien, que le mandamos desde este Océano las más sinceras y tiernas’ felicitaciones de nuestro corazón en las fiestas de Navidad, y le deseamos un buen fin y óptimo principio de año. Haga el favor de participar también dichas felicitaciones a todos nuestros superiores . hermanos y bienhechores, recomendándonos a sus fervorosas oraciones y diciéndo-les que por nuestra parte, jamás nos olvidarémos de ellos ante el Señor. Si alguna cosa nos tocó padecer por nuestro buen Jesús , lejos de desanimarnos, nos alienta más y más, puesto que nos hace ver patentemente, que nuestra obra, nuestra Misión , debe ser santa , cuando el demonio desplega todo su furor contra nosotros con tanta rabia. Y en verdad, nunca jamás hubiera creído hallar en estos jóvenes y en estás pobres Hermanas, tanta seguridad y tanto valor. Bendito y alabado sea el Señor, oh caro Padre, que ha sabido trasfundir tan excelente espíritu entre sus hijos. Todos le besamos con respectuosa ternura la mano y bajo los ojos del Niño Jesús, que imploramos sea piadoso a V. R. y a nosotros, nos profesamos sus afectísimos y devotísimos hijos. Luis Lasagna, Pbro. La llegada. Un parte telegráfico mandado a D. Bosco desde Montevideo el dia 9 de Enero dice así: LLEGAMOS FELIZMENTE. Lasagna. Leo grafías et Mariae. EL CORAZON DE JESÚS Y EL REMEDIO para uno de los más tremendos males sociales, Un fuerte zumbido , como de un fuerte y vecino huracán, déjase sentir, desde hace ya algunos años. Este zumbido va haciéndose cada dia más intenso y amedrentador y amenaza ya de estallar y hacer trizas todo el edificio social. Son las pasiones de los que nada tienen, que bullen, son las desarregladas aspiraciones de los desheredados de la fortuna, que se hinchan, y en una palabra la guerra del pobre que sufre, contra el rico que goza, ó, como dícese del socialismo contra el capital, guerra que ya dos veces en menos de veinte años llenó de luto y de sangre una potente nación , vecina nuestra , contaminó , no hace muchos meses, de la barbárie más feroz a un joven y floridísimo reino, y está todavía en vísperas de hacer de todos los Estados del nuevo y antiguo continente, un monton de ruinas y desolación. En.vano se emplean las leyes humanas — 30 — puesto que estas concluyen haciendo más fuertes a los ricos en sus posesiones, y más impotentes los esfuerzos de quien no posee, aumentando así la enemistad y el odio entre una y otra clase. En vano se prueba la instrucción que se difunde y se querría generalizar, puesto que esta, si bien en si es un bien, sin embargo por sí sola no obtiene otra cosa más, que hacer a los pobres más deseosos de gozar y a los ricos más tenaces en conservar los medios de vivir cómodamente. En vano se exponen los mismos progresos civiles; la civilización es impotente no tan sólo a salvar los otros, sino también a salvar a sí misma. La conclusión es que crece la pobretería y el hambre, y crece al mismo tiempo no el número, sinó la opulencia y la avaricia de los ricos. La historia no sólo de Roma pagana , sí que de todas las edades y de. todos los lugares está ahí presente, para atestiguarnos esta dolorosa verdad. Pero, entonces ¿no habrá algún remedio para este mal tan tremendo? ¿Deberá la sociedad arruinarse y perecer irremisiblemente?… Viva el Corazón de Jesús que nos ofrece El sólo el remedio saludable, infalible; viva el Corazón de aquel Jesús que colocando por primera entre las bienaventuranzas, la pobreza, abrió a los hombres de buena voluntad una nueva era de fraternidad, de amor, de paz. Nacido Jesús de madre pobre y en pobrísimo lugar, pobre también El mismo hasta el punto de hallarse falto muchas veces de las cosas más necesarias para vivir y no tener ni siquiera donde reclinar la cabeza , acompañado con hombres pobrísimos, que pasan con dificultad la vida y frecuentemente se ven precisados a pasar hambre, Jesucristo es de por sí solo el más luminoso ejemplo, como el más elocuente elogio de la virtud de la pobreza. Pero después del ejemplo vienen las palabras, pues en la vida de Jesucristo las obras son siempre las primeras, pero a estas siguen después la* enseñanzas , los preceptos. Y estas enseñanzas y estos preceptos, de los cuales está llena la vida de Jesús, quiso El erigir como principio y base de aquel nuevo código moral.: que promulgó sobre el monte de las bienaventuranzas. En efecto, es Jesús quien dijo, como.refiere s. Mateo : Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (1), o como dice s. Lucas, bienaventurados , oh pobres , porque vuestro es el reino de Dios (2). ¡Bendita la boca que pronunció por primera vez esta palabra! ¡Bendito el dia, bendito el lugar, donde se oyó por primera vez! Aquella palabra sanaba la más grande y vieja llaga, que el pecado original hubiera’ producido en el cuerpo de la humanidad; aquella bendición componía de nuevo la unidad de la especie humana , restauraba en el hombre el daño que habia causado la sobrevenida corrupción, traía sobre la tierra nuevos dias de paz y amor. (1) Beati pauperes spiritu, quoniam ipsorum est regnum coelorum (Matth. v, 3). (2) Beati pauperes, quia vestrum est regnum Dei. Luc. vi, 20. Jesús, pues, sin juzgar malas por sí mismas las riquezas y los bienes materiales de este mundo, que son también dones suyos, quiso sin embargo enseñarnos cómo los pobres son los primeros que van por el camino que conduce al Cielo. Y con este nombre de pobres entendió primeramente aquellos , que no por necesidad sino por espontánea voluntad se hacen tales por amor de aquel Dios que dijo : Vé, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres… y sígueme (i). A estos, que a las riquezas materiales anteponen las del espíritu, cuales son la verdad, la virtud, la paz, la caridad, la castidad, la fortaleza, la mansedumbre y semejantes; a estos prometió el Corazón de Jesús un reino , en cambio de las grandezas y de los bienes terrenos, a los cuales renuncian, es decir, un conjunto de bienes eternos infinitos en la gloria celeste. Comprendió en segundo lugar a aquellos, que teniendo bienes terrenos no ponen sin embargo su corazón en ellos, sino que’ dispuestos a dejarlos, cuando esto sea necesario para su salvación, ocúpanse entre tanto en hacer de ellas un santo y recto uso. Bendita, pues, no nos cansaremos de repetirlo, la sabiduría siempre antigua y siempre nueva del Corazón de Jesús; su palabra bien comprendida bastaría por sí sola a la completa curación moral, como también a la paz universal de la humanidad. ¿Queremos cese aquella enemistad, aquella tremenda división entre ricos y pobres, que constituye el peligro mayor de nuestra edad ? ¿ Queremos, en una palabra, salvar la Europa, o mas bien, al mundo entero de las espantosas calamidades que lo amenazan? Hagamos penetrar en el corazón de todos, aquella palabra de Jesús , bienaventurados los pobres; procuremos que esta palabra anime y avive nuestra vida pública y privada; procuremos que el rico comprenda , que debe servirse de sus riquezas para amar y beneficar al pobre, y éste entienda al propio tiempo, que tiene que’ dar gracias al Señor de haberle puesto en condición de conseguir más fácilmente las riquezas, del espíritu, y después el tesoro de la gloria. Y de aquí aparece la importancia social, sobretodo en nuestros tiempos, de una iglesia al Corazón de aquel Jesús, de quien ha salido por primera vez la palabra que ha de regenerar y bendecir a la humana sociedad; cada oración, cada limosna, cada acción, aunque mínima, que nosotros haremos para el cumplimento de aquella iglesia, será un mérito particular que nosotros alcanzaremos al regreso de la paz, a la renovación del espíritu de concordia, a la propagación del reino de Dios, que es reino de caridad, a la restauración del edificio social arruinado. Guando los hijos de Israél sacados de la esclavitud de Egipto y atravesado el Jordán, entraron en la tierra prometida, se acamparon en la llanura de Sichar entre los dos montes Hebái y Garizím, donde ejecutaron inmediatamente las órdenes que Moisés les habia dado (2). Sobre la cumbre del Hebái erigieron, pues, un altar al Se- (1) Matth. xix. 21. ■ (2) Deut, xxvn, xxvni; Josué vm. — 3.1 – ñor con piedras no tocadas por el hierro, y desde dicho altar elevóse bien pronto el humo de los holocaustos y de las víctimas pacíficas. Sobresalía en medio del valle el arca de la alianza, alrededor los sacerdotes, después los levitas, luego los ancianos y jueces, y por último todo el pueblo, del cual seis tribus estaban cerca del monte Garizím y las otras seis junto al monte Hebál. Guando , hé aquí, que los levitas se levantan y volviéndose hácia la parte izquierda del Hebál, mandan el grito de la maldición sobre los trasgresores de la ley, y a aquel grito las seis tribus reunidas en la cima responden con tristeza: Así sea. Vuél-vense después hácia el Garizím y tomando un tono suave de voz, profieren las palabras de bendición sobre el pueblo fiel a la ley de Dios , y este pueblo, representado por las seis tribus, colocadas sobre el Garizím, responde lleno de júbilo : Así sea. Beneméritos Cooperadores y Cooperadoras, una escena semejante, pero mucho más consoladora, se nos presenta a la vista ; un nuevo templo se eleva sobre la cumbre del Esquilmo de la Ciudad Eterna, pero este templo no simboliza ya la majestad y el terror del monte Hebál. Aquel está consagrado al Corazón de aquel Jesús que, dejados los truenos y relámpagos , ama revelarse a nosotros todo suavidad, dulzura y amor. En este templo resonará la voz del sacerdote, pero no será ya voz de maldición, sino de bendición, de misericordia y perdón. ¡Oh! apresuremos la suspirada consagración; la Cruz de la iglesia del Sagrado Corazón que resaltará sobre las cumbres más altas de Roma, será todavía el símbolo consolador de nuevas bendiciones, que desde allá se esparcirán por todo el mundo, será el remedio infalible al más tremendo de los males , que desoían la sociedad actual. NOTICIAS DE LA TIERRA DEL FUEGO y de la Patagonia. S. Carlos Almagro, 29 de Diciembre de 1886. Carísimo Sr. Director : • He venido a Buenos Aires con el consentimiento de mis superiores, D. Fagnano, Monseñor Cagliero, y también del Sr. Gobernador, el cual me dió gratis el billete de ida y vuelta. El motivo que me obligó a dejar Santa Cruz es el de estudiar la manera de reunir una suma, a fin de poder construir una capilla y una casa para nosotros en aquella misión, puesto que carecemos tanto de una como de la otra. La capilla nos es de absoluda necesidad, si queremos hacer un poco de bien, como también la casa, si se quiere establecer una residencia. Me dicen que en Buenos Aires hay cólera, y que cada dia, muere un cierto número de personas, víctimas de dicha epidemia. Sin embargo no dejaré de dar los pasos necesarios para conseguir mi intento; es preciso que me mueva, y me moveré. D. Fagnano está visitando el territorio de su Misión, aprovechándose de una expedición científica a la Tierra del Fuego. Después que hubo salido de Patagones, estuvo con nosotros en Santa Cruz los dias 16 y 17 de Noviembre, y el 24 del mismo mes, despees de un viaje feliz, llegaba a S. Sebastian, bahía de la isla del Fuego, cercana a la embocadura del estrecho de Magallanes, al nord-este de la Tierra del Fuego. Según las noticias que nos llegaron, al dia siguiente (25), los soldados de guarnición fueron asaltados por los Indios Onas con una descarga de flechazos, habiendo sido herido gravemente el capitán argentino. Pero los pobres Indios quedaron bien mal parados y pagaron a carísimo precio su mucho atrevimiento, pues los soldados argentinos hicieron fuego sobre ellos y los persiguieron a bayoneta calada, dejando muertos a catorce y muchos heridos , los cuales probablemente murieron al poco tiempo. Cogieron a algunos prisioneros, entre los cuales hay dos madres, con un hijo cada una de pocos dias.- Desde el 25 de Noviembre, dia de este acaecimiento , hasta el presente , no tuvimos más noticias, ni de la expedición, ni de nuestro caro D. Fagnano, no habiendo comunicación alguna de telégrafo, ni tampoco de correos. ’ Llegué a Patagones el 15 de Diciembre en el Villarino, de vuelta de la Tierra del Fuego, el cual llevaba los prisioneros. Entre estos había una mujer, que cantaba continuamente una canción gutural y lúgubre y miraba alrededor de sí como una loca. Se creía quizá ver las fantasmas de sus parientes, muertos en la primera refriega. A bordo vi también y acaricié a algunos pobres niños ele pocos meses, primicias de la Tierra del Fuego, bautizados por D. Fagnano, que les puso al cuello una medalla de María Auxiliadora. ¡Pobres angelitos! En Patagones no he encontrado a Mons. Cagliero , pues se fué por el Rio Negro, con los sacerdotes D. Milanesio y D. Panaro y el coadjutor Zanchetta, a Ghinchinal sobre Choele-Choel, 60 leguas distante de Patagones. En un mes ha administrado ya el Bautismo a todos los niños y niñas de la tribu de Sayuhueque, y muchas confesiones y comuniones. Muy pronto hará la solemne función del Bautismo de todos los adultos, que serán cerca de dos mil Indios. D. Milanesio es su brazo derecho y habla tan bien el idioma Tehuelche, que hace maravillar a los mismos indígenas. Monseñor habita allí en una cabaña de madera que sirve al mismo tiempo de dormitorio , sala de recibo, refectorio y catedral. Entran dentro con toda libertad y sin ningún permiso el viento, arena, sol, lluvia, pero especialmente un calor de 40 grados que hace sufrir no poco a Monseñor. También D.-Piccono había estado de Misión en Bahía, en el Arroyo Curto y en Laguna Grande. Ha encontrado italianos por todas partes, y lo que es más, en Arroyo Curto, hasta Canaveses, no todos flor de cristianos, pero de buen corazón, — 32 — á los cuales nosotros estrechamos la mano de una manera fraternal. D. Remotti estaba también de Misión ya por una parte, ya por otra del desierto. Concluyo. Por aquí estamos bien. Solamente D. Bourlot fue atacado por el cólera, pero ahora está mejor que los otros, pues es un verdadero Sansón en robustez. Ruegue mucho por nosotros y haga rogar, que de veras lo necesitamos mucho, y especialmente por quien, besándole humildemente la mano, queda de V. R., Afmo. hijo en J. C. José María Beauvoir, Pbro. Rdo. Sr. D. Bosco: D. Beauvoir saliendo para Patagones, se llevó consigo algunos objetos para la proyectada exposición Vaticana. Son dos preciosos tapetes de piel con plumas de avestruz patagónico, un látigo para los caballos y algunos otros objetos más. En Patagones dejé un lindo chigliango y una capa de piel de guánaco y espero poder comprar otras cosas y mandarlas más adelante a Turin. Las hay muy hermosas que valen aquí 300 pesetas. Las ordinarias cuestan de 12 a 18 duros, según la grandeza, el dibujo y la cualidad. Son trabajos de los Indios Tehuelches, con muchos de los cuales estamos en buena relación, si bien por lo de ahora son muy pocos los que se hicieron cristianos. Cuando tendré caballos y una persona de confianza que me acompañe, iré con ellos en peregrinación a las Cordilleras, donde habitan en el verano. Estos pobres Tehuelches hállanse actualmente divididos sin un Cacique general y muchas veces se pelean unos con otros, especialmente cuando están embriagados. En tales riñas queda siempre algún muerto y muchos horrendamente heridos. Estando divididos en la lucha, por disposición gobernativa, habitan tres regiones distintas, es decir, unos la parte que está entre el Rio Sat-tegos y el de Sta. Cruz , otros entre este y el rio Cico , y la tercera parte hacia el Deseado. Además hay familias de Araucanos esparcidas por todas partes, bastante temidas por los Tehuelches por ser muy batalladoras. Ya dije a V. R. que raras veces, por falta de medios de trasporte, hube de pasar los dos rios y pude con caballos que me prestaron visitar los toldos más próximos a la ribera. Siempre me recibieron con benevolencia, encontrando al mismo tiempo buena disposición para aprender cuanto les enseñaba. No le describo cómo estando sentado en el suelo en medio del toldo , sobre una hermosa piel de guánaco o de caballo, me veia rodeado de hombres, mujeres y niños, todos atentos a lo que yo les decia. El aproximarse para ver el crucifijo y las estampas, el preguntar quién hizo tan bellas cosas , qué era lo que representaban , y otras mil y mil interrogaciones, pro ducía una escena confusa, pero carísima. Las estampas son un magnifico medio para hacer entrar en aquellas pobres cabezas las verdades de la religión. No hay sin embargo que admirarse si uno se llena de molestos animalitos, ni tampoco ser melindrosos en el comer y beber cuanto presentan. Tienen poca limpieza y un arte culinario prehistórico; un caldo indefinible en unas tazas muy sucias, un pedazo de carne asada ahumada, generalmente de guánaco o de caballo. Alguna vez no teniendo carne fresca, las mujeres con un grueso almiréz de piedra, pisan la carne de caballo secada a fuerza de viento y sol, después de haberla meneado un poco , para librarla’de las moscas y del polvo. Sin embargo es un alimento agradable para quien lo puede sazonar con el apetito. Gallo las pequeñas aventuras serio-cómicas: son cosas que suceden por todos estos pueblos, caer del caballo, empantanarse hasta las rodillas, varar en el rio sobre algún banco de arena por algún tiempo y sin poder repararse del viento y de la lluvia, y otras cosas por el estilo. El año pasado volviendo de una visita que hize a los Indios, que estaban acampados en las riberas del rio Sta. Cruz , algunas millas más arriba de la isla Pavón, atravesé el rio en un bote pequeño, pero a fin de alcanzar una galera que estaba cargando leña para el gobernador, me vi obligado a andar cerca de cinco millas a pié, casi siempre sobre piedras y arena. Hallándome cargado con mi saco y tahalí puede imaginarse como sudaría, si bien la estación fuese rígida. Finalmente llegué al sitio, los marineros me mandaron un bote, para que pudiese embarcarme y llegar adonde ellos estaban, pero por estar la marea muy baja no pude aproximarme a la orilla. Confiado en mis largas botas me metí en el agua, que por desgracia estaba más alta de lo que yo me creia, y el fango me impedía de levantar los pies de tal modo que no podía moverme. Entonces echáronme una cuerda desde el bote, y me tiraron a tierra en salvo con toda mi ropa. Conocí entonces que no es prudente el fiarse demasiado de las botas largas, las cuales son por el contrario de estorbo , cuando se llenan de agua y lodo. En aquella tarde no se pudo llegar a casa por falta de viento , debiendo sufrir durante la noche el mucho frió que hacia, pero todo , según parece, fué disposición del Señor, a fin de que aquellos marineros oyesen hablar algo de religión y leyesen al dia siguiente algunos hechos instructivos y conmovedores. Dos de estos marineros eran protestantes y el que parecía más tenáz en sus errores, me sorprendió, cuando pocos meses después habiéndolo encontrado en la calle, me dijo: — Señor Cura, ¿cuánto se paga por hacerse católico ? Yo pensé mucho sobre la religión luterana y veo que no es la verdadera, porque se separó del catolicismo -y abandonó muchas verdades y puntos importantes de fe. Respondíle naturalmente que no debía pagar nada , sino que al contrario recibiría un gran don por medio de la gracia del santo Bautismo y de los demás Sacramentos ; que su mente y corazón gozarían de ;3 — una paz inexplicable, sabiendo que pertenecía a la verdadera Iglesia, y finalmente permaneciendo fiel a los preceptos y a la doctrina de nuestro Divino Salvador, sin duda alguna poseería un ■día la eterna felicidad. En breve concluyo con decir, que después de algunos dias abjuró el luteranísimo y fue bautizado bajo condición. Ahora le diré alguna cosa sobre una visita hecha recientemente a los Indios Sulinas al Norte del rio Sta. Cruz y a la isla Pavón, distante 38 millas del embocadero y 26 del lugar de nuestra ordinaria demora. A mediados del p. p. mes de Noviembre decidí aprovecharme de una lancha que pasaba por el rio, y pude bautizar a diez personas; seis niños menores de 7 años y cuatro adultos, entre los cuales un Cacique de más de 60 años. Si no le disgusta, le narraré ahora algunas particularidades, si bien de no mucha importancia. En la lancha habia cuatro marineros: uno natural de Asti que tenia cuenta de la vela, un genovés que se ocupaba en sacar agua del bote ; los otros dos estaban embriagados. Por fortuna el que lo estaba más se quedó dormido y el otro que estaba en la timonera, no se hacia de cargo que la barra se le escapaba de la. mano. Nos hallábamos en un buen enredo, pero por poco tiempo , pues nuestro pobre marinero habiéndole dicho yo que era un buen timonero, quiso enseñarme el modo de guiar el timón. Era un gusto oirlo gritar: a babor — a estribor — fijo hácia aquella punta — allí hay un banco — allá un remolino. Por último con el favor del viento y de la fuerte marea, en breve tiempo, llegamos al sitio destinado. Los marineros querían proseguir por la isla Pavón, después de haber yo desembarcado , pero el buen viento los abandonó bien pronto y tuvieron que atracar el bote’ con el auxilio de un caballo. Todos dijeron entonces que sólo por el Cura habían tenido buen tiempo, y que apenas saltó él en tierra, el tiempo se puso malo y contrario. ■ • . El viejo ex-cacique, de quien hablé más arriba, y que en el bautismo le puse por nombre Félix, es un hombre vigoroso y robusto y ha viajado y combatido mucho con los Pampas del Rio Negro, con los Araucanos y también con sus Tehuelches. Ahora está pobre y tiene una- pierna rota, a causa de una patada que le dió un caballo. Su vieja mujer, trabaja y le asiste como mejor sabe, y puede. En otra ocasión que la vi temblando por el frió le regalé un vestido de lana : y ella sin tantas ceremonias, se lo puso inmediatamente a la presencia de todos. Cuando esté suficientemente instruida, la bautizaré. El sexagenario Félix goza cuando refiere sus aventuras, gesticula dragmá-ticamente y de cuando en cuando se acalora. Entre otras cosas narró cómo en una batalla con los Araucanos cayó gravemente herido y lo hicieron prisionero , lo mal que lo trataron , cortándole nádamenos que la oreja izquierda. Cuando decía esto, levantaba con las manos su larga cabellera, descubriendo las orejas. Después, medio riendo, añadía : mi nombre es Incel; son los cris tianos que me llamaron Patriu, porque tengo una oreja cortada, como los caballos de la nación en que se llaman Patrius. ¡Yo Patriu, repetía, yo Patriu como los caballos! No sé si hablase maliciosamente, pero es por desgracia verdad que algunos hombres tratan a sus semejantes peor que a las bestias. Desde Sulinas acompañado por un Indio cristiano y por otro que no lo era aún, recorrí cerca de nueve millas hácia el Rio Lico , donde hay tres toldos. Por el camino nos cogió un fuertísimo viento, después una lluvia abundantísima y una buena . granizada; por añadidura no podía meter los pies en los estribos, por ser estos demasiado pequeños, y al bajarme para hacerlos entrar con la mano, el brioso caballo alzó la cabeza y me dió un fuerte golpe en la frente. Quedé por un momento como fuera de mí, pero no caí; el mal consistió solamente en una herida que me quedó por señal durante algunos dias. En aquellos tres toldos hay 16 personas; cinco eran ya cristianas, y a las otras ii las bautizó, dándoles palabra de volver otra vez, para instruirlas mejor y dejarlas enteramente cristianas. He sido ya demasiado prolijo, y por esto dejo el resto para otra vez, pues quiero concluir con la visita que hize a la isla Pavón. Me acompañó D. Juan Rasso, que me ayuda mucho , sabiendo el idioma de los Indios. Llegados, después de un fuerte galope de una hora y cuarto, a la orilla del Rio y enfrente a la isla, vimos a un hombre no muy lejos de una barca. Creyendo que me hubiese visto y entendido la señal que le habia hecho, me despedí y di gracias a mi compañero que me había prestado el caballo. Fué un error puesto que me quedé en la playa paseando de arriba a bajo por más de dos horas , esperando inútilmente que el bote viniese. ¿No me han visto? ¿No quisieron verme? Yo no lo sé ni tampoco quise ‘saberlo. Habia rezado ya todo el Rosario y otras oraciones; finalmente, haciéndose noche, me alejé con- mi saco, y me dirigí hácia una casita distante unas dos horas y media, con el solo temor de no encontrar alguna vaca furiosa. Pero apénas hube subido a una pequeña montaña, fui sorprendido al ver dos hombres montados a caballo que galopaban. Oyeron mi voz y vinieron al momento. Les ayudé a echar al agua una gruesa ciatta, y en ella, si bien con mucho trabajo por la mucha corriente y fuerte oleaje que hacia , me trasladaron a la deseada isla Pavón , donde bautizó a un jovencito de 14 años. Antes para distinguirlo ,. lo llamaban Pet-tingol y ahora Enrique Pedro Dufour, habiendo querido el padrino D. Pedro Dufour dejarle su apellido. Este señor me dijo: — Mientras V. bautizaba, yo sentía dentro de mí un regocijo grande , una ternura, un alto sentimiento inexplicable; hasta ahora he amado a este jóven, pero desde hoy en adelante lo tendré como si fuera mi hijo y no como siervo. ¡Amadísimo y Reverendísimo Sr. D. Bosco! De todo lo dicho, de todo lo que otros han escrito y escribirán, puede hacerse V. R. una idea de nuestras dificultades y necesidades. Dios Ntro. — 34 — Señor inspire a V. R. para el bien de la Iglesia y de los pobres Indios, y nos bendiga a todos en Nombre del Señor y especialmente a quien tiene el honor de protestarse de V. R., . Obligadísimo hijo en J. C. Angel Savio, Pbro. Santa Cruz de Patagonia, 5 de Diciembre de 1886. Gradas de María Auxiliadora. i. Revmo. Sr. D. Juan Rosco : Amadísimo Padre : Voy a referirle una hermosa gracia de María Santísima Auxiliadora, de la cual fui testigo ocular. Habiendo yo sabido en Rio Janeiro , que una señora fazendeira llamada Antonia Lodovica Mas-carenhas, buena cooperadora salesiana, se encontraba gravemente enferma en la faz enda, y temiendo que no se hubiese confesado aún, pues hallábase su casa bastante distante de la parroquia, me decidí ir a visitarla. Debía salir para mi misión y lo hize el 21 de Agosto en compañía de D. Manuel Fonseca, hermano coadjutor, en el tren de las 7 de la mañana y llegamos a la estación de Ubá a las 2 de la tarde. Desde este punto hasta la fazenda hay todavía que recorrer a caballo tres leguas, de suerte que llegamos allá a las seis y media. La familia, que ya nos conocía , apenas nos vió, se puso toda contenta y no acababan de repetir que verdaderamente el Señor me había mandado allá, para dar a la agonizante la última absolución. Todos mostraban vivo deseo de que me quedase hasta que la pobre señora hubiese espirado. Hacía ya dos dias que la enferma no hablada nada, y se decía que no daba señal alguna de conocer a los parientes que la asistían. Sin embargo yo no tardé mucho en hacerme de cargo, que la enferma veía y oía todo, aunque pareciese que estaba sin sentido. Me quedé solo, le dirigí algunas palabras para excitarla a actos de verdadero dolor, y después la absolví y di la bendición con la indulgencia in articulo moréis. Luego rezamos con toda la familia algunas oraciones de los moribundos y las letanías, dando después la bendición de María Auxiliadora a la moribunda. Entre tanto el médico que había dicho poco tiempo antes era inminente la muerte, aproximóse al lecho y exclamó sorprendido, que el pulso de la enferma había mejorado. Entonces salí de la habitación diciendo que si notaban peoría me llamasen. Al dia siguiente por la mañana confesé a algunas personas de la familia, las cuales comulgaron en la misa , que yo quise ofrecer al Sagrado Corazón de Jesús y a María Santísima Auxiliadora por ]a enferma. Por la noche habiéndose agravado el estado de la referida enferma , me llamaron aprisa y como todos, sin excluir el mismo médico, aseguraban que estaba ya en agonía, y en efecto parecía que iba á espirar de un momento a otro, nos pusimos de rodillas, díla por segunda vez la bendición de María Auxiliadora, luego supliqué con todo mi corazón a la Sma. Virgen que concediese a la moribunda la gracia de poder conocer y hablar a sus parientes, que habían venido aquel mismo dia de lejanos países. Sin embargo al poco rato parecióme temeraria mi súplica y dije: ¿Quién soy yo , oh mi buena Madre , para pediros con tanta confianza esta gracia? Pero ¡cuán buena es María Sma. Auxiliadora ! Con grandísima admiración de todos , la señora desde aquel momento comienza a sentirse mejor,- pasa la noche más tranquila y empieza a conocer y hablar a sus parientes y a todos los que iban a verla. Por la mañana mientras me preparaba para celebrar la santa Misa, vienen a decirme que la señora habla y me llama para confesarse. Hé aquí las palabras que ella pronunció : Que do Padre que estere aquí hontem da no’ite a minha cabeceira ?’ ¿Dónde está aquel Padre que estuvo aquí ayer por la noche vecino a mi cabezera ? É a quelle a quem a Senhora deu da outra vez a esmola.. Es aquel, le respondieron, a quien V. dió la otra vez la limosna. Ah ! é aquello que cantou nao é? chamem a elle, quero me confessar; as senhoras hontem se confessarao e eu tambem quero. ¡Ah! replicó la enferma, es aquel que cantó; ¿no es verdad? Llámenlo, me quiero confesar ; Vds. se confesaron ayer; yo quiero confesarme también. Entro en la habitación y la encuentro sentada en un sillón. Me miraba. Después de varios meses de dura enfermedad y de la agonía que acababa de sufrir, habiendo estado dos dias sin habla, esperando a cada instante la última hora , oirla en aquel momento confesarse con toda tranquilidad y con tanta facilidad y claridad de mente ¿cómo se podrá negar que María Sma. Auxiliadora , puso su santa mano sobre la cabeza de aquella buena señora ? Gomo tenía además la garganta bastante libre, le administré, con todas las ceremonias prescritas, el santo Viático durante la misa. ! Oh como fué bella, conmovedora y edificante aquella función ! Más de diez parientes suyos asistían a la augusta ceremonia, sin contar con los de casa y del vecindario. La paciencia y resignación de la enferma, unida a todo lo que más arriba dije , eran para la familia motivos de grande consuelo. El 27 la señora empeoró, el 28 había entrado por segunda vez en agonía. En la mañana del 29, dia del Purísimo Corazón de María, me llamaron para asistirla en sus últimos instantes , pero después de una hora fui a celebrar la misa por ella, persuadido de que esperaba este regalo para después morir. En la santa misa supliqué a la Santísima Virgen que si su muerte estaba ya decretada, se la llevase consigo al paraíso en aquel mismo dia dedicado a su sagrado Corazón , puesto que el purgatorio parecía que lo hubiese ya hecho durante el tiempo de su larga y penosa agonía. Concluida la misa vienen a decirme que la enferma mejoraba y que había podido tomar un —- 35 — poco de caldo. Todos aseguraban que en aquel ■estado habría podido vivir muchos dias, mas yo decía : — Muere hoy seguramente ; lo verán Vds. — Me parecía imposible que María Auxiliadora, no quisiera conducir al cielo a la que había sido tan devota suya, en aquel hermoso dia de su sagrado y purísimo Corazón. En efecto, a eso de las nueve y media de la noche, espiraba estando yo a su lado. ¡ Qué muerte tan hermosa! Dispénseme V. R. si abusé demasiado de su bondad con esta carta. Me bendiga y ruegue a la Sma. Virgen a fin de que me tenga siempre bajo su preciosísimo manto. ¡ Oh cuánto lo necesito ! Todos estos hermanos me encargan haga presente a V. R. sus recuerdos. De V. R., Humildísimo y obligadísimo hijo Carlos G. Peretto, Pbro. Colegio de Sta Rosa, 16 de Octubre de 1886, II. Muy apreciable Sr. : Viva María Auxilium Christianorum /Desde seis dias a esta parte causa estragos entre nosotros el cólera morbus. Han tenido lugar seis casos fulminantes , casi todos ellos a un mismo tiempo, y cinco fueron seguidos de muerte. La sexta persona atacada fué una buena joven, criada de una óptima familia. El domingo por la mañana a las diez y media, fui llamado a toda prisa para ir a administrarle los sacramentos Acudí luego y la hallé en gravísimo estado, pude confesarla y en seguida le administré los santo óleos porque su vida se hallaba en peligro. Hecho esto me acordé que llevaba conmigo algunas medallas de la Virgen, bendecidas por el P. Bosco, y sacando una del bolsillo la di a besar a la enferma y encargué que se la colgáran • al cuello , diciéndole : — Confiad y tened fe en María: invocadla y acudid a ella bajo el título de María auxilio de los Cristianos y María os librará de la muerte, si vuestra salud corporal será provechosa a la de vuestra alma. — La enferma con viva y santa alegría besó la medalla y cuando se la hubieron colgado al cuello, le pareció que ya se hallaba en salvo. En aquel mismo momento dirigí desde el fondo de mi corazón, una súplica a la Sma. Virgen María, diciendo : — María Auxilium Christianorum, ayudadnos en esta desventura y si aun no es tiempo de que cese la cólera de Dios, haced que se mitigue al menos, de manera que este morbo fatal no cause tantos estragos, y puedan los enfermos curar y restituirse a su primera salud. Yo, en prueba de reconocimiento y gratitud trataré de difundir cada vez más, entre mis feligreses, la devoción hácia vos, y los excitaré a invocaros bajo el glorioso nombre de Auxilio de los Cristianos , y difundiré entre ellos las medallas que llevan vuestra efigie. Estos pensamientos cruzaron por mi mente ante el conmovedor espectáculo que presentaba la enferma. Habiéndome detenido aún algunos momentos en aquel aposento, me pareció ver en la enferma mayor calma; luego, poniéndola bajo la protección de la Virgen, volví a la parroquia. Al oscurecer, fui nuevamente a visitarla y noté en ella una sensible mejoría. Volví al otro dia por la mañana y por la tarde, y conocí entonces que María Auxiliadora había escuchado la oración y otorgado la gracia. La joven se vió libre no solo del cólera sino también del tifus que la acompañaba y que era lo que más hacía temer al médico. Desde aquel dia parece también que el cólera se manifiesta con un carácter más benigno. El mártes tuvieron lugar otros cinco casos, los cuales, aunque se presentaron con gravísimos síntomas, se hicieron luego menos temibles; no son rebeldes a la medicina y continúa la mejoría, si se exceptúa un caso declarado por el médico esporádico, al cual siguióse inmediatamente el tifus galopante. Es el paciente un jovencito de 12 años y se halla en gravísimo peligro ; anoche cuando le puse al cuello una medalla de la Virgen , parecía estar ya moribundo. ‘ Esta mañana fui a verlo, lo llamé y me reconoció. ¿ Quizá no lo salve la Virgen ? Yo lo espero. El poder de María es inmenso, a no ser que sea más provechoso para su alma el dejar este mundo en tan tierna edad, la Virgen es tan buena que no dejará de escuchar nuestras preces. Dígnese también V. R. pedir por él. Le ruego me envíe un millar de medallas benditas por Don Bosco , para distribuirlas en esta población. Sobremanera agradecido a nuestra celestial Madre, me declaro de V. R., V. V. Q. B. 8. M., . Francisco Basilio, Pbro. Lacora de Sambonifacio, 23 de Julio de 1886. HISTORIA BEL ORATORIO BE S. FRANCISCO BE SALES, ■ (Continuación.) CAPÍTULO II. Fiesta de la Inmaculada Concepción. ■ – Principio del Oratorio Festivo. El Oratorio de S. Francisco de Sales , como todos los otros de su clase, es como una familia de pobrecitos. Pero para que una familia sea bien dirigida, educada y protegida, necesita una madre amorosa. Madre piadosa de estos Institutos y su poderosa Protectora, debía ser la excelsa Virgen María. Muchas pruebas elocuentes podríamos citar para demostrar que tal era la voluntad de Dios; pero debiendo aún conservarlas ocultas, nos contentaremos con recordar que pre – 36 — cisamente en un dia dedicado a la más herniosa prerogativa de la Reina celestial, tuvo principios el Oratorio, cuya historia referimos. La vista lastimosa de jóvenes encarcelados y de tantos otros desgraciados que seguian el camino del deshonor y de la perdición, era un estímulo que incesantemente punzaba el corazón de D. Bosco, y le impelía con violencia a consagrarse con singular empeño al cuidado de tantos jóvenes inexpertos y casi completamente abandonados. Después de haberlo consultado con Dios y con D. Gaffasso, empezó a idear el modo y el tiempo de dar principio a su obra. Hacía ya algunos dias que se ocupaba de esto, cuando de repente un hecho inesperado le abrió el camino. Expondremos este hecho como nos lo han referido algunos de nuestros más antiguos compañeros. El 8 de Diciembre de 1841 , fiesta de la Purísima, se hallaba el P. Bosco en la sacristía de la Iglesia de S. Francisco de Asís,, y cuando empezaba a revestirse con los ornamentos sagrados para celebrar el santo sacrificio de la Misa, el sacristán llama a un joven pidiéndole la ayudase. — No sé, le contestó el joven avergonzado. Ven acá, quiero que ayudes la Misa. — No sé, volvió a decir el joven. — Y si no sabes ayudar a Misa , replicó el sacristán enfurecido , ¿para qué vienes a la sacristía? y tomando el plumero descarga fuertes golpes sobre el pobre niño.’ El P. Bosco al ver esto levantó su voz contra el sacristán, diciendo: ¿qué haces? ¿porqué maltratas a ese pobre niño ? ¿ qué mal te ha hecho? — ¿Y para qué viene a la sacristía, si no sabe ayudar a misa? — De cualquier modo que sea, has obrado muy mal; — ¿Y Vd. qué tiene que ver? — Tengo que ver; es un amigo mió. Llámalo inmediatamente, necesito hablarle. El sacristán obedeció a las órdenes del P. Bosco, y el jóven se le acercó temblando y llorando. — ¿Has oido Misa? le preguntó amablemente el P. Bosco. — No, contestó el niño. — Bueno, ven ahora a oirla, y después te hablaré de un asunto que te agradará mucho. El deseo del P. Bosco era tan solo de mitigar la aflicción del pobre muchacho, y borrarle una mala impresión contra las personas empleadas en la sacristía; pero mucho más elevados eran los designios de la Providencia, que quería en aquel dia asentar la base de un grande edificio. Después de haber concluido la santa Misa y la acción de gracias, llamó al jóven y con semblante alegre asegurándole que el sacristán no volvería a maltratarlo, le hizo las siguientes preguntas : — ¿ Cómo te llamas, mi querido amigo ? — Me llamo Bartolomé Garelli. — ¿De qué pueblo eres? — Soy de Asti. — ¿ Vive todavía tu padre ? — No, mi padre se ha muerto. — j Y tu mamá ? —• También ha muerto. —■ ¿ Cuántos años tienes ? — Tengo diez y seis. — ¿Sabes leer y escribir? — No sé. . — ¿Has hecho ya la primera Comunión? — Todavía no. — ¿ Te has confesado alguna vez ? — Sí, pero cuando era chico. — ¿Vas al Catecismo? — No me atrevo. — ¿Por qué? — Porque mis compañeros, a pesar de ser más chicos , saben la doctrina , y yo tan grande no sé nada; por eso tengo vergüenza de ir con ellos. — Y si yo te enseñase el Catecismo separadamente, ¿ vendrías a aprenderlo ? — Si, vendría muy contento. — ¿Y te gustaría venir en este cuarto? — Sí, pero con tal que no me castigasen. — No tengas miedo, nadie te hará nada. De aquí en adelante tu serás mi amigo , y tendrás que verte conmigo solamente. ¿Cuando quieres empezar? — Cuando Vd. quiera. — ¿Esta tarde? — Si. — ¿Quieres también ahora? — Bueno, con mucho gusto. ■ Entonces el P. Bosco empezó por la señal de la cruz, pero su discípulo no lo seguía porque no sabia ni el modo ni las palabras, y por eso el maestro en la primera lección se entretuvo en enseñarle el modo de hacer la señal de la cruz, la existencia de un Dios Criador y el fin para que hemos sido creados. Después de media hora lo despidió con mucha amabilidad , suplicándole que no faltase el próximo domingo. Aunque de escasa memoria , sin embargo con la constancia y el empeño del P. Bosco, el jóven con pocas lecciones logró aprender todo lo necesario para hacer una buena confesión y poco después una santa Comunión. No pasó mucho tiempo sin que muchos otros jóvenes se juntasen con este primero , que bien puede llamarse la primera piedra del Oratorio. Sin embargo el P. Bosco en aquel invierno se limitó a atender a algunos más grandecitos, que se encontraban en Turin lejos de sus familias , y que necesitaban un catecismo especial. Entre estos había muchos de Biella y de Milán , la mayor parte albañiles. Este es por lo tanto el principio de nuestro Oratorio, que , bendecido por el Señor y protegido por la Inmaculada Maria, se ha extendido admirablemente. C Continuará) Con aprobación de la Ant. Eclesiástica — Gerente HATEO GHIftUOlfE Tnrin, 1887 – Tipografía Saiesiana. Roma, Turin — LIBRERIA SALESIANA — Montevideo, Buenos Aires SCRIPTURA SACRA. BIBLIA SACRA Vulgatae .editionis, Sixti V. Pontificis Maximijussu reco-gnita et Glementis VIII. auctoritate edita. Editio emendatissima S. Indicis Gongregationis Decreto ■ probata. Un tomo en-8° de 848 pág. Pesetas 8 50 « Index. Praefatio ad lectorem — Clemens Papa VIII ad perpetuara reí raemoriam — De Canonicis scripturis Decretan ex Concilio Tridentino, sectione quarta — Hieronymi Prologue Galeatus — Génesis — Exodus — Leviticus — Numeri — Deuteronomium — losue — Líber ludieran — Ruth — Regum primus, secundus, tertius et quartus — Paralipomenon primus et secundus — Esdrae primus et secundus — Tobías — Judith — Esther — Job — Líber Psalmorura — Proverbia Salomonis — Eoclesiastes — Cántica canticorum — Líber Sapientiae — Ecclesiasticus — Isaías — Jeremías — Baruch — Ezechiel — Daniel — Osee — Joél — Amos — Abdias — Joñas — Michaea — Nahum — Habacuc — Sophonias — Aggaeus — Zacharias — Malachias — Machabaeorum primus et secundus — Evangelium secundum Matthaeum. Marcurn, Lucam et Joannem — Acta Apostolorum — Pauli Epístola ad Romanos, ad Corinthios prima et secunda, ad Galatas, ad Ephesios, ad Philippenses, ad Thessalonicenses prima et secunda, ad Timotheum prima et secunda, ad Titum, ad Phi-lemonem ét ad Hebraeos — Jacobi Epistola — Pétri Epístola prima et secunda — Joannis epístola prima, secunda et tertia — Judae Epistola — Apocalypsis — Oratio Manassis— Esdrae líber tertius et quartus — Index testimoniorum a Christo et Apostolis in Novo Testamento citatorum ex veteri quae huc in id congesta sunt — Hebraicorum, Chaldaeorum, Graecorumque nominum interpretatio — Cronología Novi Testamenti — Index biblicus, qui res eas, de quibus in sacris bibliis agitur, ad certa capita, alphabeti ordine digesta, revócalas, summa brevitate complectitur. » ■ COMPENDIUM BIBLICUM, sen brevis expositio historiarum praeceptorum prophetiarum , admonitionum quae in Divino Volumine continentur ; en-64°… . . . . . . . . . . » 0 80 SINOPSIS BIVINI VOLUMINIS exegetico-scientifica ab Alphonso Maria Barretta ex-catliedralis Ecclesiae Frequentinensis Canónico Tlieologo expósita et in dúos libros distributa. Dos volúmenes en-8° de 1486 pág. » 19 00 INJUNIVEBSAM s. SCRIPTURAM R. P. Jacobi’ Tirini S. I. commen-tarius cui praeter SS. Bibliorum textum ad exemplar vaticanum exa-ctum, accedunt prolegomena Levini Lemnii et Franc. Ruei et notationes quamplurimae P. Zachariae et P. losephi Brunengo; 5 vol. en-8° >> 60 00 NOVUM TESTAMENTUM vulgatae editionis Sixti V. et Glementis VIII. Pontt. Maxx. iussu recognitum atque editum; Un tomo en-16° de 620 páginas . . . . .. . . . . . . . » 3 25 SUPPETIAE EVANGELII praeconibus qui Madurensem missionem excolunt peramanter oblat.ae ab eorum sodali T. A. Gallo S. I. Cuatro vol. en-16° de 1420 pág. . . . . . . . …. . » 17 00 CONGIONES IN EVANGELIA et Festa totius.. anni,. quibus accedunt Gon-ciones fúnebres et nuptiales; R. P. Mattbiae Fabri 10 vól. en-8°. » 90 00 Catálogo Metódico — Ciase I, Teología — Categoría i, Sagrada Escritura Roma, Turin — LIBRERIA SALESIANA — Montevideo, Buenos Aires LITURGIA. BBEVIAEIÜM BOMANUM ex decreto SS. Goncilii Tridentini restitutum, S. Pii V. Pontificis Maximi jtissu editum, Glementis VIII, ürbani VIII et Leonis XIII auctoritate recognitum, cum adprobatione S. Rituum Gongre-gationis; 1885, 4 vol. in 16°, charactere rubro et nigro . . Peset. 22 00 — Encuadernados en tela inglesa y dorso flexible . . . . » 29 — — En piel, dorso flexible y corte encarnado. . . . . . » 30 -— — En piel, corte dorado . . . . . . . . » 37 — —• En chagrin negro, corte dorado, dorso flexible . . . . » 42 — Taurinensem hanc editionem Breviarii Romani in quatuor partes noviter e-ditam, quam vobis exhibemus, vobisque commendamus, Revmi. Ecclesiae Christi Sacerdotes, humaniter ac benigno vos excepturos confldimus. Locupletissima namque est, et ut numeris ómnibus esset absoluta totis viribus conati sumus. In primis novam hanc editionem ad normam recentiorum decisionum redegimus, quas per suas Litteras Apostólicas diei XXVIII Julii anni 1882 S. D. N. Leo P. XIII ad universam Ecclesiam Breviario Romano utentem direxit, et per S. R. Congre-gationem explicavit. Quod quanto oneri editori, sacerdotibus vero commodo atqu® utilitati sit, nenio est qui non videat. Quapropter in hac nova editioneofficia vel recentius concessa, vel ad nniversam Ecclesiam extensa, aut in nonnullis immutata et correcta suis locis collocavimus; offlcia vero votiva per annum, rita semiduplici, pro singulis hebdómada feriis ex indulto concessa adjecimus, una cuín suis rubricis rubro charactere impressis. Haec peculiariter quoad editionis ordinem et perfectionem. ‘ . Si vero inspiciatur Typographi sollicitudo et cura, tum pro nitore et perspi-cuítate impressionis, tum pro grammaticali et orthographica correctione verboram; si splendor impressionis coloribus nigro-rubris exornatae, si commoda in quatuor volumina divisio non ita grandia singula ut oneri sint, sed satis ampia et perspicuis characteribus typicis ut visui omnium facilis sit lectio, haec editio certe prae ómnibus erit accepta. Et certe nihil infectum reliquimus quominus perfectissima evaderet, quod apprime agnoscens Sacra Rituum Congregatio sua adprobatione communivit. Inspecta insuper pretil tenuitate, certe hsec editio omnium commodissima erit. Qui illam igitur sibi comparare voluerit litteras mittat una cum pretio inferius adjecto. — In Italia: A la Librería Salesiana, Calle Cottolengo 32, Turin. BREVIARIUM BOMANUM ex decreto etc. Totum, en 32°, dividido en veinte libritos cómodos para viaje, 1887 . . . . . » 12 00 — Encuadernados en chagrin . . . . . . . » 16 00 Cum ex Revisione peracta ab admodum Rev. P. Hadriano Saraceno Presbytero Gong. Oratorii Nobis constet hanc editionem Breviarii Romani exactam esse ad Normam Decretormn S. Gong. Rituum, quae novissime edita sunt, eam vulgari permittimus. Taurini, die 30 decembris 1886 f GAJETANUS Cardinalís Archiep. Th. Joseph Corno, Cancell. Arch. BREVIARIITM BOMANUM etc. Totum in 16°, Editio Mediolanensis. » 8 00 — Encuadernado en piel . . . . . . . . » 10 00 — — — chagrin negro, corte dorado . . . » 21 00 Catálogo Metódico — Clase I, Teología — Categoría 0, Liturgia — Breviario.