Febrero 1893

Boletín Salesiano. Febrero 1893 AÑO VIH. – N. 2. Publicación mensual. FEBRERO de 1893 BOLETIN SALESIANO Debemos ayudar á nuestros hermanos á fin de cooperar á la difusión de la verdad. (III S. Joan, 8). Atiende á la buena lectura, á la exhortación y á la enseñanza. (I Timoth. iv, 13.) Entrelas cosas divinas, la más sublime, es la de cooperar con Dios á la salvación de las almas. (S. Dionisio.) £1 amor al prójimo, es uno da los mayores y más excelentes dones que la divina bondad puede conceder á los hombres. (El Doct. S. Fiíanc. de Sales). Quien recibiere á un niño en mi nombre, á mi me recibe. (Math. xviii.) Os recomiendo la ñinez y la juventud ; cultivad con grande esmero su educación cristiana; y proporcionadle libros que le enseñen á huir del vicio y á practicar la virtud. (Pío IX.) Redoblad vuestras fuerzas á fin de apartar á la niñez y juventud de la corrupción é incredulidad y preparar asi una nueva generación. (Leon XIII.) -4-§3( DIRECCION en el Oratorio Salesiano — Calle de Cottolengo N. 32, TURIN (Italia) SUMARIO Jubileo de S.S. Léon XIII. ¡Viva el Papa! El Misionero Salesiano de América en el cuarto centenario an Pedro. El jubileo episcopal del Sumo Pontífice, esto es, el feliz aniversario del quincuagésimo año de su consagración episcopal es motivo bien fundado de fiesta que llena de entusiasmo á los católicos del mundo entero. ¿Hay acaso en la tierra persona más ilustre que León XIII? Todas las gran-g>s se eclipsan delante de él. ’*’>x™udente, enérgico y miseri-«»z», < « gobernantes. Filósofo, teólogo,... * . . . templa coi vista do de las naciones, previene vicisitudes los pueblos, y con maravillosa sáISfi)a/1 resuelve los más difíciles problemas so- ciales. Enemigo invencible del error, señala una á una las aberraciones de nuestro siglo y confunde el espíritu del mal y á los secuaces desgraciados de las doctrinas de Satanás. Anciano octogenario conserva vigorosa la mente y toda la actividad de la juventud, con más la santidad que encanta. Vicario de Jesucristo, Pastor supremo, Maestro universal y Pontífice infalible, León XIII es una prueba manifiesta de la asistencia de Dios á la Iglesia. Sí, a — 18 - Dios, que tan admirables cosas ha hecho, debemos gratitud y alabanzas infinitas. Católicos, alzad los ojos al cielo, y consolaos porque Dios está con nosotros. Expuesta la Iglesia á continuos combates, cada página de su historia nos muestra uno de sus triunfos, y toda entera confirma la eterna palabra; que las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. ¡Quó toda la cristiandad celebre gozosa el Jubileo del augusto Pontífice! Llaraá-sele Padre Santo, porque á la verdad aína á sus hijos con singular ternura. Y ahora para avivar el contento de todos ha acordado las gracias siguientes (1): Io Indulgencia plenaria á los peregrinos que vayan á Roma. 2o Indulgencia plenaria á los fieles que, unidos en espíritu con los que van á Roma, hagan una novena rezando una tercera parte del rosario, ya en los días que inmediatamente preceden al 19 de febrero do 1893, ya en los que fijare el ordinario de cada diócesis. 3o Indulgencia plenaria á cuantos hicieren los ejercicios espirituales ó tomaren parte en las misiones que se dieren en 1893, con tal que se confiesen , comulguen y nieguen según la intención del S. Padre. 4o Indulgencia de 300 días por cada día de la novena, ejercicios ó misiones. 5o Dichas indulgencias son aplicables á las almas del Purgatorio. ¡VIV-i üL PAPA! Este jes el grito en que llenos de júbilo prorrumpen los corazones de la cristiandad entera. ¡ Viva el Papa! Días de honor y gloria, días de fiesta sin par se preparan al anciano venerando que gobierna la Iglesia, al Padre amadísimo de la gran familia cristiana, al Vicario augusto de Jesucristo. El 19 de febrero, como palomas atraídas misteriosamente volarán á Roma la mente y el corazón de todos los fieles (1) Audiencia del 16 de diciembre do 1892. del mundo católico; y al contemplar en el más alto personaje de la tierra tantos tesoros con que le han dotado la naturaleza y lá gracia entonarán un himno de purísima alegría y bendecirán mil j mil veces al Señor. ¡Viva el Papa! Este es el grito entusiasta que con toda el alma repiten los hijos de la luz en los montes y en los valles, en las ciudades y los campos, entre las ondas de los mares y hasta en las arenas de los desiertos. ¡Viva el Papa! es el grito de la fe y del amor; grito que encierra los votos más fervientes al Cielo por la felicidad del Pontífice Santo, por el cumplimiento de sus constantes deseos y el triunfo espléndido de la Iglesia. ¡Viva el Papa! León XIII y Don Rosco. ¡Ah si viviese todavía Don Bosco! ¡ Cuánto amaba él al Padre Santo! Aun del lecho de muerte su pensamiento volaba con frecuencia al Vaticano y con el más tierno afecto hablaba de León XIII con el Eminentísimo Cardenal Alimouda que proyectaba viaje á Roma. La primera vez que Don Bosco se encontró en la ciudad eterna con Su Santidad León XIII fué cuando la Iglesia llorando la muerte de Pío IX trataba de darle un sucesor Hé aqtií o»*110 Bosco mismo describe apn-J momento en su bellísima obra sobre el nuevo Papa: «Un sacerdote forastero (así se esconde en el anónimo) debiendo hablar con el Cardenal Secretario de Estado sobre un asunto urgente, caminaba por las salas y corredores del Vaticano, sin saber dónde hallarle, cuando de repente le presentan al Carel. Camarlengo, el Eminentísimo Pecci. El sacerdote contempla el semblante angélico del Purpurado y con afecto filial le dice: , — Permítame V. Em. besarle la mano. — |Quién sois? — Un pobre sacerdote que al 1\ «ir ahora la mano de V. Em. ruega *con firme esperanza para poder dentro de poco besarle el pie. — ¡Cuidado! que os prohíbo rogar con ’tal intención. — V. Em. no me puede prohibir que niegue á Dios para que se haga lo que sea de su agrado. SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIII — 20 — — Os amenazaré con nna censura. — V. Em. no tiene aún autoridad de fulminar censuras; cuando la tendrá sabré respetarla. — I Quién sois? — Soy N... (y Don Bosco dijo su nombre). — ¡Oh basta! no me habléis de esto; es tiempo de trabajar, no de chancearse. Partió Don Bosco con el corazón lleno de afecto hacia el futuro Pontífice, afecto que unido á la mayor veneración le movió á ir repetidas veces á Boma para ver y oír al Papa y presentarle los más delicados homenajes. No es, pues, fuera de propósito estampar aquí lo que Don Bosco decía con respecto á León XIII al celebrarse el Jubileo sacerdotal de Su Santidad. Como se le pidiera un autógrafo para un Album que se quería publicar en honor del Santo Padre, escribió : « Hago míos todos los sentimientos de fe y estimación, de respeto, veneración y amor de San Francisco de Sales al Sumo Pontífice; repito gustoso todos los títulos de gloria con que le han honrado los Santos Padres y Concilios, y formando con ellos á manera de corona de piedras preciosas la ciño á la cabeza del Papa... Jamás los miembros de la humilde Sociedad de San Francisco de Sales se separen de los sentimientos de nuestro Santo Patrono respecto á la Sede Apostólica ; acojan pronta y respetuosamente y con simplicidad de mente y corazón no sólo las decisiones del Papa sobre el dogma y la disciplina, sino aun en las cosas de libre discusión abracen la opinión que él como Doctor privado sustenta antes que la de cualquier otro teólogo ó doctor del mundo. ¡ Ojalá que tal sea la línea de conducta de los Salesianos y de sus Cooperadores; más aún, que lo sea de todos los fieles y en especial del Clero, porque á más de los deberes que los hijos tienen de respetar á su padre, á más del que los cristianos tienen de venerar al Vicario de Jesucristo, el Papa merece la mayor deferencia, como que ha sido escogido entre todos los hombres más ilustres por su doctrina, más estimados por su prudencia, más insignes por su virtud y porque el Espíritu Santo le asiste particularmente en el gobierno de la Iglesia. » Lcóm XIII y los Salesianos. Es para nosotros hijos de Don Bosco prenda de honor muy estimada el imitar en todo y siempre á nuestro muy querido y venerado Fundador y Padre. Si bien nuestro afecto y deferencia al Santo Padre no haya tenido límites y en él veamos al Príncipe de los Apóstoles, al Vicario de Dios, los sentimientos de Don Bosco, su corazón y su espíritu son nuestro tesoro, sus palabras son las nuestras, su conducta la que nos proponemos seguir. Los Salesianos, y sus Cooperadores con quienes forman una sola familia, se ufanan, por tanto, en presentarse en la primera fila en el ejército de los hijos más sumisos y admiradores más decididos del Gran Pontífice que rige los destinos de la Iglesia de Dios, el inmortal León XIII. Nuestras escuelas y talleres, colegios y asilos, oratorios y seminarios, colonias agrícolas y misiones, nuestra palabra y nuestra acción, nuestra pluma y nuestras imprentas, todo hasta la misma vida lo ofrecemos rendidamente al Sumo Pontífice. La Exposición Vaticana y la de Londres, la de Bruselas y la de Barcelona (1888), la de Colonia (1889) y la de Edimburgo (1890) acordaron honrosos premios á nuestra tipografía de Turín por el riquísimo volumen trabajado expresamente para obsequiar á Su Santidad León XIII. De nuestras casas, tres están dedicadas al Papa de un modo particular. La primera, con el nombre de S. León, es la de Marsella fundada el año mismo de la coronación del Pontífice reinante. La segunda, en Loreua en el Brasil, llámase de San Joaquín. La tercera, en la capital de Colombia, se apellida de León XIII- ¿Qué haremos ahora para celebrar la fiesta que se aproxima? El monumento salesiano que recuerde á la posteridad el glorioso Jubileo episcopal de León XIII está ya erigido, su inauguración solemne tendrá lugar en este mes: es un monumento en que puso mano Don Bosco mismo antes de volar al cielo, monumento alzado con el óbolo de nuestros amados Cooperadores y destinado al bien de los huérfanos de cualquier parte de la tierra que lleguen á él. — 21 Este grandioso monumento ofrecido al Papa por los Salesianos y sus Cooperadores es el Asilo del Sagrado Corazón de Jesús en Roma, establecido junto á la iglesia del mismo nombre, que bien sienta esta vecindad, pues Jesús decía: Dejad que los niños se acerquen á mí. ¿Qué monumento más digno del Papa? En él se compendia la obra Salesiaua, y él es como un cuadro vivo de cuanto la divina Providencia inspiró á Don Bosco para bien de la Iglesia y consuelo de su augusto Vicario: Oratorio festivo, escuelas, clases diurnas y nocturnas, internado, talleres para estudiantes, talleres para artesanos, y no pocos seminaristas y sacerdotes que se preparan para múltiples trabajos. Aquellos niños y aquellos muros repetirán diariamente y con elocuente voz un grito dulcísimo : ¡ Vira el Papa! ¡ Viva el Jubileo episcopal de S. S. León XIII! EL MISIONERO SALESIANO DE AMÉRICA en el IV Centenario del descubrimiento dei Suevo Mundo. ¡ Oh Señor, Dios omnipotente y eterno, creador de los cielos, de los mares y de la tierra, bendecido y glorificado seáis en todo el universo, porque os habéis dignado permitir que vuestro santo nombre sea predicado por vuestro humilde siervo en esta otra parte del mundo! Tal es la oración que, hace cuatrocientos años, Cristóbal Colón, con las lágrimas en los ojos, elevaba á Dios postrado en la tierra donde acababa de enarbolar el estandarte de la cruz. Tal es también la oración que lleno de gratitud y entusiasmo hace ahora el Misionero Salesiauo: Bendito-y glorificado seáis, amantísirao Señor, que por efecto de vuestra bondad infinita me habéis escogido entre vuestros numerosos siervos y me habéis conducido á este lugar para continuar la obra comenzada por aquel héroe cristiano á quien enzalsa todo el mundo. El antiguo y el nuevo continente, salvando toda distancia, y animados de igual alegría, han celebrado el cuarto centenario del descubrimiento de Améri’ca. Haciendo la apoteosis de Colón se ha festejado al apóstol de la fe, porque, según las palabras de S. S. León XIII, al atravesar el océano, Colón tenía la más alta mira, cual era la de difundir la predicación del Evangelio. Aquel ínclito navegante con su genio intuitivo veía ya en lo por venir diseminados los misioneros en toda América y se felicitaba de participar de sus méritos. Y ahora ve desde el cielo realizada su previsión y se alegra de los triunfos quo la Iglesia de Cristo obtiene hasta en la Patagonia y Tierra del Fuego. Cierto es que apenas descubierto el Nuevo Mundo se estableció una corriente impetuosa de emigrantes en busca de dinero, y que la sed del oro fué grande obstáculo á la conquista espiritual; pero, dicho sea en honor de la Iglesia, jamás el Vicario de Jesucristo dejó de enviar hombres apostólicos á arrojar la semilla del Evangelio y regarla con sus sudores, cuando no con su sangre. Muchos son los héroes de la caridad que en cuatrocientos años han trabajado con celo indecible en salvar las almas de los Americanos indígenas: Franciscanos, Dominicanos, Jesuítas, Mercedarios, Benedictinos, etc., cuentan numerosos campeones y quizá no pocos mártires. En cuanto á los Salesianos, puede decirse que son de ayer, si bien ya hace diez y siete años que con todas las santas industrias inspiradas por el celo de su • fundador se empeñan en ganar almas para el cielo. Llenos de confianza en la Providencia y seguros de la protección de María Auxiliadora continúan la grande obra comenzada por Colón, dan gracias á Dios por haber suscitado aquel genio para tan alto designio, y celebran de todo corazón y en la mejor manera posible el cuarto centenario de tan feliz acontecimiento. Según lo hemos dicho en el Boletín anterior, una numerosa expedición de religiosos Salesianos ó Hijas de María Auxiliadora recibió el 6 de diciembre en la iglesia de María Auxiliadora la bendición del diocesano y del superior, dió un adiós á la patria y partió para América. Esta fiesta conmovedora en extremo coincidió con la que los Salesianos hacían en Turín para gloria do Colón. Ño podía ser mejor interpretado el espíritu del descubridor del Nuevo Mundo, ni tampoco-el de Don Bosco, como quiera que entre las cosas divinas la más sublime es la de cooperar con Dios á la salvación de las almas. — 22 — EL SECRETO DE LA ENSEÑANZA LAICA ---op--- (Son palabra» de Sarda y Salvany). El objeto de la Revolución es pura y simplemente la descristianización del mundo y la proclamación en él del falso derecho del hombre rebelde, en sostitu-ción del derecho verdadero de la autoridad de Dios. Por esto todo lo que hasta hoy se ha visto en el mundo con el nombre de Revolución , no han sido, si bien se mira, más que las avanzadas de ella, los tiroteos y escaramuzas que preceden al combate definitivo. Lo que se ha realizado y se va realizando en el terreno de los sistemas políticos; las transacciones y fórmulas conciliatorias que se han discurrido para ir sosteniendo, por un día al menos, cierta aparente paz; las reformas económico-sociales con que se amenaza al rico; los ideales utópicos con que se halaga al pobre; las mil y una triquiñuelas legislativas con que se quiero tener amordazada á la Iglesia, todo eso no soñ más que preparativos para el último tremendo abordaje. Día vendrá, y será muy presto, ¡ojalá fuese hoy! en que no habrá más que dos términos en el problema, dos banderas en el campo de batalla. Él ateísmo franco, qne al fin por todos se llamará así; y el Catolicismo entero, que por todos será con este nombre reconocido. Entre tanto que esto no llega, es inevitable cierta confusión: el enemigo viste á veces nuestro propio traje y adopta nuestras mismas divisas para lograr de flanco lo que aún no podría de frente; se contenta con ataques parciales, pero que con todo y ser parciales, cada día se van más á la raíz. Ahora bien; el combate de hoy es el de la enseñanza. Atended una observación. La Revolución, hasta hace poco, para hacer un ateo tuvo que deshacer antes un buen ó mal católico, porque no habiendo en el mundo más que buenos ó malos católicos, claro está que de ninguna otra cosa podía echar mano para formarse prosélitos. Hacer de un católico, sobre todo de un mal católico, un ateo, no parece cosa difícil á- primera . vista. ¡ Son tantas las pendientes vergonzosas por donde se puede ir de la fe á la incredulidad! ¡Son tantos los atractivos del mundo, demonio y carne (esta última sobre todo), que le hacen suave y resbaladizo al hombre el camino de la duda y de la negación ! ¡ Es tan seductora la libertad! ¡ Es tan bella la ancha vida! ¡Es tan irreflexiva la juventud! ¡Ejerce tan despótico ascendiente la moda! Sucedía, empero, que un ateo hecha de esta manera rara vez llegaba á ser ateo de veras. Parecíalo casi siempre á primera vista; pero la antigua levadura católica permanecía más ó menos en el fondo de su corazón. El ateo de tal suerte construido blasfemaba, sí, como un demonio; maledecía al cielo, asesinaba frailes y saqueaba conventos, derramaba veneno con su lengua ó con su pluma, era, en una palabra, lo que hemos visto en muchos de nuestros desdichados hermanos, bautizados como nosotros y educados por madres cristianas como nosotros, que sin embargo han sido el azote de su fe y de su patria desde el principio de este siglo acá. Más que ateos, eran malos católicos al servicio del ateísmo. Así que, á lo mejor, ó por el mayor sociego de la edad, ó por un repentino desengaño, ó por la voz fervorosa de un misionero, ó por cualquier otro de los medios que tiene la divina gracia á su disposición, nuestro fiero revolucionario acordábase, sin saber como, de su primitivo ser de católico, despertábase en él de súbito la fe largos años aletargada, volvían á sus labios las oraciones de la niñez por tanto tiempo olvidadas, confesábase y envejecía y moría tal vez como un santo, el que durante la mayor parte de su vida no fué sino un verdadero instrumento y satélite de Satanás. Cada día estamos recogiendo en el confesionario y en el lecho de muerte los últimos restos de esta generación criminal, sí; pero, más aún que criminal, seducida ; cada día recobra Dios muchos de esos pródigos infelices, que con lágrimas en los ojos tornan al paterno hogar. Por donde claramente se ve que el trabajo revolucionario no producía así resultados más que á medias. Primero, porque nunca, podía ser verdadera revolución una revolución que en el fondo no era hecha ni sostenida más que por católicos. Segundo, porque esos mismos - 23 - católicos revolucionarios no lo eran por lo común toda la vida, y al fin de ella salvaban muchos sus almas y procuraban reparar los males causados, con buenos ejemplos, ó aun con buenos escritos tal vez. No, el anhelo de la Revolución había de ser, y era, y es hoy, tener revolucionarios hechos ad hoc: revolucionarios francamente tales ó sea francamente ateos; revolucionarios sin lastre católico de ninguna clase que templase su fiereza ó paralizase su acción; revolucionarios con la menor probabilidad posible de dejar de serlo; revolucionarios, no hechos de un católico deshecho ó pervertido, sino hechos a priori, hechos tales al nacer al mundo, ó por lo menos al nacer á la vida intelectual. Sólo éstos serían revolucionarios sin resabio alguno de clericalismo, con todo el vigor de su savia nativa, con toda la virginidad de su temple infernal. Para eso era indispensable tomar al hombre, no ya desde joven, sino desde niño; no desde la edad de la educación; no irle á buscar precisamente al taller ó á la universidad para conducirle al club, sino ir como á tomarle del regazo de su madre para conducirle á una escuela especial. Esta escuela especial, donde se ha de formar el ateo, claro está que no puede ser ni la escuela sinceramente católica ni aún la simple escuela oficial en que aún no se ha abjurado el Catolicismo. Esta escuela especial, escuela preparatoria para el club, es la escuela laica: escuela atea, dirigida por maestros ateos para sacar discípulos ateos; que tales, según dicen por ahí, conviene que sean los ciudadanos todos del porvenir. He aquí la escuela laica. Lo que allí se hace es lo siguiente, con lo cual se le acabará de ver la satánica intención. En primer lugar se procura que el maestro sea hombre sin Religión. Naturalmente, para formar discípulos ateos, lo procedente es ponerles por de pronto á la vista del ejemplo práctico de una vida atea. Conviene que los niños vean desde us tierna edad que su maestro, del cual siempre tienen los niños un concepto superior, no oye misa, ni entra en la iglesia, ni respeta al sacerdote, ni saluda al crucifijo, ni vive casado en regla con su mujer, ni envía á bautizar á sus hijos, ni reza en casa, ni tiene en ella cuadros ó libros de santos, ni dá, en una palabra, señal alguna chica ni grande de tener creencias. Eso naturalmente lo ven á todas horas los chicos, y saben además de pé á pá toda la 1 historia del personaje, y beben de esta ! suerte en él las primeras lecciones de j incredulidad práctica, que han de hacer • de ellos en lo futuro hombres sin Dios, ' sin ley y sin fe. En segundo lugar se hace que los textos ó libros que se ponen en inanos de las tiernas criaturas estén saturados de esta misma incredulidad que lenta- . mente ha de envenenarlas y corromperlas. Nada de Dios criador de cielo y tierra; 1 nada de alma espiritual é inmortal; nada de premios y castigos en la vida futura; nada de Jesucristo y de Iglesia católica ; nada de Catecismo y de Sacramentos; nada, en suma, de conceptos de Religión, siquiera de la más rudimentaria y trivial. Se quiere que el hombre empiece á vivir como potro en la dehesa, sin freno de clase alguna, con solos los principios de una falsa honradez natural, que le baste para no ir á la horca ó al presidio. Esta es la educación del ciudadano libre, ¡y tan libre, válganos Dios! ¡ Ya se le irán viendo al tal potro libre los saltos y cabriolas que se permitirá con tal libertad! En tercer lugar, ni aun como asignatura de enseñanza, se le impondrá al niño el estudio de su Religión. De suerte que el niño podrá saber por la geografía é historia, la mitología pagana, ó los ritos de la superstición celta, india ó del Ja-pon; pero nada de la verdadera Religión de su patria y de sus padres, porque ésta en tal escuela es considerada como peligroso contrabando. Empero, que tales maestros no enseñasen Religión, menos mal fuera, aunque por eso sería gravísimo mal; pero lo peor del caso es que la enseñan á sus discípulos falsificada, enbrutecida, para que desde niños la empiecen á aborrecer. Que el Papa es un malvado tirano; que el clero es una casta explotadora y corrompida ; que los conventos son focos de maldades; que las iglesias son guaridas de ladrones é hipócritas; que el SiUabua es el código de la reacción; que las ideas religiosas son todas ignorancias y atraso; que el catecismo envilece y embrutece ; que el mónstruo de los tiempos presentes es lo que se llama el jesuitismo. Todo eso les enseñará el láico en - 24 - su escuela, porque todo eso es lo que predica semanalmente en los periódicos escandalosos que salen de ella. Dígasenos ahora con toda imparcialidad. ¿ Qué padre ó madre de buen juicio puede tolerar para sus hijos ó hijas tan perversa educación ? — Alto ahí, sale muy altanero el maestro láico; enseñar no es educar. Y en la escuela se debe dar sólo la enseñanza; en la familia la educación. — Pasemos por alto la primera falsedad, esto es, la de que la escuela no deba ser á la vez casa de instrucción y de educación ; pasemos por alto esta que es grosera mentira, porque en todos los siglos y en todos los países los maestros de enseñanza primaria han entendido que debían, no sólo enseñar, sino educar, porque realmente en el niño estas cosas son inseparables. Decidme: si en la escuela dais una instrucción mala, ¿ es posible que el niño adquiera con sola la familia una educación buena? La instrucción versa sobre las ideas, la educación principalmente sobre los sentimientos y costumbres ; pero dá la casualidad que no puede haber sentimientos buenos y costumbres buenas, si previamente se tienen ideas malas. Niño con perversa instrucción es moralmente imposible que sea luego niño cou honrada educación; edificio con cimientos de incrédulo, es dificilísimo que tenga continuación y remates de edificio cristiano; semilla de cardos y espinas en la niñez, es imposible que de en la edad viril cosecha de buenos frutos. No; que el Salvador lo ha dicho cou inefable verdad: Lo que siembre el hombre, eso cosechará. Cuando os tiente, pues, el diablo, ¡oh padres! ¡ oh madres! para que mandéis vuestros hijos á una de tales escuelas en que se ha suprimido el único principio de moralidad, que es la idea do Dios, decios á vosotros mismos: « No puedo, porque sin el fundamento del temor de Dios, mi hijo no puede ser hombre do bien. Porque, por ejemplo, para uo ser ladrón es indispensable creer antes que el robo es cosa mala; y no puedo creer que el robo es cosa mala si no consta cierto que hay una ley superior que lo declaro malo, y no puede darse esta ley superior si no se empieza por creer en uu legislador supremo que es Dios. » « No puedo, porque si mi niño tiene derecho á ser un mal cristiano, lo tiene también á ser un mal hijo, mal esposo, mal padre y mal ciudadano; porque quien se dispensa de sus deberes para con Dios, lógico es que se crea dispensado también de sus deberes para con los demás hombres. Hay deberes ó no los hay. Si no los hay para con Dios, no los hay para con ninguno otro. V el mundo ha de ser entonces ó un presidio en que no reine otra autoridad que la brutal del cabo de vara, ó una horda de salvajes en que cada cual haga lo que le acomode al grito de « ¡Viva la libertad! » Hé aquí lo que es la enseñanza llamada laica, he aquí el secreto de iniquidad que se esconde tras los programas de esa falsa educación sin Dios. ¿Un secreto, he dicho ? Es verdad, pero secreto a voces, como suele decirse; secreto que lo sabe todo el mundo; secreto tan público que por lo mismo á nadie puede ya engañar. La Revolución, al llamar lútea a esta su enseñanza, no ha querido sino llamarla atea, sólo que esta palabra es dura de oír todavía para una gran parte del pueblo: la otra escandaliza menos y guarda más las aparencias de pudor social. ¡ Padres y madres! ¡No entreguéis vuestros hijos é hijas á tales maestros de corrupción ! ¡ Cualquier mal de sus cuerpos, cualquier vicio de sus almas es menos terrible que ese calculado envenenamiento de su primera niñez! ¡ Padres y madres! ¡Cometéis el mayor de los crímenes cuando dais vuestros hijos á tales centros de perdición! NOTICIAS DE NUESTRAS MISIONES TIERRA DEL FUEGO Adquisición de una nave para las Misión Con fecha 20 de julio de 1891 Monseñor José Faguano, Prefecto Apostólico de la Tierra del Fuego, escribía de Puntarenas al Revino. Señor Don Rúa, manifestándole el progreso conseguido en la Misión de San Rafael establecida en la isla de Dawson (Tierra del Fuego), y le añadía: « Por desgracia algunas veoes el retardo en recibir los víveres llena á los indígenas de inquietud, y temo que esto llegue alguna vez á causar consecuencias deplorables. Para evi — 25 — tar semejante peligro me parece no sólo conveniente sino necesario adquirir una goleta de la cual poder disponer en tiempo oportuno para el transporte de provisiones. Repetidas veces ocurre que sin poder conseguir una barca ni marineros, con inmenso pesar nuestro, debemos esperar semanas y más semanas llenos de aflicción por la suerte de nuestras Misiones... Revino. Sr. Don Rúa, por el bien de la Misión, de nuestros hermanos y de los pobres salvajes yo no puedo vivir tranquilo hasta no salvar esta necesidad. Una goleta ó pequeño buque de vapor es indispensable para el servicio de la Misión de San Rafael. A las súplicas de Monseñor Fagnano para conseguir un barco uniéronse entonces las de Don Rúa, y, gracias á la caridad de nuestros Cooperadores, se pudo comprar un barco, no de vapor como habría sido de desear, sino de vela y demasiado pequeño para resistir á las tormentas de los mares australes. He aquí una carta en que el R. P. José María Beauvoir nos da noticias de la conducción del mencionado barco: De Chiloé á la Tierra del Fuego. Puntarerias, 12 de Mayo de 1892. Revmo. Sr. Don Rúa: Después de una ausencia de cerca de siete meses, me encuentro de nuevo en Punta-renas en la buena compañía de los queridos hermanos. Y tomando la pluma en los ratos libres que me deja el cuidado de los niños educandos le daré breve noticia de mi último viaje, emprendido por orden del muy amado Prefecto Apostólico, Mons. José Fagnano, para comprar una nave para el servicio de la Misión de Tierra del Fuego. Tendré así ocasión de dar un testimonio público de la extraordinaria protección de María Santísima Auxiliadora, en señal de viva gratitud por haberme librado varias veces en tal viaje de inminente naufragio. Habiendo partido de Puntarenas el 30 de Setiembre del año pasado, no pude volver hasta el Io de abril del presente. Como á las h de la tarde de este día, catorce personas embarcadas en la nave tan deseada, dejábamos al puerto de Dalcahue, en Chiloé, y, aprovechando el viento favorable, enderezamos rumbo por los canales del archipiélago, hacia el mar Pacífico. De paso nos detuvimos apenas en Coraco, tierra natal de nuestro piloto, y en Melinka, una de las islas Guaitecas, residencia del Gobernador marítimo. Por fin, á los cinco días de viaje entramos en el grande Océano. ; Ay de nosotros! que apenas tocamos las aguas del Pacífico comenzó á bailar azogadamente el barco sin aquietarse en treinta horas : un viento fuerte de la parte de oeste, una espesa niebla y una lluvia desecha pusieron á prueba la paciencia de los tripulantes^ Las olas que se levantaban como montañas jugaban con nuestro pobre barco y amenazaban con tremendo fragor sepultarlo de un momento á otro en los profundos abismos. ¡ Tristísimo recuerdo 1 ¡Cuántos gemidos y cuánto espanto en aquellas horas mortales! Pasó la mañana y la tarde y el día entero sin que disminuyese uu punto la furiosa tempestad. Llegada la noche, aumentó la zozobra: azotada la nave por uu horrendo golpe de mar, sintióse un fracaso indecible : era la vela mayor que caía al agua con la entena correspondiente, al mismo tiempo que se destrozaban en parte las demás. Fué menester arriar las que quedaban y seguir á merced de las olas á palo seco. A poco nos vimos delante de un escollo gigantesco. Parecía llegaba nuestra última hora; la consternación fué general; el peligro inminente. Sin medio alguno en lo humano para evitarlo, todos invocamos el socorro del Cielo. Las jaculatorias nos venían espontáneas á los labios: ¡Jesús mío, misericordia! ¡Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos á Vos ! ¡ Maria, Auxilium Christianorum, ora pro nobis! Y María vino en nuestro auxilio. El piloto, rendido de fatiga, bañado da agua y de sudor, haciendo todo el esfuerzo posible para gobernar el timón , gritaba de tiempo en tiempo: ¡ Valor, amigos míos.’ Mas luego murmuraba en voz baja:'No hay escapatoria; estamos perdidos. Pero no , que , á Dios gracias , la barca tomó rumbo hacia alta mar, y sólo al aclarar el día nos dirigimos á la costa. Deseábamos llegar al puerto Otwai, en el promontorio de Tres Montes; pero impelidos por el viento continuamos aún nuestro viaje todo el día á palo seco, pasamos el golfo Penas (ó dé las penas) y, por fin, llegada la tarde, conseguimos anclar en Puerto de — 2G — Ballenas, donde pudimos tomar el reposo de que tanto necesitábamos. Restablecidos un tanto, continuamos viaje á la mañana siguiente y en la tarde llegamos á la isla Black donde nos detuvimos para confortarnos corporal y espiritualmente. Digo espiritualmente porque toda la tripulación, para cumplir aquí una promesa hecha á María durante el peligro, se confesó y al día siguiente , Domingo de Ramos , recibió la santa Comunión. Los que no pudieron hacerlo en aquel día no tardaron mucho en cumplir su promesa, inclusive el piloto, el cual asistía con frecuencia á misa y á recitar á coros el rosario conmigo y la marinería. Continuamos camino , y entrando en el estrecho inglés ó Angostura anclamos en la isla Víctor, donde tanto por causa del viento contrario como para reparar los daños sufridos nos detuvimos una noche y un día. El jueves, aunque, el tiempo no era mejor, pasamos á la isla Saumarez , donde abundaba la nieve. En el puerto de Grappler encontramos una canoa con ocho Indios, á los cuales á más de regalarles algunos vestidos y varios embelecos los invité á acompañarme; pero no pude conseguirlo,; espero ser más afortunado si los encuentro de nuevo. El Sábado Santo el tiempo continuaba tan malo como en los días precedentes, y sin encontrar buen fondeadero casi nos estrellamos contra una roca ; nos pusimos , en consecuencia, á la capa durante la noche. Luego que rayó la aurora seguimos por el canal, con gran peligro de extraviarnos á causa de la niebla, y á las tres de la tarde llegamos á Puerto Bueno. Este puerto es más que bueno, excelente: lo visité todo, no obstante la lluvia, y me pareció encantador, un gran parque real con graciosas islas, senos, caídas de agua y prados bellísimos. No es, pues, extraño que toquen aquí casi todos los buques que viajan por estos mares. En este puerto encontramos recuerdos del buque de guerra italiano Amá-rico Vespucio y de los mercantes alemanes Gulf Suez y Horna. Habríamos deseado detenernos siquiera un día, pero en el interés de llegar cuanto antes á Puntare-ñas, al día siguiente, si bien era el de Pascua de Résurrección, apenas celebrada la misa y pronunciado un corto sermón, levamos anclas y nos dirigimos á la punta Bamilton á la rada Deep á donde llegamos á los cuatro días, y luego, pasando por sirtes y escollos, á un puerto seguro en el canal de Turnar, aun sin nombre conocido y que llamé de María Auxiliadora. El 21 de abril soplaba un fuerte viento sud-oesto, y como el piloto no conocía el lugar, vacilaba en darse á la vela; pero examinado un poco el fondo, nos resolvimos á partir y en breve nos hallamos en el es trecho de Magallanes que nos recibió con viento tan propicio que conseguimos andar como sesenta millas en menos de cuatro horas. Se nos dilataba el corazón al pensar que nos acercábamos á nuestra querida Misión. Pero ¡ ay! á cuántos peligros esta expuesta acá la vida del navegante... A cada momento puede sobrevenir una borrasca imprevista, dar en una peña ó en algún bajo y salir de este mundo. Nuestras pruebas no habían concluido, que otras no menos duras nos estaban reservadas. Después de una navegación propicia, con viento en poca hasta las cinco de la tarde, se oscureció de improviso, vino la noche tan negra que no nos veíamos unos con otros, una lluvia torrencial y un viento que despertó de nuevo la más grande inquietud en toda la tripulación. Anclar, sin conocer el lugar, no era posible; continuar el viaje era en extremo arriesgado, á causa de la vecindad del estrecho de la Angostura y del Ohroket en una parte cubierta de picos y rocas. ¿Qué hacer? Nos quedamos á la capa y con grandísimo temor nos pusimos á voltegear de un lado á otro. Mas en esta situación terrible siéntese de repente un grito: ¡Escollo, escollo! Era nuestro hermano Porcina quien primero que todos distinguía una gran roca contra la cual íbamos ya á estrellarnos. Un instante más y nuestra barca se precipitaba en la punta norte de la isla Carlos III. Se nos heló la sangre en las venas. ¡Fuerza, fuerza, virar pronto! grita el piloto. Y todos á una, sin pérdida de tiempo nos dimos á la maniobra y conseguimos desviar el barco cuando ya estábamos sobre aquella mole. ¡ Bendito sea Dios ! ¡ Gracias sean dadas á María Auxiliadora quien dirigía nuestros esfuerzos y nos demostraba una vez más la eficacia de su protección! Salvado este peligro , parecíame que no podía temerse otro tan pronto; continuamos toda la noche á la capa, y apenas comenzó á aclarar, aprovechando el viento y la corriente favorables, alzamos velas y pusimos rumbo á la isla de Dawson, que ya divisábamos. * Bajo entretanto á mi camarote cuando oigo que me llaman para preguntarme si la barca iba bien. ¡Cáspita! demasiado bien. Habíamos abanzado más de lo necesario y entrado en el canal de la Magdalena. Nos empeñamos en retroceder, pero se declaró un terrible uracán que impidiéndonos la maniobra nos obligó á dirigirnos hacia el promontorio de San Isidro. Habríamos querido llegar entonces al puerto Famine; pero no bien había bajado de nuevo á tomar un ligero alimento siento un fracaso que me puso el alma entre los dientes. Nu'estra goleta había embancado en un bajo de arena. O' Las olas comenzaron á azotarla con gran fragor. La nieve caía en abundancia y el viento soplaba impetuoso. Arriamos velas en el acto y nos pusimos á impeler la nave afirmando palos en la arena. Todo esfuerzo era inútil y corríamos gran peligro de que perdiera el equilibrio y se hundiese allí mismo. Pasadas largas horas de vano trabajo, estábamos ya para embarcarnos en una chalupa y salvar, al menos, la vida, cuando me vino una idea. Sin decir nada á nadie, me fui á rezar el Rosario en mi camarote y luego las letanías lauretanas que concluí con la oración Acordaos de San Bernardo ¡ Oh portento ! Apenas concluidas las oraciones la nave se alzó como por encanto y quedó libre del bajo en que estaba presa. Era esta una gracia señalada de María Auxiliadora y me atrevo á decir un verdadero milagro. Continuando viaje el 23 de abril llegamos, por fin, todos salvos y sanos á Puntarenas. Tales han sido, Sr. Don Rúa, las peripecias de mi viaje á Chiloé. Si V. R. lo cree conveniente, puede hacer publicar esta carta en el Boletín Salesiano para que mejor se conozca la protección bondadosa de María Auxiliado!» y para expresión pública de mi agradecimiento y del de mis compañeros de ............ . , _________________ Gracias también á nuestros buenos Cooperadores, qtie nos han proporcionado los recursos necesarios para conseguir el barco sobredicho de tanto interés para el servicio ■de nuestra Misión de la Tierra del Fuego. Monseñor Fagnano partirá conmigo bien pronto en ella á la isla de Dawson. Saluda con todo afecto á V. R. Su afmo. hijo en J.-G. José María Bkauvoir Presb. Salesiano. Lecturas Católicas A Dios gracias , la publicación mensual , titulada Lecturas Católicas, fundada por Don Bosco en 1853, tiene ya cuarenta años de vida. Establecida con el propósito de enseñar y defender la religión con libros morales y amenos adaptados á la inteligencia de todo el mundo, consiguió desde un principio excelente acogida, y muchas fueron las personas que asociándose á ella quisieron contribuir eficazmente al propósito de Don Bosco. Era bien merecida recompensa para quien no sólo había escrito y dirigido una buena parte de dichas Lecturas, sino que por ello había hasta puesto en peligro su vida. Al ver los protestantes que estas Lecturas pasaban de mano en mano y tener conocimiento tanto de la recomendación que hacían de ellas prelados ilustres, como del encomio que habían merecido de varios cardenales y del mismo Santo Padre, trataron de combatirlas con las Lecturas Evangélicas; pero como con este arbitrio sólo consiguieran atraer sobre sí mayor desprestigio, empeñáronse en una controversia con Don Bosco , que los llenó de confusión. Advirtiendo entonces que no eran estos los medios de hacer desistir á Don Bosco de continuar escribiendo contra las sectas, intentaron ora halagarle con dinero, ora inti-midirle con amenazas. Desdeñó indignado Don Bosco los halagos y Dios le libró de los inicuos atentados que repetidas veces pusieron en peligro su vida, Tan tremenda fué la lucha que no se podía encontrar enTurín quien quisiera encargarse oficialmente de la revisión eclesiástica de dicha publicación Uno de los revisores respondía una vez á Don Bosco, restituyéndole los manuscritos que 1c había confiado al efecto: « Le devuelvo su trabajo en el cual se encara con el enemigo y le llama á la controversia. No quiero contribuir con mi nombre á una lucha que me puede costar la vida; como que frescos están los recuerdos de lo ocurrido al sacerdote Jiménez y á Monseñor Palma. » Informado el Arzobispo sobre las dificultades en que se tropezaba recomendó que se publicasen las Lecturas Católicas en Ivrea, diócesis de Mons. Moreno, y así se hizo. — 28 — Los Valdenses, contra quienes se dirigían especialmente algunos opiisculos fueron á Don Bosco y le ofrecieron por lo pronto 40(11) liras, con la promesa de una suma mayor para que no molestase á la secta; pero el buen sacerdote, sin aceptar el vil dinero continuó su empresa (1). Los grandes bienes producidos por las Lecturas Católicas indugeron á los Salesianos á establecerlas en América, y hace diez años que al igual del Oratorio de Tu-rín se estampan en la casa salesiana de Buenos Ayres para mantener la integridad de la fe y mejoramiento de las costumbres. Cada mes se da á luz un opúsculo de 100 á 150 páginas, que se envía á los señores sus-critores que con su abono concurren al bien de la sociedad y también de los niños pobres que se emplean en los talleres donde se imprimen las Lecturas y á los cuales se destina el producto que se obtiene de la venta. Precio