Boletín Salesiano. Julio 1887
1B II. – N. 7 Sale ima vez al mes. JULIO 1887. BOLETI S1IJS1W Debemos ayudar á nuestros hermanos á fin de cooperar á la difusión ¿le la verdad, (III. S. J’üAB, S) Atiende á la buena, lectura,, á la exhortación y á la, enseñanza, íl. Tim. jy. 13) Entre has cosas divinas la más divina es la de cooperar con Dios á la salvación ¿le las almas, (S. Dionisio) Un amor tierno hacia el prójmo es uno de los más grandes y excelentes dones , que la divina bondad puede hacer á los hombres, El Doct. S. Fr.anc. de Sales. Cualquiera que reciba á un niño en mi nombre, recibe á mí mismo. (Mat. xviii) Os recomiendo la niñez y la juventud; cultivad con grande empeño la educación cristiano.; proporcionadles libros que enseñen á huir el vicio y á practicar la virtud. (Pío IX) Redoblad todas vuestras fuerzas para retraer á la niñez y juventud de las insidias ¿le la, corrupción y de la incredulidad y preparar de esta manera una nueva generación. (Leon XIII) —>4 UIRECCIODJ en el Oratorio Saíesiim®. — Calle Cottoleng’® N“ 38, Turiis (Italia) Sumario. —- La Fiesta de María Auxiliadora en. Turin. — Viaje de los Misioneros Salesianos y de Mons. Cagliero á Chile ■— Carta I: Desde Buenos Aires á Concepción — Carta II: Los Salesianos en Concepción — Carta III ; Peligrosa caída de Mons. Cagliero. — Fiesta de María Auxiliadora y Conferencia de los Cooperadores Salesianos en los Talleres y Colegio de Sarria (Barcelona). — Gracia de María Auxiliadora. —- Historia del Oratorio de S. Francisco de Sales. FIESTA DE MARIA AUXILIADORA en Turin. El día 24 de Mayo celebróse con extraordinaria pompa y solemnidad la fiesta de María Auxiliadora én su Santuario de Turin. Muchísima fue la concurrencia, extraordinaria la piedad de los devotos, espléndidas las sagradas funciones, y especialmente la música suave y verdaderamente armoniosa. Las calles que rodean el referido santuario estaban llenas de personas de todas las edades y condiciones, no solamente de la ciudad sí que de otros lugares lejanos, las cuales habían venido ora para cumplir con. sus votos, ora para dar gracias á la celeste Bienhechora por los favores que durante el año les habla obtenido, y ora para pedirle con humildad ye confianza las gracias de que más necesitaban. Como el templo, á pesar de ser tan vasto, no podia contener tanta gente, muchos se vieron precisados á esperar en la plaza para entrar á medida que los otros saliesen. Los devotos que asistieron á tan hermosa función eran de diversas naciones. Este año tocó á los españoles ser Priores de tan solemne fiesta. Vinieron, pues, expresamente de Barcelona dos ilustres consortes con sus tres hijitos, entre los cuales una graciosa niña que recibió por primera vez á Jesús Sacramentado de manos del venerando D. Bosco, quien, en aquel precioso dia atraía hacia sí la simpatía y veneración de todos. Al hallarnos presentes á semejante concurrencia de gente, venida de tan lejanas y diversas partes, nos pareció ver con nuestros propios ojos realizadas- las palabras del Profeta, que la Iglesia aplica á la Sma. Virgen: « Vendrán tus hijos desde muy lejos, y tus hijas se levantarán por todas partes : » Filii tui de longe venient, et filiae tuae de latere sur-gent; hemos visto además practicado el consejo que en el himno del Oficio de dicha fiesta, da la Iglesia á sus hijos diciendo en nobilísimos versos, que el coro de las vírgenes castas y de los inocentes niños, que el Clero regocijado, que el pueblo lleno de agradecimiento y que en fin, todos, los — 74 — órdenes van á porfía en celebrar las glorias de la celeste Reina: Virgines castae, puerique pueri Gestiens clerus, populusque grato Corde, Reginae celebrare coeli Munera certent. Tomaron parte á las sagradas funciones dos limos. Obispos. Celebró la Misa de la Comunión general Monseñor Basilio Leto, Obispo titular de Samaria, y pontificó en la Misa solemne y Vísperas Mons. Eduardo Pulciano, Obispo de Casale Monferrato. Su Eminencia Rdma. el Cardenal Alimonda, nuestro veneradísimo Arzobispo, nos manifestó su sentimiento en no poder intervenir, por hallarse un poco indispuesto en su salud. Si la fiesta de María Auxiliadora salió tan espléndida, juzgamos que haya contribuido mucho á ello la novena predicada por el M. Rdo. Sr. Cura Párroco de Vige-vano D. Antonio Colli, el cual coronó su elocuente predicación con un magnífico y fervoroso discurso, pronunciado en el dia de la solemnidad, demostrando á un pueblo inmenso que Maria puede cuanto quiere, y quiere ser el auxilio de los cristianos. Fué también muy buena preparación á la solemnidad la Conferencia de los Cooperadores y Cooperadoras, que el dia antes por la tarde, tuvo lugar en el Santuario, y en la cual el Pbro. D. Rúa, Vicario de D. Bosco, narró las fiestas que pocos dias antes, se habían celebrado en Roma por la consagración de la’ iglesia del Sagrado Corazón ; la cordialísima audiencia que el Padre Santo concedió á D. Bosco ; la bendición especial que el Sumo Gerarca dio á todos los que habían concurrido con sus limosnas á la erección de la referida iglesia; el progreso de las Misiones Salesianas en la Patagonia y la protección especialí-sima de María Auxiliadora, que todavía en estos últimos meses quiso mostrarla salvando milagrosamente de una muerte cierta á Mons. Cagliero, Superior de dichas Misiones. Afortunada Turin, que puede asistir cada año á una manifestación de religión y piedad cristiana tan extraordinaria, que aviva la fe, anima á la virtud y enajena las almas hacia Aquella, que con justo título es llamada el decoro y ornamento de la Iglesia, el auxilio poderoso del pueblo cristiano. VIAJE A CHILE DE LOS SACERDOTES SALESIANOS Y DE MONS. CAGLIERO. Carta I. Desde Buenos Aires testa (¡ocepdw. Concepción de Chile, 7 de Marzo de 1887 Muy R-DO. y querido D. Bosco : Deo gratias! Deo gratias ‘ Y también sean dadas á la Sma. Virgen Auxiliadora, á s. José, á san Francisco de Sales y á nuestro Angel de Guarda, que tan visiblemente nos protegieron y guiaron en este largo y peligroso viaje. Estamos en Concepción desde ayer, y mañana, si Dios quiere, entraremos definitivamente en nuestro nido ■, quiero decir, que mañana mismo comenzaremos nuestro trabajo, por cuya razón le escribo, hoy. Io. Salida de Buenos Aires. – Llegada á Mendoza. — Nada le diré de nuestra salida de Buenos Aires. Para nosotros la impresión fué de veras profunda. Nos parecía hallarnos á los pies de María Auxiliadora, en ese Santuario de Turin, y que saludando á los hermanos y amigos de ahí y recibiendo la bendición del amadísimo Director, descendiese también sobre nosotros la de nuestro carísimo D. Bosco. Salíamos no para surcar los mares , sino para atravesar los montes y montes tan altos como los Andes. ¿ Los volveremos á pasar ? ¡ Quién lo sabe! Nosotros lo tenemos por cierto. Pero así como de los que salen de Turin son muy pocos los que vuelven; así también de los que salen de Buenos Aires para ir á Chile , pocos serán los que volverán. Paciencia ; si no hay más que un solo camino que conduce al Paraíso, es indudable que se encuentra en todas las partes del mundo , y por consiguiente procuraremos andar por él á fin de reunirnos todos allá arriba, para no separarnos jamás. Despues de 37 horas de viaje llegamos á Mendoza. Nos habíamos propuesto seguir adelante sin detenernos más que lo preciso , pero encontramos un obstáculo. En la estación nos esperaba un afabilísimo hermano de la Compañía de Jesús, el cual, despues de recoger con suma bondad todos nuestros equipajes, nos llevó á la Residencia. Aquí los RR. PP. Jesuítas, siempre tan buenos y cariñosos con nosotros , nos trataron con una atención y fineza indescribibles. Ellos pues, se opusieron á que saliésemos tan pronto y nosotros no pudimos menos de condescender á sus deseos. Creíamos que despues de haber celebrado la santa Misa podríamos proseguir nuestro viaje : pero , nada de eso , nos respondieron aquellos buenos Padres, es absolutamente imposible ; primero es preciso buscar los guias, preparar bien todas las cosas, visitar la ciudad y sobre todo descansar un poco. No pudimos re — 75 — húsar y nos quedamos un di a entero. Los mismos Padres se encargaron de buscar los guias á un precio bastante módico. Despues, de comer, el mismo Superior nos acompañó á visitar los conventos de los PP. Dominicos y Mercedarios. Hemos visto la iglesia de los Franciscanos; la construyen todavia , y cuando estará concluida será monumental. Fuimos á ver despues la ciudad antigua que está casi toda arruinada; elé-vanse aún las columnas, los arcos y las torres de las iglesias de los PP. Jesuítas , Dominicos , Franciscanos, Mercedarios, etc. Esta ciudad fue destruida enteramente el año 1861; se volvió á construir, pero en otro sitio , con casas mucho más bajas y calles más anchas, por temor de los terremotos. La vista de aquella ciudad convertida toda en escombros nos llenó de dolor. La Divina Providencia que todo lo hace bien, permitió que acaeciese aquella catástrofe el último dia de una misión, á la cual había tomado parte toda la población. Guando volvimos á casa nos ocupamos enseguida de los preparativos para el viaje ; ó mejor dicho, fueron los mismos Padres que se ocuparon de ello ; cierto que nuestros hermanos de Buenos Aires no habrían podido hacer más ni mejor. Para nosotros fué una lección hermosísima la que nos dieron aquellos fervorosos Padres, y nuestro agradecimiento hacia sus muchos favores será indudablemente eterno. 2o. Uspallata. – Los temporales. – Las nieves. – Dos viajeros y sus elogios del pueblo Chileno. – Punta de Baca. — El dia 24 á las 8 de la mañana dejamos á Mendoza, despues de haber ofrecido el Sto. Sacrificio de la Misa, y recibido la bendición de aquel óptimo y Rdo. Padre Superior. Antes de llegar al pie de la montaña nos vimos obligados á atravesar una inmensa llanura enteramente desierta y toda llena de polvo, que nos molestó por cierto no poco. De suerte que hasta las 3 de la tarde no pudimos comenzar á internarnos por la montaña. A las 4 nos paramos á descansar en un pequeñito rancho , donde pasamos la noche durmiendo en el suelo, sirviéndonos de colchón y almohada la silla y arreos de nuestras mulas. Aquí encontramos dos viajeros que venían del interno de las montañas totalmente mojados, á causa de un fuertísimo temporal , que por aquí son muy frecuentes. Mal presagio para nosotros que no teníamos con que defendernos de la lluvia, dado el caso que nos sorprendiese. A las 4 de la mañana salíamos , pues, sobre nuestras mulas en dirección á Uspallata, donde por fuerza los viajeros tienen que hacer noche, ■sea cual sea el punto de donde vengan. Llegarnos despues de 13 horas de camino. Durante este trecho estuvimos en un tris que nos mojásemos. Por todas partes nos rodeaban los temporales ; veíamos con temor aquellos negros nubarrones que pasaban rápidamente sobre nuestras cabezas, amenazando de continuo precipitarse sobre nosotros.: pero, gracias á Dios, no nos hicieron daño. Al salir de una garganta se nos presentó un espectáculo magnifico. Nos hallamos al frente de otras altísimas montañas, todas coronadas de blanco. Sabia caído la nieve sobre ellas durante la noche anterior. Un ¡oh! de sorpresa, nos escapó á todos. ¡ Qué hermoso ! exclamábamos, ¡ qué magnífico es todo esto ! y durante varias horas disfrutamos de aquella linda y encantadora vista. A las 5 de la tarde llegamos á Uspallata. Aquí encontramos á dos jóvenes españoles que venían de Chile. Nos dieron varios consejos muy oportunos para lo restante del viaje, ensalzaron hasta las nubes la población chilena, muy cristiana y religiosa, elogiando extraordinariamente á la de Concepción, que conocían muy bien. El pueblo de Chile, decían, es eminentemente católico ; el de Concepción es beato. Al dia siguiente por la mañana á eso de las 7, nos dirigimos hacia un lugar llamado Punta de Baca y al cual llegamos á las 8 y 1¡2 de la noche, con un fuertísimo viento que por cierto nos hizo sufrir bastante. Por primera vez, despues de nuestra salida de Mendoza, creimos conveniente tomar un plato de sopa y alguna otra cosa confortante, pues nuestro pobre estómago, molido ya de tanto trotar , pedía alguna cosa sólida y caliente, tanto más que estábamos llenos de frío á causa del viento que durante 13 horas habíamos sufrido. Creimos por consiguiente muy justa la petición de nuestro estómago y dímosle lo que necesitaba. Durmimos á las mil maravillas, cansados como estábamos de tanto caminar. Y como eran pocas las leguas que debíamos andar al dia siguiente, nos tomamos, la libertad de descansar un poco más de lo acostumbrado. 3o El Puente de los Incas. – Aguas minerales. – Un Ateo. — A las 8 dadas salíamos para el punto de parada, llamado puente de los Incas. Un sol ardiente nos molestó muchísimo , como también lo muy despacio que caminaban las mulas á causa del fuerte calor. Pero nos animaba el pensamiento que aquel dia el viaj e sería más corto que los demás, y efectivamente despues de 4 horas y 1¡2 de camino llegamos al mencionado sitio. Aquí se nos preparaba una sorprendente maravilla, y era el Puente de los Incas, colocado allá por la naturaleza sobre el rio Mendoza. Ya nos habían dicho lo muy precioso que era, y por consiguiente íbamos preparados á disfrutar de tan linda vista. Nunca hemos visto un espectáculo igual. Es una cosa que verdaderamente encanta. Un pintor que fuese bien diestro en manejar el pincel, podría ciertamente pintar cuadros lindísimos y variadísimos. Pero nosotros, ignorantes por completo del arte de Gíotto, no pudimos hacer otra cosa más que admirar aquel puente gigantesco, hecho no por mano del hombre , pues no sería posible, sino por la de la Divina Providencia. A muy poca distancia del puente hay varias fuentes de aguas minerales muy saludables y recomendadas por los médicos para muchas enfermedades. En aquella casa, llamada albergue, encontramos á unas treinta personas, venidas de las dos repúblicas limítrofes con el único fin de tomar los baños. Nos decía el po 76 – sadero que en años anteriores y en. aquella misma época, solian venir algunos centenares de personas, únicamente para mejorar su salud por -medio de los baños. —- Pero ¿cómo podia V. hospedar á tantas personas, le decíamos, siendo esta casa tan pequeña ? — Es que no dormían aquí, respondió, pues ciertamente no habría puesto para tanta gente; yo, la única cosa que les daba era la comida, y despues ellos se las arreglaban para dormir por los montes con tiendas militares. Esto sucedía todos los años; poro éste, anadia dando un fuerte suspiro, nada, absolutamente nada, y yo sufro una pérdida grande, porque el alquiler es carísimo y lo que entra poquísimo. Y se comprende ■ primero comenzó el Gobierno de Chile á cerrar el paso de las Cordilleras á los Argentinos , cuando estos tenían en su casa el terrible huésped del cólera ; despues el Argentino cerró el mismo paso á los Chilenos, cuando dicha enfermedad fue á visitarles. – Para los viajeros el baño no cuesta nada, por cuyo motivo nos tomamos la libertad y el gusto de bañarnos una vez. El agua es sulfurosa, un poco salada y bastante tibia : es un baño verdaderamente agradable. En este albergue encontramos á otro fenómeno. ¿Quién, creerá V. R. ? Pues á un hombre que raramente se encuentra por estos parajes, á un ateo. Habrán otros y quizá muchos , pero no tan descarados como éste que publiquen su ateísmo y hagan alarde de él. Hemos comido con él, pero sin entrar en cuestión alguna. Fué despues de la comida y cuando se halló solo con dos de nuestros acólitos , que comenzó á decir que él era ateo y que no creía más que lo que veía. No era necesario tanta ciencia para hacer callar á aquel desgraciado, y así lo hicieron nuestros acólitos. —■ Vd., díjole uno de ellos, es Italiano. Algunos años hace no conocía la América, y sin embargo creía ya en su existencia, y tanto es verdad que dejó su patria para venir á estas tierras. Pocos dias hace tampoco conocía V. estas aguas minerales, y sin embargo vino desde Mendoza , expresamente para verlas y sacar de ellas algún provecho. — ¿Qué es lo que podría responder aquel pobrecito á este argumento tan preciso y adaptado á su objeccion ? Salió respondiendo con tantas necedades y blasfemias, como p. e.: — Yo soy un hombre honesto, á nadie ‘ maté ni robé : pues ¿ por qué razón, si Dios existe, no premia mi honestidad haciéndome rico y feliz ? —■ ¡ Qué disparate! Gomo si fuesen las riquezas las que hacen felices á los hombres ! Di-jósele que hay ricos y sin embargo muchos son también desgraciados, y por el contrario que hay pobres y muchos son verdaderamente felices. Fingió de no creer. Pero era tiempo perdido ; es inútil la discusión con quien no quiere convencerse nunca, y así dejamos la cuestión. Es empero vergonzoso que haya quien se atreva á jactarse de ser incrédulo y materialista. Esto no puede ser, un poco de fe es necesario que conserven en su corazón , áun los más malos, y todo se reduce á que quieren aparecer un poco más despreocupados de lo que ya en realidad lo son. ¡Desgraciados! ¡El Señor se apiade de ellos ! Aquella noche nos fuimos un poco más pronto á cama por tener que levantarnos al dia siguiente á las 2 de la mañana , pues debíamos, según el consejo que nos habían dado, pasar la cumbre de la montaña lo más temprano posible, porquede lo contrario nos habría cogido la lluvia sinó otra cosa peor. Dícese que graniza con mucha frecuencia. A las dos, pues, estábamos ya en pié, pero no pudimos salir hasta las 4, porque las mulas se habían escapado , y era necesario emplear dos horas largas para buscarlas y prepararlas. 4o. El rio Mendoza. – Paso peligroso. – La cumbre de los Andes. — A las 4 dábase la señal de salida, y lo hacíamos en medio de una completa oscuridad. A pocos pasos de la casa era necesario atravesar el rio Mendoza sobre alguna cosa, la cual no hemos visto bien lo que fuese, pero el guia nos dijo que era un puente muy estrecho. Paciencia. Nos recomendamos á nuestro buen Angel de la Guarda y despues pian pianito lo pasamos como mejor pudimos. Abríamos los ojos para ver donde metía la ínula los pies, pero era inútil, no veíamos nada; sentíamos sin embargo el ruido que las aguas hacían al descender por una cascada. Hacia muchísimo frío y nosotros tiritábamos no solamente por éste sí que por el peligro en que nos hallábamos. !Ay de nosotros si la pobre muía hubiese dado un paso en falso! Nuestro ángel de guarda nos salvó de todo peligro, y por algunas horas pudimos á pesar del excesivo frió, seguir subiendo aquellas altas y peligrosas montañas. Eran las 7 y 1[2 cuando comenzamos la subida , y llegamos á la cumbre á las 9 en punto. El cielo estaba sereno ¡ ninguna nube oscurecía el horizonte, y nosotros no pudimos menos que pararnos un ratito para admirar aquel grandioso espectáculo. Nos dijeron, que cuando hubiésemos llegado allá , estaríamos á 22,000 pies sobre el nivel del mar, ó sea, á 5,500 metros. Yo no me atrevo á asegurar la exactitud del cálculo. Nuestro guia que nos aseguraba también lo mismo, añadía que solamente el Himalaya, que tiene más de 8,000 metros de altura, sobrepasaba á la punta de los Andes que nosotros pasamos. Algunos de nuestros hermanos que hacia ya algunos años no habían visto la nieve , no se contentaron con verla, sino que quisieron también probarla. A fin de prevenir un mal que por aquí llaman púa, y del cual se ven atacados con mucha frecuencia la mayor parte de los pasajeros quitándoles enteramente la respiración , llevábamos con nosotros , según el consejo que nos dieron, algunas cebollas , las cuales dicen son excelente remedio para facilitar la respiración é impedir la sofocación. Es posible que esto acaezca en los dias de grandes calores, ó bien, á aquellos que hacen tan fatigoso camino á pié , pues nosotros estábamos en la cumbre y respirábamos á las mil maravillas: ningún cambiamento en la respiración ni en todo nuestro físico ; los pulmones funcionaban perfec- lamente. D. Scavini quiso comer una cebolla — ¿Qué gusto tiene? le dije. — Es claro, pues de ■cebolla, me respondió, sonriéndose un poco. Débese notar que quien nos dió el consejo, nos dijo que cuando estuviésemos allá arriba dichas cebollas cambiarían enteramente de gusto, convirtiéndose éste en un dulce muy parecido al del azúcar. Si aquel consejero intentó burlarse de nosotros no lo consiguió. D. Scavini que la probó, fué para burlarse de quien Labia querido burlarse de nosotros. Pero como el consejo nos lo habia dado una persona seria, yo creo muy bien que esto suceda, mas en otras circunstancias, como ya dije arriba. En fin , nosotros llegamos en menos de dos horas y felicísimamente. Desde allá dimos el último adios á los caros Directores, hermanos y amigos de las Repúblicas Argentina y del Uruguay. Desde allá saludamos también aquella tierra que fué nuestra segunda patria por más de 10 años. Mi último saludo fué para S. Nicolás de los Arroyos y para los carísimos hermanos y cooperadores que allí dejé; cumplía con esto una promesa. Volvimos la vista hacia otra parte y saludamos nuestra patria futura. i Te saludamos, oh tierra de Chile ; y vosotros, ángeles tutelares suyos, acompañadnos en esta segunda parte de nuestro viaje y haced que esta nuestra misión tenga un éxito feliz! 5°. La bajada de los Andes. – Juncal. -Un lago y la Sociedad Inglesa con un acueducto. – Guardia Vieja. — Eran las 9 y 1{4 cuando comenzamos la bajada. La hicimos toda á pie por consejo que nos dieron y por necesidad, pues se nos hacía peligrosa porque era muy rápida. Además el sendero era estrecho y el terreno poco sólido por las nieves enteramente heladas. Corríamos peligro de dar una voltereta é ir á tomar un baño en el rio llamado de los Andes, que pasa al pié de aquella montaña y distaba algunos centenares de metros del sitio donde nos hallábamos. Finalmente con muchísimo trabajo y despues de haber resbalado no pocas veces, llegamos á la orilla del mencionado rio Andes. Empleamos hora y media para subir la montaña y más de tres para bajarla. Pero no habíamos concluido. Proseguimos bajando aún por dos horas y siempre por senderos impracticables hasta una pequeñita casa-albergue, donde nos paramos para descansar y tomar alguna cosa. Es conocida por el nombre de Juncal. Estábamos estropeados de tanta fatiga; eran ya las 2 de la tarde y no habíamos comido nada desde las 2 de la mañana. Aquí, pues, comimos un buen puchero, un poco de carne asada y por primera vez probamos el vino de Chile. Todo lo encontramos bueno, y excelente ; el hambre es indudablemente el mejor de todos los condimentos. Sentado á la mesa con nosotros hallábase un forastero. — ¿Han visto Vdes. aquella laguna que está al lado de la montaña ? nos preguntó. Sí, señor, respondimos. — Pues bien, continuó nuestro interlocutor, es una laguna formada con agua de nieves, muy saludable. Tiene 9 kilómetros de largo y 200 brazos de profundidad: no es muy ancha, pero no importa. Hay agua para abastecer á una grande ciudad. Se calcula que contenga 200,000,000 de litros, y dentro de poco, atravesando las montañas , llegará hasta Valparaíso, por medio de tubos que se están construyendo ya. Yo soy el mayordomo de la empresa. — Es una empresa verdaderamente colosal, y los Ingleses que están al frente de ella gastan millones de duros para despues ganar lo doble con el andar del tiempo. Despues de haber comido continuamos nuestro camino hasta un sitio que se llama Guardia Vieja. Eran las 5 de la tarde , y habíamos andado durante 15 horas. El cansancio hizo que nuestro sueño fuese tranquilo, y á las 3 de la mañana ya estábamos en pie, dispuestos á salir para Sta. Rosa de los Andes, primera población que encuentra quien de la República Argentina vá á la de Chile. 6o. Sendero diñcil. – Entrada en Sta. Rosa de los Andes. — Durante las dos horas y media que pasamos en la oscuridad , nos vimos en un continuo peligro. Viajábamos por la orilla del rio Andes y por un estrechísimo sendero. No veíamos nada; queríamos ir á pie, pero sería mucho peor, puesto que al menos la muía veia un poco, mas nosotros nada. Aquí como en otras varias circunstancias, nos encomendamos con todo el corazón á nuestro Angel Custodio , á María Auxiliadora y á san José, estando ciertos de no caer en el precipicio. Comenzó á rayar el dia y el peligro, si bien continuaba, no era ya tan grande pues veíamos alguna cosa. Finalmente el camino hízose más bueno y bastante ancho. Entonces comenzó á levantarse el viento y con este también el polvo. Paciencia; á la 1 y lj2 de la tarde, llenos de polvo, entrábamos montados en nuestras mulas en la pequeña ciudad de Sta. Rosa de los Andes. Cien caras nuevas salían á las puertas y ventanas para vernos ; ninguna burla, ningún insulto, todos se quitaban el sombrero para saludarnos. Hemos dicho: aquí estamos en pueblos cristianos, pues el hombre del siglo que tiene todavía el valor de saludar públicamente al sacerdote cuando pasa por su lado, es un hombre que tiene fe. Indecisos sobre qué partido tomar, dijimos al guia que nos llevase al albergue que estuviese más próximo á la estación, á fin de salir aquella misma noche para Santiago. Nos respondió que no habia ninguno. Entonces nos dirigimos al albergue más cercano á la iglesia parroquial, á fin de hablar al Sr. Párroco y ver si tenia alguna carta ó noticia para nosotros proveniente de Concepción. Allí nos esperaba un sacerdote que para nosotros fué un ángel bajado del cielo. Hacia ya dos dias que habia llegado á Sta. Rosa, habiéndolo mandado expresamente el Sr. Vicario de Concepción para acompañarnos. ¡Cuánta bondad! Creíamos poder salir para Santiago en el tren de las 6, pero no nos fué posible. Una orden formal del Sr. Vicario nos decía que no saliémos sino despues de 3 ó 4 dias. —- Es preciso descansar y recuperar las fuerzas perdidas, pues se trata’de pasar por pueblos infestados de cólera, por cuyo motivo primero conviene estar bien de salud, nos decia aquel buen sacerdote, y depues pensaremos en la salida. — Tuvimos que luchar bastante y acudir á todos los argumentos de persuasión, á fin de que nos abreviasen aquella larga permanencia. Estábamos cansados, es verdad, pero no tanto que necesitásemos 4 ni 3 dias para restaurar nuestras fuerzas. Por último, despues de haber tomado sobre nosotros toda la responsabilidad de lo que nos pudiera suceder en el viaje , pudimos obtener que nos dejasen salir despues de 24 horas. El Sr. Gura Párroco de Sta Rosa, viendo seis Sa-lesianos, echó las siguientes cuentas: seis, dijo, para Concepción que ya tiene tantos religiosos, son demasiado : yo que tengo una parroquia vastísima (y lo es, pues llega hasta las Cordilleras), y que estoy enteramente solo, no basto para el ministerio. De consiguiente se queden tres aquí para ayudarme. El buen sacerdote hablaba movido por su mucho celo, y espera aún que cuando Mons. Cagliero pase por allí atenderá á su petición. 7o. Santiago. – El cólera. – Panguilemo, las fumigaciones y el baño. — A las 10 y 1{2 de la noche entrábamos en la capital de Chile. Habríamos deseado hospedarnos en una de las muchas casas religiosas que allí hay, pero como era tarde, no nos hemos atrevido. Por la mañana temprano, mientras íbamos á la estación, pasamos por el Colegio de los RR. PP. Jesuítas, en cuya capilla celebramos la Sta. Misa. Nos recibió el mismo Superior, que no pudo obtener de nosotros ni siquiera que visitásemos el Colegio, pues era tarde y queríamos tomar absolutamente el tren de las 9. Habíamos recibido de Concepción la orden de no pasar por Santiago, ó bien de pasar corriendo. En efecto , el cólera hacia un mal inmenso en aquellos dias. Recuerdo que aquella mañana, mientras tomábamos una taza de café en una de las salas de la estación , algunos , viéndonos y juzgándonos extrangeros, exclamaban llenos de admiración : valientes son estos padrecitos, muy valientes. Otros leían el diario y no hallando más que unos 40 muertos del dia anterior decían, es mentira, puesto que ayer hubo más de 180 muertos y todos del cólera. La cifra oficial notaba que ya habían sido enterrados cerca de 3000 cadáveres en Santiago solamente. Más de 20,000, los menos valientes, se escaparon á otros pueblos lejanos. A las 4 de la tarde llegamos á una pequeña estación poco distante de la ciudad de Talca, llamada Panguilemo. El tren se para; un guardia entra en el vagón .- —- Señores, dice, aquí es necesario bajar; los viajeros que van al Sur tienen que hacer 24 horas de observación. —■ Y fué preciso obedecer. Se dió inmediatamente principio á la fumigación, primero á los equipajes y despues á las personas. Habían construido una especie de garita , por una pequeña puerta introducían las maletas, por debajo encendían un poco de fuego mezclado con azufre y otras materias, y de este modo dábase la muerte á los microbios, escondidos quizá en alguno de los rincones de las maletas. Vino también un poquito más tarde nuestro turno. En aquella misma garita nos metían uno á uno; el humo era tanto que apenas se podia respirar, y para hacerlo era necesario levantar bien la cabeza. Entonces por medio de un mecanismo se cerraba todo herméticamente á excepción de la cabeza que quedaba fuera. Así nos tenían durante algunos minutos cayéndose de risa todos los circunstantes. — Oye, oye, cómo gritan los microbios , decían los más bufones; mira, exclamaban otros, cómo chorrea la sangre de las pobrecitas víctimas ! ¡ Oh si estuviese aquí presente algún miembro de la sociedad protectora de los animales! — Esta operación duró algunas horas. Despues nos anunciaron que era preciso tomar un baño. Ninguno de los pasajeros creyó que semejante anuncio fuese serio y verdadero, y por consiguiente aquella tarde ninguno lo tomó. Por la mañana dióse el mismo aviso á todos los que querían salir en el tren directo de las 12. Entonces algunos suplicaron al médico que los dispensase de aquella ceremonia. Todo fué inútil, ó el baño ó 5 dias de observación. Habían preparado al efecto un vagón con baño á ducha, pero con una presión fuertísima. El encargado de dicho vagón echaba en el agua algunos líquidos, cuya eficacia solamente el doctor conocía. El pobre paciente entraba dentro, y cuando se hallaba debajo del aparato, le caia de improviso el agua encima como si fuese una lluvia y con tal ímpetu que parecía granizo. La operación era corta, pero dolorosa para los delicados ; sin embargo era necesaria; se trataba de destruir el bacillus coma., puestos entre la piel y la carne, y que se habían escapado en la noche precedente á fuerza de fuego. ¡Pobres ani-malillos! O el fuego ó el agua, pero la destrucción estaba decretada. Cumplidas todas estas ceremonias, teníamos derecho al certificado del paso libre, y así nos lo dio en toda forma el señor Doctor, y nosotros nos pusimos en viaje en dirección á Concepción. Seis horas aún de tren directo y despues nos hallamos entre buenos y excelentes amigos. Este pensamiento nos consolaba en extremo. 8°. San Rosendo y el Vicario Capitular. -Concepción; acogida. —- A las 3 estábamos en la estación de S. Rosendo. Aquí nos esperaba una hermosa sorpresa , en la cual nunca hubiéramos pensado. El Sr. Vicario , el Sr. Vicario, exclamó nuestro guia. Y nosotros saltamos inmediatamente en tierra, para besar la mano de nuestro primero é insigne bienhechor. — Avete fatto buon viaggio, miei cari Salesiani? tíos preguntó creyendo que viniésemos de Turin y no supiésemos aún hablar el castellano. Se alegró muchísimo cuando nos oyó hablar en dicho idioma. Nos entretuvimos con él algunos minutos, respondiendo á varias preguntas que nos hacia, todas referentes á D. Bosco, á la Congregación y á nuestro viaje. Con el Sr. Vicario venia otro grande amigo y bienhechor nuestro , el incansable protector de los pobres huérfanos de 79 — Concepción , el joven poeta y abogado Dr. Don Miguel Prieto , condiscípulo é íntimo amigo del gran vate y ferviente católico oriental, Señor Dr. D. Juan Zorilla de S. Martin. Despues de una segunda fumigación, que nos hicieron en la misma estación, subimos al vagón en compañía de nuestros caros amigos y bienhechores , y de allí á pocos minutos salimos para Concepción. Empleamos tres horas en llegar y nos parecieron cortísimas, por el vehemente deseo que teníamos de llegar allá. Finalmente llegamos. ¡Qué espectáculo! ¡qué recibimiento á los pobres hijos de D. Bosco! Una multitud de personas nos esperaba y daban las manos saludándonos con sumo afecto y cariño. Nosotros, llenos de confusión por una parte y por otra de orgullo al considerarnos hijos de D. Bosco, atravesamos la estación, dando gracias á todas- aquellas personas, que tan claras muestras de benevolencia nos daban. Entre dichas personas hallábanse algunos sacerdotes seculares, varios RR. PP. Jesuítas, Escolapios, Dominicos, Franciscanos y Mercedarios, como también el Excmo. Sr. Presidente de la Audiencia Dr. Don Garlos Rizzo Patrón, católico de palabra y corazón. Los ricos son muchos, nos dijeron; los pobres muchos más; á estos los conocíamos también nosotros, y todos se sonreían cuando pasábamos, mostrando en su frente serena la alegría que sentían en su corazón, porque veian en nosotros los futuros amigos y padres de sus pobrecitos hijos. Varios distinguidos personajes del Clero y de la nobleza, entre los cuales el mismo Presidente de la Audiencia, nos acompañaron hasta la Casa de la Providencia, donde para el Sr. Secretario Don Hesperidion Herrera y donde fué hospedado nuestro D. Milanesio la primera vez que desde Patagonia vino á Chile. Aquí tuvimos también otra sorpresa. 9o. Al pie de los altares. – En medio de los amigos. — Entramos en la iglesia contigua, donde nos esperaban los 12 primeros huérfanos que había asilado en nuestra casa Escuela-Talleres de S. José, el caritativo Sr. Secretario. Nos arrodillamos al pie del altar profusamente adornado é iluminado. Detrás de nosotros venia una multitud de pueblo , para ayudarnos á dar gracias á la Divina Providencia por el feliz viaje que habíamos hecho. Las monjas de la Providencia, acompañadas de sus 100 huerfanitas, entonaron un solemne Te Deum en música con acompañamiento de armonium. Parecía que nos hallábamos en nuestro pequeño Santuario de María Auxiliadora de Buenos Aires. Fueron nuestras hermanas las que nos dieron el último adios al pie del altar, y fueron otras hermanas las que nos dieron el primer saludo con un cántico religioso al pie de otro altar. Despues el Sr. Vicario leyó en el ritual las oraciones en acción de gracias por el feliz viaje. Es necesario que suspenda por hoy, pues temo hacerme demasiado pesado , y además robarle mucho tiempo. Añadiré solamente que los tres caros personajes que nos vinieron á esperar en la estación de San Rosendo, el Sr. Vicario , el Sr. Secretario y el Sr. Dr. D. Miguel Prieto, quisieron honrarnos quedándose á comer con nosotros en dicho dia. D. Bosco y nuestra amada Madre la Congregación ocuparon toda la conversación. En medio de ella se levantó el S. Vicario y lleno de conmoción dijo: — Dos son los dias para mí célebres durante mi Vicariado ; el primero fué el en que llegaron los religiosos Escolapios, el segundo es este, en que me fué concedido poder abrazar á los hijos de D. Bosco. — Debo decir aún á fin de hacer ver cuánto sea el afecto que nos tiene este buen Vicario, que apé-nas habíamos llegado á Sta. R.osa de los Andes, cuando recibirnos el telegrama que literalmente trascribo : Saludo afectuosamente á Vds.: Dios bendiga á los hijos de D. Bosco. Deseo abrazarlos cuanto antes. María Auxiliadora los protegerá. Domingo B. Cruz.— ¿No es verdad que estamos en buenas manos? Basta por hoy. Tengo aún materia para otra larga carta, y procuraré mandársela lo más pronto posible. Concluyo suplicando á V. R., queridísimo Don Bosco, se digne dar las gracias en nombre de todos estos salesianos á nuestros hermanos, cooperadores y amigos, que con sus oraciones nos ayudaron á obtener del Señor tanta felicidad en un viaje tan largo y peligroso. Fué de veras la mano de la Providencia que nos guió visible y pater. nalmente. Solamente lamentamos una desgracia y es la de haber caído de la muía el infrascrito, pero sin hacerse daño alguno. Otro pequeño inconveniente fué, el haber perdido á D. Daniel, pero en pocas horas pudimos encontrarlo ; no le digo el cómo ni el por qué por ahorrar tiempo. Por lo demás todo anduvo bien. Hasta nuestros dos enfermos se sintieron mejor. D. Pedro no tose tanto como antes; D. Daniel se siente también mucho mejor y esperamos que ambos continuarán mejorando hasta sanar totalmente….. Evasio Rabagliati, Pbro. Carta II. Los Meóos oa Concepción. Aguas Calientes, en la orilla del Rio Nehueve, 25 de Marzo de 1887. Io. Tómase posesión de la nueva casa. -La Divina Providencia. — Despues de haber descansado dos dias en la Gasa de la Providencia, pedimos nos dejasen ir al Colegio, futuro campo de nuestras fatigas : pero por todas partes se nos presentaron dificultades. Nos exponían la incomodidad del sitio, la ninguna preparación, el inconveniente de dedicarnos inmediatamente al trabajo despues de un viaje tan largo y otras muchas dificultades casi todas exageradas, muchas fantásticas y ninguna que nos convenciese. Nosotros respondíamos tan solo esto : si el nido — 80 — no está preparado, nosotros lo prepararemos, pero es preciso que nos hallemos allá, pues de lo contrario las dificultades no solamente no desaparecerán, sino , lo que es peor aún, aumentarán. Finalmente lo hemos logrado y al llegar allá encontramos un sin fin de cosas que arreglar á fin de hacer habitable nuestra casa. Verdaderamente parecía un querer tentar á la Divina Providencia; no teníamos camas, ni cocina ni pan, en fin , nada , y sin embargo queríamos quedarnos allá. Nosotros decíamos: la Providencia nos ha llamado aquí, pues aquí estamos ; ahora toca á Ella el proveernos de todo lo que necesitemos. Y así lo hizo. Antes del anochecer lo teníamos todo. Uno nos regaló las camas, otro las sábanas y cobertores; cierto bienhechor nos mandó todo lo necesario para cenar : una bienhechora el vino para algunos dias, y otros muchas otras cosas. En fin , vimos palpablemente desde el primer dia que la Providencia es verdaderamente una buena madre, y que no abandona jamás á los que en ella confian. Lo que más necesitábamos era una capillita interna, para celebrar la santa Misa en casa y tener con nosotros al Rey de los reyes. Para prepararla tropezamos también con muchas dificultades , pues no teníamos nada más que un cáliz, que Don Scavini había traído consigo de Montevideo. No importa; nosotros comenzamos á arreglar un pequeñito altar. Una persona que nos vió ocupados en aquella tarea,. nos preguntó si teníames ya con qué adornarlo, á lo cual respondimos que no ; pues bien , nos dijo , yo les mandaré todo lo necesario. Otra se ocupó de las casullas, albas, amitos y demás ornamentos; despues de dos dias celebrábamos ya la santa Misa en casa. Pero nos faltaba aún el tabernáculo y también hubo quien nos lo proveyó. Además no temamos el copon y un búen sacerdote nos regaló uno muy hermoso. El Señor, como bueno y amoroso Padre , nos proveyó de todo, y lo que es más aún, primero á nosotros y despues á sí mismo ; de allí á pocos días desapareció aquel vacío que notábamos continuamente, pues teníamos con nosotros al Dueño de la casa, Jesús Sacramentado. Entonces nos pareció más hermosa la referida casa y al mismo tiempo riquísima, á pesar de toda aquella pobreza que nos rodeaba. 2o. Descripción de la Casa. — Bien pronto comenzamos á pensar también en nuestros huérfanos presentes y futuros. Todo el cuerpo del edificio se compone de 4 salones: dos , que forman la fachada, son de 20 metros de largo por 5 y 72 de ancho , y otros dos á los lados, que tienen 40 metros de largo y son anchos como los de la fachada. Dichos salones no tenían ninguna división. Uno había sido destinado ya para capilla; otro para locutorio, dormitorio de los Salesianos y taller de zapatería; lo cual .se hizo por medio de separaciones con tela verde. Quedaban aún dos salones; parte de uno la destinamos para dormitorio de los niños, en el cual podrán estar unas 30 camas; la otra parte para una escuela de externos, capaz de contener un centenar de niños, que por cierto son numerosísimos en este vecindario y no tienen ninguna escuela municipal. El otro’ salón tiene varias separaciones y servirá para cocina, despensa, refectorio etc. El taller de carpintería, que ya funciona un poquito, tiene un puesto reservado, y es un magnífico sotechado de madera colocado al lado del edificio. Junto á éste hay un vasto terreno. Hé aquí, en breve , nuestra actual posición. Quizá á alguno se le ocurrirá decir que es mala, pero á nosotros nos parece muy buena y hermosa, que promete mucho porque comienza con poco ó casi nada. Así comenzó la casa de Buenos Aires en medio de privaciones, siempre pobre, siempre llena de deudas, y sin embargo fué poco á poco progresando hasta llegar á tener más de 300 alumnos internos, que la Providencia quiso confiar á los Salesianos. Estos mismos principios tuvieron casi todas nuestras casas comenzando por el Oratorio de Turin, y todas fueron poco á poco floreciendo con el auxilio del Señor. Esperamos que la Providencia tomará también bajo su protección á ésta y se desarrollará como todas las demás. Una comunidad religiosa se ofreció á lavarnos la ropa gratis; otra nos mandó camisas, calzoncillos, sábanas , etc. para nuestros pobres huérfanos; un caritativo señor nos regaló algunos millares de ladrillos para hacer varias reparaciones en casa y levantar una columna en medio del patio , sobre la cual debíamos colocar una magnífica estátua de S. José que nos había regalado otro bienhechor. Bien pronto, habiendo entrado en casa con nada pudimos, decir que lo teníamos todo. Deo gratias. Añadiré que desde la primera dominica de nuestra llegada se inauguró el Oratorio festivo con un concurso extraordinario si se considera la ninguna publicidad que se le dió : eran 90 los niños que jugaban con nosotros y que despues asistían al catecismo. Esperamos que aumentarán cuando tengamos todo lo necesario, como juegos, regalitos, loterías y etc. 3o. Espíritu religioso de la población de Chile. – Deseo grande de oir la palabra de Dios y frecuencia de Sacramentos. — Grande y muy grata fué la sorpresa que nos causó la solemne novena de S. José , hecha en la iglesia de la Providencia. Nosotros juntamente con nuestros pocos huérfanos procuramos hacerla con toda devoción, puesto que se trataba de obtener del grande Patriarca su santa bendición sobre nuestra casa á él dedicada. Lo que más nos llamó la atención en dicha novena fué la devoción y religiosidad del pueblo de Concepción. Ciudad beata , la llamó un señor español con el cual hablé durante la primera travesía por las Cordilleras; y pude convencerme que lo es de hecho. Todas las noches acudía un concurso inmenso de toda clase de personas á las funciones religiosas, asistiendo á ellas con una devoción y re cocimiento verdaderamente edificantes. Puedo decirle que nunca tuve la satisfacción de predicar á un auditorio tan numeroso y respetable como aquel. Y despues qué sencillez, qué modestia en el vestido de las mujeres chilenas ! Inútilmente se emplearía el tiempo en buscar sobre alguna de tantos centenares de cabezas una flor, una cinta ó alguna otra cosa que pudiese llamar la atención de los circunstantes. Todos los vestidos son oscuros, todo luto ; el lujo no entra aún en las iglesias chilenas, y ojalá que no entre nunca. —■ Padre mió, me decia el Sr. Vicario en una conversación que teníamos familiarmente el mismo dia de la llegada, la población de Chile tiene hambre do dos cosas, que son, de la palabra de Dios y de Sacramentos. Y á lá verdad la frase no tiene nada de exagerado para quien conoce esta cristiana población. Que tenga grande hambre de la palabra de Dios lo puedo decir yo, como también quien haya entrado una vez en una iglesia en tiempo del sermón. Que tenga además grande hambre de Sacramentos, és también cierto. Seiscientos comuniones se distribuyeron en la iglesia de la Providencia un Domingo de la novena de S. José. El dia de la fiesta comulgaron más de mil personas, debiendo advertir que no eran todas mujeres, como sucede en otras partes, pues aquí el sexo masculino está muy bien representado. Cada dia de la semana, en todas las iglesias de la Concepción, hácese su corona de Comuniones. Aquí la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús está muy floreciente. Los solos Padres de la Compañía do Jesús tienen inscritos en sus registros á más de 2,500, los cuales frecuentan los Sacramentos á lo menos una vez al mes; y esto sucede en proporción en todas las otras iglesias, ó mejor1 dicho, en todas las iglesias de Chile. Decíame el otro día uno de los Padres Franciscanos de la ciudad de Chillan que, solamente en ■su iglesia. , han distribuido durante el año pasado, más de 85,000 comuniones. 4o. Mons. Cagliero no llega. – Ansia y temores. – Monseñor es esperado con vehemente deseo. — En medio de aquella felicidad que disfrutábamos al vernos tan amorosamente protegidos por la Divina Providencia, sentíamos sin embargo una grande pena é inquietud en nuestro corazón viendo la ya demasiado larga tardanza de Monseñor, el cual habría debido llegar á Concepción desde los primeros dias de Marzo, y á más de esto no teníamos de él ninguna noticia. Su última carta, escrita á Buenos Aires desde el desierto de la Patagonia, decia : « Salgan para Concepción de Chile los seis destinados para aquella casa, y procuren hallarse allá en los primeros dias de Marzo, tomando el camino más breve : yo les precederé ó llegaré con ellos para la inauguración. » Y ya estábamos á 13 y todavía no babia llegado. Esto nos hacia sospechar mal. Nosotros para consolarnos, ó mejor dicho, para distraernos, hacíamos mil y mil conjeturas. — Quizá habrá encontrado cerrado el paso de las Cordilleras por ■causa del cólera, decíamos, y se habrá vuelto atrás para continuar su misión; ó bien habrá nevado sobre las montañas y no podrá pasar. Pero todo era un medio para engañarnos á sabiendas. ¡Alguna desgracia habrá sucedido ó á Monseñor ó á alguno de sus compañeros ! Este era el pensamiento de todos, pero ninguno se atrevía á manifestarlo. Para salir de aquella incertidumbre el dia 14 se mandó un telegrama á Patagones , suplicando á nuestros hermanos nos mandasen alguna noticia sobre el particular. Nada. Ninguna respuesta ni buena ni mala. Súpose despues que el telegrama no pudo ir á su destinación. En tanto el Sr. Vicario había, por precaución, advertido á todos los párrocos de la frontera, que notificasen inmediatamente á Concepción cualquier cosa que supiesen acerca de Monseñor. Lo esperábamos , pues , como á un ángel del cielo. Esta diócesis al presente está sin Obispo, porque el ya elegido, Mons. Blait, no fue todavía consagrado debido á su mal estado de salud. Deseábase aprovechar la ocasión de la venida de Monseñor Cagliero, para dar mayor solemnidad á la ceremonia de la consagración y conferir las ordenaciones sagradas á algunos clérigos. Era también esperado por muchas otras razones y principalmente para tratar de nuevas fundaciones. El mismo dia de nuestra llegada recibimos un parte telegráfico de Valparaíso, en que se nos decia fuésemos inmediatamente allá, para abrir una casa. El Sr. Vicario nos habló de una casa y terreno en Traiguén , última parroquia confinante con los Araucanos. En Talca, ciudad importante, nos esperan también. De-Santiago vino un sacerdote á invitarnos. El limo, y Rdmo. Señor Arzobispo quiere que vayamos allá, pues la casa está ya preparada. Todos estos Señores estaban deseosos de ver á Monseñor y tener alguna contestación. 5o. Aviso de la caída de Mons. Cagliero sobre los Andes. — Finalmente el dia 15 recibimos una carta de Chillan. Era corta, pero decia mucho. «No tengo el gusto de conocer á V. R., me escribía uno de los Padres Franciscanos, pero créome en el deber de dirigirle estas cuatro líneas para darle una dolorosa noticia. Ayer recibí una carta de las Cordilleras con la firma de Don Domingo Milanesio, en la que me dice ha sucedido una desgracia á uno de los Misioneros de la Patagonia, y nada menos que al mismo Mons. Cagliero. El caballo que montaba se enfureció y comenzó á correr precipitadamente hácia un abismo terrible. Monseñor no podia salvarse. A ninguno le era posible ayudarle por ser el sendero estrechísimo y lleno de piedras y peñascos. Entonces Monseñor viéndose perdido sino se echaba del caballo, pues eran inútiles todos los esfuerzos que hacia para refrenarlo y el precipicio estaba ya muy cercano, se dejó caer en el sitio que le pareció menos peligroso ; pero por desgracia dió con la espalda un fuerte golpe en uno de aquellos peñascos, quedando por algún tiempo sin poder hablar y como muerto. Se teme que tenga dos costillas rotas. Hízose algunas otras — 82 — contusiones, pero de poca importancia. Se mandaron inmediatamente las medicinas que pedia ; además un poco de vino generoso y otros comestibles para el pobre enfermo. La desgracia sucedió el 3 del corriente á las 8 de la mañana, á tres dias de camino de Chillan, en el sitio llamado Aguas Calientes, á la orilla izquierda del rio Nehueve, enfrente á la Cordillera llamada del viento. Haga V. R. lo que juzgue más conveniente en tan críticas circunstancias. » Suyo, etc. P. Quesada. » El misterio era ya descubierto y la tardanza y silencio de Monseñor tenian su explicación. La desgracia que nosotros todos temíamos, habia sucedido reálmente , y parecía aún mayor de lo que nos la habíamos imaginado. El dia 3 de Marzo, mientras los Salesianos llegaban á Santa Rosa de los Andes al pie de la gran Cordillera, Monseñor caia por aquellas montañas con peligro de perder la vida. ¿ Qué hacer, pues ? Me fui inmediatamente junto al Sr. Vicario para que me diese su consejo y apenas hubo leído la carta, suspirando profundamente : — Pobre Monseñor, exclamó, ¡ qué desgracia! Pero la Virgen Auxiliadora lo asistirá y protegerá. Ahora es preciso que V. salga inmediatamente volando por si necesita de su asistencia y para tenernos al corriente de todo lo que pueda suceder. Procúrese todo lo necesario para el pobre paciente y mañana con el directo salga para Chillan. Apenas llegue V. donde está Mons. bésele el sagrado anillo en mi nombre, ruéguele que me mande su bendición , dígale que aquí le esperamos con los brazos abiertos y que venga cuanto antes para concluir su cura entre nosotros. — Despues mandó un telegrama á los Padres Franciscanos de Chillan en los siguientes términos : « Director Salesianos de Concepción da gracias, y ruega tener preparados para mañana hombres y caballos, para ir á la Cordillera del viento. » El Sr. Vicario habia adivinado todos mis pensamientos y satisfecho mi más grande aspiración. Salir inmediatamente era mi vehemente deseo. Q°. D. Rabagliati en busca de Mons. Ca-güero. — Al dia siguiente (16) á las ocho de la mañana, con el tren directo, salí para Chillan con un médico-quirurgo , el cual, al llegar á dicho pueblo, no se sintió con fuerzas para hacer un viaje tan . largo y fatigoso , pues estaba un poco enfermo. Pensaba también que á su llegada Monseñor no tendría ya necesidad de su cura y auxilio. En Chillan monté sobre un buen caballo y con un joven práctico de aquellos montes salí para las Cordilleras. Sin embargo el guia conocía poco aquellos senderos, más bien de cabras que de hombres, por cuyo motivo no queriendo exponerme al peligro de perderme, me vi obligado á ir detrás de una caravana que se dirigía hacia aquel mismo sitio. Nada le digo de este viaje, pues poco más ó menos, sería una repetición de todo lo que le dije ya en mi carta anterior. A demás uno solo era mi deseo, uno solo el pensamiento que me preocupaba: llegar cuanto antes para salir una vez de aquella cruél incertidumbre que tanto me hacia sufrir. Por cuya razón yo no me fijaba ni en lo hermoso ni feo del viaje; despreciaba los peligros que me salían al paso, me parecían larguísimas las noches, porque durante ellas no podia viajar y quizá también era demasiado severo con el pobre caballo, el cual si bien galopaba mucho, sin embargo me parecía que muchas veces andava demasiado despacio. Finalmente , despues de 4 dias de subidas y bajadas, llegué, gracias á Dios, sin el menor inconveniente á la casa-cabaña donde sufría Monseñor. Era el dia 24 á las 10 de la mañana….. Evasio Raeagliati, Pbro. Carta III. Peligrosa caída de loas. Cagliero. 1o. Misiones en el desierto. — Durante 4 meses, nuestra misión por el desierto fué bendecida de un modo particular por Dios Ntro. Señor y coronada de copiosos y consoladores frutos. Tocamos en los siguientes puntos : Negro Muerto, Ghoel-Choel, Ghichinal, establecimientos de Sta. Flora, Boca y las Cavañitas, colocados en las orillas del Rio Negro. Despues, recorridas 90 leguas por las orillas de los rios Neuquen y Agrio, hicimos otras dos estaciones : una en Go-dihue y otra en Norquin, situado al pie de las Cordilleras, donde Monseñor bendijo una capilla provisional, dedicándola á Sta Rosa de Norquin y nombrando Capellán de ella á Don Bartolomé Panano. Luego entrando en las faldas de las Cordilleras hácia el norte, pasamos los rios Trocu-man , Reineleo , Arileo, Lileo y Nehueve, todos confluentes del Neuquen, en cuyas riberas hizi-mos otras cuatro estaciones. En Malbarco estuvimos muy cerca del Rio Nehueve, en un lugar llamado Aguas Calientes (á causa de una corriente de agua tibia que pasa por allí en el invierno), distante 18 leguas de Norquin. Habíamos recorrido felizmente 250 leguas predicando en muchísimas partes. En este larguísimo viaje nos recibieron y trataron siempre bien las autoridades militares y civiles, como también otras muchas personas privadas á las cuales estamos sumamente agradecidos y muy en particular al Sr. D. Lucas Becerra, en cuya casa fuimos hospedados durante una misión de cuatro dias. A este señor lo habia conocido yo el año 1883, cuando fui á dar una misión de, ocho dias. Tanto él como su consorte son excelentes católicos, y suelen hospedar á los Salesianos cuando pasan por aquellas partes. 2o. Salida de Malbarco. – Primer dia de viaje sobre los Andes. — El dia 2 de Marzo, á eso de las dos de la tarde, concluida la misión en Malbarco , nos preparábamos para otra que — 83 teníamos que dar en un lugar llamado Chacay Mlei-hue, distante de aquí siete leguas. Hasta este punto habíamos traído caballos muy mansos y dóciles, por lo que no tuvimos desgracia alguna. Pero despues se nos cansaron y nos vimos obligados á cambiarlos por otros , que tomamos prestados. Mucho mejor sería que no lo hubiésemos hecho. Monseñor parecía que presagiaba alguna desgracia, pues no se resignaba á montar tan gustoso sobre un caballo desconocido, si bien, según decía su dueño, era dócil. Manifestando su disgusto á los que le acompañaban decía: — ¡ Qué dura necesidad es esta, tener tantos caballos, y no poderlos montar porque están muy cansados .’ Pero en fin, paciencia. No puedo quejarme pues me quejaría de la caridad que me hacen. — Despues se encomendó de todo corazón á María Sma. Auxiliadora, para que se dignara cubrirlo con su manto de madre y librarlo de todo peligro. Salimos acompañados del dueño de la casa señor D. Lucas y de ocho señores más, que para obsequiar á Monseñor y á los demás Misioneros, se dignaron venir hasta la mitad del camino. Nuestro deseo era ir á la orilla del rio Gurileo para hacer dos estaciones, y despues otra en las inmediaciones del rio Malbarco que habría sido la última y desde donde emprenderíamos el viaje para Chile, atravesando las Cordilleras en dirección á Chillan. En este camino descendimos por tres cuartos de hora las profundas orillas del rio Nehueve. Lo vimos y despues de haber subido un monte muy alto, bajamos al profundísimo álveo del Neu-quen, rio bastante caudaloso , que pasamos muy pocas leguas distante de su nacimiento. Luego, siguiendo un sendero que serpenteaba de una parte á otra sembrado de piedras, subimos por la cuesta de otro monte y fuimos á pasar la noche en una cabaña abandonada situada en una hermosa, oasis con una pequeña corriente de agua cristalina. Sus propietarios viven actualmente en la Veranada , es decir, en las praderas que están en el seno de las Cordilleras. Despues de haber comido un sabroso puchero, que nos preparó nuestra caritativa escolta, nos acostamos alegremente in nomine Domini. 3o. Siniestros presentimientos. – Moas. Ca-gliero cae del caballo. —- Al apuntar el alba del dia siguiente, hecha la meditación y tomado el mate en vez del café, ensillamos nuestros caballos. Luego que hubimos dispuesto todo para salir, nos despedimos de seis de aquellos señores que nos habían acompañado, entre los cuales se hallaba el Sr. D. Lucas Becerra, quedándose todavía con nosotros tres, quienes , haciendo un grande sacrificio , se decidieron á acompañarnos hasta el lugar destinado para la última parada y misión. Nos guiaba un Vaqueano ó práctico de aquellos lugares y detrás venían también algunos negociantes chilenos, con el objeto de aprovecharse de la misión para vender sus mercaderías. Marchábamos alegres y bien con el fresquito de la mañana , y subíamos por una Sierra, lla mada Mala Couhuello, palabra indígena , que quiere decir , coral del caballo. Aquí, pues, nos esperaba el Señor para regalarnos una parte de la cruz de su Divino Hijo. Antes de salir nuestro caro Monseñor preocupado por una cosa que , ni aún él misino sabía darse razón de lo que fuese, nos encargó que le acomodásemos bien fuerte la silla. Así se hizo, pero ni tampoco esta precaución sirvió para evitar la desgracia. Habíamos recorrido como unas dos millas por la cumbre de aquel alto monte, cuando de repente el caballo que nuestro Monseñor montaba empieza á corcovear y dar saltos y brincos tremendos, echándose despues á correr desesperadamente por la escarpada falda de aquella sierra, toda, sembrada de abrojos y peñascos. Aquellos fueron momentos de agonia para nosotros, que veíamos á nuestro amado Obispo en peligro de la vida. Habríamos querido arriesgar y hasta perder nuestra vida con tal de salvar la suya, pero temiendo que el caballo se asustase1 aún más, creimos más conveniente no movernos. ¡Dios mió, Dios mió, ayudadlo! En tanto nuestro-pensamiento estaba suspendido y concentrado en una inevitable desgracia, cuyas consecuencias ignorábamos y temíamos fuesen terribles. Pero Dios Ntro. Señor quiso que Monseñor conservase su presencia de espíritu y encomendándose de todo corazón en las manos de María Auxiliadora, reparó en un lugar donde había menos piedras. Entonces se echó del caballo evitando así la muerte , pues si hubiese dado con la cabeza en aquellos peñascos ¡Dios mió! se-habría hecho trizas. Acudimos pronto en su socorro, lo levantamos, le preguntamos si se había lastimado mucho, pero él no podia hablar ni respirar, permaneciendo en este estado poco más de dos horas. Al caer, había invocado á nuestra, buena Madre María Santísima. ¿Podremos decir que Ella desatendió los ruegos de su predilecto hijo ? No , nada de eso. Si María permitió la caída, sin embargo no permitió que fuese mortal, como debía serlo según opinión de todos. Y además, ¿quién le dió aquella serenidad de ánimo y tranquilidad de corazón hasta el punto de permanecer alegre y áun chistoso en medio de los dolores que le oprimían ? En efecto, apénas volvió un poco en sí y pudo pronunciar alguna palabra, lo hizo sonriéndose y de una manera chistosa á fin de tranquilizar á los hermanos que acongojados y con los ojos llenos de lágrimas le rodeaban: — nada, no es nada, dijo, y llamándome despues á mí, añadió : Y tu ¿por qué lloras, querido Milanesio ? Y vosotros ¿ por qué os angustiáis tanto ? No os aflijáis, no, pues no es tanto mi mal como vosotros pensáis. No hagais como los niños. Al fin y al cabo creo que de tantas costillas como tengo no me he roto más que dos, y ¿os parece mucho? Una ó dos menos no es nada. Animo, hijos mios, ánimo. Todo pasará. Consolaos y estad alegres. —-Despues levantando los ojos al cielo y alzando un poco más la voz, — ¡ Oh! dijo, el Señor lo ha querido así y así sea; hágase ahora y siempre su santísima voluntad. ¡ María Auxiliadora, rogad por mí. — 8^ 4o. Tranquilidad dé ánimo en Monseñor. —■ De allí á un poco nuestro buen Obispo comenzó á sentir los dolores de la caída. Le preparamos como mejor pudimos una cama con todos los cobertores que llevábamos, y despues lo colocamos en ella pues él no podia ni siquiera moverse. Luego mandé á llamar á aquellos señores que una hora antes se habían separado de nosotros llenos de entusiasmo. Por fortuna el paso del Neuquen les había entretenido un poco, de suerte que en breve tiempo recibieron el aviso. Vinieron inmediatamente al lugar del desastre y fue tal la impresión que recibieron, que se quedaron fríos y blancos como cadáveres. El señor Becerra, que ama á Monseñor con todo el afecto con que un hijo, ama á su padre, viéndole en tai estado y creyéndole próximo á morir no pudo contener las lágrimas. Monseñor, haciéndose de cargo de lo muy conmovido que estaba, trató de animarlo cogiéndole la mano y dirigiéndole con sonrisa las siguientes palabras : — Ah querido Sr. D. Lucas ; ahora tengo necesidad de sus servicios. ¿ Sabría V. decirme si por estas cercanías hay algún herrero ? Nuestro amigo que no comprendió que Monseñor lo decía de broma, creyó al principio que estuviese fuera de sí, pero despues pareciéndole que había hablado de veras le contestó : — Si, Monseñor , respondió, es difícil pero no imposible; con un poco de tiempo y paciencia lo podré encontrar : — Cierto que dicho buen Señor creyó que sería para herrar los caballos, y á fin de cerciorarse mejor le preguntó: — Pero, dígame Monseñor, ¿ para qué quiere V. al herrero ? — ¡ Toma ¡ contestó Monseñor con la sonrisa en los labios y estrechándole con más fuerza la mano, pues para que me arregle estas dos costillas, que tuvieron la desgracia de salirse de su lugar en la caída. ¿ Quién diría que el que hablaba de esta manera tenia la palidez de la muerte en su rostro, y podia juzgarse que se hallaba á las puertas de de la eternidad? Y sin embargo es así. Monseñor padecía, pero no quería que los demás padeciesen por causa suya •, de consiguiente se esforzaba en mil maneras para consolarlos y lo obtuvo , porque desde aquel momento todos concibieron la dulce esperanza de que si la desgracia era grande no era empero irremediable. Monseñor confiaba mucho y con él también todos ios que se hallaban presentes. En tanto el caballo que había sido causa de tan terrible caída se había parado á una legua de distancia, al pie de una roca muy alta. Don Mateo Villogra, nuestro Vaqueano j los dos negociantes pudieron alcanzarlo en veinte minutos y traerlo amarrado al sitio donde nosotros estábamos… Domingo Milanesio, Pbro. (Se continuará) FIESTA DE MARÍA AUXILIADORA V CONFERENCIA OE LOS COOPERADORES SALESIANOS en los Talleres y Colegio de Sarria (Barcelona). Rdo. Sr. D. Miguel Rúa. Querido Padre : No dejo de suponer que este año habrán celebrado -Vdes. en esa la fiesta de nuestra buena Madre María Auxiliadora con la pompa y solemnidad que suelen hacerlo todos los años. Aquí 1.a hicimos’ también nosotros con toda la suntuosidad y devoción posibles. Nos preparamos á ella con 9 dias , durante los cuales, todas las tardes despues de los ejercicios acostumbrados, se predicaba el sermón y luego se daba la bendición con S. D. M. En dichos dias acudía muchísima gente, tanto por la mañana á recibir al Señor Sacramentado, como por la tarde á oir su divina palabra , todo lo cual era seguro indicio de lo muy bien que se preparaban para celebrar tan santa como hermosa fiesta, y de la gran devoción que el corazón de estos buenos Catalanes siente hácia nuestra celeste Madre y Patrona, la Virgen Sma. Auxiliadora. En efecto ; el día de la fiesta., 24 de Mayo, fué en verdad sorprendente el gentío que tanto de este pueblo como de la vecina capital, acudió á la Capilla de estos Talleres, como también en extremo edificante la devoción y recogimiento con que asistieron á todos los actos religiosos. Uno de los más concurridos y digno de particular elogio fué el de la mañana , esto es , la Misa de la Comunión general, en la cual despues de haber oido una breve y fervorosa plática, se acercó á recibir el Pan de los Angeles un extraordinario número de personas. A las 10 se celebró la Misa cantada, cuya música fué ejecutada por nuestros niños con mucho concierto y perfección. El panegírico estuvo á cargo del conocido orador sagrado, Predicador de S. M., Dr. D. José Picó y Salvia. A las 5 de la tarde empezaron los actos de la conferencia, que nuestro sabio y virtuoso Prelado se dignó presidir. Ocupó también la sagrada cátedra el mencionado orador Sr. Picó, quien, con voz dulce y llena de unción cristiana, puso por tema aquellas sublimes palabras del Divino Maestro : Maiorem charitatem nemo habet., ut animam suam ponat quis pro amicis suis. Nadie ama tanto como el que -sacrifica la vida por sus hermanos. » En su primera parte presentó una nutrida apología de la Iglesia Católica, un bellísimo cuadro histórico’ de cuyo fondo destacaba la excelencia de la divina misión del salesiano, que ha logrado cambiar la faz de las áridas playas de la Patagonia , de la República Argentina, y del Brasil, haciendo sentir su influencia tanto en el terreno científico como en los dominios del arte en las esferas del mundo social, no menos que en el hogar doméstico. Refiriéndose despues el orador de una manera particular á la institución salesiana, y enumerando con vastísimos datos las grandiosas ventajas que ha prestado y está prestando á la humanidad , con la educación artística y religiosa en sus talleres , dijo; « el hombre poseído de la caridad se da á sí mismo en todo cuanto es. El apostolado con todos sus trabajos ha sido siempre la donación del hombre como inteligencia. ¿ Qué interés mueve á nuestro D. Rosco en todas sus empresas ? Ninguno. En ellas no recoge sino la privación, la pobreza , la enfermedad, el peligro y la muerte. Su celo se reduce á la gloria de Dios y á la felicidad de sus niños pobres y abandonados. Encendido su corazón con la llama del amor , quiere cumplir el deseo de Jesucristo. Sus armas son el Crucifijo ; su elocuencia, la caridad. Cuando un pueblo le ha oido y viviendo según su ley es feliz, Don Rosco se regocija, inmensamente , viendo el triunfo de su conquista. Por esto deja la Italia para venir á España, defiérese el tiempo necesario, establece estos talleres y luego corre á otra parte para hacer lo mismo y si la muerte no le detuviere en su carrera (quiera Dios sea muy lejana), el mundo entero vería al apóstol salesiano, porque el amor nunca dice, basta. El protestantismo ha querido parodiar al incansable misionero Don Rosco. Fué á hacerle la guerra hasta en la Tierra del Fuego, pero ¿qué ha hecho ? Especulaciones mercantiles, levantando , en vez de templos y talleres, factorías á cuya sombra ha difundido sus libros y máximas de egoísmo y persigue al sacerdote católico, al hijo de s. Francisco de Sales. Falto de caridad y no buscando sino la tierra y el dinero, se ha lanzado allá donde ha previsto el goce y la abundancia; y se ha retirado de donde ha visto la privación y el sacrificio , dejando el campo al misionero de la verdad. El protestante lo mismo que el filántropo, no saben sacrificarse. El sacrificio busca solo la caridad: cuanto más padece, cuanto más se humilla, tanto más se esfuerza , crece, y se dilata porque oye siempre aquella palabra: Nadie ama tanto como el que sacrifica la vida por sus hermanos. » Entrando nuestro orador en otras consideraciones, dijo que los Cooperadores han de formar una sola familia con los Salesianos, unirse con estos en la propagación de la fe, esperanza y caridad, virtudes de que han de estar adornados para gozar de los tesoros espirituales, concedidos por el Vicario de Jesucristo ; no buscando solamente niños pobres y abandonados, sí que también suficientes recursos y limosnas para atender á las necesidades y sostenimiento de las misiones, como lo recomienda D. Rosco, Por último el Pido. Sr. Picó, terminó su conferencia con un cariñoso recuerdo á Su Santitad Leon XIII, primer Cooperador Salesiano, con motivo de las bodas de oro que en breve tiempo ha de celebrar, encareciendo á todos que contribuyesen con limosnas y otros efectos, para hacer menos aflictiva la situación del Romano Pon tífice. Penetrando en esta cuestión del poder temporal de los Papas, probó entre otras cosas que en la época de los mayores desastres para el imperio del Occidente, Italia se babia conservado siempre grande , porque vivía bajo el abrigo y amparo de Roma. Que en ésta la desolación a-pénas reinaba un dia, porque la mano reparadora y benéfica de los Pontífices Romanos, lograba guardar intacto el tesoro de la religión , de las leyes, de las ciencias y del arte. Añadió que Italia, llevando á Roma una invasión usurpadora se había olvidado de su origen, de sus glorias y de sus tradiciones y si lo había hecho con menosprecio de toda razón y de toda justicia , lo había hecho igualmente en perjuicio de los derechos de todas las naciones católicas; porque es forzoso reconocer que Roma no estuvo nunca destinada á ser la capital de un territorio , sino la capital del mundo. Que conservaba los sepulcros de muchos mártires y confesores de todas las partes de la tierra, y los que á ella acudían para venerarlos y visitar las reliquias de las catacumbas , no podían ser extranjeros en aquel suelo sagrado. Que en la Ciudad eterna debe residir la cabeza visible de la Iglesia que da su bendición á los Reyes , á los Obispos y á los pueblos y que Obispos, Reyes y pueblos habían de tener la certeza de que el Soberano Pontífice era independiente y libre como Pastor y Maestro. Terminó tan fervorosa como elocuente conferencia con el siguiente llamamiento á la Italia en nombre de la católica España : « Roma , decía , es de la Iglesia Universal, Roma es de los Vicarios de Cristo. Coloca de nuevo ¡oh Italia! esa preciosa joya en la tiara del Pontífice Rey, que el mundo considerará tu acción más grande y más heroica devolviéndola, que vió grande tu error arrebatándola. » Todo cuanto pudiera decir á V. del entusiasmo del auditorio al oir estas palabras, pronunciadas con sagrado fuego por el elocuente orador señor Picó, seria poco. Nosotros no nos olvidaremos jamás de esta conferencia, que indudablemente ha de producir abundante fruto en las almas, y bienes de felicidad para estos Talleres Salesianos. Despues se concluyó con la bendición del Santísimo Sacramento dada por el Exmo. é limo. Sr. Obispo. Luego, mientras nuestra brillante banda ejecutaba perfectamente varias y bonitas piezas con sus magníficos y númerosos instrumentos, nuestro amadísimo Prelado y varios otros ilustres personajes, dignáronse visitar los talleres y ver las obras de engrandecimiento que actualmente se están haciendo. Debo decirle también que fueron muchas las familias distinguidas que vinieron de Barcelona, para dar una prueba más del aprecio y cariño con que miran el bien inmenso que está haciendo la salvadora obra de D. Rosco, y los felices resultados que ha de experimentar, en no lejano dia, toda la España y muy en particular el principado de Cataluña. Su Santitad Leon XIII, se dignó coronar nuestra fiesta con su particular Bendición, enviando en la misma mañana del 24 á nuestro limo. Prelado el siguiente telegrama: Roma , giorno 24, ore 6. – A Monsignor Ve-■scovo di Barcellona. — Santo Padre autorizza V, E. R. di comunicare I’apostólica Benedizione implorata dal sacerdote Branda, per Conferenza Cooperatori, Cooperatrici Salesiani. Mocenni. sost. Segret. di Stato. Concluyo encomendándome en sus oraciones y en las de nuestro amadísimo y venerando Padre D. Bosco, y besándole respetuosamente la mano me repito de V. R., Humilde hijo in Domino, Juan Branda, Pbro. Sarria, 30 de Mayo de 1887. ttACIl M MUÍA AWIMAM1A S. Benigno, 18 de Mayo de 1887. Muy Rdo. Sr. Director: Por mucho que prediquemos é inculquemos la devoción y confianza que en la Augusta Madre de Dios, María Auxiliadora, debemos tener, nunca será demasiado. ¡ Oh si conociesen los hombres la bondad del Corazón de María, con cuánto mayor ardor la amarían y con cuánta más frecuencia la invocarían en todas sus necesidades ! María es verdaderamente el Auxilio de los cristianos, ó más bien, la Madre de los cristianos, Madre sumamente tierna y amorosa, y de la que no se lee en la historia de 19 siglos, haya desatendido , ni siquiera una vez , las humildes y fervorosas súplicas de sus hijos. Esta gran verdad hube de experimentarla yo mismo en el invierno pasado, cuando hallándome de repente sepultado en medio de ua mar inmenso de fuego, víme libre de él como por una mano invisible, pudiendo salir de tan gravísimo peligro , y en brevísimo tiempo quedar enteramente sano de mis grandes y profundas quemaduras: Narraré á V. el hecho suplicándole al propio tiempo se digne publicarlo lo más pronto posible en el Boletín, órgano de María Auxiliadora, á fin de que pueda satisfacer sino en todo á lo menos en parte, mi deuda de especial agradecimiento hácia nuestra Soberana Señora, y se conozca cada vez más la bondad del Corazón de María para con los que en Ella confian. Hallábame , pues, en la tarde del 27 de Febrero del corriente año, muy cerca del lugar donde tenemos una máquina que prepara y distribuye el gas por toda esta casa. Habiendo notado que éste escapábase por alguna parte , me aproximé á dicho sitio y efectivamente vi que por un grifón mal construccionado perdíase una considerable, cantidad. El aire ambiente estaba ya totalmente saturado, y casi todo el que salia afuera depositábase en las paredes y por el suelo. El olor era tal que sofocaba completamente la respiración : sin embargo pude hacer á toda prisa las reparaciones que juzgué más necesarias par impedir aquella pérdida de gas. Hecho esto, y cuando ya me disponía á salir, veo de repente y con la rapidez de un relámpago que se enciende todo aquel ambiente produciendo una detonación tan fuerte como el disparo de un cañón : la casa se movió de tal modo que todos mis compañeros salieron precipitadamente de sus cuartos, creyendo hubiese sido un fuerte terremoto. En tanto yo hallábame rodeado de aquellas voracísimas llamas, que alimentadas por tanta materia como se había esparcido ya, se condensaban, agrupaban y comprimían con una fuerza y rapidéz indescribibles. En aquel tremendo instante pronuncié el nombre de María y despues cerrando los ojos y suspendiendo la respiración para evitar que el fuego penetrase interiormente, me arrojé con toda mi fuerza hacia la puerta á fin de salvarme. Mucho tuve que luchar para poder llegar á ella, pues las llamas con una fuerza misteriosa me impedían totalmente el paso. Sucede á quien camina en medio del fuego lo que al que va contra una fortísima corriente de viento, que además de no poder dar un paso adelante, debe esforzarse para sostenerse en pie y no ser derribado por tierra. Pero en tan gravísimo peligro venit adiutrix pia Virgo , pues cuando ya casi falto de fuerzas estaba para consumar el sacrificio de mi vida , me hallé , sin ‘ saber cómo, en un corredor bastante distante del lugar incendiado. Apenas volví en mí dije inmediatamente : gracias , oh María, salva tam. bien la casa, sálvanos á todos. , Sí, la mano piadosa de María me había librado de la muerte, y dejado con el ánimo tan contento y tranquilo , como el de quien se despierta de un plácido y sosegado sueño •, y al mismo tiempo lleno de tanto valor que me hallaba aún dispuesto á volver entre las llamas, siempre que una justa razón lo requiriese. Mi quemadura era muy profunda, especialmente en la cabeza y en las manos. Al dia siguiente mi cara parecía la de un monstruo humano jamás visto. El médico creía que difícilmente podría vivir muchos dias, pues temía que se desarrollase alguna enfermedad cerebral. No me es posible describir con palabras lo mucho que sufría cada vez que me ponían las manos ó los hierros encima de las llagas. Si no fuese por la Sma. Virgen que me ayudaba á sufrirlo todo con paciencia, cierto que me habría desesperado y hasta deshecho todo con mis propias manos. Al considerar mi deplorable estado acudía á mi mente un terrible pensamiento, que por cierto me hacia sufrir muchísimo más que la quemadura del cuerpo : era, pues, que áun sanando quedaría tan deformado que no podría ser promovido á los sagrados órdenes. Este pensamiento preocupaba también mucho á mis buenos superiores. Sin embargo yo conservaba interiormente alguna esperanza, pensando que quien había hecho lo más salvándome lá vida , haría también lo menos, sanándome en tal modo que pudiese continuar en mi vocación. Y en efecto, María me concedió también esta gracia y muy abundantemente , puesto que despues de diez y siete dias pude levantarme de cama y vestirme por mí solo ; y actualmente me encuentro perfectamente sano, sin señal alguna duradera. Sea, pues, mil veces bendita y alabada nuestra celeste Bienhechora y así como en esta ocasión me salvó de la muerte librándome de aquellas llamas, así también la ruego con todo mi corazón, que ine ayude con. su poderosa protección á vivir de tai manera, que despues de la muerte no me halle obligado á ser precipitado en las llamas eternas del infierno. Dije que el Boletín es el órgano de María Auxiliadora, y con mucha razón. Puesto que es notorio que María Sma. Auxiliadora fue precisamente quien se sirvió de Don Bosco para difundir la Pia Sociedad de S. Francisco de Sales, y que en la actualidad tan prodigiosamente promueve, protege y conserva. Pues bien, el Boletín teniendo por objeto el hacer conocer y promover esta grande obra, hace también conocer y promover los intereses de María. Esto debe ser de grande consuelo para los Cooperadores Sale-sianos , quienes socorriendo á D. Bosco con los medios á sus alcances posibles, socorren indudablemente la Obra del Corazón misericordiosísimo de María , y esta buena y amorosa Madre no podrá menos de recompensárselos con gracias señaladísimas tanto espirituales como temporales. Suplicándole nuevamente se digne publicar en su Boletín esta doble y hermosa gracia , tengo el honor de profesarme de V. S. S. S. Q. B. S. AL, Juan Bta. Usgo, Acól. HISTORIA DEL ORATORIO DE S. FRANCISCO DE SALES. (Bontiniiacion). CAPITULO V. Progresos del Oratorio en ei Hospitalito – Principios de las escuelas nocturnas ■ El Oratorio trasladado á San Martin ■ Empiezan los obstáculos de los hombres • La mano de Dios. Continuamos la historia del Oratorio repitiendo la relación que nos han hecho dos amigos, el Rdo. sacerdote Sr. D. Miguel Rúa, y D. José Buzzetti, ambos testigos y también partes en lo que publicamos. En la capilla contigua al edificio del Hospitalito el Oratorio marchaba perfectamente. Los dias de fiesta, los niños acudían en gran número para confesarse, oir Misa y también para recibir la sagrada Comunión , que era y es todavía el principal medio con que el P. Bosco aleja á sus jóvenes del vicio y del pecado. Despues del medio dia que se enseñaba el catecismo , se cantaban cánticos sagrados y enseguida tenia lugar una instrucción propia para ellos, no muy larga, pero amenizada con ejemplos edificantes. Antes y despues de las funciones, los jóvenes se divertían bajo la vigilancia del buen P. Bosco, del teólogo Borelli y de los jóvenes más juiciosos y de mejores costumbres. La recreación se hacia en una pequeña callejuela que todavía existe entre el monasterio de las Magdalenas de la marquesa Barolo y el hospital Cottolen.go. En aquel tiempo empezó el P. Bosco las escuelas nocturnas que por su grande utilidad, muy en breve se abrieron en varias otras partes y hoy se hallan establecidas en toda Italia. De este modo muchos jóvenes del Oratorio en las tardes de los dias de trabajo á una hora fija antes ó despues de cenar acudían á la habitación del P. Bosco y del teólogo Borelli, y estos dos sacerdotes, siempre prontos para favorecerlos, trasformaban sus piezas en. escuelas y les enseñaban á leer , escribir y hacer cuentas. Para muchos fue esto un beneficio verdaderamente extraordinario, pues sin semejante medida habrían continuado siempre sin conocimientos de ninguna clase, por no poder desatender el trabajo para concurrir á las escuelas públicas. Siete meses habían trascurrido desde que el Oratorio se había establecido en el Hospitalito. Había aumentado considerablemente el número de jóvenes que lo frecuentaban; nosotros ya nos habíamos aficionado á él, y esperábamos que habría seguido aún por largo tiempo en aquel mismo lugar, para nosotros muy cómodo. Pero el séptimo mes del año ‘1845 perdimos completamente la esperanza. Aunque la marquesa Barolo estimaba y apreciaba todas las obras de caridad, sin embargo debiendo inaugurarse el 10 de agosto de dicho año su pequeño hospital, quiso que el Oratorio se trasladase á otra parte. Se le hizo observar que el local destinado para Capilla, escuela y recreo de los jóvenes, no tenia ninguna comunicación con la parte interior del establecimiento ; que además se habría usado grande empeño para que todo procediese con orden; pero la buena marquesa no quiso condescender de ningún modo; era la dueña, y fue necesario obedecer. Por lo tanto nuestro P. Bosco se encontró de nuevo en apuros ; pero no por eso se desanimó. Lleno de confianza en la Providencia divina, presentó una solicitud al Municipio de Turin, y mediante las recomendaciones del Arzobispo Franzoni consiguió la iglesia de S. Martin. Una vez arreglado todo, un Domingo de Julio, los jóvenes se reunieron por última vez para oir la santa Misa en la iglesia de S.. Francisco de Sales. Concluida la Misa, el P. Bosco comunicó el desagradable anuncio: que era necesario desalojar aquel sitio. Fue un momento de turbación y tristeza, pero él con palabras oportunas supo tranquilizarlos, y les pidió que despues de medio dia volviesen para ayudarle á trasportar sus objetos á la nueva iglesia. Todos fueron puntuales : á las órdenes del P. Bosco todos se ponen en movimiento. Quien toma un banco, quien un reclinatorio: este carga sobre sus espaldas una silla, aquel un cuadro ; uno lleva un candelero, otro una cruz ; y formando una larga zfila semejante á las que forman los grupos de emigrantes, fueron á asentar sus reales y establecer su cuartel general en el lugar arriba dicho. Al oir el barullo de aquellos jóvenes, la gente salia con curiosidad á las puertas de la calle ó á las ventanas, y todos preguntaban qué era aquello y adonde iban. Esto sirvió en gran parte para hacer conocer el Oratorio al vecindario, y para atraer muchos otros jóvenes de la ciudad. Llegados á su destino, el apreciable P. Borelli cón su sencillez y amabilidad más bien única que rara, dirijió á los jóvenes el siguiente discurso : « Las coles, queridos jóvenes, no crecen mucho si no se trasplantan. Lo mismo podemos decir del Oratorio nuestro. Hasta ahora ha sido trasladado de un lugar á otro ; pero en todo’’ ellos ha adquirido un aumento notable. En el Refusio se demoró como el viaj ero en el hotel para descansar por breve tiempo , y despues seguir su camino hacia lugares mejores. Sin embargo el tiempo que allí estuvisteis no ha sido sin frutos, y allí como en San Francisco tuvisteis socorros espirituales, catecismo , sermones y diversiones. En el Hospitalito ya teníais un verdadero Oratorio; teníais una Iglesia, un lugar apartado y oportuno; creíamos haber hallado un local permanente y de verdadera paz; pero la Divina Providencia dispuso que saliésemos de allí y nos trasladásemos aquí. ¿Estaremos largo tiempo? No lo sabemos. Pero de cualquier modo que sea, esperamos que como crecen las coles trasplantadas, así también el Oratorio aumentará en número de jóvenes amantes de la virtud , aumentará la afición al canto y á la música, y con el tiempo tendremos no solo las clases nocturnas sino también diurnas. No nos aflijamos, pues. Depositemos todos nuestros cuidados en las manos del Señor ; Él nos ayudará. Él ya nos bendice , nos proteje, nos proveerá de todo, y nos proveerá también del local conveniente para promover su gloria y el bien de nuestras almas. Pero entretanto acordémonos que las gracias del Señor forman una especie de cadena, cuyos eslabones están entre sí enlazados. No cortemos estas cadenas ; aprovechemos las primeras gracias de Dios y recibirémos otras tras otras. Corresponded de vuestra parte á los fines del Oratorio; frecuentadlo, procurad instruiros y así con el auxilio de. Dios progresareis de virtud en virtud, seréis buenos cristianos, ciudadanos útiles, y llegareis un dia á la patria celestial, en donde la infinita misericordia de N. S. J. G. dará á cada uno el premio merecido ». Despues de estas pocas palabras, en acción de gracias se entonó el Te Deum, con el mayor recogimiento. Aunque las palabras del apreciable P. Borelli y del querido P. Bosco nos animaban, debemos sin embargo confesar que el nuevo local poco nos agradaba á los pequeños. En la nueva iglesia no se podia celebrar Misa, ni comulgar, ni cumplir con otras prácticas piadosas , de modo que los días de fiesta por.la maSana, estábamos obligados á dirigirnos á otras iglesias de Turin, y practicar nuestras devociones con menos tranquilidad y menos fruto. No teníamos tampoco un sitio apropiado para recreación; debíamos recurrir á la calle y á la plaza que está en frente á la iglesia y allí el continuo pasaje de personas, de coches y caballos, á cada instante interrumpía nuestras diversiones. Sin embargo no pudiendo disponer de un local mejor, nos conformábamos con el que teníamos, esperando nos lo proporcionarían más tarde. En este intermedio nos sobrevino un nuevo disgusto. Aquí empiezan las oposiciones y persecuciones de los hombres. Algunos molineros, dependientes y pensionarios y otros que no podían soportar los gritos, cantos y saltos de cási 300 muchachos, se convinieron en presentar quejas á la Municipalidad de Turin, pintando aquellas diversiones con los más negros colores. Apoyados en la prontitud con que los jóvenes obedecían á las órdenes del P. Bosco, empezaron á decir que dichas reuniones eran peligrosas y que de un momento á otro podían suceder desórdenes y también revueltas. Añadieron que los muchachos arruinaban la iglesia, tanto interior como exte-riormente, y terminaban suplicando que se les retirase el permiso de usar de la iglesia y se les prohibiese el reunirse en aquel lugar. El Alcalde dió orden se inspecionasen los daños que se decían producidos, y contrariamente á lo que se había denunciado se encontró la iglesia , las paredes, piso y todo lo demás en su primitivo’ estado. Solo se notó una línea hecha en una pared por un muchacho con un clavo. Por esta bagatela se armó un alboroto infernal, y se reclamaba la intervención de la Municipalidad, como si la ciudad fuese á desplomarse. (Continuará,). AVISO» Suplicamos á las personas que deseen mandar alguna limosna ó. nuestro amadísimo Fundador y Padre D. Bosco, ó bien comprar algún libro en nuestra librería de Turin, se dignen hacerlo por medio de carta certificada y con la dirección siguiente : Sr. D. JUAN BOSCO. — Calle Cot-tolengo, N. 32. — Turin (Italia). Con aprobación «le la Aut. Eclesiástica – Serente BATEO GHIGUOUli Turin, 1S87 – TípognS» Salesiaua.