AÑO I. – N. 3. Sale una vez al mes. DICIEMBRE 1886
BOLETIN SALESIANO
Instruyó al pueblo y divulgó todo lo que había hecho. Buscó las doctrinas útiles y escribió documentos rectísimos y llenos de verdades. Las palabras de los sabios son como punzas o clavos, que penetran profundamente, y nos fueron dadas mediante nuestros maestros por el único pastor. (Eclesiastés XII. 9, 10 y 11)
El peligro, Sto. Padre, está todo en la continua difusión de los libros infames; y para poner un dique a este mal inmenso, yo no veo otro remedio, que la fundación de una imprenta Católica, puesta bajo el patrocinio de la Santa Sede. De esta manera, no haciéndose esperar nuestras respuestas, podremos con mayor ventaja descender al campo de la lid y responder con feliz éxito a las provocaciones de los apóstoles del error. (Sales)
No se engañaría mucho quien intentase de atribuir principalmente a la prensa malvada, todos los males y la deplorable condición de las cosas, a la cual hemos llegado actualmente…, los escritores católicos deben con todas sus fuerzas volverla en bien de la sociedad. (León XIII)
La prensa periódica sometida a la autoridad jerárquica, revestida del espíritu de Jesucristo, viene a ser un poder inmenso: ilumina, sostiene la verdad, y hace desaparecer el error, salva y civiliza; es casi una forma de apostolado sublime. (Alimonda)
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EL JOVEN INSTRUIDO
EN LA PRÁCTICA DE SUS DEBERES
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LOS EJERCICIOS DE LA PIEDAD CRISTIANA
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del Oficio de la SS. Virgen, del Oficio de Difuntos
Y DE LAS VÍSPERAS DE TODO EL AÑO
por el Sacerdote
Juan Bosco
Un tornito en-32. 1 Peseta el ejemplar.
Esta obrita está dividida en tres partes. En la primera encontraréis todo lo que debéis practicar y lo que debéis huir para vivir cristianamente. En la segunda se encuentran reunidas las principales oraciones que están en uso en las parroquias y en las casas de educación. La tercera, en fin, contiene el Oficio de la Santísima Virgen, las Vísperas de todo el año y el Oficio de Difuntos. Encontraréis además un pequeño diálogo sobre los fundamentos de nuestra santa religión católica, adaptado al tiempo en que vivimos. Añadimos al fin una corta colección de canciones espirituales.
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ANO I. – N. 3. Sale ima vez al mes. DICIEMBRE 1886
BOLETÍN SALESIANO
Debemos ayudar a nuestros hermanos a fin de cooperar a la difusión de la verdad. (in. 8. Juan. S)
Atiende a la buena lectura, a la exhortación y a la enseñanza. (i. Tía. iv. 13).
Entre las cosas divinas la más divina es la de cooperar con Dios a la salvación de las almas. (S. Dionisio)
Un amor tierno hacia el prójimo es uno de los más grandes y excelentes dones, que la divina bondad puede hacer a los hombres. (El Doct. S. Franc. de Sales)
Cualquiera que reciba a un niño en mi nombre, recibe a mí mismo. (Mat. XVIII, .’,)
Os recomiendo la niñez y la juventud, cultivad con grande empeño la educación cristiana; proporcionadles libros que enseñen a huir el vicio y a practicar la virtud. (Pío IX)
Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer a la niñez y juventud de las insidias de la corrupción y de la incredulidad y preparar de esta manera una nueva generación. (León XIII)
DIRECCIÓN en el Oratorio Salesiano. — Calle Cottolengo IVo 33, Turín (Italia)
SUMARIO — Felicitatión — La palabra del S. Padre — El Corazón de Jesús — Misión por las riberas del Río Negro — Oración a María Santísima — Un sordomudo en Lourdes.
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Aproximándose la Pascuas de Navidad y el principio del nuevo año 1887, D. Bosco desea a los Señores Cooperadores y Cooperadoras, toda clase de felicidades temporales y espirituales. Mientras les da las más expresivas gracias por los socorros que le prestaron, para el proseguimiento de su emprendida misión en favor de la juventud pobre y abandonada, no puede menos de recomendarles calurosa y vivamente las tribus infieles de la Patagonia y del Brasil. Él por su parle rogará y hará rogar a María Santísima Auxiliadora, a fin de que bendiga, dé prosperidad y haga felices en esta y en la otra vida, a todas las personas generosas que cooperan con sus limosnas a la salvación de las almas.
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LA PALMA DEL BASTO PADRE.
La palabra del Papa, aunque no sea dirigida a todo el mundo católico, no deja de ser igualmente preciosa para el católico, y por consiguiente creemos hacer una cosa agradable a nuestros lectores, con darles a conocer la carta que Su Santidad dirigió a fines del mes de octubre, al Eminentísimo Cardenal Vicario. Al Señor Cardenal Lúcido María Parocchi, Nuestro Vicario General. – Roma. Señor Cardenal:
Varias veces durante nuestro Pontificado, hemos hecho conocer Nuestra predilección hacia la devoción del Santo Rosario, y la grande confianza que en ella hemos puesto, en las actuales gravísimas necesidades de la Iglesia. En nuestras cartas Encíclicas hemos indicado los motivos de esta Nuestra predilección y confianza, y estos Nos han inducido a prescribir hasta nueva disposición, la continuación del piadoso ejercicio del mes de Octubre en honor de la gloriosa Virgen del Rosario. Y es para Nosotros un verdadero consuelo el saber que en muchas partes se ha reanimado y florece tal devoción, tanto en público como en privado y proporciona a las almas preciosos y saludables frutos de gracias.
Por esta razón, Nosotros creemos que no hemos hecho todavía lo bastante, para promover en medio del pueblo fiel esta piadosa práctica, que desearíamos ver cada día más copiosamente difundida, y que viniese a ser la devoción verdaderamente popular de todos los lugares y de todos los días.
Cuyo deseo es en Nosotros tanto más vivo cuanto más tristes y adversos Lácense para la Iglesia de día en día los tiempos, y se reconoce más apremiante la necesidad de un extraordinario socorro divino. La osadía de las sectas, crecida por el favor y connivencia que por doquiera encuentra, no tiene ya freno y en mil maneras y por todas partes intenta ofender y hacer sufrir a la Iglesia, única potencia que las puede combatir y que siempre las ha combatido. Ella, por lo mismo que es obra divina, a la cual las promesas de su Fundador, dan la mayor seguridad, no teme por sí misma. Pero entre tanto no dejan de ser incalculables los daños que provienen a las almas, pues piérdese miserablemente un gran número de ellas. Estas consideraciones nos mueven a querer que sea siempre constante y jamás interrumpido, el recurso a Dios y a la Augusta Virgen del Rosario, poderosísimo auxilio de los cristianos, cuyo poder sienten temblando las mismas potestades del abismo.
Nos dirigimos, pues, a V., Señor Cardenal, que hace nuestras veces en el Gobierno de la Iglesia de Roma, para manifestarle que es nuestra intención se comienzo en Roma, a hacer más general, diaria y perpetua en los templos y oratorios públicos, la devoción del Rosario. Muchas son en esta Nuestra alma Ciudad las Iglesias dedicadas por la insigne piedad de los Romanos, a la Santísima Virgen; y sabemos ya que en algunas de ellas se reza todos los días el Rosario. Pero es Nuestra voluntad que este devoto ejercicio se introduzca y practique diariamente en todas las demás Iglesias consagradas a María, a las horas que para cada una serán juzgadas como las más oportunas y cómodas a los fieles. En conformidad de estas intenciones Nuestras, V. querrá dar las disposiciones necesarias, y a fin de que estas no encuentren dificultades en la ejecución, Nosotros estamos dispuestos, como V. sabe, a hacer todo lo que pueda ocurrir para facilitar-las.
Y no es sin motivo que ordenamos para Roma, especiales oraciones. Roma, sede del Vicario de Jesucristo, favorecida de un modo particular- por la Providencia, y devota singularmente hacia la Virgen, es muy justo que se anteponga a cualquiera otra Ciudad en las manifestaciones religiosas y sea a todas de ejemplo. Además aquí, en la persona de su Cabeza Suprema, la Iglesia sufre más que en otras partes; aquí como centro del catolicismo, dirígense con mayor sarcasmo los esfuerzos de los enemigos, y el odio satánico de las sectas trabaja con más empeño y tiende sobre Roma su vista iracunda. Roma por consiguiente, tiene más razón y mayor necesidad de ponerse bajo la protección de la Augusta Virgen y de merecerse su patrocinio. Y Nos, no dudamos que la piedad de los romanos nos secundará enteramente en estas intenciones Nuestras, que miran al mismo tiempo al bien de toda la Iglesia y a la incolumidad de Roma.
Con esta dulce esperanza damos de todo corazón a V., Señor Cardenal, y a todo el clero y pueblo de Roma, la Apostólica bendición.
En el Vaticano, 31 de octubre de 1886.
LEON PAPA XIII.
EL CORAZON DE JESÚS
y la bienaventuranza del dolor.
Viva el Sagrado Corazón. El dolor filé dicho ya el tormento del entendimiento y el escándalo del corazón. Y esto es cierto, no sin justo motivo, siempre que se prescinda de la fe. Pues él, supuesto el pecado, mientras en su naturaleza y destinación, es para nuestra razón un misterio profundo, viene a ser también un argumento de contradicción, un objeto de abominio para nuestro corazón que se inclina violentamente al gozo, al placer y sin saber resignarse se resiste y rebela. Por lo cual se comprende cómo fuera del Cristianismo, tanto ante los antiguos como ante los modernos paganos, el dolor haya venido a ser casi sinónimo de culpa, y los infelices se familiarizasen con los malvados, y hasta se hiciesen inferiores a ellos. Se comprende cómo mientras el paganismo tuvo divinidades protectoras para todas y cada una de las cosas viles y para cada delito, solamente los infelices permanecían sin un numen que los protegiese. Aquel bravo que el viejo y nuevo mundo de los divertidos envía a los fuertes, a los felices y afortunados; aquella blasfemia del trágico griego que los infelices deben ser necesariamente malvados (1) aquella rehabilitación de la materia, aquella restauración del gentilismo con todos sus ritos, con sus fealdades, con sus vituperios, de los cuales nos dan un triste espectáculo los filósofos modernos del divertimiento social, el cual pretenden con la abolición del dolor (2), tienen su explicación en la naturaleza humana, dañada por el pecado y no iluminada por la fe. ¡Pobre humanidad sino encontrase quien la levantare de esta
deplorable condición!
Mas he aquí que en un momento cambiase la escena de las cosas; aquellos infelices, aquellos que sufren, resucitan a una nueva vida, recobran sus derechos, toman un puesto de honor en el consorcio social. ¡Oh! viva el Corazón de Jesús, que ha obrado esta milagrosa mutación; si, de Jesús, que después de haber durante su vida aceptado por sus más caros amigos a los atribulados de cualquier género que fuesen, y abundado con ellos de particular benevolencia, quiso aún, antes de irse, dejarnos de ellos un grande concepto, una alta estima, enseñando a todo el mundo una nueva bienaventuranza, esto es, la del dolor.
¡Oh! vedlo allá sobre aquel monte, del cual debía venir la ley, toda suavidad y amor de la nueva alianza, vedlo después de haber declarado bienaventurados a los mansos y pobres de espíritu, cómo deja salir de su amabilísimo corazón la palabra consoladora que debía rehabilitar y santificar el dolor: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados (3).
Y ¿quién podría decir los efectos extraordinarios, las consecuencias felices que obró en el universo entero esta palabra de bienaventuranza, pronunciada entonces por Jesús? Cierto que el dolor cristiano, esto es, el dolor santificado por un dolor divino y libremente aceptado, ha venido
a ser después del pecado, uno de los medios más potentes de expiación y mejoramiento moral, de tal modo que por él el hombre se lava de la culpa, se arregla a una vida más pura y hácese hábil para ponerse en paz consigo mismo y con su Dios, a fin de poder ser bienaventurado.
Y no tan solo esto, sin o que el dolor es también por su naturaleza un germen fecundo de fortaleza y una causa eficacísima de grandes y meritorias acciones. ¡Ay de mí infeliz! Exclamaba llorando el Apóstol Pablo (4), veo otra ley en mis miembros, que contradice a la ley de mi
Vo
ti) Sófocles en la Elettra.
(2) Enrique Heine, este ídolo famoso de los asi llamados renstas. publicaba, no hace muchos años. en la
Revue des deux mondes estas horribles palabras: El voto
de nuestras instituciones modernas es la rehabilitación
de la materia, su reintegración en todos los derechos;
nosotros formamos una democracia de dioses terrenales,
iguales en bienaventuranza y santidad (Véase la obra,
llena de tanta piedad, doctrina y elocuencia, del Dogma
de la Inmaculada del cardenal’olimonda. Razon. V.).
(3) Beali qui lugent, quoniam ipsi consolabuntur.
(Matts, v. 5).
(4) Rom. nt. 23, 24.
1 tintad, y me lleva esclavo a la ley del pecado, que mora en mí. Y en este dolor, en esta lucha diaria y trabajosa adquiría aquella fortaleza, aquel heroísmo, que hizo de él uno de los más eficaces instrumentos para la propagación del Reino de Jesucristo. Es también verdad que el hombre sufriendo y luchando, se fortifica de carácter, vence aquel temor desarreglado, que alguna vez nos hace ser tan flacos, débiles, inertes o inútiles, aleja aquella sed febril de gozar, que causa tanto daño a las costumbres de los individuos y tanta ruina al bienestar de las naciones, y cumple maravillosas pruebas de valor, creando en el orden intelectual las artes y la civilización, como en el orden moral aquellos prodigios de virtud y santidad que serán siempre la gloria más bella y pura de la humanidad. ¿Qué cosa hay sobre la tierra de verdaderamente grande, exclama el príncipe de los conferencistas de Italia (1) que no implique pena, prueba y lucha? Y sin lucha ¿dónde están los héroes? ¡Oh héroes del martirio cristiano y de la antigua civilización!, ¿qué diréis de nosotros, deseosos de hacer alarde en la arena con los nervios rotos e inválidos, faltos de experimento que nos aguerree?
Ni tampoco aquí concluye la virtud maravillosa del dolor santificado por el Corazón de Jesús, puesto que no solo los individuos en particular, sino también toda la sociedad en general tuvo por su tiernísima sabiduría un nuevo arreglo, un nuevo orden, más conforme a la justicia y caridad, largo y ancho para acoger a todos sin distinción.
Las antiguas sociedades, las sociedades paganas no eran otra cosa que una liga de pocos fuertes y audaces, contra una grande mayoría de débiles y medrosos; tenían, pues, una base estrecha, exclusiva y egoística. Para persuadirnos basta echar una ojeada a la historia antigua, no excluyendo ni siquiera la de la sociedad romana, que sin embargo fue indudablemente, sitió la mejor, ciertamente la menos mala y más extensa. Entonces Jesús proclamando bienaventurados a los pobres y afligidos, que constituyen más del noventa por ciento del género humano, fundó y bendijo al mismo tiempo una sociedad nueva, divinamente sólida en su base y universal en su extensión, una sociedad en la cual tuviesen puesto todos los hombres del mundo, colocando por primeros a aquellos que hasta entonces se hallaban en el último lugar. Con mucha razón, pues, observa un escritor tan piadoso como profundo, que en estas pocas palabras de Jesús existe una nobilísima filosofía, un código moral, sencillo y humilde, pero suficiente para salvar al género humano; en estas pocas palabras hállase comprendida y elevada a una altísima perfección, toda la ley del Sinaí, tanto que se puede decir con razón, que sobre el Sinaí fue dada la palabra de la ley, en el monte de las bienaventuranzas fue descubierto el espíritu y alcanzada la perfección (2).
(1) Alimoxda. El Dogma de la Inmaculada, Razon. V.
(2) Capbcelatro. La rida de Jesucristo, c. XIII.
Ahora bien: de aquí podemos colegir, oh beneméritos Cooperadores y Cooperadoras, cuán grande deba ser nuestra gratitud hacia el Sagrado Corazón do Jesús, de quien nos vienen todos estos bienes individuales y sociales, y cómo todos, pero muy en particular los que sufren, los afligidos, los infelices, deban aumentar su amor hacia Él, y fomentar su celo en hacer conocer su poder y propagar su devoción.
Y puesto que esta devoción recibe, por decirlo así, su consagración, su forma estable y perenne en aquel templo, que se levanta allá sobre el monte Esquilmo en la Roma del Sagrado Corazón, ¡oh! allá también al terminar este año se dirijan nuestros pensamientos y nuestros votos,
anticipando con la oración y la limosna, el día afortunado de la consagración de aquel monumento de reparación, de amor y de fe. Vuestra caridad será recompensada copiosamente por el Corazón do Jesús , que ha asegurado a sus devotos un torrente de castas delicias en esta vida, y los celestes consuelos en aquella patria, donde no habrá jamás llanto, ni dolor.
MISIÓN POR LAS RIBERAS DEL RÍO NEGRO
en la Patagonia Setentrional.
Reverendísimo y Amadísimo -Sr. D. Bosco:
En una de mis id timas describía a V. R. la excursión hecha por las riberas del Río Colorado, la cual duró un mes y medio y produjo algunos frutos de conversión entre los Indios y las familias cristianas de aquellos alrededores.
En esta le mando no solamente la relación, sino también la descripción de los viajes, la nota de las circunstancias más interesantes y las noticias de los episodios, que han acompañado la Misión más importante de todas las que se dieron en este Vicariato.
Esta duró 8 meses y medio; se recorrieron entre ida y venida, nada menos que 600 leguas, o sea, cerca de 3000 kilómetros, y fue explorada la parte más poblada del vastísimo e inmenso valle de los Ríos Negro, Neuquen y de sus muchos confluentes al noroeste de la Patagonia Septentrional, que comprende la inmensurable zona, dicho territorio del Río Negro, que se extiende desde el Atlántico hasta las Cordilleras, las cuales señalan los confines entre la República Argentina y Chile.
Como V. verá por la carta etnográfica que le enviamos, hay señaladas más de 40 estaciones, donde nos hemos parado.
Esta larga Misión la comenzó en noviembre del año pasado 1885 nuestro Monseñor Cagliero, recorriendo la distancia de 80 leguas, y sujetándose a todos los incómodos del simple Misionero.
Después, debiendo él regresar a Patagones, para bendecir la nueva iglesia de Viedma, hube de continuarla yo en compañía de D. Panaro y un catequista, hasta el mes de julio del corriente año.
El Señor ha bendecido nuestras pobres fatigas, pues hemos podido instruir y bautizar a unos 1.200 entre Indios, indígenas y nacidos de familias cristianas. Se acercaron a los Santos Sacramentos más de 2000, de los cuales 350 comulgaban por primera vez, y se bendijeron 60 matrimonios.
Creo hacer una cosa grata a V. R., que ama tanto a sus hijos Misioneros y los acompaña con el espíritu, con el corazón y con la oración, narrándole todas las particularidades y vicisitudes prósperas y adversas, de esta importante excursión apostólica del Río Negro.
I.
Río Negro.
Este es el rey de los ríos de la Patagonia y lo forman el Limay, que recoge las aguas en el lago Nahuel-Huapí, y el Neuquen, al cual dan tevida perenne las nieves de las Cordilleras de Chile.
Sus aguas dulces y cristalinas descienden majestuosa e imponentemente hacia el Océano Atlántico, con el cual se unen.
Para su mayor comodidad se hizo un paso de unas 300 leguas de largura, y es más o menos ancho según que se le antoja serpentear por aquel valle inmenso, rico de buenos pastos, sombreados por viejos árboles llorones y poblado con frecuencia de matas y otras muchas plantas.
De una a la otra parte del Río, desde el mar hasta las Cordilleras, vense vastísimas llanuras, islas formadas por los ríos, y pequeñas colinas pobladas por las tribus y colonias en formación.
Y como la agricultura está todavía en sus principios, toda esta gente vive del producto
Icaballo, y después de tres horas de marcha, ccuWfuerte viento y mucho sol, encontróse de nuevBseco.
Llegamos a una hermosa pradería sembrad»de casas y cerrada entre las riberas del rio yHun pequeño montecito, llamada por esto PotrertBCerrado.
Aquí no sabíamos donde alojarnos.
Mientra-IMonseñor caminaba paso a paso, me dijo:— Tú vé delante, y avisa por todas estas cfrlbañas que llegaron ya los Misioneros, y sin hace:! \pregunta alguna, acepta la hospitalidad en eBprimer sitio que te la ofrezcan.
Dió, pues, eiWcaso que la primera familia a la cual me pre- |senté, fuá precisamente la destinada por la Di- Ivina Providencia.
Una piadosa mujer llamad: ILeonarda, sabía ya que debíamos llegar, y a tal Ifin había combinado con una vecina suya d| Iofrecernos una habitación, para tener el grande |consuelo de oir la santa Misa y prácticar sus Idevociones.
Además, había preparado algunas Ü-»milias de Indios para recibir el santo Bautismo, Uá otras para bendecir su matrimonio y a otras.
|en fin.
para disponer a sus hijos a la confesión.
B2.
Aquí nos detuvimos dos dias, predicando.
■confirmando y bautizando a varias personas, entre»las cuales es digno de notarse un grande pez, a- Bcual yo no había podido pescar en los años an-Bteriores, y Monseñor supo cogerlo con mucha ■habilidad, yéndole a hacer una visita a su cabaña.
IEste Indio vino después con su mujer a celebrar ■el santo matrimonio y con la familia para legitimarla.
Nuestros buenos mesoneros habrían querido preparar quién sabe cuántas cosas a nuestroMonseñor, y no concluían de exclamar, que ápesar de haberlo buscado mucho, no habían podido encontrar pan ni vino para obsequiarle.
— ¡Oh! tranquilizaos, respondía él, nos habéisdado vuestras aúnas, ¿y qué querríais darnos todavía ? Por lo demás yo os aseguro que vuestraalegría es para nosotros lo mejor que podemoscomer, y el carnero que nos habéis cocido tansabroso, como también el agua salubérrima delrio, no lo come ni bebe áun el mismo Czar detoda la Rusia.
Nos despedimos de ellos, y dirigimos nuestrospasos hácia otro centro de casas llamado Esperanza por la fertilidad de su terreno.
3.
En el camino nos sucedió otra desgracia,la cual hízome pensar que el demonio no estabanada contento con nuestra Misión.
La cabalgadura, cargada con el pequeño equipoy el altar portátil, quizá cansada y envidiosa dever a sus compañeros correr ligeros y sin carcaalguna, comenzó a saltar y bailar, en modo dequerer tirar la carga.
El caballo que nuestroMonseñor montaba era bastante brioso y viendoal otro, comenzó también a saltar y bailar, desuerte que no podiendo por el cansancio sostenerse sobre el arzón, soltó las riendas y dandoun salto se echó al suelo, pero a pesar de ser tanbuen gimnástico no pudo caer derecho por másque hizo, habiéndoselo impedido el estribo.
Dejo pensar a V.
, Rdo.
Padre, el susto quetodos llevamos.
Pero, gracias a Dios y a MaríaAuxiliadora, Monseñor se halló como sostenidopor una mano invisible, y no se hizo mal alguno.
Seguimos nuestro camino, galopamos pocas horasy llegamos a la cabaña de un Indio bautizado,con el nombre y apellido do su padrino, llamadoClemente Nuñez.
Allí estuvimos todo el día, y mientras yo corríaá avisar la gente por los alrededores, Monseñorhabía recogido una hermosa corona de jovencitos,á los cuales enseñaba a hacerse la señal de laSanta Cruz, a la manera que lo hacen en el asiloinfantil.
Zanchetta barría entretanto y preparaba lacabaña para reducirla a catedral.
De esta Misión participaron los colonos del vecindario, entre los cuales hallábase una buenafamilia del Vicentino, la cual lloraba al oir hablará nuestro Sr.
Obispo del Santuario del MonteBerico y de los hermosos campos de la Lombardia, y decían : — Creíamos que viniendo enAmérica, encontraríamos una buena fortuna; ypor el contrario vemos ahora que dejamos elparaíso de nuestros países, para sepultarnos enel infierno de estos desiertos.
«i Monseñor: — Teneis razon, y yo no aconsejaría a ningún Italiano, a que abandonase elbuen ejemplo de nuestros pueblos católicos, paravenir a perder su alma en estos países.
IV.
i.
Cnbanea y colonos italianos – 2 Unafamilia modelo – 3.
Muerte de nuestra Tabita.
1.
Dejadas las llanuras de la Esperanza, nosdirigimos a otra muy extensa y bastante fértilllamada Cubanea, ocupada por muchas familias ,la mayor parte italianas.
La familia que hospedacasi siempre a los Misionaros es la de BartoloméSerra, oriundo de los alrededores do Bobbio.
2.
Esto nos trató siempre con todas las atenciones posibles.
Su buena mujer acogió a Monseñor con grandetrasporte de alegría.
Cedióle la mejor habitación,y contenta porque finalmente encontraba quiensabia responderle en dialecto piemontés y genovés,empeñábase en preparar con toda solicitud lascosas mejores.
Sacó del horno el pan fresco, asólos carneros más gordos y preparónos un platode fideos do los más exquisitos.
La buena mujer solo sentía el no tener otrahabitación para preparar la mesa; de suerte quetuvimos que comer en la cocina, en medio de lacual ardía un poco de fuego y alrededor do élcomía la buena familia.
Y como todos eran buenos cristianos, nuestro Sr.
Obispo se encontrócontentísimo de considerarse como de la familia,y comimos también nosotros en la cocina, ennegrecida por el humo, si, pero embellecida por lasencillez excepcional de nuestros mesoneros.
Paracompletar la familia, faltaba solamente uno de suscaros hijos de 16 años de edad, ¡ Fue muerto porlos Indios, dos años hace!Nos paramos cuatro dias; visitamos el vecindario, invitándolo a la Misión.
La capilla fueimprovisada en una pequeñita choza abandonada,bajo las ramas de un viejo omini.
Aquí sobre algunos troncos de árboles pudimos preparar elaltar, y sentado sobre uno de ellos, Monseñorpredicaba y confesaba.
Por la mañana y por latarde, tanto los que vivían cerca como lejos venían a las funciones, avisados por una toallablanca que se enarbolaba sobre una larga pértiga.
Un dia que el viento soplaba horriblemente,y levantaba del suelo turbiones de polvo, tierray hojas de árboles, nuestro Sr.
Obispo mandócerrar, mientras celebraba la santa Misa, la únicaventana y la puerta.
Creimos por el momentoque quedaríamos a oscuras, pero no fué así.
Laluz penetraba tranquilamente por el tejado todoroto y arruinado, de suerte que Monseñor pudoleer muy bien en el pequeño misal de Misión.
En Cubanea hicimos una buena pesca de hombres, los cuales se acercaron a los Santos Sacramentos.
Y esto, debido al buen ejemplo de nuestraTabita, la cual preparó toda su familia a recibirla Santa Comunión, y decía: — Aprovechémonosahora de la gracia del Señor, a fin de que sicaemos enfermos aquí donde no hay sacerdotes,ni iglesias, podamos morir sin Sacramentos.
Yfué una verdadera profecía.
3.
Nuestro Sr.
Obispo, regresando de BuenosAyres, pasaba un día por el Rio Negro en dirección a Viedma.
Viendo pasar, muy cerca de lasuya, cuatro barcas, preguntó a los marineros dedónde venían.
— De Cubanea, respondieron.
—— ¡Oh! y ¿qué noticias nos traéis de allá?¿Qué cosa lleváis envuelta en aquella barca ? —Una difunta.
— ¿Quién ha muerto? — Magdalena Sorra! — Monseñor quedó sorprendido áestas palabras!Era nuestra buena mesonera.
Entonces, descubriéndose la cabeza, desde laribera del rio bendijo al cadáver, pidiendo alSeñor su eterno reposo.
Dichosa olla, quo vivía como buena cristiana,y se había aprovechado del pasaje de Monseñor.
V.
1.
Primera Angostura.
– La clueca El sapo – La víbora – 3.
Segunda Angostura – A.
Aventuras y cuentos i».
Payleman.
1.
Desde Cubanea nos fuimos al monte Bagualen donde bendijimos un matrimonio, recogiendounas veinte comuniones, bautizandoy administrandoel Sacramento do la Confirmación a cuatro Indios,cubiertos miserablemente con pieles de cabrito.
AI dia siguiente por la mañana fuimos a acamparnos cerca de algunas chozas, en un lugarllamado, por la estrechez del pasage que hayentro el rio y el monte, Primera Angostura.
.
.
Nos alojamos tres dias en el modesto ranchodel Indio, D.
Bartolo All’aro, cristiano, el cualdesocupó una de sus tres ó cuatro chozas, y nosla asignó para que la convirtiésemos en capillay nos sirviese al mismo tiempo de palacio episcopal, refectorio y dormitorio.
2.
Pero aquí tenían también antiguo derechode habitar dos cluecas, una con su numerosa familia, y la otra con su nido de p¡\ja y huevospara empollar.
Verdaderamente se portaron muy bien connosotros, contentándose la primera con venir alanochecer a recoger sus pollitos; y la otra estándose tan tranquila desde la mañana hasta la tardeen su nido y particularmente durante todo eltiempo de las funciones.
Una vez, después de lacomida, Zanchetta, el arriero, el soldado y yo,descansábamos a la sombra de un árbol situadoá la orilla de un lago, y Monseñor estaba sentado sobre su catre rezando el Breviario, cuandoen un momento la gallina saltó del nido precipitadamente.
Monseñor sospechó alguna cosa, y, acorcandóse para ver lo que era, vió un asquerososapo de cuatro libras al menos; y sin estorbará ninguno, hizolo escapar, y la clueca volvió tancontenta a su respectivo nido.
Pasaron pocas horas, y Monseñor que todavíaestaba leyendo, oye otro ruido mucho más fuerteque el primero, y ve que la gallina escapaba conmayor precipitación.
¿Qué cosa será esto ? Puesnada menos que una grande víbora, más larga de 50centímetros.
Entonces Monseñor llama al Dueñode la casa, quien, cogiendo un garrote, dióle unfuerte golpe sobre la cabeza, y dejóla enteramente muerta , quedando de esta manera todostranquilos.
Y aquí creo a propósito notar una clase dearañas que vagan ordinariamente por este campoy alguna vez se introducen dentro de las casas.
Es un reptil de los más venenosos , bastantegrande y a quien muerde es muy difícil, si noaplica pronto el remedio, que se salve.
En este lugar otras veinte personas se acercaroná los santos Sacramentos.
Monseñor confirió elSacramento de la Confirmación a grandes y ápequeños, bautizamos a algunos Indios, entre loscuales dos jovencitos nada menos que de 60 añosuno, y el otro de 70 et ultra.
Quizá V.
R.
preguntará : « ¿Y cómo se confiesa en Misión ?» — Respondo : los hombres encualquier sitio; el penitente arrodillado en tierra,el Misionero sentado sobre una piedra ó troncode un árbol.
Las mujeres se confiesan en cualquier rincon, cerrado desde uno al otro lado pormedio de una sábana ó cobertor.
Por de fuerapénese la penitente y dentro el confesor sentadoó arrodillado, según que haya ó no donde sentarse.
3.
Por la noche, y precedidos por el soldadoque mandamos como precursor, llegamos a unaestación, llamada Segunda Angostura , por larazon que ya dijimos arriba de la estrechez delpasage, despues del cual se sale a una interminable llanura.
Aquí habita el Indio Morales, unantiguo Thehuelche, gigante por su elevada estatura y robustéz; cristiano si, pero todavía ignorante y rústico : no sabía qué cosa fuesen losObispos.
Y por esto a nuestra llegada continuócon sus piernas cruzadas y sentado en tierra.
Su mujer, emparentada con los Linares de8.
Javier, y ya un poco avanzada en edad, estabatambién a la puerta, vestida con su bata india ,que le cubría todo el cuerpo menos los brazos;no se movió tampoco, considerándonos quizá comode casa.
No así la hjja, educada un poco másbien que ellos.
Esta se acercó a Monseñor, y,avisada por mi, le besó el anillo.
Y además nossirvió no poco para ayudarnos a instruir a suscompañeras y otras muchas niñas, que habían venido desde muy lejos a la Misión.
En tanto que se conversaba y la luciente yblanquísima luna descubríase por el horizonte,yo lúceme de cargo que el fuego de la cocinase había apagado.
Entonces, dije a la dueña quedespués de un viaje tan largo é incómodo nosencontrábamos más que dispuestos para tomaralguna cosa.
Arreglémonos como mejor pudimoscomiendo un poco de carne de carnero, a la claridad de la luna.
Las pobres mujeres no habían podido todavíaasignarnos una habitación para poder descansar,por cuyo motivo yo póseme a preparar unacama para nuestro Monseñor.
Obtuve y con dificultad una sábana y algunas pieles de cabra’y colocádalas sobre un tablado debajo de un sotechado queno impedía el poder contemplar las constelaciones celestes, lo saludé dándole las buenas noches.
Viendo que Zanchetta y los otros dos dormían yacon sumo gusto extendidos sobra la yerba, meeché también yo con dos cobertores sobre unatabla del pequeñito horno, que todo lo cocía menos— 33 —el pan, y encomendándome a Dios y à MariaAuxiliadora, me quedé dormido.
3.
Por la mañana temprano me levanté y fuiinmediatamente a ver a Monseñor para darle losbuenos dias.
Pero en vez de él me encontré á0 grandes perros que dormían encima y debajode su cama.
Sali al campo y me lo veo tanalegre, que regresaba de la vecina laguna con sutoalla bqjo el brazo.
Habíase ya lavado y cepillado el polvo del dia anterior.
La noche siguiente, habiendo él cedido el referido sotechado a algunas familias de Indios, quehabían venido desde muy lejos, tuvo que dormirmuy cerca de mí, sobre una cama más baja ysegura: ¡en el suelo!A estos Indios y en general a todas las familias que venían de lejanos lugares a la Misión,además del alimento espiritual de la Palabra deDios y de lo santos Sacramentos, debíamos también proveerles, a nuestras expensas, el alimentocorporal, a fin de no obligarlos a que se fuesenen ayunas a sus propias casas.
Pero esto es lo de menos, con tal que se salvenlas almas.
Catequizamos durante los dos dias y bautizamosá los ludios adultos instruidos, como mejor pudimos , y no pocos niños de familias cristianas.
Monseñor los confirmó y esperaba también unanumerosa Comunión; con tal fin había recomendado a todos los circunstantes que ninguno a lamañana siguiente tomase el mate, que es la bebida predilecta que ellos tienen.
Si lo entendieron ó nó, yo no lo sé : el caso es que poquísimosse hallaron en ayunas.
Hay entre esta gente una costumbre ya arraigada, y es que cuando se bautiza a algún niño,ó se celebra algún matrimonio, dan un baile.
Algunos de aquellos Indios, sabiendo que al díasiguiente tendría lugar el bautismo y matrimoniode varios compañeros suyos , vinieron con unaguitarra, y antes que se comenzase la función,hacían ya oir sus disonancias, como preludio dela vocinglería que habrían de armar, dentro depocos minutos.
Hizose necesario toda la paciencia de Monseñory la autoridad del dueño de la casa, para obtenerque suspendiesen el baile hasta el dia siguiente,después de nuestra salida.
4.
Es notable la facultad perceptiva y la vivaimaginación de estos Indios.
Llegada la nochedel primer dia de nuestra Misión, Monseñor, sentado sobre unas malezas, se entretenía con Morales, contándole algunas cosas de Europa.
Maravillábase el Indio al oir hablar del Papa,que es cabeza de más de doscientos millones decristianos; de la suntuosidad de Roma, y de lasciudades más importantes de Italia.
No hacia otra cosa más que exclamar : — ¡Oh!¡qué cosas grandes! ¡Oh! qué grandes cesas!Cuándo le habló despues de Turin, de D.
Bosco,de nuestro Oratorio con sus mil jovencitos, miraba sus ovejas, a las cuales desearía matar paradar de comer á-todos esos niños.
Y refiriéndolede nuestras altísimas casas de cuatro, cinco yhasta seis pisos llenas de gente, alzaba poco ápoco los ojos como midiendo, y después bajandola cabeza, hacia como que temía le cayesenencima.
Estas cosas entretenían a nuestro buon Mesonero y lo alegraban.
Pero yo estaba no poco mortificado, puesto quedebíamos salir, y 3 de nuestros mejores caballos,entre los cuales también el de Monseñor, se habían escapado, sin pedir permiso alguno.
Mandéal soldado fuese a buscarlos (después de ochodias los encontró y nos alcanzó), y ú la mañanasiguiente salimos con los que nos habían quedado y nos dirigimos hacia la estancia del IndioPayleman.
5.
Lo habíamos encontrado por ol camino, ynos esperaba ya desdo algunos dias en su casa.
Payleman es un buen Indio cristiano y bastanterico, y habla un poco el español.
Llegados después de cuatro horas de galope,atravesando llanuras interminables, no muy lejosde sus ranchos (casitas de tierra y madera) haciamuchísima niebla, y no sabíamos por donde tirar.
Allá a lo lejos vimos levantarse una espesapolvareda.
— Debe ser algún rebaño do ovejasque se retira al corral, dijimos; — Dirijámonos,pues, hacia allá.
— Y fué una buena suerte.
Unhermoso niño Indio, entendió la pregunta que lohize en su idioma, y me respondió inmediatamente que él era uno de los pequeños zagales dePayleman.
La señora, que es una buena Valdiviana dolas Cordilleras de Chile y un poco instruida, nosesperaba ya, y además nos había visto desde muylejos, entrar en sus tierras.
Recibió muy cortésmente a Monseñor, y presentóle sus seis hijitos, quo corrieron a besarleel anillo.
Nos proveyó de agua, jabón y cepillo.
Despuésnos trajo agua fresca del Rio, quo pasa muycerca de aquí, mandó calentar ol mate y nospreparó una cena compuesta do pan y carne.
La buona y precavida mqjer, no usándolo lafamilia, había mandado traer el pan de una casa,distante de allí unas seis leguas.
Se puso una sola mesa para toda la familia.
Nosotros teníamos una botella do vino y lo repartimos entro toda la familia.
Dormimos enbuenas camas; y por la mañana temprano celebramos la santa Misa é hizimos rezar a todos, lasoraciones.
Bautizamos después a cinco Indios ysalimos para la Colonia Conesa.
La precaución y prudencia exigían que llegásemos antes de las once de la mañana, a fin delibrarnos del fuerte sol que abrasa aquellas llanuras y es perjudicial a todos los que pasan poraquel camino.
Pero he aquí otro impedimento, pues el caballo que llevaba el equipage, imitando el malejemplo que sus compañeros le habían dado,mueve la carga y amenaza de tirarlo todo.
Nosparamos un buen rato para atender a esta necesidad y entonces fué cuando Monseñor me preguntó: — ¿Cuál es el Santo protector de estasdesgracias ? — Santa Paciencia, respondí yo.
— Pues bien, encomendémonos a esta Santa,— 34 —à fin de que nos acompase desde ahora en adelante.
Y de este modo, riéndonos un poco de cuandoen cuando, el viaje por el desierto, nos pareciómenos largo y más llevadero.
‘ VI.
1; Conesn – lì.
Buena acogida – 3.
Misión – 4.
La cola «leí caballo – 5 Perjuicios – <;.
Travesías - 7.
El Turco- 8.
Quien tiene tiempo, no espere.
1.
Después de tres horas de buon galope, llegamos al medio dia a donosa.
Desde el año 1879que fué declarada colonia, con el número de unos500 Indios, bajo la dirección del Gobierno , elcual les pasaba la ración.
Pero a causa de lamala administración de los que estaban a la dirección, no dió ningún buen resultado.
El Gobierno, viendo que después do tros anosno mejoraba, retiró la ración y los Indios seesparcieron por varios puntos de la Patagonia.
Sin embargo, se quedaron en los alrededores,algunas familias quo tenían ya un buen capitalito.
Además de estas, hay hoy en Conesa y en susalrededores algunas familias, la mayor parte españolas, y otros emigrados de la Europa, alemanesde nación, y protestantes de religion.
2.
Aqui fuimos hospedados por el Sr.
alcalde,D.
Mariano Rodríguez.
En los tres dias de nuestrapermanencia vinieron a obsequiar a Monseñor, elComisario de la colonia y el maestro de escuela,D.
Dalmiro Payera.
3.
Recogimos como unas treinta comuniones,y además algunas Confirmaciones y Bautismos.
Monseñor, si bien desea siempre mucho, sabesin embargo contentarse también con el poco, yse consoló diciendo : « Nuestro amadísimo DonBosco dice que nosotros por lo de ahora hemosvenido solamente para sembrar; otros vendráná recoger.
¡ Luego, ánimo y adelante ! Estas treintacomuniones se multiplicarán un dia hasta 300,después hasta 3000, y después.
.
.
.
después serálo que el Señor querrá de estos pobres habitantesdel desierto ».
4.
El dia do la salida hacía un viento tanfúorte, que nos hizo dudar por un instante, siseria ó no conveniente exponernos a la prueba.
Era necesario pasar a la otra parte del Rio, yéste con sus agitadas olas nos hacia temer ydudar no poco.
Pero como Monseñor tenia el tiempo limitado,dijo que si los caballos podían vadearlo, lo pasaríamos también nosotros.
Salimos, pues, al Nortede Conesa.
Echáronse a nado los caballos, y los caballerosmetiéronse en un bote.
Llevábamos dos buenosremeros; pero cuando llegamos a la orilla, nopodíamos saltar en tierra a causa del fuerteviento y oleqje que hacia.
De suerte que, tuvoque echarse al agua el timonero y asiéndose confatiga a la orilla, corrió para coger a uno denuestros caballos, y atándole fuertemente a lacola una cuerda que nosotros teníamos agarradapor un extremo, y a fuerza de gritos, pudo congrandísimo trabajo acercarnos hácia la orilla.
Vencida esta dificultad, presentábase aún otra.
Vadeado el rio, nos quedaba la operación dereunir los caballos y cargarlos, y en hacer estoempleamos una hora larga.
El calor, por más que el sol habíase puestoya, era excesivo, y en la ribera del Rio poraquellas partes no había ni siquiera un árbol.
Monseñor se refugió debajo de un césped pobladode juncos, único residuo dejado allá por la voracidad de las langostas, que lo habían roído ydevastado todo hasta las raíces.
Mientras nuestro Sr.
Obispo descansaba unpoco, Zanchetta, los otros dos y yo, fuimos ábuscar los caballos que se pastaban esparcidospor el campo.
Una vez reunidos, los cargamos y nos preparamos a la marcha.
5.
Montados todos en los arzones, recorrimoscomo unas dos leguas, para bendecir iin matrimonio en una familia.
Era el lúnes a la caída del sol, por cuya razon,creimos sería mucho mejor celebrarlo al dia siguiente por la mañana después de la santa Misa.
Pero no pudimos persuadir al novio a queesperase hasta el mártes.
Y esto por la superstición de que el matrimonio celebrado en dichodia, debe dar.
malos resultados.
Y por esto suelendicir : De viernes y mártes ni te cases, ni teembarques.
Suplicaba, pues, el novio a Monseñor que bendijese en aquella misma tarde del lunes el matrimonio, ó bien esperaría hasta el miércoles.
ViendoMonseñor que no era posible hacer cambiar de opinion a aquel pobrejovencito, condescendió, pero conla condición deque también él le daría la satisfacciónde verlo acercarse a la sagrada Comunión, enla Misa del dia siguiente.
Por cuyo motivo preparamos inmediatamenteel altar en la habitación mas espaciosa, se confesaron los novios, y recibieron la bendiciónnupcial.
Fieles a la promesa, al dia siguientehicieron con mucha devoción la santa Comunión,juntamente con un hermano de la novia, ya bastante grandecito, el cual comulgaba por primera vez.
6.
Administrados algunos Bautismos y variasConfirmaciones, nos fuimos hácia la ribera situadaal Nordeste del Rio a fin de regresar a Patagones.
Habíamos visitado toda la orilla derecha del Rio Negro hasta Conesa.
Nos quedaba aún por visitar la de la izquierda, y lohicimos corriendo, porque Monseñor era esperadopara bendecir la nueva iglesia de Viedma, yaprovechándose de la ocasión, metióse en uncabriolé en compañía de D.
Tomás Castre, alcalde, y nosotros a caballo, nos dirigimos todosá su casa donde nos paramos un poco y bautizamos a dos pequeñitos Indios.
Dejado pasar el calordel medio dia, ensillamos nuestros caballos parahacer una de las asi llamadas travesías.
Estasi bien no era de las más terribles, no dejaba deser bastante sèria.
Se trataba de pasar de unasola vez por una llanura de 40 kilómetros de— 35 —largo, y por medio de senderos estrechísimos yllenos de zarzales y matas.
El camino por dichas travesías es difícil y peligroso.
Hay muchos rodeos, hechos por los animales que van solos é instintivamente a beberal rio, y si el pobre viajero llegara a equivocarse,correría peligro de meterse en un laberinto, delcual no saldría tan fácilmente.
He dicho que debe hacerse de una sola vez,porque no hay oasis alguno para pararse, ni tampoco un sitio donde poder beber un vaso de agua.
Por lo tanto, calculada la fuerza de los caballos,de dos leguas por hora, salimos a las 4 de latarde, con intención de llegar al referido puerto,llamado el Turco.
Pero el cálculo no nos salió bien.
Habíamoscorrido más de cuatro horas por entre aquellasespinas, sobre terreno duro y pedregoso, y loscaballos estaban ya cansados, y particularmenteuno, al cual tuvimos que dejar atrás, en mediodel desierto (lo encontramos 4 meses después, enPringles).
Cogiónos la noche y era tan oscura,que no podíamos distinguir el camino.
Soltamos, pues, las riendas dejamos a los caballos nos llevaran por donde quisiesen, y ellosandando continuamente por entre aquellas' matas, y habiendo sentido quizá, a bastante distancia ,el olor del agua, pusiéronse a correr por la muchased que tenían, y fuimos a parar a un sitio muycercano al Turco, puerto situado a las orillasdel rio.
7.
El Turco , pequeña choza de tres habitaciones, es llamada asi por un Montenegrino, quela edificó a expensas suyas.
Pero no Turco, sinomas bien debía ser cismático Griego.
Era sinembargo, bastante atento y cortés con las personas que por aquellas partes transitaban, v vivíaen compañía de un Negro.
Varias veces hospedó a nuestros Misioneros,y nunca quiso recibir dinero alguno en recompensa.
Al llegar, nosotros nos hallábamos muycansados y también en buena disposición de cenar.
El nos recibió bastante bien : al instante mandóa su Negro (que hablaba a las mil maravillas eldialecto genovés) nos preparase una exquisitatortilla, con pan fresco, queso y una buena botella de Bordeaux, con todo lo cual pudimos restaurar nuestras fuerzas perdidas.
Dimos gracias a la Divina Providencia porhabernos asistido tan visiblemente, y mientrasMonseñor rezaba sus oraciones, yo con nuestromesonero le buscamos un puesto para que repodase.
Pero ¿cómo hacerlo ? Había solamente treshabitaciones; una bodeguita de comestibles, lacocina y un pequeño almacén que contenía frascos, sacos, cajas de petróleo, de pastas, algunasescobas viejas, terrajas, martillos, etc.
, etc?Colocamos, pues, del modo que mejor pudimos,fres catres y dormimos Monseñor, el dueño y yo.
Zanchetta y los demás, como de costumbre, bajola cubierta de un carro y al aire libre.
, Pero aún asi y todo, pasamos una noche felicísima, tanto por la bondad y cortesía del mesonero como por la piadosa mirada de la luna, quedejábase ver tan luciente por Ja hendeduras deltabique, que servia para cerrar la puerta y ventana, pues las dos eran una cosa sola.
8.
Al salir, el Montenegrino dió a Monseñoruno de sus mejores caballos, puesto que no habíamos podido encontrar aún a los nuestros, prometiendo al mismo tiempo que vendría a visitarnos en Patagones.
Vino, on efecto, pero el pob recito, antes de que Monsefíor regresase deBuenos-Ayres, cayó enfermo de una syncope, ymurió sin haber podido realizar los proyectos enfavor de su alma, como lo había combinado connosotros.
Vil.
1.
Pringles - 2.
Ybañez - ».
El Molinoì Lilvgada a Patagones.
1.
Cuando llegamos a la colonia Pringles, fuimos a alojarnos, como de costumbre, a una posada, pues si bien es verdad que hay una hermosa iglesia, pero no tiene habitación alguna parael sacerdote.
Poco tiempo después vinieron a visitarnos lasautoridades, el Sr.
juez de paz, el comisario yotros algunos señores importantes de la colonia.
Uno de estos, no pareciéndole conveniente queMonseñor se hospedase, en la posada le ofreciósu casa.
El le dió las gracias y díjole que enotras visitas que le haría más adelante, aceptaríagustoso su ofrecimiento.
Entanto aceptó la invitación a una modesta comida.
Nos paramos cuatro días, durante los cualesMonseñor predicaba por la mañana y tarde.
Zanchetta y yo enseñábamos el catecismo a losniños y niñas.
Además de los Bautismos y Confirmaciones se hicieron más de 40 Comuniones.
— Podíamos haber pescado más, decía Monseñor, si hubiésemos podido también quedarnosun poco más de tiempo, y si estos benditoshombres no se dejasen llevar del respoto humano.
Sí, carísimo Padre D.
Bosco, esta (irán Bestiahace grandes estragos en estos desiertos, tantosy quizá más, que en las ciudades de Europa.
Ylo más deplorable os, que de dicha desgraciason víctimas también la mujeres.
Por fortuna Monseñor va haciendo desaparecerpoco a poco la referida Bestia, con reuniones y asociaciones mensuales, y por los resultados que hastaahora obtuvimos, tenemos hartos motivos de esperar un buen avenir.
Vinieron a acompañarnos,cuando salimos, el Comisario, J uez de Paz y otrasfamilias de la colonia.
2 Nos cogió la noche, después de seis leguas,en un amenísimo valle bañado por el Rio Negro,y pernoctamos en casa de un cierto D.
GavinoYbañez, cuyo hijo mayor educábamos un tiempoen nuestro Colegio de Patagones.
Había sido ya avisado de nuestra llegada, ynos obsequió con una trucha exquisita, pescadaaquel mismo día en las límpidas aguas del rio.
Su piadosa consorte nos había preparado también,en una habitación, un precioso altarcito, en dondeMonseñor confirmó a dos de sus niños.
Por la mañana y sin haber podido celebrar lasanta Misa, pues habíamos dejado los ornamentosen Pringles, montamos sobre nuestros caballos y— 36 —al galopo recorrimos como unos 60 kilómetros,en siete horas.
l< 3.
A.
fln de reposar un poco, nos paramos mediahora en un pintoresco valle, llamado el Molino.
Su propietario es un tal Malaspina, italiano, elcual montó un molino a vapor para comodidadde las colonias que habían sembrado grano.
Aquíes la parada ordinaria que hacen los que van áPringles.
Dejamos 6 caballos para que descansasen y senutriesen, en una fértil isla formada por el rio;y ensillados los otros 4, seguimos nuestro camino.
4.
Al medio dia nos encontrábamos ya sobrela cochilla (pequeña colina de Patagones, que enforma de anfiteatro, rodéa la población).
Nuestros caros hermanos nos esperaban ansiosos, y dándonos la bienvenida, nos condujeron,después de haber dado las debidas gracias a Diosy a Maria Auxiliadora, con muy buena salud yno poco apetito, al refectorio.
Era el dia 29 denoviembre.
Hablamos de todo un poco, y enprimer lugar de las noticias de la Misión, despuésde las cosas de casa y luego de las de Europa,de D.
Bosco, del Oratorio, etc.
, etc.
Monseñor me dejó descansar por algunos dias,siquiera para que me pudiese cepillar el polvo, ytambién prepararme a tomar de nuevo el mismocamino del desierto, hasta las Cordilleras.
El había presenciado la necesidad de ocuparseá costa de cualquier sacrificio y fatiga, en lasalvación de las almas, privadas muchas, de lossantos Sacramentos, é ignorantes otras, de losmisterios de nuestra santa Religion, que in tenebrili et in umbra mortis sedent.
Por esto, cargados nuevamente los caballos, ytomado por compañeros a nuestro D.
BartoloméPanaro y al catequista Francisco Forcina, el dia3 de diciembre, yo me encontraba de nuevo enmarcha para Pringles.
Suspendo, carísimo Padre en Jesucristo, unpoco mi larga narración, para proseguirla muypronto, y narrarle lo restante de la Misión muchomás larga todavía.
En tanto, como estamos seguros de que su corazón de Padre piensa continuamente en sus hijos,máxime en aquellos de la Patagonia, excusamosdecirle que lo haga, antes bien esperamos quecontinuará haciéndolo, con el auxilio de sus oraciones.
¡Oh! si supiese qué vida es la de losMisioneros, en estas tierras! Si, lo sabe, y lohaga sabor a nuestros hermanos de ahi y especialmente a nuestros Cooperadores y Cooperadoras,á fin de que rueguen por nosotros, por nuestrosneófitos y por los demás infelices que no conocenaún el dulcísimo Nombre de Jesús Salvador.
Y también para que continúen a sostenernoscon el socorro de su mucha caridad, único mediopara seguir adelante con nuestra emprendidaMisión de la Patagonia.
Suyo afectísimo en Jesús y AlariaDomingo Milanesio, Pbro.
Carmen de Patagones, I" de setiembre de 1886.
- ORACION A MARIA SANTISIMA.
He aquí la oración aprobada por nuestro SantoPadre Leon XIII, y enriquecida con 300 dias deindulgencia por cada vez que se reze, que elCardenal Vicario de Su Santidad ha dado a conocer a los fieles.
« Maria, Virgen Inmaculada, Madre de Diosy Madre nuestra, mira los ataques que de todaspartes dirigen el demonio y el mundo a la fecatólica, en la que, para lograr la gloria eterna,quiero, por gracia de Dios, vivir y morir.
•» Auxilio de los cristianos, renueva para salvará tus hijos las antiguas victorias.
A Ti confianel firme propósito de no pertenecer jamás a sociedades de heréticos y de sectarios.
Presenta.
Santísima Señora, nuestros propósitos a tu DivinoHijo, y alcánzanos las gracias necesarias paraperseverar hasta el fin.
» Consuela a la Cabeza visible de la Iglesia,sostén al Episcopado católico, protege al clero yal pueblo que te aclaman Reina, y con el poderde tus súplicas acerca el dia en que todas lasgentes se consagrarán alrededor del Pastor Supremo.
Amen.
»UN SORDO-MUDO EN LOURDES.
ün jó ven suizo, de 18 años de edad, era sordomudo de nacimiento.
Jamás en toda su vidahabía articulado ni una sola palabra.
Sin embargosus padres habían procurado darle toda la educación que su triste estado permitía, y habíallegado a poder escribir.
Habiendo sabido una vezlas maravillas de N.
S.
de Lourdes, se sintióimpelido como de una fuerza oculta hacia la Virgen de los Pirineos.
Manifestó a su familia sudeseo, pero ésta si bien gente de té, se opusieronformalmente al viajo.
Mas el joven no se dio porvencido; y un dia con el bastón en la mano sepuso en camino, llevando sobre el pecho y laespalda un letrero escrito que decía :Sorda-mudo, voy a Lourdes: indicadme el camino.
Eran los primeros dias de junio, y por dosmeses el peregrino de Lourdes caminó de puebken pueblo, alojándose donde la Providencia le doperà ba algún sitio, y en la época del peregrinajenacional llegaba a la sagrada gruta con su bastón, con los zapatos llenos de polvo y el vestido todo roto.
Sólo la inscripción había desaparecido, después de haber hablado por el caminoen vez del mudo, y no debía aparecer ya, porqueel mudo tenia que hablar.
Bebió agua, se lavó en la fuente, después semezcló entre la multitud de los peregrinos queoraba, ya de rodillas, ya con los brazos en cruz.
La gente cantaba de cuando en cuando algiwralabanza a la Sma.
Virgen y con mucha frecuencia el Ave Alaria.
De repente el sordo oye y el mudo canticon los demás; Ave Afaria.
Había sanado.
ESeñor había premiado con un espléndido milagrola fe del joven cristiano.
c«» aprobación de la 1st.
Eclesiástica — Córente HATEO CHICL'OGTurin, I’M - fipwraía Salesiani.
Libreria Salesiana de lurinLITURGIABREVIARIO romanumEX DECRETO SS.
CONCILI! TRIDENTINIRESTITUTUMS.
PII V PONTIFICA MAXIMIJUSSU EDITUMCLEMENTIS Vili, URBANI Vili ET LEONIS XIIIAÜCTORITATE RECOGNITUMCum adprobatione S.
Rituum CongregationisIN QUATUOR PARTES DISTRIBUTUMTaurinensem hanc editionem Breviari! Romani in quatuor partes novitei* editam, quam vobis exhibemus, vobisque commendamus, Rev.
mi Eccleshe ChristiSacerdotes, hnmaniter ac benigne vos exceptares confidimus.
Locupletissinia naniqueest, et ut numeri» omnibus esset absoluta totis viribus conati sumas.
In primis novam hanc editionem ad normam recentiorum decisionum redegimns,qnas per suas Litteras Apostólicas diei XXVIII Julii anni 1882 S.
D.
N.
Leo 1*.
XIIIad universam Ecelesiam Breviario Romano utentem direxit, et per 8.
R.
Congregationem explicavit.
Quod quanto oneri editori, sacerdotibns vero commodo atqueutilitati sit, nemo est qui non videat.
Quapropter in hac nova editioneofficia vel recentius concessa, vel ad universamEcelesiam extensa, aut in nonnullis immutata et correcta suis locis collocavimus ;officia vero votiva per annum, ritu semiduplici, pro singulis hebdomad» feriis exindulto concessa adjecimus.
una cum suis rubricis rubro charactere impressis.
Haecpeculiariter quoad editionis ordinem et perfectionem.
Si vero inspiciatur Typographi sollicitudo et cura, turn pro nitore et perspicuitate impressioni», turn pro grammaticali et orthographica correctione verbornm ;si splendor impressionis colori bus nigro-rubris exornatae, si commoda in quatuorvolumiua divisio non ita grandia singula ut oneri sint, sed satis ampia et perspicui»characteribus typicis ut visui omnium faeilis sit lectio, haec editto certe prae omnibuserit accepta.
Et certe nihil infectum reliquimus quominus perfectissima evaderei,quod apprime agnoscens Sacra Rituum Congregado sua adprobatione communivit.
In spoeta insuper pretti tenuitate, certe hac editto omnium commodissima erit.
Qui illam igitur sibi comperare volnerit litteras mittat una cnm pretto inferi us adjecto.
— In Italia: Alla Libreria Salesiana.
riaCottolengo 32, Torino;In Hispania: — Libreria Salesiana.
Babcelosa.
— Sabbia’.
Cuatro volúmenes en rústica .
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P.
22 00Encuadernados en tela inglesa y dorso flexible.
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> 29 —En piel, dorso flexible y corte encarnado .
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» 30 —En piel, corte dorado.
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» 37 —En chagrin negro, corte dorato, dorso flexible.
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